Conciencia transformadora que conceptualiza como sujeto revolucionario a una fuerza social.

EL PARTIDO BA’TH ARABE Y SOCIALISTA

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Beba Balve. Su análisis acerca de nociones y conceptos como: marxismo, comunismo científico, religión, nación, imperialismo e internacionalismo.
 

EL PARTIDO BA’TH ÁRABE Y SOCIALISTA

 

Conversación con un argentino iraquí

 

A comienzos de 1991, tres muchachos argentinos – iraquies, de unos 25 años, buscaron el momento  que estuviera sola, tocaron el timbre de CICSO y al abrir la  puerta me miraron y dieron un sobre. De inmediato se fueron sin dejarme decir una palabra. Ante una acción tan “clandestina”, jamás comenté este hecho hasta el día de hoy.

El texto me conmovió, no sólo por la fundamentación política, sino  por el desarrollo filosófico – lógico – estético,  tan propio de los árabes.

Pareciera ser que eran, alumnos o recién graduados de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

 

En esos momentos y en esa Facultad, la “izquierda” estaba  obnubilada con la “democracia” y conducida ideológicamente por el “alfonsinismo”. Todos se encuadraban contra los “carapintadas-golpistas” y el “golpe de estado”. 

Como yo hacía pública mi interpretación acerca del conflicto militar, aclarando que era un problema institucional y no un intento de golpe de estado y tiempo después me pronuncié contra la invasión a Irak y de hecho apoyando a Saddam, fui caracterizada como “protoperonistadederecha carapintada”.

 

Es en este contexto que estos  argentinos me vinieron a ver para dejar un testimonio de su país y su partido. Buscaron en esta jungla alguien humano.

 

Si fueron a “defender su patria”, no se sabe si “siguen bajo las estrellas”.

Lo doy a conocer hoy, en homenaje a ese maravilloso pueblo iraquí el que junto a los palestinos hacen honor de pertenecer a la nación árabe, y a los compañeros del partido Ba’th Árabe y Socialista.

                                                                     Por   Beba C. Balve

Buenos Aires, 22 de enero de 2007


 

Principio. Aspiración. Finalidad

 

La libertad, esto es, la facultad de definirse con conocimiento de causa, es potencia creadora y finalidad. Sólo ella abre el tránsito desde la necesidad, ciega en sí y por sí, a la necesidad comprendida, el reino de la libertad.

 

Distinguimos, pues, entre la necesidad ciega que es para un pueblo causa eficiente, motor de sus acciones y necesidad comprendida, que es para las naciones, los estados, el estado mundial, causa final o finalidad, aspiración, motor, no ya de la acción, sino de la resolución. Resolución que concebimos como inteligencia y valor para y en la conservación de la libertad.

 

Al estar del discurrir estos pensamientos, contra toda norma del derecho positivo, la pereza intelectual, la indolencia en la costumbre, la grosería en la forma y la mala fe en el contenido, manejándose con el arbitrio y el capricho de la necesidad no comprendida, expiden navíos y armas argentinas sobre el Oriente.

 

No venimos a enarbolar el derecho positivo. El derecho positivo cede ante el derecho abstracto. El derecho abstracto, en su desarrollo pleno, es y será procurar el bienestar general. La idea de que lo que es bueno es, en sí y por sí excelente, es la apoyatura ética de la libertad. El sentimiento de la libertad.

 

Concebir la historia como un extraño acontecer de etapas pacíficas o guerreras, ligadas a circunstancias de tiempo y lugar, a una lucha entre intereses contrarios o antitéticos que impelen a la destrucción mutua, es para muchos un operar científico sobre las razones internas de tal o cual historia, de tal o cual guerra o de aquella otra “paz” duradera.

 

Sobre una masa de datos físicos., los hombres, los habitantes de un pueblo, de una nación, de un estado, pasan a ser considerados como un simple dato numérico, como masas arrastradas a las “vicisitudes” de las guerras por ideólogos criminales, cuasi sujetos de la patología psiquiátrica.

 

Así, la contradicción que no puede conciliarse no es reconocida, y los individuos son seres con hambre o seres satisfechos, jamás se reconoce una aspiración en esos pueblos. Jamás se reconoce un sentimiento, una representación o la fantasía de aquellos que, día a día, minuto a minuto, laboran la historia.

 

Concebir la historia sin una aspiración es sólo suma de opiniones pragmáticas. Pasan, estos analistas, por justos y hasta imparciales en las etapas pacíficas, pero de nada sirven en tiempos difíciles y merecen la repulsa de aquellos que se conciben como actores de un proceso que es su aspiración y por ende, su conciencia. Conciencia de la aspiración y aspiración de la conciencia es siempre conciencia que crea, aún en la masa informe de las guerras.

 

Tras esa masa informe se abre paso el interés general. Rápida o pesadamente, la masa de un interés general se constituye en el objeto de la historia. En la existencia de los pueblos, de una tribu y hasta de una horda, el escalpelo científico descubre una finalidad medular.


El fin esencial es la constitución de la sociedad.

De una sociedad al conjunto de las sociedades.

De la horda a la tribu, de la tribu a los pueblos, los hombres van en busca de la unidad; el fin de las clases, la destrucción de los estorbos, la eliminación de los pesados ornamentos, que han sido menester como tránsitos a ese objeto.

Una historia sin dicho fin y sin dicho juicio sería solamente un abandonarse de idiota a la mera imaginación, y aún los cuentos de niños exigen un interés. Interés general, a través de contradicciones, donde se hace fuerte la contradicción-finalidad, la conservación del  hombre como ser social.

El Socialismo.

Socialismo que definimos como eliminación de las clases y de los estados en prosecución de un orden social donde el hombre no sea el lobo del hombre.

 

En esta unidad diferenciada de nuestros principios, aspiración y finalidad, el autor inicia una serie de estudios del pasado reciente de la República de Irak y de la Nación árabe.

A ese efecto procurará mostrar a los hombres y a las ideas. Pero por sobre todo, presentar los hechos que sirvan de prueba del honor o deshonor de los hombres y de la virtud o bajeza de las ideas.

 

Con este trabajo, el autor contribuye a la toma de partido del pueblo argentino en esta guerra que sostiene el pueblo iraquí como bastión de la Nación árabe.

El Patido Ba’ th Arabe y Socialista. Filosofía. Programa.

La prensa segregadora de estupidez bombardea, a cada instante, información amarilla sobre el Sr, Saddam Hussein, Presidente de la República de Irak. A él se le atribuyen similitudes con todo lo peor que pueden extraer del estercolero de la historia.

 

En su revolcarse escatológico, la estupidez de sus afanes se les vuelve en su contrario. Está en la fuerza de las cosas y en la lógica de la acción política que, por contrario imperio, le construyen, sin costo, una gran fracción admiradora y partidaria.

 

No es, sin embargo, el Sr. Hussein el fundador del Partido Ba’th Arabe y socialista que hoy gobierna la república de Irak y del cual el Sr. Hussein es una personificación.

El fundador del Partido es Michel Aflaq, político sirio nacido en 1909. Fundador del Partido en 1940, principal dirigente de la rama siria hasta 1965, pasó a residir en Irak en 1970. Desde allí dirigió, hasta lo que sabemos, la sección panárabe del Partido.

Por lo tanto, es en el pensamiento del Sr. Michel Aflaq donde hemos ido a buscar el origen, la substancia, de ese fenómeno emergente que es hoy la República Iraquí y la Nación Arabe.

 

En febrero de 1949, expresa el Sr. Aflaq:

 

“Cómo puede un partido llevar a cabo su misión?.

Siendo el partido del cambio profundo, antes de realizar el profundo cambio de la nación”.

“El verdadero partido, el partido real capaz de llevar a cabo una misión para la Nación árabe es, en nuestros días, aquel que se fija como objetivo la creación de una nación o su renovación, quedando claro que debe comenzar por realizar sus objetivos en él mismo, convertirse en el microcosmos de una nación pura y sana, de esa misma nación que quiere crear”. Michel Aflaq, página 82.

 

Esta idea del “cambio profundo” es una totalidad en el Sr. Aflaq. Cambio profundo o aún mejor cambio radical. En realidad, de verdad, el Sr. Aflaq se expresa insistentemente con el término árabe “inqilab”, una idea-fuerza de su discurrir. Inqilab proviene del verbo árabe “qualaba”.

En sentido estricto significa dar vuelta una cosa, derribarla. No poco embarazo causa al propio Sr. Aflaq el origen de esta palabra que él atribuye al genio de la Nación Arabe y que, según su conocimiento, no tiene similitud con ningún vocablo extranjero.

 

El socialismo científico es el continuador directo de la dialéctica alemana del siglo XIX.

 

En la filosofía alemana existe un vocablo similar a “inquilab”, el término alemán “Aufheben” que significa derribar, aniquilar, destruir y a la vez dejar en pie, echar abajo y sostener.

 
Derribar y dar vuelta una situación, del verbo “qualaba”, nos parece una expresión similar. Tal tarea o las tareas que se derivan de tal concepto, son substancia en política socialista. No quieren, los socialistas, solamente eliminar, sino hacerlo de modo y forma de conservar al mismo tiempo.

La fórmula de aplicación del vocablo filosófico “Aufheben” –literalmente “eliminar y conservar”- es la ley de negación de la negación. Negamos simultáneamente a que afirmamos un orden que integra el proceso de eliminación de lo asocial.

 

Despierta profundo respeto un pueblo que tenga en su lenguaje una concepción de cambio, y un pensador que ha diferenciado y propulsado el vocablo. El respeto sostenido se troca en admiración cuando a simple vista se comprueba la vinculación lingüística entre el culto idioma árabe y el altamente lógico idioma alemán.

 

Si el lenguaje es la conciencia práctica, nos atreveríamos a decir que lo profundo del cambio radica si no en el genio, por lo menos en la conciencia de la Nación Arabe, y es, por tanto, aspiración.

 

La diferencia entre derribar, dar vuelta, y eliminar, deja al concepto “inqilab” en el mero terreno de la aspiración respecto de “Aufheben” que es aspiración pero también principio, finalidad. Es la diferencia que va entre un vocablo dialéctico y una expresión dialéctica.

 
La segunda parte del párrafo citado sostiene:

 

“El verdadero partido… es… aquel que se fija como objetivo la creación de una nación o su renovación…”

 

Para el Partido Ba’th Arabe y Socialista, los árabes constituyen una nación única, unida espiritual y culturalmente. Los diferentes territorios donde viven constituyen para ellos una sola patria, una unidad económica y política indivisible.

 

El objetivo trazado no tiene nada de “nacionalista” en el sentido europeo del término. No es una idea nacional como las que originaron los estados nacionales en el siglo pasado. No acepta como base los territorios en los que viven. No acepta, puesto en términos jurídicos, el título que sobre la tierra tenga nadie, ni el título que de la tierra tome tal o cual clase social; o en ciencias políticas, tal o cual estado.

 

Lo nacional para el Partido Ba’th es el conjunto de países árabes, sean éstos sirios, libaneses, palestinos, egipcios, etc., Este nacionalismo es un internacionalismo con objetivo limitado a los países árabes.

 

El Partido Ba’th Arabe y Socialista. Negación y fusión. Comunismo y Comunismo Científico.

