El economista, director del Argentinisches Tageblat, editorializaba con siniestros consejos.

ROBERTO ALEMANN Y SU APORTE AL EXTERMINIO DE LOS COMPAÑEROS

Roberto Cirilo Perdia

roberto-alemann-2-1
Roberto Alemann:-"Si Firmenich, Quieto, Ortega Peña entre otros, desaparecieran de la superficie de la tierra, ello sería un golpe fortísimo para los terroristas".

 

ROBERTO ALEMANN Y SU IDEOLOGIA DEL EXTERMINIO DE LOS COMPAÑEROS

 

Por Roberto Cirilo Perdia

 

En la Argentina de los ´70 desde distintas "capillas" se alimentaba el fuego de las respuestas maximalistas en las que la sociedad iba penetrando.

 

Roberto Alemann, propietario y director del Argentinisches Tageblat, editorializaba algunos meses antes (de Agosto de 1974), con siniestros consejos pronunciados en lengua alemana: "…se llega a la conclusión de que el Gobierno podría acelerar y facilitar ampliamente su victoria actuando contra la cumbre visible, de ser posible al amparo de la noche y la niebla y calladamente, sin echar las campanas al vuelo. Si Firmenich, Quieto, Ortega Peña entre otros, desaparecieran de la superficie de la tierra, ello sería un golpe fortísimo para los terroristas. Las guerrillas tendrían que buscarse nuevos líderes y sería mucho más difícil encontrar gente para cubrir esos puestos, si todo aquel que actuase pública y políticamente como dirigente de la izquierda armada supiese que automáticamente firma su propia sentencia de muerte. Si Perón se dejase aconsejar por sus vecinos, estos seguramente le darían el consejo de obrar así. Pero, evidentemente, Perón ve las cosas de otro modo" Diario Noticias Edicion del 2 de agosto de 1974 Pagina 13.-

 

El último día de julio fue asesinado en pleno centro de la Capital, el diputado nacional doctor Rodolfo Ortega Peña, historiador, defensor de presos políticos y militante del Peronismo de Base.

 

Durante su sepelio fueron detenidas 350 personas.

 

Nos iba ganando un sentimiento de impotencia y soledad, ante un poder avasallante.

 

Otros sucesos contribuirían a gestar la idea de una fuga hacia adelante.

 

El 8 de agosto se realizó en Córdoba un acto y movilización de los trabajadores mecánicos, con motivo de un conflicto del SMATA.

 

Lo encabezaron y hablaron los dirigentes del sindicalismo combativo: René Salamanca, Agustín Tosco. También lo hizo Firmenich y adhirió Atilio López. La marcha y el acto se poblaron de fervor y duras consignas.

 

Me llamaron la atención las muestras de esperanza y expectativa que esos miles de trabajadores tenían depositadas en nosotros.

 

Mientras Firmenich recordaba que "hoy carecemos de la fuerza necesaria para dar el combate final. Por eso es necesario que sumemos todos los pequeños combates: hoy un paro aquí; mañana una movilización '', los trabajadores reunidos tenían otros reclamos.

 

Nos presionaban para que, a través del accionar militar, diéramos respuesta a sus exigencias hacia la patronal, el gobierno y lo que entonces denominábamos la "burocracia sindical".

 

Allí quedaron prefigurados los componentes centrales que determinarían luego buena parte de nuestras respuestas durante el gobierno de Isabel.

 

Los obreros industriales, de las empresas más importantes, se estaban poniendo a la cabeza de la lucha sindical contra el gobierno.

 

Nosotros nos apoyaríamos en esa franja de trabajadores, y sostendríamos sus reivindicaciones.

 

Buena parte de nuestra actividad militar, que luego desarrollaríamos, tendría por objetivo ayudar con las armas a satisfacer sus demandas.

 

Estábamos convencidos que, junto a esa franja del movimiento, con el apoyo de la mayor parte de la JP y del peronismo combativo, teníamos asegurado el triunfo en la disputa por el control del movimiento.

 

Ya en otras oportunidades se había planteado, dentro del peronismo, una lucha interna entre políticas o modelos distintos. Eso no era ninguna novedad.

 

Pero ahora era diferente.

 

Hasta ese momento esas divergencias le habían permitido a Perón, como conductor del conjunto, asumir la representación de sectores políticos y sociales con intereses y discursos diferenciados.

 

Eran las "alas" o "tendencias", en cuyo juego, articulación y contrapeso, Perón era un maestro. Pero ahora el poder había quedado en manos de un sector.

 

Las fuerzas que representábamos nosotros, no sólo no eran reconocidas, sino que eran marginadas y duramente perseguidas, por el propio aparato del Estado, a cuya recuperación habíamos contribuído.

 

Mientras aquello ocurría en Córdoba, en La Plata -el día anterior- cuatro militantes peronistas eran secuestrados y fusilados.

 

Dos de ellos eran: Luis Macor, de 21 años, militante de la JP y estudiante de Periodismo; Carlos Pierini, de 48 años, dirigente del Sindicato Unico de Petroleros del Estado (SUPE). Horacio Chávez, el mítico y querido "viejo" Chávez, de 66 años, y su hijo Rolando de 36, completaban esa criminal incursión.

 

Unas 15 mil personas despidieron sus restos.

 

Las tres coronas que acompañaban los restos de Horacio Chávez -la de la familia, la de Montoneros y la de los sobrevivientes del 9 de junio del 56simbolizaban una forma de vivir y también…de morir.

 

La furia del terrorismo paraestatal, ya no sólo se ensañaba con la vida de. los jóvenes. También buscaba acallar las voces de los históricos dirigentes del peronismo.

 

Peldaño a peldaño íbamos descendiendo a los infiernos.

 

RCP/

 

 

LA OTRA HISTORIA Testimonios de un jefe montonero – Roberto Cirilo Perdia  Grupo Agora 12 de Febrero 1997. Editado en los talleres graficos de Vallegraf Offset S.A. Rio Negro. Argentina.