Nuestro estuario podría atravesar significativos cambios a causa del creciente nivel de sus aguas.

NUEVO CLIMA, NUEVOS RÍOS

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La apacible reina del Plata, tiene ahora una preocupación en su agenda, ha comenzado a cobrar espacio un proceso de cambios al que deberemos adaptarnos todos para poder seguir adelante. 

Nuestro estuario podría atravesar significativos cambios a causa del creciente nivel de sus aguas.

NUEVO CLIMA, NUEVOS RÍOS.

 

 Por Arturo Avellaneda    

 

La combinación de varios factores ambientales y sus efectos sobre nuestra principal cuenca hídrica.

 

Coinciden fundados estudios, que debido al abuso de sus materiales combustibles y al retiro de su cubierta verde, el planeta se va calentando lentamente.

 

Bajo esta condición los volúmenes oceánicos se dilatan y aumentan paulatinamente.

 

Esta tendencia que inicialmente fuera advertida  hacia mediados del siglo pasado como de 0.18 mm anuales, ha proyectado recientemente cifras próximas a los 0.4 mm. por año.

 

De mantenerse así podrían acumularse niveles preocupantes para todas nuestras poblaciones ribereñas.

 

Esta nueva condición de los niveles oceánicos, representa mundialmente un factor de peligro en zonas insulares o cuyas poblaciones se encuentren directamente alojadas sobre costas desprovistas de barrancas.

 

Esta nueva situación, ya refleja consecuencias en múltiples regiones del planeta donde la desinversión y las medidas preventivas comienzan a dar credibilidad al tan mentado cambio climático.

 

Nuestra región pampeana particularmente afectada ya por el creciente nivel de precipitaciones, evidencia daños de magnitudes catastróficas en las tres millones de hectáreas cubiertas por el agua en Santa Fe ahora, o las seis millones de la Provincia de Buenos Aires que vienen de arrastre.

 

Este fenómeno, que además es parcialmente estimulado por el aumento de la evaporación en el continente blanco, podría continuar poniendo en problemas nuestras márgenes fluviales, nuestras tierras productivas y hasta nuestros cascos urbanos de no mediar medidas preventivas de adecuadas proporciones.

 

De la peor forma descubrimos entonces que las trazas urbanas de la cuenca del Plata, carecen de defensas. Más grave aún, el criterio de distribución habitacional, no ha previsto el creciente volumen de drenaje, el consecuente desborde de las napas freáticas, ni el respeto de los bajos y humedales como tales. Si en cambio se ha dispuesto de los barrios bajos para los asentamientos precarios, de los terrenos inundables para el relleno sanitario y de los arroyos para el drenaje de peligrosos efluentes industriales.

 

Si el AMBA, debiera soportar una altura del Río de la Plata calculada desde las proyecciones ofrecidas y además agregar el nuevo nivel anual de precipitaciones, deshielos y aportes fluviales a lo largo de toda la cuenca, nos encontraríamos frente al mayor conflicto de nuestra joven historia.

 

Durante el incipiente calentamiento del siglo pasado, el Río de la Plata creció 17 cm.

 

Cuál será la cota sobre la que estimaremos el desarrollo de la tan postergada zona sur de la Capital Federal; por sólo mencionar un ejemplo electoralmente en boga.    

 

Convendría buscar asesoramiento acerca de cuales son las cifras con las que se proyectan los niveles oceánicos para los próximos cien años. Sencillamente de presentarse una situación de anegamiento urbano que combine el percolado de los desechos sanitarios, los efluentes cloacales y los vertidos industriales en un solo torrente, podríamos estar en presencia de una verdadera catástrofe ambiental de consecuencias incalculables.

 

Quizás sólo haga falta planificar un mayor drenaje de los sistemas ya existentes, o la edificación de defensas como las que rodean hoy a Puerto Madero.

 

Nadie de momento lo puede saber con certeza. De lo que si podemos estar seguros es que ha comenzado a cobrar espacio un proceso de cambios al que deberemos adaptarnos todos para poder seguir adelante.

 

La apacible reina del Plata, tiene ahora una preocupación en su agenda.

 

Como San Francisco con su falla tectónica, como Nápoles con sus volcanes. Buenos Aires tiene ahora algo de que preocuparse.

 

Necesita perentoriamente un nuevo cálculo de ingeniería hidráulica para los próximos cien años, como alguna vez le hizo falta a Nueva Orleáns, sólo que allí lamentablemente la sugerencia llego demasiado tarde.

 

AA/

 

N&P: El Correo-e del autor es Arturo Avellaneda arturavellaneda@msn.com