En el sistema capitalista, la exclusión social no es una disfunción, sino un resultado previsible

DE KEYNES A DAVOS, PASANDO POR MARX EN SKI

Nestor Gorojovsky, Inti Alpert

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“Davos es el paraíso de los sátrapas, evasores fiscales, rufianes,  mafiosos, dictadores, ladronzuelos, traficantes de droga, armas y divisas. (Jose Maria Cavalleri)

DE KEYNES A DAVOS,PASANDO POR MARX

“Davos es el paraíso de los sátrapas, evasores fiscales, rufianes,  mafiosos, dictadores, ladronzuelos, traficantes de droga, armas y divisas, en fin… el aguantadero y «lavadero» de los enemigos de la humanidad”. (Jose Maria Cavalleri)

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MI LECTURA DE KEYNES

Por Inti Alpert

DAVOS EMPEORA

Por Néstor Miguel Gorojovsky

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MI LECTURA DE KEYNES

 

Por Inti Alpert

 

En el texto de Nestor Gorojovsky, DAVOS EMPEORA, hay un par de aciertos notables y solo a modo de aporte y no de contraposición quiero sumar un par de ideas sin demasiada corrección.

 

Básicamente una postura Marxista y otra Keynesiana, ambas relativas al fenómeno descrito y desde mi punto de vista muy valiosas.

 

Extremadamente simplificadas pero no por ello falaces.

 

La de Marx es muy simple en el aspecto que quiero tocar y que no implica reducir a esta idea su obra completa:

 

En el sistema capitalista, la exclusión social no es una disfunción, sino un resultado previsible y absolutamente amoral de su funcionamiento correcto.

 

La gente invierte dinero con el objetivo de ganar dinero y eso hace que cuando los tenedores del dinero existente no puedan capturar dinero ajeno, porqe no lo hay en cantidades suficientes, deja de gastarlo.

 

Esta idea no es del todo exacta pero muy cercana y puede verse que hoy, tal vez no "dando vueltas por la calle" pero si navegando algo por Internet.

 

Ya que hoy que los ricos del mundo no tienen casi oportunidades de "invertir" en busca de ganancias; porque nadie tiene más dinero para que ellos ganen, puesto que ya lo han ganado casi todo y el endeudamieno de los pobres ha alcanzado el límite de su capacidad de pago… abundan las ofertas para comprar yates de más de 10 millones de u$d o alquileres de los mismos de más de 200 mil a la semana para irse de vacaciones a la Antártida, por poner solo un ejemplo.

 

O los vinos de más de u$d 3000 una botella, o meretrices de más de 10 mil la noche. O autos y relojes de casi un millón.

 

Esto muchos lo observan como el resultado dispendioso de la extrema concentración de la riqueza, pero creo que también hay que verlo como la incapacidad de darle al patrimonio capitalista su sentido "natural" que es su reproducción.

 

Y ante esta realidad… Keynes:

 

Mi lectura de Keynes en este aspecto es que es el Marxista más grande del siglo, dejando por el piso a Lenin, Fidel Castro, Stalin, Ho Chi Min, Mao y por supuesto Codovila.

 

Keynes ve con tal claridad el postulado de Marx en el terreno práctico, que hace incapié en un par de ideas que representan para él la principal intervención posible en este esquema.

 

Lamentablemente leer a Keynes es practicamente esteril dado que es un pesimo divulgador y ni siquiera es tan interesante e imprevisible como Marx, que sin ser mucho mejor en el terreno vinculado a la docencia, al menos es mucho más divertido.

 

Keynes trabaja dos ideas centrales que numeraremos para mayor claridad:

 

1: Hay que aprender a penalizar fiscalmente la inmovilidad del dinero, ya que este bien público es al cuerpo social lo que la sangre al cuerpo humno y "zona no irrigada se gangrena", hablando de sangre cuando el cuerpo humano y de dinero en el cuerpo social.

 

Para Keynes (desde mi interpretación al menos) el impuesto a las ganancias no se propone como un impuesto de redistribución exactamente. Ni una penalización al éxito económico. Ni una necesidad para poder brindar

servicios públicos.

