El peronismo, cambió las estructuras sociales del país como nadie antes.

LEYENDA NEGRA, PENSAMIENTO BLANCO

Claudio Diaz

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Gorilas: Cuando un país es arrancado de su cauce por obra de las revoluciones, los intereses amenazados o lesionados se agrupan para vomitar su gran despecho de clase.

 

LEYENDA NEGRA, PENSAMIENTO BLANCO

 

Por Claudio Díaz (*)

 

Somos lo de hoy por un proceso vivido ayer y que nos llevará a mañana. Conocer y como prender ese proceso es la manera racional de integrarse con la comunidad para nosotros, que hemos sido despojados de nuestras tradiciones.

 

Comprender el pasado, entrever el futuro, iluminar el camino a recorrerse. Pueblo que sabe su historia, se ha dicho, sabe dónde va porque no ignora de dónde viene.

 

El hombre de nuestros días devora toda clase de medios, los diarios y las revistas, la radio y la televisión, la literatura, el testimonio, el cine, los documentales, biografías, historias vulgarizadas o vulgares.

 

Todo está ahí, al alcance de la mano, la vista o los oídos para penetrar en los pequeños mundos y viven en cada uno de los millones de seres que habitan el planeta.

 

El poderoso aparato comercial de la letra impresa o la imagen con sonido explican la riqueza vital del proceso histórico de la humanidad. Y es estimulante.

 

Pero pasa a ser motivo de inquietud cuando esos centros mensajes desnaturalizan su función a pura propaganda para dejar unos cuantos elementos que, como los gases venenosos, están fuera de la ley pero intervienen activamente en su despliegue: el rumor y la calumnia son algunos de ellos.

Destruidas políticamente, sobrepasadas por los acontecimientos, las fuerzas del ayer, que no se resignan a dejar su lugar y procuran reinstalarse en el seno del nuevo ciclo, decoran su rostro poco atrayente con los cosméticos de incoloras ideologías.

Después de libertar un continente por la obra de su espada y de su genio político, San Martín debió abandonar el país para siempre. Los reaccionarios de su época ligados al capital europeo lo acosaron con todas las calumnias imaginables. Vivió su amargo destierro solo, pobre y olvidado: había herido tantos intereses que la gloria y la justicia le llegarían mucho después.


Con Juan Manuel de Rosas, acusado de las peores barbaridades que pudieran imponérsele a una persona (hasta de una relación incentuosa con su hija), sucedió algo parecido. Es que el rumor es la fórmula esterilizante de los privilegios vencidos. Y la calumnia se le asocia siempre, como una sombra. Cuando un país es arrancado de su cauce por obra de las revoluciones, los intereses amenazados o lesionados se agrupan para vomitar su gran despecho de clase.

 

¿Qué calumnias no se han echado encima de Sandino, Jorge Eliécer Gaitán, Getulio Vargas, Velazco Alvarado, Fidel Castro, Torrijos, Salvador Allende, Hugo Chávez, Perón?

 

En apenas una década, desde el momento en que surgió a la vida política argentina hasta que lograron derribarlo, al general y a su movimiento lo atacaron primero por  fascista, después por comunista, luego por  clerical , más tarde por anticatólico  y finalmente por  entreguista, a raíz de aquel famoso contrato con la Standard Oil para la exploración y explotación petrolera en la Patagonia, tema del que nos ocuparemos más adelante porque constituye una de las  pruebas que el antiperonismo arroja a la mesa del debate para demostrar que Perón no defendía nuestra soberanía.

 

Una cosa es ver como, ayer y hoy, el rumor y la calumnia acechan la marcha de los pueblos jóvenes que se incorporan a la vida histórica. porque la caracterización que se hace de él, está enviciada de parcialidad, mala intención y deshonestidad intelectual.

 

El peronismo constituye un caso singular, casi podría decir que es único, dentro de la historia política contemporánea.


Mas de medio siglo después de protagonizar una transformación funda del orden establecido en la Argentina hacia 1941 es el movimiento que expresa una línea de continuidad, en la era moderna, de los sectores que desde 1810 vienen pugnando por construir una patria, sigue cargando una pesada cruz de acciones y falsedades por parte de políticos, cientistas sociales, ensayistas, periodistas y representantes de la superestructura educativa y cultural que conjugan cualquier corriente del pensamiento, liberal o marxista, aunque casi nunca nacional.

 

Parece absurdo, en realidad lo es, pero aun con toda la que corrió bajo el puente de la Historia, esos segmentos actuales continúan pasando por alto lo que es obvio y esta a la vista de nuestra vida como Nación, con innumerables capítulos como testigos presenciales del hecho.

 

Siguen equiparando peronismo con una dictadura de pesadilla, cuando en verdad ha tenido que pagar su tránsito por la política argentina con la muerte, desaparición y persecución de decenas de miles de! seguidores; esto sin recordar los pergaminos que puede mostrar como testimonio de que cada vez que llegó al poder por vía legítima.

 

El peronismo, que cambió las estructuras sociales del país como nadie antes, tiene todavía que escuchar que no es revolucionario: la mayoría de aquellos pensadores mantiene la idea de que el avance que experimentó la Argentina en 1945 al dejar de ser una semicolonia resultó, apenas, ción de forma y no de fondo.

 

El peronismo le dio presencia y razón de ser a la denominada clase media que, sin embargo, mayoritariamente, siente por él antipatía, desprecio y resentimiento antes que comprensión y gratitud.

 

Finalmente, el peronismo creó las bases del capitalismo nacional, con todo el que ello acreditaba en una semi-colonia inexistente de burguesía, pese a lo cual surgió uno de los más grandes disparates dialécticos. Los barones del campo, la industria y el como lo tildaron -algunos todavía lo hacen- de comunista.

 

En sentido inverso, haberle dado cabida a los marginados y elevar a los trabajadores al más alto nivel de participación socia y bienestar económico y además educarlos y orientarlos para ser capaces de ocupar su espacio en los procesos ,ricos, produjo por izquierda la otra estigmatización extranjerizante: los analistas más recalcitrantes de ese sector consideraba que Perón era conservador, aunque si resultan más benignos lo califican como reformista.

 

Tanto hostigamiento, verbal siempre pero también de acción directa, debe llevamos a hablar de vida, pasión, muerte y resurrección del peronismo. Muerte y resurrección, sí. Porque, al iigual que el poema Como la cigarra, de María Elena Walsh, tantas veces lo mataron y tantas desapareció… y sin embargo, siempre está volviendo, como ya sostuvimos anteriormente, lo que habla de la vitalidad que mantiene como expresión política genuina y de la memoria que supo transmitir al conjunto del pueblo con sus valores humanos y sociales, imponiéndose incluso a todas las técnicas de manipulación y deformación de la historia real a: las que recurren sus opositores, algunos persuadidos por convencimiento propio, pero la gran mayoría respondiendo a los intereses políticos y económicos de esa minoría que no acepta compartir la mesa con los que viven fuera de su círculo cerrado.

 

El peronismo es una tradición transmitida de una generación a otra a la que, con todo, no pueden seccionar para que, alguna vez se interrumpa definitivamente. Una doctrina que fue y es puesta en penitencia desde afuera, pero también, mucho más encono, desde adentro, como si fuera un elemento ajeno al cuerpo argentino, un virus peligroso que nada, que ver con nuestro modo de ser importado por la Generación del 80.

 

Algunos descendientes blancos de la inmigración en que viven en los centros urbanos se tomaron en serio el derecho adquirido sobre esta bendita tierra, por provenir de los españoles e italianos, judíos y árabes, alemanes y polacos, franceses e ingleses que vinieron a hacer la Argentina.

