Leyendo acerca de su asesinato le salta a uno la manera en que mataron al Che Guevara.

EL ASESINATO DEL CHACHO PEÑALOZA

Jose Hernandez, Alejandro Pandra, Carlos Del Frade

Domingo F. Sarmiento:-He aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.

LA MUERTE DEL CHACHO PEÑALOZA

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 Investigación periodistica de  José Hernández

 El 12 de noviembre de 1863 el brigadier general Angel Vicente Peñaloza, a sus gallardos 70 años, está refugiado en la casona de su amigo Felipe Oros, en la pequeña población riojana de Olta, con media docena de hombres desarmados, a pocos días de su derrota en Caucete, San Juan, contra las tropas de línea del gobernador de la provincia y director de la guerra designado por el presidente Bartolomé Mitre: Domingo Faustino Sarmiento, que estaba desesperado entonces por saber dónde se escondía su peor enemigo.

 A principios de mes el capitán Roberto Vera sorprende a un par de docenas de seguidores de Peñaloza.

Acto continuo se les tomó declaración, dice el escueto parte de su superior, el mayor Pablo Irrazábal: seis murieron pero el séptimo habló.

El chileno Irrazábal lo manda a Vera con 30 hombres al refugio del caudillo, donde lo encuentra desayunando con su hijo adoptivo y su mujer.

El Chacho, el amable gaucho generoso y valiente defensor a ultranza de las libertades de los pueblos, sale a recibirlo con un mate en la mano y, entregando su facón -en cuya hoja rezaba la leyenda –el que desgraciado nace / entre los remedios muere-, le dice al capitán: –estoy rendido.

Vera lo conduce a uno de los cuartos y le pone centinela de vista.

Y le comunica el suceso a Irrazábal.

 El mayor no tarda en aparecer.

Entra al cuarto y pregunta de un grito: –¿quién es el bandido del Chacho?.

Una voz calma, desbordante de buena fe, le contesta: –yo soy el general Peñaloza, pero no soy un bandido. Inmediatamente, y sin importarle la presencia del hijastro y de doña Victoria Romero de Peñaloza, el mayor Pablo Irrazábal toma una lanza de manos de un soldado y se la clava en el vientre al general.

 Después lo hizo acribillar a tiros.

Y mandó cortarle la cabeza y exhibirla clavada en una pica en la plaza del pueblo de Olta.

Sarmiento, que nada deseaba más que esa muerte, le escribe a Mitre el 18 de noviembre: -He aplaudido la medida, precisamente por su forma.

Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.

 La guerra –de limpieza social, de exterminio de los criollos, de degüello de los federales, de carnicería feroz, de raptos, robos, saqueos, violaciones, levas de enganchados y cepos colombianos a los gauchos, es la consecuencia directa de Pavón, –la derrota que no fue impuesta por las logias de Buenos Aires.

 El 17 de septiembre de 1861 se enfrentaron junto al arroyo de Pavón, al sur del la provincia de Santa Fe, el ejército bonaerense liberal de Mitre y el ejército federal de las provincias de Urquiza.

 Producida la victoria indiscutible de los federales en el campo de batalla, inexplicablemente, Justo José de Urquiza se retira del campo a paso lento, al tranco de su caballo, como para demostrar que es una retirada voluntaria.

¡Y al mismo tiempo ordena también la retirada de los suyos, ganadores del combate!

Con la insólita claudicación urquicista, la Confederación se derrumbó y el país quedó en las manos de –la civilización de la levita de los porteños, una de las páginas más tristes y sangrientas de nuestra historia.

 La bandera abandonada por Urquiza será alzada entonces por el Chacho Peñaloza, brigadier general del ejército de la nación y jefe del III Ejército -el Ejército de Cuyo-, aunque sin tropas de línea ni armas.

 De una vieja familia fundadora de La Rioja, de larguísima carrera de luchas en las que había ganado todos sus grados en el campo de batalla,

Peñaloza fue teniente coronel de Facundo Quiroga, y lo acompañó en todas sus campañas, sirviendo después de Barranca Yaco a las órdenes del gobernador Brizuela, con quien entró a la coalición del Norte.

 Este cambio de frente obedeció a la falsa versión unitaria que le achacaba a Rosas la inspiración del asesinato de Facundo.

 Pero ya estamos después de Pavón, cuando el Chacho levanta una vez más su enseña, cabalgando sin sombrero, ceñida la melena blanca con una vincha gaucha, y son cientos, y pronto miles los que lo rodean, paisanos con sus caballos de monta y de tiro, y una media tijera de esquilar atada a una caña como lanza. 

