EDITORIAL DE HORIZONTE SUR EL DOMINGO 10 DE SEPT

Mientras sigamos siendo un hervidero hay esperanzas.

Necesitamos repensar la política desde lo nacional y popular, y necesitamos llevar los modelos del desarrollo a la escala de lo local y de lo humano…
EDITORIAL DEL DOMINGO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2006 Tengo la impresión que lo que comúnmente se llama la derecha política no significa un problema o al menos una amenaza para la Democracia. Uno hasta tendería a pensar que la candidatura de Blumberg en la Provincia de Buenos Aires fortalece la posibilidad de un nuevo mandato para Solá y que la candidatura de Macri en Buenos Aires, hasta podría producir el mismo fenómeno con Ibarra. Y en el peor de los casos, si Blumberg llegara a ganar las elecciones, el final previsible sería con certeza un gobierno caótico y un estallido popular de proporciones, justificado por el desgobierno y la violencia generalizada desde el mismo ejercicio del estado. En verdad creo que la derecha no tiene candidatos, lo que tiene son fantasmones que expresan las crispaciones propias del clima de inseguridad que se extiende con el modelo de despoblamiento rural y de hacinamiento en las grandes ciudades. Negarse a ver las causas de la inseguridad y pretender establecer una categoría de ciudadanos denominados genéricamente delincuentes, con los que no habría que tener mayores consideraciones en relación a sus derechos, nos enfrenta más a una espiral de paranoia que a la posibilidad de gobernar un territorio. Ayer estando en la sala de espera del Hospital de Marcos Paz, me encontré con un vecino al que acababan de robar en la puerta de su casa, lo había golpeado una patota en la cabeza con la culata de un revolver y el médico le colocó un vendaje. Recuerdo que cuando lo saludamos, nos farfulló, que me venga ahora el intendente a pedir que le pague los impuestos… Sobre esa falta de raciocinio emocional y sobre esa pérdida del sentido de la ciudadanía que producen las agresiones, podría hoy crecer la derecha, pero es una vía sin destino… ignorar el deterioro del estado y el crecimiento desordenado de las ciudades sin posibilidades de empleos para los jóvenes, no conduciría sino a medidas que inevitablemente producirán más y más sufrimiento al conjunto de la Sociedad. Si consideramos en cambio a la izquierda de una manera genérica como un movimiento que, priorizando siempre lo social a lo nacional, se propone obtener la igualdad de oportunidades entre los hombres y que lucha por lo tanto contra las desigualdades sociales y la pobreza, me inclinaría entonces por ver a esa izquierda en sus diferentes matices progresistas, y en especial a los sectores que luego de los fracasos y de los crímenes de los años pasados consideran conveniente no agitar demasiado las aguas de la política, como la alternativa confiable de Gobierno y también de Poder en esta etapa. Esa alternativa institucionalizaría los nuevos modelos de país dependiente a insumos y proveedor de materias primas, prestador estratégico de servicios en el campo de la investigación y de los patentamientos, funcional a las corporaciones y a la OMC en materia de políticas exteriores y relaciones con los países periféricos, útil como laboratorio de ensayos para prácticas de Biotecnologías, con su consecuente liberación de organismos genéticamente modificados al medio ambiente, y nuevos y más espantosos venenos para la agricultura, tales como los que ya se están ensayando masivamente con absoluta impunidad e irresponsabilidad. Deberíamos entonces hablar de la izquierda, de lo que implica hoy el extenso y variado campo de la progresía política en la Argentina, desde el Club Socialista que respaldara las políticas de Alfonsín en los años ochenta y que hoy constituye un sostén intelectual para el actual gobierno, hasta la abundante cantidad de cuadros políticos que proveen los desvaríos setentistas y lo que es aún mucho más grave todavía, la capacidad de influencia de muchos de aquellos supuestos “maestros” sesentones en los jóvenes actuales a los que inician desde temprana edad en ejercicios de