 

El socialismo es por su finalidad u objetivo final, la eliminación de las clases, la sociedad sin clases. Esta negatividad de las clases como obstáculo histórico, obnubila la comprensión del necesario proceso de fusión sobre una entidad superior, de los individuos de esas clases. Esa fusión es la entidad superior conservada. Es transición-revolución. En esa mezcla, ya de por sí compleja para el observador, se encuentran obstáculos políticos que el propio fenómeno revolucionario ha creado. Son las pasiones, las representaciones que los actores de la revolución se hayan hecho de sí mismos, la experiencia que los hombres hayan realizado en la obra magna de la revolución., etc.

 

Un rasgo más importante aún, es el peso de los errores políticos del propio movimiento social. Estos fenómenos están en la base de la incomprensión de nuestra propia historia y son un obstáculo serio para la unidad. Específicamente, y para la comprensión del Partido Ba’th árabe y Socialista, ha sido un obstáculo su pretendido anticomunismo. Pretendido y afirmado por el Partido Ba’th. Sus dirigentes conviven durante su proceso de génesis con el Partido Comunista Sirio.

El Partido Comunista Sirio –fundado en 1924- tuvo existencia efectiva en 1930 y extendió su actividad en 1940. Partido marxista leninista con gran tradición teórica, fue, en parte, el mentor de las ideas socialistas en Medio Oriente y en parte, tan sólo un traductor de ideas marxistas, sobre la base incierta, azarosa, de convulsiones e insurrecciones incipientes contra la opresión, el hambre, la sumisión y el vasallaje.

 

En ese cuadro de grosería, intemperancia y morbidez intelectual, los comunistas sirios, en cumplimiento de líneas internacionales trazadas por el Partido Comunista Ruso, apoyan a Francia que colonizaba y oprimía a cañonazo hasta el desangramiento a Siria, con el argumento de que Francia democrática estaba en guerra contra Alemania fascista.

Estos crímenes, fenómenos socio-políticos de envergadura, hacen saltar por los aires, en toda una etapa histórica, la idea –mejor expresado- la pureza de la idea internacionalista.

 

En la relación con el Partido Ba’th, los comunistas son opositores totales a la idea de “nación árabe”. Utilizando parámetros de medida exiguos, mezquinos, originados en la comparación con los “nacionalismos europeos”: fascismo italiano, nacional-socialismo alemán, etc., determinan el antetizarse del contrario; concretamente, refuerzan el “anticomunismo” del incipiente movimiento social árabe.

 

Crímenes, hemos escrito, y es una condena moral. Fenómenos políticos sociales de envergadura para la definición del fenómeno en sí, pero nada más lejos de nuestra intención es quedar en una condena moral o, peor aún, explicar lo fenomenológico como lo accidental.

 

No es la lógica de Víctor Cousin la que nos anima sino el marxismo científico. Así, no pensamos que un fenómeno sea un simple crimen o un accidente, dentro del proceso revolucionario.

La ley debe encontrarse en el fenómeno, volviendo a él para comprenderlo y prevenir nuevos fenómenos que más tarde se explican  como lo accidental y revuelven de indignación porque son nada más que la “explicación” de nuevos crímenes.

 

Y la ley es lo que sigue. El comunismo, entendido históricamente, es una tendencia hacia la nivelación social. Ya existía el comunismo en tiempos de Roma. Su fuerza de aniquilación ha sido el terror de las clases dominantes.

Desde este ángulo, su negatividad fue advocada por Carlos Marx que propugnó una revolución comunista. Pero no es más que una fuerza social; no una teoría socio-política con base filosófica.

 

El comunismo como ideología es la falsa conciencia del no propietario contra el propietario. Genera, de este  modo, la ideología –falsa como toda ideología- de una “derecho suprahistórico” de los no propietarios a tenerlo todo, por transformarse en nuevos propietarios.

Lucha, este comunismo contra la propiedad capitalista, pero desde el punto de vista del desposeído, del no propietario, no desde un punto de vista superior sino desde un punto de vista complementario y subordinado al propietario, aún en su antítesis.

Constituido en gobierno, estratifica esa idea con los recursos del estado y genera ese mundo del revés que la humanidad ha sufrido y aún sufre.

El estudio de la política del Estado Ruso desde 1930 en adelante, es el mejor material de prueba de nuestros asertos.

 

Y esta ley encuentra su fundamento en la fuerza social emergente en cada revolución: clases sociales, etnias, razas y tribus que ponen el esfuerzo liberador pero también el atraso, la ignorancia, la avaricia y la mendacidad producidos por siglos y siglos de explotación y que son sostenidos y vueltos a poner en marcha por las conspiraciones y la insidia del imperialismo, poderosa e impúdica concentración de esa misma avaricia, codicia e ignorancia que está entre nosotros y que condenamos.

 

El marxismo surge de una crítica a todas las ideologías. Pocos saben –es necesario que se sepa- que el propio Carlos Marx sometió a crítica al comunismo grosero[1]. Pocos saben que el muy noble paladín del Socialismo, Federico Engels, se distinguía del comunismo vulgar, rapaz y depredador, llamándose a sí mismo y a su corriente, comunismo científico.

 

Es necesario que se sepa.


El epíteto zahiriente de “comunista” que nos carga el capital es para nosotros pendón, pero estamos en contra del comunismo vulgar desde el comunismo científico.

 

A los comunistas vulgares decimos: abandonen la vulgaridad, la grosería y la pereza intelectual. Los logros que juntos conseguimos ya no justifican la incomprensión.

Los nuevos adelantos tecnológicos, productos del siglo XX  -el Siglo de las Revoluciones- nos capacitan para ingresar, cada día con mayor rapidez, en el reino de la libertad.

La información y comprensión de nuestros propios “crímenes” son causa eficiente para una transformación de nuestro movimiento.

El estudio sistemático de nuestros logros y de nuestros errores tienen que impulsarnos a una nueva fusión.

 

La lucha del Partido Ba’th contra el “comunismo” no es nada más que parte de la lucha entre comunistas contra el comunismo vulgar y grosero. Es, por tanto, el contrario absoluto de la lucha capitalista contra el comunismo.

 

Lo que es políticamente correcto y lógicamente cierto es primero en la historia. En Siria, la continua interacción y la influencia recíproca que tuvieron lugar durante los últimos 30 años entre la izquierda nacionalista y la izquierda marxista, originó una evolución hacia las posiciones del Partido Ba’th Arabe y Socialista.

La interacción, fusión de ideas, convergió hacia un programa: la unión de todos los árabes en una sola nación, creación que, aún manteniéndose como concepto, es fuerza generadora, supermultiplicadora de voluntades.

Ciento veinte millones de nuevos “nacionales” tienen una fuerza de fusión, de unión, inimaginable en el concierto de las viejas naciones, numérica y cualitativamente más débiles.

El crisol de razas resultante hace estallar al más poderoso cerebro que pretenda representarse el devenir. Es una idea del más puro cuño socialista y humanista. Es una idea comunista científica.

   

El Partido Ba’th Arabe y Socialista. La religión.

 

Otro obstáculo cualitativo para la comprensión del Partido Ba’th es la posición general de ese partido respecto de la religión en general y del ateísmo en particular.

El Sr- Hussein, al tiempo que es comparado canallescamente con Adolfo Hitler por la derecha, es sindicado desde el costado de izquierda, poco más o menos, como un fanático religioso.

La izquierda rastrera, dualista, contumaz y liquidadora que calló –y callando claudicó- ante las afirmaciones super religiosas del extinto Sr. Komeini,  hoy tiene a bien dudar del socialismo del Sr. Hussein, a título de que es “creyente”.

 

De mismo  modo que el Sr. Hussein no es el responsable de todo aquello que se miente en estos días, no es tampoco el Sr. Hussein el inspirador de la doctrina del estado que comprende a la religión islámica. A este nivel, del mismo modo que en el plano filosófico y político, debemos buscar el origen de esa concepción en las expresiones del fundador y teórico del Partido Ba’th, Sr. Michel Aflaq.

 

En 1950 el Sr, Michel Aflaq expresa:

 

“La religión es una fuente que mana del alma. Deseando la laicización del Estado, nuestro objetivo es ante todo liberar a la religión de las exigencias y contingencias de la política. Así podrá libremente expresarse en la vida de los individuos y de la sociedad”. Michel Aflaq. página 64.

 

En 1950 el Sr. Michel Aflaq está en el cómputo francés de 1789. Desea la laicización del Estado. Esto es, bien entendido, separar la política del dominio de la religión.

 

La Revolución Francesa arrancó el dominio político a los señores de la guerra, la nobleza y, a los monseñores religiosos, el clero, transfiriéndolo a la clase en ascenso. Esa clase, en su desarrollo último, es el capital. La Revolución Francesa golpeó, en su fase ascensional, a toda la superestructura religiosa, escarneciéndola como ignorante y falaz.

 

En 1950, el Sr. Michel Aflaq se sitúa en un presente aún más cercano al cronológico con esa revolución. En el eje perpendicular de círculos concéntricos desiguales que impulsan a una fusión, necesitan separar al clericalismo del dominio del Estado, pero no ya en el plano de 1789, sino en 1950, cuando ha transcurrido medio siglo del Siglo de las Revoluciones.

“La religión es una fuente que mana del alma” sostiene el Sr. Aflaq.

 

La religión es, en verdad, “el sollozo de la criatura oprimida”, tal cual lo aseverara Carlos Marx[2].

 

Desgarrada entre su opresión real y la ausencia de comprensión, la criatura solloza, el alma mana. En la necesidad de flores imaginarias, el hombre hace la religión.

 

En 1950 no existe “una” religión en los países de habla arábiga. Que todos sean islámicos sólo significa que coexisten ramas del viejo tronco mahometano que se entrecruzan en nuevas formas clasistas de dominación y de opresión. Cada una de esas clases acude a la religión sobre la base de una coexistencia con una Europa desarrollada y bajo un sólo dominio de clase, la clase del capital. El imperialismo. Esta clase se opone a la laicización de la sociedad. Ya no pretende arrancar a la Iglesia de su rol político: antes, por el contrario, concentra a las Iglesias, subordinándolas a su único Dios, el capital a interés.

 

Un fuego elipsoidal es el presente de 1950. Ya no hay Islam, ni Profeta Mahoma, ni religión del Estado. Las diferentes etnias, tribus, regiones se desarticulan en un infierno de clases y en un fraccionamiento infinitesimal de ideas religiosas. La religión ya no “mana del alma”, ni es tan siquiera el “sollozo de la criatura oprimida”. Arma, ahora, en la lucha social, no es tan siquiera religión nacional. Es uso y abuso por los reaccionarios, y fanatismo, en el mejor de los casos, de los oprimidos.

 

En 1950 surge el Partido Ba’th, por tanto una Doctrina de Estado. Una doctrina de estado es y será el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones dentro del Estado y entre los estados.

 

Hemos descripto en forma sintética el desgarramiento de la sociedad árabe, sus contradicciones de clases, la lucha religiosa en ese círculo concéntrico al nuestro, y hemos visto surgir en ese caos a un partido que es laico, que afirma que las religiones deben alejarse de la opresión de una clase por otra. Deben, en síntesis, abandonar la política. Pues bien, a ese partido que quiere eliminar la religión de la contienda social, transformar esta contienda social en contienda política, a este partido que,  no en 1789 sino en 1950, lucha contra la religión, contra el feudalismo y contra la opresión nacional, a este partido no se lo reconoce por socialista. Se le niega su condición de socialista. Se le dice fanático religioso, burgués nacionalista, fascista, facineroso, en una gama de críticas que tienen como hilo conductor la ignorancia y la contumacia.