 

Sino que es simplemente el principal determinante para la circulación del dinero en sus niveles deseables, una limitación de su acopio y un instrumento para desalentar el ahorro.

 

De hecho, para Keynes, el Impuesto a "las ganancias" es absolutamente diferente al impuesto a "los ingresos" y es necesario para que los tenedores de dinero lo hagan circular y no lo acopien.

 

En su idea, penalizar con altas tasas (como el actual casi 70% de algún país escandinavo) la ganancia en dinero, no tiene como efecto previsto inducir a los empresarios para ser "perdedores", sino a que no obtengan renta en dinero sino en capital.

 

Si un negocio es eficiente y ganador, este debería en ese esquema capitalizar de cualquier forma posible, pero nop en dinero ahorrado.

 

Para Keynes un empresario deberá o pagar más a sus asalariados, o invertir en algún tipo de recurso productivo o gastarlo de alguna manera pero nunca ahorrarlo y es en ese esquema. odiado y ocultado por os bancos, que el dinero acumulado en forma de ganancias tiene un alto costo que lo

desestimula.

 

En términos absolutamente llanos: Para ganar 100 dólares y guardarlos en el banco, deberás pagar entre un 35 y un 70% de esa cantidad en forma de impuestos.

 

"No porque te queramos castigar sino pàra que te compres un automovil mejor, salgas de vacaciones, capacites a tu secretaria, le hagas regalos a tu personal que tiendan a mejorar su desempeño, compres un yate para uso corporativo, incrementes la tecnología de tu empresa, redecores hasta la

íultima oficina o en definitiva hagas algo tan absurdo como comprar algún cuadro de esos que cuestan una gran suma de dinero.

 

Para el Keynesianismo puro, en este aspecto, no es problema que una empresa que compra un terreno vacío, cada año haga una nueva planta a su edificio y a los 20 años de un terreno llano haya hecho 20 pisos.

 

El problema para Keynes es que muchos burgueses exitosos ganan mucho dinero por ser realmente geniales y cuando no sepan qué hacer con el mismo porque lo han ganado todo, no hagan nada.

 

El porque de esto es simple.

 

El era empleado del estado y el estado necesita que todo el dinero de vueltas todo el tiempo para que hayn impuestos transaccionales. (IVA, Ingresos Brutos) ABL y esas cosas.

 

Esto por supuesto, no se estudia ni se explica porque atenta directamente contra la existencia misma del negocio del préstamo a interés y otrros negocios del sistema financiero, ya que pocas inversiones pueden resistir una cuantiosa quita oiginal.

 

Cual es entonces el Keyes interesante en este aspecto?

 

El que dice "obliguen al que gana a que gaste su plata".

 

Aunque sea comprando un yate de varios millones, vino caro, un cuadro muy costoso u haciendo una fiesta con chicas muy lindas de esas que cuestan dinero.

 

2ª de Keynes: El incremento sistemático de la masa dineraria es una necesidad intrinseca de la existencia misma del sistema.

 

Keynes observa algo extremadamente simple. Pero casi por primera vez.

 

El capital no se consume al ritmo que se crea aunque se gaste el dinero.

 

Y como el capital se acumula es necesario que ocurra algo de esto: O que hubiera deflacion y por lo tanto los precios bajaran para que el dinero existente pudiera representar cada día una cantidad mayor de capital o que la masa de dinero se incremente en una proporción que resulte adecuada cada vez que se incrementa el capital.

 

Porqué no recomienda la tendencia a que se deflacionen los valores en dinero.

 

Porque inmovilizar el dinero se convierte en un negocio y eso desalienta la producción y con ello la renta transaccional del estado y la creación de empleo.

 

Ya que si se tiende a que los precios bajen guardar plata es buen negocio y eso atenbta contra todo lo que acabamos de decir.

 

Por lo tanto para Keynes hay que contemplar desde el estado que sistematicamente se incremente la cantidad de dinero existente en una proporción aunque sea mínima si se pretende mantener andando el aparato productivo y la renta fiscal.

