1970 Mohammed Alí (Cassius Clay) vence al argentino Oscar “Ringo” Bonavena por nocaut en la última vuelta. en el Madison Square Garden de Nueva York

EL ARGENTINO OSCAR RINGO BONAVENA, ENFRENTABA A CASSIUS CLAY

En el Madison Square Garden de Nueva York el más grande boxeador de todos los tiempos de la categoría Peso Pesados, Mohammed Alí, nacido con el nombre de los dueños de sus abuelos, Cassius Clay, enfrentó al argentino Oscar “Ringo” Bonavena, logrando vencerlo por nocaut en la última vuelta.

Muhammad Ali

MUHAMMAD ALI VS RINGO BONAVENA, A 50 AÑOS: UNA PELEA CON UN FINAL DE PELÍCULA QUE EMPEZÓ MUCHO ANTES DE QUE SE CALZARAN LOS GUANTES

NAC&POP

07/12/2006

Ringo Bonavena, a 50 años: una pelea con un final de película que empezó mucho antes de que se calzaran los guantes

El 7 de diciembre de 1970, el boxeador de Parque Patricios cumplió su gran objetivo de pelear contra el pesado más grande de la historia luego de esperar más de tres años.

Los detalles de un combate épico que duró mucho más que 15 rounds.

Oscar Bonavena escucha las indicaciones del árbitro Mark Conn mientras Muhammad Ali le grita tras recibir un golpe bajo.

– Estoy peleando acá con estos bagayos… Tengo que hacer una pelea por unos cuantos dólares y dejarme de joder. Hacer una grande y retirarme. Voy a pelear con Clay.

– Ni se te ocurra. Te mata.

El diálogo ocurrió durante el invierno porteño de 1970 en una mesa del café Tabac, inaugurado dos años antes en la esquina de Libertador y Coronel Díaz. En términos de Antonio Gramsci, el pesimista con inteligencia era el periodista Ernesto Cherquis Bialo. Y el optimista con voluntad, Oscar Natalio Bonavena. Apenas unos meses después, el 7 de diciembre de ese año, se concretó ese duelo en el que Bonavena perdió, aunque no fue vapuleado, como pronosticaba Cherquis, ni marcó el retiro del púgil de Parque de los Patricios, a quien le esperaba un final bastante menos glorioso que el que soñaba.

Cuando Ringo lanzó al aire aquella idea, pelear con Muhammad Ali parecía todavía una misión imposible. No porque él careciera de antecedentes para proponérselo: su currículum incluía dos derrotas por puntos con el entonces campeón de los pesados, Joe Frazier, otra con el exmonarca Jimmy Ellis y victorias ante los retadores mundialistas George Chuvalo, Zora Folley, Tom McNeeley y Karl Mildenberger. La dificultad radicaba en que Ali todavía estaba vetado para combatir por su negativa a alistarse en el Ejército estadounidense y participar en la guerra de Vietnam.

Pero Bonavena, en su búsqueda de billetes y gloria, intentaba reflotar un enfrentamiento que había pactado tres años antes (iba a enfrentar al entonces campeón mundial el 27 de mayo de 1967 en Tokio) y que se había cancelado un par de meses antes por la disputa que Ali ya mantenía con el Gobierno de su país y que derivaría en una suspensión que lo mantendría inactivo durante 1314 días.

Muhammad Ali derrotó a Jerry Quarry el 26 de octubre de 1970, después de 43 meses sin combatir oficialmente.

Muhammad Ali derrotó a Jerry Quarry el 26 de octubre de 1970, después de 43 meses sin combatir oficialmente.

Todavía faltaban diez meses para que la Corte Suprema fallara en el célebre caso Clay v. United States y revocara la condena a cinco años de prisión contra el púgil de Louisville. Sin embargo, en agosto de 1970 Ali obtuvo una licencia para combatir en Georgia con la ayuda del senador estatal Leroy Johnson, el primer hombre negro en sentarse en la legislatura de ese estado en 92 años.

Así, el 26 de octubre pudo subir nuevamente a un cuadrilátero: venció por nocaut técnico a Jerry Quarry, por entonces tercero en el ranking de la AMB, en el Auditorium de Atlanta ante 5000 espectadores, entre ellos la cantante Diana Ross y el comediante Bill Cosby, además de numerosos activistas por los derechos civiles. “Estuvo tan cerca de ser el Ali de hace tres años y medio que dio miedo”, afirmó su entrenador, Angelo Dundee, tras el combate. Sus virtudes parecían casi intactas, aunque su velocidad ya no era la misma.

El objetivo deportivo del monarca despojado era claro: recuperar cuanto antes los títulos que le habían quitado y que ahora pertenecían a Frazier. Sin embargo, unos días después de la victoria ante Quarry, llegó la confirmación de algo que Clarín había publicado en su portada como primicia nueve días antes: el duelo con Bonavena.

El anuncio de la pelea entre Oscar Bonavena y Muhammad Ali, en la portada de Clarín el 17 de octubre de 1970.

El anuncio de la pelea entre Oscar Bonavena y Muhammad Ali, en la portada de Clarín el 17 de octubre de 1970.

