Telesur estimó más de un millón de hectáreas los ecosistemas perdidas por la fiebre de soja.

LA SOJA, CHAVEZ, GROBOCOPATEL Y LA REVOLUCION.

Rulli (GRR) - Naishtat (Clarin)- Viñas (TeleSur)

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Casas abandonadas en el pueblo y memorias de incontables muertos de cáncer, para ver como amasa su fortuna Gustavo Grobocopatel, de Casares, Pcia de Bs As (JER).    

LA SOJA, CHAVEZ, GROBOCOPATEL Y LA REVOLUCION.

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CON SOJA NO HAY ALBA II

Por Jorge Eduardo Rulli

EL MITO DE LA SOJA

Por TeleSur

CHAVEZ : EL CONVENIO QUE FIRMO GROBOCOPATEL

Por Silvia Naishtat

CHÁVEZ DICE NO A LOS TRANSGÉNICOS

Por Lorna Haynes

 

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Editorial del Domingo 11 de Marzo de 2007 Horizonte Sur AM

Radio Nacional

CON SOJA NO HAY ALBA II

 

Por Jorge Eduardo Rulli

 

Alguna vez en estas mismas editoriales, tuvimos oportunidad de relatar nuestra visita a la localidad de Carlos Casares, en la Provincia de Buenos Aires, el incidente que tuviéramos en la biblioteca municipal cuando Guillermo Grobocopatel acompañado de la gente de su empresa Los Grobo, intentó cambiar el sentido de la conferencia y ese momento de máxima tensión en que el empresario nos provocara con aquello de que: “La soja es bolivariana”.

 

También he relatado cuando para la cumbre de presidentes en Mar del Plata desplegamos, justo en el momento en que estaba hablando Chávez con su verba inflamada contra el imperialismo, un enorme cartel que expresaba: “CON SOJA NO HAY ALBA”.

 

Recordamos todavía, cómo en un momento dado el Comandante hizo un homenaje de todos los incontables carteles presentes en el acto, en su absoluta totalidad solamente con siglas afirmando la propia presencia, carteles o pancartas que estaban en el enorme

estadio y que la agente de los servicios cubanos que estaba a su lado le iba aportando cuidadosamente en una larga lista.

 

A todos agradeció la presencia.

 

Al único que omitió fue a la enorme pancarta que portaba una propuesta política, ese que le manifestaba un deseo profundo de los movimientos populares de la América del Sur:

 

CON SOJA NO HAY ALBA.

 

No podía dejar de ver un cartel de ocho metros de largo que se movía con abierta complicidad de muchos de los presentes según adonde fuera su mirada, mirada que obstinadamente trataba de dirigirse hacia el sitio contrario adonde el cartel estaba, sin embargo pareciera que no lo vio, que tampoco lo vio la funcionaria cubana.

 

Pese a ello, en los días posteriores los cubanos y los venezolanos nos buscaron con verdadero empeño, estuvieron preguntando por los responsables del cartel, hasta que dieron con nosotros.

 

Nos contactaron al fin y nos invitaron a dialogar.

 

Ya habíamos tenido largas y amigables relaciones con la embajada venezolana en Paraguay y habíamos realizado tiempo atrás, un largo informe sobre aquello que parecía tan disparatado, tan disparatado como que la soja transgénica fuera bolivariana…

 

Bien, ahora nuevamente, pero en la Embajada en Buenos Aires, hubo largas explicaciones y amables invitaciones a exponer nuestras posiciones en el más alto nivel, un seminario para  cuadros de gobierno, se nos dijo… y les creímos.

 

Nos organizamos con pensadores y activistas de la agricultura alternativa de todo el continente, para desarrollar para la dirigencia venezolana los nuevos conceptos en debate, los nuevos paradigmas que se anticipaban como grandes desafíos que deberían resolver quienes se propusieran tal como ellos nos decían: construir el Socialismo del Siglo XXI. 

 

Me refiero a producciones sustentables, con una escala humana, con respeto por los animales y para producir en extendidos sistemas campesinos alimentos sanos y variados para la población venezolana.

 

Y el proyecto de seminario fue y volvió, y se generaron sucesivas y crecientes expectativas porque tal ministro requería con urgencia los borradores, y porque el Señor embajador viajaba a Venezuela y debía llevar con él los últimos aportes, y así entre apurones y largos períodos de silencio, cambios de funcionarios que incluyeron a más de un ministro, fueron pasando los años.

