EDITORIAL DEL 8 DE OCTUBRE DE 2005

HAY PACTOS DE SILENCIO SOBRE EL PASADO

Una cantidad de hombres que en el pasado cometieron gravísimos crímenes contra la Constitución Nacional, hoy son parte de la clase política, y necesitan solo impunidad y olvido.
EDITORIAL DEL SÁBADO 8 DE OCTUBRE DE 2005 Estábamos hace unos días en Resistencia, Chaco, cuando el Equipo de Antropólogos forenses ubicó en el Cementerio de San Francisco Solano y después de largos trabajos, a los restos de los fusilados en Margarita Belén. Estabamos en esos momentos con los compañeros de la Federación Nacional de Salud, y con nuestro compañero el Pelusa Carrica, y con Rolando Nuñez, Ricardo Zambrano, Mabel Tisoco y tantos otros, realizando talleres en el sindicato de los empleados del Estado provincial, y la noticia que nos trajo al plenario un Carrica hijo de desaparecida y profundamente conmovido por haberse asomado sobre las fosas abiertas de los NN, nos afectó profundamente, nos hizo recordar las luchas pasadas, y evocar juntos y con profunda religiosidad a tantos compañeros desaparecidos. La historia dramática del país de los argentinos continúa estando allí nomás, casi a flor de tierra y nos obliga a relacionar una vez más, lo que pasó ayer con las tareas inconclusas que tenemos por delante como generación y como Pueblo. Me contaron que un alumno universitario del CBC, le confesó con sorprendente lucidez a su profesora: “sabe por qué no quiero estudiar historia, porque leer historia me compromete y sabe qué Profe…? yo creo que al mundo no se lo puede cambiar…”. El chico advirtió con sagacidad que la lectura de la historia nos obliga a tomar posiciones en el campo de la identidad y de la política, y que nos conduce a comprometernos con el pasado y a buscar cambiar las cosas en el presente. El chico es parte de una generación escéptica y tiende a creer que las cosas no se pueden cambiar, pero en todo caso, esa sería otra discusión y otros debates, debates en los que no somos ajenos ni dejamos de tener una enorme responsabilidad, lo que destacamos ahora es que el chico supo advertir lo que muchos parecen haber olvidado, que la historia nos conduce siempre a tomar posiciones políticas para modificar a la sociedad en que vivimos. Sin embargo, en algunos casos parecería, que las reivindicaciones históricas podrían llegar a ser, todo lo contrario, un pretexto para no cumplir las demandas actuales. Y aunque ello en principio nos parezca un desatino, creo que no deberíamos siquiera permitir que se intentara manipular a la historia para que al ocuparnos de ella nos desocupemos del presente y dejemos de hacer la propia historia, esa historia que hoy, nos corresponde hacer. Así por ejemplo, en el caso de la investigación sobre la violación de los derechos humanos de hace treinta años. Debemos ser muy, pero muy claros, la investigación de aquellos crímenes atroces y la reivindicación de las luchas del pasado no eximen del olvido de los derechos humanos del presente. Las meritorias campañas de reivindicación de los Derechos Humanos transgredidos en el pasado, no son ni deberían ser de manera alguna, excusa para no resolver los terribles dramas del presente. La constante violación a los derechos alimentarios de la población indigente, la violación a la dignidad de nuestro Pueblo que significan los aparatos clientelares y la mayor parte del asistencialismo que se implementa desde organizaciones estatales y privadas, el absoluto desconocimiento de los derechos precautorios en el campo de la Biotecnología y especialmente en la habilitación de semillas transgénicas y de alimentos originados en organismos genéticamente modificados, el ignorar los derechos a disfrutar de un ambiente sano tal como lo indica la Constitución Nacional, son entre muchas otras, atrocidades del presente que parecieran pretender ocultarse con el rescate de una memoria y de una justicia de treinta años atrás. En la Provincia del Chaco de donde venimos, y en especial en los alrededores de la ciudad de Resistencia, a metros de dónde se están