 

El consuelo ante tanta basura no es, por supuesto, la religión. El consuelo está en la felicidad real. El impulso vendrá, no de las ilusiones, sino de la comprensión exacta de la estupidez de los detractores. Estupidez, pero no individual. Estupidez concentrada por una clase social, el gran capital financiero que simula, que conspira, que conjura y que volverá a conjurar para conspirar una y mil veces más para simular una y un millón de veces más que es lo único absoluto y no una formación transitoria que estamos barriendo, eliminando, día a día, y que aún persiste como sombra de la barbarie de los tiempos.

 

 

 

El Partido Ba’th y Socialista. El ateísmo.

 

No hay teórico de izquierda, sedicentemente comunista o troskista, o –ya no sabe uno como llamar a estas gentes sin identidad- que no se espeluzne cuando el Sr. Hussein invoca a Dios, mejor expresado a Alá en sus discursos o en sus conferencias. De allí deducen el carácter religioso de este Estadista. O mejor expresado, la convicción religiosa es puesta a priori para el análisis del devenir del Estado y del estadista.

 

Con todo, el Sr. Hussein no es ateo. No es tal. Pero, del mismo modo que con todo aquello que se le achaque, también en este caso debemos ir hacia la compresión y contra el ataque falaz y reaccionario. El Sr. Hussein no es ateo, no sólo por su convicción religiosa sino por limitaciones de Partido.

 

En este caso también nos será útil examinar la doctrina, la filosofía del Sr. Michel Aflaq al respecto.

En 1956 el Sr. Aflaq afirma:

 

“En consecuencia, el comunismo, a pesar de que a menudo alcanza una cierta profundidad, no es profundo bajo todos sus aspectos: en muchos casos se negativo. Ha observado, muy justamente por otra parte, que la religión en Europa se había convertido en un arma en manos de los opresores, de los explotadores y de los imperialistas, destinada a mantener al pueblo bajo el yugo de la explotación y de la esclavitud.

Esta observación era cierta, exacta y realista. El marxismo ha afirmado que la religión era el opio del pueblo, una droga, un veneno cuyo objetivo era hacer al pueblo incapaz de conducir una revolución. Ha convertido el ateísmo en una creencia, en un rechazo de todo aquello que supera el sector de las percepciones sensoriales. Eso es una visión subjetiva, cargada de prejuicios y de hosquedad, consecuencia de los sufrimientos debidos a la injusticia”. Michel Aflaq, página 66-67

 

La observación es genial y una verdadera crítica al comunismo grosero, brutal, tal como lo han conocido y sufrido los pueblos. El Sr. Michel Aflaq homologa  comunismo a marxismo (comunismo científico) y le hace un flaco favor al obscurantismo capitalista.

 

El marxismo es la Doctrina de Carlos Marx, y en la parte que nos ocupa es su primera división: el materialismo filosófico.

 

“La religión es el opio del pueblo” es, efectivamente, una frase de Marx que ha sido tomada como arma de propaganda y agitación contra la religión. Ella sigue siendo válida contra todas las religiones, incluida, por supuesto, la religión islámica.

 

El marxismo guarda con el ateísmo la misma relación que la que mantiene con el comunismo vulgar. Estamos con el ateísmo en tanto que éste parte de una base física, materialista, y niega la existencia de Dios como creador de la materia. Pero, el punto de partida del marxismo no es la negación de Dios. El punto de partida del marxismo es positivo. El hombre es el demiurgo. “El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión, y no ya, la religión hace al hombre”[3]

 

El marxismo no “ha convertido el ateísmo en una creación”. El marxismo es producto de una crítica  a la religión, por esa vía al Estado, etc. Pero también es producto de una crítica al ateísmo.

 

El comunismo grosero sí ha convertido el ateísmo en una creencia, en un rechazo de todo aquello que supera el sector de las percepciones.[4]

 

La crítica al ateísmo es la siguiente. Los materialistas vulgares pretenden que el hombre es un ser material no espiritual. Sobre esa base los ateos construyeron una explicación mecanicista o simplemente biológica de la creación.

 

El hombre no sería nada más que un animal que piensa. Su pensamiento sería un instinto más elaborado en contraposición al instinto animal. El acto humano de reproducción de la especie no sería un acto enérgico, un impulso, un conocimiento, una pasión o un amor, sino una reproducción tan sólo natural. El espíritu humano, la espiritualidad es negada. El mero sentido común rechaza tanta vulgaridad, y por esa vía se reintroduce la religión o el idealismo no materialista que, a ese nivel, refleja al sentido común, también al sentimiento, a las intuiciones y hasta las representaciones que los hombres se han hecho de sus formas de vida y reproducción de la vida y les ha proporcionado, dentro de una “sabiduría enciclopédica”, raíces filosóficas.

 

El fundamente teológico clerical cede ante el principio de la creación humana del materialismo filosófico marxista.

 

El marxismo sostiene que la verdadera creación humana tiene lugar cuando el hombre puede crearse o recrearse a sí mismo en la historia de su creación. Las ciencias naturales han comprobado que las posiciones congénitas en el antes arcano, misterioso y sagrado vientre de mujer, no son más que la reducción histórica del multimilenario proceso (y de sus fases) recorrido por el hombre desde su estadio celular hasta que se irguió en su porte humano.

 

Debe perder por eso el vientre de mujer  el misterio y lo sagrado? –Sí. Pero la compresión, eliminando el misticismo, hará del misterio, respeto. La compresión, eliminando lo sagrado, dejará paso a la admiración de la mujer y de la madre. Así, el hombre, ser histórico-social, será también un ser humano.

 

Y contra esta gente, contra este Partido Ba’th Arabe y Socialista que tiene entre sus fundadores a un teórico, a un pensador que no ha retrocedido ante lo grosero del fundamento ateo, y que ha reconocido por otra parte sus méritos, ante estos héroes, se atreve la ignorancia “occidental y cristiana”  a levantar calumnias e invectivas. Se atreven, pero no por marxistas, no por ateos, sino por iconoclastas de nuevo tipo, ignorantes de nuevo tipo, mezcla de comunistas con burgueses, residuos de una época que se va. Se va empujada por el coraje del muy noble pueblo iraquí!.

 

 

 

 

El Partido Ba’th y Socialista. El concepto.

 

Juzgamos desde el marxismo positivo. Desde la idea de la abolición de la propiedad privada general y desde la idea de la abolición del capital. Juzgamos, en síntesis, desde la idea absoluta, la Revolución Mundial para la eliminación del capital y la conservación de ese proceso de eliminación: El Socialismo.

1)En Filosofía. Observamos el vocablo inqilab y encontramos en él un concepto que empuja hacia el cambio. El cambio y no la identidad es la base del materialismo filosófico.

2)En el Programa. La constitución de la Nación Arabe. Un programa internacional que empuja, dentro de sus límites y teniendo como premisas estos límites, hacia la sociedad integral de las naciones.

3)En la posición general frente a la religión. El reconocimiento de una religión para todo el Estado árabe o la nación Arabe y, por ende, el carácter laico de ese Estado.

El laicismo es, políticamente, el dominio del pueblo sobre la religión. Esta posición general es la única viable para acompañar una transición de siglos, una lucha de siglos contra la religión sobre la base de las eliminaciones sucesivas y de las desapariciones integradas.

4)En la posición general contra el ateísmo. Es una consecuencia y un accionar consecuente en un partido socialista.

El ateísmo es una filantropía abstracta, por tanto no real, y que no impulsa hacia la acción. Es por tanto, en sí y por sí, antipopular. El ateísmo ha sido base, inducción, de todo libre pensamiento; vuelto sobre sí mismo y transformándose en ideología, es ferozmente antihumano y por tanto antisocialista.

Lo que es políticamente correcto es ideológicamente cierto. El ateísmo es la negatividad de la negatividad. Integrado como tal es falsa conciencia, ideología.

Lo que es políticamente correcto y lógicamente cierto suele ser primero en la historia. El comunismo de Owen comienza con el ateísmo materialista; el comunismo de Marx con el materialismo humanista de Feuerbach[5]

 

 

 

El criterio de verdad. La prueba por los hechos.

 

I – La República

 

Hemos partido del concepto. Vamos ahora a través de las tribulaciones, del sufrimiento de este partido, si es que el concepto pudo hacerse substancia a través de la política práctica.

El partido Ba’th apoya siempre a la fracción más afín con su objetivo “nacional”: La historia de sus persecuciones y de sus triunfos puede rastrearse en los aciertos y en los errores en la aplicación de esta táctica central.

El muy difícil arte de los apoyos a fracciones extrañas, el peligro y la acechanza de perder la propia identidad en este transitar, foguea a esta organización y la sustancia  como dirección ante su pueblo. La población es y será el sujeto de la política. Ante ese tribunal de la conciencia y ante la conciencia de ese tribunal, se mide la validez de una acción. Los límites entre el apoyo a las fracciones afines y el sostenimiento de un principio no los trazan los geometras, los miden los pueblos y los ejecutan los conductores.

Con todo, es la obra terminada lo que es de destacar. Un esfuerzo práctico de una década remata en el más colosal intento de organización desde la Revolución Francesa, y constituye el primer logro o la primera etapa del Partido Ba’th. La fundación en 1958 de la ya legendaria R.A.U. La República Arabe Unida.

La unión de Egipto y Siria, constituyentes principales de esta República, su influencia sobre el Líbano, la propuesta de unión a Jordania e Irak, es el acontecimiento de postguerra.

Los socialistas árabes realizan un objetivo internacional con una forma de gobierno que se corresponde. La República. La República no es otra forma de gobierno, es la entidad de tránsito hasta la eliminación definitiva del interés particular y del particular interés: el retrógrado estado nacional o nación. Es el medio de los fines.

La comparación no es razón. El conocimiento de los fenómenos hasta su quinta esencia es de buena lógica y base de exposición, pero al advocar la República Arabe Unida –hoy desaparecida e integrada como tal en el proceso de conservación social- hace irresistible la disgresión.

Observamos, es estos días, esa nefanda conjura, esa imbécil y hasta estúpida conspiración que presenta como una Alemania unida al aborto federativo burgués-comunista. Ante ese rejuntar y rejuntar de partes monstruosas, presentadas como progreso social, la sensibilidad no puede menos que detenerse a comparar. Comparación no es razón. Mil veces cierto. La razón, la idea, está en los pueblos. La idea de la República jamás ha estado nI estará en la endeble y criminal estructura sicotécnica de la raza de los depredadores y criminales imperialistas.

Decíamos más arriba que los límites de los apoyos prácticos a organizaciones políticas los trazan los conductores y los juzgan los pueblos.

El Partido Ba`th apoya a Gamal Abdel Nasser, líder de la R.A.U. Las limitaciones nacionales de este dirigente constituyen la base objetiva de la expansión del Partido Ba´th Arabe y Socialista. Allí donde Nasser  se detiene, el Partido Ba´th avanza. Los límites geográficos con que el dirigente político-militar egipcio tropieza, no son obstáculo para una organización constituida sobre los territorios de Siria, Líbano, Jordania e Irak. En un sitio u otro, los ba´ thistas son aliados inmejorables de cada régimen que apoye la causa de la Nación Arabe y siempre prontos en la crítica contra la debilidad en ese designio. Desarrollan, de este modo, una lucha política por eliminaciones, de todos los grupos o fracciones que se disputan el liderazgo del objetivo nacional democrático. Toda lucha de clases en una lucha política contra el enemigo interior de la idea internacional.