 

El es haber pensado que tenían que realizarlo ellos solos, su oscuros y explotados habitantes que ya estaban en las provincias desde mucho antes. Y el pecado, hacerlos sentir extranjeros en una Argentina donde, de acuerdo a esos cánones, una clase racional, educada a la europea, fuera todo el territorio único posible. Que a nivel politico, es el sueño del país sin peronismo.

 

Hay una vanidad racial a la que le cuesta aceptar que alguien ajeno a su condición de clase comparta sus lugares.' perfectamente verificable en la anquilosada frase que refiere a que –a Mar del Plata ya no se puede ir porque va cualquiera un poco más hiriente, –porque está llena de negros.

 
Negros nuestros, del Gran Buenos Aires o de las provincias, porque si son brasileños o senegaleses no hay tanto drama; a los tilingos no les preocupan esas comunidades que ven exóticas.

 

Cabecitas negras, o negros peronachos, términos oprobiosos que continúan formando parte del vocabulario medio, Son fórmulas que se entrelazan, en el texto de los reglamentos y ordenanzas, con aquellas otras que se manifestaron con Civilización o Barbarie, guerra de policía y no economizar sangre de gaucho.

 

Hay toda una literatura consagrada al respecto. Desde el fondo de nuestra historia el liberalismo ha practicado sistemáticamente la guerra de clases, y sus voceros se encargaron de transmitir es antipatía, sin el menor disimulo, hacia todo lo que provenga de abajo, del pueblo.

 

La historia se ha referido con frecuencia, en tono peyorativo, a los orilleros, denominación que englobaba a los jornaleros, peones, artesanos y quinteros descendientes en su mayoría de los primitivos pobladores de Buenos Aires desplazados hacia las orillas de la ciudad por la expansión de la nueva clase comercial ligada sucesivamente al contrabando, al tráfico monopolista con Cádiz, España, y al libre comercio británico.

 

El lenguaje se fue modificando y ya en las últimas décadas del siglo pasado las orillas pasaron a ser los márgenes. De ese modo, los orilleros dejaron lugar a los marginales.

 

Cuando la Argentina empezó a dar los primeros pasos hacia su organización como país, en algunas provincias la igualdad de todos sus habitantes constituía una realidad concreta, tangible, que podía comprobarse nada menos que en la posibilidad abierta al conjunto respecto del derecho de participación en el sufragio universal, desde el más pobre hasta el más rico.

 

Estamos hablando de 1818, 1820. Sí, hace casi dos siglos, aquí ya se practicaba el ejercicio del voto. -En esa época no había gobierno democrático, tal como se lo entiende hoy, ni en Estados Unidos de América, ni en Francia, ni en Inglaterra , cuenta José María Rosa en su Historia del revisionismo.

 

Aquella decisión revolucionaria, que los historiadores del sistema omiten, se había dado por obra y gracia de caudillos como Estanislao López, en Santa Fe; Martín Miguel de Guemes, en Salta; y José Gervasio Artigas, en la provincia Oriental.

 

Por eso los unitarios fueron contrarios a que las urnas estuvieran disponibles para el resto de los habitantes del territorio. Y en la Constitución de 1826, sancionada por el gobierno de Bernardino Rivadavia (aunque la mayoría de las provincias expresó su rechazo), quedó descartado el voto de –los asalariados, peones, domésticos y soldados, es decir las 19  vigésimas partes del país, recuerda Rosa.

 

Años después, Esteban Echeverría decía en su Dogma Socialista que el sufragio universal es absurdo. Claro, al país lo tenia que conducir una minoría ilustrada. Podría decirse que es en 1826 cuando se hace efectivo en la Argentina el despojo la participación a los hijos de esta tierra, bajo la presión ideológica de una filosofía social que nos gusta denominar como clasismo liberal, y que, a la manera del marxismo, también programa y ejecuta rabiosamente la lucha de clases, pero en este caso, la ellos, la de los ricos de toda riqueza contra los trabajadores marginados.

 

Esta historia de desprecio contra el pueblo retornará cuando caiga el gobierno de Rosas, a través de un decreto que ordeno reclutar, mediante las llamadas levas, a -los vagos malentretenidos, verdadero cepo que le daba cobertura ( para perseguir y anular la participación política del gaucho,

 

El investigador Raúl Roux determina que en esa categoría entraban el paisano que no tenía propiedades; el que se emborrachaba; el que no tenía boleta de conchabo (lo que hoy seria el contrato laboral, aunque fuere temporario); el que, teniéndola, estaba vencida; el que, también teniendo la boleta, transitaba la campaña sin licencia del juez federal o por lugares que no constaran en esa boleta; en fin, todo el que fuera según el criterio del juez de paz o el comandante de barrio.

 

Es decir, vagos y mal entretenidos eran casi todos, menos los porteños.

 

El fondo de época era el que marcaba Sarmiento con su lengua hecha látigo y su pluma de pólvora.

 

¿Cómo los sectores medios no van a sentir repugnancia hacia el pueblo si su maestro emblemático fue un verdadero apologista del terror que escribía cosas así… ?

 

-Costumbres de este género (se refería a la forma de vida de los gauchos y su manera de interpretar el país) requieren de medios vigorosos de represión, y para reprimir desalmados se necesitan jueces más desalmados aún. Por supuesto que la justicia es arbitraria. (1) y los comparaba con otros pueblos, como los tártaros y bárbaros (de aquí nacerá el empleo de esta palabra para contraponerla a civilizados).

 

Le causaba ira, además, el sucio trapo rojo…-El rojo es símbolo de sangre está en las banderas de países despreciables como Argel, Túnez y Turquía, lo han usado príncipes negros, emperadores romanos y los indios. (2)

 

Las consagradas plumas de nuestra literatura también exhibieron sin pudores su aborrecimiento por los argentinos de piel oscura.

 

Por caso, Jorge Luis Borges…-La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama viveza criolla. Fuera de algunos individuos de la Real Academia Española -cuyo sentido del idioma era deficiente- nadie creyó en el -justicialismo, monstruo neo lógico que sigue dando horror a una página del diccionario. Recuerdo las melancólicas celebraciones del 17 de octubre. El dictador traía a la Plaza de Mayo camiones abarrotados de asalariados y adictos, por lo común de tierra adentro, cuya misión era aplaudir los toscos discursos (3).

 

Habría que haberlo visto a Borges, con esquizofrenia de placero cuidando que no le pisaran las florcitas, y corriendo, con el bastón para gritarles: -¡Negros de mierda…! ¿Qué en la Plaza? ¡Fuera de acá, vamos, rajen…!

 

Ezequiel Martínez Estrada también trató de volcar unas de veneno racista:

-Perón acaudilló sin gran esfuerzo las diseminadas turbas de la anarquía de 1820, hablando a las hordas irredentas el lenguaje de una demagogia de tipo europeo sabiamente ajustado a las necesidades de un pueblo cebado y envilecido.(4)

 

Félix Luna, un inquilino permanente en este edificio de palabras, colaboró con otras definiciones memorables, apelando a términos como murga  o  comparsa de candombe  describir la llegada del pueblo a la plaza del 17. Si bien las definiciones aludían al popular mundo del carnaval, como celebración era propia de los barrios obreros, en boca de1 intelectualidad y sus seguidores dejaban de pronunciarse con simpatía por cuanto representaban un aspecto cultural mas arraigado en esos amplios grupos que venían a subvertir los códigos de convivencia tradicionalmente aceptados.

