Aun después de muerto decir su nombre a boca de jarro pone a temblar al imperio.

PEDRO ALBIZU CAMPOS, EL ÚLTIMO LIBERTADOR DE AMÉRICA

CBP

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Albizu:-El imperialismo yanqui en lo moral, nos ha concluido el desprecio de nosotros mismos; en lo material, de propietarios nos ha convertido en peones, sentenciados a muerte.  

PEDRO ALBIZU CAMPOS, EL ÚLTIMO LIBERTADOR DE AMÉRICA

(1891-1965)

Por Vilma Soto Bermúdez

 

Aun después de muerto decir su nombre a boca de jarro pone a temblar al imperio.

 

Así se demostró cuando el 11 de junio de 2000, la diáspora boricua, obligada a emigrar a los Estados Unidos en busca de lo que le han usurpado en su propio suelo decidió dedicar su desfile anual en las calles neoyorquinas al ilustre patriota, símbolo de la dignidad del pueblo que rezume sangre aprisionado en el puño yanqui hace más de un siglo.

 

El monstruo lanzó su ataque contra los organizadores, hubo zarandeos y amenazas; la palabra boicot salió a relucir… pero no pudieron contra la historia.

 

Ese día salió a la calle el pueblo portando miles de banderas… y no era la enseña gringa. Era la monoestrellada; la surgida allí mismo, en esa ciudad gris, bajo el ala de los patriotas exiliados, porque eso somos, pueblo de patriotas a la deriva reclamando tierra, nuestra tierra, nuestro lugar en las Antillas y en la América bolivariana .

 

La estrella de nuestra bandera fija el camino. Ese mismo astro que trazó la ruta del Maestro: Don Pedro Albizu Campos .

 

El mismo hombre a quien los yanquis temen… y tienen razón para temer, porque este hombre fue Puerto Rico encarnado, el caribe a flor de piel, Latinoamérica unida.

 

Don Pedro nació en Ponce, el 12 de septiembre de 1891, años antes de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico.

 

Hijo de negra puertorriqueña y vasco residentes en la caribeña ciudad de Ponce.

 

Fiel reflejo del mestizaje que él mismo describiera como la carta de ciudadanía de nuestra América.

 

Poseedor de una inteligencia admirable, la nívea Harvard le abrió sus vetustas puertas a aquel joven becado.

 

De otra manera no hubiera podido estudiar. Estaba marcado por la pobreza, por su negritud, por su procedencia.

 

La Logia Aurora de la ciudad sureña dispuso una beca para que esa inteligencia no quedara marginada. Y así fue.

 

Primero se dirigió a la Universidad de Vermont donde se graduó en ciencias, especializándose en el campo de la química y de la ingeniería; luego ingresó en Harvard en 1913.

 

En ella coronó sus estudios en Literatura, Ingeniería Química, Ciencias Militares y Derecho con altos honores en 1921.

 

Pero estando en Harvard vino la I Guerra Mundial. Albizu se integró a la Infantería y fue asignado a un batallón de descendientes afro-americanos.

 

En las filas del ejército yanqui conoció el racismo en su más cruda manifestación, hecho que predispuso más su ánimo en contra del opresor de su pueblo.

 

Su retorno a Harvard en 1919 dejó otras huellas en su conciencia.

 

Se solidarizó con las luchas de liberación de Irlanda y de la India. Hizo amigos entre los separatistas de ambas naciones, entre ellos: Subhas Chandra Bose, líder nacionalista de la India quien acompañara a Gandhi en su gesta libertadora; Rabindranath Tagore, el poeta hindú de gran trascendencia internacional; asimismo estuvo junto a Albizu, Eamon de Valera, político irlandés promotor de la independencia de su país.

 

Albizu discutía con ellos sobre la intervención política de Estados Unidos en su patria y sobre la situación colonial de países muy semejantes a pesar de la distancia.

 

Tan convencido estaba, que sin reservas, organizó el Movimiento Estudiantil Republicano Irlandés en 1918 mientras estudiaba en aquella universidad y más tarde colaboraría en la redacción del borrador de la Constitución de una Irlanda libre.

 

Las estructuras de poder en Estados Unidos reconocieron la valía del prócer (además de sus haberes como estudiante, Albizu hablaba y escribía en inglés, español, francés, alemán, portugués, italiano, latín y griego) y trataron de comprarle.

 

Le ofrecieron puestos muy bien remunerados en el Tribunal Supremo y en el Departamento de Estado.

 

Albizu no aceptó, sabía que detrás de los ofrecimientos se agazapaba el sometimiento a la política del imperio.

 

Regresó a Puerto Rico y rápidamente se integró al Partido Nacionalista de Puerto Rico (PNPR) en 1924.

 

Fue elegido vicepresidente de la colectividad y se le encomendó viajar por la América en busca de solidaridad a la causa separatista.

 

Es en ese tiempo que lo vemos recorrer la República Dominicana, Haití, Cuba, México, Panamá, Perú y Venezuela; trata de establecer vínculos con Argentina.

 

Se reúne con los más preclaros pensadores antiimperialistas de nuestra América. Pronuncia discursos (como el que dio en Cuba contra la dictadura Machado y que le obligó a refugiarse en la embajada mexicana y abandonar el país rumbo al país azteca), expone el caso colonial de su Isla y la lucha centenaria de su pueblo en aras de la libertad.

 

Recordando la estadía del “último libertador de América” al decir del Che, en Cuba, Juan Marinello escribió: “Era frente a las masas cuando se agigantaba aquel hombre menudo y frágil, y a los pocos instantes quedaban todos presos en la arenga. El razonamiento poderoso y original, en el que se descubrían muchas lecturas, meditaciones y vigilias, venía sustentado en la dicción apasionada. La voz, que era en lo íntimo apacible y sugerente, adquiría en la tribuna un tono metálico y vibrante que llegaba al oyente más lejano como un clarín de órdenes al que no podía sustraerse. Y por largo que fuese el discurso el tono se mantenía el mismo, como un clamor que arrancaba de más allá del cuerpo en que nacía.”

 

En 1926 ya Albizu era reconocido como uno de los primeros en identificar a Estados Unidos como imperialista y para la América y el Caribe no ve otra salida que la de la integración. La lucha de Puerto Rico está vinculada a la de las Antillas y la América.

 

Sobre ello dice:

 

“Puerto Rico y las otras Antillas constituyen el campo de batalla entre el imperialismo yanqui y el iberoamericanismo. La solidaridad iberoamericana exige que cese toda injerencia yanqui en este archipiélago para restaurar el equilibrio continental y asegurar la independencia de todas las naciones colombinas. Dentro de esta suprema necesidad es imprescindible nuestra independencia.

