Homenaje a los Deportistas que fueron Castigados en 1956

A 50 AÑOS DEL GENOCIDIO DEPORTIVO

Victor Lupo

osvaldosuarez
 Osvaldo Suarez, Walter Lemos, Eduardo Guerrero y el plantel de Básquetbol argentino, (entre otros)

A 50 AÑOS DEL GENOCIDIO DEPORTIVO

1956 – 29 DE OCTUBRE – 2006

Homenaje a los Deportistas que fueron Castigados en 1956

WALTER LEMOS, OSVALDO SUAREZ, EDUARDO GUERRERO Y EL PLANTEL DE BÁSQUETBOL ARGENTINO.

(ENTRE OTROS)

 

En 1956 la Argentina deportiva entró en una decadencia de la que no pudo recuperarse gracias a la Revolución fusiladora.

Para rendirle nuestro homenaje ofrecemos escritos de capitulos del Libro Historia Politica del Deporte Argentino de Víctor Lupo publicado por Editorial Corregidor (2004).

 

TERCERA PARTE

Capítulo XLV

EL GENOCIDIO DEPORTIVO

La decadencia del deporte nacional

 

Hace ya 50 años, en el apogeo de la Revolución Libertadora [1] comandada por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas; cuando se fusilaban militantes políticos en los basurales; se derogaba la Constitución Nacional por una proclama y la sola tenencia de una foto del General Perón o Evita era suficiente para ir a parar a la cárcel o quedar sin empleo; en ese contexto se asestó al deporte argentino un golpe del que aún no ha podido recuperarse totalmente. [2]

 

Para calibrar la magnitud de la tropelía cometida hay que hacer una breve historia.

 

Para un pueblo de deportistas como el argentino, –sería una insensatez afirmar que el auge del deporte comenzó con el advenimiento del justicialismo. Lo que sí es verificable, es que en el marco de dignificación que experimentó la Argentina entre junio de 1943 y septiembre de 1955 (con el 17 de Octubre de 1945 como su máxima expresión pública), muchísimos más argentinos ejercieron el derecho al deporte y los más calificados exponentes encontraron decidido apoyo para maximizar sus talentos.

 

Para los que se creen inventores del –deporte con todos,hay que recordar que por ese entonces, cuando no había Secretaría de Deportes de la Nación; la Fundación de Ayuda Social Eva Perón, organizaba los Campeonatos Infantiles y Juveniles Evita. La Confederación General del Trabajo (CGT) los Campeonatos de los Trabajadores; el Comité Olímpico Interuniversitario, las Olimpíadas Universitarias y la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) con el Ministerio de Educación los Campeonatos Intercolegiales. Eso sin olvidar las actividades propiciadas por las Federaciones nacionales; la CAD; la Federación de Clubes Sociales y Deportivos Amateur (FECSYDA), para los clubes de barrio y la iniciación deportiva, en los Ateneos Eva Perón, conducidos por los mejores deportistas nacionales.

 

Deportivamente hablando hacia junio de 1943, Argentina era una potencia.

 

El gobierno revolucionario, primero, y luego el peronismo, decidieron incrementar esas posibilidades y es así como se participó con una nutridísima delegación en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. Se organizaron en Buenos Aires, el Mundial de Tiro en 1949, el Primer Campeonato del Mundo de Basquetbol en 1950, los Primeros Juegos Panamericanos en el verano de 1951 y la primera prueba a nivel nacional de la Fórmula1, en el flamante autódromo en 1953, entre otros grandes torneos. Se participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, donde el 23 de julio se consiguió la última medalla de oro para nuestro país en el siglo XX y en los Juegos Panamericanos de México en marzo de 1955, donde se consiguió la última hazaña deportiva colectiva de nuestro deporte.

 

Por supuesto que el apoyo no se agotaba en estos acontecimientos, sino que se los menciona dado que eran los foros máximos para el deporte continental y mundial.