 

Y viajamos a Caracas para el Foro Social Mundial y tuvimos algunas conversaciones al respecto con niveles importantes del gobierno y en todas se nos aseguraba que existía la mayor seguridad de contar con el interés venezolano respecto de nuestras críticas al modo en que se encaraba la relación con Argentina y, también, que el interés por el seminario de cuadros de gobierno persistía….

 

Y continuó pasando el tiempo, mientras numerosos amigos nos decían que era un modo de ser caribeño el de la discontinuidad y el de olvidar en el camino los propósitos iniciales.

 

Aceptamos esas explicaciones y volvimos a denunciar que mientras el Comandante Chávez se juramentaba ante la Vía Campesina que no iba a dejar entrar los transgénicos a Venezuela, en el metro de Caracas habíamos comprobado que se le repartía a la gente volantes del Ministerio de Ciencia y Tecnología afirmando el disparate científico de que los alimentos transgénicos eran más saludables que los comunes.

 

Les hicimos llegar los volantes a la dirigencia venezolana, pensando que algún funcionario saboteaba el proceso revolucionario y ellos se sorprendieron al verlos y entonces aprovechamos para denunciar a una bióloga argentina vinculada a los agronegocios y seguramente a los Grobo, que impulsaba en Caracas esas campañas.

 

Y continuó el juego y el transcurrir del tiempo… sin mayores noticias y cada vez nosotros con menores esperanzas.

 

En Córdoba para la última reunión de presidentes volvimos a encontrarnos con una importante delegación de dirigentes campesinos venezolanos y ellos para sorpresa nuestra, se nos acercaron para decirnos que querían conversar, y nos encontramos luego en un aparte y resultó que sabían de nosotros, que tenían el mayor interés en mantener algún tipo de trabajo en común, que reconocían que las relaciones de intercambio con la Argentina fueron horribles y que si no hicieron más daño fue porque estaban advertidos gracias a los brasileños, que los habrían timado antes y aún más todavía, y que a las terneras de clima frió que les vendimos a precio desmesurado, las salvaron porque las enviaron a un clima menos tropical como son las zonas más altas y montañosas de Venezuela, que la maquinaria agrícola que compraron poco tenía que ver con la realidad del campo venezolano y que a todas habían tenido que readaptarlas y lo interesante es que estas cosas que nosotros habíamos anticipado en documentos públicos, ellos nos la ratificaban con buen humor y con mucha malicia caribeña, pero también con la resignación de estar acostumbrados a estos engaños, que ese era el precio que, aparentemente, según ellos, debían de pagar para llevar adelante un proceso de unidad latinoamericana, o al menos de no quedar solos con su Revolución Bolivariana.

 

Y volvimos a creerles, una vez más.

 

Nos separamos con agendas de promesas que nunca se cumplieron, por parte de ellos por supuesto, y no volvimos a tener noticias…

 

Mejor dicho, hemos sabido de ellos ahora, y de una manera escandalosa.

 

Hemos sabido del comandante Chávez y de su pragmatismo extremo en esta, su visita a la Argentina. Hemos sabido que Venezuela está contra Bush, aunque le vende a  los EEUU todo el petróleo que necesitan.

 

Que Venezuela está contra la producción de Biocombustibles, en especial porque Venezuela dispone de petróleo y de combustibles que le interesa vendernos, pero que toda su práctica y su modelo es la de producción en grandes escalas y la aplicación de tecnologías similares a las que en otros países conducen inexorablemente a poner la agricultura al servicio de producir combustibles para reemplazar el petróleo.

 

Hemos sabido que Venezuela a través de SANCOR impulsa abiertamente la integración agroindustrial de América del Sur, y lo hace mediante la compra masiva de leche en polvo que pondrá en riesgo a poco andar nuestro propio abastecimiento, y ello mediante la constitución de tambos estabulados de miles de vacas lecheras que viven en absoluto encierro y que tendrán sus vidas cronometradas por una tecnología que seduciría a

cualquiera de los grandes sultanes petroleros y que ha sido concebida por las corporaciones.

 

Pero SANCOR es tan sólo una parte del esfuerzo por instalar el agronegocio, por instalar los cultivos industriales y  la producción de carnes en gran escala en Venezuela.

