Todo parece empujarnos al pesimismo.

CONTRA EL PESIMISMO

Emir Sader

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Nunca la humanidad dispuso de tantos avances científicos para transformar el mundo conforme a los sueños humanistas, y nunca tan impotente frente a su lógica autónoma.

CONTRA EL PESIMISMO

Por Emir  Sader

Gentileza de "Raul Schnabel" raul_schnabel@yahoo.com.ar

 

Amigas y Compañeros

 

Les envio este breve y clarísimo trabajo de Emir Sader sobre las condiciones subjetivas que nos sumen a las mayorías un sistema económico social extremadamente injusto y contrario a la supervivencia del género humano.

 

El sentido común dominante y hegemónico de los dueños de la riqueza y de las masas coptadas por ese "pensamiento" nos presentan al mundo como natural e inamovible.

 

Esto no es así, no por voluntad sino por las leyes de la historia, a pesar de su impredicibilidad y la inexactitud de los presagios sociales.

 

Crítica sin deconstrucción y acción propositiva, desmoralizan, detienen. Esa es la tesis de este breve e imperdible trabajo.

 

Raúl

raul_schnabel@yahoo.com.ar   

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CONTRA EL PESIMISMO

  

Por Emir  Sader

      

La crítica radical del mundo tiene un amplio camino por delante, lo cual también implica riesgos. Nunca la  humanidad dispuso de tantos avances técnicos y científicos para  transformar el mundo conforme a los sueños humanistas, sin embargo  nunca se sintió tan impotente frente a un mundo que parece funcionar  por una lógica absolutamente autónoma.

 

Los gobiernos cambian, las leyes del mercado  parecen dominar irreversiblemente el mundo, el estilo de vida  estadounidense coloniza espacios nunca antes alcanzados – ya sea en  la China o en la periferia de las grandes metrópolis del hemisferio  sur–, Europa consolida una hegemonía conservadora.

 

Tal parece que no surge un bloque de fuerzas que se enfrente al poder imperial del los  EEUU.

 

Todo parece empujarnos al pesimismo.

 

La crisis  de la URSS no dio lugar a un socialismo superador de los problemas  de este modelo, al contrario, expandió el neoliberalismo en las  tierras de Lenin.

 

El capitalismo abandonó su modelo keynesiano por un modelo de extensión inaudita da mercantilización en todos los  rincones del mundo.

 

Podemos preguntarnos si vivimos un período de  derrotas y retrocesos tan grandes como el que se vivió a partir de  los años 20, caracterizado por contra-revoluciones de masas y por  derrotas estratégicas de los proyectos revolucionarios.

 

En los años 20, frente al ascenso fulminante  del fascismo y del nazismo y de la consolidación del stalinismo en  los partidos comunistas, Adorno y sus compañeros de la Escuela de  Frankfurt adhirieron a un pesimismo melancólico.

 

Profundizaron sus  análisis sobre las raíces del giro conservador del mundo, dando  especial énfasis a las tendencias autoritarias en la personalidad de  las personas.

 

Wilhelm Reich concentraba esa tendencia en la  impotencia de la pequeña burguesía, mientras que Lenin había  señalado la aparición y consolidación de una aristocracia obrera en  el seno de la clase trabajadora de los países centrales del  capitalismo.

 

La diferencia entre la crítica realista de las  condiciones concretas que la izquierda debía enfrentar, bloqueada  melancólicamente por el pesimismo y la responsabilidad de buscar alternativas, de descifrar los espacios de acumulación de fuerzas  que se pudieran revertir, es lo que diferencia los enfoques de  Adorno y de Gramsci.

 

Este último se conoció por la frase “pesimismo  de la razón, optimismo de la voluntad” aunque no se trataba sólo de agregar un estado del espíritu colmado de esperanza – de “optimismo” – a una situación sin salida, en que el bloqueo interno de la  izquierda – del stalinismo – y externo – de los fascismos –  condenaba a la izquierda a la inmovilidad o a las visiones de  denuncia y de mero testigo. 

  

Sin asumirse como intelectual revolucionario – al  estilo de los que serian llamados “marxistas occidentales” –, aunque  con la responsabilidad del dirigente revolucionario, al estilo de  las generaciones anteriores, que necesariamente envolvían la  capacidad intelectual de elaboración (Nota: Ver: Anderson, Perry). 

 

Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, México,.  1987).

 

Responsabilidad que obligaba a captar la realidad concreta,  incluyendo sus contradicciones, esenciales para definir los  eslabones más fuertes y más débiles de cada campo, para poder  desembocar en los espacios más favorables a la acumulación de  fuerzas con el fin de revertir las condiciones desfavorables.

 

Los análisis que no desembocan en esa dirección habrán dejado de captar  las contradicciones vivas de la realidad, tendiendo a mantenerse  como miradas descriptivas, con los riesgos propios del  funcionalismo.

 

Frecuentemente destacan aspectos de la realidad y los  absolutizan, o por lo menos los sacan de contexto y, principalmente, no dan cuenta de la totalidad del fenómeno, con la contradicción  como su motor.

 

La crítica, simplemente, no remite a la práctica, se resigna a una  visión externa al objeto analizado.

 

La crítica siempre fue, para el  marxismo, para la dialéctica, una forma de limpieza del campo de  concepciones que reflejan en forma parcial o completamente  equivocada la realidad, no para detenerse ahí, sino para incorporar  sus elementos de verdad, negarlos en sus falsedades y poder, así,  estar en condiciones de superarlas.

 

La  crítica sin la práctica superadora correspondiente lleva a la  inacción, al pesimismo, a la desmovilización y, en el límite, a la  desmoralización.

 

Emir Sader  es coordinador general del Laboratorio de Politicas Públicas y  nuevo secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de  Ciencias Sociales (CLACSO).

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Publicado  originalmente en: Agencia Carta  Maior. 18/03/2007 – (C) LPP – Fundación  Laboratorio de Políticas Públicas – URL: https://agenciacartamaior.uol.com.br/templates/postMostrar.cfm?blog_id=1&post_id=103

PUNTO DE VISTA es una publicación electrónica del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de Río de Janeiro y  Buenos Aires.