El papelón de Turquía y el ataque al Islam han puesto en duda la Infalibilidad del Papa.

¿PORQUÉ LA CRISTIANDAD LATINOAMERICANA DEBE DEPENDER DE UN PAPA INEPTO Y REACCIONARIO?

su-santidad-benedicto-xvi-2
Estados Unidos y el Poder Financiero Internacional no podían haber encontrado un aliado mejor en su avance hegemónico sobre el resto del mundo.

¿PORQUÉ LA CRISTIANDAD LATINOAMERICANA DEBE DEPENDER DE UN PAPA INEPTO Y REACCIONARIO?

 

Por Walter A. Moore

 

El papelón de Turquía y las confusas explicaciones sobre el ataque al Islam han puesto definitivamente en duda el dogma de la “Infalibilidad del Papa”.

Este no es un tema menor, puesto que toda la pirámide de poder de la Iglesia de Roma se basa en que su pináculo esté el que no puede equivocarse, pues esa equivocación resquebrajaría a todo el edificio de un saber universal (pues católico significa precisamente eso, universal).

Creo que ha llegado el momento en que la Cristiandad de América Latina revise la historia oficial de la Iglesia Católica Apostólica Romana, examinando la utilidad que esta tiene para sus intereses espirituales.

Es evidente que después del Papado de Juan XXIII, la Iglesia Romana ha realizado un camino opuesto al de los intereses de los pueblos latinoamericanos. La actitud de Benedicto XVII, deshaciendo la renovación de la Iglesia del “Papa Bueno”, no son más que la culminación de un traslado del poder hacia los sectores más antipopulares de la Nomenklatura vaticana.

Juan XXIII recupera en gran parte la tradición cristiana de la iglesia e instala el catolicismo en el siglo 20 y lo sensibiliza ante los problemas sociales.

Paulo VI reina desde 1963 a 1978, durante el desarrollo de la Tercera Guerra Mundial, llamada Guerra Fría, es en esta época cuando se comienza un cerco financiero sobre el poder vaticano (los argentinos vivimos un ataque similar en la década de 1990) que termina con el colapso del Banco Ambrosiano (creado en 1896) del cual el accionista principal era el Banco del Vaticano. El Banco era manejado por la logia masónica P2, con profundas vinculaciones con la mafia y los servicios secretos norteamericano.

Existen datos que prueban que el Banco Ambrosiano, a través de su amplia red de bancos off shore, financió al Sindicato “Solidaridad” en Polonia, a los partidos políticos de Italia y a la dictadura de Anastasio Somoza. El grupo interno que maneja estos recursos es el Opus Dei, defensor a ultranza de las políticas neoliberales y mentor de todas las principales universidades católicas fuera de Europa.

Cuando muere Paulo VI, su sucesor se encuentra con que el Vaticano no sólo estaba quebrado sino que estaba envuelto en un escándalo con numerosos asesinatos, quiebras, amenazas mafiosas y con la estructura vaticana controlada por la masonería.

 Juan Pablo I decide poner fin a está anómala situación y después de un papado de 33 días, es envenenado aparentemente por el Cardenal Villot[1], en un complot al estilo CIA que borra todas las huellas después del asesinato.

Es sucedido por el Cardenal Primado polaco, conocido como Juan Pablo II, y “milagrosamente” desaparecen todos los problemas financieros del Vaticano

Es el Opus Dei el que realiza el milagro, aparentemente inyectando 50.000 millones de dólares de entonces a las finanzas vaticanas, una cantidad de la cual sólo los fabricantes de dicha moneda pueden disponer en forma inmediata.

Juan Pablo II, ferviente anticomunista abre la primera brecha en el Imperio Soviético que luego se derrumba como  un castillo de naipes. Cuando Juan Pablo II vuelve a Varsovia luego del derrumbe del régimen, encuentra tal grado de corrupción de las costumbres que maldice a su propio país.

A pesar de haber sido un eficaz aliado de la Superpotencia norteamericana en la Guerra Fría, Juan Pablo II, ha sido un pastor eficiente, con una interminable gira por el mundo católico procuró que en los pueblos del Tercer Mundo Cristiano se mantuviera la debilitada confianza en su Iglesia. Para eso usó el elaborado sistema propagandístico de su sede Romana, pero nada hizo para continuar con las medidas de fondo que instalara Juan XXIII. El resultado de esta política es el retroceso constante del catolicismo ante otras religiones, que  siguen el sencillo método de acercarse a los verdaderos problemas que tiene nuestro Pueblo.