 

Ahora Chavez ha cerrado trato, asimismo, y por cuatrocientos millones de dólares, con Guillermo Grobocopatel, aquel de la Soja bolivariana que nos enfrentara en Carlos Casares y que evidentemente sabía de qué hablaba.

 

En verdad pienso que nos equivocamos y que nos engañaron a lo largo de estos años.

 

Nos equivocamos al pensar que la soja transgénica no era bolivariana y al suponer que con soja no había ALBA. Tenía razón Guillermo Grobocopatel, visionario del Socialismo bolivariano del siglo XXI y amigo de la Revolución venezolana.

 

Guillermo Grobocopatel, el mayor contaminador de Carlos Casares, localidad de la Provincia de Buenos Aires en que nos bastó ver las casas abandonadas en torno de sus inmensos silos en el centro del pueblo y recoger las memorias acerca de los incontables muertos de cáncer que ha dejado el polvillo, para comprender con qué amasa su fortuna este capitalista rapaz que suele entrar en los despachos más importantes de la Casa Rosada, como si se moviera en sus propias oficinas y que ahora hará lo mismo en el Palacio de Miraflores.

 

Guillermo Grobocopatel, que tiene un discurso progresista y de izquierda al igual que su nuevo amigo, el Comandante venezolano. Guillermo Grobocopatel, al que le gusta sobreactuar  llamándose a sí mismo un “sintierras” en  grotesca comparación con los campesinos del Brasil, porque debe arrendar la tierra de otros para trabajarla, debido a que no tiene la suficiente tierra propia.

 

No se apresuren en compadecerse, por favor. 

 

El hombre termina reconociendo tener en producción unas ciento cincuenta mil hectáreas arrendadas para soja y maíz transgénico… Yo multiplicaría por cuatro esa cantidad de tierras y es posible que me quedara corto… además de todo eso, la empresa familiar dispone de la propiedad de silos innumerables, puertos, criaderos, laboratorios, escuelas de formación de cuadros y de una enorme red agroalimentaria.

 

Los Grobo operan, asimismo, como pooles de siembra en los países vecinos y tendrían el mérito penoso de haber sido los primeros que en el Uruguay le habrían dado paso mediante cesiones de tierra a las empresas procesadoras de pasta de papel…

 

Pese a los muchos juramentos realizados al movimiento campesino, la soja transgénica parece haber cobrado ciudadanía  bolivariana y el ALBA queda claro que será todo lo socialista que se quiera, pero será también a la vez, el territorio de los agronegocios, de las promesas de la gran escala y de las tecnologías de punta, de la producción industrial de carnes con piensos transgénicos y como consecuencias de todo ello, un espacio en que los paradigmas básicos no difieren de los del capitalismo globalizado; e incluyo en ello y muy especialmente, a la Biotecnología socialista en versión cubana, con transferencia tecnológica y respaldo de las empresas de Monsanto.

 

Creo que es mucho mejor para nosotros seguir siendo sanmartinianos, no creer en los ropajes peronistas que suele usar para mimetizarse el Comandante cuando nos visita, y continuar reclamando por la Soberanía alimentaria, los desarrollos locales, los mercados de productores y la participación popular en los marcos de un renovado Proyecto de

Liberación Nacional.

 

Las condiciones generales que se manifiestan actualmente en el mundo globalizado, mundo en profunda e irreversible crisis, hacen propicio el surgimiento de procesos de nacionalismo popular en las mismas o similares representaciones que en los años cuarenta, cuando luego de la segunda guerra, los procesos de liberación nacional trastocaron el mundo colonizado y pusieron en pie una nueva humanidad: la de los condenados de la Tierra.

 

Cuando menciono la crisis en realidad refiero a un estado de catástrofe cronificado que se prolonga en forma indefinida con situaciones periódicas cada vez más agudas.

 

Estoy pensando en la crisis del petróleo y en la transición entre dos paradigmas energéticos, estoy pensando en el cambio climático y en la cercana catástrofe ecológica anunciada con el derretimiento de los casquetes polares, estoy pensando en el surgimiento de China como potencia y en la creciente dependencia y debilidad del mundo financiero y en especial del dólar norteamericano, y estoy pensando también, en los nuevos y grandes debates que ponen por una parte en incertidumbre más aún que la vigencia del Capitalismo, a la sociedad urbano industrial que lo sostiene, y que por otra parte cuestionan la idea del poder tal como la concibieron los revolucionarios desde mediados del siglo XIX.