Así, el Partido Ba´th, una organización de pensadores muy similar a la que en Argentina constituyó F.O.R.J.A., va fogueándose con organizaciones socialistas y transformando sus métodos en revolucionarios.

El rompimiento de la R.A.U. en 1961, hará retroceder sobre las partes la idea internacionalista de la Nación Arabe.

Tanto en Siria como en Irak, en 1963 el Partido Bat`th toma el poder. En cada caso es el golpe de estado revolucionario, su método. Muy lejos han quedado los años en que Michel Aflaq peleaba un puesto electoral. El derecho electoral es reemplazado por el derecho heroico.

 

II – Irak. La Revolución social y las reformas. El dualismo[6]

 

A los efectos de este trabajo no consideraremos el desarrollo del Partido Ba`th sirio, convergente en la línea general con el de la “región” iraquí.

A la hora del golpe de estado Ba`th en 1963, es el General Abdul Karim Kassem el jefe de estado en Irak. Gobierna el país desde 1958. Accede al poder por un golpe de estado que acabó con la monarquía hachemita y constituyó una república basada sobre principios nacionalistas.

La monarquía derrocada es la Hachemita, una refracción político-religiosa de la clase terrateniente árabe, precisamente de la familia de los Housseins. Actualmente gobiernan Jordania. Gobernantes de Siria desde 1919 son depuestos por una conspiración francesa y reinstalados por los ingleses como monarcas en Irak. Previamente, el gobierno inglés trajo tropas desde la India y reprimió en forma sangrienta las poblaciones campesinas. Son la represiones de 1921. Tras ellas, el estadista imperialista Winston Churchill presidió una conferencia en El Cairo que determinó el futuro de Irak. En el verano de 1922 los campesinos se rebelaron nuevamente y una vez más fueron reprimidos por los británicos. La minoría kurda se alzó en 1924 y luego en 1930. Ambas tentativas tuvieron que soportar un nutrido bombardeo británico.

Los británicos, con la cooperación de Feisal Housseini, instauran el nuevo orden. Las tierras comunales son robadas. Los jefes tribales, convertidos en jefes de estados privados, reducen a los campesinos a la condición social de proletarios, semisiervos.

Irak es convertido en cliente de Gran Bretaña. En 1925 se otorgaron concesiones petroleras a la Iraq Petroleum Company (sociedad formada por la Anglo-Persian Oil Co., Royal-Deutch Shell, Compagnie Française des Petroles, Standard Oil de New Jersey y Mobil Oil).

La nueva clase gobernante se contentaba con controlar la agricultura. Disfruta así, de doble renta: Renta de la tierra y renta minera.

En 1935-36 los campesinos se alzaron en rebelión nuevamente. A cada insurrección campesina, una nueva represión. Es el ejército iraquí quien reprime ahora. El Estado burgués nacional, fundado por el imperialismo, ya es una refracción total con su propio ejército y con una única finalidad. El ejército es el brazo armado del capital financiero. El capital financiero es la tendencia sistemática a la rapiña y a la agresión.

Estas rebeliones campesinas coinciden con revueltas en Siria y Palestina. Con cada una de estas rebeliones se suceden desprendimientos de clase media que abandonan a la clase gobernante. Cada uno de estos desplazamientos forman los embriones de los futuros partidos políticos. Algunos de estos desprendimientos encabezan revoluciones a la “sudamericana” que no son otra cosa que el reflejo de la imposibilidad de resolver las contradicciones políticas emergentes de la revolución social. Estas revoluciones tienden a reformar el sistema vigente y solidifican con cada fracaso a la monarquía reinante.

Hay, sin embargo, un golpe que, por excepción, se dirige contra la clase gobernante. Es el de 1941 conducido por Rashid Alí al-Gailani, que se vincula con Alemania y expulsa a los Hachemitas. Inmediatamente, los británicos envían tropas y reponen a los Hachemitas. Derrota y nueva reorganización. La reorganización vincula a los nuevos desprendimientos con la izquierda. La intelectualidad nacionalista y revolucionaria se integra al Partido Comunista Iraquí. Los “demócratas honrados” forman el Partido Demócrata. El ala izquierda del grupo de Gailani se vincula al Partido Ba`th. Sólo el Partido Comunista hace un intento serio de vinculación con el movimiento campesino.

Una ola de huelgas sacude al país desde 1946 hasta 1948, en protesta por la creación del Estado de Israel. La “cuestión Palestina”, aun antes de llamarse así, emerge como el centro de gravedad de la Revolución Arabe.

En 1949 es asesinada la dirección revolucionaria del Partido Comunista. Este magnicidio contrarrevolucionario imprime a todo el desarrollo político un fuerte sello social. El Partido Comunista se fortalece políticamente tras el nefando asesinato de su dirección. En el martirio se forman las causas y éste es sólo efecto. Para 1952 el Partido Comunista gozaba de apoyo popular. En la relación con los otros grupos revolucionarios surgía como el único con apoyo amplio.

Es contra este Partido Comunista que se da el golpe de estado de 1958. del General Kassem. La aparente “revolución” democrática que Kassem encabeza y que elimina a la monarquía, es en substancia una contrarrevolución, necesitada de cubrirse con un manto progresista. Encubre, como no puede ser de otra manera, un hecho criminal: el magnicidio de la dirección revolucionaria del Partido Comunista Iraquí.

Hemos descripto, en parte, una revolución obrera y una contrarrevolución que se presenta como reforma. La categoría de dualismo es clave para la comprensión de regímenes como el de Kassem que tienen su origen en el principio deliberado de la conjura y la conspiración.

No es, pues, el acontecer histórico un mero encadenarse de las luchas y sus resultantes. Con ellas y junto a ellas, los programas, los partidos y sus direcciones, nos ofrecen la historia de un rico proceso que, aún en la acción criminal, muestra las huellas de un pensamiento político.

En el extremo de la revolución hemos rescatado de un profundo y siniestro olvido histórico, otro centro nervioso, el Partido Comunista de Irak. Este Partido es el demiurgo de la eliminación de la clase política-religiosa de los Housseinis. Acontece con los partidos comunistas, el quedar atados a su finalidad, la eliminación de las clases. Con esta conquista, se eliminan. La Historia, necesitada de olvido que también es memoria, lo integra en un lento y suave proceso de desapariciones. Y estas desapariciones, convertidas en figura lógica, son la clave para la compresión de este Siglo de Revoluciones.

La organización, en este caso el Partido Comunista Iraquí, que al hacer centro de su acción en la causa eficiente y necesaria en Irak, la eliminación de la monarquía, es la prenda de unidad en todo el proceso político.

La unidad es polo de la conservación dentro del estado, y en la historia, Kassem no actúa como un sustituto histórico, sino que al destruir físicamente a la organización que encabeza la unidad, es el “tránsito” hacia la conservación espiritual de todo el proceso. En la conservación se reúnen causa eficiente y causa final. Los pueblos no conservan organizaciones físicas sino que organizan su conquista en el acumular genético y espiritual. Kassem mismo es eliminado en esa, su eliminación. Pero es para aquella, tan sólo desaparición: la historia la  rescata y va creando el hecho lógico que separa la substancia de la apariencia. Kassem lo eliminado y el Partido Comunista lo conservado, muestran el triunfo del Socialismo como proceso de eliminación-conservación, y lo discontinuo, ENLAZADO LOGICAMENTE POR EL MOMENTO DE LA DESAPARICION, adquiere al momento de lo continuo.

Una  organización que reemplaza el correcto concepto de unidad del Partido Comunista de Irak sobre una base superior, toma su turno en la Historia. El necesario  limitado Partido Comunista iraquí es reemplazado por un partido que se propone una acción unitaria más vasta: la unidad árabe. Sin embargo, no es la diferencia en la extensión, en la cantidad, lo que prima entre un partido y otro. El Partido Ba’th tiene una característica inédita en toda la historia de las revoluciones;  incorpora como principio la idea de la conservación. Para el Partido Comunista iraquí, la unidad era una consecuencia política, producto de su justa lucha contra el enemigo de la Nación. Para el Partido Ba’th, la unidad es un principio que determinará las políticas.

No es la némesis de la historia la que encarga la eliminación de Kassem  a este Partido, sino la continuidad histórica entre los dos partidos. Las eliminaciones necesarias y el consiguiente proceso de desaparición entre 1949 y 1958, crean una lógica de acción política altamente eficiente en el Partido Ba’th. Pero, con todo, es el hecho anterior el que determina. Es la eliminación de Kassem –el eliminador-, nuevo momento y necesidad donde se fusionan causa eficiente y causa final. El Partido Ba’th, agente de la historia, cierra con su acción un proceso de 20 años. El Partido Ba’th es –en sí y por sí- conservación.

 

 

 

III – 1968, El Partido Ba’th Arabe y Socialista en el gobierno

 

En relación a nuestro objeto, la prueba inductiva, los hechos, que confirman una trayectoria socialista del Partido Ba’th, que una vez más atamos a nuestra definición de socialismo = eliminación de las clases, nada mejor que observar:

 

“La primera medida significativa  tuvo lugar el 18 de mayo de 1969 cuando despojaron a la antigua aristocracia terrateniente del poder de seleccionar la porción de sus tierras que podían retener al efectuarse la reforma agraria. Este privilegio, otorgado por una ley del año1958, había permitido que los terratenientes retuvieran las mejores tierras de sus antiguas posesiones y mantuvieran el control sobre la irrigación. Esta medida logró terminar efectivamente con el predominio de los terratenientes privados en la agricultura y también incluyó la cancelación del compromiso estatal de reembolsar a la aristocracia el valor de las tierras confiscadas. Al mismo tiempo, el gobierno anunció un programa de fortalecimiento de las cooperativas o granjas administradas por el estado. Una burocracia agrícola de expertos técnicos y de administradores controlaría las operaciones agropecuarias y su planificación, si bien se mantendría la propiedad de terrenos por parte de los campesinos. El objetivo de esta política se orientaba hacia el control centralizado más que hacia cualquier forma de control campesino”. Irak y Siria. Dos experiencias baathistas. John Galvani. Ediciones Periferia. Buenos Aires, 1974, Pág. 28-29.

 

No menos importante que esta eliminación de la clase terrateniente, rentista y parasitaria, es el proceso de reorganización agraria. El socialismo no debe verse solamente en su faz de negatividad. La positividad aparece como reorganización de acuerdo a un plan racional. Allí, también el plan es mérito de la dirección política.

 

“El proceso de centralización de la agricultura se profundizó a fines de 1970 con el anuncio de la constitución de consejos regionales que controlarían los servicios y la producción provenientes del las granjas. El gobernador de cada provincia (nominado por el gobierno central), encabeza el consejo, que está formado por burócratas y representantes de la federación de campesinos. Por sobre toda esta organización burocrática se encuentra el consejo agrícola supremo, estrechamente ligado con el organismo gobernante, denominado Consejo Nacional de Comando Revolucionario (NCRC)”.Ibidem pág. 29

 

“El gobierno baathista considera a los consejos agrícolas como un sistema para resolver los problemas diarios y movilizar mano de obra en las épocas de máxima cosecha”, Ibidem pág. 30-31

 

Estos dos hechos, la eliminación de la clase terrateniente y la reorganización agraria, hablan por sí solos y bastaría a nuestro objeto. Prueban que el Principio del Partido Ba’th no es una mera enunciación y que cambio profundo es efectivamente profundo cambio en la naturaleza de las cosas y allí se establece como verdad.

