"Carta abierta a Don Juan Carlos de Borbón, Rey de España."

NUESTRO HABITAT NATURAL Y SU MAJESTUOSA NOBLEZA.

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España posee un formidable manejo del agua, que comienza tempranamente en su plataforma marítima, avalada por una secular tradición pesquera.

Carta abierta a Don Juan Carlos de Borbón; Rey de España.

NUESTRO HABITAT NATURAL Y SU MAJESTUOSA NOBLEZA.

 

Breve apunte para comprender como distintos intereses señalan una misma cosa. Que la única riqueza es la madre naturaleza.

 

Estudiar una cultura es comprender sus valores. Tratar de recrear una cosmovisión remota sin entender la estructura de su propio sistema de creencias, es nada más que prolongar indefinidamente la ignorancia en el tiempo y el espacio.

 

Contrastar la mera realidad material, con la percepción que de ella tenga cada uno, ya es una seria complicación. Pero si además agregamos la dificultad de hacerlo con una forma de apreciación colectiva que abarque como objeto de estudio la manera en que el género humano se relaciona con cada medio geográfico, la dificultad de la tarea pasa a ser extrema.

 

Encubiertos bajo el criterio actual de moneda se establecen las atribuciones de mérito y precio que dirigen el obrar de toda la población humana. Una ilimitada cantidad de moneda se contrasta con una limitada capacidad de generación de recursos naturales. Y aquí comienza el problema.


La escasez determina el precio relativo, que como su nombre lo indica, depende también del número de usuarios interesados y de sus chances de obtener para sí, cada bien o servicio en provecho propio.

 

En la medida que una población humana crece, estas chances se dilatan y la  concordia entre sus miembros se enrarece. Primero por la libre competencia, ahora por la exclusión social y en un futuro cercano, seguramente será por masivo desplazamiento migratorio hacia las fuentes reales de recursos.

 

Este paradigmático angostamiento de recursos vitales, representa ahora la primera causa determinante de conflictos sociales y nuestra cultura política aún no lo registra como problema. Acuñar los conceptos desde los cuales habremos de digerir esta crisis y presentar batalla, determinará el destino de nuestra siguiente generación política en Sudamérica.

 

España, en cambio tiene fundado criterio sobre el manejo de sus recursos biológicos. Posee un formidable manejo del agua, que comienza tempranamente en su plataforma marítima, avalada por una secular tradición pesquera allende sus costas.


Desde los atuneros de altura hasta la múltiple captura costera, los españoles conocen minuciosamente las consecuencias que trae sobre la población humana la contaminación del mar.

 

Con mayor cuidado, Galicia en particular es un mejor ejemplo del cuidado de sus ecosistemas en sus rías bajas. Allí se captura con red, sólo en zonas específicamente demarcadas y con estricto arreglo de los cupos de captura acordados para cada temporada. De la misma forma se obtienen langostas con nasas cebadas y se mariscan moluscos como las vieiras y los berberechos, algunas veces desde embarcaciones y otras a mano desde las playas ribereñas.

 

También, tierra adentro en el curso inferior de las rías, el derecho a emplear el agua para una arrocera o un viñedo, está restringido al uso de metodologías orgánicas, de modo que los efluentes fluviales y estacionales de los cultivos no arrastren agroquímicos que pudieran restringir el desarrollo de cualquier forma de vida presente en el valioso cauce. Así se garantizan presencias biológicas apreciables, que incluyen entre otros personajes, a las riquísimas angulas.

 

La saludable dieta mediterránea, no sólo es el principal soporte alimentario de su población, sino que a la vez representa una constante fuente de prosperidad y empleo. Hasta el turismo y la exportación son productos secundarios de esta añeja propuesta cultural, que encuentra permanentemente nuevos caminos y adherentes en todo el mundo. Un circuito virtuoso que sintéticamente podría ser bautizado como  la cadena biocultural de valor. Un espacio donde la población coincide con el sentido natural que la vida misma propone.

 

En contraposición, la cadena financiera de intereses reconoce otro circuito de valor fundado exclusivamente en la potestad de ejecución conferida al poseedor del capital económico. Bajo la imperiosa necesidad de obtener una renta financiera, se presionan todos los recursos propios de la empresa moderna.

 

El conocimiento, el trabajo, la materia prima, el poder político. Así de esta forma, otro circuito comienza y termina su periplo de espaldas al verdadero torrente que la naturaleza impone.

 

Las consecuencias son a la vista de todo el planeta, trágicamente inapelables. 

 

El hiperdesarrollo, favorece desmesuradamente a las grandes metrópolis. Recalienta, discrimina, desertifica, extingue y libra una única guerra en absoluta desigualdad contra todas las culturas y sus diversos sistemas de supervivencia en todo el mundo.

 

El Rey Juan Carlos, es una persona de cuya honorabilidad no tengo duda. Por otra parte, un reconocido naturalista y un próspero empresario. Su opinión en el conflicto del río Uruguay sin duda sentará una doctrina interpretativa de infranqueable referencia cada vez que se aluda al tema.

 

Sin embargo en cualquier dictamen que produzca, no debe dejar de incluir referencia a la causa de porque estas plantas no son queridas en Europa.


Un pedido personal, de quien jamás se podrá decir que acepte que su tierra sea considerada periferia de otra, ni a su población de menor estima que ninguna otra sobre la faz de la tierra.       

 

AA/

 

N&P: El Correo-e del autor es Arturo Avellaneda arturavellaneda@msn.com