 

A propósito de la posibilidad de cambios civilizatorios que sean capaces de generar una sociedad que no sea necesariamente urbano industrial, a la vez que propongan reflexiones y prevenciones sobre la colonialidad del poder, es decir, sobre los gestos heredados del pasado que entraña el poder y que asumen como propios quienes ocupan ese poder, así sean revolucionarios, e inclusive sobre esa idea tan profundamente arraigada del poder como un espacio que se ocupa o que se asalta, resultan en Europa revivificantes los nuevos debates.

 

Entre ellos contamos con las relecturas de Marx, relecturas que refieren a documentos no legitimados luego de su muerte y que recuperados de los archivos soviéticos donde durmieron durante medio siglo, muestran sorprendentes dudas sobre las propias teorizaciones y una encomiable capacidad de innovar en el ejercicio del pensamiento, hasta los últimos días de su vida.

 

Lamentablemente, y a contrapelo de estos últimos pensamientos de Marx, una visión geriátrica del marxismo pareciera sentar cátedra de fitopolítica en la América Latina, y digo fitopolítica porque pareciera que en algún lugar no pueden concebir el socialismo sin la ingesta de Soja o acaso en la guerrilla Colombiana, sin la planta de coca para droga.

 

Es penoso que muchas de estas expresiones propias de un paleo marxismo funcional a las transnacionales, hayan optado por un modelo de vida que contraría el modo de ser americano, las culturas del estar y del arraigo, de la vida campesina y de las producciones locales de alimentos, para entrar ahora con Los Grobo en un camino sin retorno de tecnologización de la agricultura y de industrialización y masificación de la cría de animales.

 

Estamos en presencia en América Latina, de una sucesión de regímenes nacional desarrollistas, amigables con las corporaciones, regímenes basados en modelos de exportación de commodities y de primarización de las economías.

 

Las conducciones de estos procesos son de izquierda o de centro izquierda progresista y el espíritu que las embarga es el del populismo, pero a diferencia de otros procesos similares en nuestra historia reciente, ahora se trata de populismos que manipulan planificadamente la base social de sociedades fuertemente marcadas por la exclusión, donde la indigencia se subsidia y se subordina a planes clientelares, y donde se somete y supedita la pobreza a los designios de la nueva dirigencia formada en la tradición

elitista y vanguardista de los años setenta.

 

Concretamente, que las sociedades nacional desarrollistas que nos proponen las nuevas izquierdas se despliegan sobre los modelos de exclusión generados por el neoliberalismo de los años noventa, y donde la injusticia atroz que se exhibe en la indigencia y en los niños de la calle, no alcanza a ser ocultada por el desborde de la nueva riqueza de una clase privilegiada ligada a las cadenas agroalimentarias, a la exportación y a la renta de la tierra. 

 

Lamentamos que el Comandante Chávez haya iniciado un camino de imperdonables extravíos, en los mismos términos y similares alianzas, con que otros líderes renegaron de los mandatos recibidos y de las esperanzas depositadas en ellos.

 

JER/

Jorge Eduardo Rulli

www.grr.org.ar

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Esclarecedor documental de Telesur

EL MITO DE LA SOJA

 

No es un alimento completo. Destruye los suelos, propicia el desmonte en zonas no aptas para el cultivo y transforma bosques en desiertos. También contamina el medio ambiente. Es una solución pasajera con consecuencias impredescibles. Datos a tener en cuenta: sólo la cosecha 2002 se llevó 900 mil toneladas de nitrógeno y 200 mil de fósforo de los suelos argentinos. Este bien, vital para la agricultura, sólo es renovable artificialmente. Pediatras y nutricionistas dicen que está contraindicada para chicos menores de 5 años. Hallaron residuos tóxicos en los porotos que llegan a comedores comunitarios

 

Hambre de soja.

 

Con este título la cadena bolivariana Telesur, creada por Hugo Chávez como una alternativa a la CNN o a la BBC para el Cono Sur, presentó un documental que muestra, con diversos testimonios, informes médicos, científicos, agropecuarios y económicos, como este cultivo es apenas una respuesta coyuntural, pasajera, y un peligro potencial para el horizonte socioeconómico del país. Su éxito es, en otras palabras, un verdadero mito.

 

Con la soja argentina se podrían alimentar alrededor de 100 millones de personas, prácticamente tres veces la población de una nación cuyo índice de pobreza araña el 40%.

