Editorial de Horizonte Sur del Domingo 4 de Febrero de 2007 AM Radio Nacional

NOS ENFRENTAMOS UNA VEZ MÁS AL PELIGRO DE UN HOLOCAUSTO PLANETARIO

El informe del panel intergubernamental de las Naciones Unidas en relación al cambio climático, ha sido decisiva y terroríficamente concluyente.
EDITORIAL DEL DOMINGO 4 DE FEBRERO DE 2007

El informe del panel intergubernamental de las Naciones Unidas en relación al cambio climático ha sido decisiva y terroríficamente concluyente. El Hombre, un recurso elegante para referir a la Sociedad Urbano Industrial y al Capitalismo Globalizado, ha creado con la contaminación y el calentamiento de la atmósfera, las condiciones para previsibles y graves trastornos del Planeta, trastornos que en los próximos años, incluirán mayores temperaturas ambientales, aumento del nivel del mar, derretimiento de los polos, zonas que se desertizarán y aunque no lo diga el informe, seguramente, la muerte a lo largo de este siglo veintiuno, de cientos de millones de personas como resultado de estos horribles trastornos ecológicos. Nos enfrentamos una vez más al peligro de un holocausto planetario, pero ahora con niveles de certeza propios de algo que ya no depende del botón nuclear o del capricho machista de los guerreristas locos, sino de las predecibles consecuencias de nuestros propios actos, a los largo de los últimos ciento cincuenta años de sociedad urbano industrial. Terrible, verdaderamente terrible…

La opinión pública europea, movilizada por estas preocupaciones y mediante la iniciativa de numerosas organizaciones de la sociedad civil, decidió realizar un apagón de cinco minutos en la tarde del día jueves, para solidarizarse de esa manera, con los científicos que, se supo, estaban siendo presionados por las Corporaciones para que no dijeran lo que se presumía iban a decir, y además para presionar por medidas gubernamentales que lograran al menos evitar que se continúen llevando a cabo las acciones criminales en relación con el Planeta, acciones que parecieran ser la práctica habitual de las industrias y de los gobiernos. El apagón fue un éxito en numerosas ciudades donde hasta los funcionarios y los municipios participaron, y ello se probó por la baja de los consumos de electricidad registrados por las compañías eléctricas. En la Argentina en cambio, no sólo ningún personaje importante adhirió a la medida, sino que ni siquiera se notó el apagón y las empresas eléctricas por lo contrario, verificaron que en el período señalado hubo un crecimiento de los consumos habituales…