formación política que son solamente formas autoritarias del encuadramiento y del control político. No me olvido tampoco de los grupos de la izquierda extraparlamentaria, extraparlamentaria por falta de respaldo electoral, que no por falta de vocación de sumarse a la comparsa, que cumplen asimismo un importante papel de controladores, en la medida que sus cohortes regimentadas y embanderadas mantienen su capacidad de desvirtuar o desalentar, cualquier reivindicación gremial, protesta popular independiente o intento asambleario que ensaye una cierta práctica de autonomía espontánea frente al sistema. Sí, deberíamos acostumbrarnos con cierta naturalidad y desenfado a mencionar a esta izquierda en el Gobierno o acaso en la funcionalidad del sistema del poder en la Argentina, e inclusive en el MERCOSUR, porque todos los pruritos, la críticas, las aclaraciones y correcciones que siempre merecen estas editoriales acerca de lo que resulta ser o no ser la izquierda, o acerca de los consabidos peligros e injusticias de las generalizaciones, no hacen sino llevar agua a la charca de la confusión y del mantenimiento de la incomprensión de lo que se trata en definitiva, de cómo develar y detener al sistema del Capitalismo Globalizado. Los gestos heredados de épocas pasadas que aún pesan en nosotros cuando tratamos estos temas y que todavía nos cohíben, refieren a situaciones en que la izquierda pertenecía a lo reprobado por el sistema del Poder, y porque ser de izquierda implicaba riesgos y era obligación de todos proteger ciertos espacios del pensamiento en que se gestaban mundos nuevos en los que depositábamos nuestras esperanzas de cambios. No es la situación actual. Lo repito: no es la situación actual y no debemos continuar permitiendo que los ideólogos de la transcolonización pedagógica se continúen amparando en los gestos defensivos que nuestras sociedades gestaron para proteger a los que alguna vez fueron en verdad detrás de utopías revolucionarias. También, es en el nombre de ellos, es que debemos hacer claro y explícito el debate sobre los contenidos y los sentidos posibles del pensamiento de izquierda en el presente, en especial cuando las desigualdades abismales entre los más poderosos y los más pobres e indigentes, se han agrandado escandalosamente como en el presente. . Hoy el pensamiento marxista impera en las Universidades argentinas donde se forman los cuadros para las Corporaciones y donde se inculcan los valores de escala, de respeto reverencial a las tecnologías y al poder del conocimiento que son las propuestas actuales del Imperio. Hoy el marxismo, inculcado en los mismos términos en que fuera institucionalizado y regimentado en los principios del siglo XX, se hace útil como instrumento de colonización eurocéntrica y de aculturación de nuestras identidades irrecusablemente mestizas, en las escuelas de formación política que sirven nuevos cuadros para la funcionalidad de las elites progresistas que gobiernan en acuerdos públicos y explícitos con las corporaciones. Hoy ese marxismo ha heredado en nuestro país y también en los países vecinos, las tareas incumplidas del desarrollismo “frondizista” de los años sesenta y lo lleva adelante con discursos que refieren al socialismo y a la lucha de clases, pero que remiten siempre a los crecimientos socio económicos en los términos en que lo hacen las pasteras uruguayas o los nuevos proyectos nucleares argentinos, las enormes inversiones corporativas para aceite de soja y biocombustibles en las costas del Paraná, las salmoneras o los bosques transformados en chips de madera en el Chile de la Señora Bachelet o las represas y los inmensos viveros de eucaliptos en el Brasil de Lula. Y siempre detrás de los discursos socialistas difusos, detrás de esos discursos antiimperialistas ambiguos, en que laten reminiscencias de las épocas de los grandes relatos y donde suelen rememorarse los sacrificios de tantos que dieron su vida por cambiar a nuestras sociedades, están las escuelas de cuadros que sostienen el nuevo desarrollismo y las muchedumbres de jóvenes uniformados que remedan con sus