 

El otrora granero del mundo hoy sufre una de las más radicales transformaciones agropecuarias de la historia.

 

 ¿Es además la soja un alimento base para el país?

 

El ingeniero agrónomo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Walter Pengue, especializado en Mejoramiento genético vegetal, a modo de introducción recuerda que “Argentina dejó de producir una rica y variada cantidad de productos, que brindaban un equilibrado servicio para la alimentación de la población, por un monocultivo transgénico (la soja trans)” que no sólo redunda en divisas por exportaciones, sino que también produce “desocupación, contaminación y desertización del suelo” con consecuencias impredescibles para las futuras generaciones.

 

El país de la vacas y el maíz en 1970 tenía menos del 1% de sus

tierras cultivables con soja, pero desde que en 1996 se liberó en Estados Unidos la variedad modificada genéticamente, que es más resistente a los agroquímicos, crece con mayor facilidad y requiere de menos trabajo, hoy Argentina tiene más de 13 millones de hectáreas con soja trans.

 

Según el trabajo de Telesur, aumentó 16 veces su cultivo en siete años.

 

Dinero rápido

 

Hugo Nuciari es un productor con más de 50 años de experiencia, que se volcó decididamente a la soja. De sus últimos nueve cultivos siete fueron de este commoditie, cuyo principal productor es Estados Unidos, que no sólo elabora el producto transgénico, y luego lo vende a Argentina, sino también el veneno que se usa para fumigar.

 

“Es más barato, requiere de menor esfuerzo, menos cuidado y da mayor ganancia”, se entusiasma Nuciari, quien dice que desde que cultiva este producto usa menos gasoil, menos personal y los rindes son mayores.

 

Pero no todo lo que reluce es oro.

 

Casi toda la soja que se produce en los campos argentinos y en zonas ganadas al monte, no aptas para la agricultura tradicional, se exporta como materia prima para la elaboración de aceites u otros derivados y como forraje, básicamente para la alimentación de aves de corral y cerdos en Europa.

 

“Argentina ya no es la granja del mundo, sino un mero exportador de commodities”, se queja Jorge Rulli, ambientalista e integrante del Grupo de Reflexión Rural.

 

Siembra directa

 

Luego de la compra de los granos trans, producidos en EEUU, se produce la siembra directa: una pequeña huella en el suelo sin remover, con un solo paso de la máquina alcanza para comenzar el cultivo, el cual crece hasta en lugares increíbles, como vastos ecosistemas plagados de añosos árboles y tupida vegetación, en el hostil norte argentino.

 

“La soja -opina el economista de la UBA Jorge Schvarzer- expulsa al trabajador del campo, que migra y se acumula en la periferia de las grandes ciudades. Y además provoca un daño irreparable al suelo”.

 

Para muestra sólo hace falta un botón. En el Chaco la producción algodonera, cuya cosecha es manual, se redujo un 80% en los últimos años ante el avance de la soja trans.

 

Los recolectores inmediatamente se quedaron sin trabajo.

 

En los pueblos que rodean el otrora arco algodonero, seis de cada diez padres de familia no tiene empleo, según Telesur.

 

Aníbal Cabral, padre de cinco hijos y curtido por la ardua labor en el campo, hace tres años que no trabaja. “La siembra directa de la soja nos dejó sin nada; se hace todo con la máquina”, se lamenta este hombre de piel áspera y buen decir.

 

Para Rulli, uno de los peores dramas del país “es la inequidad social” producto de la distribución desigual de la riqueza y de la generación de excluidos. “La fábrica que produce pobres está en el modelo rural, que atenta contra el futuro del país”, afirma en forma categórica.

 

El monocultivo

 

La clave para mantener la fertilidad del suelo y su vitalidad es la rotación de los cultivos. La repetición lo agota y le quita vida.

 

El productor Rodolfo Agretti grafica: “nos estamos quedando con el esqueleto del suelo”.

 

Los restos de la cosecha anterior se suman, incorporan, a la tierra como materia orgánica.

 

El sorgo y el maíz, por ejemplo, son muy buenos para enriquecer el suelo, ya que dejan valioso restos, los cuales constituyen un aporte único al suelo.

 

La soja, en cambio, no deja restos vegetales y desprotege al suelo. Además, necesita de más nutrientes para crecer y desarrollarse. “Precisa el doble de azufre, nitrógeno y fósforo que del maíz”, informa Fernando García, del Instituto Canadiense del potasio y el fósforo.

