Compañera Peronista Azucena Villaflor de De Vicenti ¡Presente!

MADRES DE LA PLAZA, EL PUEBLO LAS ABRAZA.

-Azucena Villaflor fue la mujer que nos organizó, que nos convocó a la plaza y nos mostró una manera de lucha.Una compañera militante de la UOM, muy valiente.

MADRES DE LA PLAZA, EL PUEBLO LAS ABRAZA.

  En 1976, cuando la dictadura militar argentina inició su brutal baño de sangre y el genocidio mas aberrante de la historia del país, un grupo de mujeres reaccionó con admirable coraje iniciando, paso a paso, un camino de lucha y resistencia que hoy es ejemplo de nobleza y dignidad.

  Eran las madres de toda una generación de jóvenes trabajadores y estudiantes, militantes populares que habían sido secuestrados por la salvaje casta militar.

  En medio del horror y de la barbarie ellas se fueron levantando, encontrando y reconociendo.

  Dándose mutuos consejos, ideas y fuerza comprendieron rápidamente que la lucha individual no daba resultado y decidieron trabajar juntas y organizadamente.

  Es así como el 30 de abril de 1977 hacen su primera aparición en la Plaza que luego les daría el nombre y pasaría a ser de ellas para siempre.

  No fue esta una fundación sino el despertar, pleno de energías, de quienes eran despojadas de lo que mas entrañamente les pertenecía y el comienzo de una evolución política que las llevará a levantar las banderas revolucionarias de sus hijos, las mismas que históricamente han erguido nuestros pueblos contra la opresión imperialista.

  Así, mientras los políticos y burócratas sindicales se retiraban, ciegos y sordos, a un letargo invernal, las Madres comenzaron su camino en busca de Verdad y Justicia.

  Mientras la jerarquía eclesiástica y la casi totalidad de la Iglesia se recluía en sus templos y ofrecía la comunión a los asesinos del pueblo, las Madres exigían Aparición con Vida de los 30000 desaparecidos.

  Su clamor claro y justo fué de una valentía tal que los propios verdugos se sorprendieron y creyendo que las fuerzas de estas mujeres se acabaría pronto, las llamaron locas.

  Las amenazaron, las golpearon, las persiguieron y hasta secuestraron a algunas de ellas; pero la lucha iniciada siguió creciendo firme, coherentemente y sobrevivió a la misma dictadura.

  Cuando ya en democracia se decidió poner Punto Final y correr la cortina de la impunidad sobre los delitos de lesa humanidad cometidos, las Madres no cayeron en trampas ni se dejaron engañar o comprar con indemnizaciones, homenajes o monumentos y le dijeron al País y al mundo que la vida no tiene precio y la dignidad no es atributo de los corruptos.

  Madres de Plaza de Mayo ha extendido su ejemplo de lucha acercando su solidaridad a otras madres de desaparecidos y presos políticos de Latinoamérica y el mundo; participando activamente en las luchas sociales de los que creen que un orden mundial mas justo es posible.

  Denuncian que la falta de trabajo es un delito y que se esta desarrollando otro genocidio cuando se permite que el pueblo sufra hambre y miseria, cuando mas de 100 niños al día mueren de hambre o enfermedades curables, cuando los ancianos carecen del derecho a una vejez digna y los jóvenes no tienen esperanzas de futuro, condenados a la desazón.

  Han llevado su solidaridad,entre otros, a los hermanos zapatistas, a Los Sin tierra de Brasil y al pueblo Cubano donde estuvieron junto a Fidel en la Plaza de la Revolución el 1 de Mayo de 2000.

  Se expresaron innumerables veces en contra los bloqueos americanos contra Cuba e Irak; contra los arbitrarios bombardeos de la Nato y EEUU al pueblo Yugoslavo y contra toda otra intervención o atropello militar que el imperio decide realizar: el apoyo a Israel en la violentísima e ilegítima ocupasión de los territorios árabes en Palestina; la guerra desatada a partir de los acontecimientos del 11 de septiembre contra el pueblo de Afganistán y todas las amenazas belicosas hacia Corea del Norte, Irán, Irak, Colombia, etc.

  Sin claudicaciones, con su Memoria Fertil, después de 24 años de trabajo militante Madres sigue apostando al futuro.

