Cuidado, valoración y desarrollo de nuestras riquezas marítimas.

REVALÚO OCEÁNICO

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Breves historias de espigón, y el necesario comienzo de otra épica pesquera para nuestro litoral oceánico.     Recuerdo una vieja ilustración en la que se apreciaba a una pobladora del África occidental portando sobre su cabeza un atún casi tan grande como ella. Era parte de una vetusta enciclopedia editada durante los albores de la aldea universal, cuando el Atlántico Sur llegaba a Cabo Verde y apenas las letras daban abasto para describir todo lo que aparecía frente a la mirada de aquella culta Europa.
 
 En aquel entonces, hubiera resultado imposible que por la paga de esa pieza de pescado obtuviera la señora, suficiente dinero como para adquirir un solo volumen de la enciclopedia británica. Sin embargo, en la actualidad y por irónica cortesía de las mismas reglas del mercado; la célebre enciclopedia, se consigue completa en versión digital ($ 5); y por un Atún limpio y congelado en origen, se paga en el mercado de Tokio el equivalente a un automóvil familiar 0 Km. de esa misma plaza.

 
Hoy, nos vemos envueltos en cambios tan rápidos y sorprendentes como para que cada uno de nosotros, de en su conciencia, un salto tan grande como aquel que alguna vez diera el propio Neil Armstrong, (en “Lo se Todo de América”), al posar por primera vez su pie en la superficie Selene. Urge bajar del delirio hiper desarrollado y aterrizar raudamente sobre nuestro planeta y particularmente sobre  el cuidado de nuestros humildes e irremplazables recursos biológicos. 

Volviendo al Atlántico Sur, ningún escenario más representativo de nuestra condición de habitantes de esta margen oceánica, que la banquina de Mar del Plata. Repasemos nuestras riquezas marítimas partiendo desde esta entrañable colonia pesquera, pero con la nueva perspectiva del conservacionismo extractivista.
 

# La red de arrastre:
Considerada la topadora del mar, esta ineficiente modalidad de captura pesquera, tiene la peculiar desventaja de arrasar con toda forma de vida arraigada en el fondo marino. Sencillamente el lastre con que se fondean las redes al ser arrastradas, siembra la devastación entre estrellas, algas, moluscos, esponjas y madréporas (corales porosos) como así también sobre toda otra forma de vida que use el lecho marino como apoyo. Se nota su efecto, cuando llegan a la rompiente miles de fragmentos de algas (como si alguien hubiera cortado el pasto recientemente pero bajo el agua). Un efecto secundario de esta práctica lo compone también el aplanamiento del suelo marino, que al quedar fragmentado y arado, pierde toda rugosidad necesaria para la defensa y guarida de los desoves, alevinos y juveniles. Por este problema, toda la pesca decae y toda la cadena trófica se degrada progresivamente.
   
 # La captura de descarte: Muerte y desperdicio sin ningún sentido es lo que aporta la captura fina en las modalidades de pesca costera. Redes comúnmente llamadas camaroneras se caracterizan por tener un estrecho mayado capaz de retener toda forma de vida mayor que un camarón. El resultado es una masiva captura de toda especie predadora presente entre las compactas colonias camaroneras. Juveniles que aún no alcanzan un porte desarrollado como pequeños besugos, pescadillas, rayas y cazones aparecen agonizando en cubierta. Luego de seleccionarse los crustáceos, todo lo demás es arrojado al mar sin vida. Así llegan camarones y langostinos a puerto y la devastación de los demás recursos a nuestras costas. Usualmente, el tamaño del rectángulo de una red, describe la dimensión del adulto de la especie buscada. Esto permite, no sólo dar con el aparejo específico frente a cada cardumen, sino que también facilita la repoblación, por aporte de los ejemplares más jóvenes de la colonia, al igual que en cualquier rodeo ganadero. Este manejo inteligente, permite el buen gerenciamiento de cada recurso.         # El tránsito vehicular en la playa: El espacio de mayor concentración de mariscos es siempre la costa. Las rocas con mejillones y lapas, las marismas y albuferas con machas y cangrejos, las restingas con caracoles y las playas con bivalvos. Así, es como las almejas, berberechos y varias clases de ostras, han poblado siempre nuestro arenoso litoral atlántico. Ese particular terreno, alternativamente comprendido por alta y bajamar, ha sido desde siempre uno de los escenarios de más alta concentración biológica de nuestro territorio.
 
 No podemos especular sobre el volumen de biomasa que alguna vez albergara cada playa, pero a fin de establecer un criterio didáctico, bien se podría comparar en peso viviente, a la producción obtenida del más rendidor surco fruti hortícola.
 
