La trayectoria de la compañera nos exime de mayores comentarios.

STELLA CALLONI, PERIODISMO CONTRACORRIENTE

Hilario Rosete Silva

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Entrevista realizada por colegas cubanos a Stella Calloni, integrante del Consejo de Redacción de la Revista Question Latinoamérica.  

En esta entrega, presentamos una entrevista realizada por colegas cubanos a Stella Calloni, integrante del Consejo de Redacción de la Revista Question Latinoamérica. La trayectoria de la compañera nos exime de mayores comentarios.

 

STELLA CALLONI

 UN PERIODISMO CONTRACORRIENTE

 

Por Hilario Rosete Silva
Foto: Abel Ernesto Rubio Estrada

“Mi periodismo empezó con la poesía, fui poeta antes que ninguna otra cosa”, entró en materia la antimperialista argentina Stella Calloni, de visita en Cuba por las fiestas del primero de mayo de 2006.


Quien sepa del trabajo que por casi 50 años desarrolló la Calloni en publicaciones de todo el mundo, entenderá por qué Alma Mater «se mandó a correr» cuando vislumbró la posibilidad de entrevistarla para hablar de la profesión de periodista.


Para esas numerosas publicaciones, Stella reportó sucesos bien «fuertes» y dispares, como fueron el asesinato, en marzo de 1980, de Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador; los ataques, actos de intervención y uso de la fuerza yanqui contra la Revolución Sandinista de 1979; y la invasión norteamericana a Panamá a fines de los ochenta.


No obstante, la investigación que le dio notoriedad profesional tuvo como objeto de estudio el Operativo Cóndor, la tristemente célebre operación de contrainsurgencia, organizada por Estados Unidos, que significó la creación de una especie de Coordinadora de la Muerte «servidora» de todas las dictaduras latinoamericanas de fines del pasado siglo XX.


Según ella misma nos contó, Stella nació en medio del monte, en el Pueblo de Leguizamón, fundado por su abuelo en la zona de Alcaraz II, en el departamento de La Paz, en la provincia de Entre Ríos. Desde niña le impactaba lo que sucedía en África, y comenzó a estudiar el continente, y a descubrir lo que era el colonialismo. Descubrir las características de los imperios y del colonialismo, representó para ella conocer el terrorismo:


«Sin el terrorismo los imperios no podrían existir. Los imperios son el primer ariete del terrorismo; véase el terrorismo con el que África fue devastada; la esclavitud fue uno de los más grandes actos terroristas que hayamos conocido.»


La sacudida que le provocó el conocimiento de África, sería la inspiración para que luego se decidiera a «pelear de por vida»: «Por eso soy periodista, antiterrorista, anticolonialista, antimperialista, y anti / todo lo que signifique dominación.»


UN TOQUE DE POESÍA

 

¿Cuál sería el adjetivo ideal para calificar el periodismo que usted hizo y sigue haciendo? –la miró fijo Alma Mater.


Ha sido un periodismo por la verdad –dijo, y entornó los ojos–. Al igual que el antillano Franz Fanon <!–[if !vml]–>Franz Fanon (1925-1961), médico psiquiatra martiniqués; combatiente por la liberación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con el FLN argelino y ejerció gran influencia teórica en Argelia y en África subsahariana. Sus ensayos más importantes sonPiel negra, máscaras blancas y Los condenados de la tierra<!–[endif]–>, no creo en la «objetividad» del colonialista.


¿Tendríamos que redefinir el término?

La objetividad es simplemente la verdad, pero no la del colonialista, es decir, la verdad que necesita el poder, ni la que difunden, tras manipularla, los medios de comunicación; nuestra verdad es la que nosotros vemos, tocamos, sufrimos y escribimos: una verdad que convence y persuade porque nace de la realidad, del tiempo que dedicamos a escuchar la voz del otro y sus vivencias, en un momento en que se está perdiendo esa, ¡la capacidad de escuchar!

Cubriendo las informaciones generadas por guerras, asuntos domésticos y otras materias y «negocios», constaté que vivimos en un mundo cada vez más frívolo e insensible, atento al impacto de la noticia, pero sordo al sentir de la gente: hay alguien ahí, al lado, lanzando un reclamo doloroso, y nadie le escucha. Así en Argentina el reportero se ha transformado en «notero», en redactor de notas breves sobre un acontecimiento.