 

 “Nuestra situación dolorosa bajo el imperio de Estados Unidos es la situación que pretende Norteamérica imponer a todos los pueblos del continente. Nuestra causa es la causa continental. Los pensadores iberoamericanos ven claro el problema conjunto de la América Ibérica frente al imperialismo yanqui. Si triunfa la absorción norteamericana en nuestra tierra, el espíritu de conquista yanqui no tendrá freno…

 

“Si triunfa el imperio en nuestro ambiente sería un golpe fuerte para la raza iberoamericana. Se lesionaría gravemente su prestigio y se atraería una invasión yanqui, sin medida y sin cuartel…

 

“La preocupación iberoamericana no es defender a México, a Colombia, a Venezuela, o a otras repúblicas de nuestra sangre. La preocupación continental es arrancar la bota yanqui de todas las posiciones que ocupa en el Caribe.”

 

Y Marinello reafirma:

 

“Fue en verdad singular coincidencia de nuestras virtudes esenciales, una exaltación superior, pero orgánica, del perfil de nuestras tierras. Había nacido para encarar, en su enfrentamiento erguido y radical, el destino de sus islas en una de las más decisivas coyunturas americanas: la liberación del imperialismo.”

 

A su regreso a Puerto Rico, Albizu es elegido presidente del Partido Nacionalista.

 

En 1930 pronuncia estas palabras que definirían de ahí en adelante el método de lucha del pueblo puertorriqueño: “La nación no puede existir sin la posesión de toda su riqueza material. La agricultura, la industria, el comercio, las comunicaciones, franquicias y toda forma de riqueza tiene que estar en manos nativas para poder asegurar la vida de la nacionalidad. Las compañías de seguro, las instituciones bancarias, y todo organismo dedicado a la movilización de la riqueza, forzoso es que pertenezca a intereses nacionales.

 

“Si para adquirir independencia económica dentro del coloniaje, hay que imponer la independencia política, por las armas si fuera necesario, cuando la nación goza de su plena soberanía, para garantizar su existencia como Estado independiente, tiene que nacionalizar su riqueza y no permitir que elemento extranjeros se adueñen de ella.”

 

Más adelante dirá:

 

"A ningún imperio conviene ejercer la tiranía abiertamente, y siempre usa para el ejercicio de su despotismo a los naturales de la nación intervenida…Como ningún imperio puede mantenerse sin la cooperación de los naturales del país ocupado por la fuerza, se sirven de ellos pero los desprecian".

 

“Puerto Rico presenta el cuadro de un naufragio de los valores humanos más preciados: el honor, el patriotismo, el sacrificio. El imperialismo yanqui en lo moral, nos ha concluido el desprecio de nosotros mismos; en lo material, de propietarios nos ha convertido en peones, y de peones en mendigos sentenciados a muerte.

 

“El nacionalismo es la única salvación porque hace renacer en cada uno de nosotros la conciencia de un hombre libre para quien la dignidad humana no tiene precio, y quien no pueda concebir porque no tenga él el derecho a regir los destinos de sus hijos o de su patria.”

 

El pensamiento albizuista se va aclarando cada vez más.

 

Es el tiempo de tomar las armas. De vencer al tirano por sus mismos medios.

 

Así comenzó a organizar a los Cadetes de la República, hombres y mujeres integrados a un ejército de liberación en ciernes.

 

Se prepara para la guerra contra el imperialismo: “El despotismo no tiene sanción y se ridiculiza cuando la invoca. El despotismo es sólo respetable cuando habla por boca de sus cañones”.

 

Pero el invasor no descansa y menos cuando sabe que el pueblo está dispuesto a golpearle. Comienzan en el 1935 los asesinatos impunes de nacionalistas.

 

Primero la Masacre de Río Piedras .

 

Sobre este capítulo escribió el Dr. Manuel Maldonado Denis: “Estamos en 1935. El coronel Riggs, jefe de la policía colonial, hace saber que los nacionalistas tendrán ‘guerra y más guerra' bajo su incumbencia. El 24 de octubre de 1935 se cumple su profecía. Existe gran agitación en la Universidad de Puerto Rico con motivo de una asamblea estudiantil que habrá de celebrarse.

 

La policía tiende un cerco a la Universidad. Cerca de la calle Brumbaugh de Río Piedras un grupo de nacionalistas es interceptado por la policía.

 

El carro en que viajan es acribillado a balazos.

 

Mueren como resultado de lo que más tarde habría de designarse como "la matanza de Río Piedras" cuatro nacionalistas: Ramón S. Pagán, Pedro Quiñones, Eduardo Rodríguez Vera y José Santiago.

 

Otro, Dionisio Pearson, resulta gravemente herido.

 

Aparte de ello muere en la balacera un ciudadano que era ajeno a los hechos.

 

La policía alega defensa propia y muestra a uno de sus hombres heridos. Ni uno solo de los policías que participan en el ametrallamiento es acusado. Al contrario, muchos de los oficiales envueltos son ascendidos.

 

Albizu Campos concurre a despedir el duelo de los cuatro nacionalistas. Sus palabras revelan con mediana claridad su compromiso: ‘La escuela del heroísmo conminará eternamente a la escuela de la fuerza y la aplastará… Juremos que cuando llegue el momento sabremos morir como héroes, porque el heroísmo es la única salvación que tienen tanto los individuos como las naciones'. (El Mundo, 25 de octubre de 1936).

 

“Era, en efecto, la guerra. La guerra desigual entre un imperio en el apogeo de su poderío y un pequeño grupo de patriotas que sólo podían mostrar ante el mundo su valor y su sentido de sacrificio.

 

“El 23 de febrero de 1936 dos jóvenes nacionalistas, Hiram Rosado y Elías Beauchamp, ejecutan al coronel Riggs en respuesta a la Masacre de Río Piedras. Llevados al cuartel de la policía de la calle San Francisco de San Juan son allí acribillados a balazos por la policía, que alega defensa propia”.

 

Ante la tumba de los héroes puertorriqueños pronunciará Albizu Campos uno de sus más memorables discursos. Escuchémosle:

 

“El valor más permanente en el hombre es el valor. El valor es la suprema virtud del hombre y se cultiva como se cultiva toda virtud y se puede perder como se pierde toda virtud. El valor en el individuo es un supremo bien. De nada vale al hombre estar lleno de sabiduría y de vitalidad física si le falta el valor. De nada vale un pueblo estar lleno de vitalidad, y de sabiduría si le falta el valor. Porque el valor es lo único que permite la transmutación del hombre para fines superiores. El valor es lo que permite al hombre pasearse firme y serenamente sobre las sombras de la muerte y cuando el hombre pasa serena y tranquilamente sobre las sombras de la muerte, entonces es que el hombre entra en la inmortalidad.”

 

Para entrar en la inmortalidad hay una sola entrada: la puerta del valor que conduce al sacrificio por una suprema causa.

 

Hay que sacrificarse por la independencia de la patria.”

 

Estados Unidos acusa a Albizu de sedición y es condenado junto a otros nacionalistas a largos años de cárcel en Atlanta. En espera de su traslado a la prisión, los yanquis asestan otro golpe: La masacre de Ponce de 1937.

