La gestión de Lula ha mejorado la situación de millones de personas sumidas en la pobreza.

EL MENSAJE BRASILEÑO

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Gabriel Fernandez: – Ganó Lula, pero no tiene un crédito ilimitado. Para alzar los sufragios por izquierda, tendrá que abrir la mano. No está tan mal.

Polémica

EL MENSAJE BRASILEÑO

 

Por Gabriel Fernández

 

En consonancia con los tiempos, las elecciones en Brasil generaron interesantes repercusiones en el resto de América latina, y muy especialmente en los países del Mercosur.

 

La posición central de los vecinos de la potencia lusitana puede resumirse así: tenemos diferencias con Lula, pero se trata de debates enmarcados por la participación de Brasil en la Unión Sudamericana. Si gana Alckmin, la fuga será posible y ya no podremos debatir esos matices.

 

Venezuela, Argentina, e incluso Bolivia adscriben a ese pensamiento. Es de realzar la inteligencia de Evo Morales, quien ha cerrado su boca ante los cuestionamientos preelectorales formulados por el actual mandatario brasileño en el tema hidrocarburífero.

 

Al igual que en encuentros internacionales previos, la Unión Sudamericana actúa como si se hubiera consolidado. Es probable que esto se deba, además de la elaboración común de algunos gobiernos, a una presión sagaz ejercida por los pueblos en esa dirección confluyente.

 

Sin embargo, cuando se pretende bajar esta interpretación hacia las honduras sociales, surgen algunos esquematismos que desconocen las percepciones de quienes exigen a Lula, y a otros gobiernos vecinos, una cuota mayor de justicia social.

 

Allí es donde la comprensión general debe dar lugar a una comprensión particular. Así como no es justo imputar a los movimientos sociales argentinos como desestabilizadores –el nivel actual del reparto interno ampara sus demandas– tampoco parece ecuánime considerar a todos los críticos por izquierda de Lula como partícipes de la rosca oligárquica.

 

Objetivamente, la gestión del oficialismo brasileño ha mejorado la situación de millones de personas sumidas en la pobreza. Pero sostuvo la exclusión de otros tantos, mientras no redujo la tasa de ganancia financiera.

 

Entre los críticos por izquierda de Lula se observan dos grandes sectores: uno de ellos, de origen cristiano, tiene una extensa trayectoria en la Central Unica de Trabajadores y ha formado parte del Partido de los Trabajadores. Votará por Lula en segunda vuelta, contra las previsiones que dan cuenta de un vuelco hacia el conservadurismo.

 

Otro, de carácter trotskista, atraviesa por una discusión interna muy profunda para resolver qué hacer. Allí si las opiniones están divididas, pero la tensión en favor del respaldo con pinzas al gobierno, parece prevalecer. Sólo en este caso, y fragmentariamente, puede registrarse una fundamentación para las acusaciones fuertes que hemos escuchado en los últimos tiempos.

 

Este texto polemiza, de hecho, con el del amigo Néstor Gorojovsky. Entre otros. Si Lula quiere congregar un vasto respaldo popular, que haga lo necesario para lograrlo de entrada, sin necesidad de agitar fantasmas golpistas. Dadas las dimensiones de la economía brasileña, esa perspectiva es compleja, pero posible.

 

La definición tajante sobre complicidades de franjas de la militancia popular con la rosca oligárquica da cuenta de una lectura sin matices que pretende traspolar las razones de Estado en el orden internacional con los factores directos que configuran la vida de los pueblos.

 

El mensaje de los brasileños ha sido equilibrado. Ganó Lula, pero no tiene un crédito ilimitado. La derecha lo condena. Para alzar los sufragios por izquierda, tendrá que abrir la mano. No está tan mal.

 

(*) Gabriel Fernández es Director Periodístico de la Revista Question Latinoamérica

 

N&P: El Correo- del autor es Gabriel Fernandez lasenialmedios@uolsinectis.com.ar