La definición de «notero», ¿rebasaría la idea de lo que es un reportero?

El Sistema necesita «noteros», no reporteros; que busquen o inventen las noticias que él necesita, y que redacten rápido, sin que importen la rigurosidad o el enfoque múltiple, con una mirada que ni siquiera es superficial, sino que debe corresponderse con la percepción y necesidades del productor de televisión, por ejemplo, o del director del mass media al que pertenece el «notero». El resto, incluyendo el grado de veracidad, para nada le importa al poder mediático.

Estos «noteros», suelen ser campeones de la invasión de la privacidad.

Dicha práctica, artificiosa y detectivesca, va desde el continuo seguimiento de personas convertidas en objetos, hasta el empleo de cámaras ocultas, que comienza a verse como algo natural; pero yo no me considero un detective: ¡soy periodista!

¿No hay aires detectivescos en la forma de investigar de un periodista?

Los hay, uno va uniendo hilos, atando cabos; pero ambas profesiones son diferentes, y cada una tendría su propia ética. El periodista fundamenta su trabajo en la observación de la realidad, y aunque parezca fábula, más que con el detective, está emparentado con el poeta.

¿Entonces su periodismo es de investigación, por la verdad?

Y de reporter, voz inglesa que significa al clásico buscador de noticias, pero que, en el periodismo contemporáneo, debe ser también capaz de redactarlas y hasta de crearlas. Yo cubrí la guerra en Nicaragua, estuve en El Salvador, en Guatemala, en muchos países, y traté de contarlas con veracidad a través de dos géneros que son claves: la entrevista y el reportaje. La mayoría de mis entrevistas, ya sea con Omar Torrijos, el extinto presidente de Panamá, o con Yasser Arafat, el desaparecido líder de la Organización de Liberación Palestina (OLP), tienen un toque poético, o literario si se quiere.

AL AMOR DEL AGUA

 

Periodismo de investigación y de reporter… ¿Cuál de los dos ocupa mayor espacio en su obra, por cuál de ellos siente mayor predilección?

Ambos se tapan y superponer, no pueden funcionar por separado; sigo siendo corresponsal, para Sudamérica, del periódico mexicano La Jornada; rechazo las investigaciones hechas en urnas de cristal; no somos cientistas políticos –especialistas a los que respeto mucho–, sino periodistas, y tenemos la obligación de conectarnos con la realidad que luego deberemos transmitir con la mayor claridad a las mayorías que nos leen y escuchan.

Es interesante cómo usted diferencia al periodista del cientista político.

El periodista es un extraordinario traductor del idioma de los sociólogos y de los cientistas políticos; ese es el mejor servicio que le brinda el periodista a las personas corrientes, al ciudadano de a pie que por regla general no entiende aquel lenguaje, quizás excesivamente técnico para él: los periodistas somos expertos a la hora de pasarle, de transmitirle al común de las gentes, de sintetizarle, de ponerle en palabras directas, algunos de los muy buenos textos escritos por sociólogos y cientistas: diríase que sacamos sus trabajos de la academia a la calle.

De su práctica personal, ¿qué reporter memorable la condujo a su mayor investigación?

El trabajo que más crédito profesional me ha reportado en el ejercicio del periodismo, tuvo como objeto de estudio el Operativo Cóndor, la operación de contrainsurgencia organizada por Estados Unidos que significó la creación de una Coordinadora de la Muerte de la que se sirvieron las dictaduras latinoamericanas de los años 70 del pasado siglo XX; y puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que me interné en esos caminos a través del asesinato, en marzo de 1980, de alguien a quien amé en el sentido del respeto y la admiración: Monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador.

La circunstancia me permitió tocar con las manos una terrible realidad: la existencia de una corporación de asesinos… La forma en que lo mataron, la bala de onda expansiva y todo lo demás, me proporcionaron elementos para que atara cabos y me lanzara a fondo en la investigación sobre Cóndor, de la que venía reuniendo datos durante los años setenta.

