Postulado y lucha por el derecho al medioambiente.

EL EXTRACTIVISMO SUSTENTABLE. EL MODELO DE CHICO MENDES

Córdoba era una provincia boscosa, antes de que una voz de mando ordenara talarla allá por 1914, cuando Inglaterra precisó leña para su primera guerra.

EL EXTRACTIVISMO SUSTENTABLE

EL MODELO DE CHICO MENDES

Por Arturo Avellaneda


De poco vale ahora recordar que nuestra Provincia de Córdoba era boscosa, antes de que una voz de mando ordenara talarla allá por 1914, cuando Inglaterra precisó leña para su primera guerra.

La región no fue inmune a la segunda conflagración mundial tampoco, aunque de una forma diferente.

Entonces, dejan de ser tan estratégicos el carbón y la leña, reemplazados por el petróleo, y en cambio nace un desesperante interés por el caucho. Y esta vez será en Brasil, donde se harán sentir las consecuencias de la belicosa voracidad extranjera.   

Miles de “nordestinos” hambreados por la sequía y el abandono fueron reclutados por lo que la historia llamó la guerra del caucho.

En aisladas casillas, con menos de lo elemental para la vida, fueron abandonadas miles de personas en un entorno hostil y desconocido. La tenebrosa mata amazónica escondía el árbol del que se sangraba la cera del caucho.  

Las enfermedades tropicales, los pobladores originarios y alguna que  otra onca; ralearon la obrera tropa, que por sencilla adaptación al medio sobrevivía con una tasa similar con la que azarosamente lo hacía el soldado aliado.

Para esta tierra sudamericana, nunca son en vano estas penurias y por acción del mágico mestizaje, otra cultura, otro pueblo, otra cosmovisión se abría secretamente paso hacia la luz del liderazgo de su intérprete más cabal “Chico Mendes”.    

Con el fin del conflicto armado y el principio del cultivo intensivo del caucho en el sudeste asiático, termino la presión sobre este nuevo poblador amazónico. Mato grosso, Acre, Rondonia, se abrían a la geografía sudamericana de la mano de quienes habían aprendido por necesidad; que frutos, que carnes y que medicinas se servían en el increíble menú de la selva amazónica.

Miles de nuevas familias prosperaban casi secretamente en el laberinto de sendas y arroyuelos.

Otra vez la tierra sin mal, como alguna vez en el Taraguí, en el Guayrá, otra vez la foresta era tupambaé y se enfrentaba semidesnuda a una civilización ridículamente autora de la conquista del espacio. La gente vivía bien entre la frondosa maraña, mientras los niños nadaban entre peces de acuario.

Se domesticaban para la venta loros aras, simios y guacamayos, se comerciaba con cueros y pieles valiosas, como las del yacaré o el ocelote; se extraían maderas, nueces y fibras; y comenzaba a desarrollarse una selectiva recolección medicinal, que entre otras muchas especialidades, incluía la energizante guaraná, por poner un ejemplo ya consagrado por la industria.

Pero el modelo de desarrollo señalado para la región no era este.

Pronto el progreso llegó talando y quemando para radicar hacienda vacuna, la que luego habría de ceder espacio a los cultivos subtropicales.

El facendeiro escrituró a su gusto la tierra antes de acercarse a preguntar, y así millones de hectáreas de selvas húmedas dejaron su lugar al progresismo ajeno, a la exclusión del poblador auténtico y al exterminio de su incipiente cultura selvática.  

Repentinamente los seringueiros, devenidos en furibundos defensores de su joven patria, apelaron a toda forma de resistencia. Chico Mendes habría de establecer claramente que es mucho más rentable la selva en su estado original que cualquier otra forma de explotación agropecuaria.

Textualmente declara que -“cada metro de selva húmeda está perfectamente en condiciones de pagar su precio inmobiliario con el excedente en frutos de un solo año”.

Pero el objetivo no era apreciar lo sustentable que era la vida de ellos, tanto como intentar hacer sustentable el nuevo esquema de supervivencia de occidente. Así, obedientemente se consolidaron los monocultivos y la hacienda exótica, objetivos prioritarios los desarrollistas brasileros.

Mientras cotidianamente se perdían para siempre centenares de tesoros naturales, se suman al debate algunos científicos residentes, quienes alertan a sus organizaciones sobre una amazonía en llamas.

El humo llega a ser de tal magnitud como para interrumpir la navegación aérea y los focos tantos y de tal extensión que desde los satélites se obtienen fotografías que alertan al mundo entero.

Sin embargo la alerta llega tarde, el 22 de diciembre de 1988, Chico cae asesinado y su gente atemorizada, posterga sin fecha los sueños de aquel naciente sindicato de trabajadores rurales de Xapurí – Acre.  

El postulado que sentenciara a aquel gremialista a la muerte, continuó silenciosamente vigente consagrando valor económico a todo el medio ambiente comprendido.

La retención del carbono, la devolución de aire puro, la infinita generación de agua potable, sumadas a todas las formas en que la vida se manifiesta libre y diversamente silvestre, tienden además a encarecerse conforme se van haciendo cada vez más escasas, acrecentando así la efectividad del postulado.  

Un inexorable proceso cuya transparente elocuencia compromete a toda forma de conciencia intelectual a una adhesión inobjetable. Un hito cultural tan memorable como elemental, establece el más irrefutable argumento a favor del derecho a la diversidad cultural, tan irrestricta y original como cada medio geográfico lo permita.

Sencillamente, el principio del fin del eurocentrismo en la región quedaba enunciado, tanto como la posibilidad de desmalezar el mismísimo sendero hacia una nueva utopía sudamericana.