El sabía que el pizzero iba a entrar como representante, porque los números cerraban.

EL INVENTO

Isidoro Augusto Córdova

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Isidoro Augusto Cordova:-Hay que buscar, para integrar la lista de representantes, gente que exprese el pensamiento, la concepción, las vivencias profundas e íntimas de los ciudadanos de Sodoma.

 

EL INVENTO

 

Por Isidoro Augusto Córdova *

 

Damián Panigrasi era un empresario gastronómico exitoso, con una cadena de pizzerías por toda la ciudad. La primera pizzería, la fundó su abuelo, allá en puerto de la madera. Luego su padre abrio una sucursal en el centro mismo de Sodoma.

 

Ahora Damián le agregaba la cuota de moder-sofisticación necesaria para sobrevivir entre tanto fast-food, influencia de la globalización en la comida.

 

Damián, desde pequeño era un aficionado a las carreras pedestres de largo aliento, participó en varias maratones por la ciudad logrando ganar en alguna y hacer un buen papel en todas. Esta actividad deportiva, unida a la fama que tenían sus pizzerías, le permitía tener un lugar de expectación en el cholulismo sodomita reinante.

 

Entre sus locales no faltaba la sucursal "Damián VIP", con todo el mal gusto copiado de Miami, pero de moda entre los noctámbulos esta le permitía mantener cierta fama entre la farándula cholula.

 

A la inversa, en sus locales populares, bajo el rótulo de "La pizza de la abuela de Damián" sus productos le hacían disfrutar de una bien ganada popularidad por calidad y precio. Fama en todos los sectores sociales, incrementada por algunas fotografias que publicaban tanto revistas del corazón  como semanarios deportivos.

 

Toda esta publicidad, debidamente alimentada tanto con pizzas como en efectivo, le permitía gozar de cierta "trascendencia social" en la ciudad de Sodoma.

 

Todo empezó aquella noche, a poco tiempo de asumir el Marajá llegado de Gomorra.

 

Solimán entró por la puerta de su local, acompañado de sus hijos y de algún alcahuete, esto marcó el inicio del crecimiento comercial, cholulo y político de Damián.

 

Efectivamente, en poco tiempo Damián estaba en el comentario público, tanto el pizzero como el deportista. A la visita inicial del Marajá y de su familia, siguieron algunas visitas del Marajá por su lado, y de la familia por el suyo.

 

Su "fama" fue creciendo.

 

Pero lo más importante es que el entorno del Marajá también comenzó a frecuentar su VIP. Para comer pizza, pero también para ver y ser vistos, salir en las revistas de actualidad y, en alguna oportunidad, cuando éste aparecía por la pizzería sin aviso previo, sentarse en la mesa del Marajá.

 

Damián fue el inventor de la pizza de caviar, muzarella y kani-kama, regada con champán frappé. Quizás ahí se inspiró una famosa escritora y periodista de la época para escribir su libro "Pizza y champagne".

 

Una noche el Marajá llegó solo y por pedido de algunos papparazzi accedió a sacarse fotos cocinando la pizza. También manifestó que la "Gran Damián", como se conocía la pizza de caviar, muzzarella y kani-kama, el pizzero la había hecho por sugerencia de él.

 

Damián asintió y sonrió complacientemente y Solimán se llevó toda la gloria y la fama que podía producir una pizza. Para retribuir su silencio, cómplice ante su afirmación culinaria, pero más que nada para conversar, el Marajá invitó a Damián a que lo visitara en su palacio.

 

A la visita fue solo, conduciendo su propio BMW.

 

Llegado a Palacio, fue conducido rápidamente hacia las dependencias privadas, donde se encontró con varios cholulos del entorno nocturno del Marajá, que lo saludaron efusivamente. Pero en ellos se percibía el celo que surgía por la presencia de un extraño en aquel círculo reservado a los amigos del rey que, como dice el filósofo, no quieren que el rey tenga más amigos.

 

Chichonearon alguito, tomaron una copa de champán, comieron algunas empanadas y pronto el Marajá lo invitó a que caminaran juntos, por el jardín sin compañía.