 

El sitio donde se expresaba ese comportamiento de murga era nada menos que la Plaza de Mayo, espacio que por entonces estaba reservado solamente a la gente decente, de saco y corbata, crema y nata de la porteñidad europeísta. La desagradable sorpresa que se llevarían Luna y sus compañeros universitarios, todos radicales antiperonistas, sería reconocida y narrada por el mismo historiador en uno de sus libros más famosos:

 

-Bueno, ahí estaban. Como si hubieran querido mostrar todo su poder para que nadie dudara de que realmente existían. Ahí estaban por toda la ciudad, pululando en grupos. Los mirábamos desde la vereda con un sentimiento de compasión. ¿De dónde salían? ¿Entonces existían? ¿ Tantos? (…). Habíamos recorrido esos días los lugares donde se debatían preocupaciones como las nuestras. Nos habíamos movido en un mapa conocido, familiar: la facultad, la Recoleta, la Plaza San Martín, la Casa Radical. Todo, hasta entonces, era coherente y lógico. Pero ese día, cuando empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos color tierra sentíamos vacilar algo que hasta entonces había sido inconmovible. (5)

 

El  hecho maldito  es un plato de sopa que estos delicados gourmets no pueden digerir porque creen que la historia se para nada más que en sus cocinas de lujo. Y si hay un sibarita puede probarlo, porque nunca fue afecto a comer de las s populares, es Manuel Mujica Láinez (Manucho para el ambiente literario), que en una de sus obras traza -en línea muy parecida a Casa tomada, de Julio Cortázar- una ridícula metáfora acerca de lo que significó para las familias nobles de Buenos Aires el surgimiento del peronismo (si lo plagió a aquél o si fue  producto de la casualidad, nunca se sabrá; lo increíble es parecido con el relato y su título: La casa: -Ahora siento terribles dolores cuando los brutos ésos andan por mis cuartos con sus hierros golpeando las paredes. Antes, en la época en que la vida era bella, los visitantes entraban en mí hablando de Francia: -Parece que estuviéramos en París, decían. (6)

 

No son las tropas de Atila o de Hitler las que invaden el palacio para tirar abajo su mundo. No, son los bárbaros y vu1gares peronistas que -es imperdonable- no tienen buen gusto. Porque véase en la continuidad de su relato cargado de pavura (¡Qué chucho, Manucho…!) lo que hacen estos animales…

 

-Pobre techo italiano, pobre cortejo de la balaustrada alegrado por las ropas teatrales. Los gritos de sus personajes me estremecen ahora. Los obreros trepados en escaleras me han asegurado que es imposible desprender la tela de la cortina sin dañarla, y entonces el hombre de pelo rojo que dirige el trabajo ha perdido la paciencia y ha vociferado que no tiene importancia, que lo rompan, que lo rompan, nomás. !

 

-¡Cómo gritan, cómo gritan las pintadas señoras que rozan mi balaustrada con sus dedos demasiados largos (…)!. ¡Y cómo; gritan los lebreles! Los asesinan entre sus jarrones llenos de rosas. Los asesinan desde el frágil andamio a cuchilladas, a martillazos, mientras el yeso cae sobre el piso… (7)

 

A Manucho no le importaba tanto que la perrera liberal metiera en la jaula al pueblo.

 

Era la decoración de su mansión que arruinaban a golpes de martillo, lo que lo abrumaba. Es que aquellos perros de la calle apenas sabían olfatear. Y como buenos

cuzcos le chumbaban a todo lo que le resultaba desconocido, y así cuando al ingresar a la nueva casa empezaban a descubrir olores extraños…

 

-Los perfumes franceses, los sombreros de suaves plumas, los abrigos forrados de piel de nutria, los cavours y las bufandas de seda… Y la cocina, aquella cocina de antes: la fragancia de las salsas de Monsieur Renaurd, el mejor de mis cocineros, la célebre Sauce Valois en que los efluvios de la glace de ave, de vinagre, de la manteca, y de las cebolletas picadas armonizaban como una partitura musical, la Sauce Perigueuz, el triunfo del espléndido jamón de Bayona, del vino de madera volcado sobre las doradas cebollas, de las trufas picadas, las tajadas del pavo que venía de la mesa nadando en Mi repoix y en Madera, el turbot garni de filets de merlains con salsa holandesa, la timbale a la milanaise garine con filets de volaille… (8)

 

Y todo esto, ¿con qué se come? Ahí mismo, por supuesto, los protagonistas de su novela fueron a comprar carbón, trajeron unos chorizos y -no es difícil adivinar- hicieron la de siempre. Sí, aquí se ratifica la graciosa, sempiterna y gorila teoría del piso de parquet levantado para encender el fuego…

 

-Asaron unos trozos de carne al reparo de lo que quedaba del gran comedor y se pusieron a devorar y pegarle unos besos amorosos a la botella de vino. Encendieron el fuego con astillas de la vieja boiserie y con unos fragmentos del techo italiano irreconocible (…). ¿Podrían reconocer esos hombres que alguna vez, en el mismo sitio donde ellos cortaban ahora la carne que olía a ajo, otros hombres se habían inclinado, ceñidos por las libreas, con las fuentes de vermeil en las manos enguantadas, para presenciar las creaciones de mi chef famoso? (9)

 

En su lamento de señora gorda, también confrateniza su hermano Félix Luna:

-Antes, los mucamos cruzaban velozmente el aposentos porque a la señora le molestaban los zapatos que crujían ( Ahora, en el cuarto de la mucama, una caja de polvos conserva su perfume dulzón, ordinario, inconfundible: su olor a corso de carnaval. (l0)

 

Los gustos, las relaciones, las lecturas y el sentidote la literatura, el mundo interior, en definitiva, de Mujíca Lainez tenía corre lato en sus posiciones políticas, como ésta que en una de las revistas de Editorial Atlántida que constituía la apoyatura ideológica a la dictadura:

-Perón fue lo que se llama un mal innecesario. Ahora toda la inmensa tarea de Martínez de Hoz -cada vez más flaco, cada vez con los ojos más dilatados, de iluminado, de visionario consiste, herculeanamente, en lograr que el país vuelva, en lo económico, al punto donde Perón lo tomó por su cuenta. No sé si lo logrará, pero lo espero por todos. Es de un esfuerzo sobrehumano (11)

 

El que espere una respuesta a semejante dislate, pierde tiempo. Al menos esta vez no podemos hallar una explicación racional para retrucar al novelista. La literatura argentina contribuyó, sin duda, a exaltar la maldición peronista. Evita, la mujer del látigo y –el aluvión zoológico, serán dos de los muchos epítetos y calificativos que

enarbolan, desde las letras, sus enemigos con exasperación, torpeza y acentuada miopía.  (12).

 

Las voces mayores de la novela y el cuento (Borges, las hermanas Ocampo, el Grupo Sur, los izquierdistas orgánicos, en fin, la gran mayoría de los escritores) ha de militar en el antiperonismo más terco y obstinado.

 

Si habría que repasar algunos textos, son insoslayables los cuentos de David Viñas (La señora muerta, de 1963) y Néstor Perlongher (Evita vive, 1983).

 

Son, ambos, terriblemente atroces, portadores de un odio tan acendrado que a nosotros nos resulta imposible hallarle una razón. Requeriría de la convocada a algún congreso mundial de psiquiatras que intentaran hurgar en la mente de esos dos intelectuales que escribieron aquellas barbaridades. Eva es una prostituta que a punto de fallecer, en el lecho de muerte o reencarnada en otra mujer, vive nada más que para acostarse con el primer hombre que se cruce.

 

El de Perlongher es más siniestro; no es que seamos incautos, pero se trata de una historia directamente pornográfica, en la que describe a la protagonista en poses y actitudes de pésimo gusto. Perlongher fue un poeta y sociólogo que falleció en Brasil, en 1993, y que a partir de 1980 hizo pública su militancia homosexual para difundir la problemática gay desde la prostitución masculina.

 

Su cuento fue publicado por primera vez en inglés, en 1983, y bajo un título mucho más provocativo que el que finalmente adoptó: Evita vive en cada hotel organizado.

