Los científicos indicaron que no hay pruebas sobre la influencia nociva contra el fumador pasivo.

TABACO

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¿Porqué una población fumadora como la cubana posee un bajísimo índice de casos de cáncer?

Acerca de los misterios de algunas campañas,

del relevo de productos naturales por químicos,

de las tradiciones indias

y de la invasión de los hombres murciélago

 

TABACO

 

Por Gabriel Fernández

 

Es probable que fumar no sea un placer genial y sensual. Es probable (o más bien seguro) que se trate de un vicio malsano que perjudica nuestra salud.

 

Las investigaciones efectuadas sobre las consecuencias del consumo de cigarrillos resultan elocuentes: por vueltas que le demos al asunto, daña las vías respiratorias, complica el funcionamiento de varios órganos importantes y puede generar cáncer.

 

Además, irrita el sistema nervioso, potenciando el malhumor. Muchas personas que suelen levantarse rezongando, lo ignoran; la bronca súbita no sólo posee motivos psicológicos.

 

Esto es así, pero tal vez resulte de interés leer estas líneas y tratar de situar las cosas, en lugar de lanzarnos a justificar, a través de las afirmaciones precedentes, cualquier tipo de políticas que se presenten como antitabáquicas.

 

Varios investigadores estadounidenses observaron con curiosidad que el gobierno de George W. Bush había resuelto ponerse a la cabeza de la campaña adversa a la costumbre de fumar.

 

Jamás hubieran prestado atención a una iniciativa que les parecía correcta, si no hubieran reflexionado: el sistema de salud norteamericano es tenue y selectivo, mientras que la atención primaria es inexistente. ¿Porqué empezar a preocuparse por la salud pública a través de un tema menor?

 

Las investigaciones realizadas, que condensan diez mil casos en distintos puntos del planeta les permitió ofrecer dos conclusiones. La primera ratifica lo previsto, mas la segunda contrasta con el sentido común.

 

Los científicos corroboraron que fumar aumenta las posibilidades de generar un cáncer en el organismo. Pero después indicaron que no hay pruebas acerca de una influencia nociva contra el llamado fumador pasivo.

 

No existe un sólo caso en el mundo en el cual se haya corroborado directamente que un denominado fumador pasivo haya enfermado debido a la convivencia familiar o laboral con un adicto al cigarrillo, precisaron.

 

Los casos de personas que han padecido un cáncer con fumadores a su lado por un lapso determinado son equivalentes a los de quienes no han tenido contacto con adictos. Casi todos los enfermos poseían antecedentes genéticos proclives a la generación de esa enfermedad.

 

Realzaron los investigadores que si se observa humo durante un período de tiempo en un lugar determinado, el ser humano infiere que eso puede hacerle mal, pues molesta sus vías respiratorias.

 

Pero destacaron que para afirmar eso científicamente, hay que corroborarlo.

 

Y que nadie ha logrado hacerlo, pese a contar con adelantos técnicos notables. Añadieron que médicos y jueces coparticipan de esa idea, sin haberla comprobado prácticamente.

 

Enfatizaron entonces que "la ciencia no es consenso", y recordaron que ideas aceptadas en un período de la historia resultaron contrastadas cuando la humanidad evolucionó lo suficiente para ponerlas a prueba. El caso de Ptolomeo es ejemplificador.

 

Finalmente especificaron que los aromas desagradables no siempre originan enfermedades. Molestan, que es otro cantar.

 

Raro ¿no? Después de entrar en contacto con esas conclusiones, mi preocupación se incrementó. ¿Porqué Bush –a quien seguramente las empresas tabacaleras ofrecieron coimas importantes– iba a dar batalla en beneficio de una población a la cual desprecia? ¿Porqué la Argentina se enganchó con esta historia? ¿A quién beneficia, en verdad, esta campaña?

 

Vamos a efectuar un amable recorrido por el tema con la intención de cumplir con el anhelo planteado antes: situar las cosas en su real dimensión. A partir de allí nos encaminaremos a las revelaciones, buscando ofrecer información más concreta.

 

La planta de tabaco, como la yerba mate, como la coca, es utilizada desde hace cientos de años por los indios americanos para procurarse distintas formas de placer. Con esas tres habitantes del mundo vegetal han conseguido: sedar o excitar la psiquis, paladear un sabor, eliminar la sensación de apetito en circunstancias determinadas, ahuyentar los efectos de la baja oxigenación.

 

Como en todos los casos, el exceso en la utilización de cualquiera de esos y otros productos naturales resulta perjudicial para la salud de quien los adopta.

 

De hecho, cualquier médico clínico puede informar que el exceso de la infusión que denominamos mate puede originar problemas gastrointestinales y, eventualmente, cáncer de estómago. En verdad, como ha dicho Woody Allen, todo genera cáncer. Pero no todos lo padecen.

 

Sin embargo, el efecto nocivo profundo del uso del tabaco –comprobado– se inaugura con la elaboración de cigarrillos de papel, con nicotina y alquitrán. Se trata de una creación de la industria norteamericana, tendiente a lograr la adicción del consumidor, que se convierte en un cliente cautivo.

 

En Cuba tuve la oportunidad de visitar el Polo Científico. Allí dialogué con los investigadores que orientan un establecimiento de primera línea a nivel mundial. Una de mis preguntas, tras conocer los datos sobre la salud pública en la isla, fue la siguiente:

–¿Porqué una población fumadora como la cubana posee un bajísimo índice de casos de cáncer?