De La Rioja a Catamarca, de Mendoza a San Luis, de Córdoba a San Juan, la montonera crece levantando voluntarios en marcha triunfal.

 En los Llanos, el caudillo es imbatible.

 Por eso, el gobierno nacional manda al sacerdote Eusebio Bedoya a ofrecerle la paz.

El Chacho acepta complacidísimo y se fija La Banderita para el cambio solemne de las ratificaciones y de los prisioneros de guerra.

 El acude con sus tenientes y montonera en correcta formación.

El ejército de línea, conducido por los jefes mitristas Rivas, Arredondo y Sandes -los dos últimos orientales-, rodean a Bedoya.

José Hernández, el autor del Martín Fierro, narra la entrega de los prisioneros nacionales tomados por el Chacho. –¿Ustedes dirán si los han tratado bien?, pregunta éste.

¡Viva el general Peñaloza!, fue la única y entusiasta respuesta.

 Luego el riojano se dirige a los jefes nacionales: –¿Y bien, dónde están los míos?…

¿Por qué no me responden?… ¡Qué!

¿Será cierto lo que se dice?

¿Será verdad que todos han sido fusilados?

 Los jefes militares de Mitre se mantenían en silencio, humillados; los prisioneros habían sido todos degollados sin piedad, como se persigue y se mata a las fieras de los bosques; las mujeres habían sido arrebatadas por los invasores…

 Al decir del joven periodista Hernández -testigo angustiado de las desdichas nacionales-, Bedoya y los propios jefes militares, conmovidos, sienten asco por haberse mezclado en la negociación.

 Pronto el Martín Fierro marcará a fuego la iniquidad mitrista:

¡Y después dicen que es malo

el gaucho si los pelea!

 Pero hay uno que nada lo conmueve; queda en pie el enemigo más formidable del caudillo de los Llanos: Sarmiento, que además de caracterizarlo de bandido, vándalo y ladrón, lo hostiliza y hace perseguir implacablemente a sus hombres, incorporándolos por la fuerza a los peores destinos militares, después de apoderarse de sus mujeres y propiedades. 

(Unos meses antes le escribía a Mitre sobre Sandes: –Si mata gente, cállense la boca.

Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor ).

 Hasta que el director de la guerra logra colmar la paciencia del Chacho, que antes del año de La Banderita levanta nuevamente el estandarte de la rebelión, declarando en una carta a Mitre: –Los hombres todos, no teniendo ya más que perder que la existencia, quieren sacrificarla más bien en el campo de batalla defendiendo sus libertades, sus leyes y sus más caros intereses atropellados vilmente.

 Y toma su lanza temible convocando a los dispersos federales, a los veteranos de Facundo y a los jóvenes casi niños que prefieren morir con la tacuara en la mano a aniquilarse en los cantones fronterizos, diciendo en su proclama, que vuelve a conmocionar los Llanos: –El viejo soldado de la patria os llama en nombre de la ley y de la nación, para combatir y hacer desaparecer los males que aquejan a nuestra tierra.

 La tragedia de Olta inició una ola de sangre descontrolada en toda la región. Pero desde entonces una copla popular se empezó a cantar en los Llanos:

 Dicen que al Chacho

lo han muerto.

No dudo que así será.

Tengan cuidado magogos,

no vaya a resucitar.

 Fuente: www.agendadereflexion.com.ar

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INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA E HISTORIA POLÍTICA

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 JOSÉ HERNÁNDEZ Y EL ASESINATO DE PEÑALOZA

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Por Carlos del Frade

ARGENPRESS.info

14/11/2005

 La investigación periodística revela el funcionamiento de los factores de poder en una sociedad y descubre el por qué existencial de las mayorías populares.

La historia del periodismo argentino está plagada de antecedentes del género que tomó auge a fines de los años cincuenta del siglo veinte pero que, en realidad, asumió sus formas desde el diecinueve con políticos y escritores como Belgrano, Fray Mocho y José Hernández.

 Este último, conocido de manera mayoritaria por Martín Fierro, fue uno de los pioneros de un periodismo de denuncia precisa que revela el nombre y el apellido de los multiplicadores del dolor del presente que le tocó vivir.

 La investigación sobre el asesinato del Chacho Peñaloza es una pieza de antología que no solamente es útil para los miles de estudiantes de periodismo, sino también para la historia política de los argentinos.