Supongo que estamos convencidos que nuestro ambiente es como un barril que no tiene fondo, y que podemos con impunidad continuar malgastándolo y destruyéndolo sin mayores consecuencias, que lo que pasará en todo caso le pasará a otros y no a nosotros, y que en lo que refiere al planeta, nosotros somos meros espectadores de su suerte, ya que por otra parte, ya se sabe, Dios es argentino y atiende en Buenos Aires… Basta con leer el diario para horrorizarse de la impudicia y de la estulticia generalizada. Graves inundaciones en la Provincia de Tucumán donde el Gobernador sojero permitió transformar todo el pedemonte en una gran cornisa por la que se deslizan las aguas de lluvia sin mayores impedimentos. Desastres en la provincia de Salta donde el gobierno de la narcopolítica ha permitido desmontes masivos para sembrar soja y caña de azúcar. En Santa Fe, el Gobierno provincial, en la línea del gran inundador que los precediera, no ha encontrado mejor lugar para enterrar los residuos urbanos que en el valle de inundación del Río. En la Rioja, Santa Cruz, Chubut, San Juan y varias otras provincias cordilleranas, entregar la geografía a las concesiones mineras con cianuro, pareciera ser la principal política de los respectivos gobiernos, en desmedro de las poblaciones, del paisaje y de los recursos naturales, en especial del agua… El viernes viajé a Gualeguaychú donde presentamos ante el Fiscal una demanda por los tres niños muertos por agrotóxicos en la localidad de Gilbert. Cuando saliendo de Marcos Paz, nos dirigíamos hacia la Panamericana pasamos por el Camino de la Ribera, recientemente habilitado por el Presidente de la República en el Municipio de Merlo y que lleva de la ruta siete hasta el acceso Oeste, bordeando el maltratado Río de la Reconquista. Trescientos metros antes de llegar, desde la ruta siete, se sentía el olor ácido de un vuelco de químicos sobre el río. Cuando llegamos la pestilencia era francamente insoportable e impedía conducir, pensemos que numerosos barrios habitan esa zona prácticamente hasta la misma orilla del curso de agua. Nos dirigimos a unos policías que ordenaban el tránsito para pedirles explicaciones. “Son los frigoríficos del lado de Moreno, los que vuelcan esa mugre”, nos dijeron, como si estuviéramos ya en Gualeguaychú y habláramos de los uruguayos y de Botnia… “imagínense nosotros, que tenemos que estar horas aquí sin poder irnos”…se compadecieron de sí mismos, buscando nuestra solidaridad… Evidentemente, en la Argentina los delitos ambientales no son delitos sino a lo sumo un problema de mugre, no importan las consecuencias en vidas y en pérdida de los ecosistemas, son hechos que ocurren, cosas que suceden… y frente a las cuales el común actúa como si todo fuese un sino, una mera fatalidad… Luego tomamos el camino del Buen Ayre para llegar a la Panamericana… bueno, en el camino llamado paradójicamente del Buen Ayre, más allá de Hurlingham, el olor de las montañas de basura realmente impedía respirar sobre la autopista. Justamente en esa noche en que no podía dejar de pensar yo en el inminente informe sobre el cambio climático que estaba por aparecer en París, parecía que todo se conjuraba para recordarnos la extrema desidia, la incompetencia y la criminalidad ambiental de las sucesivas administraciones, que han perpetuado engendros corporativos y monstruosos, tales como el del CEAMSE. Me refiero al centro de disposición de residuos urbanos en el Gran Buenos Aires, heredado de la dictadura militar.

Una vez en Gualeguaychú, nos encontramos con nuestro abogado el Dr. Fornari y con activistas del ecologismo y de diversas zonas de la Campaña paren de fumigar y hasta de la Federación Agraria, que habían llegado para acompañarnos en la acción, y todos y cada uno firmamos la presentación a la Fiscalía. La muerte de tres niños en la localidad de Gilbert y en un lapso muy breve, en una finca cuyo hábitat está absolutamente rodeado por campos de soja, es un hecho absolutamente criminal que no merecía extraviarse en los vericuetos administrativos, y por ello decidimos llevar adelante una causa penal. El Fiscal, hizo como que no se daba cuenta que en base a las notas periodísticas locales, habría tenido que actuar de oficio y no aguardar nuestra presentación, nosotros a su vez, hicimos como que no sabíamos que también él era un productor de soja. En la puerta de los tribunales nos aguardaban las cámaras y los reporteros de la prensa de Gualeguychú. Habíamos dado una vez más, otra batalla significativa. Historias como estas tenemos cientos sino miles en los últimos veinte años. Casi todas ganadas con prolijidad y con constancia. Algunas muy difíciles, tales como dar vuelta reuniones Universitarias convocadas por los Agronegocios y otras arriesgadas, tales como interrumpir premios otorgados a Monsanto o abrir a todo riesgo una pancarta delante del palco oficial de la cumbre de los presidentes, afirmando que con Soja no hay Alba, justo cuando estaba hablando el Comandante Chávez y los cubanos estaban en el estrado.

