Sobre aquellos sucesos de la Dictadura de Aramburu y Rojas, cuando fusilaron a los compañeros

EL DETALLE QUE FALTABA..

Daniel Brion

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Mario Brion, patriota asesinado por la Dictadura de Aramburu y Rojas en los basurales de Jose Leon Suarez en junio de 1956, junto a Carranza, Garibotti, Carlos Lizaso, y Vicente Rodríguez

EL DETALLE QUE FALTABA. . .

 

Por Daniel Brión

 

Cuando una cosa da vueltas y vueltas por la cabeza, cuando algo no termina de cerrar, cuando a la historia parece faltarle la última vuelta de tuerca, algunos damos un paso al costado para poder mirar más claro y encontrar, si se puede, algún día, esa especie de eslabón perdido que nos permita decir ahora sí, ahora me cierra.

 

A mi viejo lo mataron, allá en junio de 1956,  yo tenía apenas cuatro años, por lo que mi memoria fáctica de esa época estaba limitada al recuerdo de los milicos entrando a casa y rompiendo todo en busca de vaya a saber que cosa o cual documentación, o a los llamados amenazando a mi vieja con volar la casa con nosotros dentro si no la vendía a tal o cual escribanía, o cuando nos seguían por la calle al ir a visitar a algún pariente o simplemente salir a un paseo, o le impedían a mama besar la cruz de la tumba en el cementerio en los aniversarios, insultándola mientras tanto.

 

Luego, con el tiempo, a medida que crecía, aumentaban mis preguntas y,  poco a poco me fueron respondiendo, mamá, esos heroicos resistentes, los cumpas, la vida.

 

Así llegué a ser un adolescente, como tantos quienes hoy rondamos los cincuenta (en mas o en menos) descubrí primero, en 1964, a Rodolfo Walsh y su Operación Masacre (editaban la 2da. Edición por aquel entonces) y me emocionó, por lo corajudo, el relato; luego encontré a Salvador Ferla genial cumpa historiador, que en abril de 1964 editó su Mártires y Verdugos la obra más completa (a mi entender) sobre todo el proceso de los fusiladores y la resistencia, con una magnifica investigación de los fusilamientos y asesinatos de junio de 1956, una pena que no haya logrado la difusión de Operación Masacre,

 

Poco a poco, me fui metiendo cada vez más en la investigación histórica de lo sucedido, no me terminaba de cerrar que en esa valiente investigación Walsh no contara lo que a mi me había dicho mi vieja, los cumpas,  muchos de los que sobrevivieron y a los que me fui acercando, la primer cosa fue aclarar más allá de las muertes el porque de esas muertes, ¿que hacían en la casa de Hipólito Yrigoyen 4519 de Florida esa noche?

 

Definitivamente no escuchaban una pelea, escuchaban la radio para hacer otra pelea muy distinta a la del chileno y el argentino por el campeonato de box, iban a hacer la pelea por la soberanía popular y la vigencia de la Constitución Nacional.

 

Con los testimonios de tantos cumpas, de suboficiales que intervinieron en el movimiento revolucionario de Valle, con los relatos del Negro Framini, con documentos que fui consiguiendo, mas relatos de quienes de una manera u otra habían estado con ellos nació mi libro El Presidente Duerme, donde pude relatar el como, pero también el por qué de esas treinta y un muertes.

 

La primera pregunta, esa primera vuelta de tuerca la había logrado dar, había relatado porque estaban allí y, de esa manera, reivindicado su lucha.

 

Un día un desprevenido dijo, cuando le preguntaron sobre los fusilamientos: –yo no se bien lo que pasó porque era muy chico, medio se enojó cuando le respondí que yo aún no había nacido cuando San Martín cruzó Los Andes pero que igual podía recordarle los detalles del cruce, y que sí podíamos responder hasta con detalles, casi segundo a segundo de lo previo y lo fáctico de las muertes pues teníamos el testimonio de muchos cumpas que habían logrado sobrevivir y nos contaron  (aunque hoy ya no estén con nosotros) como Julio Troxler, como Benavides, Giunta, Di Chiano, Enrique Gonzalez, y tantos otros.

 

Y así reconstruí esa parte de la historia, la de la primera pregunta.