 

Contra lo que algunos ligeramente sostienen, el deporte en la nueva Argentina no era dirigido por el Gobierno. Y ello no podía ser de otra manera, ya que la Doctrina Nacional en materia de acción cultural (que es donde se encuadraba lo deportivo) sostiene que:-El desarrollo ejecutivo de la acción cultural (deportiva) corresponde a las organizaciones correspondientes del Pueblo… (Decreto 13.378/54). Por ello no es de extrañar que por el Decreto 18.678/54, el Gobierno reconociera a la Confederación Argentina de Deportes (CAD), y “como misión concurrente”, la dirección de los Deportes.

 

Las frías estadísticas permiten verificar que para 1955, la Argentina deportiva había alcanzado los máximos niveles. Por ello se esperaban con mucha fe los Juegos Olímpicos que habrían de desarrollarse al año siguiente.

 

Pero la fobia gorila demostró también que en este sector, tan caro a los sentimientos del Pueblo y del mismísimo general Perón, había que dar un escarmiento aleccionador. Y así con la Libertadora apareció la triste intervención del general Fernando I. Huergo a la Confederación Argentina de Deportes y al Comité Olímpico Argentino (CAD-COA) y la suspensión de por vida para la práctica deportiva a centenares de atletas de primer nivel. 

 

"El libro negro de la Segunda Tiranía" [9]  y la “historia viva” demuestran fehacientemente lo que tuvieron que pagar nuestros mejores deportistas por dedicarle sus triunfos internacionales (que nadie les facilitaba) o por “percibir el reconocimiento a sus conquistas” de Perón, el “tirano depuesto”. Por ello fueron suspendidos de por vida los campeones mundiales de basquetbol, el remero olímpico Guerrero, los corredores Osvaldo Suárez y Walter Lemos y hasta el campeón sudamericano de bochas, el cordobés nacido en Las Varillas, Roque “Chilin” Juárez, entre otros tantos grandes atletas.

 

Al respecto vale recordar a la "Comisión Investigadora de Irregularidades Deportivas Nº 49”, que funcionaba en dependencias de la Vicepresidencia de la Nación, a cargo del almirante Isaac Rojas, con la base ideológica del Decreto Nº 4161 del 5 de marzo de 1956.[10] 

 

Algo de esta “venganza política” se puede vislumbrar en dos notas de la revista "El Gráfico". La del 6 de enero de ese año titulada “A los pecadores: ¿Perdonarlos o Castigarlos?” escrita por Dante Panzeri donde entre otros conceptos se expresaba: “Ante el delito de la motorización, no es el caso de despreciar ni humillar a nadie. Pero el deporte argentino sólo se reconstruirá cabalmente desechando en su futura edificación hasta el último escombro del bochornoso decenio pasado. La audiencia se dispone ahora a escuchar sentencia. Nosotros también”.

 

Y la otra en la edición 1942 de la misma revista, con fecha 9 de noviembre de 1956, que firmaron los periodistas Dante Panzeri y Alberto Saloto, donde se seguía con la misma prédica.

 

Pero para que el castigo sirviera de ejemplo, la intervención del COA escogió como método de sanción (la decisión se tomó el 29 de octubre de 1956) el de la “no concurrencia” a los Juegos Olímpicos de Melbourne, de aquellos deportistas que tenían verdaderas posibilidades de podio pero que estaban sindicados como afines al “régimen depuesto".

 

Para poder calibrar en su justa medida este atropello a los derechos humanos habría que recordar que el “óptimo deportivo” es irrepetible; si a un músico le prohíben un concierto, o a un pintor le prohíben pintar por un tiempo, o aún a un poeta escribir por años, los talentos no se resienten. Pero a un deportista de nivel mundial, unos meses pueden resultarle fatales y sobre todo en los Juegos Olímpicos, que se celebran cada cuatro años.

 

La “soberbia gorila” consumó sus propósitos, a despecho de la ola de protestas internacionales (disimuladas en ese momento por la prensa local) y así nos quedamos sin varias medallas olímpicas más. [12]

 

Un ejemplo siempre suele aclararlo todo. Ajustando sus preparaciones con vistas a Melbourne, entre febrero y julio de 1956 los corredores de fondo, Osvaldo Suárez y Walter Lemos, fueron batiendo sucesivamente el récord sudamericano de 10.000 metros. El 18 de marzo, Suárez registró 30 minutos 15 segundos y el 24 de marzo, Lemos hizo 30 minutos 10 segundos.

