Durante la Dictadura Ferro protagonizo en Cordoba una anecdota inolvidable.

FERRO, EL DIBUJANTE DE LANGOSTINO GANO EL MAYOR PREMIO GRAFICO.

Liliana Moreno

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«Langostino» es, justamente, su personaje favorito. Vestido a rayas, con un barquito, en sus tiempos visitó países increíbles como Futbolia o Sincerilandia.

«IBEROAMERICANO DE HUMOR GRAFICO QUEVEDOS»

UN ARGENTINO GANÓ EL MAYOR PREMIO DEL HUMOR GRÁFICO

Eduardo Ferro, de 89 años, es el creador de «Langostino».

Lo distinguirán en Madrid.

El Maestro y Su Personaje. Ferro y «Langostino», el más querido.

(Diego Fernández Otero)

Por Liliana Moreno

limoreno@clarin.com

Si es saludable cada fin de año proponerse proyectos para el próximo, el gran humorista Eduardo Ferro, a sus 89, ya tiene los suyos: darle los retoques finales a un último personaje y viajar en octubre a Madrid a recibir el «Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos». Auspiciado por la Universidad de Alcalá de Henares y el Ministerio de Cultura de España, el galardón distingue a humoristas gráficos, españoles e iberoamericanos, «cuya obra ha tenido especial significación so cial y artística».

Como «no para» nunca, Ferro ya está pensando en el discurso del gran día. «Nada de solemnidades y algo de humor», dice. Cuesta escucharlo. Habla bajito en contraste con el chillido de las cotorras que invaden su jardín de Don Bosco, en Quilmes. Recibe con su atuendo característico: gorra visera y enormes lentes.

El premio se otorga cada dos años y consiste en 30 mil euros, unos 39 mil dólares. «Hoy no tengo un mango. Y no fue culpa del corralito. Disfruté mucho lo que gané, malgasté otra parte y la que reciba ahora pienso gastarla en Europa», se ríe. El primer argentino que recibió el «Quevedos» fue Joaquín Lavado, «Quino», en 2000.

Ferro nació en 1917 en Avellaneda. A los 16, con primaria completa, entró en la revista «El Purrete» del diario «Buenos Aires Herald». Después vendrían la futbolística «La Cancha», el diario «La Razón», la revista «Patoruzú». En ellas nacieron sus personajes más célebres: «Don Pitazo», «Langostino», «Bólido», «Tara Service», «Pandora», el buzo «Chapaleo». En el 83 y durante 12 años fue profesor de Humor Gráfico («Me gustaba con locura») en la Escuela de Dibujo de Carlos Garaycochea.

«Desde el chiste gráfico de una sola viñeta hasta la historieta humorística más sofisticada, Ferro pone en poético manifiesto las virtudes y defectos del ser humano en particular y de la sociedad en general», dijo de él el jurado español. Para sus colegas es «maestro de maestros». En 2004, casi 300 de ellos lo homenajearon: redibujaron —cada uno con su estilo particular— las 15 primeras páginas de la historieta «Langostino», sobre su guión original. Se expuso en el Centro Cultural Recoleta.

«Langostino» es, justamente, su personaje favorito. Vestido a rayas, con un barquito, en sus tiempos visitó países increíbles como Futbolia o Sincerilandia. «Lo elijo porque tiene cuerda. Si le armo una historia —dice— puedo interesar a los chicos de hoy». De los otros, elige a Inodoro Pereyra, de Fontanarrosa. «Soy fanático. Para mí es la historieta argentina más grandiosa de todos los tiempos».

Mientras espera octubre, «no para». «Hace un año que trabajo en una nueva historieta. Tengo 80 tiras y las estoy corrigiendo. Sólo cuento que el personaje es un arquero y que me gustaría publicarla en el Suplemento de Deportes de Clarín».

 

LANGOSTINO

                         

Langostino era un marinero libre y de hablar filosófico e inmensa dulzura, aparecido en 1945 en la revista Patoruzú. Era un navegante solitario, creación de Eduardo Ferro.

El personaje tenía el contorno alargado y elástico, y era desaliñado y de gestos pícaros, A bordo de corina (una embarcación redonda y pequeña como una palangana) se topaba con aventuras que no buscaba en sitios reales e imaginarios.

Navegaba mares ignotos visitando extrañísimos países e islas habitados por excéntricos seres. El héroe no era ni bueno ni malo. Ni siquiera tenía alguna causa confusa que defender, como los héroes de las guerras inútiles.

La tira de Ferro era un delirio de libertad sin límites, y tenía una frescura y humanidad que encantaba a todos, siempre con un toque melancólico y esperanzado. Era una catarata de palabras, tipografías, movimientos, referencias humorísticas y de actualidad.