En estos días estoy leyendo un libro sobre FORJA y sus luchas en esos diez años que van del 35 hasta diciembre del 45, año en que deciden en una asamblea de miembros, el disolverse e integrarse al Movimiento Nacional que, nacía con la revolución del 17 de octubre de ese mismo año. Son, de esa manera, diez años de luchas intensas, de duros combates intelectuales y también de los otros, recordemos que FORJA es el único grupo que adhiere y que se moviliza en apoyo al golpe militar del 4 de junio del 43. Luchan, tal como ellos dicen, contra la colonización pedagógica, pero sobre todo, van de a poco ganando las conciencias para la defensa de lo nacional, e imponiendo las ideas fundamentales de Soberanía con Justicia Social y con recuperación de los resortes de la economía, ideas y objetivos que van a conformar buena parte del corpus de pensamientos del proceso de liberación nacional que se inicia en la posguerra. Sin embargo, hay un momento en que reconocen que si bien han impuesto muchas de sus ideas a la Sociedad, no han conseguido que la gente los acompañe… No puedo dejar de pensar ahora en las luchas que llevamos durante tantos años, justamente en los últimos diez años, como Grupo de Reflexión Rural…

Preguntémonos a propósito de estas luchas del GRR, cuál ha sido la verdadera confrontación de ideas de nuestros mejores intelectuales en los últimos tres años, es decir, desde que asumió este gobierno. Es realmente penoso, pero el único debate de nuestros intelectuales en los últimos años, ha sido sobre bibliotecología. Es penoso, sí, pero es también una deserción injustificable al rol mismo del intelectual y por supuesto a los deberes que exige la conciencia nacional. Muchos de ellos no han hecho sino consolidar el pacto de silencio de una generación y algo mucho peor todavía, han tergiversado gravemente la historia contemporánea, transformando al pobre Cámpora en un estadista y hasta en un revolucionario, simplemente porque en su momento, lo manejaron como a un títere, haciendo del proceso de los años setenta un ejercicio irresponsable de poder faccioso.

Quién mejor que ese banquero guevarista que nos sonríe desde innumerables afiches en las paredes de Buenos Aires, para probarnos los extravíos y las hipocresías de esta etapa. Banquero que no es banquero, porque lo que regentea son cooperativas y guevarista que no es guevarista ni lo fue jamás, a menos que tengamos la desmemoria de olvidar el modo en que ese grupo, que más tarde descubrió en Videla al general más democrático y que ahora se presenta ante el Juez de Espartacus para aportar pruebas contra Isabel, festejó y hasta brindó por la muerte del Che en aquel año 67, año que junto con el de la muerte de Perón, debe de haber sido uno de los años más tristes y desesperados, para muchos de nosotros.

Durante mucho tiempo hemos reclamado un debate sobre los setenta, pero no, como ahora se intenta, para evadir u ocultar los grandes temas de la dependencia y las urgencias que abruman nuestra vida cotidiana. Hemos reclamado un debate sobre aquellos años para romper ese discurso funcionarial que pretende de sí mismos, haberse quedado en la misma posición política de cuando tenían veinte años, manifestación que encubre con un progresismo trasnochado y cargado de anécdotas memorables y añejas, la principal razón que los anima, la de permanecer en el poder lo más posible y continuar haciendo en función de gobierno, lo que los grandes medios y las corporaciones consideran que debe hacerse.

En Gualeguaychú, nos reunimos con algunos productores de la Federación agraria. Ellos nos contaron con tristeza y con bronca acerca de tantos pequeños productores aferrados a sus vacas y a sus cultivos, endeudados con el Banco y hostigados por el Estado que los abruma con fiscalizaciones, caravaneos a los terneros, vacunas y una propaganda insidiosa y permanente contra la oligarquía vacuna. Y mientras tanto, sus vecinos que entregaron sus tierras a los pooles de soja, viven en el pueblo, se descargaron de deudas, despreocupados dan la vuelta al perro en sus flamantes cuatro por cuatro y se burlan de ellos porque contra toda lógica, permanecen aferrados a su tierra y a sus animales. ¿Cuánto demorarán en entregarse, nos preguntamos, mientras nuestros brillantes intelectuales discuten sobre Bibliotecología?