La respuesta fue clara:

–Porque carece del stress que implica la inestabilidad laboral cotidiana y porque la vida en Cuba es relativamente serena. Porque una parte de la sociedad opta por los cigarros puros, sin elementos químicos que provoquen adicción.

 

(Vale recordar que los cigarros puros también lanzan humo a su alrededor.)

 

No es preciso ir muy lejos para comprender que algunos factores podrían controlarse sin necesidad de prohibir el uso del tabaco.

 

Los estados podrían anular el papel blanco y forzar el empleo de papel de tabaco, podrían impedir la introducción de nicotina y alquitrán, así como de otros químicos adictivos .

 

Sin embargo se resuelve la prohibición lisa y llana en lugares públicos, iniciándose el desmonte de una rama industrial decisiva para varias zonas del interior argentino y fomentando –a cambio de muy poco– el desempleo, sin ofrecer opciones laborales a los trabajadores del tabaco.

 

Además, se damnifica esa producción pese a tratarse de un rubro en el cual la Argentina posee plantas, trabajadores y tecnología de altísima calidad, con el (placentero, disculpen) resultado conocido por los fumadores locales.

 

Otra medida que podrían adoptar nuestros países, según las consideraciones de los científicos cubanos, es hacer la Revolución, pues aparentemente después de concretada la misma, mejora el estado general de salud de las personas. De todos modos, no vamos a llegar tan lejos: este artículo podría titularse, pero no se titula, "Tabaco y Lucha de Clases".

 

El escritor de fantasía y misterio Stephen King señaló en una ocasión: "Los Estados Unidos están chalados con el tema del tabaco". Encendió un pitillo y preparó una modesta venganza, dentro de su oficio. Ideó una historia en la cual los fumadores salvan al planeta de una invasión de hombres murciélago.

 

En el cuento, los adictos –reducidos a sectas perseguidas que se congregan a las 10 de la mañana en las puertas de sus empleos para fumar en banda– poseen una distorsión mental provocada por el tabaco que les permite detectar a los invasores, mientras que el resto de los humanos (demasiado sanos) no logra entreverlos.

 

La resuelta y valiente acción de algunos fumadores desarticula la intentona de los horribles murciélagos, quienes deben retirarse a su lejano lugar de origen. Dato curioso: en la narración, King se cuida de recomendar a las personas que no consuman más de diez cigarrillos por día.

 

Pero bueno, todas las cartas parecen jugar en favor de las campañas antitabaco, cuyos impulsores logran –con poco– una imagen progresista propia de quien combate a los malos. Y todos saben que los malos son las empresas tabacaleras. Yo también lo creo. Y admito que los cigarrillos difunden (para los no fumadores) mal olor.

 

¿Entonces? La respuesta está soplando (tabaco) en el viento: una fuente segura del área de Salud me dijo al respecto "las campañas de Bush han incrementado en diez veces la venta de ansiolíticos. Los mayores consumidores son las personas que ansían conservar sus empleos con este nuevo marco legal. Las coimas ofrecidas por los grandes laboratorios superaron a las propuestas por las tabacaleras."

 

Son estadísticas que todo lector puede buscar. En la Argentina, a lo largo del presente año, con el esbozo nomás de estas campañas, la venta de ansiolíticos se cuadruplicó.

 

Es evidente que alguien confunde ciencia con consenso, ya que consideramos imposible que los motivos profundos para la instalación del disparate por estos pagos tenga la misma raíz que en la corrompida administración del Norte.

 

Es difícil vivir este presente sin poseer alguna adicción. A este periodista le resultaría más fatigoso andar por los retorcidos caminos nacionales sin encender un cigarro, sin tomar un buen mate, sin disfrutar una taza de café o un vaso de vino. Se trata de productos de origen natural que, si se los analiza en detalle y con la intención de mostrar su rasgo nocivo, parecen muy dañinos.

 

En exceso, lo son. En todos los casos. Prohibirlos a pleno, con la argumentación que se desee, es incitar al consumo de algún relevo que, en lugar de tener origen natural, será elaborado en base a combinaciones químicas. Si las cuentas de los grandes laboratorios lo exigen, en un tiempo se "demostrará" que la yerba mate es perjudicial.

 

 

Es que Forma el Humo tu Figura.

 

Cosa que entendía perfectamente Walt Whitman, además de Contursi: "Si en el Paraíso no puedo fumar puros, no voy".

 

Para concluír: la Argentina necesita, urgentemente, un plan nacional para la atención primaria de la salud. Salas bien pertrechadas en todos los barrios, destinadas a prevenir ese vicio tan difundido entre las personas humildes de nuestro pueblo: enfermarse. Ese plan sería mucho más económico que las costosas e imprecisas campañas antitabáquicas.

 

(Esta última observación, claro está, no tiene nada que ver. Es indudable que el consumo regular de cigarros y cigarrillos varios ha originado algunas distorsiones en la mente de este confundido cronista, que cierra ya el artículo y se dirige a pispear por la ventana con la intención de cuidar a sus congéneres de una eventual invasión.)

 

GF/

 

Gabriel Fernandez es director periodístico de la Revista Question Latinoamérica y Director de La Señal Medios.

 

N&P: El Correo-e del autor es Gabriel Fernandez lasenialmedios@uolsinectis.com.ar