excavando las fosas donde se enterraron a las víctimas de la dictadura militar, se registran los más altos índices de desempleo de todo el país, allí está creciendo una generación de niños argentinos con gravísimos síntomas de oligofrenia cultural, como consecuencia del hambre y la indigencia en la que viven, pero también como consecuencia de la corrupción y de la impunidad de la clase política gobernante en la provincia del Chaco. Dos años atrás, más de quinientos niños menores de un año murieron por causas evitables, causas que son un eufemismo para ocultar el hambre y la desnutrición. Sin embargo el gobierno festeja actualmente que el año anterior murieron solamente cuatrocientos cincuenta, pero no dice que en realidad lo que hubo fue una campaña masiva de registro de niños sobrevivientes, cosa que permitió diluir las cifras de los muertos en las nuevas estadísticas que se nos publicitan. ¿Festejará también, nos preguntamos, el ex gobernador Rosas el caso de cólera reaparecido en estos días como un azote de otros siglos sobre su provincia del Chaco? En su momento, el conjunto del país se opuso a la doctrina de los dos demonios, porque en nuestra recién descubierta cultura democrática de los años ochenta, nos negábamos con escándalo a que se pretendiera equiparar la violencia que puede llegar a generar el Estado terrorista con la violencia generada desde los grupos insurgentes. Sin embargo, han transcurrido más de veinte años desde entonces, nuestro entusiasmo en la Democracia está, gracias a la clase política, sensiblemente menguado, y vemos con dolor cómo cerrarle el paso a la doctrina de los dos demonios ha servido también para ocluir un debate sobre los años setenta y asegurar impunidad a la dirigencia de un proceso criminal que persistió en levantarse en armas contra el Gobierno constitucional, que no vaciló en arrastrar el país al caos y al golpe militar, llevada por la convicción de que era preciso agudizar las contradicciones, porque ello les aseguraba la posibilidad de un enfrentamiento en el campo militar en el que dar una batalla definitiva por el Socialismo. Hoy es fácil reconocer la paranoia criminal de los protagonistas de aquellas situaciones, sin embargo ellos están aún entre nosotros, reconvertidos y emprolijados, impunes de toda impunidad y de toda sanción moral por parte de la gente, inclusive libres de darnos alguna explicación acerca de lo que hicieron. Llenaron en su mometo de cuadros funcionariales el Gobierno de Menem y también los posteriores gobiernos, incluyendo al actual, todos los pactos de silencio de los antiguos militantes los protegen, la falta de debates sobre la lucha armada de aquellos años los protege y les asegura una mayor impunidad. Sí, los pactos de silencio sobre el pasado con que nos encontramos a diario cuando pretendemos recuperar la memoria colectiva patrimonio de los argentinos, ocultan la imposibilidad de asumir la propia historia. Y ello no es un hecho menor, ya que son una suma de razones individuales de no poder reconocer los propios extravíos, lo que obliga al extravío colectivo del sentido de la historia en los argentinos jóvenes. Ellos pierden los signos y las señales que les permitirían continuar como protagonistas una empresa, la empresa de la historia colectiva de los Argentinos. Y pierden esas señales sólo porque una cantidad de hombres que en el pasado cometieron gravísimos crímenes contra los Derechos Humanos y políticos de la época, y contra la Constitución Nacional, hoy son parte de la clase política, y para seguirlo siendo necesitan para ello tan solo impunidad y olvido. Ellos son los que administran con perversión la desmemoria de nuestros jóvenes. Ellos, tal como ocurre hoy en la Provincia de San Juan, se han reconvertido de señores de la guerra en dueños de vidas y de haciendas de sus comprovincianos, manejan la provincia a su capricho y acuerdan con las multinacionales entregándoles vilmente como en Pascua Lama el territorio nacional e hipotecando el futuro de los argentinos. Esos pactos de silencio y