La zoncera de que la cuestión central es ser -progresista o conservador, forma de sustraer la atención de la cuestión central, -ser nacional o antinacional. 

ARTURO JAURETCHE, A MAS DE 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Por Juan Carlos Corica

Para un político realista, la realidad está construida de ayer y de mañana; de fines y medios, de antecedentes y consecuentes, de causas y concausas.
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Día del Pensamiento Nacional  

ARTURO JAURETCHE, A MAS DE 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Por Juan Carlos Córica

NAC&POP 

13/11/06

Como en la película de La noche de los muertos vivos, los zombies de la intelligentzia reaparecieron en los primeros asientos (planos) de la Argentina, dando cátedra antinacional y predicando la aculturación.

Qué mejor manera de ahuyentarlos que ponerles en la cara la cruz de madera de las sentencias jauretchianas, tanto a ellos como a sus poderosos protectores, los mercantilistas.

Siendo que en el Día del Pensamiento Nacional se conmemora al pensador nacional por antonomasia, Arturo Jauretche, corresponde, es un desafío, hacerle honor abordando el análisis de esta realidad que nos viene cubriendo y oscureciendo el futuro a partir de un proceso iniciado hace 25 años, bajo la esperanza de recuperar la democracia social, recibiendo en cambio un nuevo tiempo frustrante en el que se encaramaron los descendientes de Caseros en sus bifronte rostro de minoría mercantil poderosas y minoría contracultural también poderosa por sus históricos servicios a la causa de estos –triunfadores.

Como cada vez queda más en claro, este proceso pícaramente que se presentó como un nuevo tiempo y una etapa que venía a saldar las torpezas y brutalidades de la dictadura militar, nos está colocando en un desestructurante proceso que no solo desconcierta sino que ha dividido al pueblo en base al juego de espejos y al uso espurio de símbolos caros al pueblo argentino.

Al poco tiempo de asumir el gobierno del nuevo tiempo, en lugar de abocarse a estructurar un proceso de reconstrucción, después de los dos autogolpes de abril de 1985 y mayo-julio de 1989, el grupo que se fue apropiando de la conducción del país se arrogó un posicionamiento triunfalista de una batalla por la que poco había hecho.

En lugar de entender que la máxima que para los tiempos fundacionales debe presidir la acción, primero la Patria, los dos grupos históricos, amparados por una dirigencia posibilista, se apoderaron de la realidad.

Los unos se posicionaron económicamente -mientras endeudaban exponencialmente a la nación- mientras los otros, con la anuencia y el elogio interesado de la prensa internacional y sus sucursales en la Argentina, se envanecieron aplicados al miope ejercicio del justiciero que hace de la espada un instrumento de venganza.

Obviamente fueron por más, fieles discípulos y herederos de sus mentores, se aplicaron a imponer las enseñanzas liberales de los sin patria.

Cómo recuerda la zoncera número 25, cuyo padre putativo fue el progresista Esteban Echeverría, debían restituir en la intersubjetividad y memoria colectiva la cipaya idea de que: –La patria no es la tierra donde se ha nacido.  

 Jauretche desarrolla esta histórica cuestión y afirmación de hojalata y por tanto corrosiva del buen sentido especialmente en tres de su libros: Manual de Zonceras…, De pantalones cortos y en Política nacional y revisionismo histórico (1). 

Explicaba que su autor, consciente u inconscientemente, buscó instalar que: –la idea de Nación no se identifica con la de Patria como expresión de un territorio y un pueblo en su devenir histórico -desde su cultura-, donde el pasado, presente y futuro se integran (MPC p. 242).

Para Echeverría y los progres que hoy lo siguen, la Patria es un sistema institucional, una forma política, una idea abstracta, que unas veces toma el nombre de civilización, otras la de libertad, otras la de democracia.

La Patria de los argentinos no se vincula con la tierra de los argentinos, ni tampoco con los hombres que la habitaron, la habitan y la habitarán, en la simbiosis del hombre y la tierra  (MZ p. 179).

¿Se imaginan como les debe sonar a estos liberales positivistas que viven de elaboraciones abstractas, hablarles de –la simbiosis del hombre y la tierra?

Para los de la línea Caseros, el pensamiento de Mayo no es una idea independentista, es una idea institucional que se refiere a la libertad de los individuos en particular, no a la libertad de la Patria, es decir a la independencia, que es un supuesto previo a cualquier otra libertad, Mayo lucha para hacer la libertad de la Patria (MZ p. 180/1).

Su antinacionalismo y su anarquismo nihilista les impide darse cuenta de la esencial vinculación de la soberanía nacional con la libertad individual, sinaquella no existe ésta.

