María Eugenia Ponce de Bianco, Esther Ballestrino de Careaga y Azucena Villaflor de De Vincenti, tres madres emblemáticas son nuestras madres

ALICIA BIANCO ¡PRESENTE!

Por Luis Bianco (h), Marta Gomez y Ana Bianco (hija)

Su mama, María Eugenia Ponce de Bianco, junto con Azucena Villaflor y Esther Ballestrino eran de las más luchadoras del grupo fundador de las Madres.

ALICIA BIANCO ¡PRESENTE!

Mamá, María Eugenia Ponce de Bianco nació el 6 de julio de 1924 en Tucumán.

Era una gran mujer, una negra india tucumana de ley.

Aunque sólo fue al colegio hasta quinto grado en la primaria, leía muchísimo y tenía una gran formación autodidacta.

Por eso nos ayudaba siempre en las tareas escolares.

Además era una gran cocinera y experta en corte y confección..

Siempre hablaba de la igualdad entre los hombres.

Ella me enseñó a no temer a los mendigos, a la gente diferente, siempre decía -andá con dignidad y la mirada limpia.

Alicia, mi hermana mayor, mamó de ella ese carisma.

Nació el 22 de octubre de 1952.

Tuvo una infancia feliz, era muy leal, simpática y compradora.

Hizo el secundario en el Comercial 32 y cursó hasta el tercer año de la Carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, hasta que dejó el estudio para dedicarse a pleno a la militancia.

Al comienzo era montonera, pero luego por disidencias políticas con esa organización se incorporó al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).

  Con cuatro compañeros armaron una casilla en la villa Perito Moreno, en donde daban clases a los pibes que no iban a la escuela.

Mi hermana desapareció el 30 de abril de 1976, tenía 23 años cuando fue secuestrada a la madrugada en mi casa de Coronel Pagola 225 de Lomas del Mirador.

Recuerdo que un día antes guardamos en casa a un compañero de ella, que en un -enfrentamiento erpiano había quedado herido de bala.

Mi vieja le sacó esa bala y curó como pudo su herida, luego papá le dio ropas y lo llevó a algún lugar de Haedo, creo que a su casa.

Allí estaba la madre de este muchacho, quien al verlo ensangrentado y malherido paró al primer patrullero que vio y comentó el episodio.

Al día siguiente desapareció Alicia.

Mamá se metió en Madres de Plaza de Mayo enseguida para buscar a su hija, junto con muchas más madres, quienes todavía hoy luchan por justicia para  sus hijos

Me costó once años olvidarme de las masitas que le compraba a mi vieja para los días de la madre en la confitería de Martiniano Leguizamón y Alberdi.

Quiero decir, luego de su desaparición las seguí comprando para ella, cada octubre, como un ritual durante once años.

En el año 1982 falleció papá de un problema renal.

Estuvo internado más de un mes en el Hospital Santojanni, yo estuve con él hasta el final.

  Nunca voy a olvidar sus últimas palabras: -Cuando las veas a mamá y a Alicia, decíles que las quiero mucho.

Por supuesto que nunca más las vi, pero estoy seguro de que él sí.

Textos  de Luis Bianco (hijo) (Integrante de la Comisión por la memoria, la verdad y la justicia de Liniers, Villa Luro y Mataderos.

Integrante de la Comisión de Derechos Humanos de la Confederación General del Trabajo) y de Marta Gómez (amiga) extraídos de Por la memoria (Editado por :  Comisión por la memoria, la verdad y la justicia de Liniers, Villa Luro y Mataderos 2003/04)

  MAS SOBRE MARÍA EUGENIA PONCE DE BIANCO

Este ejercicio de la memoria que me remonta a mis doce años te lo debía, y desde ese lugar contarles a todos qué mujer distinta vieron mis ojos asombrados cuando entré a tu casa de Alberdi 7054.

Sólo hoy a mis cuarenta y ocho años puedo valorar en toda su dimensión.

Eras la mujer que fumaba, usaba pantalones, manejaba el dinero y los negocios familiares como nadie de su generación, excelente cocinera y además atea.