 

-Me dicen los muchachos, que cuando van a tu boliche les hacés pagar las cuentas de lo que yo consumo, pero a mí no me querés cobrar, como tampoco a mis hijos.

 

-Las pagan con gusto, Señor. Les digo que Usted las dejó especialmente para que las paguen Fulano o Mengano, y que Usted luego me pregunta si efectivamente lo hicieron.

 

-¿ y pagan realmente?

 

-Sí, tienen miedo que Usted crea que ellos no son capaces de pagarle la pizza, se preocupan en quedar bien, para que los haga sentar en su mesa. En mi boliche, de alguna manera yo administro la lista de comensales y sus ubicaciones, no quieren andar mal conmigo ni quedar descubiertos por su tacañería.

 

 

El Marajá admiró la inteligencia natural del Sodomita. Es más, la chanza le resultó divertida, tenía inventiva, y resolvió hacer otra prueba antes de profundizar más su relación con el pizzero.

 

Apareció de sorpresa otra noche, acompañado con una de sus favoritas -cuando no iba con la familia llevaba alguna de sus favoritas-, mientras se sentaba en la mesa que le indicaba Damián, contento como siempre de oír los murmullos que su presencia levantaba, Solimán dijo con voz lo suficientemente alta como para que todos pudieran oído:

 

-Damián, no dejes sentar a nadie que no sea capaz de pagar lo que consumo.

 

Sin querer, había metido el dedo en la llaga. La noche anterior, el Gran Visir, que tenía fama de "duro", se había negado, frente a la tradicional apostilla de: "El Marajá me dijo que esta cuenta la paga usted", le había contestado sobradoramente: "A mí no me vengas con cuentos. Si el Marajá quiere comer pizza, que se la pague él".

 

Esa noche también estaba el Gran Visir, que escuchó el comentario cuando se levantaba sin permiso para, sentarse en la mesa del Marajá. Estaba viniendo seguido, pues quería intimar un poco más con Solimán para obtener algunas dádivas en algunas licitaciones de alfarería.

 

El sabía que el salón VIP de la pizzería era un lugar apropiado para una charla íntima con -Solimán.

 

La mirada que cruzaron entre el Marajá y Damián sirvio para ponerlo de sobre aviso.

 

El Gran Visir había perdido su apostura y seguridad. El Marajá intuyó su presa y se arrojó paro destrozarlo. Había muchos testigos de las palabras de la noche anterior, y todos estaban expectantes.

 

-¡Mi Gran Visir! Usted es el primero que cumple con mis deseos de pizza y champán, y el primero que se ofrece paro pagar mis gustos-gastos. Pues para eso recibe siempre mi generosa contribución a sus necesidades personales.

 

¿No es así,Damián? ¿Por casualidad quería hablarme hoy de esas dádivas?

 

Cuando Damián iba a decir algo, el propio Gran Visir se le adelantó:

 

-Señor, queda una pendiente que aún no he podido liquidar por falta de efectivo, ya que no quiero pagar estos menesteres con plástico. Mañana mismo se le enviará al Señor Pizzero

 

Damián lo que se le debe, así como lo que hoy consuma, Señor.

-Hoy no te toca a ti. Abona sólo cuando Damián te lo diga. No quites, pues, el placer a otros de pagar mis gustos-gastos.

 

Estos ácidos comentarios no sólo impidieron que se sentara en su mesa, tal cual era su proyecto inicial, sino que llenaron de ratones la cabeza del Visir sobre la profundidad de la relación del pizzero con el Marajá. Siguiendo su costumbre,

 

Damián acercó hasta la mesa de Solimán a aquellos que esa noche le resultaban más simpáticos, o a aquellos a quienes consideraba más humildes en el trato hacia su persona.

 

Mas aún, tenía la costumbre también de presentarle a algunos de los concurrentes normales, que de esta manera hacían propaganda del local entre sus amistades y conocidos. Gesto éste de sentarse con el público que también halagaba y gustaba al Marajá.

 

Cuando éste se retiró, lo invitó a concurrir al Palacio la noche siguiente.

 

A la noche siguiente, luego de la tradicional ceremonia de los amigos, volvieron a quedar solos Solimán y Damián, pero  esta vez no en el jardín, sino en una biblioteca donde el Marajá lo hizo sentar en una cómoda poltrona.