 

El 7 de julio de 1956, en una memorable carrera, Suárez bajó la marca, su propio récord sudamericano de 10.000 metros, a 29 minutos 49 segundos 9 décimas, y Lemos a 29 minutos 50 segundos y 4 décimas.

 

Pero a estos dos atletas no los dejaron viajar, y lo mismo les ocurrió a muchos otros, pese a que tenían posibilidades de llegar al podio. Y después de los Juegos de Melbourne (para que no quedara duda de que no se los dejó ir por revanchismo político) se les levantó la suspensión.

 

En la San Silvestre largada a la medianoche del 31 de diciembre de 1957 (según la tradición, el primer día del año siguiente, 1958), Suárez le ganó al ruso Vladimir Kutz (bicampeón olímpico en Melbourne) y Lemos al recordman inglés Gordon Pirie.

 

Estos triunfos (conscientes o no) fueron una muestra aún no valorada en su real dimensión de “la resistencia deportiva peronista”, que luego tendría una gran cantidad de ejemplos recordados en este libro.

 

Consecuente con la política de destrucción del hombre argentino, instaurada casi sin interrupciones desde septiembre de 1955, el deporte fue deliberadamente debilitado, a tal punto que hoy es casi imposible retornar al nivel perdido. Si es que actualmente vale la pena tomar el nivel olímpico como referencia válida, habida cuenta de la alteración humana (especialmente el doping) que vienen experimentando los últimos Juegos Olímpicos.

 

Lo precedentemente expresado y lo que expresamos en los próximos capítulos, da sustento a nuestra afirmación de que en 1956 se perpetró en la Argentina, un verdadero genocidio deportivo.[14]

 

 

[1] El periodista y escritor tucumano José Luis Torres, con posterioridad a la revolución del 55 edita la revista Política y políticos, que tenía como leyenda “ni con unos, ni con otros”, de la que logran salir ocho números hasta que es cerrada por orden del almirante Rojas. En ella Torres, que era su único redactor y escribía con estilos diferentes para darle mayor relieve, estigmatizó la revolución triunfante desde todos los ángulos, bautizándola como “revolución fusiladora”, nombre con que años más tarde se la identificó definitivamente. A él se debe también la caracterización de “década infame” al período del 32 al 43; (ver capítulo LX.-Alberto Buela) “oligarquía maléfica”, al sector social de mayores recursos que se enriqueció a costillas del pueblo en ese período y “perduelio”, al aparato financiero y legal montado por los enemigos internos de la patria para su liquidación.

 

Luego de casi una década de oscuridad y silencio, murió en Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1965, en la pobreza más absoluta. Sus amigos, entre ellos Pepe Taladriz, realizaron una colecta para comprar el cajón. Sus restos descansan en el osario público del cementerio de la Chacarita. Mas, como el mismo lo previera, no murió del todo, pues como expresara: “hasta después de muerto ha de prolongarse en el tiempo la consecuencia de mi esfuerzo”. 

 

[2] Ver gráficos en el final del libro

 [9] Libro que se encuentra en la Biblioteca del Senado de la Nación.

[10] Ver apéndice. El Decreto – El dirigente Carlos “Pancho” Gaitán expresa: Ley 4161 es aberrante, mucho peor de los calificativos que se le dan, por que es un ley que pena “el pensamiento' y le otorga a la autoridad de aplicación el derecho a castigar la sospecha. En el Articulo 1, Inciso “b” dice “creadas o A CREARSE”, refiriéndose a símbolos, canciones, obras de arte o etc…, arrogándose el derecho a penar, el pensamiento y la acción del futuro.

 [12] Ver “proyecto de resolución”, en octubre de 1958, del diputado radical Zarriello, por el cual solicitaba la investigación legislativa a la fatídica Comisión 49, que había suspendido a los deportistas argentinos de elite.