Nos falta, sin embargo, la observación y reducción del desarrollo de este principio de cambio profundo sobre el plano exterior. Un principio no es más que concepto sin substanciación en la materia que le es propio. Siendo el socialismo finalidad en nuestro caso, la perspectiva de análisis, del mismo modo que en lógica, necesita el principio universalizador. La revolución iraquí se traslada al plano exterior. Entra así, en la historia universal.

 

 

 

 

El Partido Ba’th Arabe y Socialista en su universalidad

 

 

El sionismo I

 

El tronar del cañón en Europa marcará la hora de los pueblos por su liberación. Tal la aserción de la IV Internacional en pre-guerra.

Quizás ninguna organización política ha podido reunir tan rigurosa previsión teórica en tan clara síntesis de belleza épica y literaria.

Una cadena interminable de nuevos estados nacionales refunda el universo de postguerra. Israel, el Estado de Israel, es parte de esta materialidad espectral. De la deformación de estos estados y de su dualismo en particular, nos hemos ocupado más arriba al observar el gobierno del General Kassem. La observación más general confirma estas características sea cual fuere el estado de postguerra que se analice. En el mayor nivel de abstracción, todas estas características pueden observarse aún en los estados o naciones imperialistas. Francia es el mayor exponente.

En toda materialidad espiritual está también su contrario absoluto. Lo no espiritual. El estado de Israel no presenta características de deformación o de dualismo, sino que surge como totalidad no espiritual. En filosofía, además de la materia –el ser- existe el no ser. El idioma alemán, el idioma de la lógica, contiene al no ser (Unwessen) como tal, que también significa monstruo, absurdidad. Un ser no objetivo y sin objeto alumbró  a la postguerra. El Estado de Israel no es el eco del cañón en Europa, sino carne de cañón arrojada allende fronteras tras la pausa final.

Los ba’thistas, el Partido Ba’th Arabe y Socialista, hombres de estado, han encontrado una expresión inmediata a la observación sensible con la cual definen al Estado de Israel. Para ellos, Israel constituye un “caso técnico contemporáneo” y no humano y  moral. La definición merece transformarse en arma de la agitación política, por su concisión y claridad. Ellos han aprehendido esa dura irrealidad en sufrimiento de décadas ante tan monstruoso objeto.

Retrocedamos, sin embargo, tan sólo a 1967. Los israelíes viven el delirio del  triunfo en lo que para nosotros –“occidentales”- es la Guerra de los Seis Días. Para el pueblo árabe es la “Derrota de Junio” de 1967. El 9 de junio de 1967 dimite y deja el gobierno de Egipto el difunto Gamal Abdel Nasser. Con él cae derrotada una conducción que no enfrentaba a lo no humano en esta convicción. En la periferia de los sucesos centrales, la fracción iraquí del Partido Ba’th se prepara para la toma del poder, sobre la base del gran acontecimiento. La derrota y la no victoria de un pueblo es la base de su próximo desarrollo. La conservación es y será la fuerza vital y espiritual que dimanará en unidad política.

Del 17 al 30 de julio de 1968 se desarrolló en Irak una Revolución Ba’thista. Esta revolución pasa casi desapercibida para la observación occidental. No tan sólo porque sus líderes eran casi desconocidos, sino también por la proverbial hipocresía  de los “poderes centrales”. Esta gente, que ya no es guía de nadie, es incapaz de prever. Dirigir es, en todo caso, prever. Y los dirigentes árabes-iraquies, se revelan desde el comienzo como hombres con un plan y con una previsión única. La aniquilación de los conjuradores y conspiradores.

Hamed Yusif Amadi, militante el Partido Ba’th, ha copiado de este modo el acontecimiento:

 

“Un día, el sionismo y sus aliados se despertaron aterrorizados ante la noticia de que se había ejecutado a los espías sionistas en público. Todo el mundo se estremeció. El sionismo se levantó contra Iraq…! Detengan las masacres en Iraq!…¡ Castiguen a Iraq!… Demócratas! Organizaciones de Amnistía Internacional! Naciones Unidas!. Los judíos de Iraq están en peligro… Los “fascistas” en Bagdad están sedientos de sangre!”

“Los acontecimientos fueron tan rápidos que sorprendieron a los encuentros y a las comisiones de los centros de espionaje, obligándolos a revisar sus valoraciones”. De la guerra de los seis días a la guerra en su octavo año. Hamed Yusif Hamadi, Pág. 61-62.

“De repente la Revolución pasó de ser un “cambio admitido” a un “cambio prohibido”. Las compañías petrolíferas manipulaban los recursos de Iraq, reduciendo sus producciones para así reducir las rentas del Estado, lo cual afectaba a la capacidad monetaria del estado para afrontar el desarrollo del armamento y los servicios.

Las compañías se vieron obligadas a entrar en negociaciones: pero la nacionalización del petróleo, el 1 de junio de 1972, cayó como un rayo sobre sus cabezas.

El 1 de Marzo de 1973 las compañías inclinaban sus cabezas.

El 30 de Junio de 1973 un pequeño grupo atrasado conspiró contra el Partido y la Revolución, pero no tuvo éxito. El 6 de octubre de 1973 Iraq manda a las tropas principales de su ejército a luchar contra “Israel” en una guerra en la que nadie le había invitado. Damasco se salvó de una caída segura.

Eso fue el colmo: los sionistas pidieron que se hiciera algo contra Iraq. El Sha de Persia se movilizó otra vez. Las tropas iraníes atacaron las posiciones militares iraquíes en la zona de Badra, lo que obligó a Iraq a presentar una denuncia al Consejo de Seguridad el 12 de febrero de 1974.

Henry Kissinger, el ex-secretario de estado del ex-presidente americano Nixon  arregló, preparó y abrió las puertas de los arsenales de armamentos americanos al Sha de Persia, y enviaba delegaciones al Barazan para que éste no aplicara el acuerdo de Marzo de 1970 que tenía que entrar en vigor el 11 de Marzo de 1974.

Se desencadenó una guerra feroz en el Norte de la patria, con la ayuda directa del ejército del Sha y de “Israel”, en la que el ejército y el pueblo presentaron sesenta mil víctimas entre mártires y heridos.

El Mando de la Revolución aprovechó unas circunstancias internacionales para llegar al acuerdo de 1975 con el Sha de Persia y terminar con la sublevación del Norte de la patria.

Los poderes conspiradores internacionales y el sionismo fracasaron en su intento de dañar a Iraq y a su mando”. Ibidem, página 63-67.

 

 

 

El sionismo II

 

Lejanos ya la Guerra de los Seis Días y el cenit del poder israelí, la memoria evoca el cretinismo apologeta de la prensa amarilla por aquellos días. Los judíos son el arquetipo del hombre-trabajdor-ciudadano y militar. Moshe Dayán no es ya tuerto, sino clarividente. Se lo compara con Edwin Rommel, y la guerra relámpago del Africa meridional es obscurecida por movimientos mecanizados que sólo son rápidos en tanto que arteros.

También la rapidez de los pillos es un pálido reflejo del artístico movimiento del atleta.

Los años, sin embargo, no han transcurrido en vano. En 1972, los fedayines realizan importantes acciones contra el Estado Israelí. Esta ofensiva militar se acompaña con la ruptura política y diplomática contra Israel, de la totalidad de los estados africanos independientes.

El 6 de octubre de 1973, Israel desencadena una ofensiva general sobre los estados árabes. Es la Guerra del Perdón. Se circunscribe a un duelo de artillería en los Altos del Golán. Quizás en esta batalla o combate deban buscar los futuros hombres de armas, historiadores militares, el embrión o célula que, desarrollado, se ha transformado en el concepto de guerra limitada o guerra contenida, caro –por estos días- a la confusa lógica de la seudociencia militar de los poderes centrales.

El saldo de esta guerra en una victoria “parcial” israelí. Es tan “parcial” como victoria. Se adueñan de algún territorio, pero se quiebra su equilibrio interior. En las alturas del Golán se estrellan los sueños israelíes de expansión militar.

¿Qué ha cambiado entre 1967 y 1973?. El dominio conceptual por los árabes del arte de la guerra y la artillería siria con tecnología soviética han sido la respuesta de los observadores empíricos. Es, sin embargo, la irrupción de los hombres nuevos en esta guerra, la que divide la razón entre las fuerzas. La prueba física es una y sólo una: El ejército iraquí concurre, por decisión unilateral y voluntaria, en apoyo de Siria. Esta voluntad, inteligencia y valor, salva a Damasco. Esta voluntad se llama solidaridad humana en humano esfuerzo dirigido. Contra este esfuerzo humano se estrella el malvado “hecho técnico contemporáneo”. La pérdida de la visión política, al pensar por cabeza ajena, será en adelante el no futuro sionista. Su esfuerzo se volverá su contrario. Este esfuerzo humano impregna, limita y trastoca, en adelante, todas las determinaciones –no humanas- del capital. Desde 1973 en adelante, el imperialismo hará de la conjura y la traición, no ya medio para la consecución de sus fines, sino principio al que subordinará los medios económicos, diplomáticos y militares. Más adelante veremos este principio en su desarrollo y su enlace con los nuevos adelantos tecnológicos. Por ahora nos basta mostrar su aplicación por el Estado de Israel que, en su retorcerse agónico, se revuelve y vuelve monstruoso.

 

 

 

El sionismo III

 

Contra el comunismo vulgar, ignorante y falaz, con Karl Marx sostenemos “la raza es también una fuerza económica”.

No venimos en procura de la comprensión de la raza judía en mérito a la Ciencia Antropológica Social, sino que caracterizamos con el principio de la sociología marxista: La lucha de clases. Así, observamos una magnífica raza que ha dado a la humanidad un Einstein, un Marx y un León Trotsky. Einstein en las ciencias físicas, Marx en historia y Economía Política, León Trotsky en la Teoría de la Revolución, son exponentes de la positividad de esta raza.

Tampoco observamos esta raza con el prisma de las ciencias naturales, sino con el Principio de la Teoría de Estado. El hombre en tanto que ser que piensa no es sólo ser natural, es también ser espiritual. Va de suyo que, al revés que en la naturaleza, el hombre está dotado con la facultad de obrar mal.

Son, sin embargo, las condiciones materiales, el cambio en las relaciones sociales, los que dan la clave del surgimiento del sionismo y su actualidad.

El dinero, su acumulación y préstamo, fue la actividad secundaria en las sociedades pre-capitalistas. El judaísmo, su agente principal.

Distintas son las cosas en el sistema capitalista. En él, cierta fracción en forma de capital-dinero, se separa y se vuelve autónoma[7]. Hubieron de pasar muchos años, de todos modos, para que Lenin –ese trabajador incansable por la felicidad de los pueblos- observase el rol de esa autonomía, la clasificara como superestructura (Concentración, economía generalizada Política) y eternizara el concepto de imperialismo.

El desarrollo y el no retraso de las ciencias físicas, económicas y militares, solicitó el concurso de hombres de la raza judía en su positividad. El desarrollo y no el retraso del capital industrial, la conversión de éste en capital financiero –fuerza inconmensurable en su solicitud- dio amanuenses, personificaciones de este sistema y, por fin, personas como los Baring, Rotschild, etc., otrora reyes de la Banca Internacional y sirvientes por el lucro y para el lucro de un sistema basado en el robo del trabajo ajeno. Y nada tiene de particular tal doble antitética solicitud. Así como esa raza fue una de las primeras en incorporar la enseñanza y la escritura como derecho de estado, fue la primera en comprender el rol del cambio y la necesidad del dinero como su medio. En esa doble conquista social, conservada ideológica y genéticamente por la raza judía, se encuentra el secreto de su potencialidad. Un pueblo culto, archiinteligente, que ha hecho de sus nervios resorte, y de su memoria, conservación. Solicitado por la fuerza de la historia es positividad.  Solicitado por su reacción, es negatividad. Pero no quedaremos sin un sí: como personificaciones del capital, individuos de esta raza son un verdadero peligro para la humanidad.