 

Comenzó a hablar pausadamente:

 

-Son muchos los seres humanos que tienen condiciones naturales para hacer política.

 

La gran mayoría no se dedica a ello. Pero, como dice el poeta, quizás sólo están esperando la voz que como a Lázaro les diga: "Levántate y anda". Vos sos piola y has sabido rodearte con el ángel suficiente como para que casi todos los sectores sociales de Sodoma y en todos los barrios, te miren con simpatía.

 

-Señor; soy un buen pizzero, sé preparar la masa, y en mis tiempos libres me dedico a correr. Eso hace que me conozcan.

 

-Por eso, precisamente, has conseguido casi solo lo que otros especialistas se la pasan buscando.

 

Vas a ser el primero por el partido Populista en la lista de representantes, en las próximas elecciones.

 

Antes de anunciarlo, vamos a redoblar la campaña indirecta, como la que venís haciendo hasta ahora. A propósito, y como sos soltero, ¿no te gustaría algún romance con alguna mina conocida?

 

Sorprendido, Damián no supo qué responder. Sólo atinó a farfullar algunos comentarios.

 

Entonces, el Marajá retomó su monólogo:

 

-Dejá que de eso se ocupen los que saben. Vos, mientras tanto, seguí como hasta ahora, que tan mal no lo hacés.

 

A partir de la charla de esa noche, Damián Panigrasi fue aumentando su presencia en los medios de comunicación afines al Gobierno. Al incremento de la imagen siguió una mención, casi al pasar, del Marajá en una conferencia de prensa:

 

-Hay que buscar, para integrar la lista de representantes, gente que exprese el pensamiento, la concepción, las vivencias profundas e íntimas de los ciudadanos de Sodoma, que exprese: su idiosincrasia.

 

Porque comparte sus sueños y sus frustraciones creo, sin temor a equivocarme, que Damián Panigrasi es un magnífico representante de este ser sodomítico.

 

El comentario fue seguido de todo tipo de especulaciones periodísticas y revoluciones en la interna del oficialismo, que observaban atónitos la llegada de un nuevo extraño.

 

Otro más, y ni siquiera venido, como muchos, desde Gomorra, para ocupar lugares que el Marajá consideraba imprescindibles para hombres de su confianza de toda la vida.

 

Tampoco había surgido de filas extrapartidarias, como tantos otros. Era un maratonista pizzero que iba a enfrentarse, como paladín del Marajá, a pesos pesados de la política de Sodoma.

 

Stanislas era quizás el más afectado de todos. El sabía que el pizzero iba a entrar como representante, porque los números cerraban. Pero a él le preocupaba la designación al Gran Conse.jo o Cámara Alta, donde estaban puestas todas sus aspiraciones,

 

-¿Quién va a ser el Candidato? -inquiría una y otra vez-, Acá no se elige, se designa a dedo, no es lo mismo que con Panigrasi, que debe ir a una consulta popular. El gran consejo es para mí. i Y ahí quiero ir yo, ahí tengo que ir yo!

 

En realidad, éstas eran expresiones para un público que pertenecía al entorno, y no una manera de oponerse a las pretensiones del gomorrense Benito, quien también quería ir al Gran Consejo, o como Pancho O' López que tambien aspiraba a ese mismo puesto.

 

Pero en la intimidad de las charlas mantenidas con el Marajá, Stanislas se cuidaba muy bien en la forma de plantear la cuestión:

 

-Dime, Marajá: ¿A quién consideras más apropiado y de tu mayor confianza para, enviar al Gran Consejo en nombre del partido oficialista de Sodoma?

 

Su voz trataba de ser la más dulce, engolada y lo más cónplice posible.

 

Hasta entonces, el Marajá había eludido la respuesta. Has: que un día, quizás cansado de tanta perseverancia, molesto con la pregunta por tanta insistencia pesada, le respondió, con estilo de "casi al pasar":

 

-No sé, voy a ver a quién invento.

 

IC/

 

 

De CUENTOS DE SODOMA Y GOMORRA Editorial Dunken Diciembre 2006.