 

Pero la gran obra maestra del terror, que supera incluso a algunos cuentos de Edgar Allan Poe, llega de las manos de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Sudan tanto desprecio por las ideas del peronismo (buenas, malas o regulares; pero ideas al fin) que embisten con una saña propia de fieras. La fiesta del monstruo es un cuento de 1947 en el que sus compinches abandonan -literariamente hablando- su vida de dandys ilustrados para ponerse en la piel y los huesos de un simpatizante peronista que acude a Plaza de Mayo, cuando el general Perón, el monstruo, dará un acto en homenaje! trabajadores.

 

Se trata de una historia esquemática, previsible, que centro en la vida de un chofer de colectivo que prepara el a la Plaza desde Tolosa, cerca de La Plata, donde vive C'

mujer, Nel1y, que por supuesto es una gorda bruta que apenas sabe cebar mate. El colectivero, para no romper  el ideal de pareja es otro gordo que sólo piensa en comer; estética y orgánicamente un adefesio: panzón, con pie plano y boca de hipopótamo. Le gusta criar gallinas. Sus compañeros, claro, están recortados por la misma tijera. Obreruchos de piel ladrillo igual de incultos, que llevan apellidos poco patricios como Buttafuocco, Mascarpone, Bonfirraro… Del grupo también participan un gangoso y un tuerto, aunque Bioy-Borges no~ dan identidad. El asunto es que ese conglomerado resulta. poco chic que, por lógica, anida en el alma del peronismo. Mejor así.

 

Cuando emprenden el viaje hacia Plaza de Mayo, la ruta hacia el centro de Buenos Aires está llena de pozos malolientes basurales y plagas de todo tipo: el conurbano es una gran palangana de desechos que infecta a la ciudad luz. Y al acercarse: al Riachuelo el panorama es mucho peor, con el agua abombada que amenaza, cuando hay suficiente viento  impregnar el aire puro de los que tienen la suerte de vivir del lado porteño.

 

Este momento del relato empieza a causar, por otra parte escalofríos, pues la pandilla de Tolosa comienza a  repartir bufosos arriba del micro (con otro aroma, esta vez el que viene de esos hombres transpirados) para que nadie se quede sin "el instrumento de batalla". Ya en la gran capital, el chofer, sus amigos se descuelgan de la unidad para –invadir kioscos almacenes , tomar vino o Vascolet y –hacerse sánguches de salame o milanesa.

 

Pero falta poco para que el general Perón, el monstruo, haga su discurso, de modo que hay que apurar el paso. Entonces, los negros de Tolosa empiezan –a deponer en el paredón el nombre del monstruo.

 

El desenlace de la historia salta de la gracia a la tragedia. Los muchachos advierten que sobre una de las veredas de la Aveniida Belgrano va caminando un joven con toda la pinta de ser judío. Y lo es, realmente por su  barba rojiza  y porque también –lleva libros y papeles .

 

Los bárbaros peronistas no pueden aceptar que ese judío rechace rendirle honores a Perón, entonces lo toman del brazo, lo arrastran a un terreno baldío y le hacen tronar el escarmiento: a puro ladrillazo, contra una pared, lo lapidan durante unos minutos hasta dejarlo muerto en nombre del peronismo.

 

Pero no sólo son sanguinarios, también chorros: le revisan el traje ensangrentado para sacarle dinero, el reloj, dos cadenas de oro y otros elementos de valor que, Bioy y Borges pudieron comprobado, no habían sido alcanzados por la sangre. Los muchachos peronistas se van felices, entonces, a la fiesta del monstruo. Punto y aparte.

 

El peronismo saltó a la fama porque le otorgó a los argentinos el documento nacional de identidad. Al cabo fue este movimiento el que integró toda esa masa dispersa, necesitada de una patria que le diera cabida, convocando y sumando a los gringos acriollados que se hicieron tan argentinos como el más gaucho o cabecita.

 

Fue la idea de hornear una nación -que hasta el '45 no existía como tal- con la levadura de su proyecto lo que le confiere autoridad y autenticidad, aunque algunos no entendieron o no quisieron entenderlo y terminaron ayudando a apagar el fuego para que el bocado quedara crudo y que estuvieron en la propia cocina del peronismo, fueron más alla porque le prendieron fuego para quemarlo y hacerlo incomible.

 

Sí, también andan por ahí muchos  reposteros se ponen el gorro de Perón y se llenan la boca con su do aunque al ratito le frotan un repasador encima para borrar la marca (Pero esto esto es harina de otro costal y ya llegara el momento, páginas más adelante, de diseccionarlos al igual que los integrantes de la inquisición que ocupan tribunas en Universidad).

 

El debate con sus críticos más acérrimos parece carente de sentido a esta altura del mundo y de la Argentina. Es necesario insistir con la discusión por la  incomprensión sigue existiendo en el campo de las ideas y el pensamiento político acerca del fenómeno peronista. Juzgamos, porque hay carencia de reflexión en los análisis que se hacen su aporte a nuestra historia.

 

Pero por el otro también sostiene que desde muchos sectores se recurre a la calumnia lisa y llana y por eso vuelve a tornarse indispensable fijar un punto de vista propio, capaz de impugnar los erróneos o falsos razonamiento que provienen del mundillo intelectual.

 

Sin más vueltas, ¿qué es el peronismo en su esencia, sin entrar a considerar -al menos por ahora- que la mayoría de la dirigencia decidió sepultar sus postulados más trascendentes?

 

Ampliamos el interrogante, le agregamos algunas precisiones ¿Qué representa el peronismo, qué propuesta le hace a la Argentina a partir del espíritu de su doctrina creada en 1945 y legado que deja su fundador antes de morir, en 1974, cual formula el Proyecto Nacional?

 

Desde aquí se responde que el peronismo es un movimiento que expresa el interés nacional en el marco de una larga historia de dependencia.

 

La Argentina no fue  peronizada por la  idea de nadie sino que representa una continuidad en el tiempo wmo el rosismo o el yrigoyenismo, es una edad del proceso histórico argentino.

 

Metáfora política: puso los ladrillos para instalar un hogar donde cupieran todos los argentinos; con los materiales que tuvo a mano y con lo mucho o poco que conocía de construcción política. Obra inconclusa (por decisión de otros ), aunque con bases sólidas: si dejó goteras es porque un techo. Y si no le dieron tiempo para revocar las paredes, al menos creó las condiciones para generar un ambiente, digno de ser habitable.

 

Esta, al menos, es la convicción que tienen millones de argentinos e incluso podríamos decir latinoamericanos que ven en el peronismo un horizonte de realización común a todo el continente. Por ahí anda el comandante Hugo Chavez transmitiéndole a los venezolanos que su modelo político es Perón.

 

El mismo Fidel Castro sostuvo en más de una ocasión que –cada país hace la revolución que las circunstancias históricas le permiten. Antes, y en diversas partes, la figura del caudillo argentino mereció también atención y admiración.

 

Ahora, sin embargo, queremos detenemos en la consideración habitual que sobre el peronismo bosquejan sus más furiosos opositores, aquellos que desde el lugar que ocupan en su vida política, económica, cultural o social influyen decididamente sobre las conciencias de los millones de compatriotas que, absolutamente despolitizados, indiferentes al devenir de la historia (que es la suya propia) y desentendidos del manejo al que son sometidos por los que digitan y programan la vida cotidiana, ven el partido  de la disputa ideológica como si fuera tenis, con tan poco esfuerzo para pensar por sí solos que -por las cuestiones del manejo que se hace del marketing- termina inclinándose a favor del más conocido, del que tiene mejor prensa y propaganda, algo en que los peronistas son un verdadero fracaso porque ya se sabe que, como en la película de Ettore Scola, son Feos, Sucios y Malos.

