A raiz de la desaparicion de Julio Lopez querellante de Miguel Etchecolatz

EL GENOCIDIO LLAMA DOS VECES

Alfredo Grande

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Este  texto de Alfredo Grande, fue escrito a pedido de Guadalupe Godoy, abogada en el juicio al genocida Echecolatz (SERPAL).

Gentileza del Grupo de Sobrevivientes del Terrorismo de Estado <gruposobrevivientesterrorest@gmail.com>

SERPAL / Compartimos este interesante texto de Alfredo Grande, escrito a pedido de Guadalupe Godoy, que integra la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y es abogada en el juicio al genocida Echecolatz.

EL GENOCIDIO LLAMA DOS VECES

Por Alfredo Grande.  (*)

La experiencia de los sobrevivientes del terrorismo de Estado se encuadra dentro de las llamadas situaciones límites. Limite entre la vida y la muerte. Y no me refiero solamente a la muerte entendida desde la biología, sino muy especialmente la muerte de los vínculos familiares y de amistad, los proyectos vitales, las convicciones mas profundas. Muerte incluso del denominado sentimiento de autoestima, que es vital para sostener la continuidad de la dignidad de la vida.

El Terrorismo de Estado es terror y es Estado. Combinación letal porque desaparece la función de terceridad que supuestamente éste deberia ejercer en los enfrentamientos entre particulares. El Estado Genocida demuestra que esa función era en el mejor de los casos ilusoria, en el peor directamente alucinatoria.

Las víctimas sobrevivientes del Terrorismo de Estado tienen diversos mecanismos para compensar el sufrimiento soportado. Deben enfrentarse con el perverso mecanismo construido por la cultura represora denominado “culpa del sobreviviente”. Esta situación en modo alguno es natural e inevitable. Es una forma de continuar el terrorismo de estado por otros medios. Ahora, como mortificación interna. Si el sobreviviente, es decir la víctima tiene culpa, el victimario tiene una dispensa que no le corresponde.

La situación político institucional actual es adecuada para la elaboración de esta culpa del sobreviviente. Se ha podido visibilizar nuevamente al represor sin la piel de cordero que las leyes de la impunidad le habían otorgado. Pero la cultura represora no va a permitir que puedan vivir en paz  aquellos que lograron escapar de la trampa fascista de la desaparición forzada de personas. Si no hay culpa, entonces el mecanismo elegido es actualizar el terror. Actualizar el castigo. Actualizar el sufrimiento.

 

Y la forma de lograr es tan inesperada  cuanto cobarde. Los mismos juicios que buscan el castigo de los máximos responsables de la masacre y exterminio, se convierten en laberintos temporales. De ellos tampoco se puede salir, porque una y otra vez la victima se re- encuentra con los inicios de la pesadilla. Parecía que finalmente se había despertado, y que las vigilias democráticas iban a estar exentas de terrores y temores. Pero con absurdas e inconducentes pruebas testimoniales, para probar lo que ya está  históricamente probado, la victima vuelve a encontrarse con la víctima que fue, y que gracias a este perverso mecanismo, nuevamente vuelve a ser.

Entonces no se trata que la víctima  recuerde. Por el contrario: es una forma perversa de  actualizar el insoportable trauma que prolongó la muerte en vida durante un cautiverio cruel, degradante, hasta el límite de lo no soportable. Entonces pienso que se trata, una y otra vez, de otro efecto de la nefasta teoría de los dos demonios. Castigo para el victimario y castigo para víctima. Diferentes castigos, naturalmente. Los tiempos actuales no permiten que los jerarcas de la muerte puedan seguir disfrutando de la indulgencia de los mansos. Pero no hay nada que autorice a que las victimas, que deben ser, al decir de los letrados , el mas preciado bien a tutelar, porque ellas son la memoria del horror, sean traumatizas una vez mas. Es cierto: lo han sido muchas veces. Pero no abusemos mas de la capacidad de resistir de las cigarras.

Me opongo a esta forma de conseguir testimonios y pruebas. Todavía es posible que las victimas reparen en alguna medida el ataque a la salud que padecieron. No hay poder sobre la tierra que debiera obligarlas a repetir la pesadilla. Re victimizar a la victima es otra trampa de la cultura represora que a todos nos compete destruir.

15 de Septiembre  2006-

(*) Alfredo Grande es medico psiquiatra, psicoanalista, profesor universitario, escritor y miembro de la Dirección Nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

*  Distribuído por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa. envioserpal@nodo50.org

   3 de octubre de 2006