 

Por órdenes del gobernador yanqui la policía títere dispara a mansalva contra una marcha pacífica.

 

Mueren más de 20 nacionalistas y los heridos suman más de cien.

 

Don Pedro es recluido en Atlanta donde pasa once años; regresa el 15 de diciembre de 1947. Para callar su voz se aprobó la llamada “ley de mordaza”. Su propósito era encarcelar a cualquiera que se sospechara ser comunista o estar contra el régimen. Albizu retó la ley en Jayuya.

 

El pueblo se dio cita para defender a su líder y evitó el arresto del prócer.

 

A su regreso del exilio, Albizu se encontró en medio de un país convulso. Estados Unidos se disponía a glorificar la colonia ante los ojos del mundo con la creación del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en 1952.

 

Los yanquis preparaban una Convención Constituyente a la que Albizu llamó “convención constituyente de la esclavitud”.

 

Ante este dilema, don Pedro dirigió a su pueblo a la insurrección. Las armas se guardaban en la casa de la nacionalista Blanca Canales. El día fue el 30 de octubre de 1950.

 

Estalló la Revolución de Jayuya .

 

Tres días le tomó al ejército invasor derrotar a los insurrectos a pesar de haber bombardeado varios pueblos desde aviones militares. El 70 % del pueblo de Jayuya fue destruido.

 

En San Juan, don Pedro junto a otros nacionalistas, entre ellos Isabel Rosado, resistían a la policía que solo los pudo someter cuando utilizaron gases lacrimógenos.

 

Estados Unidos bloqueó la información al mundo sobre la revolución y el entonces presidente Harry Truman indicó que se trataba de peleas entre puertorriqueños quitándole con su comentario el peso político de la acción. Entonces vino la respuesta nacionalista: El ataque a la Casa Blair el 1º de noviembre de 1950.

 

Don Pedro envió a Griselio Torresola y a Óscar Collazo a decirle al mundo por medio de las armas lo que verdaderamente sucedía en el país. Ambos atacaron la casa en donde residía temporalmente el presidente Harry S. Truman (la Casa Blanca estaba en reparación).

 

Torresola falleció en la batalla y Collazo fue herido, apresado y condenado a la silla eléctrica.

 

Esa sentencia luego le fue conmutada por cárcel.

 

Como resultado de estas acciones libertarias, Albizu vuelve a ser encarcelado. No es hasta el 1953 que regresa de nuevo a la patria al ser indultado. Llegó con pruebas en su cuerpo de las torturas radioactivas que sufriera.

 

Sus piernas estaban quemadas y con llagas… hinchadas.

 

El prócer sufrió en prisión el atropello yanqui, pero no se amilanó. El 1º de marzo de 1954, cuatro héroes puertorriqueños: Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero entraron al Congreso de Estados Unidos y gritando ¡Viva Puerto Rico Libre! dispararon contra los representantes del gobierno interventor.

 

El efecto en la colonia yanqui fue inmediato.

 

Se instituye la ley marcial y se arresta a cientos de independentistas.

 

Frente a la casa de Albizu, el tiroteo fue intenso contra los nacionalistas en Puerto Rico que defendían a don Pedro en su convalecencia; el prócer fue arrestado por órdenes del gobierno de Estados Unidos.

 

Justificando el ataque al Congreso en Washington dijo:

 

“Nuestra patria ha venido sufriendo la intervención militar de Estados Unidos hace más de medio siglo. La intervención militar es la guerra en todos sus aspectos: económico, político, cultural, etc., porque las intervenciones militares se llevan a cabo con un solo fin que es destruir la nacionalidad ocupada y convertirla en colonia del imperio, explotable en todas sus formas…

 

“Nuestra fe en el derecho nos dio una infinita paciencia para resistir los desmanes del poder ocupante norteamericano. Esa paciencia nuestra ha confundido a los dirigentes de Estados Unidos que nos catalogaron entre los pueblos pasivos de la tierra y los llevó hasta la insolencia de que, siendo víctimas de su imperio, pretenden reclutar a nuestros hijos por la fuerza para servir a sus fines imperialistas en el mundo entero…”

 

Ya en ese momento, Albizu no soportaría más la cárcel.

 

El cuerpo del hombre que enfrentó al imperio y le llevó la guerra a su casa al invasor no podía más. Fueron 25 años de su vida en prisión, años de tortura física.

 

Don Pedro Albizu Campos, “El Maestro”, “el último libertador de América”, pasó a la inmortalidad el 21 de abril de 1965.

 

"En la cárcel o frente a la muerte renovamos nuestros votos de consagración a la causa de la independencia patria."

 

VSM/

 

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ALBIZU CAMPOS Y EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA NACIONAL PUERTORRIQUEÑA EN EL SIGLO XX

 

Por Manuel Maldonado-Denis

 

Adelantándose por mucho a la tesis de que somos "puente entre dos culturas" Albizu Campos define el problema con acumen.

 

De lo que se trata es de hacer a los países de la América Nuestra siguiendo el modelo de Puerto Rico.

 

O lo que no es sino el mismo léxico contemporáneo, "estabilizar" a la América Latina.

 

De ahí que la solidaridad continental sea indispensable como condición previa para una América Latina unida, fuerte e independiente. Si, como rezaba la famosa sentencia de Juárez, "el respeto al derecho ajeno es la paz", no podrá haber paz en el hemisferio mientras haya un solo país -en este caso Puerto Rico- que aún se halle bajo la coyunda colonial que le ha sido impuesta.

 

La causa de Puerto Rico es la causa continental porque en nuestra patria se juega el destino -no sólo de su independencia, sino de la independencia de todos los países del hemisferio al sur del Río Grande.

 

Lo que está en juego en Puerto Rico es algo más que la mera independencia. Se está jugando el destino de un pueblo, la supervivencia de una nacionalidad. De lo que se trata es de si habremos de continuar siendo puertorriqueños o no. Ése es el dilema.

 

A Albizu Campos no le cabía la menor duda de que éramos una nación. Según la definición que él nos ofrece acerca de lo que es una nacionalidad en El Nacionalista allá por la cuarta década, ésta "no sólo es la unidad étnica, cultural y religiosa de la sociedad humana, sino también de la comunidad de sus intereses materiales sobre un territorio determinado, en el cual sus propios hijos sean dueños y señores".

 

Dada esta definición, era forzoso el rescate del patrimonio nacional enajenado a manos norteamericanas. Forzoso era desarrollar también un instrumento político capaz de llevar a cabo una táctica y estrategia que pudiese rescatar el patrimonio nacional enajenado como medio de defensa para la preservación de la nacionalidad.

 

Albizu Campos considera que dicho instrumento es el Partido Nacionalista, toda vez que el "nacionalismo puertorriqueño es la patria organizada para el rescate de su soberanía".

 

El 11 de mayo de 1930 se lleva a cabo la asamblea general del Partido Nacionalista en el Ateneo Puertorriqueño.