 Vayan estas líneas, entonces, como modesto homenaje a dos hombres comprometidos con el sueño inconcluso de los que son más, Hernández y Peñaloza que, en estos días, se recordaron con tibieza por las efemérides de sus nacimiento y muerte, respectivamente.

 Del Chacho a los hijos y entenados

 José Hernández es el símbolo de un periodismo de denuncia y prólogo del género de la investigación que descubre la trama íntima de la impunidad en torno a un crimen político que conmovió a la sociedad argentina de principios de la década del sesenta del siglo pasado.

El asesinato del Chacho Peñaloza fue presentado por los periódicos de la época, los de Buenos Aires, como el –lógico final de un bandolero.

Sarmiento y Mitre justificarían el método en nombre del progreso.

 Frente a esta construcción de sentido del presente, tendiente a conformar una visión que justificaba la eliminación de las resistencias del interior ante el proyecto económico y político de la burguesía porteña en alianza con los ganaderos de la Mesopotamia, el periodista Hernández, militante del proyecto de la Confederación, descubriría otra historia.

Y lo haría a través de una serie de artículos que publicó en el periódico entrerriano El Argentino, de Paraná.

 La primera nota se titulaba Asesinato atroz y comenzaba con una cabeza escrita según los conceptos actuales de la estética del periodismo informativo.

 -El general de la Nación, Don Angel Vicente Peñaloza ha sido cosido a puñaladas en su lecho, degollado y llevada su cabeza de regalo al asesino de Benavídez, de los Virasoro, Ayes, Rolin, Giménez y demás mártires, en Olta, la noche del 12 del actual, en referencia a noviembre de 1863.

 -El general Peñaloza contaba 70 años de edad; encanecido en la carrera militar, jamás tiñó sus manos en sangre y la mitad del partido unitario no tendrá que acusarle un solo acto que venga a empañar el valor de sus hechos, la magnanimidad de sus rasgos, la grandeza de su alma, la genrosidad de sus sentimientos y la abnegación de sus sacrificios.

 Hernández describe y utiliza los adjetivos que informan.

 El periodista con conciencia política que es Hernández denunciará desde el presente, el proyecto de dominación que enfrenta desde el campo de batalla y desde el escritorio de una redacción.

 -El asesinato del general Peñaloza es la obra de los salvajes unitarios; es la prosecución de los crímenes que van señalando sus pasos desde Dorrego hasta hoy.

 Luego vendrá un segundo artículo, La política del puñal en la que advierte desde la lucidez del analista político: –Tiemble ya el general Urquiza que el puñal de los asesinos se prepara para descargarlo sobre su cuello; allí, en San José, en medio de los halagos de su familia, su sangre ha de enrojecer los salones tan frecuentados por el partido Unitario.

 La tercera nota es la presentación del género de la investigación periodística en la Argentina.

 -Peñaloza no ha sido perseguido.

Ni hecho prisionero.

Ni fusilado.

Ni su muerte ha acaecido el 12 de noviembre.

Lo vamos a probar evidentemente, y con los documentos de ellos mismos.

Todo eso es un tejido de infamias y mentiras, que cae por tierra al más ligerísimo examen de los documentos oficiales que han publicado sus asesinos”, aseguró el periodista.

 Agregó que –ha sido cosido a puñaladas en su propio lecho, y mientras dormía, por un asesino que se introdujo a su campo en el silencio de la noche; fue enseguida degollado, y el asesino huyó llevándose la cabeza.

A la mañana siguiente no había en su lecho ensangrentado sino un cadáver mutilado y cubierto de heridas.

Esa es la verdad, pero todo esto ha ocurrido antes del 12 de que hablan las notas oficiales.

Los partes y documentos confabulados mucho después del asesinato con el solo objeto de extraviar la opinión del país, incurren en contradicciones estúpidas.

 En esas líneas se descubre el sentido y el objetivo de las palabras de Rodolfo Walsh en Operación Masacre, luego de los fusilamientos de José León Suárez.

 -Examinemos ligeramente esos documentos.

El primer parte que aparece dando cuenta de la muerte del general Peñaloza, es el siguiente y transcribe el texto de Pablo Yrrazábal y Ramón Castañeda fechado en Olta, el 12 de noviembre de 1863.

Allí se pone de manifiesto que Yrrazábal sorprendió al –bandido Peñaloza, el cual fue inmediatamente pasado por las armas y aseguraba que también tenía –prisionera a la mujer y un hijo adoptivo.