¿Por qué había sucedido eso? Porque el periodista David Sbarsky, quien había viajado a San Juan de Puerto Rico para un combate que Ringo tenía programado con Eddie Roosevelt y que terminó cancelándose, acompañó al boxeador y a uno de sus entrenadores, Bautista Rago, a Miami a firmar el contrato para la pelea con Ali.

“Habían pasado seis días y ninguna agencia decía nada sobre el tema.

En el diario se reían y decían: ‘El loco (Bonavena) lo cagó al petiso’”, contó el enviado en Díganme Ringo, la biografía escrita por Ezequiel Fernández Moores.

Tras la pelea de Ali con Quarry llegó la confirmación oficial y el alivio de Sbarsky.

Como era previsible, la previa del duelo entre dos bocones fue una batalla verbal con munición de guerra, en la que Bonavena descolló por sus desatinos.

Unos días antes de partir, convocó a la prensa a la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, donde se presentó para consultar qué pena le correspondería en caso de que matara a su adversario sobre el cuadrilátero.

Titi, como lo llamaba Dominga, su madre, llegó a Nueva York el 27 de noviembre, 11 días antes de la pelea, en el vuelo 707 de Pan Am.

La partida desde Ezeiza se había demorado por una amenaza de bomba.

Tras una exhaustiva revisión de la nave, se comprobó que no había explosivo alguno.

Luego se sabría que había sido Bonavena quien había hecho la llamada anónima para así aumentar la presencia de la prensa al momento de su llegada a la Gran Manzana.

“La bomba la puso Clay para que yo no pudiera llegar y ganarle por paliza”, dijo en el aeropuerto John F. Kennedy.

Oscar Bonavena se burla de Muhammad Ali durante la revisión médica previa al combate en Nueva York.

Eso fue solo el comienzo.

Las provocaciones de Bonavena fueron adquiriendo una deriva bastante desagradable.

“Llegó a decir que le daba un poco de impresión pelear con Ali porque los negros tenían mal olor.

Le dije: ‘Loco, ojo porque acá son todos negros’”, contó el doctor Roberto Paladino, que lo acompañó durante la concentración en un resort ubicado en las montañas Catskill en Liberty, una pequeña ciudad ubicada 135 kilómetros al norte de Nueva York.

En esa sintonía racista, seis días antes de la pelea, en una exposición ante la prensa durante una revisión médica obligatoria, Ringo se cubrió la nariz cuando Ali se quitó la bata para que le tomaran la presión.

Luego, con su inglés tarzanesco, soltó un rosario de provocaciones. “¿Por qué no fuiste al Ejército. Sos un gallina. Pio pio pio. Gallina, maricón, canguro negro”, le espetó.

Y lo llamó “Clay”, algo que molestaba sobremanera a su rival.

“En el noveno round te voy a despedazar”, le respondió Ali, quien lo describió como “una vaca de pies cansados”.

“Si vos me tirás en el nueve, yo te hago polvo en el siete, que es un número que me gusta mucho.

¿Sabés qué significa el siete en mi país?

Siete significa ‘culito’”, explicó, didáctico, el argentino.

Parte de esa metralla verbal pareció molestar realmente al ex campeón mundial. “Jamás haré las paces con Bonavena.
No tiene derecho a humillarme por el color de mi piel y no puede burlarse de mí porque tomé una posición y no ingresé al Ejército”, aseguró dos días después de aquel grotesco cruce, durante una reunión con periodistas argentinos en el hotel Loews Midtown de Manhattan.

Ringo no era el único que en esos días tenía algo que decir sobre la decisión de su rival de no aceptar el enrolamiento.

Grupos de veteranos de Vietnam convocaban a boicotear la pelea y hasta la velada corrió riesgo porque hubo amenazas de bomba, que esta vez no eran obra del crédito de Parque de los Patricios.

Los exsoldados consideraban una provocación extra que Ali combatiera un 7 de diciembre, día del aniversario del ataque de la Armada japonesa contra la base de Pearl Harbour en 1941.

Ese lunes 7 de diciembre a la mañana, unas horas antes de la pelea, el ex campeón mundial recibió en la habitación del hotel en que se alojaba, en la esquina de la avenida 8ª y la calle 49, a Judge Edward Aaron, un trabajador negro que 13 años antes había sido secuestrado, torturado, mutilado y castrado por seis miembros del Ku Klux Klan en Birmingham (Alabama), cuya historia sería reconstruida luego en la película Mississippi en llamas.

Oscar Bonavena junto a Bautista Rago, uno de sus entrenadores.
Oscar Bonavena junto a Bautista Rago, uno de sus entrenadores.

A la noche, alrededor de las 21, Ali, Angelo Dundee y Drew Bundini Brown, su omnipresente asistente, salieron del hotel rumbo al Madison Square Garden.

Hicieron una cuadra a bordo de una limusina, pero luego descendieron del vehículo y fueron rodeados por decenas de fanáticos.

“Quiero ir con mi gente al Garden, pero como no cabemos todos en la limusina, iremos en el metro”, vociferó el boxeador.