esa falta de debates ha llevado asimismo a que la izquierda tome sin crítica alguna lo peor de aquellas experiencias, que incorpore lo formal y lo anecdótico de los años setenta extraviando en cambio la posibilidad de rescatar siquiera la mística y la convicción en lo nacional de tanta multitudinaria juventud de aquellos años. Y así los vemos hoy marchar aparatosamente bajo inmensas pancartas coloridas, encuadrados casi militarmente como si fueran millones y no apenas puñados de pobres locos embozados que sostienen los enormes velámenes de los carteles, convencidos todavía que es necesario agudizar las contradicciones, ahorrarse términos medios y acelerar un enfrentamiento final donde se defina como en una pulseada no se sabe con quienes, el destino socialista que nos anticipan una vez más, inexorable. Son los espectros demenciales y a la vez irremediablemente ridículos de un pasado que no podemos dejar atrás porque el silencio y la conjura obligan a que continúe presente entre nosotros, sin palabras que lo nombren, pero presente tal como los crímenes inconfesables sobre las vidas de los protagonistas. El país necesita nuevas configuraciones del pensamiento político para poder salir de los encierros actuales. En esta etapa preelectoral vemos una vez más como el universo de la política se ha reducido a grupos de iniciados, a empresas de publicidad, a confrontación entre fotografías de candidatos y particularmente a una enorme demanda de que el común vuelva a delegar en los candidatos el propio destino y las propias responsabilidades sociales. Alguien que nos quiere y que gusta de este programa, nos pide con cierta inocencia, que formemos un partido porque querría votarnos. Lo lamentamos, lamentamos que la oyente no haya comprendido aún que cuando criticamos los modelos de representación política y cuando señalamos la necesidad de dejar de delegar en otros nuestro propio poder como ciudadanos, estamos revalorizando y reconfigurando el sentido de la política de una manera tal que traicionaríamos nuestro compromiso si hiciéramos lo que se nos pide. Nos sorprendemos una vez más en estos días, de ver caras numerosas en los locales partidarios de vecinos en los que jamás sospechamos alguna mínima preocupación por lo social, lo vecinal o lo colectivo. Nosotros que no hemos hecho más que hacer uso de la palabra política durante toda nuestra vida, enmudecemos en estos períodos en que tantos hacen uso de una recién estrenada asertividad, en que se presentan con desfachatez en nuestras casas para pedirnos el voto y asegurarnos su solvencia moral, cuando hasta ayer ni siquiera nos saludaban si nos cruzábamos por la calle. Algunos dicen que en estos momentos justamente cuando muchos sienten el tironeo de un llamado profundo de participar, deberíamos estar allí en primera fila como si nadáramos en el mar y tratáramos de dar la brazada correcta cuando la corriente nos impulsa hacia delante. Tal vez tengan razón, pero sigo mis impulsos y no es eso lo que me viene en ganas se hacer ahora. En verdad lo siento, parece que nacimos contrariados, justamente en estos momentos es cuando menos deseos tenemos de hacer uso de nuestra palabra y de nuestra vocación por la política… Sentimos en nosotros, que una visión encorcetada en lo meramente partidario nos excluye definitivamente. Una mirada que no sabe reconocer la existencia de otros espacios, que no valora el diálogo y la necesidad de hallar ámbitos plurales de diversidad nos deja afuera de la vida política oficial. Provenimos irremediablemente de un tiempo en que hacer política era participar de un movimiento nacional, era asimismo ser afiliado y militante sindical o sumarse al Instituto Juan Manuel de Rosas y estudiar la historia de nuestras luchas nacionales, un tiempo en que el hacer política podía incluir numerosas y diversas actividades, pero jamás la de afiliarse a un partido político. Lo siento, pero sigo siendo un movimientista, y continuaré haciendo política por fuera de los partidos y desde lo social, aguardando confiado pero sin