La versión más banal de Malvinas dice que fue la última aventura de una dictadura agonizante.

650 HEROES

Marcelo A. Moreno

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¿Por qué motivo millones de argentinos apoyaron la causa, llenando las plazas del país? ¿por qué siguieron la guerra con angustia, desazón, dolor y esperanza?

Gentileza de Recoqnuista Popular

Clarín, 1º de abril de 2007

650 HEROES


Por Marcelo A. Moreno

 

Una de las versiones más aceptadas por nuestra sociedad de la guerra de Malvinas es que se trató de la última aventura de una dictadura agonizante, decidida por un borracho en un ataque bobo de delirio etílico.

 

Como casi todas las simplificaciones -cuanto más cuadradas, mejor-, suelen ser acompañadas por el éxito. Y esta no constituye ninguna excepción, por lo cual se ha transformado en una muy popular explicación de la historia.

 

La interpretación resulta prolijamente infiel a la verdad: los planes de los militares argentinos para recuperar las islas llevaban décadas y la dictadura no pasaba por momentos críticos; apenas sufría la tibia solicitud

de prudentes partidos políticos y cordiales sindicatos para que tuviera a bien conceder el retorno al sistema democrático.

 

Desmentida por la historia, esta versión tampoco soporta el examen de la razón: si hubieran sido así las cosas

 

¿Por qué motivo millones de argentinos se entusiasmaron en apoyar la causa, llenando las plazas del país?

 

¿Fue para mostrar su adhesión a la política de los militares?

 

¿Habilísimos propagandistas de la dictadura habían logrado volcar las masas para su causa?

 

¿O se trató de un simple ataque de imbecilidad masiva?

 

Y si fue, en efecto, un delirio a priori condenado, ¿por qué millones y millones de compatriotas siguieron la guerra con angustia, desazón, dolor y esperanza? ¿Habían sido hipnotizados por la seducción castrense?

 

Que el relato sea disparatado no es grave: muchas de las versiones de la

historia lo son.

 

La cuestión es que vacía de contenido -casi ridiculiza- los descomunales sacrificios, la sangre y las vidas que costó el intento de recuperación de las islas.

 

Según esta transcripción bendecidamente progre, los 650 soldados que

murieron en la guerra, los miles de heridos y los que combatieron muchas

veces con gloria y siempre con honor, en las peores condiciones, con

armamento escaso y deficiente, bajo un clima atroz y ante un enemigo

abrumadoramente superior en equipamiento, tecnología y logística, apoyado por la mayor potencia del mundo, lo hicieron inútilmente; el sacrificio no valió nada.

 

Y, en realidad, los 650 hombres que dejaron sus vidas por Malvinas y todos

los que padecieron el hierro y el fuego, las incontables penalidades del

combate, no hicieron más que responder como héroes -es decir, con su sangre- a una causa absolutamente legítima.

 

Porque los argentinos -y cualquier opinión sensata- sabemos que las islas

nos pertenecen y su situación presente es sólo parte del oprobio colonial

que aún castiga al mundo, ante la mirada vacua de oxidados organismos

internacionales como la ONU y la OEA.

 

¿O parecerá hoy una antigualla recordar que morir por la patria no es lo

mismo que morir a manos de un chorro, por una bala de gatillo fácil o a

causa de una enfermedad cualquiera?

 

Que morir por la patria llena a la misma muerte de una dignidad y sentido supremos.

 

¿O habrá que ir a ver la película 300, sobre los heroicos espartanos de la antigüedad, para acordarnos de que tenemos héroes?

 

MAM/

 

N&P: El Correo-e del autor es Marcelo A. Moreno <mmoreno@clarin.com>

 

 

INFORMACIÓN SOBRE LA LISTA Y SUSCRIPCIONES POR VÍA INTERNET:  https://lists.econ.utah.edu/mailman/listinfo/reconquista-popular.