Pero reconozco lo que más me sedujo y me atrajo fue tu pensamiento filosófico.

 El primer libro que me regalaste y aún conservo fue El talón de hierro de J. London, después me dedicaste muchas tardes para analizar esa novela maravillosa, y luego seguimos con El origen de la familia. La propiedad… de F. Engels, que también conservo.

 A esta altura yo quería saber por qué te decías marxista leninista y me enseñaste a leer «El Capital, entonces todos mis esfuerzos personales los dediqué a ser como vos.

 Fuiste mi ejemplo a seguir, y muchas veces sentí celos de tus hijos por la madre que tenían.

Sufrí muchas veces en silencio cuando después de la desaparición de tu hija Alicia tuviste que cerrar la colchonería de Alberdi 7056.

Ahí empezaste a cuidarme y ya no podíamos pasar más tiempo juntas… me acuerdo que me decías: –hoy no vengas por casa…

Nuestro enemigo no se equivocó, sabía quién eras, no fue nada casual: junto con Azucena Villaflor y Esther Ballestrino eras de las más luchadoras del grupo fundador de las Madres de la Plaza, y por eso desaparecieron.

Recuerdo que hasta me pediste mi número de documento para la solicitada a fin de  acompañarte con mi firma.

Tu madurez política te llevó a romper con el PC y te transformaste en una lúcida y activa militante del ERP.

Pocos saben que recuperaste una sobrina nieta de nombre Soledad después de la desaparición de tus sobrinos Manuel y Oscar Ponce.

Conociéndote, sé que fuiste la más luchadora y que no esperaste nada a cambio, sólo la satisfacción ante la vida y esa es la verdad que quiero contar en agradecimiento a todo lo que me diste.

Creo que es el mejor homenaje que puedo hacerte.

Marta Gómez, amiga (Integrante de la Comisión por la memoria, la verdad y la justicia de Liniers, Villa Luro y Mataderos)

LAS MADRES, MI MADRE

María Eugenia Ponce de Bianco, Esther Ballestrino de Careaga y Azucena Villaflor de De Vincenti, tres madres emblemáticas son nuestras madres, y también las madres de Alicia Bianco, de Ana Maria Careaga sobreviviente del centro clandestino, Club Atlético, y de Néstor de De Vincenti y de los 30.000 detenidos-desaparecidos.

Tres buenas mujeres, quienes sin proponérselo hicieron Historia, con mayúscula.

Desde el dolor se amucharon, se juntaron, se acompañaron  y empezaron a andar alrededor de la Plaza, un 30 de abril de 1977.

Las Madres siempre estuvieron un paso adelante en la lucha por la defensa de los Derechos Humanos. Las madres de los desaparecidos deambulaban desde el golpe del ’76 por la sede de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y luego en Familiares de detenidos desaparecidos por razones políticas, pero ambas organizaciones no podían contenerlas en todo el sentido de la palabra- y crearon la propia, con una impronta maternal y de lucha inclaudicable.

Eran épocas  en que el mismo dolor y la angustia que las movilizaba para encontrar a los hijos, las hacía más fuertes.

No eran épocas de protagonismos, ni de mezquindades, tampoco de exposición mediática.

Las Madres realizaban una labor tenaz, pacífica, efectiva, creativa en la denuncia y en el manejo de la información

Mary Ponce, con una clara  ideología de izquierda, había estado afiliada desde 1972 al Partido Comunista e incluso salió de garante a su favor en marzo del ’76 con su propiedad.

Luego rompió con esa organización  por la posición política frente al genocidio y por haberle negado ayuda para buscar a mi hermana, aduciendo la militancia de ella en el ERP.

Durante el secuestro de Alicia, el  30 de abril de 1976, mi mamá se defendió agarrando a uno del grupo de tareas de los pelos y les dijo a todos: –No sé cómo no les da  vergüenza  acariciar a sus hijos cuando llegan a sus casas.

Después de robar efectos personales, dinero y maniatarla junto a su marido, se retiraron.

Cerró el negocio familiar, en Mataderos, convirtiéndose en una luchadora incansable, de tiempo completo junto con otros familiares y luego con las Madres.