[14] Término del licenciado Alfredo Armando Aguirre, autor de numerosos escritos sobre la actividad deportiva argentina, acuñó esta frase en una nota publicada en el diario “La Reforma” de Gral. Pico, La Pampa.

 

Capítulo XLVII

Año 1956

Walter Cándido Lemos

Un injusto castigo en el atletismo

 

Si el atleta, oriundo de la ciudad santafesina de Sunchales, no alcanzó aun más gloria deportiva, ello debe atribuirse a dos elementos. Uno, de tipo institucional, fue la “Revolución Libertadora", que prácticamente tronchó la posibilidad de la medalla olímpica y aún del récord mundial. Walter Cándido Lemos fue una de las víctimas de aquel genocidio deportivo, implementado por el “interventor Huergo”, desde su puesto en el Comité Olímpico Argentino y la Confederación Argentina de Deportes, quien prácticamente descabezo a la elite deportiva, por haber recibido apoyo de lo que los "gorilas"  llamaban "La segunda tiranía". El otro factor, que en algún modo opaca la trascendencia de Lemos, fue que su esplendor deportivo coincidió con el de uno de los más grandes atletas que produjo esta tierra: Osvaldo Roberto Suárez, el corredor de Wilde, Buenos Aires, múltiple campeón sudamericano, iberoamericano y panamericano, y triple ganador de la famosa "Corrida de San Silvestre" de Brasil.

 

Lemos comenzó a figurar en el candelero del atletismo nacional con su participación en los 5.000 metros del Campeonato Sudamericano de 1952 realizado en Buenos Aires. Eran los tiempos de legendarios maratonistas como Delfo Cabrera, Reynaldo Gorno, Ricardo Bralo, Corsino Fernández y el "Negrito" Ezequiel Bustamante.

 

Comenzaría a llegar a la consideración popular al ser el ganador de la Maratón de los Barrios de 1954, tradicional prueba que organizaba la revista “El Gráfico”.

 

Aparecer en la tapa de esa revista era uno de los premios que se otorgaba al ganador y era como un pasaporte hacia el Olimpo deportivo.

Ganar esta carrera pedestre del 20 de julio de 1954 entre el Obelisco y la Residencia presidencial de Olivos, sería el comienzo de su calvario, por el solo hecho de haber recibido de manos del presidente Perón, una motoneta como premio. Poco tiempo después, la “Revolución Libertadora" comenzaría su vesánica obra……………

 

…………..Walter Lemos siempre vivió de su noble oficio de carpintero trabajando como tal en el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde ingresara en 1952. Hombre de carácter recio nunca se prestó a las patéticas miserabilidades que a veces afloran alrededor del deporte.

 

Capítulo XLVIII

Año 1956

Osvaldo Roberto Suárez.

Otro injusto castigo en el atletismo

 

En una hipotética discusión acerca de cuál ha sido el atleta más grande que hasta ahora ha dado el atletismo argentino, no puede faltar el nombre del “fondista de Wilde”, Osvaldo Roberto Suárez. No es considerado el más grande debido a las circunstancias históricas que le tocó vivir, pero fue el sucesor natural de los medallistas olímpicos Juan Carlos Zabala, Delfo Cabrera y Reynaldo Gorno.

 

Su gran rival en la Argentina fue el notable atleta Walter Lemos…………..

 

El comienzo de su rutilante trayectoria internacional lo marcaron los Juegos Panamericanos de México, en marzo de 1955, donde se impuso en los 5.000 metros con un tiempo de 15’ 30” 6/10 y los 10.000 metros con 32’ 42” 6/10, siendo una de las figuras del atletismo continental de este torneo.

 

Ese mismo año haría puesta con Reynaldo Gorno en la Maratón de Einschede, Holanda. Todo indicaba que al año siguiente seria uno de los medallistas en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, pero fue otro de que no le permitieron viajar por haber recibido premios.[1]

 

Después de finalizados los Juegos, le levantaron la suspensión.

 

Antes y después batió los récords argentinos y sudamericanos que pertenecían a Raúl Ibarra.