cánticos y con sus cartelones las épocas heroicas en que tocábamos el cielo con las manos… Pero ahora todo es apenas un triste simulacro, también simulan los jóvenes aparentemente enfervorizados que corean los cánticos, ya no hay cielo por tomar ni hay manos que se tiendan hacia la utopía, sino que hay políticos endurecidos en el ejercicio del poder y por detrás de ellos, siempre, los ejecutivos de las corporaciones imperiales remozados en sus gestos y en sus capacidades de relaciones públicas. Se están cerrando sobre nosotros los nuevos modelos coloniales que fijarán por mucho tiempo nuestra dependencia y esos modelos son los de la Soja, los de la biotecnología, los sistemas de patentamiento y privatización de los conocimientos, las nuevas matrices tecnológicas con su atrapante mundo de bioplásticos, textiles de celulosa, biocombustibles, fármacos genéticos o nanotecnológicos: y en ese mundo el rol que se nos depara es el de producir masivas cantidades de commodities, ser proveedores de materias primas y además de ello, servir como países laboratorio para ensayar a seres vivos genéticamente modificados, tecnologías de escala y todo tipo de consumos chatarra. Vivimos un Apocalipsis en cámara lenta, y se trata para nosotros de cambiar los paradigmas o de perecer irremediablemente, mientras dejemos el timón de la nave en manos de los irresponsables y de los enajenados que la llevan directo hacia el desastre planetario. Necesitamos reconstruir nuestra capacidad de dialogar socialmente y de generar nuevos pensamientos. Los esquemas residuales de los años setenta son hoy la mejor y más útil estrategia del imperio, porque con sus consignas identitarias reviven en muchos de nosotros emociones reales y porque nos vuelve a circular la adrenalina haciéndonos experimentar climas de confrontaciones heroicas, mientras no significamos riesgo ninguno para las empresas y todo lo contrario, podemos descubrir que ellas han incorporado a través de los sistemas de Responsabilidad Social empresarial, muchos de los discursos que nos pertenecieran en aquellos años y que seguimos repitiendo como si todavía tuvieran los mismos significados. Pero no, ya no los tienen, ya muchas cosas han cambiado en esta época de Capitalismo Globalizado y no querer verlo es el modo más directo de servir a los nuevos amos del poder. Es el caso de la vieja consigna de Reforma Agraria, que se sigue levantando con mucho de irresponsabilidad, como si viviéramos todavía en épocas de Emiliano Zapata, sin comprender que en modelos planetarios de agricultura industrializada, de vaciamiento de los territorios y de negación de todo sentido de la ruralidad, el único modo de reformar lo agrario sería tener un Proyecto Nacional. Tener un Proyecto Nacional implica también, tener un plan y una concertación de la voluntad popular. Solo de esa manera podríamos llevar a cabo una campaña que conduzca a la repoblación de territorios con soberanía alimentaria y desarrollos locales. Algo parecido ocurre con la llamada Agricultura Familiar, que debido a la acción de predica permanente de sectores de la Federación Agraria, se va imponiendo como propuesta y como acción de gobierno. ¿Acaso creen los inadvertidos que tener una Secretaría específica, mejoraría la vida del sector agropecuario? ¿O acaso no ven el ejemplo del hermano pueblo del Brasil donde Lula tiene dos ministerios, uno para los Agronegocios y otro para la Agricultura Familiar y ello no ha significado nada más que entregar una parte minúscula de la torta para que desde el nicho concedido los pequeños productores legitimen el modelo hegemónico y además de ello y lo que es mucho más trágico, renuncien a la lucha por cambiarlo? ¿Es que no lo ven o acaso es que no quieren verlo? Ayer estaba conversando con el librero del pueblo donde vivo , cuando entró un joven de unos veintitantos años, un joven que por su ropa o su modo de hablar no debía ser sino jornalero de algún emprendimiento semirural, ladrillera o fábrica de lácteos. Para nuestra sorpresa pidió el libro sobre guerra de guerrillas del Che Guevara. Como el librero le dijo que no lo