 

Con el terreno adecuadamente abonado por los medios comunicación, sembrado con inteligencia aunque poca sutileza por la mano del amo, es relativamente sencillo aguardar la puesta de ese sector virgen y aséptico, políticamente hablando, ante la pregunta sobre qué piensa del peronismo. Es caótico y retrógado, sostienen. Está corrompido e impregnado de ideas y prácticas totalitarias, agregan.

 

Constituye una amenaza cierta para la democracia, terminan por redondear. La metáfora, totalmente opuesta a la que sosteníamos en párrafos anteriores: para ese sector, el peronismo es un monstruo bestial de culto, violador de la libertad, que se lleva todo por delante sin detenerse a observar si en el camino hay chicos, mujeres o abuelitas que justo están cruzando con la luz verde del semáforo a su favor.

 

Cuando se ponen más serios, nuestros analistas y pensadores agregan otras dos caracterizaciones, según la pierna rnás hábil que manejen: Si es la derecha de liberales o conservadores dirán que es estatizante y socialista; en cambio, si es la izquierda de marxistas o socialdemócratas afirmarán que es burgués y capitalista. El encomillado puede parecer caprichoso pero ellos mismos lo necesitan para reconocerse ante los demás. No pueden andar por la Argentina sin esas muletas, y son tan dependientes de ellas que no conciben dejadas de lado y. por una vez caminar sueltos, libres, con alguna idea más o me nos nuestra, nacional,  made in Argentina.

 

Así de concluyente es la visión microscópica que ocupala1a mirada de lo que se conoce como antiperonismo.

 

Lo incomprensible es que el movimiento creado por Perón no apela a descalificaciones tan extremas (criminales, ignorantes, ladrones cuando de sacarle una radiografía a sus adversarios se trata prueba más concreta es que cuando decidió ir a la plaza de la revolución no preguntó en los barrios qué ideologías se escondían detrás de las puertas de cada casa. Y por eso fueron, motivados por la convocatoria, todos los que sentían que su Patria estaba avasallada, algunos más cerca del ideario de Mussolini y otros del de Lenin o Trostky.

 

Lo que jamás aceptó e importó el peronismo, eso sí, fueron las ideas que ubican las soluciones a los problemas argentinos por fuera de las recetas tradicionales, y que por sostener lo contrario haya grupos o sectores que no duden en aliarse con los quieren trabar el desarrollo independiente de nuestro país.

 

A partir de ese certificado de nacimiento el peronismo sería y seguirá siendo riguroso en el empleo de algunos calificativos: la palabra preferida es cipayos, utiliza contra quienes actúan en detrimento de los intereses nacionales.

 

Esa aprensión que se tiene a lo que sirve para dar consenso a lo opuesto, es normal en cualquier país del planeta. pero si pasa en Argentina se lo toma como un elemento de fracción o intolerancia de parte del que cuestiona aquella actitud. Como si se pudiera ser benigno con alguien que no duda en llamar a una fuerza externa al propio entorno.

 

Ahora bien, aceptando que en el marco de estas posiciones encontradas el peronismo no fue todo lo indulgente que el sistema quisiera, ¿qué hicieron sus impugnadores a lo largo de 60 años de permanencia para borrarlo del mapa y eliminarlo definitivamente de la memoria histórica? Y acá no hay ninguna imagen alegórica: lo pusieron contra la pared, lo palparon de ideas y le pidieron documentos democráticos. La razzia, ya se sabe, incluyó la cárcel, el fusilamiento, el destierro y la desaparición.

 

Resulta curioso desde donde se lo mire, pues esa hostilidad siempre fue impulsada por fuerzas que invocan propósitos libertarios y democráticos; pero que, por lo visto, parecen no aceptar la existencia de expresiones políticas que no sean las suyas.

 

Le endilgan al peronismo el no respeto a las reglas juego republicano, pese a haber alcanzado el poder por vías legales y constitucionales y, en sentido inverso, soportar los golpes de Estado y 18 años de proscripción.

 

La otra curiosidad es que estos grupos de choque, más intelectuales que políticos están en las antípodas del escenario político, más a la derecha que a la izquierda, y hasta pueden representar intereses contrapuestos entre sí mismos.

 

Pero al provenir del mismo tronco filosófico, el liberalismo, coinciden en el rechazo hacia cualquier expresión del pensamiento nacional.

 

Pólvora, discriminación, falsedad histórica, terrorismo ideológico han sido algunas de las armas utilizadas para sacarlo del juego.

 

El odio contra Perón, como persona, ha sido cultivado sin descanso. Explica parte de la histeria que despierta y no razones más amplias y profundas. Perón es el símbolo que congrega la lucha contra el sistema, y es un factor de desarrollo de la conciencia y combatividad de quienes no ceden en su lucha por la emancipación del país.

 

Perón, al margen de los trabajadores que lo siguen, aunque no esté presente físicamente, el no ser motivo de alarma en las fuerzas oligárquicas; perdería las razones que lo mantienen vivo y beligerante.

 

Es su doctrina la que precipita el odio oligárquico, el vademecum de recomendaciones que deja para "curamos en salud" de la enfermedad liberal cuando presenta su Proyecto Nacional. .

 

Las capas medias que desde la cultura expresan su posición reaccionaria son, con el peronismo, como esos hijos que abjuran de sus padres porque supuestamente son responsables de sus frustraciones o fracasos. No son capaces de mirarse al interior de sus propias almas y reconocer que su grado de desarrollo profesional, humano, fue posible, en buena proporción, por la década de realizaciones que concretó ese movimiento que abrió escuelas, fábricas y hospitales como jamás había sucedido antes.

 

 

Molesta que ese sector que llegó a comer de su mano, luego le escupiera el asado porque prefirió atender las acusaciones antes que mirar las realidades. Provoca desazón la poca predisposición para analizar el fenómeno peronista, su cerrada incomprensión que termina siendo, primero, prejuicio; y luego .si no se es honesto intelectualmente-, odio y sinrazón: el gorilismo.

 

Aceptamos que las revoluciones, por otra parte, no son fáciles de comprender para muchos que objetivamente no son oligarcas ni nada que se le parezca, pero que se vuelven peligrosamente temerosos por influencia de aquellos que sí presionan por atrás para meterles en la cabeza argumentos que los lleven a rechazar aquella posibilidad.

 

Vistas de cerca, de las revoluciones sólo se desprenden sus elementos anecdóticos, severos, secundarios, que sus adversarios destacan y enfocan en primer plano para intentar invalidarlas en su conjunto.

 

Entonces, las proposiciones del primer gobierno de Perón, luego llevadas a la realidad, que superan con holgura las de cualquier otro período presidencial, quedan sepultadas bajo la férula de los escándalos .

 

Los medios de comunicación, los libros de lectura, los documentales y las películas, van a menguar (o directamente ignorar) la ingente obra pública de aquel proceso, con la construcción de más de 8.000 escuelas, 150 hospitales, aeródromos, viviendas, estadios deportivos, usinas eléctricas.

 

Que, incluso, con ser muy importantes no resultan lo más expresivo de este período, como pueden serlo la legislación social, la industrialización del país, el dictado de la Ley Savio (a cuyo amparo se creó la acería de San Nicolás), la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica, la nacionalización de la banca y la estatización de los reaseguros, la erradicación del paludismo, por citar sólo una pequeña parte de todas sus concreciones.

 

Van a resaltar, en cambio, una serie de mitos, leyendas e historias ominosas que provendrían desde un chusrnerío más que del análisis serio.

 

Al cumplirse el trigésimo aniversario de la muerte de Perón, el periodista Alberto González destacaba esa característica a través de una muy interesante columna de opinión en el diario Clarín: – Se exilió con una fortuna colosal; acosó sexualmente a las estudiantes nucleadas en la Unión de Estudiantes; Secundarios (UES); fue un agente nazi; ordenó a su policía que secuestrase chicos para sacarle la sangre que necesitaba una Evita moribunda; era tan desalmado que no asistió al velorio de su madre; nunca pudo superar su impotencia sexual; falsificó su fecha de nacimiento e inventó que regresaría a la Argentina en un avión negro.