En la sombra y periferia de estos magnates de las finanzas antes mencionados, surgió toda una pléyade de funcionarios, de “estrategas” o pensadores de esta fracción o clase. Políticos o “teóricos” políticos de la clase del dinero. Esta clase es el sionismo. Así delinearon en el siglo pasado, “una  solución a la cuestión judía” que asociaba tres factores:

“A) El deseo de cubrir la miseria y el antisemitismo que aumentaba en Europa, por medio de la concentración en un territorio nacional cualquiera.

B) La nostalgia religiosa y mística, entre los judíos del Este, de un nuevo retorno de la Diáspora.

C) Las ideas sociales, bastante confusas, tendientes a establecer en el nuevo hogar nacional una sociedad socialista de trabajadores dedicados a la agricultura”

“El conflicto árabe-israelí. Una guerra fratricida entre semitas”. Uri avalpv. KL Ediciones, Buenos aires, 1967, página 16.

 

Teóricos del capital financiero cubrieron con un halo romántico la entrega de su propio pueblo a la voracidad de su clase bajo el seudo nombre científico de Sionismo, pretendiendo sentar doctrina. No es, sin embargo, la doctrina del Dr. Teodoro Herzl, la que actualmente conviene relacionar con las luchas del Partido Ba’th Arabe y Socialista.

Israel no es más pero tampoco menos que parte de esa fracción que desde Lenin hasta hoy se llama “el imperialismo”. El sionismo ya no se cubre con una máscara romántica sino que elabora, trama, conjura y conspira, en forma abierta, cínica y descarada. El sionismo degenera, del mismo modo que cambia de sede central. De Londres liberal al Washington tecnoburocrático, pueden rastrearse las huellas que van desde el imperialismo en su cenit, al imperialismo aherrojado y engrillado por la revolución Internacional.

El romanticismo hipócrita de un Herzl degenera y cede paso al cinismo de un Brezinski, asesor de Seguridad del Presidente Carter.

Veamos lo que acerca de este siniestro personaje nos dice Hamed Yusif Hamadi:

“Golpear de cintura para abajo

Este es el título de un famoso artículo de “Brezinski”, consejero de Seguridad nacional del ex-presidente Jimmy Carter.

“Brezinsky” es un judío de origen polaco que emigró a los Estados Unidos. Es conocido por sus tendencias sionistas, su defensa de “Israel”, su odio a los árabes y sus grandes intentos por vincular la seguridad de “Israel” a la de los Estados Unidos contra la Unión Soviética.

Brezinsky instó a rodear la Unión Soviética en una “Media Luna islámica” que comprendería Afganistán, Paquistán, Irán, Turquía y los países árabes, aunque no precisó cuáles.

Dice que hay 54 millones de musulmanes soviéticos de las Repúblicas Soviéticas meridionales y que la Seguridad Nacional de los Estados Unidos requiere que esta ola religiosa (radical) cruce y golpee a este estómago frágil para socavar la seguridad de la Unión Soviética de una parte, y para detener su posible hegemonía a Irán, Turquía y Paquistán. Todo esto impresiona a los americanos y tuvo una gran acogida en los medios enemigos y fanáticos antisoviéticos.

Observen que Brezinsky no habla en su informe sobre el conflicto árabe-israelí, sino que instó a avivar los movimientos religiosos dirigiéndolos hacia otros objetivos.

Todo lo que ha dicho Brezinsky no es un secreto, sino que está publicado, pero lo que no está publicado y declarado, es otra cosa.

Para ejercer este plan, empezaron los movimientos sectaristas y algunas alas religiosas dirigidas por agentes sospechosos, a ejercer sus actividades de sabotajes en el Norte de Africa, Egipto, Sudán y el Oriente Arabe.

Eligieron Líbano en 1975 como un laboratorio para ejercer este horrible plan.

Eligieron este país árabe donde coexistían sectas y comunidades maronitas, sunnies, chiíes, drusos y palestinos armónicamente, un país que fue también una tribuna libre para distintas tendencias políticas y culturales.

Una etapa del plan ha sido realizada. Lo convirtieron en un país destrozado y lo hicieron pedazos.

La segunda etapa es dividirlo en pequeños estados, “y es un asunto que los tiene absorbidos día y noche”. “De la guerra de los seis días a una guerra en su octavo año”. Hamed Yusif Hamadi, página 101-104

 

“La revista de las grandes compañías americanas “Fortunas”, publicó en 1975 un largo artículo sobre los corruptos administrativos en Irán, además de una serie de consejos para los hombres de negocios y las compañías americanas sobre el tratamiento a los responsables iraníes, así como una lista de experiencias y descubrimientos de una serie de compañías que trabajaban allí.

Más aún. Carter declaró en su mensaje dirigido a la nación en 1976, en el Congreso Americano, que él era “el protector de los derechos humanos en el mundo”.

Algunos interpretaron la actitud americana hacia Irán como que los Estados Unidos estaban enfadados con el Sha por su papel en la duplicación de los precios del petróleo y por querer establecer un imperio a fin de convertir a Irán en una gran potencia.

Pero la realidad no era así. El plan de “Media luna Islámica” necesitaba un régimen y un país radicales que consolidaran las oleadas religiosas y las sectaristas fanáticas, que levantaran sus “cabezas” en la zona, para ponerlos bajo la tutela y la dirección de dicho régimen..

Más tarde, en 1977, el presidente Carter decidió la supresión de las subvenciones anuales a los “mullas” iraníes. Estas subvenciones pagadas anualmente por la CIA llegaron a 400 millones de dólares desde el derrocamiento del gobierno de “Mussaday”.

Todo esto fue revelado por el informe escrito por Daniel Rose en la revista “Today Magazine”, en marzo de 1980, basándose en el testimonio de seis de los agentes de la CIA”. Ibidem, página 105-108.

 

Tan lúcida síntesis nos exime de mayor comentario y nos permite concluir.

Desde 1973 en adelante, desde los combates en los Altos del Golán hasta nuestros días, hemos mostrado las limitaciones del Imperialismo como ente contrarrevolucionario, refiriéndolas a una de las refracciones de esta clase: el Sionismo, obligados, en parte, por la índole de nuestro trabajo y en parte porque el estudio de esta refracción muestra la conjura y conspiración y a sus inspiradores. Los cerebros de la conspiración y la conspiración intracraneana conspirando. La conjura y la conspiración, llevadas de este modo a principios centrales en la lucha contra la humanidad, son producto y resultado de las limitaciones del Imperialismo. Vemos que el Imperialismo internacional y cosmopolita de los tiempos del Dr. Teodoro Herzl, sionista romántico, se ha judaizado en los tiempos que corren, cediendo paso a los “tácticos” cínicos y despiadados.

Los mismos métodos de conjura y conspiración se aplican sobre todos los países del orbe. Es la conjura y conspiración contra los Principios de la Revolución, el rasgo principal y el centro de gravedad escogido para sus ataques. La extensión en escala planetaria de estos métodos, su repetición sin pausa, han derivado en una serie de normativas calcadas de la repetición de las experiencias y registradas por la informática. La conjura y la conspiración son, hoy por hoy, juegos de alta política a través de computadoras multiusos. La clase de los estrategas sionistas de postguerra toca a su fin, tal cual toca a su fin el hecho técnico contemporáneo: el Estado de Israel.

La informática los ha reemplazado. Los adelantos científico técnicos han sido desde siempre, en substancia, letales para los reaccionarios. En el otro polo de la relación, en el campo de la humanidad, lo sensible y la representación, volviendo sobre sí los sufrimientos, produce en paralelo a la informática y en contraposición a la maldad, un individuo multiinformado y omnisciente. Contra él se estrellan intentos conjuradores cuyo accionar hipócrita muta en ridículo. Los pueblos ríen cuando el pasado se va.

 

 

La Guerra Irak-Irán

 

La reducción cualitativa del conflicto Irak-Irán, una guerra que costó un millón de muertos durante un tiempo de ocho años, debe enlazarse, con carácter de necesidad, con la Revolución en Irán.

Dejemos hablar a Hamed Yusif Hamadi –autor antes citado- que sobre la revolución en Irán, observa:

 

“A principios del año 1978 estalló la situación interna de Irán; comenzaron las huelgas y las manifestaciones de masas. Se extendieron los actos de violencia en todo el país. Participaron en estos actos todos los movimientos y las corrientes políticas de oposición; liberales, comunistas tanto prosoviéticos  como prochinos, marxistas, grupos islámicos influidos por el marxismo y otros movimientos religiosos.

Todos estos grupos trabajaban clandestinamente, pero, a causa de sus actividades políticas directas con los pueblos iraníes, necesitaban una cobertura religiosa como necesidad técnica urgente para cambiar el régimen y agrupar al pueblo en esta vía.

Después de la salida del Sha, siguiendo el “consejo” de los Estados Unidos, los medios religiosos, hombres de religión, incluso de los considerados fieles al Sha o a los poderes extranjeros, aprovecharon la oportunidad de la cobertura religiosa de la oposición iraní, y dirigieron las corrientes de masas, desviando la Revolución de una nacionalista progresiva a un sistema religioso sectarista atrasado.

La caída del Sha tuvo un eco grande, Todo el mundo sabe que el Sha era un gobernador tirano, que anuló todos los partidos, las instituciones y las actividades políticas. Su régimen era capitalista y semifeudal. Saquearon toda la riqueza del país un grupo de familias e individuos de la familia real, mientras la mayoría del pueblo vivía en un estado de pobreza, paro y de atraso.

Se extendió masivamente la corrupción económica y moral. El Sha, su familia y la clase en el poder participaron de esa corrupción de una manera tal que provocaron las iras del pueblo iraní.

Estas situaciones crearon un estado peligroso de desequilibrio social. El Sha intentó hacer triunfar la tendencia de la nacionalidad persa sobre las otras nacionalidades de una manera directa.

El nombre de Irán fue una invención del padre del Sha en el año 1935, y significa “país de los arios”, antes se llamaba “país de los persas”. De esta manera, intentaba agrupar a todas las nacionalidades. Aderhejani, Kurda, Blushi, Arabe y Persa, alegando que fueron de raza aria.

El padre del Sha perseguía, a  través de esta casta aria diversificada el fusionar estos nacionalismos para que no reclamaran ningún tipo de autonomía o separación del país persa. cualquier demanda en este sentido se enfrentó a medidas más crueles y violentas.

Pero cuando cayó el Sha, el nuevo régimen incluyó esta casta aria en otra más grande, la casta Islámica, para consolidar de esta manera el cerco contra estas nacionalidades.

En las dos castas, la aria y la islámica, la nacionalidad persa fue la que predominó. Su lengua fue la oficial, a pesar de que representa el 40% de la población.

Por eso no es de extrañar que tras la normalización de la situación de Jomeini y su grupo de persas, fueron aniquiladas las personalidades religiosas que habían ayudado al comienzo de la Revolución, como “Ayatolla” Shariat Madarí, de nacionalidad Aderhejani, Hojat Al-Islam al Huseini, de nacionalidad kurda, y Hojat al-Islam Kajani de nacionalidad árabe.