 

Pero dentro de mí había un detalle que continuaba molestando, aguijoneándome para que  me mueva y trate de encontrar la respuesta.

 

Cuando mi vieja me contó por primera vez lo que había sucedido me dijo que, como papá no tenía un arma propia, un vecino Don Varela le había entregado un revolver para que pudiera estar armado y defenderse.

 

También me contó que en los días previos a esa noche en que se los llevaron de la casa en Hipólito Irigoyen, se iban reuniendo de casa en casa y, cuando tocaba en la nuestra mamá escondía los fierros en la trampa para el humo de la chimenea del living.

 

Lo mismo cuentan los hijos de los otros compañeros que estaban allí, casi todos estaban involucrados.

 

Pero cuando Walsh o Ferla, relatan los hechos marcan que se los llevaron y estaban desarmados,   en las declaraciones policiales tampoco figura que se hayan encontrado armas, no existe ningún documento que indique la existencia de armas en esa casa.

 

El testimonio de quién han dado en llamar –el fusilado que vive- Don Juan Carlos Livraga confirma esto, el –afirma- nunca vio un arma en el lugar.

 

No tenemos que olvidar que Livraga, un joven colectivero en aquellos años, no pertenecía al comando revolucionario y, fue llevado por su amigo Rodríguez pues, llegado el caso, podrían necesitar un medio de transporte más amplio y el colectivo de Livraga podría resultar apropiado.

 

Volviendo a la pregunta que se estarán haciendo en este momento, ¿entonces donde estaban las armas? Hasta hoy no había datos al respecto, ni nadie que nos explicara nada al respecto. Pero cuando se está en la búsqueda a veces es la historia la que viene a nuestro encuentro y nos sorprende.

 

Una compañera, arquitecta, a quién le agradezco que cuando se lo pedimos haya sido la que diseñó la propuesta arquitectónica del futuro cenotafio en Plaza Las Heras para nuestros padres; me llama hace unos días y me dice que hay una persona que quiere hablar conmigo para contarme algo de cuando se llevaron a mi viejo, que es un cumpa de muchos años y que al hablar con el  y comentarle casualmente nuestra amistad y el proyecto que estamos desarrollando le dijo que tenía la llave para dar ese último giro de tuerca a la historia.

 

El, Don Antonio,   había participado en el intento revolucionario del 9 de junio, tenía a su cargo un vehículo que estaba estacionado a tres cuadras del lugar –en Florida-, donde guardaron los fierros mientras estaban reunidos, con ese vehículo se dirigió a la Escuela de Mecánica del Ejercito (actual Hospital Garrahan) para que, quienes tomaban la escuela, le pasaran mas armas y municiones (portón por medio con la Escuela estaba el Arsenal Esteban de Luca, hoy enorme plaza frente al Hospital) que el llevaría a Florida, pero cuando llegó al lugar las fuerzas represivas ya estaban actuando, por lo que se vio obligado a regresar, una vez en Florida comprobó que allí también había llegado la represión y se los habían llevado.

 

Por suerte, el logró salvarse y hoy nos da su testimonio.

 

Pero los investigadores siempre nos guardamos algunas cartas bajo la manga, con las declaraciones de este compañero, cuyo nombre completo aparecerá debidamente reconocido en el relato, más nuevos aportes, estoy rescribiendo, una nueva edición de El Presidente Duerme, y allí podremos encontrar detalle a detalle el resultado de la búsqueda permanente por mantener viva la memoria, por nuestros queridos cumpas, por mi viejo, pero sobre todo por las próximas generaciones de argentinos para que puedan conocer, detalle a detalle como fueron las cosas, o por lo menos no se queden sólo con aquella verdad oficial de los fusiladores.

 

DB/

 

* Daniel Brion es hijo de Mario Brion el patriota asesinado en los basurales de Jose Leon Suarez durante los fusilamientos de la Dictadura de Aramburu y Rojas en Junio de 1956. Para quienes vean la película de Cedrón, Operación Masacre, basada en el libro de Rodolfo Walsh, es el protagonista que esta actuado por Victor Laplace.

 

N&P: El Correo-e del autor es Daniel Brion <imepu@fibertel.com.ar>