Fundadas sospechas indicarían que estas tierras sudamericanas siempre fueron sustentables.

RIQUEZAS NATURALES. RESERVAS POPULARES.

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Diagnóstico e hipótesis para otra forma de crecimiento más adecuada a nuestra manera de interpretar la naturaleza.

El bienvenido incremento de las zonas bajo protección, comúnmente denominadas reservas, reconoce ya las características de un nuevo movimiento social en toda la región. Aunque todavía no se interpreta a si mismo de una forma conciente, conviene comenzar a reconocer su creciente relevancia como modelo colectivo de construcción social.

 


De origen estrictamente gubernamental, hoy existen numerosas clases de territorios medianamente a salvo de la agresión de sus riquezas naturales. Terrenos fiscales, resguardados de la producción agropecuaria. O propiedades particulares, voluntariamente destinadas al cuidado de la naturaleza, suman su aporte al deseo colectivo de ver a nuestra tierra recuperar su flora y fauna nativa.     


 

Un proceso histórico que comenzó con las reservaciones indígenas y los parques nacionales, al que luego se fueron sumando las áreas protegidas por otros estamentos públicos, y más recientemente la iniciativa privada conservacionista. Así comienza a salpicarse de optimismo un mapa que hasta hace poco sólo era consultado por los interesados agentes de inversión del sector agroindustrial.


 

Distintos grados de protección sobre el uso de los recursos naturales caracterizan el universo de las reservas. En muchos casos el bien tutelado es sencillamente el paisaje. En otros, determinada formación geológica, o la atribución de la condición de santuario para la flora y fauna residente. Sólo excepcionalmente el habitante resulta objeto de protección y solamente en el caso de pertenecer a una cultura prehispánica. Pronto a las reservas naturales deberemos calcularlas en proporción a nuestro caudal poblacional, si queremos poner a salvo de la extinción a nuestra propia cultura. 

 


Así es como una nueva mirada se yergue sobre nuestra tierra, en abierta contradicción con aquellos conceptos tradicionales de barbarie con que alguna vez se salió a descalificarla. Consecuentemente se desautoriza hoy, a toda iniciativa civilizatoria que vulnere aquel orden estricto dispuesto por la vida en su más pura condición originaria.

 


En concreto, vale reconocer que declina un criterio de desarrollo promotor de la degradación de los valores ambientales, en favor de otro más preocupado por la supervivencia colectiva. La urgencia por el empleo de toda forma de recurso, deberá ceder su lugar a una mayor eficacia social y ambiental de la gestión del hábitat que todos compartimos.

 


# Acaba de finalizar en la ciudad de Nairobi un encuentro mundial sobre medio ambiente convocado por la ONU. La enorme novedad sobre la conferencia la aporta el hecho de que no hay declaración conjunta alguna. Sencillamente los países industrializados podrán proseguir con sus actividades polucionantes sin miras de acordar limitaciones. EE.UU. debía aportar su pendiente adhesión a una atrasada agenda ambiental, que insiste intencionalmente en ignorar, mientras se supone que China e India copiarán pronto sus procesos industriales multiplicando por tres los nefastos efectos ambientales de dichos procedimientos.

 


Carpetas bajo el brazo con temarios no tratados volvieron cerradas al aeropuerto. Contenidos vinculados con pandemias, hambrunas y migraciones masivas regresaron sin ser leídos al portafolio. Otro criminal desprecio por las mayorías emparentado con la intervención militar y el dirigismo económico, estrecha el horizonte colectivo de toda la población mundial en temas de inapelable urgencia.

 


No son pocos los analistas que atribuyen la ausencia de una declaración conjunta, a una política acordada sólo por los países desarrollados, cuyo efecto sería sencillamente la transferencia de industrias polucionantes y residuos tóxicos hacia países considerados como periféricos.

 


Mientras dos tercios de la población mundial espera comprender los beneficios del “progreso”; una nueva y aún caótica conciencia de otro desarrollo crece de forma independiente. Los asentamientos poblacionales, el asesoramiento agronómico, las herramientas industriales, no sirven por si solas a los intereses colectivos. Una nueva conciencia sobre el destino común, envuelve los anhelos populares y se expresa cada vez con mayor fuerza. Resiste el engaño, rechaza la violencia y conjuga su destino con su propia naturaleza.