 Sin embargo, todas las colonias de moluscos playeros desaparecieron. En parte por la desmedida recolección para alimento casero, también por su empleo como carnada fresca en la pesca deportiva y por supuesto, a causa de la contaminación urbana. Pero esto no explica la razón de su retroceso en espacios remotos, totalmente despoblados o carentes de todo vertido urbano.
  
 Sencillamente ocurre que la línea de marea es empleada como autopista inter balnearia por los amantes de las motos y los vehículos de tracción integral y hasta por ocasionales jinetes en temporada veraniega. Todas estas actividades, trituran todos los moluscos bivalvos a su paso siendo apreciable en las playas más transitadas, las millones de partículas visiblemente provenientes de las conchas de estos desafortunados miembros de nuestra fauna marina. En el verano se nota por que se sienten filosos sus restos al caminar descalzo sobre la arena y entrechocan incómodamente los fragmentos dispersos en cada rompiente ola.

 
A consecuencia de la merma poblacional de esta multiforme población de moluscos, no sólo decae la población adyacente de peces, sino que se interrumpe un selectivo proceso de extracción de residuos biológicos presentes en la arena, fragmentos de algas y medusas, plankton, etc. Que en lugar de reintegrarse al circuito biológico, permanecen allí en la costa, produciendo esa estéril arena fangosa que hoy abunda en todo en el litoral marítimo bonaerense.

 
# Las otras flotas pesqueras: Uno de los grandes misterios de la argentina, digno de la capacidad literaria de Emilio Salgari, lo componen las diversas escuadras de alta mar que venalizan nuestros recursos marítimos. Flotas de multicolores banderas (Tan remotas como de Rusia y Corea, entre decenas de otras insólitas procedencias), reclaman su parte en este gran botín que es la pesca de altura en el Mar Argentino. Se trata de escenarios donde desova el calamar, se concentra el krill y se alimenta aún la gran merluza negra. Hoy se congregan allí, barcos pesqueros en tal densidad que desde las cámaras satelitales dan la apariencia de ciudades, a causa de las enormes luces que emplean en la nocturnidad en sus quehaceres. Verdaderas fábricas flotantes, limpian, acondicionan y envasan los frutos de nuestras aguas, sin pasar a saludar por puerto alguno, salvo excepcionalmente por motivos de mantenimiento mecánico.

 
Argentina libra la licencia y recibe (fiel a su estilo), un control de captura por declaración jurada como en la minería. El control es lo suficientemente ridículo como para que toda nuestra vida marina sufra una fuerte regresión poblacional. O como el caso de la extraordinaria merluza negra, que ha ingresado en un alarmante nivel de escasez, por mencionar un solo e imperdonable ejemplo de mal manejo de nuestros recursos biológicos.
  
    # El barco fantasma: En la cúspide de la mitología filibustera, se encuentra este misterioso carguero que jamás tocaba puerto al entrar en nuestras aguas jurisdiccionales rioplatenses. La leyenda habla de un barco de procedencia italiana, que cuando alcanzaba la boca del río Uruguay, prácticamente se hundía por la manera en que permitía el ingreso del agua a sus bodegas. Esta rara maniobra concluía cuando era alcanzado el nivel máximo admisible de carga. Entonces procedía con el regreso a su puerto de origen en Italia. Durante la travesía, se filtraba, purificaba, envasaba y embalaban numerosas botellitas de una fina marca de agua mineral, cuyo precio a nivel mayorista en destino, podía compararse con el del combustible estándar de automóvil. Y nadie nunca vio nada.
                
 # Piletas de camarones: Una interesante novedad de reciente introducción en la actividad costera, la representan las diversas formas de acuicultura que al igual que la agricultura, consiste sencillamente en sembrar antes de extraer cosecha alguna, pero en el agua. Puntualmente en las costas de Guyana (entre Brasil y Venezuela), se viene difundiendo una plausible actividad de baja inversión y buen rendimiento económico. Se trata de piletas de camarones. Aislando pequeñas parcelas del manglar (frondosos y fangosos litorales marinos) y forzando desoves de esta popular especie de crustáceo, se alcanzan cosechas de iguales volúmenes a las obtenidas desde las clásicas embarcaciones costeras. Sin la intervención de redes, sin capturas no deseadas, sin consumo de combustible ni empleo de grandes herramientas navales. Y lo que es más increíble, alimentando el cultivo con residuos orgánicos (sangre, tripas, grasa, harinas de huesos,  cenizas, etc.). Llegan así al mercado tantos camarones como requiera la demanda. Además este método, posibilita el abandono de esas estrechas redes camaroneras y faculta a la captura pesquera tradicional a agrandar el mayado de sus redes tornando a la actividad tradicional, también más selectiva en cuanto al talle de la captura.
                