 

El juramento tomado al final de la asamblea da una idea de la nueva orientación que habrá de imprimirle su recién electo presidente, Pedro Albizu Campos: "Juramos aquí solemnemente que defenderemos el ideal nacionalista y que sacrificaremos nuestra hacienda y nuestra vida, si fuera preciso, por la independencia de nuestra patria".

 

El programa aprobado en dicha asamblea es uno de carácter netamente nacionalista y antiimperialista. Todo ello concorde con la serie de artículos que sobre el problema económico de Puerto Rico escribiría el prócer nacionalista en el periódico El Nacionalista y donde expresa lo siguiente:

 

“La nación no puede existir sin la posesión de toda su riqueza material. La agricultura, la industria, el comercio, las comunicaciones, franquicias y toda forma de riqueza tiene que estar en manos nativas para poder asegurar la vida de la nacionalidad. Las compañías de seguros, las instituciones bancarias, y todo organismo dedicado a la movilización de la riqueza, forzoso es que pertenezca a intereses nacionales. Si para adquirir independencia económica dentro del coloniaje, hay que imponer la independencia política, por las armas si fuera necesario, cuando la nación goza de su plena soberanía, para garantizar su existencia como Estado independiente, tiene que nacionalizar su riqueza y no permitir que elemento extranjeros se adueñen de ella.”

 

Recordemos que andamos por la cuarta década. Es la década de la gran depresión del sistema capitalista mundial. Todo el andamiaje que había sostenido el capitalismo hasta el momento parece tambalearse. Como colonia norteamericana, Puerto Rico, sufre profundamente el estremecimiento que lanzará a miles de desempleados a las calles y que causará la ruina de los pequeños comerciantes y agricultores. En la metrópoli la crisis misma es propicia para el acceso al poder de una administración demócrata comprometida con un "Nuevo Trato" para los Estados Unidos y una política de "Buen Vecino" para el continente sudamericano. A partir de 1922 entraremos en una nueva fase del imperialismo: La fase reformista que trasciende aquella denominada "imperialismo del descuido" por ese agudo estudioso que es el profesor Gordon K. Lewis. Es la fase de la ayuda federal a través de programas tales como la PRA y la PRERA; es el advenimiento de los liberales novotratistas como Ernest Gruening y, más tarde , Rexord Guy Tugwell.

 

En realidad nada cambiará de manera esencial. Influido aparentemente por el triunfo reciente de las fuerzas republicanas en España, Albizu Campos decide lanzar su partido a la contienda electoral de 1932. Pero ya en las declaraciones de la Junta Nacional del Partido Nacionalista (18 de mayo de 1931) vemos con cuán escepticismo veía dicha agrupación las elecciones coloniales a punto de celebrarse. Dicen dichas declaraciones:

 

“Todo poder imperial realiza sus atropellos invocando siempre los principios de la justicia. Estados Unidos tiene la forma de comparar sus propósitos más nefastos con las dulces palabras de igualdad, fraternidad, libertad, democracia, etc. Eso de movilizar cada cuatro años la opinión pública a todo el electorado, y gastar cuantiosas sumas de dinero en elecciones, sirve solamente para mantener otra farsa de que existe el sufragio en Puerto Rico. El sufragio existe donde hay un régimen de libertad que depende de un régimen de derecho, o sea de un régimen responsable a los gobernadores y que emana de su voluntad.”

 

El Partido Nacionalista pondrá a prueba si existe o no el sufragio en Puerto Rico y colocará a prueba el régimen en forma definitiva cuando decrete la Convención Constituyente de la República al obtener el voto de las mayorías.

 

Esta posición se reitera en el Manifiesto del Partido Nacionalista con motivo de las elecciones de 1932 dado a la publicidad el 2 de noviembre de ese año. Mucho han dicho los detractores de Albizu Campos sobre el resultado de dichas elecciones en términos de lucha del Partido Nacionalista. No cabe duda que fue muy desalentador el resultado: cinco mil y pico de votos para el Partido Nacionalista y unos quince mil para Albizu Campos. (No debemos olvidar, sin embargo, que el Partido Liberal capitaneado por Barceló, con un programa netamente independentista como plataforma, logra obtener un total de 170.168 votos en dichas elecciones. Ello da una muestra de la verdadera fuerza de los independentistas, toda vez que no podemos separar el ala reformista del ala revolucionaria, dentro del sector pro independencia.) Albizu Campos se reafirma en su creencia de que el único camino hacia la liberación de Puerto Rico es el de la vía revolucionaria. En palabras que hoy nos traen ecos de Frantz Fanon, nos advierte contra el problema de la colonización de un pueblo al indicarnos: "A ningún imperio conviene ejercer la tiranía abiertamente, y siempre usa para el ejercicio de su despotismo a los naturales de la nación intervenida… Como ningún imperio puede mantenerse sin la cooperación de los naturales del país ocupado por la fuerza, se sirven de ellos pero los desprecian". (El Mundo, 24 de junio de 1933.) Y al comentar sobre las elecciones recién celebradas indica asimismo la auténtica faz desmoralizadora del colonialismo al apuntarnos:

 

“Puerto Rico presenta el cuadro de un naufragio de los valores humanos más preciados: el honor, el patriotismo, el sacrificio. El imperialismo yanqui en lo moral, nos ha concluido el desprecio de nosotros mismos; en lo material, de propietarios nos ha convertido en peones, y de peones en mendigos sentenciados a muerte. El nacionalismo es la única salvación porque hace renacer en cada uno de nosotros la conciencia de un hombre libre para quien la dignidad humana no tiene precio, y quien no pueda concebir porque no tenga él el derecho a regir los destinos de sus hijos o de su patria.”

 

De ahí en adelante el prócer nacionalista emprende su peregrinación definitiva. Como Lutero en su momento no puede sino exclamar: "Aquí me planto. No puedo hacer otra cosa". Y comienza el período de la conspiración, de la represión y de la muerte…

 

Queda definitivamente sentado el principio de que "la lucha electoral es una farsa periódica para mantener dividida a la familia puertorriqueña". (El Mundo, 28 de junio de 1933), así como el alcance de su famosa sentencia: "el triunfo de los puertorriqueños sobre los puertorriqueños es la derrota de la patria". Y con motivo de la toma de posesión del gobernador colonial Robert H. Gore diría: "El despotismo no tiene sanción y se ridiculiza cuando la invoca. El despotismo es sólo respetable cuando habla por boca de sus cañones". (El Mundo, 11 de julio de 1932) Está sentado así que el régimen colonial es por su propia naturaleza uno de carácter despótico que puede someterse únicamente por medio de la fuerza. Cada día más se va convenciendo el prócer ponceño que no existe otra alternativa ante dicho acto de fuerza que el uso de la violencia revolucionaria. Su labor proselitigadora continúa. En 1934 es llamado por los obreros de la caña para que les represente con motivo de la huelga iniciada por éstos contra los grandes intereses de las compañías azucareras norteamericanas. Su figura adquiere una enorme popularidad. Miles acuden a escuchar su verbo vibrante y enaltecedor. La labor organizativa para el logro de una organización rebelde capaz de poner en jaque al sistema colonial comienza a cobrar impulso. En la Universidad de Puerto Rico se organiza la Federación Nacional de Estudiantes Puertorriqueños.