Uno suele escuchar en cualquier lugar denuestos contra la política. El vaciamiento de la vida política se ha convertido en un lugar común de las conversaciones de los argentinos. Lamentablemente, no queremos aceptar que la degradación de la política, que el vaciamiento de la vida política, es una simple consecuencia de la dependencia y del estado colonial. Tal como explica Matini, lo que ocurre es que la política se ha trasladado a otros espacios, la política no está más en la política, ahora la política se ha domiciliado en otros ámbitos, ámbitos donde vuelve a revolucionar el pensamiento, donde como antaño vuelve a encender la imaginación, y a suscitar los deseos y los sueños. El Ecologismo, que es uno de los ámbitos donde se ha refugiado hace tiempo la función de soñar un mundo mejor, carece de sentido sino se proyecta en las luchas políticas. Es verdad, pero tampoco tiene sentido si extravía las acciones propias de la responsabilidad personal y de las prácticas reparatorias, en combinación con el activismo y con las estrategias. Lamentablemente, el tiempo de tomar las decisiones que puedan evitar las catástrofes previsibles se achica, los plazos se acortan, los procesos de irreversibilidad aumentan y se multiplican, en tanto las facciones del poder continúan disputando las prebendas y haciendo caja desentendidas de todo porvenir y viviendo en la estulticia del puro presente con egoísmo y sin espíritu. ¿Qué hacer entonces? Tenemos que continuar las mil batallas que se dan a diario por salvar la vida y por rescatar la tierra. Eso no está en discusión. Pero es que los diagnósticos de los científicos reunidos por las Naciones Unidas para evaluar el cambio climático, nos obligan a revisar nuestra realidad extrema con nuevas y más urgentes miradas. Si los tiempos se acortan, también tendríamos que ser más impacientes y más incisivos en nuestros análisis, y me parece que las opciones que se alimentan en la sociedad argentina, donde la práctica de construir al enemigo y de generar las antinomias que más convengan son moneda corriente, son cada vez más, la de llevarnos a optar entre los genocidas de la derecha y los ecocidas de la izquierda. Frente a ello, las opciones para un pensamiento nacional y ecológico no son sencillas. Por eso he pensado que, más allá de los activismos, deberíamos rescatar como una política de verdadera Resistencia, las prácticas de los puntos de sutura. El planeta enfermo puede ser reparado tanto por decisiones políticas que modifiquen algunas situaciones globales, como por la acción reparatoria que, se desarrolle a partir de millones de puntos de sutura ecológica, dispersos a lo largo de su biosfera enferma. Un punto de sutura puede no ser más grande que el terreno habitual de un trabajador en uno de los conurbanos o el fondo de una casita de la clase media, puede ser una plaza o una chacra, puede ser una escuela o una granja. Lo importante es que lo convirtamos en un lugar donde la biodiversidad se recupera, donde volvamos a ser nosotros parte de un ecosistema, reciclando los residuos y enlazando los diversos procesos ecológicos de las plantas y de los animales, y también de nosotros mismos, de nuestra alimentación, de nuestra calefacción o de nuestro esparcimiento. Un lugar con árboles que regeneren con sus raíces las napas enfermas, un reservorio de diversas variedades de plantas, un refugio para los pájaros expulsados del campo, con sapos y con charcas donde vivan las ranas, un espacio con sol y con sombras, con enredaderas que trepen a los árboles y con frutales de carozo y algo de huerta, con alguna gallina y con conejos, pero sobre todo, un lugar donde ensayemos el estricto proyecto político del punto de sutura, el punto de sutura de la Naturaleza qué, como ese fragmento de piel sana en la carne viva de los quemados, tienda a propagarse y a unirse a otros puntos similares, para sanarla. Tenemos que ganar esta guerra como sea, porque nos va en ello la vida de nuestros descendientes. En esta causa, no hay batallas menores, y a diferencia de otras luchas, en esta podremos hallar la felicidad y la alegría de haber cumplido con nuestro máximo deber: el de luchar por sobrevivir como especie sobre el Planeta Tierra, nuestro hogar.

Jorge Eduardo Rulli
www.grr.org.ar