Además realizaba desde mayo del ´77 con Niní de Belli, -quien tenía una hija, Mariana desaparecida el 26.5.78- tareas de solidaridad concreta y de contención con los familiares de los detenidos políticos.

María del Rosario Cerruti la recuerda como una mujer de una tenacidad insobornable, que desafiaba al peligro y les daba valor a sus compañeras.

Ese fue su rol en el grupo inicial de las Madres.

Mirta Baravalle de Madres y Graciela Lois de Familiares pueden dar testimonio de que Mary, recupera a su sobrina nieta, Soledad Ponce, de 11 meses, secuestrada el 15 de febrero de 1977, el mismo día en que son asesinados mis primos, Manuel Ponce y Oscar Ponce, ambos militantes del ERP.

Soledad fue dejada en la Casa Cuna por oficiales de la Policía, y restituida el 18 de abril de 1977.

Después del asesinato de  Oscar, María Laura Ponce de León, su compañera desaparece con fecha incierta. Inés Alicia García, la mamá de Soledad, cae el 19 de mayo de 1977 con otros compañeros en Junta 1385 de la Capital (Legajo 1632 de la Conadep).

Todos continúan desaparecidos.

Esther de Careaga, fue un aporte importante con su experiencia de lucha y visión política, en el grupo fundacional de las Madres.

Y mantuvo sus convicciones hasta tal punto que, una vez reaparecida su hija Ana, Esther eligió quedarse para luchar junto a las Madres.

En iguales circunstancias, ¿qué otras madres hubieran hecho lo mismo? y Esther pagó con su propia vida el seguir luchando.

Las aguerridas Esther y Mary aportaban ideas y experiencias de organización y militancia. Aún hoy no son pocas las Madres que las recuerdan con opiniones claras y definidas sobre política latinoamericana e internacional.

Azucena Villaflor de De Vincenti, peronista y admiradora de Evita, su casa en Sarandí era uno de los puntos de reunión para discutir el día a día del cómo seguir.

Era una mujer inteligente, firme, y de una gran sensibilidad y hay gestos que la describen en toda  su dimensión humana, como el que tuvo con Chicha Mariani – integrante de las primeras 12 Abuelas de Plaza de Mayo-.

El Secretario de Estado de los EEUU, Cyrus Vance, estuvo el 21 de noviembre de 1977 en Argentina y fue a rendirle homenaje al general San Martín y se encontró imprevistamente con un grupo de Madres con pañuelos y con familiares, que de la nada, y a los gritos aparecieron con sus reclamos y cartas de denuncia.

Chicha se quedó con su denuncia en la mano, sin poder entregarla, cuando el resto ya lo había hecho en el medio de los apretujones.

Azucena, sin demora, le arrebató la carta y atravesó la Plaza San Martín nuevamente para entregarla en mano a la comitiva.

La desaparición de Esther, Mary y Azucena no fue fortuita.

Basándose en un trabajo de inteligencia dentro de la organización de las Madres, la Marina decidió quiénes tenían que desaparecer para acabar con ella.

Este operativo fue resultado de la infiltración del entonces teniente de fragata Alfredo Astiz en el grupo de familiares, quien se había presentado como hermano de un detenido-desaparecido con el seudónimo de Gustavo Niño.

Pero no fue así, ese germen de resistencia habría de ser imparable.

A pesar de las diferencias entre ambas organizaciones, las tres madres son Nuestras Madres, y representan  un ejemplo de dignidad, coraje y solidaridad.

La  Iglesia de la Santa Cruz tiene un lugar en la historia ganado por la coherencia que aún mantiene viva.

Los desaparecidos, inscriptos perversamente como  NN – no natos,  no nacidos -, a los que se les quitó el juicio de existencia, también pueden denominarse No Nombrados, porque existe una parte considerable de la sociedad argentina que ha preferido y prefiere olvidar sus nombres.

Con la reaparición de las tres madres, se las nombra, se las reconoce y se las recuerda.

Ellas nos volvieron a juntar, a nosotros sus hijos, y nos seguirán  guiando  para conseguir justicia y enviar a la cárcel a los genocidas.

Ana Bianco, hija