 

Keynes… y el peor ejemplo de la historia económico política:

 

A esa necesidad de incrementar sistematicamente la masa de dinero a los efectos de que el sistema de represetación del dinero permita incremetar la existencia de capital, y asumiendo que eso a la larga produciría el incremento relativo de los precios de los bienes más escazos y teniendo menos miedo a la inflación que al paro, él agrega que la forma de que esa

presencia de dinero se incremente debería ser la que fuera mienras el efecto de llenar esa necesidad se cumpla.

 

El decía que el gasto púbico, cualquiera fuera, y sin tener algún

beneficiario claro para que nadie se ofenda, era la forma de incrementar esa presencia de dinero que posibilitaría que se incrementa la producción de riqueza a nivel general. Y por eso dice que la forma es lo de menos y que aunque hayan que hacer pozos de día para taparlos de noche el fin se cumpliría.

 

Craso error. O mal ejemplo, mejor dicho, porque se convirtió al

keynesianismo a partir de esa frase en un fenómeno moral que pretendía "darle trabajo a los pobres a costa de la eficiencia rpoductiva" lo que es una flor de pavada.

 

Por último es indispensable decir que ni los mejores alumnos de Keynes terminaron de entenderlo.

 

J.K.Galbrith dice en su "Introducción a la Economía" que no hay posibilidad de hacer "Política Fiscal" en presupuesto equilibrado (Hablando del Estado) y esto es una aberración en términos de su maestro.

 

Para Keynes, el estado tiene múltimples posibilidades de hacer que el dinero circule sin necesidad de endeudarse.

 

La primera es esgrimiendo el fantasma inflacionario para lo cual tiene mil elementos antes de generar un problema. Ya que nadie quiere que el dinero que posee pierda su valor y cuando esa es la perspectiva lo tiende a gastar.

 

La segunda y mucho más "política" es la obligatoriedad del gasto.

 

Como habíamos dicho; por efecto del impuesto a los acopios de dinero en forma de un "Impuesto a las Ganancias" o al ingreso no gastado y en segundo lugar en forma de incrementos en la imposición directa para generar servicios públicos.

 

Ponerle a los autos los impuestos neesarios y hacer rutas, puentes y estacionamientos, o esas cosas que se necesitan para andar en auto y a los dueños les caen bien cuando se hacen. Sin privatizar ni endeudar al Estado.

 

En este marco es que se puede repetir la frase que me gusta mucho y dice "Hacer de cada barrio rico un paisaje ideal y hacer de cada barrio medio pelo un barrio parque hará de cada villa un barrio obrero" y amén de incrementar la solvencia fiscal.

 

Porque esto no se estudia en la universiidad si en definitiva es tan simple.

 

Porque las universidades (al menos las nuestras) se caracterizan por estudiar cosas escritas y esto no lo ha sido todavía.

 

La vida… esa real…. esa bonita… aun les queda muy grande

 

Saludos y espero sirva

 

IA/

 

N&P: El Correo-e del autor es Ricardo Inti Alpert intialpert@yahoo.com.ar

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Envio de <reconquista-popular@lists.econ.utah.edu>

Este correo lo ha enviado Néstor Miguel Gorojovsky nestorgoro@fibertel.com.ar

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DAVOS EMPEORA

 

Por Néstor Miguel Gorojovsky

 

A esta altura del año, Davos está en plena temporada de esquí.

 

Es decir: hace un frío de locos.

 

También es cierto que en Davos todo está preparado para que el frío no solo no moleste sino que hasta sea pintoresco.

 

No por casualidad los popes del mundo de la alta finanza gustan tener allí sus encuentros anuales y no, digamos, en Mar de Ajó.

 

Pero esta vez parece que hay otro tipo de frío corriéndoles por la espina dorsal.

 

Y no precisamente debido al "anti foro" que se empezó a reunir hace algunos años.

 

Desde hace alrededor de 35 años, el capital financiero ha funcionado

como sumidero del capital. Éste, debido al incremento astronómico de

la productividad global del trabajo, se ha creado desde entonces en

cantidades cada vez más grandes.