 

La matanza de Río Piedras

 

Estamos en 1935. El coronel Riggs, jefe de la policía colonial, hace saber que los nacionalistas tendrán "guerra y más guerra" bajo su incumbencia. El 24 de octubre de 1935 se cumple su profecía. Existe gran agitación en la Universidad de Puerto Rico con motivo de una asamblea estudiantil que habrá de celebrarse. La policía tiende un cerco a la Universidad. Cerca de la calle Brumbaugh de Río Piedras un grupo de nacionalistas es interceptado por la policía. El carro en que viajan es acribillado a balazos. Mueren como resultado de lo que más tarde habría de designarse como "la matanza de Río Piedras" cuatro nacionalistas: Ramón S. Pagán, Pedro Quiñones, Eduardo Rodríguez Vera y José Santiago. Otro, Dionisio Pearson, resulta gravemente herido. Aparte de ello muere en la balacera un ciudadano que era inocente a los hechos. La policía alega defensa propia y muestra a uno de sus hombres herido. Ni uno solo de los policías que participan en el ametrallamiento es acusado. Al contrario, muchos de los oficiales envueltos son ascendidos. Albizu Campos concurre a despedir el duelo de los cuatro nacionalistas. Sus palabras revelan con mediana claridad su compromiso: "La escuela del heroísmo conminará eternamente a la escuela de la fuerza y la aplastará…Juremos que cuando llegue el momento sabremos morir como héroes, porque el heroísmo es la única salvación que tienen tanto los individuos como las naciones." (El Mundo, 25 de octubre de 1936).

 

Era, en efecto, la guerra. La guerra desigual entre un imperio en el apogeo de su poderío y un pequeño grupo de patriotas que sólo podían mostrar ante el mundo su valor y su sentido de sacrificio.

 

El 23 de febrero de 1936 dos jóvenes nacionalistas, Hiram Rosado y Elías Beauchamp, ejecutan al coronel Riggs en respuesta a la Masacre de Río Piedras. Llevados al cuartel de la policía de la calle San Francisco de San Juan son allí acribillados a balazos por la policía, que alega defensa propia. Ante la tumba de los héroes puertorriqueños pronunciará Albizu Campos uno de sus más memorables discursos. Escuchémosle:

 

“El valor más permanente en el hombre es el valor. El valor es la suprema virtud del hombre y se cultiva como se cultiva toda virtud y se puede perder como se pierde toda virtud. El valor en el individuo es un supremo bien. De nada vale al hombre estar lleno de sabiduría y de vitalidad física si le falta el valor. De nada vale un pueblo estar lleno de vitalidad, y de sabiduría si le falta el valor. Porque el valor es lo único que permite la transmutación del hombre para fines superiores. El valor es lo que permite al hombre pasearse firme y serenamente sobre las sombras de la muerte y cuando el hombre pasa serena y tranquilamente sobre las sombras de la muerte, entonces es que el hombre entra en la inmortalidad. Para entrar en la inmortalidad hay una sola entrada: la puerta del valor que conduce al sacrificio por una suprema causa. Hay que sacrificarse por la independencia de la patria.”

 

Juicio a Albizu

 

En este momento Albizu Campos es ya demasiado peligroso para la metrópoli. La administración liberal de Roosevelt decide enjuiciarlo bajo las leyes norteamericanas referentes al delito de "sedición".

 

Todo el andamiaje metro político es movilizado con el propósito de lograr el encarcelamiento del Maestro Nacionalista y del alto liderato de su partido.

 

En el primer juicio celebrado (14 de julio de 1936) el jurado no logra ponerse de acuerdo.

 

El segundo juicio comienza bajo menores auspicios: diez norteamericanos y dos puertorriqueños lo componen.

 

En su selección participa directamente el gobernador colonial Winship conjuntamente con el fiscal federal Cecil Snyder. Esta vez sí logra la convicción.

 

El 31 de julio de 1936 Albizu Campos y los suyos son condenados a largas cadenas de cárcel en la prisión federal de Atlanta, Georgia. Poco antes de su traslado a la penitenciaría sureña, y mientras permanece recluido en la cárcel La Princesa, se perpetra el acto final de la represión colonialista. Es el Domingo de Ramos de 1937.

 

La Junta Municipal del Partido Nacionalista de Ponce había pedido permiso para celebrar una manifestación en solidaridad con los presos políticos. A última hora se revoca el permiso concedido por el alcalde. Los nacionalistas deciden seguir adelante con su actividad.

 

La policía, bajo las órdenes del coronel Orbeta y siguiendo instrucciones del gobernador Winship, se aposta al frente de la manifestación, compuesta por unas cien personas entre hombres, mujeres y niños. Conforme a lo programado, los nacionalistas deciden marchar al terminar de tocarse el himno nacional.

 

La policía abre fuego contra los manifestantes. El saldo: más de veinte muertos y cerca de sesenta heridos. Más tarde el comité investigador dirigido por Arthur Garfield Hays diría que en Ponce había habido "una matanza". Pero ni un solo policía fue acusado por los sucesos. Por el contrario, muchos de ellos fueron ascendidos de rango.

 

Como colmo de la ignominia de la legislatura colonial premió al autor intelectual y material de la matanza, al gobernador Blanton Winship, designándole "hijo adoptivo de Puerto Rico".

 

Nótese que Albizu Campos pasa de manera veloz por la vida política puertorriqueña en esta década crucial. Convicto en 1936 y encarcelado en 1937, su labor patriótica y revolucionaria se extiende por el corto período de unos seis años.

 

El imperio le encarcela, junto con los mejores cuadros del nacionalismo. Además, diezma a la militancia y persigue a los sobrevivientes. Diez años estará el prócer ponceño fuera de Puerto Rico.

 

Aunque formalmente liberado en 1943, no será hasta diciembre de 1947 que regresará a Puerto Rico. Durante ese corto lapso del 1930 al 1936 su labor en pro de la cristalización de la conciencia nacional puertorriqueña fue en verdad titánica.

 

En un determinado momento se constituyó en la conciencia de este pueblo, en su más implacable fiscalizador.

 

Al crear un movimiento nacional de carácter revolucionario contribuyó a despejar las ilusiones respecto a la posibilidad de que la independencia fuese, no un logro de nuestra lucha, sino una mera concesión voluntariedad del imperio que nos regentea.