 # Cuerdas de mejillones, nasas de langostas y rastrillaje de bivalvos: La metodología no es novedosa, la escuela queda en las costas gallegas, que no solo siembran sino que custodian sus recursos con una inusual fiereza. Las juras por contaminar una ría pueden llegar a ser tan recias, como las proferidas al buen rey por los mismísimos separatistas vascos. No quiero abundar con detalles sobre las artes de pesca (como en realidad me encantaría), ni alentar la estridente moda ecologista de quejarse de todo. Simplemente prefiero aludir a los recursos a fin de señalar que allí donde no miramos, hay oculta una fuente de prosperidad y de trabajo. Todos hemos probado estos exquisitos manjares, sin tomar en cuenta el alcance que podría cobrar la actividad con un poco más de cuidado.
 
      
 # Granjas atuneras: En el tope del ranking de la actividad pesquera se encuentra esta novedosa inversión, que tiene por objetivo introducir en el enorme mercado del lejano oriente, uno de sus mayores tesoros culinarios. El atún, es un componente generosísimo en vitaminas y ácidos grasos y un indispensable componente del clásico sushi japonés. La sobre pesca de esta noble especie oceánica, hizo que la cotización de cada ejemplar llegara a valores equiparables a los de un automóvil familiar 0 Km. sin bromas. Tal es así que se han destinado a la cría en cautiverio de esta noble especie, grandes inversiones consistentes en embarcaciones, jaulones y disponibilidad de personal permanente para el cuidado y la alimentación de los cautivos cardúmenes. Todos gastos que  forman parte del riesgo económico asumido por esta novedosa práctica pesquera. Estas verdaderas granjas de alta mar, no componen una imposible modalidad en nuestra plaza, tengamos en cuenta el descarte de peces secundarios de la captura fina y su posible aplicación como alimento de otras especies de mayor interés como la merluza negra, el bonito, la caballa o algún túnido mayor que podamos aclimatar a nuestras aguas. 
  
      
 # Bonos Verdes: Ahora que la forestación está financiada por los fondos del protocolo de Kyoto, convendría preguntarse si el contenido de este subsidio no sería también aplicable a otras formas comprobables de retención del carbono. No son pocas las comunas costeras que están al tanto de la oportunidad. Ya son varias décadas de forestación en la costa atlántica. Sin embargo los moluscos retienen en sus valvas más carbonato de calcio que ninguna madera conocida. En algunos países árabes han comenzado a estimular la fijación de arrecifes coralinos con este propósito y sorprendentemente, no sólo los corales se asientan en los artificiales escombros dispuestos a modo de lecho rocoso, sino que además este fértil proceso natural, estimula a su vez el retorno de numerosas presencia biológicas propias del arrecife coralino. Esta iniciativa podría generar satisfacciones en nuestras maltratadas playas así como también generar los recursos económicos para su financiamiento mediante la sustanciosa recompensa económica que representan los bonos del controvertido protocolo de Kyoto.
 
 # Pesca recreativa: Resulta difícil de creer la magnitud de adherentes que la pesca tiene en nuestro medio como actividad recreativa. Hoy son más de cinco millones los aficionados a esta actividad al aire libre en nuestro medio. Lamentablemente los amantes de este deporte se encuentran con el gradual deterioro de todas nuestras queridas cuencas pesqueras. Es encomiable el esfuerzo con que la actividad turística receptiva perfecciona excursiones con el fin de aproximar más y más gente a las cada vez más remotas zonas con buenas capturas deportivas. El aliento sirve y se agradece, pero también hay que participar activamente del esfuerzo que merece el estudio de este recurso para su reconstrucción. De esta forma todos hacen su parte. La docena de programas de televisión, las copiosas revistas y los múltiples programas de radio que patrocinan el deporte al aire libre, deben comprometerse con el cuidado de nuestras riquezas biológicas, para que no suceda lo que ahora tiene lugar en la cuenca del Paraná por sobre pesca y agotamiento total de los recursos. Porque aunque parezca increíble para muchos, ese momento llegará inexorablemente si no nos damos cuenta pronto del desordenado uso que hacemos también de nuestra cuenca marítima. Toda la captura del aficionado deportivo junta, en nuestro medio marino, carece de impacto biológico alguno. Es sencillamente ínfimo el volumen total de esta práctica de captura. Pero no se puede pasar por alto el testimonio de quienes han vivido y entendido este longevo proceso de detrimento biológico en el que ahora todos vemos zozobrar la pesca marina. Abran los micrófonos señores, pongan en cámara a los que atestigüen, publiquen lo que dicen los que recuerdan las viejas temporadas y pueden decirnos a todos que pasó con la pesca; y sobre todo cuando y porqué comenzó a ocurrir lo que ahora tiene lugar en nuestras costas.
 
 No hay donde esconder estos temas. Ni como esquivar sus trascendentes consecuencias. Se trata de alimentos, el mundo entero los necesita.