 

Este último es un recurso no renovable naturalmente del suelo. “En los últimos 20 años se vio un notorio descenso. En algunas zonas se pasó de 60 partes por millón a 15 partes por millón” en la tierra, ilustra García, para quien “esto no puede sostenerse durante más de 15 años. Si no se toman medidas urgente, en ese tiempo muchos suelos se van a transformar en absolutamente inservibles”.

 

Desiertos argentinos

 

La cosecha 2002 reportó para Argentina 5 mil millones de dólares. Pero no sólo se fue del país soja, sin también 900 mil toneladas de nitrógeno y 200 mil de fósforo, lo que que equivale a 900 millones de dólares. “Casi el 20% de lo que se exporta son nutrientes”, se lamenta García.

 

Es decir, el suelo argentino subsidia con ese altísimo y peligroso porcentaje el negocio sojero, el cual se expande a razón de un millón de héctareas por año en el país.

 

Tanto es así que se siembra en lugares no aptos, como en ecosistemas, bosques y montes donde habita una variada flora y fauna.

 

El avance de las topadoras en el Chaco sobre estos enclaves únicos es un fiel reflejo de ellos. “La principal amenaza de animales como el tatú carreta es la extensión de la frontera agropecuaria hasta nuestros montes”, señala el biólogo de la Dirección Nacional de Fauna Silvestre Gustavo Pillini.

 

Telesur estimó en más de un millón las hectáreas de estos ecosistemas perdidas por la fiebre de la soja.

 

Como este cultivo toma todos los nutrientes de dichos suelos, en un período de cinco años lo que antes eran tupidos bosques se transforman en verdaderos desiertos.

 

Contaminación

 

A la desocupación de la mano de obra tradicional, el voraz consumo de los nutrientes de la tierra y la desaparición de estos ecosistemas hay que sumarle dos consecuencias más.

 

Una de ellas es la contaminación ambiental.

 

Pengue dice que “en los ‘90 se vendía un millón de glisfosato (un agroquímico) y en la actualidad alrededor de 120 millones”. Su uso masivo contamina el medio ambiente.

 

Según Telesur, “la empresa que lo vende dice que es levemente tóxico, pero se basa en estudios realizados por ellos mismos. Además, el glisfosato se mezcla con otras sustancias más tóxicas” para rociar los campos sembrados con soja.

 

Su uso permanente -apunta Pengue- transforma en más resistente a la maleza. Esto ya fue comprobado en Estados Unidos; por lo que se debe usar cada vez más glisfosato” para que dé los resultados esperados.

 

A la soja trans este producto no le hace daño, pero sí deja rastros en sus granos.

 

A su vez, este especialista de la UBA cuenta que los rastrojos de la soja generan nuevas plagas que precisan de otros tóxicos para matarlas.

Conclusiones

 

Por eso la doctora Luisa Bay, de la Sociedad Argentina de Pediatría, opina que “todo lo que viene de regalo no es bueno. Los chicos para crecer y desarrollarse no necesitan de porotos de soja”.

 

Rulli coincide. “Los decimos a los comedores que no acepten estos regalos, porque se le da a los chicos el mismo producto que se vende para cerdos y aves de corral. Este regalo es una especie de chantaje, que se usa para mantener el modelo”.

 

Habla también de “hemorragia de divisas, a costa de nuestro suelo”.

 

“El negocio es de Estados Unidos -se explaya el economista Schvarzer-, que hizo los granos y también el hervicida para vendernos. Nuestro modelo no es productivo, porque la soja sale del campo y se vende directamente o como aceite con una actividad menor, que no genera una industria sólida para la Argentina”.

 

Pengue concluye: “El modelo sojero no es sustentable para el país, ni en la faz económica, social ni ambiental. Sólo resuelve un problema coyuntural”. Según Telesur, “esta es la transformación sin precedentes de la agricultura argentina”.

 

Es el mito de la soja.

 

Informe e investigación: “Hambre de Soja”, documentales Telesur. Dirección: Marcelo Viñas con la producción de “Fundación Biodiversidad”.

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LA VISITA DE CHAVEZ : EL CONVENIO QUE FIRMO GROBOCOPATEL
La soja, un reclamo, un pedido y un almuerzo a solas
Cómo se gestó el acuerdo por la tecnológica para el campo.