 

(…). Muchos de esos anatemas nacieron en los teatros Maipo y Nacional, con sus famosas revistas, donde una platea de clase media festejaba los chistes antiperonistas mientras Nélida Roca y otras vedettes mostraban sus físicos espectaculares. (13)

 

Si traemos al recuerdo algunos de los puntos negros que saltaron a la superficie bajo el peronismo, en el plano económico fue escandaloso que Perón haya convocado a una compañía petrolera norteamericana para explorar y realizar negocio en forma conjunta.

 

Pero no lo fue que la dictadura de Aramburu y Rojas y el planificador Prebisch le tiraran cáscaras de bananas a la Mercedes Benz para hacerla resbalar y, de esa manera, en complicidad con Estados Unidos, apartarla de la Argentina para dejársela servida en bandeja a Brasil: hacia allí se dirigió, en definitiva, la principal planta de producción de la empresa automotriz para toda América.

 

Es que la división internacional del trabajo planteaba entonces -casi igual que ahora-la actuación estelar del socio mayor del Mercosur como nación industrializada, en oposición a nuestro pequeño bolo como proveedores de materias primas.

 

También fue imperdonable haber creado el IAPI e impedirle a los monopolios que controlasen nuestra economía. Y resultó horroroso expropiar a los Bemberg, símbolo de los poderosos grupos económicos de entonces.

 

Pero no lo fue cuando los gerentes modelo 55 les pidieron disculpas por el mal momento que les había hecho pasar el peronismo.

 

Vale la pena recordar la historia.

 

Otto Bemberg fundó hacia 1890 un imperio económico que tuvo en la cervecera Quilmes a la principal planta industrial del siglo XX.

 

Durante el gobierno fraudulento de Agustín Justo (1932-1938) se advertía desde el Consejo Nacional de Educación (al que el industrial fallecido años antes había efectuado unas donaciones) que la empresa había declarado bienes por una suma irrisoria para no pagar los impuestos que le correspondían.

 

Aquel gobierno jamás intentó regularizar la situación y, en materia legal, se interpusieron recursos de no innovar además de chicanas leguleyas igualmente dilatorias de alcanzar justicia.

 

Hasta que en la primera presidencia de Perón, Juan Pablo Oliver, apoderado legal del Consejo Nacional de Educación, elevó un informe por pedido del jefe de Estado en el que determinó que – de no tomarse las medidas del caso – el juicio, y con él la acción penal, iban a prescribir. Perón le preguntó a Oliver si correspondía indemnización alguna a los Bemberg en caso de que el Estado expropiara las empresas de la fami!! nacionalizara y las entregara en custodia al sindicato cervecero, FOCA.

 

La pregunta era pertinente porque lo no pagado en conceptos de impuestos había crecido tanto, en razón los intereses no devengados durante décadas, que ascendía al total de las fábricas y servicios complementarios.

 

Fue una situación similar a la que ocurrió en el Perú de 1968, cuando Velazco Alvarado envió sus tanques a ocupa principal empresa petrolera, de capitales norteamericanos, y terminó siendo nacionalizada.

 

La multinacional no había pagado nada, debía todo y seguía medrando, confiada en que las Fuerzas Armadas peruanas no adoptarían un programa nacionalista, el caso argentino, hubo sentencias en 1949 y 1950 por las cuales los herederos de Don Otto fueron condenados a pagar a la Nación $ 97.257.274 sólo en concepto de impuestos adeudados, tras comprobarse que los balances habían sido fraguados, el decreto de Perón fue sancionado como Ley por el Congreso Nacional.

 

Los Bemberg fueron dilatando los pagos y sólo partir de 1953 empezaron a efectivizar algunos. Pero a fines de 1955, la dictadura de Pedro Aramburu sacó otro decreto que anulaba el millonario pago y dejaba sin efecto la expropiación.

 

En lo político y en lo social eran escandalosos los tapados de Evita y las millones de cosas que por demagogia entregaba su Fundación a los pobres: alimentos, ropa, medicamentos, juguetes, útiles escolares.

 

En cambio, no fue escandaloso que el odio de clase del antiperonismo destruyera todas las donaciones a hospitales y escuelas porque llevaban, a la manera de logotipo, el escudito peronista.

 

Más de 35 mil frazadas, mantas; y alrededor de 12 mil armarios, bancos y escritorios de escuelas, todo comprado por la Fundación con dinero donado por gobiernos extranjeros, empresarios nacionales e incluso el mismo pueblo argentino, se arrojó a una hoguera (como los nazis hicieron con los libros) para descontaminar a la Argentina del peronismo.

 

Preguntamos, ¿dejó atrás sus prejuicios nuestra sociedad Intelectual? Porque los escándalos del peronismo se repiten en estos días también. Crea alboroto y escándalo, mucho dalo, el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, cuando pretende cobrar 540 millones de pesos por impuestos no pagos…-…por medio de un show espectacular, efectista y populista (14)

 

Pero no se reacciona de la misma manera ante los ricos y famosos que evaden sus obligaciones y encima no responden (se hacen los distraídos) a ninguna de las dos citaciones previas .que lanza el gobierno para que regularicen la situación.

 

Entre los morosos figuran multinacionales como Telefónica y Telecom; los bancos Francés, Galicia y Del Lavoro; TBA (Trenes de Buenos Aires), grupo que explota el servicio ferroviario de las líneas Mitre y Sarmiento; las empresas Bonafide, Havanna y Mundo Marino; los clubes Champagnat y Hacoaj; una cadena de bingos de capital español; y empresarios, artistas y futbolistas.

 

¿Otros ejemplos de escándalo?

 

Que en el 2004, en el 2005 y seguramente también en el 2006, el presidente Kirchner archive el protocolo y, entre otros actos descomedidos, firme acuerdos con el saco cruzado desabrochado o no asista a los cócteles en la Cancillería para agasajar a algún mandatario extranjero o autoridad que visita el país.

 

Menem hizo cosas peores porque demostraba falta de respeto, insinceridad y la más vulgar improvisación, pero hacía las cosas que querían los verdaderos dueños del poder.

 

En 1994 el ex presidente asistió a la fiesta anual de la Cámara de Comercio. Llegó puntual a la cita, vestido al estilo que impuso el modisto italiano Giorgio Armani en los '90 y que tuvo en Menem a uno de sus maniquíes preferidos: traje celeste y amarillo, ideal para exhibido en todo el mundo como el de bicho raro y sudaca que había enseñado al Peronismo comportarse en la mesa de los grandes.

 

Aguardaban sus palabras, impacientes, los representantes del establishment económico

 

El presidente se puso los lentes, sacó de uno de los bolsillos de su saco el discurso y empezó a leer.

 

Habían pasado l5 o 20 segundos, y nadie entendía nada porque la alocución acercaba en lo más mínimo al acontecimiento que se celebraba -Perdón, estoy leyendo un discurso que tengo que decir mañana…, dijo para toda su audiencia e incluso para miles de espectadores que observaban la ceremonia a través de la televisión. La concurrencia estalló en carcajadas y lo aplaudió durante algunos minutos.

 

Al día siguiente, los medios comentaron el blooper pero no la gracia que motivó y la muñeca del jefe de Estado superar ese mal momento y saber corregido a tiempo, saco el papel que contenía el verdadero discurso. Se había equivocado de bolsillo.

 

No se juzgó entonces su descuido, la falta de aplicación como presidente, su desparpajo para ni siquiera repasar -aunque sea unos minutos antes del acto- el texto que le habían escrito, en lugar de llegar preparado, como se de un caso de esta magnitud.