 

Tan grandes que no puede reinvertirse en forma productiva debido a que para mantener mínimamente en funcionamiento el actual sistema capitalista mundial (monopólico e imperialista) se requiere mantener el nivel de ingresos general de la masa de la población planetaria (no necesariamente de un país dado) por debajo del que le permitiría absorber como consumo

final el conjunto del nuevo capital que se crea año tras año.

 

Así es que ese capital encuentra cada vez menos salidas en la

inversión productora de bienes reales o servicios reales para la gran

masa de los "consumidores" y se rompe en este capitalismo senil el

punto de partida de Adam Smith y los suyos (que la gran masa de la

población es el objetivo de la actividad productiva en su conjunto).

 

¿Cómo responde "el sistema"? Dicho de otro modo (puesto que lo que al

capitalismo le interesa no es satisfacer necesidades humanas sino

generar ganancias): ¿cómo crear nuevas maneras de que algunos

mercaderes puedan hacer diferencia pese a que cada vez hay menos

compradores en relación a la capacidad productiva global del capital

invertido por esos mismos mercaderes?

 

Esto se logra asignándole a las actividades no productivas (e

innecesarias) un lugar cada vez mayor en la lucha de cada capitalista

por la ganancia individual.

 

La apropiación y reapropiación de activos públicos, la renta que se monopoliza por los más diversos caminos, las combinaciones financieras cada vez más arriesgadas y arcanas, las colocaciones garantizadas por colocaciones, las fusiones empresariales, en fin, todo el mundo de la actividad financiera se han autonomizado de las necesidades de la producción y pasaron a tener un rol completamente novedoso.

 

Todo el capital excedentario, que no encuentra realización posible en

la estructura de la producción de masas, se recicla allí. La masa de

transacciones financieras, como se sabe, pesa crecientemente y hace

rato ya que ha superado la masa de transacciones reales.

 

Los técnicos del sistema, obedientes a las necesidades del mismo (no de la

humanidad) ya han incorporado al cálculo de la riqueza de las naciones la "producción" de servicios, y no solo de "bienes" (suponiendo, por ejemplo, que el pase de manos de acciones de una empresa "agrega algo", de algún modo, a la riqueza total de una comunidad).

 

Por esto, el conjunto de las clases dominantes (burguesías industriales, burguesías comerciales, oligarquías varias, jeques petroleros o funcionarios francófilos de seudoadministraciones  independientes en seudopaíses africanos, p. ej.) necesita cada vez más de los servicios de limpieza e higiene económica que brinda el sector financiero.

 

Pero el sector financiero, que a fines del siglo XIX ya era el gran coordinador del funcionamiento del capitalismo monopólico inicial, se

va transformando así, en las condiciones del capitalismo monopólico

tardío, en un mercenario, contratado para ejecutar la tarea sucia de

matar la plusvalía sobrante de tal modo que "parezca un accidente

normal", empieza a extorsionar a su empleador, y se toma como pago

una parte cada vez mayor de sus ingresos. 

 

La amenaza, tan simple como real, es: "O me das lo que te pido o todos nos hundimos en una crisis de proporciones inauditas".

 

Parece difícil, bajo estas condiciones, que el "capital industrial" pueda resurgir seriamente contra el "capital financiero". Los resultados, p. ej., de lo que muchos han visto como un resurgimiento del "capital industrial" (Partido Republicano, Bush) contra el "capital financiero" (Partido Demócrata, Clinton) están a la vista: el planeta nunca estuvo más cerca de la guerra nuclear.

 

Normalmente, las clases dominantes suelen bailar en la cubierta de los Titanic que ellas mismas producen. La música de la orquesta produce cierto olvido del hundimiento inminente, y mientras se trata de negociar el sitio en el último bote salvavidas, se lo pasa bien haciéndose el desentendido. Nadie dice groserías en esas condiciones.

 

Mantener las formas es lo más importante.