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Por Silvia Naishtat
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Tengo que resolverle un problema a Chávez. ¿Podrías viajar a Caracas?" El pedido del ministro Julio de Vido sorprendió a Gustavo Grobocopatel. Y las cosas se precipitaron de tal modo que dos días más tarde, el principal productor de soja de la Argentina ya estaba almorzando con el presidente venezolano para dar forma a lo que se transformó ayer en la mayor exportación de tecnología agropecuaria que concretará el país.

En realidad, la gestión de De Vido nació de un reproche. "Ustedes nos venden cosechadoras y sembradoras, pero aquí nadie sabe cómo usarlas. Necesito la tecnología pero llave en mano", habría dicho Chávez al ministro de Kirchner.

El último lunes, en el Palacio Miraflores, Chávez ya tenía a su lado a Grobocopatel. Antes del primer plato, le dijo: "Venezuela es un sultanato, vivimos exclusivamente de la renta petrolera y eso nos está empobreciendo. Quiero aprovechar los buenos precios del crudo y destinar recursos para lograr autoabastecernos de alimentos".

Esta semana el venezolano formó una nueva empresa, PDVSA Agrícola, que será la rama de la petrolera PDVSA que se dedicará a la producción de alimentos. El gerente de esa nueva compañía es Grobocopatel.

El contrato que se firmó ayer en la Quinta de Olivos arranca con el compromiso de producir 10.000 hectáreas de soja en el primer año y alcanza a 100.000 el cuarto año. Son tierras que pertenecen a PDVSA y allí la soja crecerá en campos petroleros. En paralelo, se alentará la siembra en otros campos hasta alcanzar el millón de hectáreas.

Grobocopatel posee el know how para que los granos sean el puntapié inicial para la producción de vacunos, cerdos y pollos. "Esto no es sólo transferencia de tecnología, se requiere desarrollar organizaciones, competencias. Vamos a estar acompañados por el INTA, por consultores, por tractoristas, ingenieros. No se trata de vender el pescado, se trata de enseñar a pescar. Estamos exportando conocimiento, además de granos", se entusiasmó el empresario ayer ante Clarín.

Dentro de una semana Grobocopatel estará en Caracas, no sólo para ponerle números al acuerdo que se rubricó en Olivos. También, volverá a recorrer los llanos venezolanos, unas 40 millones de hectáreas con grandes posibilidades agrícolas de las que apenas se cultivan 2 millones.

En Argentina en cambio se siembran unas 30 millones de hectáreas y de esa superficie, 16 millones se destinan a soja. Gustavo Grobocopatel — 45 años, ingeniero agrónomo — arrancó alquilando campos en los alrededores de Carlos Casares. Hoy, su empresa, Los Grobo, siembra 150 mil hectáreas en la Argentina, Uruguay y Paraguay.

En este viaje fugaz a la Argentina, Chávez había previsto una visita a Carlos Casares, epicentro de negocios de Los Grobo. Pero se quedó corto de tiempo. "Te espero por allá, te voy a acompañar, quiero aprender", se despidió de Grobocopatel.

CHÁVEZ DICE NO A LOS TRANSGÉNICOS

…pero hace falta decretarlo

 

Por Lorna Haynes

RAPAL-VE

 

El día 13 de abril, en la ciudad de Caracas, Venezuela, en el "Encuentro para la Solidaridad con la Revolución Bolivariana", la Organización No-Gubernamental internacional, VIA CAMPESINA, invitada especial al evento, entregó una carta al Presidente Chávez en la que le solicitó anular cualquier acuerdo que tiene el gobierno venezolano para la producción y la comercialización de transgénicos (Organismos Modificados Genéticamente) porque atentan contra la soberanía de los pueblos y no son compatibles con la revolución bolivariana.

 

Así se logró lo que organizaciones no-gubernamentales en Venezuela no han logrado en más de cuatro años de lucha: que el problema de los transgénicos llegara a la atención del Presidente. Más aún, el Presidente Chávez se comprometió a anular esos contratos. En su habitual programa de los domingos, "Alo Presidente" el 18 de abril, el Presidente Chávez reafirmó esta decisión cuando se refirió al hecho de que se iba a meter transgénicos en el país pero que lo había parado.