En esa «atadura de cabos», ¿qué datos, entre otros, llamaron su atención?

Investigando el asesinato de Monseñor Romero conocí que en un hotel de las cercanías se habían hospedado dos cubanos de Miami… Seguí la investigación sobre Cóndor en honor a Monseñor Romero y otras víctimas; su asesinato fue para mí un motor impulsor; he ahí un vínculo entre mi periodismo de investigación, sobre Cóndor, y mi trabajo como corresponsal, encargada de transmitir a mi periódico, desde San Salvador, la muerte del Arzobispo.

Otro tanto le sucedería cuando fue a Asunción del Paraguay para ver los llamados Archivos del Horror…

Los archivos habían sido descubiertos el 22 de diciembre de 1992 por el doctor, profesor y ex prisionero político paraguayo Martín Almada. Yo estaba volviendo a mi país, desde México, y me adelanté, y viajé a Asunción, para entrevistar a Almada.

Almada dijo que los primeros en llegar fueron usted y el colega uruguayo Samuel Blixen.

Nuestra presencia fue para él una cobertura. Según contó Almada en la Legislatura de Buenos Aires, él sintió mucho miedo cuando descubrió esos Archivos, volvió a sentir el mismo miedo de los años 70, tiempo en que, por publicar un discurso doctoral crítico sobre la educación en Paraguay, se puso bajo la mira de la policía secreta del dictador Paraguayo Alfredo Stroessner, fue arrestado y acusado de terrorismo y de vinculación con los comunistas paraguayos, torturado, y confinado al campo de concentración de Emboscada.

UNO MÁS UNO

¿Qué significó para usted el hallazgo de los Archivos del Horror? 

Fue como encontrar, de repente, la caja de Pandora. Y aquí debo hacer una precisión: los Archivos del Horror no son los Archivos del Operativo Cóndor. Encontramos muchos papeles de Cóndor en los Archivos del Horror, pero estos son «algo más».

¿«Algo más»? 

Abarcan toda la dictadura de Stroessner y sus relaciones; son los archivos de una dictadura alienante. A través de esos papeles la dictadura cuenta su historia cotidiana, en hechos, minuto a minuto; los sicarios le transmiten todo al dictador, sin olvidar el más mínimo detalle; cualquiera se quedaría trastornado al ver (leer) cómo se mataba gente por una nimiedad; si a un vecino no le gustaba el panadero de la cuadra y, un ejemplo, lo acusaba de comunista, eso podía significar la muerte del panadero y el apoderamiento de la panadería. Los papeles reflejan la enajenación de la dictadura, y sus contactos con Estados Unidos, el país que la organizó y armó. Los documentos sobre la dictadura de Stroessner son mucho más numerosos que los del Operativo Cóndor, pero lo encontrado allí fue básico para nuestras investigaciones, y para exigir en la Justicia la desclasificación de otros archivos.

Hablábamos del vínculo entre su periodismo de investigación y de reporter.

Si no reporto el asesinato de Monseñor Romero, si no entrevisto a Almada, ni veo toco y sufro, como decíamos al inicio sobre la objetividad, los papeles de los Archivos del Horror, me hubiese quedado en lo externo, no habría avanzado en el estudio de Cóndor: fueron esas vivencias y contactos reales, cara a cara, esos hijos de la corresponsalía, los que me dieron el ímpetu que como ser humano necesitaba para la investigación, y también viceversa: ¡una cosa me daba fuerza para la otra! Un periodista con tales pretensiones deberá tener su reservado, su compartimiento, su urna o su «cajita» de cristal desde donde pueda organizar su trabajo, pero también ha de tener su campo, su frente de batalla, su terreno de juego.

¿Cuál es su día de nacimiento como periodista de investigación y reporter? En el ejercicio de la actividad, ¿en qué momento arribó a la adultez?