 

Al encarcelar a todo el alto liderato nacionalista junto con su líder máximo, el imperio removía uno de los mayores escollos interpuestos a su intento de romper definitivamente la resistencia nacional del pueblo puertorriqueño. El otro sector independentista, de corte reformista, queda una vez muerto Barceló en manos de Luis Muñoz Marín. El viraje hacia la derecha del otrora independentista comienza a perfilarse ya de manera definitiva con la fundación del Partido Popular Democrático en 1938. Con la consigna: "el status no está en 'issue' en las elecciones de 1940", Muñoz Marín atrae a una gran cantidad de independentistas que interpretaran sus palabras como una mera posposición del problema para una ocasión futura. Con el correr del tiempo, sin embargo, el viraje se hace más manifiesto. Y con el copo popular de 1944 la suerte de los independentistas dentro del Partido Popular está echada. Mientras Albizu Campos languidece en las ergástulas de Atlanta, Muñoz Marín asesta golpe tras golpe contra las fuerzas que ayudaron en forma preponderante a su acceso al poder.

 

Albizu Campos retorna por fin a Puerto Rico en diciembre de 1947. En 1946 un grupo de patriotas puertorriqueños había fundado el Partido Independentista Puertorriqueño. Una gran multitud va al puerto de San Juan para recibir al patricio. Con característica agudeza responde al funcionario norteamericano que le inquiere acerca de si trae alguna semilla consigo: "La misma semilla que llevé es la que traigo". Y cuando una dama se le acerca a decirle cuánto ha lamentado su ausencia, el Maestro replica: "La ley del amor y del sacrificio no admiten de ausencias. Yo nunca he estado ausente de Puerto Rico". Y luego en el parque Sixto Escobar se reafirma una vez más en su tesis insurreccional. Como saludo al recién llegado, los estudiantes universitarios bajan la bandera norteamericana e izan la puertorriqueña en la torre de la Universidad.

 

Más represión

 

 

 

El 1948 será un año muy significativo en las luchas estudiantiles puertorriqueñas. Como represalia contra el izamiento de la bandera puertorriqueña a que acabamos de aludir, el rector Jaime Benítez suspende sumariamente a los estudiantes Juan Mari Brás, Jorge Luis Landing y Juan Noriega Maldonado. Al comenzar el segundo semestre 1947-48, la lucha entre el rector y los estudiantes se intensifica. Los estudiantes deciden decretar una huelga. Benítez llama a la policía a los terrenos universitarios y procede a suspender a un número mayor aún de estudiantes. A algunos profesores no se les renuevan los contratos. En conjunción con la huelga universitaria y el retorno de Albizu Campos, la Asamblea Legislativa de Puerto Rico aprueba la Ley 53, mejor conocida como la Ley de la Mordaza. Como habrá de confesar el representante Benjamín Ortiz a la sazón, ésta no era sino una traducción al español de la opresiva Ley Smith vigente en los Estados Unidos. Con la ayuda de la policía y el uso de mano dura contra los estudiantes, el rector Benítez logra conjurar la crisis y emerge victorioso mediante la virtual emasculación del movimiento estudiantil universitario.

 

Entramos ya en la época de la posguerra y los comienzos de la llamada guerra fría. La ONU ha sido creada y los imperios tradicionales se hallan demasiado débiles para retener sus antiguas colonias. El proceso de liquidaciones del coloniaje cobra gran ímpetu. Los Estados Unidos emergen de la prueba como la más grande potencia mundial, fortaleciendo este hecho por el monopolio atómico de que disfruta.

 

Mientras tanto la nación más poblada del mundo se asienta en el continente asiático como el primer país socialista en ese confín del planeta.

 

La situación colonial de Puerto Rico le crea un serio problema a los Estados Unidos ante la opinión pública mundial. Todavía es menester que el poder imperial rinde informes sobre este territorio dependiente. Como medio de evitar la continuación de esta situación indeseable, el Congreso Norteamericano aprueba la Ley Pública 600, que autoriza a los puertorriqueños a redactar su propia Constitución. Un nuevo término es creado para bautizar a la criatura: "Estado Libre Asociado". Así los Estados Unidos podrá presentarse ante la comunidad internacional como una potencia no colonial después que los puertorriqueños hayan ratificado su deseo de seguir siendo colonia.

 

Los independentistas no se llamaron a engaño. El Partido Independentista Puertorriqueño boicoteó la llamada "Convención Constituyente". Albizu Campos y los nacionalistas fueron aún más lejos. El 30 de octubre de 1950 hubo varios brotes armados en diversas partes de la isla. Y el 1º de noviembre de 1950 los nacionalistas Griselio Torresola y Óscar Collazo atacan la Casa Blair en un intento infructuoso de matar al presidente Truman. El propósito de dicha acción era dramatizar ante la opinión pública mundial la verdadera situación de Puerto Rico y todo cuanto se hacía para ocultarlo.

 

Un despliegue masivo de fuerza es la respuesta del gobierno colonial. Cientos son detenidos. Los insurrectos resisten heroicamente pero son apabullados por fuerzas muy superiores. Albizu Campos es detenido y enjuiciado bajo las disposiciones de la Ley de la Mordaza. Con él irán a juicio muchos otros nacionalistas.

 

Encontrado culpable es sentenciado nuevamente a una larga pena de prisión. Algunos de sus compañeros recibirán sentencia montante a más de 400 años de presidio. Ya para ese momento el Maestro Nacionalista se halla muy quebrantado de salud. El gobernador Muñoz Marín le indulta respondiendo a presiones de tipo internacional y nacional.

 

Sometido a una vigilancia constante se le apresa ya definitivamente después que el 1º de marzo de 1954 los nacionalistas Lolita Lebrón, Irving Flores Rodríguez, Rafael Cancel Miranda y Andrés Figueroa Cordero tirotean la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos. Dicho acto -hecho con el propósito de dramatizar el problema del reclutamiento de las juventudes puertorriqueñas en el ejército estadounidense- es justificado por Albizu con las siguientes palabras:

 

“Nuestra patria ha venido sufriendo la intervención militar de Estados Unidos hace más de medio siglo. La intervención militar es la guerra en todos sus aspectos: económico, político, cultural, etc., porque las intervenciones militares se llevan a cabo con un solo fin que es destruir la nacionalidad ocupada y convertirla en colonia del imperio, explotable en todas sus formas… Nuestra fe en el derecho nos dio una infinita paciencia para resistir los desmanes del poder ocupante norteamericano. Esa paciencia nuestra ha confundido a los dirigentes de Estados Unidos que nos catalogaron entre los pueblos pasivos de la tierra y los llevó hasta la insolencia de que, siendo víctimas de su imperio, pretenden reclutar a nuestros hijos por la fuerza para servir a sus fines imperialistas en el mundo entero…”

 

De ahí en adelante el Maestro Nacionalista recobrará su libertad poco antes de su muerte. Paralizado como resultado de un infarto, pasará sus últimos años encarcelado en el Hospital Presbiteriano. Había pasado más de veinticinco años de su vida en la cárcel.