  Desde su Casa de Madres, desde la Librería y Café Literario, desde la Universidad Popular las Madres de Plaza de Mayo, hoy también Madres Piqueteras, hacen posible que los jóvenes se capaciten y se formen política, ética y humanamente en el trabajo por un orden social mas justo.

  Quienes las apoyamos, acompañamos y ayudamos sentimos que esta es una tarea que nos llena de orgullo y esperanzas y no podemos menos que agradecerles lo que ellas son y significan y por haber puesto la grandeza de la maternidad al servicio de la revolución y el cambio.

Historia del movimiento – Forma de Organización

MADRES DE PLAZA DE MAYO – LINEA FUNDADORA

 Pertenezco a Madres de Plaza de Mayo – Linea Fundadora. No existen entre nosotras ni presidentas ni grados. La horizontalidad es a veces muy difícil, pero la preferimos como modelo organizativo y de funcionamiento.

 Somos un movimiento de mujeres y, a veces, es complicado articular nuestra diferencias.

 Ello descubre discursos diferentes y no uno único, el autoritario, demasiado cercano a aquellos que hicieron desaparecer a nuestras 30.000 personas.

 Entendemos que el autoritarismo, venga de donde venga, tiene siempre el objetivo de mutilar la libertad de pensar, esto es, obligar a una obediencia debida a la voz de mando. 

La libertad de pensar es lo último que nos queda.

Perderla es perder la memoria.

 Perder la historia para inventar una otra y proponerla como la verdadera.

 Nos oponemos a repetir discursos mentirosos, a transformar hechos en leyendas y leyendas en hechos.

 Las diferencias caracterizan como humano a un grupo.

Permite a cada una de nosotras, homogeneizadas por el motivo que nos une, y que nos llevó a encontrarnos en algun día del 76 o 77, armar la verdadera historia, cada una desde su gran pedazo de nosotras mismas que nos fue brutalmente desgajado.

 Nos negamos a que se nos señale como madres míticas.

Somos iguales y diferentes, a la vez que todas las madres en cualquier parte del mundo en que la desaparición de sus hijos es efectuada por el poder de turno, y los buscan.

O no pueden hacerlo, por diversas causas.

  Todas las situaciones son diferentes, aunque la desaparición es un único estrago.

  El dolor es tan grande que ocupa todo nuestro espacio interno y no hubo ni hay lugar para el miedo que, generalmente, provoca la presencia del criminal.

En un comienzo, la búsqueda fue individual.

Luego, las coincidencias en los juzgados o en las comisarías hizo que una de nosotras, Azucena Villaflor de Devicenti, se encontrase con María Adela Antokoletz y se les ocurriera que debían moverse juntas.

Porque era una manera de acompañarse y hacer mayor presión para ser atendidas por las FF.AA. y la jerarquía eclesiástica, de triste historia en la Argentina.

No es fácil articular las diferencias.

No somos una excepción al respecto.

  Dentro de nuestro movimiento de mujeres y entre nosotras mismas, hemos tenido experiencias de vida diferente, como han sido diferentes nuestros partos y nuestros amores.

  Compartir estas diferencias nos ha enriquecido, porque todas hemos tomado de la otra aspectos con que cada una pudo hacer frente a la barbarie del terrorismo de estado.

 Hemos podido respetar las diferentes maneras de manifestar el dolor sin nombre.

 Nos hemos acompañado, sin olvidar jamás la búsqueda que cada una hace de cada uno de sus hijos, por eso nos llamamos madres, cada una es una madre. 

No existe la madre génerica de todos los desaparecidos.

Y eso hace brutal el significado de treinta mil desaparecidos.

Uno más uno, más uno,… y así hasta los treinta mil con nombre y apellido.

Es también este reconocimiento de las diferencias, que hace al respeto del estilo que cada quien tenga para hablar de lo que nos une.

  Cada una tiene su palabra y su voz .

  Única manera de contribuir a la reconstrucción de la memoria y hacer de la historia el relato veraz.

  No hay una ley que diga que los derechos humanos tienen que defenderse de esta manera y no de otra. Sino que deben defenderse, como una pueda y desde cualquier lugar.

  Es para nosotras la mas importante obligación.

  Es lo que nos da la sensación de pertenecer a eso que tan abstractamente se llama humanidad.

  Un nacionalismo pueril, impuesto por la soberbia de una ideología patriarcal que nos hizo creer que eramos blancos de origen – y no que sólo quedaron los blancos porque los blancos justamente habíamos aniquilado a la población indígena para quedarnos con sus tierras – nos demoró, quiza, la posibilidad de mayor presión internacional.