(Hace un aparte y sonríe.) Una nunca se siente adulta… Pero bueno, el nacimiento se ubica cincuenta años atrás, en la Argentina, cuando convocada por la urgencia «de decir», escribí mi primera nota, sobre África, por los días en que conocí a Gregorio Selser, el periodista autodidacto argentino. A su lado fui aprendiendo lo que significaba la política de Estados Unidos para América Latina. También en esto me alentaron otros, como el irreductible boliviano Marcelo Quiroga Santa Cruz, que al final sería torturado y desaparecido por la dictadura de ese país. Desde entonces colaboré con varios diarios y revistas, casi todas políticas, incluso clandestinas, pero fue a partir de 1976, en el exilio, entre México y Panamá, donde se me dieron las grandes oportunidades. Entre otras publicaciones, trabajé en el tabloide mexicano Uno más uno, periódico de formato inédito, estrenado ese año, que reunió un staff maravilloso y sirvió de inspiración a El País de España.

HUÉRFANOS DE CULTURA

¿Fue en la tierra azteca donde maduró como periodista?

La de México fue una etapa crucial. Allí empecé a hacer el periodismo que siempre desee producir en mi país. En Argentina en ese entonces no había estudios universitarios de Periodismo; ninguno de nosotros cursó oficialmente la carrera, comenzamos a estudiar otras especialidades y en general las abandonamos para ponernos a escribir.

A falta de academia, ¿cuál fue el factor formativo cardinal de su generación?

¡El vínculo con la lectura!; todos éramos inmensos lectores, todos habíamos resuelto leer y cultivarnos, lo que venía unido a nuestras propias opciones y decisiones políticas: no había ningún joven con vocación política que no fuese un gran lector.

¿Qué propició, en México, la aparición de este tipo de periodismo?

Primero, la existencia de un órgano donde se podían publicar los trabajos. En aquella época de las dictaduras nosotros llegamos al exilio y allí, tanto en México como en otros países, se nos abrieron las puertas. El hecho de que estos periódicos tuviesen un carácter masivo y alcanzaran un amplio círculo de lectores, hacía la diferencia. Las dificultades para tener un medio de este tipo en la Argentina de las dictaduras de antaño, también subsisten ahora, cuando asistimos a la imposición de una recia dictadura global sobre los medios masivos, y estos han sido secuestrados por el poder imperial.

Usted no cree en la «objetividad» del colonialista. ¿Cree en las técnicas de manipulación?

Las técnicas de manipulación son contemporáneas con los servicios de inteligencia de los imperios coloniales; nacieron antes de que J. P. Goebbels acuñara la frase «miente, miente, miente, que seguramente algo quedará», puntal de la cruzada nacional-socialista en la Alemania de Adolf Hitler. Pero Goebbels, además de haber aprendido de otros, solo fue un perfeccionista de la manipulación en el momento histórico que le tocó vivir (1897-1945), período hoy superado por una nueva estrella de la adulteración, George W. Bush, el presidente norteamericano.Así como Hitler se propuso asegurar las fronteras alemanas en un contexto más o menos cercano, Bush ha decidido defender las fronteras de Estados Unidos en todo el mundo: para él «todo el mundo» es América, ningún lugar del mundo escapa a las pretensiones hegemónicas estadounidenses.

Sin embargo, hablábamos de periodismo, y así queríamos terminar…

Precisamente la manipulación del Imperio halla reflejo en el quehacer de los medios que le hacen el juego y que, en el ejercicio de la profesión, muestran una manipulación siniestra, inicua, que solo puede ser combatida por quien esté capacitado para impugnarla. Si dichos medios, las más de las veces, pueden llegar a manipularnos, es porque de antemano, con intención, «vaciaron» nuestros países; porque los nexos internacionales facilitan el colonialismo cultural; y porque dejaron a nuestras sociedades huérfanas de educación y cultura… Yo también quería terminar hablando de periodismo: quería decir que, por las mismas razones enunciadas, el nuestro debe y tiene que ser un periodismo de resistencia, por la verdad, desafiante de la «objetividad» colonialista…, ¡contracorriente!

1 Franz Fanon (1925-1961), médico psiquiatra martiniqués; combatiente por la liberación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con el FLN argelino y ejerció gran influencia teórica en Argelia y en África subsahariana. Sus ensayos más importantes son Piel negra, máscaras blancas y Los condenados de la tierra.

Publicado en Alma Mater, "La revista joven más antigua de Cuba". 2006