Editorial de Horizonte Sur AM Radio Nacional

UN SETENTISMO ESCARMENTADO Y LA NECESIDAD DE VOLVER AL NACIONALISMO POPULAR

Hacíamos nuestras primeras armas en las doctrinas de, primero, homogenizar las propias filas en el campo popular, resolviendo las contradicciones internas.
 

UN SETENTISMO ESCARMENTADO Y  LA NECESIDAD DE VOLVER AL NACIONALISMO POPULAR

 

Por Jorge Eduardo Rulli

EDITORIAL DEL DOMINGO

17 DE SETIEMBRE DE 2006

HORIZONTE SUR AM RADIO NACIONAL

 

Mi anterior editorial motivó para mi sorpresa, muchas y diversas adhesiones, como si hubiese aportado a una cierta necesidad de ponerle palabras a ciertos conflictos irresueltos que venimos arrastrando, y que sabemos que nos condicionan, pero que nos resulta difícil afrontar.

 

En realidad estas editoriales de Horizonte Sur, suelen girar siempre sobre las mismas pasiones, soy consciente que repito una y otra vez, el asalto de la razón sobre los mismos problemas, que cada vez busco una mayor aproximación, abordándolos desde diferentes ángulos.

 

Como a tantos, me desvelan los interrogantes sobre la tragedia que arrastró a nuestra generación y a la vez, el misterio de la vida y de la continuidad del pensamiento político en los jóvenes de hoy y que se expresa ya en mis propios hijos. El peronismo insurrecto de los años cincuenta organizó los pensamientos de nuestra generación hasta avanzados los años sesenta.

 

En otros pueblos latinoamericanos fueron en forma similar, otras expresiones del nacionalismo popular del continente, los que determinaron la política, los entusiasmos, la mística de la entrega a grandes ideales, los relatos épicos que nos hacían ver como continuadores de los héroes de la independencia, el sueño de la patria común, etc.

 

Yo recuerdo que en el año 55, bajo la llamada Revolución Libertadora, y cuando tenía apenas 16 años y existía una notoria carencia de literatura de barricada en las librerías de Buenos Aires, solía reemplazarla buscando en las librerías de viejo de la calle Corrientes manuales del aprismo peruano, bibliografías sobre el nacionalismo revolucionario de Bolivia, los escritos del viejo Luis Alberto de Herrera del Uruguay, o literatura del partido nacionalista de puertorico y de la vida de su líder encarcelado por los yanquis, el martirizado Don Pedro Albizu Campos.

 

Aquellos jóvenes que fuimos, nos formamos de esa manera, en el espíritu de la Patria Grande, en la necesidad de revisar nuestra propia historia y en una manera de vivir la acción política como un acto permanente de servicio, donde lo más importante siempre era interpretar lo que el pueblo quería y ser capaces de elaborar prácticas que mantuvieran la unidad del conjunto.

 

Recordemos esto, porque esos modos de ordenar el pensamiento político comenzaron a modificarse en los años sesenta, cuando bajo la influencia de la revolución cubana llegaron a nosotros otros criterios políticos, otros desafíos y competencias que no habían existido hasta entonces… y llegaron además los manuales de marxismo que nunca habíamos conocido.

 

Comenzamos imperceptiblemente a cambiar las miradas y a ordenar el mundo desde nuevas perspectivas, perspectivas en que las luchas del Komintern o las rebeliones espartaquistas fueron reemplazando gradualmente los fogones de Artigas o los levantamientos gauchos que eran hasta entonces nuestras inevitables referencias.

 

¿Cómo se manifestó ese mestizaje?

 

Se expresó antes que nada, en desmedro de las concepciones que hacían necesario e imprescindible el accionar articulado del conjunto.

 

Gradualmente, se fue imponiendo la lógica del amigo/enemigo en el propio campo popular, y su primera expresión de derrota fue el fracaso de la estrategia del esquema de conducción CUADRUNVIRATO/MRP/FAP liderado por Héctor Villalón, Sosa, Valota y Gustavo Rearte, en los años 64/65, y como consecuencia de ello, que el primer retorno frustrado de Perón, quedara en manos de Vandor y del sindicalismo.