esperanzas, un cambio en las conciencias que permita nuevas configuraciones de la acción ciudadana y por lo tanto de la política. La antinomia oficialismo oposición es propia de esa mirada encorcetada a la que nos referíamos. Siempre resulta fácil recostarse en los ganadores, también resulta fácil cruzarse a la vereda de enfrente y criticar a los que gobiernan sin mayores responsabilidades propias de probarse. Lo difícil es mantener la coherencia con las propias convicciones sin poner mediaciones ni espacios que nos preserven de los debates o de los riesgos de tener propuestos y sobre todo de saber qué hacer si estuviéramos donde están los inoperantes a los que criticamos. Lo difícil es según parece, construir espacios de crítica constructiva desde la sociedad civil que no se rindan bajo el peso de la propaganda o de los planes asistenciales. Hoy la izquierda comienza a reconocer, gracias al proceso bolivariano, la validez del populismo para inaugurar en la conciencia de los excluidos nuevos niveles de conciencia y de participación que no les daba la mera democracia. Y el populismo comienza a dejar de ser entonces, desde ámbitos académicos e intelectuales, una categoría de reprobación como lo fuera cuando éramos jóvenes. En buena hora que cambien esos intelectuales, lástima que siempre lo hagan tarde y que no sólo se hayan perdido la propia fiesta, sino que además hayan hecho todo lo que pudieron para arruinarnos la fiesta al resto. Algunos nacimos en el populismo y no necesitamos elaborarlo de manera intelectual para aceptarlo ni tampoco depositamos en él las falsas esperanzas que los condujeron a confundir las cosas y a sentirse en un momento dado desengañados con Perón y hasta pensar como alguna vez se dijo: el LUCHE Y VUELVE fue un éxito de la JP, pero… lástima que volvió… Muchos de los que lo pensaron o acaso lo expresaron en su momento, hoy se dicen sin embargo peronistas, aunque en verdad tal vez nunca lo fueron, y están allí expuestos ante la mirada de la historia con sus mezquindades, sus cobardías, sus pequeñas miserias de funcionarios. Ahora que están en campaña parecen a veces liberados de sus ataduras, tal como nuestro Señor Canciller al que le hemos escuchado expresar en televisión que deberíamos salir de este modelo de agro exportación de comodities que ha devastado los territorios, en especial a su provincia de Santa Fe. Alguien nos llamó para decirnos que parecía que el candidato estaba leyendo documentos del GRR, del Grupo de Reflexión Rural. Sí, tal vez lo hizo, y si así fuera nos alegramos, que nuestra producción intelectual está en ese sentido al servicio de quien la necesite, pero es probable que no haya sido así y que siempre lo supiera aunque una extraña parálisis les impida decirlo o hacer lo que supuestamente quisieran, cuando están en los cargos decisorios. Y como el misterio existente entre las promesas de los discursos y la miserabilidad de los hechos posteriores, nos sigue sorprendiendo. Porque seguimos siendo movimientistas y tal vez populistas, y porque creemos todavía que mejor que decir es hacer, en este ocho de octubre tan particular porque es la fecha aniversario del nacimiento de Perón, quisiéramos rendirle nuestro homenaje a él, tan incomprendido como traicionado, y también quisiéramos alentar nuestros sueños más allá de la esperanza, de que si aún no ha nacido, en algún remoto casería o asentamiento del país de los argentinos esté como entonces naciendo hoy un mestizo pequeñito que sea alguna vez capaz de aglutinarnos otra vez para que juntos decidamos levantar tantas banderas caídas que solamente reclaman brazos valientes que las recojan, y que, como tantas veces dijéramos a los gritos desde jóvenes, atropellándonos sobre la Avenida de Mayo frente al diario Crítica, y emborrachándonos de patriotismo con nuestras propias voces, …que las alcemos y las conduzcamos a la victoria!! A la Victoria y para siempre. Que así sea… Jorge Eduardo Rulli Horizonte Sur en Radio Nacional AM horizontesur@radionacional.gov.ar rtierra@infovia.com.ar