 

Pero esta vez, la situación es lo suficientemente inquietante como para que en círculos vinculados a Davos se esté comentando mucho, y no sin temor, la posibilidad de que si el sistema financiero sufriera una crisis de gran magnitud haya una reversión a algún tipo de estatismo pre-neoliberal. Se le asocian los analistas que lamentan a voz en cuello el hecho de que, en una época de ganancias récord, se registren los más bajos índices históricos de inversión de capital.

 

Entre tanto, los "inversionistas privados" siguen buscando acuerdos

de negocios cada vez más enormes para obtener ganancias cada vez más

fantásticas.

 

El capital financiero, ese mercenario que tan buenos servicios estaba dando, ya exprimió al cliente que lo contrató, y ahora exprime cualquier cosa que le llegue a las manos.

 

Pero cada vez obtiene menos jugo.

 

Dice John Pender en el Financial Times del 15 de enero: "Henry Kaufman, un avizor comentarista de Wall Street, plntea que las recompras y las tomas de acciones (buy-backs and takeovers) ofrecen gratificación instantánea (a través del precio de las acciones), mientras que la construcción de una fábrica nueva es difícil y lleva tiempo.

 

En los países anglófonos, las opciones accionarias, que generalmente

cristalizan cuando una oferta se concreta, le agregan mucho sabor a

la gratificación.

 

La mayor parte de los gerentes británicos está más que contenta con venderse a oferentes extranjeros y casas financieras privadas, porque les otorga la bonanza de opciones accionarias.

 

Todo esto me parece un modo bastante decadente de manejar la economía".

 

Y al día siguiente, escribía el analista Tony Jackson en la misma publicación: "La reciente escasez de inversión de capital está fuera

 de discusión.

 

Para ciertos optimistas, que ven el cielo siempre azul, son buenas noticias: el resultado benéfico del "efecto China", el pase a los servicios, todo eso. Pero en el conjunto de la comunidad de inversionistas suenan las campanas de alarma…

 

En su última encuesta, el gerente mundial de fondos Merrill Lynch descubrió que casi la mitad de sus respondentes está preocupada por la falta de inversión..

 

Esto ocurre en tiempos de ganancias por las nubes, que tanto en Europa como en los EEU están (en relación al PBI) al máximo nivel de varias décadas. La inversión está en el punto más bajo desde los 60…

 

Las empresas están prefiriendo la compra a la construcción

 

La ventaja aparente: no crea nueva capacidad productiva, y de este

modo levanta los márgenes de ganancia. David Bowers, antiguo jefe de

estrategia europea de Merrill Lynch y actualmente codirector de su

Absolute Strategy Research, plantea que después del reventón de la

burbuja de las tecnológicas, muchas compañías se encontraron

sobreinvertidas con inmediatas caídas en picada de los márgenes y -en

2002- una gran crisis en los balances.

 

Los que promovían una cultura del crecimiento perdieron sus trabajos, y se impuso un tono nuevo: el administrador adverso al riesgo, que fue además promovido por la acción oficial.

 

De donde no solo la libre competencia, como decía Marx, engendra el

monopolio, sino que el monopolio engendra la parálisis de la

producción.

 

Las "fuerzas productivas" no han dejado de crecer.

 

En eso se ha equivocado el Trotsky de la década del 30. Pero ese

crecimiento, tras la hoguera de la Segunda Guerra Mundial, tras la

reconstrucción del mundo metropolitano (que también esterilizó buena

parte del capital producido por la nueva industria), tras la ola de

bárbaras desindustrializaciones que -agentes locales mediante- impuso

el gran capital sobre el mundo semicolonial a la caída de la URSS,

todo ese crecimiento, ahora, parece estar terminando por limitarse a

sostener la posición privilegiada del "golden billion" (los 1000

millones de terrícolas dorados) mientras se propone, seriamente,

llevar el balance final anual de la estructura productiva mundial a

algo que se parezca, lo más posible, a un inmenso y fatídico número

cero.