  Sabemos que la desaparición siempre es un hecho político, pero no sabíamos o no podíamos articular la brutalidad de esos borramientos de existencia con una estrategia política.

  Es impensable, despues del Holocausto, que se intente imponer un sistema económico, cualquiera sea éste, sin que exista el más firme compromiso para mantener vigente y hacer realidad los derechos de todos los seres humanos.

  Nadie es mejor que otro. Y nadie tiene un derecho más si éste es en menoscabo de otro. Debemos trabajar mucho, debemos revisar nuestras costumbres para que los hechos que son su efecto, cambien.

  Quiero compartir con ustedes y aclarar la historia de la represión en mi país: la represión no fue desatada por los movimientos populares, sino que estos surgen para defenderse de maltratos de políticos corruptos, de la avaricia de una clase terrateniente que, avalada por el poder clerical, mantenía apresada a la población con un ejército entrenado en EE.UU. y en Argelia.

  Palabras huecas, vaciadas de contenido, como bienestar, patria, identidad nacional.

Rotas, como los cuerpos de los desaparecidos.

  La historia de las masacres a la población civil, abierta o encubierta y con total impunidad, funda una manera de ser de las FF.AA. y de las corporaciones afines, como la jerarquía eclesiástica y la corporación económica, de gravísima historia, ambas, de represión en mi país.

A LAS MADRES DE MAYO

Por Ismael Serrano

NAC&POP

27/04/2007

 

Te busca, madre, mientras su cuerpo es mecido /por el mar en el que se sumerge dormido.

 Sueña tu abrazo, busca recuerdos

a los que aferrarse para no conciliar el sueño.

 El mar se inquieta, es tempestad, es lamento.

 Quien pudo lanzar mis ángeles desde el cielo

y oye tus gritos, blancos pañuelos

cubren sus aguas, los trajo el viento,

manda una ola para que se lleve

a los traidores que sembraron tanta muerte.

 Barcos y náufragos, oyen sus voces.

Les dicen: «Nunca, nunca olvides

nuestros nombres.

Dile a las madres que en algún lado,

donde hace falta, seguimos luchando».

 Madre, tu hijo no ha desaparecido.

 Madre que yo lo encontré andando contigo,

lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca,

y en cada gesto tuyo me nombra,

lo veo en mis luchas y me acompaña

entre las llamas de cada nueva batalla,

guían mis manos, sus manos fuertes

hacia el futuro,

hasta la victoria siempre,

guían mis manos, sus manos fuertes

hacia el futuro,

hasta la victoria siempre.

 

Ni dogmas, ni libretos

 No decimos bastantes veces qué siniestra, qué perversa es la figura del desaparecido.

Es una perversidad que no se puede trasladar en palabras.

 Por eso en la lucha no tenemos ni dogmas, ni libretos escritos. 

Nosotras hicimos y hacemos la historia, aunque parezca que perdimos el tiempo, que cometamos errores.

 A mi hija siempre la he admirado.

 Siempre digo que hay mucho mito, yo últimamente estoy reivindicando mucho a los padres.

Aquí está Santiago, que esa vez hizo los posters.

 Salimos por primera vez de la calle Uruguay, de un primer piso, de una en fondo, por una escalera estrecha.

De pronto éramos una cuadra completa, con retratos levantados. 

Fue la primera vez que los «desaparecidos» salían a la calle.

De ese modo se borró el misterio y nosotros siempre los seguimos llevando.

 No le quitamos ni el nombre, ni el apellido.

Les devolvemos sus rostros a todos aquellos por quienes dieron la vida, al pueblo.

 En la República Argentina, en Buenos Aires, no había militancia, no había partidos políticos, no había organizaciones, no había quedado nada vivo.

 Ahora me avivo.

Nosotros tomamos la calle, tomamos la Plaza porque era un enorme agujero vacío. 

Y eso que era una cagona.

Pero en la Plaza no tenía miedo.

Era otro territorio.

Y es una cosa curiosa: no me importaba pasar al lado de tipos que estuvieran armados. 

Se habrán equivocado en muchas cosas nuestros hijos, pero no tenían demasiados caminos por elegir.

 La violencia venía de muy atrás, de masacres, de antes.