 

Hacíamos con ese gigantesco fracaso nuestras primeras armas en las doctrinas que nos llegaban desde el exterior, y que enseñaban que antes de enfrentar al enemigo, había que limpiar u homogenizar las propias filas en el campo popular, resolviendo las contradicciones internas.

 

Pocos años después todo fue peor, y las nuevas lógicas que impuso un marxismo que confundía la guerra con la lucha social, no tendrán reparo en asimilar la idea de enemigo tradicional con la de enemigo interno y se equipararán sin mayores escrúpulos a muchos dirigentes sindicales con los peores representantes de la oligarquía y del imperialismo.

 

En el año 68, la convalecencia forzada que realicé en Cuba durante todo un año, debido a las torturas sufridas durante la dictadura de Onganía, me permitieron estudiar a fondo la historia cubana y en particular la historia de la revolución. Y allí descubrí con absoluta sorpresa, que la revolución cubana de los barbudos, había sido peronista…

 

¿Qué quiero decir con esto?

 

Que había sido gestada y llevada a cabo desde procesos nacionalistas y populistas, en los mismos términos, prácticas e improvisaciones propias del campo popular, que en ese momento se reprobaban tan duramente…

 

Tuve algunos intercambios epistolares sobre estos hallazgos con Leopoldo Marechal y otros compañeros, y alguna correspondencia mía desde la isla redescubriendo los costados peronianos de la revolución, y en torno a la vida de Frank País, circularon profusamente entre los activistas de la época.

 

No obstante, una golondrina no hace verano, ni siquiera para la propia golondrina… que venía a ser yo en ese caso… muy pocos meses después en Puerta de Hierro, dialogando con Perón, registro una anécdota que expresa como pocas los pensamientos de época en que yo me encontraba imbuído.

 

En un momento dado el viejo interrumpe mi discurso y un poco paternal y con mucho de reprobación me dice: “¿Rulli, que quiere? ¿Qué haga la revolución solamente con los buenos?”.

 

He repasado muchas veces aquel momento, con una mezcla de ternura y de disgusto por mis propias concepciones de entonces, pero siempre concluyo en lo difícil que resulta sustraerse a los pensamientos dominantes de la época. Las lógicas marxistas con que se ordenaron los pensamientos y las políticas del setentismo naciente, fueron como un huracán que nos arrastró a todos en aquellos años y aunque muchos nos resistiéramos, no pudimos sustraernos a los grandes relatos.

 

Pues bien, a lo que voy, es que todo aquello se derrumbó luego, que se cayó en los fracasos innumerables de las revoluciones foquistas a todo lo largo y ancho de la América Latina, que se cayó con la caída del muro de Berlín y se terminó para siempre con la implosión de la URSS en el 89, y el descubrimiento de su entraña horrible de trabajos forzados, matanzas y archivos represivos…

 

Aquello fue un fin de época pero también, fue un desastre terrible y además previsible, aunque no por ello menos devastador.

 

Las consecuencias para nosotros de aquellas lógicas perversas, fueron que los propios revolucionarios construyeron y facilitaron en la Argentina el camino de la contrarrevolución, que su ceguera obstinada imaginó a lo mejor enemigo de lo bueno, y terminó consolándose en los finales del 75 y principios del 76, con que el golpe militar ayudara a poner las cosas en blanco y negro, tal como ellos mismos habían sido enseñados a verlas en los manuales de marxismo.

 

Pero la realidad no es ni ha sido nunca en blancos y en negros, todo lo contrario, y el precio que pagamos todos por aquellos caminos sin retorno fueron espantosos.

 

Han transcurrido treinta años desde entonces.