Curiosamente, el sucesor de Juan Pablo II tampoco es italiano, sino el Cardenal de Munich, la sede de los negocios del país más rico de Europa Occidental. No hace falta una gran penetración intelectual para comprender que ahora el principal enemigo del Imperio Global ya no es el comunismo, totalmente domesticado, sino el Islam, religión que tiene la osadía de controlar eficazmente los vicios y prohibir la usura.

Para cumplir con este nuevo objetivo, el Poder Global impulsa a Joseph Ratzinger al máximo lugar de los católicos, pues reúne las condiciones: Es un declarado enemigo de la Teología de la Liberación, de todas las reformas implementadas por Juan XXIII y de la orden Jesuita, y un decidido partidario de la “supremacía de la cultura europea”, o sea del capitalismo y sus formas de dominación.

Estados Unidos y el Poder Financiero Internacional no podían haber encontrado un aliado mejor en su avance hegemónico sobre el resto del mundo.

Es así como este Papa asume con mandato de su socio imperial. Así como Juan Pablo II tuvo como tarea limpiar el chiquero bancario y destruir al socialismo, Ratzinger sería el Papa que demolería el Islam, a pesar de que este se opone a la dominación del Imperialismo Internacional del Dinero tal como fuera denunciado en varias Encíclicas Papales durante el siglo XX.

Pero el nuevo Papa carece de las sutilezas bizantinas y arremete como un vikingo de historieta cómica contra un poder que no es material, como lo era el Capitalismo de Estado soviético, sino espiritual, y su patético traspié liquida el mito de la “Infalibilidad del Papa”.

Y si esa infalibilidad no existe, podemos empezar a pensar que tipo de guía espiritual necesitamos en el Nuevo Mundo.

Nuestro universo espiritual es muy diferente del que se distribuye por la Vieja Europa, los padres Jesuitas lo entendieron así apenas llegaron a nuestras tierras, integrando los principios cristianos a las culturas locales, enalteciéndolas al tiempo que las respetaban. Así surgen las creencias más extendidas de América Latina, designadas como Sincretismo Religioso, en el cual se integran los cultos cristianos, tanto católicos como protestantes, con las ancestrales creencias originarias de América y de África, donde la Pacha Mama y los Orishas conviven con Jesús y María.

Esta diferencia cultural es sustancial, y es una Iglesia afín a ella la que debe velar por su desarrollo y crecimiento, y esto no puede confiarse a un Patriarca que pretende volver a valores que han probado su iniquidad en este mundo material y su absoluto desprecio por el mundo espiritual, escondido detrás de la repetición mecánica de ritos ininteligibles.

En otras palabras, Latinoamérica necesita su propia Iglesia y su propio Patriarca, instituciones imprescindibles para independizarse de una Curia Romana que sólo nos trae pesares y que siempre ha servido de instrumento a una dominación que pasa de Imperio en Imperio, donde todos se turnan para saquearnos y corrompernos.

Necesitamos un Nuevo Patriarca que haga realidad lo que Jesús nos propuso en el Lunes Santo y el Martes Santo: Que saquemos a los mercaderes del Templo y devolvamos la moneda que se usa para pagar el tributo.

Con sólo hacer realidad estas dos propuestas, Latinoamérica será libre y feliz, pero para lograr la liberación espiritual, primero debemos cortar los lazos con los opresores, y eso se logra solamente constituyendo la Nueva Iglesia Cristiana Latinoamericana, que integre ecuménicamente a los que participan del Sincretismo, del Evangelismo y del Catolicismo, haciendo de la religión un apoyo real, y no sólo una presencia nominal.

De esta manera la Cristiandad será reverdecida y podrá asumir exitosamente los grandes desafíos que este siglo nos depara, en el cual la liberación espiritual será inseparable de la liberación social.

 

WM/

Buenos Aires, 18 de marzo de 2007

 

N&P: El Correo-e del autor es Walter Moore ecodemocracia@gmail.com


[1] El tema ha sido ampliamente expuesto por David Yallop en su libro “En el nombre de Dios”.