Un tiro para el lado de la justicia

POR LOS MÁS AMERICANOS

Construimos ahora una cultura que responda a nuestro mandato histórico. O terminamos todos esclavos del coloniaje. La XVI cumbre de países Iberoamericanos de Montevideo de octubre pasado, si bien no logró un tratamiento periodístico generoso, aportó un cambio en una postergada temática propia de estas tierras americanas. Este foro multilateral, aprobó en forma conjunta la constitución del FONDO INDIGENA. Un programa que ya existía desde hace unos catorce años y que luego de esta última declaración se convertirá en organismo multilateral iberoamericano.
 En un marco pródigo en declaraciones conjuntas sobre migración, cultura, educación y desarraigo, la reunión de Montevideo se consagró con especial determinación a apoyar a cada país miembro a través de las instituciones nacionales competentes. En Argentina el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas), sería el destinatario de dichos fondos.

 

La noticia coincide con la sanción en nuestro país de una nueva iniciativa que actualiza nuestra legislación en este campo y que faculta a dicho instituto a relevar todas las poblaciones indígenas actuales, como asimismo a verificar el estado posesorio de sus territorios ancestrales

 

Si bien existen numerosos programas de ayuda social en vigencia, su penetración en terrenos agrestes no siempre resulta fluida. Programas nacionales como el Plan Nacional de Soberanía Alimentaria, el Programa Familias “por la inclusión social”, o el Plan de Desarrollo local y Economía Social “manos a la obra”; no siempre cobran la esperada eficacia allí donde el monte tapa de sombras la mirada pública. Probablemente sea entonces esta la oportunidad de repasar el enfoque con que abordamos la cuestión de nuestros pueblos originarios

 # Mbya Guaraní: El prestigioso Biólogo Raúl Montenegro, premio Novel alternativo 2004, en su libro “El silencioso genocidio de los Mbya Guaraní de Argentina”, ayuda a entender parte de esta situación establecida en la Provincia de Misiones. Sencillamente dos compañías madereras con la anuencia de las autoridades provinciales, deforestan indiscriminadamente nuestras selvas, hábitat natural de más de tres mil misioneros con esta digna pertenencia originaria. A consecuencia de la pérdida de tierras, comprendidas mayoritariamente por la reserva Yabotí, entre muchos otros parajes. La vida de cada familia originaria se ve dramáticamente afectada. No solamente la falta de recursos naturales obtenidos por la caza selectiva, la pesca artesanal y la recolección manual de frutos silvestres se ve afectada. Sino que la pérdida de su medio natural ha llegado a tal punto, que ha crecido la mortalidad infantil a niveles tales, que los organismos de derechos humanos ya han denunciado el caso como genocidio ante los organismos competentes.

 
Nuestros hermanos los indios obtienen todo de su medio ambiente, materiales para la construcción de sus casas, embarcaciones, armas y hasta herramientas. Pueden autoabastecerse de alimentos y lo que es más increíble, de medicamentos. Y aquí radica la principal causa del mencionado flagelo sanitario. Un Payé (médico – mago) Mbya Guaraní, reconoce unas 120 substancias curativas en su medio natural, cifra que resulta increíble si tenemos en cuenta que la industria farmacéutica actual se basa solamente en 60 drogas base, de las que se derivan todos los productos farmacéuticos con reconocimiento médico oficial. La falta de disponibilidad de ese silvestre recetario, impide la atención sanitaria de los más desprotegidos y así es como los ancianos y los niños pierden tempranamente su salud en pos de una prosperidad ajena, que jamás regresa en ventaja social alguna, pero que si pasa por el banco, la gobernación y el bolsillo del deforestador impune. 

 Este caso es hoy considerado a nivel mundial, un ejemplo de cómo una cadena agroalimentaria grande, canibaliza a la más pequeña hasta su extinción. A pesar de encerrar la selva misionera innumerables valores biológicos, representados no solamente por los centenares de usos medicinales descriptos, sino también por fibras textiles, pieles, carnes, maderas, nueces y frutos alimenticios en general; prima la avaricia del más ignorante actor del escenario, que desinvierte, empobrece y discrimina a tal extremo que el terreno queda yermo y despoblado.En la actualidad son reconocidos unos 600 usos medicinales extraíbles de nuestras selvas interiores sudamericanas. A un solo hombre de medicina de origen peruano se le llegaron a datar unas 300 substancias de aplicación curativa en su “vademécum silvestre”. Un verdadero sabio.

 
Este atroz ejemplo sintetiza en pequeña escala, todos los elementos desde los que podríamos interpretar varias de las desigualdades sociales que han venido azotando a toda la región desde hace unos quinientos años. Aún la “huella ecológica” en Sudamérica permite planear una solución con chances de éxito. Quedan ríos, bosques y praderas. Sólo falta comenzar a habitarlos, como si siempre fueran a ser nuestros.