Se decía que al final del recorrido el lector se sentía como cuando vuelve de pasar un día al aire libre: cansado pero feliz.

CULTURA: LANGOSTINO Y DON FULGENCIO, EN DIBUJITOS ANIMADOS

Del corazón popular a la tele

El navegante solitario y el hombre que no tuvo infancia, dos entrañables personajes que habitaron diarios y revistas, tendrán voz y movimiento Con esta adaptación puede revivir una época de oro del cómic local

Por Judith Gociol

De qué modo se mueven los diminutos pies de Don Fulgencio? Y ¿cómo se hace a la mar Langostino? ¿Debería ser agudo o grave el timbre de sus voces? Sobre estos interrogantes trabaja una productora independiente que transformará en dibujos animados al hombre que no tuvo infancia, de Lino Palacio y al navegante solitario, de Eduardo Ferro.

Nacidos en cuadritos de historieta, los dos personajes tienen más de medio siglo y alcanzaron una popularidad capaz de romper los formatos. En la pantalla aparece el gordo bueno de Don Fulgencio (cuerpo de adulto, alma de nene) sentado en un banco de plaza junto a su sobrino y antítesis: Tripudio, físico infantil e intereses de grande.

Ante ellos se cruzan una diosa rubia y un vendedor de globos. No hace falta aclarar a quién sigue cada uno. La idea de la productora, para cada historieta, es realizar 26 episodios de media hora dirigidos a toda la familia y en principio destinados a la TV.

En la adaptación de Don Fulgencio participaron los dos hijos -también historietistas- del dibujante: Faruk se encargó del guión y Cecilia de fijar los rasgos.Don Fulgencio apareció por primera vez en 1936 en el diario La Prensa. Resultó el exponente de una tipología historietística, la de los personajes transparentes y unilateralmente definidos por un rasgo: en este caso, la ingenuidad.

Fue reproducido en unas 50 publicaciones -incluido un periódico japonés-, llevado al cine y hasta incorporado a un diccionario en el que se explica que fulgenciar es hacer niñerías.Quietito, por favor Como los chicos, Don Fulgencio nunca se queda quieto y ése es -justamente- uno de los desafíos de la animación.

Es como si Palacio hubiese partido el cuerpo de sus personajes en dos mitades -observó Alan Pauls en La infancia de la risa- y a cada una le hubiera asignado funciones y capacidades antagónicas: el torso es estático, monumental, rígido como un bloque; las piernas y los pies, en cambio, forman una máquina hiperkinética y automotriz, capaz de los más ligeros alardes de dinamismo.

El pasaje de los cuadritos a la pantalla conlleva una paradoja. A pesar del movimiento, los dibujos pueden parecer duros ante la fluidez del trazo artesanal y manuscrito, explican Marion Carlés y Tomás Estrada, de la productora SB.

Las líneas cerradas y uniformes de la animación se las tendrán que ver con el contorno alargado y elástico de Langostino, un personaje desaliñado, de gestos pícaros, hablar filosófico e inmensa dulzura, aparecido en 1945 en la revista Patoruzú.

A bordo de Corina -una embarcación redonda y pequeña como una palangana- se topa con aventuras que no busca en sitios reales e imaginarios.

La novedad de Langostino reside -tal como señala Oscar Steimberg en Leyendo historietas- en que el héroe no es bueno pero tampoco es malo. Ni siquiera tiene alguna causa confusa que defender, como los héroes de las guerras inútiles.

 La tira de Ferro es un delirio de libertad sin límites. Una catarata de palabras, tipografías, movimientos, referencias humorísticas y de actualidad. Al final del recorrido, el lector se siente como cuando vuelve de pasar un día al aire libre: cansado pero feliz.

La idea de la animación es aprovechar el Langostino de la gracia física y, a la vez, tratar de no perder ese Langostino literario, indica el propio Ferro.

Mientras este personaje navega y trata de zafar con optimismo de la soledad, Don Fulgencio la aprovecha para soltar sus impulsos de niño.

El gordito cree que no lo ven, pero se equivoca: viejos lectores y nuevos espectadores lo espían, dispuestos a navegar -a bordo de una Corina- hacia la aventura de vivir o recuperar la infancia.

Clarin

EL PREMIO DE FERRO EN CORDOBA

En 1978, como parte de las campañas del Proceso de Reorganizacin Nacional en la búsqueda de una imagen de derechos y humanos aprovechando el evento internacional a desarrollarse en Argentina con el Mundial de Futbol, la gobernación de la Provincia de Cordoba organizo un evento internacional alrededor de la historieta.