La nueva constitución de la República Islámica prevé que el Presidente del Estado debe ser de nacionalidad persa y religión shií.

Desde las primeras semanas de la Revolución, las otras partes que participaron en la misma empezaron a oponerse a la transformación de Irán en un estado religioso a la manera de Jomeini y  el partido de la República Islámica.

Jomeini insistió en lo que denomina “Wilayet al-Faquih”, el poder jurisprudente, para agarrar todos los eslabones del poder en Irán.

Así derrocó el gobierno de Bazerkan, destituyó al presidente de la República Beni Sadder, y estableció una institución de opresión terrorista: La institución de los guardias de Jomeini.

De este modo, el régimen mostró su naturaleza fascista. Las prisiones iraníes se llenaron de detenidos y se dirigieron sangrientas represalias contra la organización “Mujahedin Kalq”, que había desempeñado un papel principal en la Revolución.

Se cometieron los crímenes más horribles contra mujeres, niños y hombres y se practicó la tortura más cruel y en público.

Más tarde, sus campañas de tortura se volvieron contra el partido comunista iraní, “Tudda”, que había llevado a cabo con él una alianza oportunista en espera de una situación táctica favorable para apoderarse del poder”. Ibidem, página 129-135.

 

La mera lectura del autor citado muestra la revolución y sus componentes, el principio del contrario, la conjura y la conspiración, el dualismo como medio, la eliminación del Sha como expresión de la necesidad, la eliminación de los comunistas por el régimen dualista del Komeini, etc.

Debemos detenernos, sin embargo, sobre un aspecto: el carácter antiimperialista del gobierno de Komeini. Hacia el sentimiento herido de la población, es propio de una contrarrevolución antiobrera y antipopular , verse necesitada de vestir ropajes anti-extranjeros. El identificar al imperialismo como Satán, es simplemente el correlato clerical y fanático del siniestro designio. Más allá de su utilización contrarrevolucionaria fronteras adentro, no todo es, sin embargo, simulación y engaño. El enfrentamiento directo con los norteamericanos –toma de rehenes de funcionarios norteamericanos desde noviembre de 1979 hasta enero de 1981- y la ridícula invasión norteamericana a Irán por aquellos entonces, van más allá de artilugios o simulacros. Son hechos que copian procesos económicos contrapuestos, intereses en juego que terminan relaciones entre estados. No pueden, por su distinta naturaleza, provocarse y muchísimo menos explicarse, desde la política interior. Estos intereses en contraposición dimanan de la lucha del Estado iraní por la renta territorial, específicamente minera o petrolera.

La propiedad territorial supone que ciertas personas poseen el monopolio de determinadas porciones del planeta, de las cuales pueden disponer según su voluntad particular y exclusiva.

Con más de la mitad del suelo –1.648.000 km2- clasificado como incultivable y sólo un 15% dedicado a la agricultura, los recursos minerales generan el 95% del total de las exportaciones. El petróleo genera ingresos en monedas fuertes, básicas para el desarrollo del Estado, y a la vez, “piedra de la discordia” de las distintas clases por el reparto de la renta nacional petrolera.

Un recurso de esta naturaleza, ligado directamente al mercado mundial, es en realidad de verdad, lo menos “territorial” o “nacional”. Con todo, el proceso económico mundial es, por su esencia, movimiento. En ese sentido, solamente visible para la ciencia económica[8].

Muy distinto transcurre este proceso y sus fases en la conciencia de sus actores.

Particularmente, el Sr. Komeini se manifiesta como muy celoso de la custodia de la propiedad territorial. Hasta donde nos es posible rastrear su historia, en 1953 apoya al Frente Nacional de Mosadegh. Mosadegh intenta una nacionalización del petróleo y es depuesto por una conspiración de carácter internacional. No obstante, el interés general de todas las clases por la renta minera sigue su curso y se abre paso. En 1954 se reglamenta la cuestión petrolera. EL Estado Iraní hace fuerte el derecho de propiedad de yacimientos e instalaciones, y un consorcio internacional extrae el petróleo y usa las instalaciones. Sin la ideología comunizante de Mosadegh, peligrosa en tanto convocante revolucionario, un orden entre los derechos del terrateniente y del capitalista petrolero es restablecido.

El mercado mundial, muy lejos de las tribulaciones de la política interna iraní, consolida este orden. La producción mundial de plusvalía –en constante ascenso-, dimana rentas crecientes para los dueños de una porción del planeta.

En un movimiento yuxtapuesto, la lucha política en Irán se aquieta y adquiere visos de una serena inquietud. Transcurre una década larga de bonanza económica. El proletariado mundial continúa lenta pero inexorablemente su trabajo de “topo” revolucionario. En la superficie sólo se aprecian legiones de obreros disciplinados y sin rasgos contestatarios. Los intelectuales apologetas del lucro incesante hablaban, por aquel entonces, del triunfo del neo-capitalismo. La sociedad era llamada la “Sociedad de consumo”. Decían, como siempre, que ambas circunstancias daban mentís absoluto a la Doctrina Económica de Carlos Marx, y demostraban, una vez más y para  siempre, la muerte del Socialismo.

El desarrollo económico en Irán se acrecienta día a día. Ni siquiera el terremoto de 1968 en Jerasan consigue frenar el desarrollo económico nacional.

El dinero de la renta petrolera alcanza hasta para construir partidos democráticos al estilo occidental. El oficialismo se manifiesta a través del Partido del Nuevo Orden, que obtiene mayoría parlamentaria.

Plusvalía en las metrópolis, garante de la tierra en algunas porciones del planeta, sólo esconden apropiación y robo del trabajo ajeno. Apropiación de fuerza humana que es compelida como siempre hasta el límite. Este límite es y será la reproducción de la vida. La vida misma, aún en sus manifestaciones más sensibles, fue puesta en peligro por esta “raza” de apropiadores de post-guerra. La nueva generación, la generación del 60, es puesta en la disyuntiva: Rebelión o muerte. O condenados a muerte en un mundo dirigido, o vivir por un mundo imaginado. La revolución se alojó, durante la década, en la conciencia y en la representación. Por eso, en Mayo de 1968, reapareció exultante en el exuberante París, como un sólo corazón y con una sola consigna: “La imaginación al poder”. Un año después, en mayo de 1969, en la patria argentina estalla “El Cordobazo”, nuestro “Mayo francés”. Una nueva generación sale a templar su espíritu en el fuego de la insurrección. Sale, también, en busca de una nueva moral con la que hoy –20 años después- está construyendo una nueva Etica y un nuevo Derecho.

Consecuentemente, la plusvalía baja en las metrópolis  y la renta (su producto positivo) baja en esa porción del planeta llamada Irán. Se acrecientan, de ese modo, los sufrimientos, y en ese tormento, la pasión anticapitalista y antiimperialista. Hasta el muy “noble Rey de Reyes”, guardachanchos Sha de Irán –Sr. Mohamed Rheza Phalevi- presenta en esa etapa arrestos de celoso defensor del precio del petróleo. Con todo, los precios del petróleo son declinantes desde 1973 hasta 1978. Declinan en un 15% en términos precisos. La ley del valor de Marx se abre paso, mal que le pese a la conciencia o mala conciencia del terrateniente iraní que piensa, quizás, que el subsuelo es rico porque lo pisa, y como lo que pisa es rico, piensa con sus pies.

Tal vez sea el caso tratar aquí este tipo de antiimperialismos, en mérito a la lucha necesaria, imprescindible, contra el liquidacionismo de izquierda. Existen en todas las capitales políticas occidentales, tanto en París como en Buenos Aires, agrupaciones políticas comunistas o trotskistas, que no son, en el mejor de los casos, nada más que una fracción del Partido o gran Partido mundial de los demócratas puros. Presentan y sostienen ideales de alta pureza que hoy, por la fuerza de las cosas, deben reivindicarse bajo formulaciones comunistas o trotskistas. Grítese en alguna parte del mundo contra el imperialismo, que esta fracción le hará coro. Como al fin, el imperialismo no tiene, en sí y por sí, nada de puro en la relación con ellos mismos, la izquierda se convence de estar diciendo grandes verdades y realizando gran agitación en beneficio de la humanidad.

Este movimiento sin fuerza política pero de gran poder de obnubilación teórica, en tanto compuesto por intelectuales, profesores, etc., en fin, -la “intelligentzia”- se transforma en un obstáculo, y más que en un obstáculo, en un estorbo para el desarrollo social.

Describimos a este partido en su estado puro o aisladamente a los efectos de llegar hasta su mala conciencia, y en ese marco lo llamamos “El Partido de los Demócratas Puros” bajo formas comunistas o trotskistas. Pero, nada existe aisladamente, ni en la naturaleza ni en la historia. En la política general son permitidos y alentados por los centros del poder como válvula de escape a la presión juvenil y para el control de la intelectualidad. Más precisamente, para crear un tapón que impida la unidad entre la intelectualidad y los oprimidos. En esta etapa, cuando la conjura y la conspiración es la cuña principal del poder central contra el pueblo, estos elementos se transforman de obstáculo serio en peligro letal. De frangolladores en liquidadores. De inconscientes en criminales. Así como en su momento vieron costados “progresivos” en la codicia sin medida de los terratenientes petroleros iraníes, hoy, contradictoriamente, han llamado capitalista al Sr. Sadam Hussein, y han tenido la impudicia de comparar el Jefe de Estado iraquí con el tristemente célebre “luchador antiimperialista” y opresor del pueblo argentino, General Leopoldo Fortunato Galtieri[9].Impudicia? ¡No! Es insidia que sólo puede ser concebida por la maldad en sí y por sí. Señores de izquierda, izquierda de un sistema que nos oprime y nos mutila, nos escarnece; Señores Diputados de izquierda, Sr. Zamora y Sra. Díaz, agentes del capital para la liquidación del socialismo: Habéis rebasado la copa. Hemos bebido la hiel de la traición y de la conjura, pero no toleraremos que amén de ser escarnecidos como socialistas también se nos rebaje a nosotros y a nuestro pueblo como argentinos. Se compromete a la nación, atacando e infamando la figura de un Jefe de Estado: de un Estado en guerra contra la monstruosidad antihumana. Y la Nación toda os pide cuentas, ante el tribunal internacional que se aloja en el corazón de todo argentino que alienta esperanzado el triunfo del mando iraquí, en la clara conciencia de que está allí el centro de gravedad de la lucha que día a día libra fronteras adentro, os estamos denunciando.

Debemos volver, sin embargo, al terrateniente iraní, rico en petróleo ya que no en dotes intelectuales. El “vive” de la renta del petróleo. El extinto Sr. Komeini, en paz descanse ya que con su  ausencia en paz descansan los pueblos, fue, más allá de su obnubilación clerical, el mejor exponente de la codicia y de la envidia de esta clase.

Obtenido el poder, buenamente quiso gozar de las rentas petroleras. En 1979 nacionaliza el comercio exterior. Da cima, con estas medidas, a todo el arsenal de control que en un marco nacional es posible para mejor contener el apetito del comprador fronteras afuera, en su imagen Satán y, en buena conciencia, nada más pero tampoco nada menos que los precios de monopolio. Tiene todo el Sr. Komeini, lo que no tiene es petróleo. Por lo menos no lo tiene en la cantidad necesaria para convertirse en el referente o factor importante en el regateo de la plusvalía mundial. No lo tiene porque las huelgas obreras, que son la base de la Revolución iraní, que van desde 1978 a 1979, desarticulan la producción petrolera, una producción petrolera que siempre estuvo sujeta a precios de monopolio, y una producción petrolera en parte obsoleta por la desinversión constante de las empresas que “usan y abusan” de las instalaciones como es de buena ley en toda producción capitalista. Y por más que el Sr. Komeini es un sabio jurisprudente, no puede menos que observar que las normas de derecho por él pensadas con ayuda teológica, para el mejor reparto de la renta petrolera, durante años y años de opositor político, no son nada si nada tiene para repartir.