 

Al acercarse el momento de su muerte, el gobernador Muñoz Marín decreta su indulto. En casa de la abnegada Juanita Ojeda pasa sus últimos días de su vida. Pero ante la noticia de su muerte el pueblo patriota puertorriqueño responde masivamente.

 

Una enorme multitud que se estima en unas 60.000 personas asisten a su sepelio. Al sonar el aldabonazo final de la conciencia de los puertorriqueños que significaba su muerte física, se hacía patente el juicio de su discípulo Juan Antonio Corretjer emitido poco antes de su muerte:

 

"Nada ni nadie puede ya contra Pedro Albizu Campos. El estoico retador de todos los dolores salió a la inmunidad por la puerta de todos los dolores. Quien lo quiera encarcelar verá que no puede. Quienes lo mataron comprenderán que no pueden matarlo. El lisiado ha reducido a la impotencia a los todopoderosos."

 

La exacta dimensión histórica de un personaje se mide por su capacidad para perpetuarse en las memorias de las generaciones presente y por venir. Dicha capacidad se halla en función de las fuerzas que determinan el desarrollo histórico y que imparten a éste un determinado derrotero. En ese sentido hay también fuerzas retardatarias, fuerzas que estorban el desarrollo histórico en vez de acelerarlo. En el mundo en que vivimos las fuerzas defensoras del colonialismo y del neocolonialismo son las retardatarias que impiden el logro pleno de la liberación nacional, mientras que los individuos, grupos y clases que pretenden lograr la erradicación de dicho sistema son los que constituyen la más alta expresión de los intereses de la humanidad.

 

A lo largo de nuestra historia como pueblo colonial hallamos la pugna entre estas dos tendencias. Es la lucha entre Betances y Baldorioty, entre Muñoz Rivera y De Diego, entre Muñoz Marín y Albizu Campos.

 

Pero más que la lucha de estos hombres es la lucha de los intereses por ellos representados. Se trata de una lucha mundial, es universal.

 

Es Lumumba contra Tshombe, Cao Key contra Ho Chi Minh, Onganía contra el Che Guevara. Es en efecto, la gran toma de conciencia de aquellos sectores de la humanidad que, previamente marginados del desarrollo histórico, son hoy sus actores principales. La grandeza de los hombres y de los pueblos dependerá esencialmente del lugar de éstos respecto a las fuerzas antes mencionadas.

 

Poco importa, en ese sentido, que los grandes libertadores puedan decir con el apóstol Martí: "Porque yo no cobijaré mi casa con las ramas del árbol que he sembrado". Cuando lo que se ha plantado es el árbol de la libertad las futuras generaciones sabrán rendir el justo homenaje a quienes tuvieron el valor de sembrarlo. Eso y no otra cosa es la inmortalidad.

 

Al pronunciar su famoso discurso ante las tumbas de los inmortales Hiram Beauchamp y Elías Rosado decía Albizu Campos que "cuando el hombre pasea serena y tranquilamente sobre las sombras de la muerte, entonces es que el hombre entra en la inmortalidad". Al pronunciar dichas palabras estaba sin saberlo escribiendo su propia apología. Pues su nombre se halla inscrito como nunca antes en la mente y en el corazón de las vanguardias de nuestra juventud. Albizu

 

Campos vive. Vive en su ejemplo preclaro y en su arquetípica postura de desafío y de resistencia al imperio que nos regentea. Fue inútil intentar encarcelarlo, silenciarlo, asesinarlo. No se encarcela ni se asesina un principio. No se puede silenciar una causa. Los símbolos vivirán siempre más allá de la existencia física de quienes la sustentaron.

 

En un determinado momento histórico en que todo parecía estar perdido para la lucha patriótica, Albizu Campos representó ante los ojos de la humanidad el decoro de este pueblo. Porque bien lo dijo el apóstol Martí:

 

"Cuando hay muchos hombres sin decor, hay unos pocos que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Éstos son los que se rebelan con fuerza terrible contra aquellos que pretenden robarles a los hombres su libertad, que es su decoro".

 

Combatiente, intelectual, brillante. Tribuno de la libertad, mártir y héroe de nuestra independencia patria, se halla justo al Padre de la Patria emitiendo desde la inmortalidad el famoso grito de guerra del caborrojeño:

 

"Los grandes no son grandes sino porque estamos de rodillas. Levantémonos".

 

San Juan de Puerto Rico, enero de 1971.

Tomado de: "La conciencia nacional puertoriqueña".

Don Pedro Albizu Campos

Siglo XXI Editores, SA

Por Manuel Maldonado-Denis

https://members.tripod.com/~Mictlantecuhtli/Albizu/concnal2.html

 

PUERTO RICO, EL DESPOTISMO DE LA MARINA YANQUI EN PUERTO RICO (1945)

 

En Vieques, isla del archipiélago puertorriqueño, lleva a cabo el gobierno de los Estados Unidos la vivisección de nuestra nación. La sociedad de Vieques va muriendo, extinguiéndose ante el ataque frío, deliberado e intencionado del gobierno de los Estados Unidos.

 

¿Por qué los Estados Unidos han escogido a Vieques para repetir a plena luz de la civilización contemporánea el crimen de genocidio, o sea, la destrucción deliberada física o cultural de una nacionalidad?

 

La explicación la encontramos en las vistas públicas que sobre el proyecto Tydings llevó a cabo el Comité de Territorios y Asuntos Insulares del Senado de los Estados Unidos, en el mes de marzo de 1945.

 

Ante ese comité compareció el Capitán G.D. Parks, de la Flota de los Estados Unidos, en nombre y representación del Jefe de Operaciones Navales. Pasamos a traducir del inglés la declaración de dicho oficial Parks, según consta en las páginas 29 y 30 del expediente publicado por el propio Senado de los Estados Unidos.

 

Declaración del Capitán G.D. Parks, Flota de los Estados Unidos, Despacho del Jefe de Operaciones Naval, Departamento de Marina:

 

El Capitán Parks: "Primero deseo declarar que la política del Departamento de Marina hacia el proyecto S 227 no ha sido analizada todavía por el Negociado de Presupuestos. Por tanto, estoy expresando los puntos de vista del Jefe de Operaciones Naval solamente. Nuestros puntos de vista en este momento son los mismos que fueron expresados por el Departamento de Marina en mayo de 1943 ante este Comité cuando se celebraron vistas públicas sobre el proyecto del Senado S 952, del Congreso 78.

 

El interés del Jefe de Operaciones Navales en este proyecto para conceder la independencia a Puerto Rico, emana solamente del punto de vista de seguridad nacional. Debido a su posición y tamaño, Puerto Rico es de gran valor estratégico como punto de base de operaciones navales. En los primeros días de la presente guerra, la Marina llevó a cabo la expansión de sus tenencias en Puerto Rico y construyó muchas facilidades nuevas. Cuando se logró dominar el peligro submarino y bloquear la seguridad de la flota de superficie alemana, se paró la construcción de muchos proyectos que habían sido aprobados para esta zona. En tiempos de paz las facilidades terminadas serán usadas para mantener y sostener la instrucción de la fuerza designada que se establecerá en el Caribe. En las futuras guerras, deseamos estar en condiciones de extender esas facilidades navales en Puerto Rico lo suficiente para proveer el apoyo necesario a una flota tan grande como sea necesaria, que sirva de barrera al acercamiento de cualquier amenaza que venga del Sur o del Este.