 

La URSS hace mucho que no existe y extraordinariamente todo lo concerniente a ella son cosas de las que resulta poco oportuno hablar porque incomodan… en especial para los comunistas y el grueso de los progresistas que hacen como que no hubiese ocurrido nada… simplemente del tema no se habla…

 

Fidel ha llegado a los 80 años y está internado por razones de salud, sin embargo nos continúa indicando cuál es el camino, y por lejos, de los líderes latinoamericanos es el que mayores adhesiones populares despierta…

 

Chávez nos propone un Socialismo del siglo XXI que la anciana Marta Harnecker, próxima al líder venezolano, piensa enriquecer con sus antiguos manuales de marxismo reeditados.

 

Y a lo largo del continente muchos teólogos de la Liberación de los años 60, que a diferencia de Leonardo Boff no han descubierto todavía el mundo maravilloso de la Creación, y a los que en aquel entonces les costó mucho su conversión, como si el tiempo no hubiese transcurrido, continúan defendiendo de posibles relecturas críticas a una visión estricta del marxismo.

 

En la Argentina, donde la Historia y las historias no resueltas tienen tanto peso, habría sido tal vez previsible que el fracaso del setentismo nos hiciera retornar a las lógicas anteriores.

 

Pero no ha sido así.

 

Lo que ha retornado es un setentismo lavado, edulcorado, un setentismo que nada entre las aguas del “nomeacuerdo” y de “aquellonosehabla”, y que por suerte es un setentismo pacífico, aunque mantiene las lógicas del amigo/enemigo que ahora se dirimen políticamente: “te bajo de la lista, no te atiendo, no tenés presupuesto y dejás de existir.:.” y cuando uno recuerda los setenta, en verdad da gusto de vivir ésta época que, frente a aquella, parece una fiesta…

 

Lamentablemente, y tal como decíamos en la editorial anterior, este setentismo es también un setentismo escarmentado, amigo de avanzar a paso de hormiga y de no revolver las aguas, no sea cosa que los fantasmas de las profundidades se despierten.

 

Y así vamos, descubriendo a diario cambios y medidas de gobierno que nos parecen correctas, y que no podemos dejar de apoyar, mientras vemos a la vez, con creciente preocupación cómo por debajo, las corporaciones continúan sus inversiones y el desarrollo de sus estrategias de colonización, absolutamente impunes, moviéndose y creciendo en la ceguera conceptual sobre los modelos que, les posibilita este setentismo progresista que hoy gobierna.

 

Creemos con Michael Hardt que la espiral de la historia nos pone ahora en situación de semejanza con la posguerra europea y con el espíritu de los Movimientos de Liberación Nacional que se generaron en aquellos años.

 

También coincidimos en que si las circunstancias se asemejan, no ocurre lo mismo con nuestras sociedades. Los viejos proyectos desarrollistas y de integración nacional hoy serían impensables.

 

Las nuestras, las actuales, son sociedades plurales, fragmentarias y segmentadas, son como mosaicos de expresiones y demandas diversas en los grandes marcos de la Globalización planetaria y de reconstrucción de los mercados regionales.

 

Por eso insistimos en que el pensamiento político necesita abrevar en los conocimientos que proporciona la Ecología. En ella podríamos aprender a cómo articular esa diversidad de las nuevas sociedades. Pero de poco servirá lo que hagamos sino retomamos el fluir de pensamiento interrumpido en los años sesenta.

 

Esa es en definitiva la experiencia que estamos transmitiendo. La de ser capaces de reflexionar sobre los años setenta, asumiendo los errores y sus fracasos, para retomar los flujos de la historia interrumpidos o distorsionados.

 

Necesitamos de esa fuerza cultural que alguna vez llamamos el Pensamiento Nacional.

 

Si no somos capaces de abrevar en esas fuerzas antiguas no podremos generar un Proyecto de país que nos permita decidir qué modelo de vida queremos y que nos posibilite repoblar con familias y con pueblos rurales los territorios vacíos, para instalar desarrollos locales con Soberanía Alimentaria.

 

Jorge Eduardo Rulli www.grr.org.ar