Y allí fueron: abordaron una formación de la línea A Eighth Avenue Express, con la que viajaron dos estaciones hasta 34th Street–Penn Station, a metros del estadio, al que no solo ingresaron Ali y sus asistentes, sino también el grupo de casi 100 personas que lo había acompañado en el viaje en metro.

Ellos no pagaron entradas, pero sí lo hicieron otros 19.417 espectadores, que dejaron una recaudación en las ventanillas de 615.491 dólares (los boletos costaban entre 10 y 75 dólares).

La expectativa no solo era enorme en Nueva York.

Esa noche, la transmisión de Canal 13, a cargo de Ricardo Arias desde el estadio, registró un rating de 79,3 puntos, una marca récord que en Argentina solo fue superada por los 81 puntos que Canal 7 alcanzó el 3 de junio de 1990, durante la semifinal del Mundial de fútbol que el seleccionado dirigido por Carlos Bilardo le ganó por penales a Italia.

El combate también fue emitido por Radio Rivadavia, con el relato de Osvaldo Caffarelli.

El primero en trepar al cuadrilátero fue Bonavena, vestido con una bata celeste y blanca, adornada con un sol dorado, y un pantalón de terciopelo azul marino.

Un grupo de 200 argentinos, ubicados en la parte alta del Garden, se hizo oír. Cuando Ali, con su bata y su pantalón rojos, caminó hacia el ring, la ovación fue sonora y miles de puños se alzaron en las tribunas.

Oscar Bonavena intenta conectar a Muhammad Ali con un derechazo.
Oscar Bonavena intenta conectar a Muhammad Ali con un derechazo.

En la primera mitad de la pelea (en la que se puso en juego el título pesado vacante de la Federación Norteamericana de Boxeo), el ex campeón mundial, que jamás había sido derrotado en sus 30 presentaciones profesionales, justificó su amplio favoritismo: manejó los primeros ocho asaltos con su movilidad, su jab indescifrable y la precisión de sus combinaciones, a las que Bonavena respondía con golpes abiertos y ampulosos que su rival anulaba con movimientos de cintura y con desplazamientos eficientes.

Pero en el noveno, el asalto en el que Ali había prometido noquear, Bonavena llegó varias veces con potentes zurdazos y conmovió a su rival.

La leyenda que se edificó con los años dice que el estadounidense fue derribado en ese asalto, pero la única verdad es la realidad: estuvo en la lona, pero luego de lanzar un golpe que no llegó a destino y caer como consecuencia del impulso.

De todos modos, esos fueron los mejores tres minutos del argentino.

A partir del 10°, Ali recuperó el control de la contienda, mostrando su buena condición atlética (una de las dudas que lo rodeaban después de su larga inactividad) y llegó al 15° round con claras ventajas en las tarjetas: el árbitro Mark Conn había visto ganar 12 asaltos al estadounidense y 2 al argentino, mientras que los jueces Joe Eppy (10-3 y 1 empatado) y Jack Bloon (8-5 y 1 empatado) también tenían adelante al local.

A sabiendas de que no tenía posibilidades de ganar por puntos, Bonavena salió a jugársela en ese último capítulo.

Ali aprovechó la desesperación de su adversario y lo envió al suelo con un gancho de izquierda a la mandíbula.

El árbitro Conn no lo hizo caminar hacia una esquina neutral, como el reglamento indica, y el estadounidense volvió inmediatamente a la carga apenas el púgil de Parque de los Patricios recuperó la vertical.

Otros dos derribos casi inmediatos determinaron el nocaut.

Fue el único que Ringo sufrió en su carrera.

Una vez que terminó el cruce de golpes, también finalizó la hostilidad verbal. Mientras Ali era entrevistado sobre el cuadrilátero, Bonavena interrumpió la conversación y encaró a su adversario.
“Perdón por haberte dicho ‘gallina’, fue solo para ponerte nervioso. No sos gallina. Sos el campeón”, intentó disculparse, con su rudimentario inglés. La respuesta fue gratificante: “Debo decir que él es mi rival más difícil hoy en día”.

“No fue mi mejor actuación, tal vez fue la peor. Quizás lo tomé demasiado a la ligera. Cometí muchos errores y eso me costó porque Oscar es incómodo y astuto, un golpeador furtivo. Pero gané. Noqueé a Oscar y eso es algo que el malvado Joe Frazier no pudo hacer en 25 rounds”, detalló el vencedor, quien tres meses después cedería su invicto al caer ante ese malvado Frazier en su primer intento por reconquistar los títulos mundiales.

Meses más tarde, cuando los 300.000 dólares que recibió por aquella pelea descansaban en su cuenta bancaria y ya no era necesario recurrir a la hostilidad como forma de promoción, Bonavena también destinó palabras elogiosas a su rival: “Ahora que pasaron los 15 rounds más inolvidables de mi vida, pienso que Cassius Clay es un personaje sensacional y un boxeador imbatible. Pero hay que pelear con él para convencerse y eso solo lo pudimos hacer un puñadito de tipos en el mundo”.