Es asi que reunio a las ,mas grandes figuras del comic, dibujantes y guionistas argentinos como Guillermo Saccomanno, Carlos Trillo, Juan Sasturain; Caloi, Oski, Crist; Fontanarrosa, Ferro, el equipo de la revista Hortensia con Alberto Cognigni a la cabeza; Horacio Altuna, Robin Wood, e internacionales como el español Juan Giménez, el frances Moebius, etc, etc.

Para darle mas lustre lo unieron con alguna gente que en la Decada del 60 habia estado relacionada con el Instituto Di Tella y el éxito del pop, como el critico de arte Jorge Romero Brest que era un invitado prestigioso en la muestra.

La exposición fue lujosa y costosa y todo el mundo fue alojado, atendido y entrevistado.

El mundo de la historieta era un mundo de solitarios, alli frente a la maquina de escribir o frente al tablero de dibujo, los protagonistas desarrollaban un trabajo esclavo de producción artesanal.

Una oportunidad de reunirse y de reunirse con colegas de Europa era todo un acontecimiento, mas alla de toda consideración politica.

Aun asi, nadie comia vidrio, pero, ante el temor que habian provocado dos años de secuestros y persecuciones, todo el mundo miraba para otro lado, ya que no se podia hacer otra cosa, al menos, en la superficie.

Las mejores reuniones se hacian en los bares de Cordoba donde nos encontrabamos con Oski, con Mandrafina, Fontanarrosa, Cristóbal Reynoso (Crist); Trillo, Brócoli, Tabare, Caloi, Marcucci, Saccomano, etc.

El dia del cierre hubo premios y distinciones al comic y la historieta y en particular a los invitados extranjeros. La fiesta se desarrollo en un salon antiguo, amplio y distinguido que podia ser tanto la casa de gobierno, como al legislatura o un lugar asi de prominente, tipo hall de la película Brazil.  Las mesas exhultaban caviar, pollo, pavo, lechon, pescados, etc, etc. Fastuosas mesas y bebidas para alegrar a los invitados y mostrar la exhuberancia de la pax argentina.


Al finalizar el acto llamaron al gran dibujante Eduardo Ferro, maestro de maestros, autor de Langostino y Bolido, para que le entregara un premio (el ultimo) al gobernador de la provincia  Adolfo Siwald.

Ferro, chicato de tanto dibujar, subio a la tarima y recibio el premio que debia entregar, de parte de un funcionario de relacioines publicas de la gobernación cordobesa. Todos, estabamos ya podridos de esa atmosfera militar que enmarcaba la reunion de confraternidad de dibujantes y guionistas. Flotaba en el aire un tufillo a rebeldia y un deseo de mandarnos alguna joda con los milicos, ante la ridiculo de la situación, en la que, los dictadores hubieran pensado un tributo a su nombre de los prestigiosos profesionales del comic presentes y aun de los invitados internacionales, traidos para que llevaran a sus paises la voz del orden y la paz imperantes en el pais..

Entonces sucedio.

Trillo, Saccomanno, Marcucci, y otros que alli estabamos de publico ante los premios comenzamos a aclamar a Ferro como si el fuera el beneficiario del premio que le habian entregado al solo efecto de que, en nombre de los artistas presentes, distinguiera al gobernador militar, general de brigada  Adolfo Sigwald, que, a pocois pasos del notable dibujante, lo esperaba con ansiedad, cada vez mas tenso..

Los vitores de la banda de la historieta fueron subiendo de tono y Ferro, alli arriba, en el escenario, medio haciendose el boludo, medio no entendiendo, medio chicato, comenzo a levantar el trofeo y agradecer con una gran sonrisa y algunos gestos, la algarabía que lo festejaba. Esa escena duro algunos minutos donde los gritos y Vivas surcaban el aire, que, para los funcionarios del gobierno militar, comenzaba a cortarse con un serrucho.

Fue un acto de protesta, de solidaridad, un gesto tan inútil como verdadero, una joda, una manera de resistir, minimamente, tanta hipocresía, tal pretensión, y tanta opresión.

Los tipos se abalanzaron sobre Ferro, y, de buenas maneras lo guiaron hasta el gobernador para que le diera el trofeo elegido por los alcahuetes para justificar tanto gasto y darle una foto de gloria social a un gobernador que ejecutaba como un secreto a voces, una tarea tan ignominiosa.

Los canticos y festejos cesaron y todos nos hicimos los boludos rapidamente. Luego, Ferro fue saludado y felicitado, por cada uno de los presentes, como si, en realidad, hubiera recibido un premio, ante el desconcierto, aun mayor, del gran maestro del comic argentino. Un hombre transparente, bueno, genial y de un humor casi ingenuo.