 

“De los Juegos de Melbourne me sacaron los dirigentes y los militares que decidieron investigarme. Se les ocurrió que estaba acomodado y por más que les explicara que nadie era capaz de dejarme ganar en los Panamericanos y que mis tiempos eran de los mejores en el mundo, me dejaron afuera de la delegación antes de subir al avión. Siendo peronista de corazón, jamás me había involucrado en la política. Lo mío fue y es el deporte. Antes, entrenar y correr; después entrenar a otros, enseñar, ayudar, alentar a los atletas. Con gran pena recuerdo que en Independiente tuve entre mis discípulos a Miguel Sánchez, el atleta tucumano desaparecido en la época de los militares, el 8 de enero de 1978, día en que llegó al país luego de correr la San Silvestre, carrera donde participó por recomendación mía”, repite siempre con nostalgia el “fondista de Wilde”, por “aquella medalla de oro” que habría podido conseguir y por “aquel hijo atleta” que algunos asesinos se lo llevaron.

 

Osvaldo Roberto Suárez, en la famosa corrida brasileña de San Silvestre, largada según tradición entre la medianoche del 31 de diciembre de 1957 y los primeros minutos del año nuevo, el 1º de enero de 1958, iniciaría su triple victoria consecutiva, venciendo en los 7.400 metros con un tiempo de 21’40” 04/10, nada más y nada menos que a quien había sido el ganador de dos medallas doradas en Melbourne ‘56: el ruso Vladimir Kutz…………………..

 

El Círculo de Periodistas Deportivos lo premió como el deportista de 1958, entregándole el Olimpia de Oro, siendo el primero del Atletismo en conseguirlo.

 

…………………

 

En el sudamericano de Cali, Colombia, de 1963, volvería a ganar dos medallas doradas, logro repetido en los Juegos Iberoamericanos que se realizaron en Madrid, España, al volver a imponerse en los 5.000 y los 10.000 metros, logrando el tercer puesto en los 1.500.

 

En esta ocasión y acompañado del declatonista Héctor González, se entrevistó con el general Perón, exiliado en la capital española. Le regalaron las medallas obtenidas "por lo que había hecho por el país y por el deporte argentino". El general agradeció el gesto, pero les pidió que las llevaran a la Argentina, porque de lo contrario tendrían problemas al regresar. Curiosamente al año siguiente ambos fueron despedidos de sus trabajos.

 

Según cuentan algunos viejos dirigentes del peronismo, Osvaldo Suárez fue uno de los mejores mensajeros entre Perón y el Comando Superior de su Movimiento en la Argentina durante la resistencia. ”Era un hombre muy querido, respetado por toda la sociedad por su humildad. Nunca tenía un gesto de soberbia pese a ser un deportista admirado”, cuenta uno de los veteranos dirigentes, orgullosos de la llamada “resistencia peronista”.

 

………………….

 

De esta manera, Suárez se convirtió en el atleta que más medallas consiguió en los Juegos Panamericanos con 4 de oro y dos de plata en su carrera. En los Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1967, logró el quinto puesto en los 5.000 metros. Este mismo año obtuvo la medalla de oro en los 10.000 metros del Campeonato Sudamericano de Buenos Aires, imponiéndose al colombiano Víctor Mora.

 

……………………

 

En 1988 Osvaldo Suárez fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Avellaneda, por el intendente Sagol. En 1991, “Ciudadano Ilustre de la provincia de Buenos Aires” por el gobernador Cafiero. Desde hace unos años una Agrupación atlética, lleva su nombre. También fue honrado por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. En 1999 recibió el premio “Delfo Cabrera”, de la Comisión de Deportes del Honorable Senado de la Nación, pero en diciembre de ese mismo año, no se le renovó el contrato que tenía con la Secretaría de Deportes de la Nación, como “maestros del deporte”, para dictar clínicas en las provincias junto a otros deportistas como Nora Vega y Pablo Zarnicki.

 

Otra injusticia más para este verdadero maestro de la humildad.

 

 

[1] Ver capítulo XLV. –Uno de esos premios la Copa de la Maratón de los Barrios, donde todos los fines de año celebraba su familia, fue robada desde su casa después de 1955 contaba su hermano mientras Osvaldo era honrado por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.