Algo huele a podrido en Dinamarca.

LAS C0SAS APARTE S0N SEPARADAS

Leon Guinzburg

La gravitación de los desmanes del 17 de octubre en la conciencia popular, es decisiva.

LAS C0SAS APARTE S0N SEPARADAS

La gravitación de los desmanes del 17 de octubre

en la conciencia popular, es decisiva.

 

Por Leon Guinzburg

 

Sobre las especulaciones periodísticas acerca de la violencia que rondó la figura de Perón vivo y Perón muerto –muchas de ellas teñidas de un gorilismo visceral pero a la vez vergonzante-, priva la visión de la pobre realidad gremial que no se corresponde con la esencia de los movimientos de trabajadores organizados.

 

No significa esto descalificar el sindicalismo como expresión social necesaria, noble y útil, ni hacerle el juego a corporaciones empresarias inescrupulosas y expoliadoras que ya hicieron su agosto promoviendo la degradación de las leyes laborales inspiradas por el propio Perón.

 

No implica, tampoco, estigmatizar al sindicalismo peronista, que lo es por peso propio, porque la mayoría de los trabajadores adhieren a esa concepción política.

 

Nadie duda que el lumpenaje que se enfrentó en la quinta de San Vicente frente al cadáver del Líder nada tiene que ver con los trabajadores –muchos con sus familias-, que huyeron despavoridos del lugar del “acto” y con los que a la vera de la ruta agitaban sus pañuelos conteniendo lágrimas al paso de la cureña. Entre balas, piedras, cadenazos y palos, los discursos sonaron desafinados y el nutrido palco apareció como un absurdo kafkiano.

 

Algo huele a podrido en Dinamarca. Porque fuera del contexto institucional de los sindicatos, de su relación política con el gobierno, de su poder económico en virtud de la recaudación sobre salarios y obras sociales, la representatividad se trocó por una idea dinástica y entórnica parapetada detrás de guardias pretorianas conformadas por “culatas”, “choferes” y operadores, éstos últimos con aceitados contactos en reparticiones ministeriales, áreas policiales y bandas mercenarias de “barras bravas” que sirven de fuerza de choque y provocación.

 

Nada que ver con el “laburante cualunque”, aportante, inocente usufructuario de servicios de salud y colonias de vacaciones y muchas veces negociado con las patronales, que también “aportan” para acomodar cargas con el trabajo en negro, salarios bajos,  arreglo de despidos y elusión de cargas provisionales, sin ser  molestados en demasía.

 

No es extraña la aparición como “dirigentes” de hijos, hermanos o parientes de dirigentes sin comillas –que alguna vez ejercieron labores que su gremio  comprende-, que  nunca trabajaron en su vida, por lo menos en tareas abarcadas por la asociación profesional en la que se desempeñan como gremialistas rentados. Y no se trata de “gordos” o “flacos”, sino de una regla silenciosa que se torna peligrosamente consuetudinaria.

 

Esto no quita que también existan sindicatos o agrupaciones internas prolijos, con dirigentes muñidos de vocación de servicio, honestos e incorruptibles, de los cuales ejemplos sobran. Y que ven con impotencia –a pesar de sus esfuerzos por un cambio positivo-, como los que hegemonizan  los consideran vasallos o en lo interno los anulan e impugnan en connivencia con los controles jurisdiccionales; y ante señales de rebeldía se les obstaculiza la gestión, ya sea haciendo cajonear sus expedientes en áreas oficiales, creando organizaciones gremiales paralelas subsidiadas y serviles o ninguneándoles en el tratamiento de paritarias a través de leyes arbitrarias, obtenidas mediante extorsión a gobiernos. Caso concreto, la ley 13552 de la provincia de Buenos Aires.

 

“Las cosas aparte son separadas”, decía en su jerga simple Lucho Montoya, chofer de la gobernación de La Rioja fallecido hace dos décadas en un accidente y todo un personaje en lo atinente a sabiduría popular. Y es así, porque asociar al peronismo con procedimientos perpetuamente violentos es tan falso como hacer un parangón entre el trabajador peronista (la mayoría) con el patotero alquilado del lumpenaje futbolero, entre una persona productiva que sueña con una vida mejor con un parásito antisocial que ramifica como cáncer en el cuerpo del más popular de los deportes.

