La plenitud, en los casos conocidos, no va más allá de los 34 años, en el mejor de los casos.

ORTEGA NECESITA JUGAR

José Luis Ponsico

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Todo indica que Ortega necesita “jugar” y estar incorporado rápidamente a la vida del jugador.

Bambú Press

Prensa alternativa políticamente incorrecta

â–ºLa columna del Ponsi

 

ORTEGA NECESITA JUGAR

Abandonar la actividad complicaría aún más su situación

 

 

Por José Luis Ponsico *

 

Mar del Plata – La antinomia que plantea el tratamiento contra la adicción de Ariel Ortega, entre el futbolista y el hombre, pone nuevamente sobre el tapete las consecuencias, muchas veces negativas, del síndrome del ex deportista.

 

En las últimas horas el torneo de verano dejó de lado el debate del fútbol propiamente dicho, para instalarse hace dos días en “el caso Ortega”. Y sobre las sombras de la adicción del popular “Burrito” de River, habita “el síndrome” negativo del ex jugador.

 

A diferencia de muchos clubes importantes del fútbol europeo en nuestro país no está desarrollada ninguna política que sirva “de amparo” para aquellos futbolistas –y otros deportistas– que habiendo sido “figuras” al abandonar la actividad que los consagró como ídolos en muchos casos, superen la etapa.

 

Curiosamente, “la plenitud” en los casos conocidos no va más allá de los 33 ó 34 años, en el mejor de los casos. A esa edad, en cualquier otro orden, profesional, laboral, de ocupación activa, cualquier individuo empieza su mejor ciclo. No es el caso del ex futbolista, salvo para aquellos que reciclan como entrenadores.

 

Sin caer en los casos extemos y recurrentes como los notables jugadores del pasado que terminaron mal sus días –Garrincha, Corbatta, George Best, entre otros– apenas superados los 50 años de edad, son numerosos los ejemplos cotidianos de ex futbolistas, aún los de buena posición económica, que “no saben qué hacer” a los 35 años, habiendo dejado el fútbol activo.

 

El tema ahora signado por “el caso Ortega” merecería un debate en los clubes, sus directivos; Agremiados –la organización que nuclea gremialmente a los jugadores en actividad– y hasta la Asociación de Técnicos, porque allí se unen muchos de los que no tienen trabajo, dada “la intolerencia” de nuestro fútbol que determina más renuncias y cesantías que planes a mediano plazo.

 

Por algún motivo que escapa al jujeño Ariel Ortega, desde hace varios años la Argentina verifica, en algunos períodos, que dos de sus ídolos populares –en el fútbol y la música– como Diego Maradona y “Charly” García, también padecen “falta de atención cultural” que deriva en sus propias conductas.

 

Todo indica que Ortega necesita “jugar” y estar incorporado rápidamente a la vida del jugador. Sin la obligación de entrenar, cuidar su físico, mantener la concentración en el fútbol profesional –donde sigue siendo muy cotizado– la adicción tendrá más “espacio”.

 

 

* Columnista de la agencia Télam. Se inició en 1970 en el diario La Capital , de Mar del Plata. Trabajó en Crónica y en la Editorial Perfil.   Fue secretario gremial del Sindicato de Prensa, filial Capital Federal (1984). Es coautor del libro El DT del Proceso (1982).