 

En su carta al Presidente, Rafael Alegría Moncada, Secretario Operativo Internacional de VIA CAMPESINA, expresó que:

 

"Con gran preocupación y sorpresa he recibido información que su gobierno ha firmado un acuerdo con Brasil para la siembra de soya transgénica de la empresa Transnacional Norteamericana Monsanto (soya transgénica Round-up-Monsanto) que pretende ser sembrada en la Mesa de Guanipa, Edo. Anzoáteguí, Agropecuaria "La Orleana" en el municipio Simón Rodríguez de El Tigre con asesoramiento de la Monsanto en conjunto con la Cooperativa Grao Norte de Brasil."

 

Señaló Alegría que el proyecto pretendía llegar a una extensión de 100.000 hectáreas en el 2006 y entre los que impulsan el proyecto con varios millardos de bolívares se encuentra El Fondo Nacional para el Financiamiento de las Zonas Especiales de Desarrollo Sustentable, lo que, dijo Alegría "nos parece de por sí, ya una contradicción manifiesta."

 

Continúa la comunicación:

 

"Estimado Presidente Chávez, usted sabe muy bien que el mundo de hoy aglutinado en importantes redes y movimientos sociales libra una dura lucha contra los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) por considerar que estos no solamente son dañinos para la salud de los pueblos sino que pretenden controlar la biodiversidad, desarticular las economías campesinas indígenas y apoderarse del conocimiento humano. Todo esto bajo el control de algunas multinacionales norteamericanas y europeas."

 

Alegría resaltó la resistencia de la Unión Europea a los transgénicos a pesar de las presiones del gobierno Norteamericano para imponérselos y las moratorias sobre transgénicos en otros países incluyendo ciertos estados de los EE.UU. y estados de Brasil donde existe la prohibición del cultivo de productos transgénicos incluyendo la misma soya.

 

Señalando en la carta la manifiesta contradicción entre el proyecto revolucionario y el uso de Organismos Genéticamente Modificados, Alegría explicó:

 

"La Vía Campesina se ha identificado (con) y respalda el proceso bolivariano de Venezuela por considerarlo patriótico, revolucionario, autónomo y legítimo pero sin lugar a duda no compartimos con su Gobierno un acuerdo de tal naturaleza que desnaturaliza y pone entre dicho los postulados de emancipación y rescate de la diversidad cultural y productiva de los campesinos e indígenas venezolanos.

 

La soberanía alimentaria es el camino y no la producción y comercialización de Organismos Genéticamente Modificados.

 

Estos últimos corresponden a la estrategia de dominación y exclusión que imponen las grandes empresas multinacionales de los agronegocios y sobre este particular he conversado largo rato con el compañero Maximilian Arvelaiz.

 

Presidente Chávez, con el respecto y el aprecio que es merecedor de millones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos agricultores, mujeres rurales y pueblos indígenas y con el fin de afianzar y no retroceder en el proceso revolucionario bolivariano, le solicitamos dejar sin valor y efecto cualquier acuerdo que exista ente autoridades de su gobierno y el de Brasil o de cualquier empresa transnacional encaminado a la producción y comercialización de la soya o de cualquier otro producto transgénico que pretendan impulsar en esa querida República Bolivariana de Venezuela."

 

La decisión del Presidente Chávez es monumental y un gran avance en la lucha contra la imposición de transgénicos de parte de las corporaciones transnacionales, en particular, Monsanto.

 

Pero el gobierno venezolano no sólo ha hecho contratos con Brasil.

 

En un acuerdo reciente con Argentina, el segundo productor de soya transgénica en el mundo, se propone intercambiar petróleo por productos agrícolas que incluyen la soya que sería transgénica.

 

Se sospecha que en el proyecto "algodón" que recientemente impulsa el Ministerio de Agricultura y Tierra, haya intenciones de utilizar semillas transgénicos de Monsanto que, según fuentes confiables, ha realizado ensayos ilegales en el país con algodón transgénico.

 

Maíz y soya provenientes de los Estados Unidos también son transgénicos. Además, desde hace dos años yacen denuncias en la Fiscalía General de la República sobre la comercialización en el país de soya transgénica, "carne" y "leche" de soya transgénicas y maíz transgénica.

 

Por tanto, se tiene que ir más lejos y debe plasmarse esta decisión en un decreto presidencial que prohíba la liberación al ambiente, la importación, la producción y la comercialización de los organismos modificados genéticamente y sus productos.

 

Por otro lado, se debe promover la agricultura tropical auténticamente sustentable.