No la eligieron.

Se la impusieron.

 Por eso cada vez admiro más a mi hija.

Profundamente.

Estudió Economía Política a pesar de que no era su vocación y se recibió, porque eran las necesidades del proyecto, era necesario crear una nueva economía.

Se necesitaban.

 Estoy orgullosa de ella

 Matilde

  (Publicado en el periódico de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora)

____________________________

COMPAÑERA PERONISTA

AZUCENA VILLAFLOR DE DE VICENTI

 Por Enrique Arrosagaray

Pagina 12/

 -Azucena nos mostró eso: que las clases sociales existen y que nuestros hijos habían desaparecido por eso. 

 -Azucena fue la mujer que nos organizó, que nos indicó, que nos convocó a la plaza, fue una mujer muy valiente; pero esencialmente lo que Azucena nos mostró fue una manera de lucha, nos mostró que la plaza era el lugar, creía en la plaza.

 Ella había actuado en un sindicato, tenía idea de lo que era la lucha.

 -Era una mujer con unos cuantos hijos -cuatro con el desaparecido-, esposa de un hombre que vendía querosene; una mujer que nos mostró mucho compañerismo, pero también mucha idea de la clase social a la que pertenecía.

 Yo creo que me sentí cerca de Azucena por eso; en alguna ocasión el tema de la clase social fue fundamental; la lucha de clases se sintió en las Madres.

 -Me acuerdo de la primera reunión fuera de la plaza, nos juntamos en un bar y vino una Madre de clase social alta, toda vestida de violeta; llovía, tenía paraguas violeta, piloto violeta, como si fuese una modelo,  y dijo (imitando el acento de Barrio Norte):

 ¿Vos cómo te llamás?

 Y Azucena le dijo: Azucena.

 Entonces la otra mujer le respondió (sigue el acento): Ay, ¡el mismo nombre de mi cocinera! 

Y Azucena desde ese momento no la quiso mirar más.

Ahí empezamos a hablar de nuestras raíces, de nuestra gente, de su barrio, de mi barrio, y creo que además de la lucha, en el tiempo que compartí con ella nos hicimos compañeras por estas cosas.

 -Yo, el tema no lo tenía muy en cuenta porque todavía no había comprendido algunas cosas que mis hijos me marcaban, pero ahí, durante la dictadura, eso se sintió mucho.  

Las que podían, querían reunirse en confiterías caras a tomar el té, y las otras decíamos: -No podemos pagar lo que vale esa confitería.

  Parece una pavada.

  -Con el correr del tiempo lo fui entendiendo. Bueno, Azucena nos mostró eso: que las clases sociales existen y que nuestros hijos habían desaparecido por eso.             

  Hebe de Bonafini

 -Siempre digo que los siete meses que Azucena estuvo con nosotros fueron fundamentales.

  Llegaba a la Plaza y enseguida todas nos íbamos con ella.

  Era una líder nata.

Lo digo porque tenía esa aptitud, cosa que nosotras no teníamos.

  Azucena tenía militancia.

Ella era delegada metalúrgica en la fábrica SIAM.

  Era enérgica y tierna.

  No les quepa la menor duda que, por su militancia, las Madres somos hijas de la clase obrera de este país.

  Pero esto lo hemos podido decir con el tiempo, porque en aquel entonces no sabíamos nada.

  Azucena le dijo al obispo de Zárate:

– Hay campos de concentración.

El obispo contestó:

-¡Pero señora! ¡Cómo puede decir eso!

Y Azucena se los nombró.

  Lugar por lugar, en la provincia de Buenos Aires.

  Se la llevaron el mismo día que salió la solicitada, el 10 de diciembre de 1977.

  Habíamos quedado en encontrarnos en la calle Florida con Alicia, la monja, que nos iba a traer un dinero.

  Me acuerdo que estuve haciendo guardia desde las 11 de la mañana del jueves 8, hasta las 6 de la tarde.

  Con Azucena no sabíamos nada de lo que había pasado ese día en la Santa Cruz.

– Venite esta noche que quiero hablar con vos – me dijo – vamos a ver qué pasó con la monja ….

Después lo pensó:

– Mejor no vengas, que voy a ir con mi marido.

Si no, me llevaban a mí también.

  Aída Sarti (Revista «Locas» Nº 2)

  -Fui la primera mamá que llegó a la Plaza para esa primera ronda.

