Señoras, señores, no podemos renunciar a la esperanza de alcanzar la Patria Grande.

PATRIOTICO DISCURSO DE BENDINI ANTE EL BUSTO DE VALLE

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Mi general, su nombre ya está perpetuado en esta escuela como símbolo de honestidad, convicción y honor.

Palabras del jefe Estado Mayor General del Ejército General Bendini

DISCURSO DE BENDINI ANTE EL BUSTO DE VALLE

Con motivo del descubrimiento del busto del teniente general

Juan José Valle

 

Hace casi un año, en esta Escuela de las Armas, el Ejército imponía el nombre histórico de "Tte Grl Juan José Valle" a la Escuela de Ingenieros.

 

En esa oportunidad, me comprometí a que el busto del teniente general Valle ocupara un lugar de honor en el instituto.

 

En estos años, como jefe del Ejército, he realizado actos institucionales con la finalidad de restañar heridas que, a pesar del tiempo transcurrido, están abiertas en la Fuerza y pesan sobre los espíritus.

 

Ningún soldado muerto en cumplimiento del sagrado deber militar puede dejar de recibir el justo homenaje del Ejército y de la sociedad a la que sirvió renunciando a la propia vida.

 

Éste es el sentido profundo de los reconocimientos realizados a los muertos en defensa del orden constitucional en junio de 1955 y a los fusilados en 1956.

 

Nadie en su sano juicio puede menos que sentir vergüenza ante actos de odio irracional que ensangrentaron nuestra historia reciente.

 

Es hora de reparar definitivamente los agravios. Nuestra sociedad siempre supo que en junio de 1956 se había cometido una injusticia y recordó, muchas veces en silencio, a sus caídos, civiles y militares.

 

Es hora de que el patriotismo que animó el espíritu de aquellos muertos sea reconocido.

 

Es hora de que, con orgullo, el Ejército al que pertenecen rinda homenaje al coraje, la entereza y la templanza que demostraron esos dignos herederos de la estirpe sanmartiniana que anima al soldado argentino. Es hora de que civiles y militares que sintieron la patria de igual manera cierren sus heridas para siempre.

 

El teniente general Juan José Valle fue un profesional excepcional, exponente de un Ejército que constituía parte de un proyecto nacional, en el que la defensa era concebida de manera integral por un Estado comprometido con el desarrollo productivo y los derechos sociales. En ese modelo de país, el Ejército era un instrumento del Estado al servicio de su pueblo.

 

Siguiendo la senda trazada por Mosconi, Baldrich y Savio, Juan José Valle desarrolló su vocación militar en el arma de Ingenieros; llegó a ocupar los cargos más importantes y accedió a las máximas jerarquías.

 

Cuando hablamos del arma de Ingenieros y de ingenieros militares, estamos definiendo a un militar dotado de la mayor capacitación científica y tecnológica que puede proporcionar el Ejército. Esta capacitación se emplea, fundamentalmente, en la definición de proyectos de carácter dual, que sirven a una necesidad específicamente operacional, pero que también vuelcan su utilidad a la comunidad en caminos, puentes y construcción de viviendas y hospitales, entre otras cosas.

 

Este destacado zapador fue ingeniero militar a los 22 años.

 

Dejó su impronta en los más prestigiosos destinos del Ejército y mereció los mejores conceptos de sus superiores en cada uno de ellos.

 

Revistó en el Colegio Militar de la Nación; fue profesor de la Escuela Superior Técnica, jefe del Batallón 4 de Zapadores Pontoneros, miembro de la Comisión de Adquisiciones en Francia, país donde, además, continuó su perfeccionamiento; fue subdirector de esta escuela de zapadores, inspector de ingenieros y director general de ingenieros.

 

Su gestión al frente de la Dirección fue una de las más prolíficas, ya que bajo, su mando, se finalizaron grandes obras de ingeniería, tales como el Colegio Militar de la Nación, el Hospital Militar Central, el Edificio Libertador e infinidad de emprendimientos útiles para la comunidad.

 

Este general de la Nación, que daría prueba de estar formado en el más puro cuño sanmartiniano, ante la ruptura del orden constitucional, decidió con coraje dar testimonio y asumir una responsabilidad frente a la historia.

 

Como el injusto asesinato del coronel Manuel Dorrego, su muerte abrió paso a un período de violencia y desencuentros, en el que el odio cosechó más odio.

 

Como nadie, era consciente del difícil tiempo que esperaba a los argentinos.

 

Protagonista de esta tragedia fue su hija Susana, que, aquel 12 de junio de 1956, asumió la dolorosa responsabilidad de despedir a su padre:

 

"¿Quién te ha condenado papá?", y el general respondió:

 

"Quisiera que nunca lo supieras para que tu corazón no odiara jamás".

 

"¿Por qué te entregaste?"

 

"Porque no podría mirar con honor a las esposas y madres de mis soldados asesinados."

 

 

 

Desde entonces, Susanita, quien hace muy pocos meses nos dejó, fue una luchadora incansable por la memoria de su padre.

 

 

 

Para ella, y para todos los familiares de los caídos, nuestro afecto, reconocimiento y homenaje por su constancia y por su grandeza de espíritu para superar el dolor y reencontrarse con su Ejército, en la convicción de que ésta es la manera de construir un futuro para la patria.

 

"Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria", escribió el general Valle en su última carta y anhelamos que este acto sea un paso más hacia la reconciliación de todos los compatriotas.

 

Mi general, su nombre ya está perpetuado en esta escuela como símbolo de honestidad, convicción y honor.

 

Tenga la seguridad de que su Ejército anhela participar en la construcción de un futuro con todos y para todos los argentinos, en el que la solidaridad y el respeto a la dignidad humana sean condiciones necesarias para superar las dificultades que se nos presenten.

 

Que las virtudes militares demostradas por el Tte Grl Valle constituyan una valiosa herencia que las futuras generaciones preserven y que su memoria represente una infranqueable barrera contra el odio, la violencia y la insensatez.

 

Que los ideales expresados en su proclama sean el cimiento de una patria mejor para nuestros hijos:

 

"Sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones entre hermanos, convocamos a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de intenciones quieran y defiendan lo que no puede dejar de querer y defender un argentino: la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria".

 

Señoras, señores, no podemos renunciar a la esperanza de alcanzar la patria grande.

 

Ella necesita de todos sus hijos. Éste es nuestro pasado y, a partir de él, tenemos la obligación de construir un futuro.

 

Éste fue el mensaje de Tte Gral Valle.

 

¡Subordinación y valor!

 

¡Viva la patria!