Para ellos, sigue diciendo Jauretche, –la patria es un simple medio porque lo importante (para ellos) es lo que entendió por libertad, por democracia, por instituciones una generación o un grupo de hombres.

Estas no son formas transitorias, que la Patria-Pueblo-Nación adopta en el devenir histórico, cambiándolas según la necesidades de cada momento para adecuarlas al cumplimiento de su destino (MZ p. 180).

Por su bidimensional individualismo materialista no pueden inteligir, aprehender, que a los individuos se les reclame ser patriotas.

¿Cómo, ellos, difusores de la zoncera que dice –pobre de los pueblos que necesitan héroes, van a entender de patriotas?  

Josef Pieper, en su libro,  Las virtudes fundamentales, llama a la valentía, fortaleza, y dice de la fortaleza, que es una –disposición para realizar el bien aún a costa de sacrificio.

Contradiciendo a la visión del liberal ilustrado, Pieper dice que, –la justicia no se impone por sí sola (por la existencia de una ley escrita), sin que la persona esté dispuesta a llegar al sacrificio por ese valor humano.

El patriotismo es una de las razones por la que el hombre social, comprometido con su pueblo-nación, –aún a costa de sacrificio, actúa convalentía poniendo en juego la virtud de la fortaleza.

Estos progres cargados de erudición dogmática pero cero en sabiduría, al decir de Jauretche, vienen incorporando nuestra educación el dogma de que la finalidad de la emancipación argentina fue construir determinado régimen político y no el ser una Nación (un Pueblo-Nación, un pueblo organizado para hacer efectiva la autodeterminación). Poniendo en primer término lo formal y en el segundo lo sustancial.

Y sigue con algo más duro contra ellos: El sistema supone el gobierno de poderes extranjeros a través de una minoría.

Para arquitecturarlo es necesario previamente deformar la idea de nación, sustrayendo toda posibilidad de una política nacional.  

Por eso hoy imponen la zoncera que la cuestión central es ser –progresista o conservador, forma de sustraer la atención de la cuestión central, –ser nacional o antinacional

Conviene prestar atención a la terminología de Jauretche, ya que él extrapolaba constantemente tres factores centrales, Patria, Pueblo y Nación, porque los tomaba como integrados y sobreentendidos.

Así se entiende bien cuando dice de estos tilingos intelectuales que para ellos, –la nación deja de ser un fin para convertirse en un medio.

La nación es para la democracia, para la libertad.

No la democracia es para la nación.  

Pero dice otra cosa que hoy cae como anillo al dedo con estos globalizadores que cacarean antiglobalización.  

Dice Jauretche: –Disuelta la idea de Nación deja de ser repugnante la intromisión de otras naciones para cumplir fines alternativamente libertadores, democráticos o civilizadores.

Es decir, construyen unamoral política que corresponde a su visión antinacional.

(PNyRH p. 99-100). Recordarlo a Jauretche significa mantener en la memoria conceptos sabios que nos orienten en estos tiempos de hipócritas y pícaros

Por eso, en mi último libro Peronismo Justicialista cierro el primer capítulo de la primera parte del texto, mostrando que la lectura correcta de la frase de Perón, –La única verdad es la realidad-, nada tiene que ver con las simplificaciones con que los hipócritas y pícaros la han querido traducir.

Sobre la realidad decía Arturo Jauretche que: –Es frecuente el error de oponer la política realista a la política idealista.

El error proviene de confundir al político practicón (sic) con el realista.

Lo que es un absurdo, ya que el realismo consiste en la correcta interpretación de la realidad y la realidad es un complejo que se compone de ideales y de cosas prácticas.

Así, el político verdaderamente realista, es decir, sustancialmente el político, ni escapa al círculo de los hechos concretos por la tangente del sueño o de la imaginación, ni está tan atado al hecho concreto que se deja cerrar por el círculo de lo cotidiano al margen del futuro y el pasado, diferenciándose bien del practicón que es un simple recolector de votos y fuerzas materiales.

Para un político realista, la realidad está construida de ayer y de mañana; de fines y medios, de antecedentes y consecuentes, de causas y concausas.

El hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será, que no por difuso es inaccesible e inaprensible (2).

Salute Arturo. ¡Gracias maestro!

JCC/

 

NOTAS:(1) Estas referencias estarán sintetizadas con MZ para el Manual de Zonceras… en su edición de 1985 Peña Lillo editor; con MPC para De memoria: Pantalones cortos en su edición de 1986 Peña Lillo editor; y con PNyRH para Política nacional y Revisionismo histórico en su edición de 1989 Peña Lillo editor.(2) Arturo Jauretche tomados del libro Política Nacional y Revisionismo Histórico (1959) en Peña Lillo editor, 1989, p.15/6.

N&P: El Correo-e del autor es Juan Carlos Corica jccorica@fibertel.com.ar