 

Comparar un trabajador peronista con un culata apretador y pesado que cuida a un dirigente de colegas culatas apretadores y pesados que cuidan a otros dirigentes también es falso. Antaño hemos conocido dirigentes que no necesitaban culatas para caminar tranquilos por las calles, comer en un restorán o ir al cine, y todavía hoy existen connotados sindicalistas lo hacen sin temer ser identificados por la gente.

 

Lo verdadero, en este caso, es que el cadáver de Perón, con extrema lucidez, planteó un punto de inflexión para que los argentinos, -no sólo los peronistas-, repiensen para algunas estructuras sindicales una representatividad adecuada, honesta, correcta, democrática e impermeable a presiones y tentaciones y la instituyan a partir del protagonismo efectivo en la vida sindical, no limitándose únicamente a la zanahoria de la obra social o la elección de delegados internos, que  siendo legítimos, encuentran su techo en burocracias que los minimizan y maltratan, y que con alarmante frecuencia hacen abortar genuinas luchas reivindicativas negociando con las patronales a sus espaldas.

 

Se entiende que la razón de la crítica consiste, en realidad, en la voluntad de propugnar la vuelta al equilibrio entre el capital y el trabajo, revitalizar el derecho a la dignidad del verdadero trabajador, recuperar al Estado de su deserción de la seguridad social revirtiendo la inmoral creación de las AFJP y las ART y de las conciliaciones oficiales del SECLO donde el trabajador siempre e inevitablemente pierde derechos y haberes legítimamente ganados.

 

El cadáver de Perón también dio señales de alarma al estado bobo en cuanto a la necesidad de que vuelva a ejercer el monopolio del orden, que constitucionalmente no es cedible. 

 

También le indica al Estado bobo que recupere patrimonios públicos, recursos naturales y servicios esenciales; le dice, en pocas palabras, que debe ser el primer capitalista de la Nación, porque el Estado es del Pueblo y el estado debe ser fuerte y poderoso para proteger al Pueblo Trabajador.

 

No extraña que columnistas  de reconocidos “servicios”de medios eternamente molestos con “el subsuelo de la Patria sublevado” asocien violencia con peronismo en lugar de reconocer que la violencia gangsteril es la que ensucia y esmerila al peronismo desde adentro y desde afuera. Ni es raro que acudan al término “necrofilia” para neutralizar y denigrar la adhesión perenne y colectiva a un prócer, que guste o no guste, lo es. ¿O son también necrófilos los que rinden homenaje a San Martín, Belgrano y Sarmiento?

 

Los hechos de San Vicente hicieron crujir gobierno y estructuras políticas y gremiales que disputaron sus internas en torno a un ataud. Crujeron ellos, pero no el peronismo, que subsiste en la gente aunque el poder político –paradójicamente peronista-, parcialice la convocatoria a los mejores cuadros técnico-políticos del Movimiento; aunque existan poderosas estructuras gremiales con objetivos deformados y aunque vegete en virtual acefalía un Partido Justicialista vacío, inerte y raquítico.

 

Aún así, el peronismo preserva su coherencia popular y nacional y mantiene su rol mayoritario frente a una oposición sin capacidad para serlo, circunstancialista, difusa, pobremente ideologizada y huérfana de dirigentes de fuste.

 

Todo justificativo huelga. Ni la hipótesis conspirativa, ni los sesudos análisis mediáticos “al servicio de”, ni victimizarse, ni asociar peronismo y violencia sirven.

 

Lo de San Vicente fue vergonzoso, horrible, trágico, deplorable y humillante para el peronismo y el resto de los argentinos normales, salvo los antiperonistas viscerales que gozaron del espectáculo e inmediatamente buscaron arrojar agua para su molino

 

Ante el oportunismo de algunos, no se privó el cadáver de Juan Perón de la ocasión de plantear la urgencia de correcciones justas y necesarias porque, como el chofer riojano Lucho Montoya, el líder sabe –aún extinto-,que las cosas aparte son separadas.

 

LG

 

N&P: El Correo-e del autor es LEON GUINSBURG leoguins@hotmail.com