 

Claro, no había motivos para enojarse con Menem y marcarle sus pifiadas, porque el hombre podía fallar en las formas pero en el fondo era un amigo de la cima, del poder.

 

Seguramente si un presidente anunciara medidas inconvenientes para ese grupo, sus cabezas visibles o representantes mediáticos que les hacen la corte intentarían por todos los medios marcar que ese día el jefe de Estado tenía sucias las uñas o que el pañuelo no hacía juego con la corbata.

 

En 2004, el presidente Néstor Kirchner anduvo de gira por Europa y dio, en dos países distintos, España y Francia, pasos en falso. En el primer país llegó unos minutos más tarde a una entrevista pautada con empresarios que lo esperaban, con dientes afilados, para sacarle la promesa de que los ayudaría a aumentar sus ganancias en la Argentina.

 

Y en la otra nación, directamente no concurrió a un desayuno con la crema del poder económico local que también esperaba de él apoyo para hacer negocios contrarios al interés nacional.

 

Antes de esos viajes, Kirchner ya había dejado plantada, más de media hora, a una empresaria norteamericana que -según anunciarían después los medios- estaba dispuesta a realizar una gran inversión en la Argentina.

 

Periodistas de todo pelaje cargaron entonces contra el presidente por su impuntualidad y la desobediencia a cumplir estrictamente con las pautas de sumisión que fijan los poderosos. Pero les respondió: –Para los que están preocupados por las formas, porque llegue temprano, lo importante es que en la Argentina tuvimos muchos funcionarios que llegaban temprano y cumplían con todas las reglas supuestamente formales del protocolo, y vivieron entregando a los argentinos. (15)

 

El antiperonismo termina siendo el doble odio social que una clase (la que mira a todos desde lo mas alto) le supo insuflar a otra mucho menos elevada (diríamos media, y menos también: 300 gramos), que es como aquélla cortesana y condescendiente, pues quiere treparse a su tren de vida.

Casquivana que discrimina al obrero, al no profesional, cuando lo ve sentado al lado suyo en el cine o comiendo en el mismo restaurante, gracias a que alguien creó las condiciones materiales para que aquél accediera a esa escala de bienestar.

 

Ya comentamos que la escala psíquica del hombre y la mujer medios no acepta que alguien que no sea de esa condición

 

Ya vemos, Perón nunca sintió amor. Fue sólo un soldado comparta sus lugares.

 

El antiperonismo también es el odio de los que tuvieron la fortuna de instruirse, elevarse en el conocimiento información, y creen que por gracia divina son los únicos capaces de elaborar teorías políticas y dictar la ideología.

 

No soportan que, después de sus análisis, alguien ajeno a su ambiente (y encima militar) sea capaz de hacer una revolución sin recurrir al supuesto ABC que marcan los libros, de donde ellos estuvieron busca las recetas para aprender cómo se aplica la lucha por emancipación.

 

Sin embargo, parecería que la perversidad peronista inherente a su fundador y fue premeditada. Aparentemente Perón ya lo tenía todo fríamente calculado, y desde bastante antes. En 1945 ensayó el maquiavélico plan para la toma del poder con sus mujeres. Fue más lejos: las usó como conejillas de indias

 

Atendamos el medular seguimiento que, sobre su psiquis, hicieran algunas representantes de la rama femenina de la intelectualidad como la historiadora Alicia Dujovne Ortiz: -Un somero análisis de las tres mujeres -Aurelia, Eva e Isabel- de Perón nos conduciría a inclinamos por la alternancia y no por la similitud: la apagada Aurelia Tizón y la arratonada María Estela Martínez (Isabel) eran la contracara exacta de la resplandesciente Eva Duarte.

 

-Sin embargo, aunque el parecido entre las tres no salte a la vista, hay algo en común tuvieron. En primer lugar, su necesidad (la del general): los tres casamientos de Perón correspondieron a momentos en los que él necesitaba de una mujer con determinadas características, variables según la ocasión. (16)

 

Ya vemos, Perón nunca sintió amor. Fue solo un soldado de tiempo completo, sin corazón, que en ninguna de esas tres historías sentimentales actuó como un hombre común. Todo producto de la necesidad de armar una pareja de acuerdo al interés que lo movía en cada momento de su trayectoria militar y política. Un calculador que a su vez actuaba como un habitante más de la sociedad de consumo que adquiere cualquier tipo de elementos para saciar su apetito material.

-Y en segundo lugar, por extraño que parezca, lo que equiparó a las tres ante sus ojos fue la opacidad. En esta obra Perón no le asignó a Aurelia un papel lucido, Evita se le escapó de las manos e Isabelita se mantuvo en una semipenumbra originada en su propia grisura. Para Perón, en el fondo, las tres eran opacas porque el único brillante era el. (17)

 

Sociología barata la de Dujovne… Perón no quería ningún rayo de luz cerca por temor a quedar ensombrecido. ¿Pero no fue precisamente Evita, la luminosidad que él eligió para su proyecto?

 

La estupidez de la historiadora al plantear en términos feministas el escenario Perón-esposas-lucha por el poder, como si fuera un duelo de géneros, deja mejor parados a personajes como Ludovica Squirru, Aschira o cualquiera de esas –astrólocas que divagan sobre la personalidad de los famosos harían un papel mucho más digno.

 

-Su casamiento con Aurelia Tizón en 1929 correspondió a una etapa en la que se veía obligado a mostrar que tenía mujer: sus camaradas de armas se sorprendían de su escaso interés por las frecuentaciones femeninas (…), Aurelia parecía hecha a medida. En efecto, molestó lo menos posible, tejió batitas para un bebé que nunca llegó y se borró a sí misma muriéndose de un cáncer de útero en 1938 (…).

 

-En la Italia de Mussolini, Perón comprendió que los dos pilares del poder eran el sindicalismo y la radio. En 1944 necesitaba el segundo pilar, que se llamó Evita. Una mujer de radio capaz de difundir sus ideas y de tirarse al fuego por él. dócil discípula y una nueva máscara femenina para mostrarla en público, esta vez con reflectores (…). –Ella también eligió el cáncer de útero para salir de escena. (18)

 

No hay que perder la calma en la respuesta, y sí tratar de ordenados. Por eso, primero retengamos el muestrario de cualidades e inclinaciones de Perón según la historiadora; la Verdad es que no le falta ningún condimento: aparentemente ambiguo en el plano sexual; bah, asexuado; oportunista y a la vez ingrato con su mujer, porque se casa pour la galerie y después la deja encerrada en casa; el general parece ser, encima de todo I lo otro, ¡impotente!… ¿Todo eso? Y más también: fascista de Mussolini y representante top estilo Pancho Dotto que sale a varearse de la mano de Evita. Tuvo suerte el general, vaya si la tuvo. Porque al salir a buscar una locutora para su programa radiofónico mussoliniano se ve que averiguó en una emisora y vino a dar con Evita. ¡ Qué distinta hubiese sido la historia argentina si Rina Morán o Magdalena Ruiz Guiñazú hubieran llegado al casting un ratito antes que la muchacha de Junín…! .

 

Ahora, ironías aparte y más serios, nos preguntamos -con pudor- si esta historiadora tiene útero…

 

Porque tanta crueldad no puede provenir de una mujer. Del hombre esperamos lo peor, pero de una mujer no. Aurelia Tizón y Evita habían muerto de cáncer, y ella recurre al sarcasmo negro, impiadoso e inhumano de plantear que se habían borrado.