 Hernández destacó a los lectores el hecho de que el operativo se produjo en la madrugada del 12 y que no había más prisioneros que la familia de Peñaloza.

 A continuación, Hernández publicó una carta de Sarmiento, como gobernador de San Juan, al inspector general de Armas de la República, general Wenceslao Paunero.

 En ella el sanjuanino le adjudicó la detención del Chacho a Vera y no en la madrugada del 12, si no a las nueve de la mañana.

El tercer documento es la carta que Yrrazábal dirigió al coronel José Arredondo el mítico 12 de noviembre de 1863.

 -Pongo en conocimiento de VE el buen éxito de nuestra jornada que ha dado el triunfo sobre el vandalaje, comenzaba el escrito.

 Luego mencionó al –valiente comandante Ricardo Vera, la fecha 11 de noviembre, la toma de 18 prisioneros y la partida hacia Olta en la madrugada del 12.

Habla de otro grupo de 18 nuevos prisioneros, seis muertos y el secuestro de la mujer del Chacho y un hijo adoptivo.

Entonces Hernández pone en evidencia las contradicciones entre los documentos oficiales.

 -O miente uno o miente el otro.

La verdad es que mienten los dos, escribe en tono contundente.

Publica una nueva carta, del 13 de noviembre, enviada por Pedro Echegaray al coronel y jefe de las fuerzas movilizadas, coronel Cesáreo Domínguez.

Lo hace desde Los Pocitos, provincia de Córdoba.

Allí se cuenta que se llegó a La Rioja en la noche del 12 de noviembre y que “muy pronto quedará restablecido el orden porque el primer caudillo, que era Peñaloza, concluyó su carrera en Olta, que fue muerto por una comisión del coronel Arredondo al mando del comandante Ricardo Vera”.

De allí que Hernández desmenuce el sentido profundo de los signos que ofrecen las cartas.

-En esta nota, fechada un día después de aquel en que se da como acaecida la muerte de Peñaloza, y a una inmensa distancia del lugar del suceso, Echegaray habla del hecho como de un suceso viejo, habla de los resultados producidos, de la marcha de Puebla, de los avisos mandados por él a las autoridades de San Luis, de la ocupación de La Rioja por Arredondo, de los individuos que se han presentado, y por fin de que se ha retirado de aquella provincia por creer ya innecesaria su presencia allí.

No hay magia para hacer tantas cosas en unas cuantas horas, sino la de los salvajes unitarios.

Pero Echegaray no mentía, sino que Peñaloza ha sido asesinado mucho antes de lo que dicen esas notas falsificadas, remarcó José Hernández.

Y añadió una última carta de Yrrazábal a Echegaray, desde Ulape, el 8 de noviembre de 1863:Según noticias, creo que US no está seguro de que Peñaloza fue tomado e inmediatamente pasado por las armas, testimonia el documento.

 A partir de esa demostración, Hernández confirmó que –aquí está descubierto el crimen.

Esa nota es de fecha 8 de noviembre e Yrrazábal le asegura a Echegaray que Peñaloza había sido muerto y más adelante enfatizó que –el asesinato que se pretende encubrir está revelado.

 Después analiza la construcción de la historia oficial a través del diario El Imparcial de Córdoba y La Nación Argentina, de Mitre.

 Terminó escribiendo que –el criminal se agazapa, se esconde, pero siempre deja la cola afuera, que es por donde lo toma la justicia.

Los salvajes unitarios han dejado también la cola afuera.

Es una pena que este texto de investigación, análisis, precisión informativa y moderna estética en la redacción, no se estudie en las facultades de comunicación social y en las escuelas de periodismo como antecedente de los escritos de Walsh, Bayer y Verbitsky.

 Pero también constituye un flagrante delito de falsificación histórica el tratar de reducir a José Hernández como el autor del “Martín Fierro”.

 Hernández demuestra, a través de su notable ejercicio de la construcción de las noticias y de su compromiso político que lo llevó hasta los campos de batalla, una voluntad de convertir en masivo lo oculto por los sectores dominantes.

 Su trabajo de descubrimiento a favor de las mayorías constituye un valioso aporte para la formación de la conciencia social.

 Esa que se nutre del mandato cultural y político que viene desde 1810 de formar una Argentina con igualdad y solidaridad, proyecto histórico que resume la identidad nacional.

 Fuente: ARGENPRESS.info, Fecha publicación:14/11/2005