Las masas y la biomasa.

BIOETICA. LA VIDA FRENTE A LA MAQUINARIA.

Biodiesel y Eco nafta: Que tienen de ecológicos los combustibles hechos a base de biomasa. Hablemos claro. No es ético tirar manteca al techo en un mundo subalimentado. Las novedades en agro negocios hacen saltar de entusiasmo a los productores, y así se apresuran todos a poner en práctica las propuestas que la cadena agroindustrial de valor ofrece como soluciones de punta. Entretanto, la gente y la tierra carecen de relevancia como eslabones indispensables al principio y al final de esa misma cadena de circulación económica.
 
La trama, principia en la facultad de los motores a explosión de ser alimentados con hidratos de carbono en lugar de hidrocarburos. La cuestión no es sintáctica solamente, ya que lo que comían las máquinas hasta hace poco, no era lo mismo que comemos nosotros, los seres vivientes a diario. Un sustituto para las naftas, derivado del alcohol y otro sustituto del diesel, que es obtenido a partir de los aceites vegetales; protagonizan esta nueva ola de febril entusiasmo agropecuario.
 
En tanto sirva para dotar de mayor soberanía alimentaria a cada región; facultando a las cosechadoras a funcionar sin diesel, a los tractores a caminar sin costo, y hasta para no dejar de a pie a la peonada. Bienvenido sea el combustible originado en la biomasa. Más allá, de esto sabemos que la biomasa en libertad, genera diversidad biológica, prosperidad popular y hasta belleza natural. En cambio, la misma biomasa, retirada que fuera y encerrada en la tenebrosa bóveda de un banco, genera muerte, desempleo y hasta origina violencia en las comunidades de las que parte sin retorno. El resultado fue la tiranía bancaria que nos llevó recientemente al desastre, y que ahora proyecta sus intereses talando, fumigando, desertificando y hasta expulsando al poblador originario de nuestros más recónditos parajes interiores.
 
Son nada más que 750 las biorregiones capaces de sustentar vida humana en el planeta. Que cada uno sepa lo que pasa en la suya, comienza a ser una muy prudente idea. El consumo medio de agua y nutrientes por habitante en cada lugar, si bien es un número variable; sí es un número real y por lo tanto determina una proyección concreta sobre la forma en que un número real de pobladores depende de su territorio.
 
Un solo tanque de biocombustible para automóvil, equivale a la cantidad de alimentos que un ser humano consume durante todo un año. Elevar un avión de pasajeros de dos pasillos bajo el impulso de estos carburantes, insumiría por hora, lo que demandaría  una ciudad promedio por igual período.      
 
Haber sacrificado los espacios donde la naturaleza prosperaba en pos del exclusivo desarrollo del hábitat urbano, ha sido esto que ahora llamamos progreso.  Su influencia sobre esto que también llamamos agricultura, se extiende tenebrosamente sobre las chances de supervivencia de toda forma de población biológica. Entretanto, en los parlamentos de los países centrales, se apresuran a bautizar de eco combustibles a aquellos originados en la biomasa. Mientras aceleran sus solicitudes de provisión en nuestras agregadurías comerciales sudamericanas. Comienzan así a posar peligrosamente sus ojos sobre nuestras tierras, los mismos grupos económicos que hoy financian la guerra sobre las potencias petroleras del oriente medio.
 
Entretanto, en otras regiones del planeta donde la escasez de alimentos arrecia, las chances de supervivencia decrecen dramáticamente. Ya no solamente la guerra, o la indiferencia a la pandemia son herramientas corrientes de control social, sino que habrá que agregar a la lista, este nuevo flagelo representado por el uso de la cosecha gruesa, oleaginosa y azucarera para la satisfacción de los colosales niveles de consumo mecánico que las potencias centrales demandan.
 
Deben tomar quienes conducen hoy los intereses del estado, urgente conciencia que los espacios donde la vida se presenta espontánea y libremente silvestre pronto se tornarán más y más escasos. Esta no solamente podría ser una nueva oportunidad para los cultores del agro negocio, de obtener por estos espacios un precio más alto; sino que podría ser nuestra última oportunidad de formar parte de una cultura diversa, basada en nuestros múltiples escenarios biológicos:  – Bosque andino patagónico – Bosque chaqueño – Yungas, montes y espinales – Esteros y Humedales – Páramos y faldeos de veranada – Estepas y ambientes marinos costeros – Mata y selva atlántica – Selva Valdiviana – Por mencionar algunos ejemplos .
 
Puede que muy pronto no sean estos, sólo apreciables destinos turísticos, sino bellos espacios donde ver prosperar la vida humana. Ahora que el excedente financiero de la renta agropecuaria es lo suficientemente generoso como para soñar con un país mejor. Ahora que circula una moneda cada vez más volátil por el azar de una guerra. Ahora que la estabilidad democrática lo permite. Podría ser esta, una valiosa oportunidad de definir el soberano derecho a elegir un modo de progreso tan diverso como único y lo suficientemente nuestro como para llamarlo cultura. Nuestra cultura real sudamericana.