 

Bajo esta influencia, el clima de Davos, como es lógico, empeora

mucho…

 

NMG/

 

N&P: El Correo-e del autor es Néstor Gorojovsky nestorgoro@fibertel.com.ar

 

[Siguen notas del Financial Times que no tengo tiempo para traducir. Pero los que puedan, léanlas que verán hasta qué punto lo de arriba, producto de un diálogo entre el que suscribe, Michael Kearney y Michael Hoover, es acertado o no. Fuente: A-List]

 

Dearth of investment rings alarm bells

By Tony Jackson

Financial Times: January 16 2007

 

BP, according to its chief executive designate, has fallen into the habit of making "a virtue out of doing more for less". The seemingly accident-prone oil giant may be a special case. But in the general matter of corporate penny-pinching, it appears all too typical.

 

The recent dearth of capital spending is not in dispute. For some blue-sky optimists, it is good news: the benign result of the China effect, the switch to services and so forth. But in the wider investment community, alarm bells are ringing.

 

In the latest global fund manager survey from Merrill Lynch, almost

half of respondents were worried about under-investment. Over 40 per

cent said companies should use cash flow to increase capital spending

– nearly as many as wanted cash distributions or cash acquisitions

combined.

 

This sluggish spending comes at a time of soaring profits. In both Europe and the US, profits in relation to gross domestic product are at their highest level for decades, while capital spending in relation to those profits is at its lowest since the 1960s. Something has to give.

 

Some will argue that it is different this time. But while paradigm shifts do occur very occasionally, it is curious how they are invoked every time a situation looks unsustainable.

 

As for the China effect, that overlooks the fact that much new

Chinese capacity is US-built and should show up on US corporations' books. And while the shift to services in the developed world should lead to a long-term decline in spending, it ought to be gently lower in successive cycles, not falling off a cliff.

 

So what is happening? In part, companies are choosing to acquire rather than build. This has the apparent advantage of not creating new capacity and thus propping margins up.

 

The obvious snag is that companies will eventually have to renew the old kit they bought as well as their own.

 

A persuasive rationale for all this comes from David Bowers, a former

head of European strategy at Merrill Lynch who now co-heads his own

outfit, Absolute Strategy Research. Begin with the obvious point that

the tech bubble represented a growth culture, in management as well

as investment.

 

When that went wrong, several things happened. Many companies had

hugely over-invested, the result being a plunge in margins and – in

2002 – a major balance sheet crisis, especially in the US. Growth

managers lost their jobs and a new value culture got under way.

 

This was not helped by official action. Sarbanes-Oxley was tailor-

made for the risk-averse manager. And pressure on pension funds to

switch to bonds produced equivalent pressure on companies to become

as bond-like as possible, by concentrating on cash flow and dividends

rather than revenue growth.

 

Several conclusions emerge. As Mr Bowers remarks, one consequence of

corporate under-spending in the US may have been to send wrong

signals to the US consumer. If companies are not borrowing, people

can. So the corporate balance sheet problem of five years ago may

have been passed on to households.

 

A separate point is made by Robert Buckland, a London strategist with

Citigroup. Besides using their cash to buy each other, companies are

buying back their own shares. That is, they risk over-shrinking their

equity bases, just as they over-expanded them in the tech boom.

 

In the UK, at least, this could ultimately mean handing control of

the corporate sector over to the bond market. And bond investors, as

Mr Buckland says, think in terms of maybe eight years maximum. They

have correspondingly less interest in long-term spending. So from

excessively long time horizons seven years ago, we could be moving to

the excessively short.

 

The biggest conclusion, though, is a lot more obvious. It is often

argued that equities represent good value, based on multiples of

earnings and cash flow. But earnings – or at least earnings growth –

can scarcely be sustained at the rate of the past few years.

 

More to the point, cash flow cannot be sustained either. In the past

four years, Mr Buckland calculates, corporate earnings in Europe have

doubled, but cash flow has tripled. And much of that rise in cash

flow is the result of deferring spending.

 

It might be that all this will work out. After all, when companies

have to start investing again, they will buy each other's products.

So maybe, come the time, investors will rediscover the joys of

investing for growth. We had better hope so. Otherwise, the bulls are

in a fool's paradise.