Estaba sentada bajo la estatua de Belgrano un rato antes, fumando.

  Entonces vi llegar a 4 madres y me les acerqué.

  Qué cosa rara.

Unas a otras, todas nos decíamos lo mismo:

– ¿ Ud. viene por lo mismo que vengo yo?

Así era la cosa.

  Después llegó Azucena y se hicieron catorce.

Catorce, con una piba que era del PC y que no dio el nombre porque el PC le había prohibido ir a la Plaza.

Pero yo la tengo grabada en la mente a esa piba.

No se me borra.

Como tampoco Astiz, pero por otro motivo. (…)

  Cuando terminó la misa del 8 de diciembre, la gente estaba saliendo de la iglesia de Santa Cruz, llevábamos la plata para la solicitada y en la puerta estaba Astiz … y unos cuatro o cinco coches con los motores en marcha. Astiz era el que decía:

– A este … a este … a este y a ese …

  A Azucena la fueron a buscar a la casa en Sarandi, el sábado 10.

Ella había salido a comprar el diario.

  Se les resistió, se tiró al suelo y eso lo contó un vecino que vio todo.

  Ese día también se los llevaron a Remo (Berardi), el pintor, de su casa en La Boca y a la monja Leoní Duquet de la iglesia de San Pablo en Ramos Mejía….

  Josefina Noia (revista Locas Nº 2) :-La dictadura -a partir de las tareas de inteligencia del oficial de la Marina, Alfredo Astiz- vio que era una mujer clave en ese movimiento y evaluó que había que secuestrarla, ilusionándose con que destruiría toda iniciativa.

María del Rosario reconoce que cada día valora más el accionar y la actitud de Azucena.

  Cuando María del Rosario volvió de la reunión con el ministro de la dictadura, estaba destruida y lo dejó escrito en unas anotaciones íntimas que volcó en una hoja de cuaderno: -…Después de haber estado en su despacho con la última esperanza, todo se ha quebrado, ya no queda aliento para seguir…

Misión cumplida, General; tienen Uds. la fuerza, pero queda el tiempo que agota la fuerza.

Para quienes sólo han dado hijos a esta tierra, hoy todo está perdido.

Pero de estos despojos vendrá la luz.

 María del Rosario dejó así escrito, esa misma tarde, que estaba derrotada, pero se equivocó.

  Sacó fuerzas de su fortaleza más profunda que ella misma desconocía; su hijo cautivo también, a su manera, le dio fuerzas, y también Azucena.

  -Azucena era la que tenía las cosas más claras.

Si alguna tenía una duda o ponía reparos, ella decía lo suyo con sencillez y claridad, y no tenga dudas de que al final era eso lo que resolvíamos.

Siempre tenía la idea más clara y eso nos daba una enorme confianza en el grupo y en ella.

No tenía ni sombra de autoritarismo.

  Algo similar nos contó una vez el prestigiado Emilio Mignone: -…Era una mujer que naturalmente encabezaba a las Madres.

Su físico, su presencia y su empuje imponían autoridad.

Además era, a todas luces, una mujer de pueblo y fue ella, indudablemente, la que supo agrupar a las Madres hacia la Plaza y de ahí a toda la sociedad.

  María del Rosario subraya también el ejemplo de María Ponce y de la paraguaya Esther de Careaga, secuestradas dos días antes. -Fíjese el valor de Esther: logra la reaparición de su hija, se la lleva a Brasil y ella vuelve a la Plaza.

Le dijimos que se vaya, que ya había resuelto lo de su hija.

¿Y qué contestó ella?

‘Faltan los otros’.

  El ardor de Azucena por el peronismo, tal como lo recuerda María del Rosario, muchas veces llevó a discusiones, por ejemplo con ella misma, porque aún se reconoce como una ferviente antiperonista.

-Pero las dos supimos que esas diferencias podían discutirse, pero nunca separarnos.

Nuestro objetivo era superior.

E incluso podíamos hacer proyectos juntas porque, por ejemplo, nos habíamos jurado que cuando nuestros hijos estuvieran libres, íbamos a poner un comedor para dar de comer a estudiantes que no tuvieran a dónde ir.

¡Fijate!

  El secuestro y la desaparición de Azucena Villaflor, aquel sábado por la mañana, golpeó en la médula, pero su legado, un cuarto de siglo después, tiene tanto vigor como siempre.