Con todo, si él no tiene petróleo, el vecino sí lo tiene. Si Irán no lo tiene, Irak si lo tiene.

El antiimperialismo del Sr. Komeini se vuelve en su contrario. El Sr. Komeini, en búsqueda del negro oro, se redescubre antisocialista, Satán en Occidente e Islámicos laicos, heréticos y socialistas, en su frontera vecina, son los entes exteriores de su dualística visión. Doble visión y doble acción que encubren un único objetivo: el robo del trabajo ajeno. Otras dos condiciones se le dan por añadidura. Si el Sr. Komeini al acceder al poder no ha encontrado petróleo, ha heredado, sin embargo, un poderoso ejército. ¿Es qué acaso no formó ese ejército su antecesor, como poderoso baluarte contra el comunismo internacional? ¿No se gastaron en él, buenamente, buena parte de las rentas petroleras? Tendrá, pues, este ejército que resarcir a él y a su clase de la renta perdida. Este ejército es el reservorio de los ahorros nacionales de la clase terrateniente. A los ahorros hay, pues, que acudir cuando ya no hay producción. ¡A Bagdad, que siempre fue nuestra!.

El Sr. Komeini no tiene petróleo y tiene un ejército preparado y condicionado para el robo del trabajo ajeno, por décadas de formación a ese fin. Es la ocasión para mostrarse generoso y utilizar la segunda condición: la pasión y el ímpetu del pueblo iraní, despertado por la Revolución del letargo en que lo sumió la infame tiranía. desvirtuar esa revolución, destruir esa pasión y ese ímpetu, es su objetivo político, pero, pocas veces en la historia, podrá encararse un objetivo tan ruin y nefasto en tan dualista estrategia: Desencadenar las fuerzas de la revolución social contra una República Socialista.

Lo que sigue es historia reciente. La victoria de la República Socialista, la derrota de Irán.

Quedaría para la naración, el combate mismo. El duelo de cohetería. La guerra como hecho militar. También el hecho menudo, pero eso… para los trasquiladores. Para nosotros, la hora de poner fin a la reducción de acuerdo a nuestra premisa ha llegado.

El pueblo iraquí, su ejército, su mando y su partido, han obtenido una victoria social sin magnitud. Han puesto freno a la codicia sin medida del terrateniente petrolero y han aniquilado para siempre a la quizás última clase política-religiosa del Universo.

El socialismo, causa eficiente, para la acción no es necesidad ciega sino necesidad comprendida, causa final.

Tras la guerra, el muy noble pueblo iraquí ha erigido 90 estatuas que recuerdan a los 90 comandantes muertos en la guerra de los 8 años. Esas figuras gigantescas en la medida escultórica, tienen cada una su mano extendida y su índice señala acusador hacia Irán. El gesto escapa de la piedra gigantesca volviéndose serena magnitud.

Hemos dirigido a nuestro pueblo y hemos muerto con él y por él, pero lo hemos hecho con conocimiento de causa, e inmortales señalamos al mal, parecen decir estas figuras.

Y efectivamente, esta guerra ha unido causa eficiente y causa final. La libertad es y será la facultad de definirse con conocimiento de causa. Ella es finalidad.

 

 

ALEGATO

 

Fechamos lo antes expresado el dos de enero de 1991. El día diecisiete un infierno de fuego se desencadeno sobre la milenaria Bagdad. El mismo día diecisiete, el diario “Clarín” de Buenos Aires, con meditado sadismo, expresaba que “Los niños insomnes de Bagdad no mirarán las estrellas por muchos años”. El mismo diecisiete, el Sr. Hussein ha proclamado que se inicia la madre de las batallas. Ella nos marca un nuevo tiempo. Libertad no podrá entenderse desde hoy en más, sino en el plano temporal. En ese nuevo tiempo, ya nadie mirará las estrellas por muchos años; cada uno será una estrella, cada uno producirá su tiempo. Ya no habrá sólo aurora y ocaso. Entre la una y el otro, millones de seres ven hoy que cuando golpean Bagdad, golpean el alma. Pero el alma real que golpean es, hoy, separada en un juicio recto. El mundo se nos hace exterior. El dolor sólo es un hábito del sentir. El sujeto excluye de sí la totalidad de la maldad. El alma se hace conciencia. Ella sabe, ahora, donde está el alma del adversario. El espíritu como verdad lo determina como lo malo. La decisión no será tan sólo social, no será tan sólo política. Ella toma una dimensión omnicomprensiva. En esta magnitud, el enfrentamiento será temporal. El socialismo mostrará, ahora, el perfil de las mejores partituras. No sólo habrá como hasta hoy, unidad en el espacio. No sólo habrá como hasta ayer, unidad en la acción. En el futuro, se desplegará en unidad de tiempo. En los albores del siglo XXI, el drama revolucionario está haciendo de sí un caso particular de descripción. La revolución no será ya un principio y un programa, será también una estética. Los niños de Bagdad y de todo el mundo jugarán con estrellas.

 

El Partido Ba’th Arabe y Socialista

Buenos Aires, 02-01-1991


[1] “El comunismo, por fin, es la expresión positiva de la propiedad privada abolida, y, en primer lugar, la propiedad privada general. Aprehendiendo esta relación en su universalidad, el comunismo:

1. Sólo es en su forma primera una generalización y una consumación de esta relación; como relación consumada, aparece bajo un doble aspecto: por una parte, la dominación de la propiedad material es tan grande frente a él, que querría aniquilar todo aquello que no es susceptible de ser poseído por todos como propiedad privada; quiere hacer por la fuerza abstracción del talento, etc. La posesión física directa es para él la única finalidad de la vida y de la existencia; la categoría de obrero es, no suprimida, sino extendida a todos los hombres; la relación de la propiedad privada sigue siendo la relación de la  comunidad con el mundo de las cosas. Por último, este movimiento, que consiste en oponerle a la propiedad privada la propiedad privada general, se expresa en esa forma bestial en que se opone al matrimonio (que es, ciertamente, una forma de la propiedad privada exclusiva) la comunidad de las mujeres, en la que la mujer se convierte, pues, en una propiedad colectiva y común. Puede decirse que esta idea de la comunidad de las mujeres constituye el secreto revelado de este comunismo aún muy grosero y muy irreflexivo. Así como la mujer pasa del matrimonio a la prostitución general, todo el mundo de la riqueza, es decir, el mundo de la esencia objetiva del hombre, pasa de la relación del matrimonio exclusivo con el propietario privado a la de la prostitución universal con la comunidad. Este comunismo –que por doquier niega la personalidad del hombre- sólo es, precisamente, la expresión consecuente de la propiedad privada que es esta negación. La envidia general, que se constituye como poder, es la forma disimulada que adquiere la sed de riqueza y bajo la cual no hace sino satisfacerse de otra manera. La idea de toda propiedad privada como tal se vuelve por lo menos contra la propiedad privada más rica, en forma de envidia y gusto por la igualación, de manera que estos últimos constituyen incluso, la esencia de la competencia. El comunismo grosero es sólo la consumación de esta envidia y de esta nivelación al partir de la representación de un mínimo. Tiene una medida precisa, limitada. Hasta qué punto esta abolición de la propiedad privada es casi una aproximación real, la prueba de ello  precisamente la da la negación abstracta de todo el mundo de la cultura y de la civilización, por el retorno a la simplicidad contraria a la naturaleza del hombre pobre y sin necesidad, que no sólo no ha superado el estadío de la propiedad privada, sino que ni siquiera ha llegado aún a él”. Manuscritos de 1844. Carlos Marx. Ed. Cartago, Bs.As., 1984, página 129.

[2] Filosofía del Derecho. G.F.Hegel. Juan Pablos Editor, México, DF, 1980, página 8.

[3] Ibidem, página 7.

[4] “La alienación religiosa, como tal, sólo ocurre en el campo de la conciencia, en el fuero íntimo del hombre; pero la alienación económica es la de la vida real –su supresión abarca, pues, uno y otro aspecto. Es evidente que en  los distintos pueblos el movimiento adquiere su primer origen según la verdadera vida reconocida del pueblo se desenvuelva más en la conciencia o en el mundo exterior, según sea más ideal o real la vida. El comunismo comienza en forma inmediata (Owen) con el ateísmo. El ateísmo está en sus comienzos muy lejos aún de ser comunismo, así como el ateísmo es, más bien, todavía un abstracción. La filantropía del ateísmo sólo es, pues, en un principio, una filosófica abstracta; la del comunismo es inmediatamente real y directamente tendida hacia la acción (Wirkung)”. Manuscritos de 1844. Carlos Marx, Ed. Cartago, Bs.As., 1984, páginas 132-133.

[5] “La gran acción de Feuerbach consiste en: 1º haber demostrado que la filosofía no es otra cosa que la religión puesta en forma de ideas y desarrollada por el pensamiento: que la filosofía sólo es otra forma y otro modo de existencia de la alienación del hombre, por lo tanto, que es igualmente condenable; 2º haber fundado el verdadero materialismo y la ciencia real al hacer, igualmente, de la relación social “del hombre con el hombre”, el principio básico de la teoría”. Ibidem, página 172.

[6] El material de ciencias colectoras de este apartado es copia casi literal de “Irak y Siria. Dos experiencias Baathistas”. John Galvani. Ed. Periferia SRL, Bs.As., 1974.

[7] “El dinero efectúa movimientos puramente técnicos en el proceso de circulación del capital industrial y –ahora podemos agregarlo- del capital comercial, dado que éste se ocupa de un parte de la circulación del capital industrial, parte que convierte en su propio movimiento. La transformación de dicho capital en capital financiero la llevan a cabo esas operaciones que, al volverse autónomas, se convierten en la función de un capital particular. Este último realiza tales movimientos, y sólo éstos, como operaciones que le son propias. En este caso, una fracción del capital industrial, y también del capital comercial, existiría, n o sólo de manera permanente en forma-dinero, como capital-dinero en general, sino como capital-dinero que se encarga de esas funciones técnicas. Cierta fracción en forma de capital-dinero, se separa, pues del capital total y se vuelve autónoma”. . El Capital, Carlos Marx, Tomo III, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1987, Página 328.

 

[8] “Como el capital es valor que se valoriza, no sólo implica relaciones de clase o un carácter social determinado, basado en la existencia del trabajo como trabajo asalariado: es un movimiento, un proceso cíclico que pasa por distintas etapas y que a su vez implica tres formas diferentes de dicho proceso. Por eso sólo se lo puede entender como movimiento, y no como una cosa en reposo. Quienes consideran el advenimiento del valor a una existencia independiente como una pura abstracción, olvidan que el movimiento del capital industrial es esa abstracción in actu (en acción)”. El Capital, Carlos Marx, Tomo II, Ed. Cartago, Bs.As., 1987, página 102.

[9] Volante público del Movimiento Al Socialismo (M.A.S.) de fecha 19/9/90 repartido en los suburbios obreros de Buenos Aires. “No confiamos en Saddam Hussein. El es un político y militar capitalista que gobierna para los ricos de su país y reprime a la oposición, como acá hacía Galtieri”