tenía, preguntó por otro libro del Che o por algo sobre la historia Argentina. Me sorprendió que mi amigo el librero, le ofreciera algo de Bonasso… Luego que el joven se marchó, me contó el librero que es común que vengan jóvenes pidiendo ese tipo de libros y que además suelen pedir Hegel o Marx, cuando carecen absolutamente de lecturas previas como para poder comprenderlos… “seguramente son los cursos de adoctrinamiento que alguien les da”… arriesgué, y él me respondió, “por supuesto, no quería decirlo, pero es así”… La Republiqueta sojera se conmociona por la internación de Fidel, se alegra hasta las lágrimas por su cumpleaños y se moviliza por los cinco héroes cubanos detenidos en Miami. Bonasso, justamente, es de los más conmovidos por esos temas, y de los más sensibles a la salud del líder cubano. En los setenta perteneció a una organización político militar que llegó a discutir orgánicamente la conveniencia o no de la liquidación física de Perón, y seguramente hoy ha recapacitado sobre esos pensamientos criminales, porque muestra por otros líderes un respeto irrestricto. Ahora y desde hace tres años preside la Comisión de medio ambiente de la Cámara de Diputados de la Nación y en épocas en que el tema ecológico se ha instalado con fuerza nueva y sorprendente en la sociedad argentina debido a la Asamblea de Gualeguaychú. Sin embargo, no se le conocen en tres años de labor parlamentaria ningún aporte sustancial sobre el tema, pese a los significativos presupuestos y personal de que dispone como presidente de esa Comisión. ¿Será que en el fondo el tema no le interesa? La relación entre el pensamiento político progresista y la Ecología resulta difícil pero de imprescindible y obligado desafío, al menos si se pretende salir de este atolladero y dejar de cumplir por izquierda con los mandatos de las empresas transnacionales. No hay otras alternativas para la izquierda y debemos ser claros, o incorpora la ecología y el ecologismo o su derrotero la llevará a inexorables destinos de servidumbre al Imperio Globalizado. La izquierda Argentina confundió a Seattle con Brukman y con la cerámica Zanón, y resultó que no era lo mismo, confundió a Bové con Castells y con Delía y tampoco fueron lo mismo… el zapatismo en Chiapas y las insurgencias campesinas en Asia y en Europa, incomodaron los moldes de pensamiento aferrados a los grandes relatos del socialismo tradicional, y con el atentado a las torres se dio por cierto que ese movimiento antiglobal que en el mundo crecía a saltos, estaba condenado. Pero no fue así, ese movimiento fue tomando otras formas, otros cauces, no todas las luchas se han expresado en los Foros Sociales Mundiales que la izquierda clásica tendió a menoscabar y a la vez a controlar y a desvirtuar. Tal como siguen repitiendo algunos sectores de presunta vanguardia, que hace tiempo dejaron de entender la historia para entender ahora de dineros y ventajas, la única lucha que se pierde es la que se abandona… Son los pueblos los que no pueden abandonar la resistencia, porque están obligados a sobrevivir y a perdurar… y esos pueblos, tarde o temprano recuperarán la propia corriente de su historia nacional y reivindicarán a sus héroes de la independencia que son muchos más que Martí y Bolívar como ahora pretenden creer muchos maestritos que solo se atreven a reconocer los próceres legitimados por el socialismo en boga… Necesitamos con urgencia repensar la política desde lo nacional y popular, y necesitamos llevar los modelos del desarrollo a la escala de lo local y de lo humano. Y necesitamos también, comenzar a ensayar con urgencia nuevos modelos de alternativa, apoyándonos en las reacciones legítimas, en las protestas populares y en los vecindarios autoconvocados que rompen con los corrales de la cooptación y que se predisponen para actuar sin saber todavía dónde apoyar su falta de experiencias en el cambio que se necesita y que se intuye. Mientras sigamos siendo un hervidero hay esperanzas. Mientras continuemos generando nuevos pensamientos estaremos impidiendo que se nos convierta en mercancía… Jorge Eduardo Rulli www.grr.org.ar