Otro insensato error de la política exterior yanqui, con graves repercusiones internacionales

LINCHAMIENTO

linchamiento
Saddam ya no tendrá tribuna pública  o privada para hablar de sus relaciones de aliado de los Estados Unidos en Medio Oriente.

LINCHAMIENTO

Otro insensato error de la política exterior yanqui, con  graves repercusiones internacionales

                                                       Por Enrique Oliva

9/I/06

 

Pocos medios se han atrevido a usar en su cabal significado la palabra linchamiento en el caso de Saddam Hussein, cuando ese es el único término adecuado por las irregularidades de todo tipo de derecho en el juicio, más lo apresurado de su ejecución.

 

Había que silenciarlo por orden de los Estados Unidos y sus aliados colonialistas y así se hizo.

 

El Diccionario de la Real Academia Española, nos dice que linchar viene de Charles Lynch, un juez de Virginia en el Siglo XVIII y lo define como “ejecutar sin proceso y tumultuosamente a un sospechoso o a un reo”. Y nada más.

 

En cambio el prestigioso “Quid” francés, enciclopedia actualizada anualmente, habla de la “Ley de Lynch” como “justicia sumaria llamada linchamiento, practicada por Charles Lynch (1736-1796)  plantador, juez y senador de Virginia; la muchedumbre prende a un acusado, lo juzga, lo condena y lo ejecuta de inmediato. Practicado a menudo en el Sud. De 1882 a 1951: 4.700” casos.

 

Hemos traducido bien: hasta 1951, ayer nomás. Es decir, no es algo del Siglo XVIII, sino también del XIX, XX y XXI. Así     lo hemos visto en muchas películas yanquis: Detención del sospechoso, juzgamiento sumario en el “saloon” y sacado de allí para someterlo a la horca ante jubilosos vecinos. Es pues, una práctica muy norteamericana.

 

Y Saddam Hussein, a quien no pretendemos disculparlo de los posibles delitos cometidos (que nos enteramos de ellos solo por la poco fiable y comprometida prensa occidental), vivió una farsa grotesca de juicio.

 

El imputado estuvo bajo detención y cuidado de las fuerzas armadas norteamericanas y ellos los llevaban y traían al Tribunal.


Tres abogados defensores fueron asesinados durante el proceso y ninguno de ellos, ni sus sucesores, tuvieron acceso a la documentación completa judicial.

 

Los jueces fueron designados y reemplazados sin autoridad para ello, también por presiones de Estados Unidos, al punto que el presidente de Iraq, el curdo Jalal Talabani, se negó a firmar la sentencia de muerte, aunque no tenía poder para evitarla.


Para el primer ministro Nuri Al-Maliki esa negativa no significó un obstáculo para seguir adelante con el linchamiento.

 

Asimismo, el jefe del gobierno títere de los ocupantes imperialistas,  según el londinense diario The Independent of Sunday, del pasado domingo 7, anunciaba un proyecto de ley adjudicando concesiones donde “empresas de Estados Unidos y de Gran Bretaña se llevarán la parte  más significativa  de la riqueza petrolera de Iraq ‘la tercera reserva en importancia en el mundo’”.

 

Esto implica  “la primer operación a gran escala de intereses occidentales desde que se nacionalizó la industria en 1972”… (ver La Nación de ayer lunes 8 de enero).

 

Una prueba más del porqué de la invasión y destrucción de Iraq, a sangre y fuego.

        

Linchamiento testimoniado

 

Las técnicas modernas han permitido un valioso elemento más para documentar que la ejecución de Saddam fue un linchamiento. Apareció por Internet y de allí a la primera plana de todos los medios del planeta

 

Un diminuto celular con máquina de fotos y grabador,  mostró el maltrato de los 4 verdugos y algunos de los 18 testigos presentes.


Aun  con las contracciones de su cuerpo sin vida, se siguieron escuchando insultos de testigos, mientras “los verdugos ejecutaron una danza salvaje a su alrededor”.

 

“Los detalles macabros de la ejecución fueron negociados por funcionarios de Iraq y de Estados Unidos, como lo acreditan medios de prensa y fuentes de altísimo nivel”. Esto lo escribe en “Diario 7” de Internet Horacio Calderón, experto en Medio Oriente y África del Norte.

 

La apresurada ejecución de Saddam, dispuesta por el primer ministro Nuri Al-Maliki fue una carrera contra el reloj para hacerla coincidir con la fiesta sagrada del islamismo Eld Al-Adha y el final de la peregrinación a La Meca.

 

George Bush (h) ha logrado su propósito: silenciar para siempre a Saddam Hussein Abd Al-Majid A-Tikriti (Tikriti se llama la tribu a que pertenece por nacimiento). Juzgado y ahorcado solo por una acusación, una matanza de chiitas, sus demás “delitos”, si existieron, quedarían sin investigar.

 

Ya no tendrá tribuna pública  o privada para hablar de sus relaciones de aliado de Estados Unidos en Medio Oriente ni tampoco que provinieron ordenes de la Casa Blanca las luego no encontradas “armas de destrucción masiva”, ni que sin la flota y aviación yanqui más su logística, Saddam no hubiera vencido a Irán en la cruenta guerra de 8 años, terminada en 1988.

 

Por otra parte, el mismo celular (o dos probablemente), dejaron constancia que el presidente linchado llegó con los brazos esposados a la espalda y los pies encadenados por los tobillos.


Subió al cadalso sereno y valiente, rechazando la capucha y con el Corán en sus manos atadas.

 

El linchamiento de Saddam Hussein, de inmediato comenzó a generar cientos de muertes en Iraq y ha convulsionando al mundo árabe, como al occidental, que condenan esa muerte, como lo ha hecho también el gobierno argentino. 

 

Esperemos que la crisis no alcance a más pueblos inocentes y en particular a la naciente Patria Grande, obligándonos con sanciones y amenazas de todo tipo, a enviar soldados argentinos a cuidarles al imperialismo los hidrocarburos, entre las ruinas ensangrentadas de lo que ya se ha destruido en Medio Oriente.

        

Un caso similar: Rudolf Hess

 

El acallamiento del presidente iraquí nos recuerda otro caso similar: el “suicidio” de Rudolf Hess, ocurrido cuando a punto de ser liberado, luego de 46 años de rigurosísimo aislamiento, ni siquiera acompañado de los otros nazis en la misma prisión de Spandau.

 

Este estrecho colaborador de Hitler, durante el juicio de Nuremberg estuvo permanentemente drogado y hasta se lo consideró loco.

 

Con su involuntaria pero cantada muerte, Hess nunca pudo hablar del motivo real de su viaje al Reino Unido, donde luego de negociaciones con altas personalidades políticas y de la nobleza inglesa se `preparaba, en el mayor secreto, una alianza con la Gran Bretaña para dividirse con Alemania el mundo, asegurándole la integridad del Imperio colonial, dejando de lado a Estados Unidos.

 

Así Hitler se lanzaría con las espaldas cubiertas a la invasión de la Unión Soviética. Nada más ni nada menos, y de acuerdo a la vieja divisa colonial de Benjamín Disraeli: “los ingleses no tenemos amigos permanentes, solo intereses permanentes”.

 

La primicia la adelantamos en Clarín, bien argumentada, el 10 de mayo de 1987 y el suicidio se “cometió” el 17 de agosto del mismo año”.

 

El diario comentó el acierto en la doble página central el 20 de agosto.

 

EO/

 

N&P: El Correo-e del autor es Enrique Oliva eoliva@fibertel.com.ar