 

La cantidad de expansión deseada dependerá del tipo y tamaño de la amenaza a la cual haya que confrontarse. La cantidad y tipo de facilidades que la Marina pueda necesitar en Puerto Rico en el futuro NO puede ser prevista por ahora.

 

Por esa razón el Jefe de Operaciones Navales SE OPONE a todo proyecto de independencia para Puerto Rico que disponga solamente la retención de reservas navales, militares y aéreas y la selección de nuevos lugares en cualquier tiempo en el futuro, si son necesarios a la seguridad nacional. Los Estados Unidos tienen que ser los únicos jueces de sus propios requisitos militares futuros en esta zona."

 

El Presidente del Comité: "Sí, yo lo entiendo así, su preocupación es esencialmente de defensa nacional."

 

El Capitán Parks: "Por completo, señor".

 

El Presidente: "Y en ningún sentido envuelve los méritos o desméritos a la independencia para Puerto Rico."

 

El Capitán Parks: "Así es, señor."

 

El Presidente: "Por tanto, lo que usted quiere es, no sólo el derecho a todas las bases navales y aéreas que usted pueda necesitar, sino también, en caso de emergencia o guerra futura, el derecho en el interés, tanto de Puerto Rico como de Estados Unidos, de adquirir tales lugares adicionales que se puedan para proteger adecuadamente a Puerto Rico como a los Estados Unidos."

 

El Capitán Parks: "Así es, señor."

 

El Presidente: "Y si eso se pone en el proyecto de ley, ¿Ud. No tendría nada que decir a favor o en contra del mismo?"

 

El Capitán Parks: "Sí, señor. Lo deseamos en la forma que nosotros seamos los jueces de nuestras propias necesidades."

 

El Presidente: "Muchas gracias, Capitán."

 

El Capitán Parks, en representación de la Marina de los Estados Unidos corrigió al Presidente del Comité cuando éste quiso dar a entender que la expansión de facilidades aéreas, navales y militares en Puerto Rico en poder de los Estados Unidos, podría ser en beneficio tanto de Puerto Rico como de los Estados Unidos. El Capitán Parks, con honradez meridiana, repitió que "los Estados Unidos han de ser los únicos jueces de sus futuras necesidades militares en esta zona".

 

Todo el territorio nacional de Puerto Rico ha sido declarado zona estratégica por los Estados Unidos en la forma terminante y clara que ha expresado el representante de la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Eso quiere decir, que si a juicio de los Estados Unidos hay que destruir cualquier municipio de Puerto Rico y lanzar su población a las vicisitudes del destierro forzoso, o si hay que desterrar a todos los puertorriqueños por la fuerza, eliminando de nuestro territorio nacional a nuestra nacionalidad, se hará siendo ellos en esta cuestión "el único juez" y sin contar para nada con el derecho de la nación puertorriqueña.

 

Esta declaración de un despotismo tan brutal, parece no haber sido estudiada en todas sus consecuencias e invitamos a todos los puertorriqueños a estudiar esta declaración que hemos reproducido al pie de la letra para que se apresten a defender su existencia física como nación y como individuos.

 

Ya hemos visto las reservas militares, navales y aéreas en el mismo centro de Puerto Rico: en Cayey, en Punta Borinquen, en San Juan, Fajardo, Ensenada Honda, Culebras, Vieques y en otros puntos de Puerto Rico.

 

En cualquier momento en que los Estados Unidos crean que es necesario desterrar entera la población de San Juan, de Ponce, de Mayagüez, o de cualquier otra ciudad de Puerto Rico o a todos los puertorriqueños de todo el suelo nacional puertorriqueño, se creen con derecho a hacerlo.

 

Esto no es una cuestión teórica, sino que aquí están ya establecidas esas bases militares, navales y aéreas en todo el territorio nacional, desde la Isla de Mona a Vieques y desde San Juan a Ponce, de Norte a Sur y de Este a Oeste.

 

El gobierno que existirá en cada una de esas bases será el del negociado correspondiente a los Estados Unidos.

 

Si son aéreas caerán bajo la jurisdicción del Secretario de Aviación; si son navales, del Secretario de Marina; si militares, del Secretario de la Guerra, bajo la dirección conjunta general del Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Dentro de esas zonas no podrá entrar nadie.

 

Esta mutilación de la nacionalidad puertorriqueña se está llevando a cabo fría, sistemáticamente, con miras a exponernos a una total destrucción y a privarnos del ejercicio de nuestro derecho en nuestro propio territorio nacional.

 

El senador Butler, del Congreso de los Estados Unidos, ha volado sobre Vieques últimamente, con jefes navales y militares de Estados Unidos y parece que, algo sobrecogido por el crimen que Estados Unidos está perpetrando en Vieques al destruir esa sociedad deliberadamente, tuvo que declarar que no sabía qué era lo que iba a suceder en Vieques.

 

La población entera ha sido arrancada de sus hogares por la fuerza y aglomerada sobre la ciudad de Isabel Segunda, donde tendrán asiento transitorio.

 

Los planes de los Estados Unidos son desterrar toda esa población por la fuerza y traer allí personal militar, naval y aéreo que pase por la fluoroscopia del servicio de espionaje de Estados Unidos.

 

La fuerza ocupante hoy de Vieques es yanqui, aunque hay allí personas nacidas en Puerto Rico, pero no prestan confianza suficiente para lo que se está tratando de hacer.

 

Culebra, Las Cabezas de Fajardo, Ensenada Honda y Vieques, constituyen ya un círculo cerrado para los puertorriqueños bajo la ocupación directa de la infantería de marina de los Estados Unidos, integrada por infantes nacidos en Estados Unidos.

 

El tránsito marítimo entre Ensenada Honda (Puerto Rico) y Punta Arenas en Vieques, ha sido prohibido.

 

Para que una embarcación pueda pasar por allí, requiere un permiso especial.

 

La distancia entre Ensenada Honda y Punta Arenas, en Vieques, es la distancia más corta entre Puerto Rico y Vieques. Pues nada, eso está cerrado a todo movimiento marítimo y todo bajo un secreto terrible para nosotros, los puertorriqueños.

 

Y es en ese secreto donde está la destrucción de Puerto Rico.

 

El gobernador está cumpliendo con su deber de norteamericano imperialista, de procónsul representante de su gobierno, que es el de Estados Unidos, de llevar a cabo la demolición de la sociedad de Vieques, e implícitamente, la destrucción de nuestra nacionalidad.

 

https://www.nyboricua.com/vieques.htm