 

En la misma página de esta insuperable radiografía –amorosa sentimental a Dujovne Ortiz, encargada de la autopsia que permite comprobar la frialdad alojada en el corazón de Perón, la acompaña como asistente la periodista Matilde Sánchez, quien también tiene lo suyo para decir: -Alguien observó hasta qué punto Perón se servía de la gomina para explotar su parecido con Gardel, quien a su vez tanto se parecía a Bela Lugosi. (19)

 

Grandioso… Esto recuerda las reglas del carácter transitivo que a uno le enseñaban desde chico en la escuela: si A es igual B, y B es igual a e, A es igual a C. Por lo tanto, Perón es como Bela Lugosi. ¡Muy bueno…! Los chupasangres verdaderos, no los de ficción, deben estar satisfechos por cómo ciertos comunicadores distraen a la platea mientras ellos permanecen agazapados, en las cavernas, esperando que anochezca para salir a quebrar cuellos.

 

Alicia Dujovne Ortiz, quien entre 1972 y 1978 escribió en la sección Cultura de La Opinión, y que a 2002 llevaba vendidos casi 70 mil ejemplares de Eva Perón: la biografía, aclaró en su momento que se había criado en un hogar antiperonista (¡con razón…!), de padres fervientemente izquierdistas que sólo miraban a Europa pese a vivir en un campo de Entre Ríos.

 

Vale aclarar que ella misma, en una entrevista concedida a la publicación uruguaya Brecha, en setiembre de 1997, de donde tomamos estas confesiones, dirá que papá descendía de judíos vinculados por lazos comerciales al Barón de Hirsch y que mamá era nieta de terratenientes –aunque el abuelo había perdido todo para 1920..

 

En aquella vida campestre de los años '50, donde ]a revista Billiken y los filósofos marxistas acompañaban las horas de lectura de los Dujovne Ortiz, la pequeña Alicia llorará desconsoladamente -encerrada en su habitación- la muerte de Evita, a escondidas, claro está, de los papis, que seguramente celebrarían la noticia con un trago de vodka.

 

Todo esto lo cuenta, insistimos, a fines del siglo pasado, y se nota que lo hace con sinceridad, incluso cuando también dice: -No me hubiera ocupado jamás de Maradona probablemente de Eva Perón, ni de los temas de tango que están tocando ahora, sin la experiencia del exilio. Simplemente porque cuando estaba en Argentina soñaba con París; pero al llegara París el sueño ya estaba realizado y entonces ¿con qué voy a soñar si no es con lo que dejé atrás de mí, y por qué no con un\ país misterioso con el que jamás había tenido relación?. (20)

 

La confesión abría esperanzas en aquel 1997. Pero algo sucede en su conciencia, tal vez aquello que se conoce como el llamado de la sangre, porque vuelve a la Argentina…-a escribir sobre Evita, a recuperar aquella experiencia de niña pero también (y he' aquí, nos parece a nosotros, el comienzo de la tragedia) a reencontrarme con los discursos de mis padres, que yo creía no oir en mi infancia y estaban ahí. (21)

 

Pobre Alicia, porque no se encontró con el país de las maravillas cuando, de retorno a casa, abrió la caja de Pandora y le saltó la serpiente antiperonista. Todo permanecía como en 1950: -Mi madre socialista y feminista no podía tolerar el feminismo de Evita porque le parecía falso; el discurso ideológico opositor de mi padre comunista, todo estaba allí (22).

 

De modo que el exilio en París, con suficientes luces como para ver mucho mejor a la distancia la historia de su país, no causó efecto alguno y a su regreso reencontró ese pasado ; sombrío del peronismo. Como si papi y mami le soplaran la letra, Dujovne Ortiz demostró que era una hija de buena ley: -Evita era una gran distribuidora de ilusiones. Si tuvo una teoría en su vida -porque por lo demás es absolutamente anti ideológica, concreta y pragmática- es la del lujo, la de la ilusión. Ella no quería darle a la gente cosas útiles… (23)

 

Entonces la justicia social fue una ilusión, lo mismo que la lucha por conseguir que la mujer votara por primera vez en su vida. Realizaciones que, por otra parte, no fueron para nada útiles, Por eso los que vinieron después del peronismo las tiraron al tacho de basura: la justicia social era un estorbo.

 

Una idea lógica para quien piensa en estos términos: -…un seductor (Perón) que parte de un vacío afectivo y seduce en base a decirle al otro lo que el otro quiere oír; tramposo, maquiavélico, helado, astuto, incapaz de jugarse por una pasión (…). Una mujer (Evita) totalmente apasionada y frontal, que está obligada a trampear por su marginalidad y también porque está casada con un tramposo. Es una mujer que quiere existir, que quiere tener un poder nominal, un nombre, un nombramiento, todo lo que nunca tuvo como hija ilegítima. No lo logra y se enferma de cáncer. (24)

 

Ese hombre y esa mujer juntos, terminan siendo el obstáculo que no le permitió a la Argentina dar el –salto de calidad que necesitábamos para soñar, ya no con París, sino apenas con la colonia pordiosera de papá Dujovne y mamá Ortiz:

 

-Pertenezco al grupo social argentino para quien Evita no era un mito, sino que aparecía más bien como una, traba.Todo el peronismo parecía una traba para el desarrollo de un país en el que hubo uno de los primeros: partidos comunistas del Cono Sur y movimientos socialistas y anarquistas importantes. El peronismo fue una involución, regresiva y peligrosa, en el sentido de que tocó la entraña del pueblo con tanta irracionalidad. (24).

 

Como los que en la década del' 90 sostenían, para apoyar a Menem, que había un peronismo nostálgico y pasado de el del 45 (para reivindicar en su lugar un modelo mucho más arcaico, el del liberalismo ); para los teóricos como Dujovne hay una Argentina evolutiva, progresista y sana que se ubica, paradójicamente, en la prehistoria, en el pre-peronismo, es decir cuando los derechos de las mayorías, entre ellas las mujeres estaban conculcados.

 

En fin, son formas de ver la vida.

 

CD/

 

Claudio Díaz Manual del Antiperonismo Ilustrado. Ediciones del Proyecto Nacional. 2006.Capitulo 3. Leyenda Negra, Pensamiento Blanco.

 

1 Domingo Faustino Sarmiento. Facundo, Hachette Ediciones, Buenos Aires, 1961. 2. ídem .

3. Fragmento de una carta enviada por Borges a la Comisión Promotora Concentración Cívica en Pro de la República, reproducida por La Nación, 28 mayo de 1971

4. Ezequiel Martínez Estrada. Catilinaria. ¿Qué es esto?, 1956. Reproducido por Ricardo Sindicato en Hombres del poder: Perón. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1996.

5. Felix Luna. El 45. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1982.

6. Manuel Mujica Láinez, La casa. Plus Ultra, Buenos Aires, 1963. 7. Idem 6.

8. Manuel Mujica Láinez. Ob. citada.

9. Manuel Mujica Láinez. Ob. citada.

10. Manuel Mujica Láinez. Ob. citada.

11. Declaraciones a la revista Somos, 10 de febrero de 1978.

12. Jorge Lafforgue, profesor de filosofía y editor. Perón vuelve, cuentos sobre Peronismo. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2000.

13. Alberto González Toro. Mitos y leyendas, Dueño de gloria y espanto. Clarín, 1 de julio de 2004.

14. Walter Curia. Sobre el show. Clarín, 5 de enero de 2005.

15. Clarín. Respuesta sobre la impuntualidad.

16. Alicia Dujovne Ortiz. La necesidad, la llave maestra del amor. En Clarín, l de julio de 2004.

17. Idem

18. Idem punto 17.

19. Matilde Sánchez. Aurelia. Eva e Isabel. tres mujeres para un genera/. En Clarín, 1 de julio de 2004.

20. Entrevista en Brecha N° 603, setiembre de 1997.

21. Entrevista en Brecha N° 603, setiembre de 1997.

22. Idem.

23. Idem punto 22.

24. Idem.