Morales Sola ha creído que puede vapulear a Kirchner sólo porque tiene un cierto altavoz.

JOAQUIN MORALES SOLA, EL TONTOLÓN

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El ex colaborador del general Bussi, ex editorialista de Clarín y actual columnista de La Nación, opina como un imbécil que cree ser vivo.

Gentileza de "la señal medios" <lasenialmedios@uolsinectis.com.ar>
 

SOBRE MORALES SOLA, EL TONTOLÓN

Por Gabriel Fernandez

A los comentarios observados, deseo añadir uno, que de algún modo está en línea con planteos realizados hace tiempo sobre otro periodista de calaña semejante: Andrés Oppenheimer.

Se trata del tono utilizado por Morales Solá para referirse a la política presidencial y al presidente de la Nación.

Es claro que un medio, según su orientación editorial, puede estar en desacuerdo o a favor de las posiciones oficiales.

Si preocupa el engorde de medios como La Nación, entre otros, por pautas mal dispuestas y por empresas privadas a las cuales les interesa, y mucho, el país, resulta previsible el carácter conservador integral de su visión. Lo cual merecería consideraciones acerca del criterio con el cual se otorgan determinados beneficios.

Pero en este caso, Morales Solá trata a Néstor Kirchner como un imbécil que cree ser vivo y resulta apenas un  pajuerano que equivoca hasta el modo de desplegar sus mejores intenciones.

A lo largo de todo el artículo, el ex colaborador del general Bussi, ex editorialista de Clarín y actual columnista de La Nación, opina como si fuera un genio político con construcciones cívicas profundas, lo cual le permitiría mirar desde arriba y displicentemente a un tontolón.

A decir verdad Kirchner es más hábil, políticamente, que Morales Solá. Es, al menos, un presidente que mantiene sus niveles de popularidad. Lo señalo aunque resulte una obviedad, porque la columna periodistica en cuestión no lo revela.

Creo que además de tener una postura en defensa de intereses antinacionales, Morales Solá ha llegado a un punto de su trabajo profesional en el cual se ha creído que puede vapulear a cualquier persona con palabras, sólo porque tiene un cierto altavoz.

La socarronería sin fundamento práctico con que trata a Kirchner es equiparable a la del hincha panzón, fumador y pizzero que cuestiona a un atleta de 25 años por llegar un segundo después tras una carrera de 20 metros hacia el balón.

Es curioso como algunas personas que resultan ser apenas instrumentos bien pagados, confunden su lugar y se estiman más trascendentes de lo que son.

De ahí la comparación esbozada al comienzo de este texto breve: recuerdo a Oppenheimer narrando que Colin Powell lo había llamado temprano en la mañana para consultarlo sobre el futuro de la política internacional norteamericana.

Cosas que pasan cuando gente menor se siente muy importante.

 

Abrazos

Gabriel Fernández

 

Gentileza de "juan maría escobar" <jmescobar@speedy.com.ar>

To: "Reconquista Popular" <Reconquista-Popular@lists.econ.utah.edu>

Morales Solá comenta el viaje a Nueva York

 

Cumpas:

Como decía ese gran patriota que era el  Mayor Bernardo Alberte, La Nación es el parte de guerra del enemigo. Por eso es tan importante conocer el balance de su más destacado columnista, en especial sobre la política malvinera, –esas islas remotas se han convertido en presas electorales de militares y políticos argentinos  como afirma.

 
Juan Maria Escobar

jmescobar@speedy.com.ar

 

La Nación

Domingo 24 de setiembre de 2006

Las poses públicas de un presidente

Joaquín Morales Solá

 

Es probable que Néstor Kirchner y George W. Bush no se vean nunca más.

Ninguno está interesado en el otro. Kirchner encontró una fórmula extraña: prefiere mostrarse frío y distante con Bush y arreglar luego la relación con Tom Shannon, un subsecretario de Estado. Imagina que ese exótico  sistema le servirá para atravesar el año electoral como un líder progresista hecho y derecho.

El año electoral que inauguró lo está llevando también a tensar la relación con Londres por las Malvinas. Al fin, esas islas remotas se  han convertido en presas electorales de militares y políticos argentinos.

Bush nunca le impide a su gobierno avanzar en acuerdos con cualquier administración extranjera, pero pone una condición: no quiere ni ver a los líderes que lo han decepcionado personalmente. Con Kirchner no siempre fue así. Se vieron pocas veces, pero habían trabado una relación

humanamente cordial. Dejándose llevar por la intuición, en verdad, Bush confió durante algún tiempo en Kirchner más que su administración.

Fue así hasta que estalló el escándalo de Mar del Plata. Kirchner organizó

una cumbre, financió una contracumbre y hostigó al mandatario  norteamericano con un discurso de rencores bíblicos. Bush no lo olvidará nunca. ¿Lo olvidará el poder político permanente de Washington?

Kirchner ve en Bush a un presidente fatigado, débil dentro y fuera de su país, y comenzando la etapa final de su carrera política.

La Argentina ya no le debe nada al FMI, donde Washington influyó en favor del país muchas veces. La frialdad con Bush es ahora, entonces, una política de bajo costo.

Kirchner desistió de ir al cóctel de Bush no en señal de protesta, sino porque temió tocar una mano fría .

Sin embargo, luego se entusiasmó con relanzar la relación con  Washington en un encuentro con el subsecretario Shannon. Kirchner es así: lo prefiere

A Shannon antes que a Bush. ¿Por qué no mencionó también en las Naciones Unidas la intensa cooperación de su gobierno con Washington en

terrorismo, narcotráfico y lavado de dinero? ¿Es peor acercarse a Bush que a algunos empresarios mediáticos de la Argentina (foto mediante) para liderar el progresismo? Las cosas no siempre son como parecen.