El ex líder del ERP y el MTP, murió el viernes 22 en el Hospital Argerich, por complicación cardi

MURIÓ ENRIQUE GORRIARÁN MERLO

El Ortiba

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Gorriaran y Somoza, Gorriaran y La Tablada, Gorriaran y el Secuestro del Consul Ingles, Gorriaran y su alegato en la Camara de San Martin. Sus reportajes.  MURIÓ ENRIQUE GORRIARÁN MERLO  El ex líder del Ejército Revolucionario del Pueblo y del MTP, murió esta tarde en el Hospital Argerich, por una complicación cardiovascular. Estaba preso por elcopamiento al regimiento de La Tablada y fue indultado en 2003 por el gobierno de Eduardo Duhalde El ex líder guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y del Movimiento Todos por la Patria, Enrique Gorriarán Merlo, murió esta tarde a los 65 años en el Hospital Argerich, al que había ingresado para hacerse una operación cardiovascular. Las primeras informaciones dieron cuenta de que Gorriarán Merlo había ingresado al hospital en –un muy mal estado general y murió mientras era trasladado desde la guardia hasta el quirófano del centro asistencial del barrio de La Boca.  infobae.com  GORRIARANGORRIARAN Y EL ATENTADO CONTRA EL DICTADOR SOMOZAENTREVISTA A GORRIARÁN MERLOPor Octavio EnríquezREPORTAJE A ENRIQUE GORRIARÁN MERLOPor Hernán BrienzaEN ROSARIO PIDIENDO DISCULPAS POR SECUESTRO DEL  CÓNSUL ENTREVISTA A ENRIQUE GORRIARÁN MERLOPor Guillermo GrieccoALEGATO DE GORRIARÁN MERLO ANTE LA CÁMARA DE SAN MARTÍN

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GORRIARAN Y EL ATENTADO CONTRA

EL DICTADOR SOMOZA

 Asuncion, Paraguay, 17 de septiembre de 1980 Enrique Gorriarán Merlo (1941-2006) fue uno de los líderes del PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo) durante el proceso de lucha que vivió la Argentina en los años '70.  Ante la muerte en combate del conductor y fundador histórico del PRT-ERP, Mario Roberto Santucho, y el profundo debilitamiento de la organización, tuvo que exiliarse en Nicaragua a fines de los años setenta.  Allí luchó junto al Ejército Sandinista por la liberación de Nicaragua y participó en los '80 en el ajusticiamiento del sangriento ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza.  En 1989 participó en el asalto al cuartel militar de La Tablada como líder del MTP (Movimiento Todos por la Patria) para fustrar un golpe de Estado que, según las apreciaciones del MTP, un sector del ejército estaba gestando.  Logró fugar, pero posteriormente fue detenido en México por los servicios secretos argentinos y condenado a cadena perpetua por los hechos de La Tablada.  Fue indultado por el presidente Eduardo Duhalde junto a al grupo del MTP que aún continuaban presos y a otros militares golpistas (carapintadas, recobrando su libertad el 25 de mayo de 2003. Enrique Gorriarán Merlo, quien falleció en Buenos Aires el 22 de septiembre de 2006, es quizás el más nítido representante de la llamada política de los fierros de los años '70, para gran parte de la sociedad argentina. El atentado Los días del dictador estaban contados desde mayo de 1980 cuando el comando guerrillero lo ubicó en Asunción. Cuando Somoza fue localizado, los guerrilleros alquilaron una casa en Avenida España a nombre del cantante español Julio Iglesias. Los guerrilleros supuestamente compraron armamento en el mercado negro del Paraguay y lo embuzonaron cerca de la frontera del lado argentino. Entre las armas se encontraban una bazuka, un M-16 y un Ingram. La conspiración contra el dictador Anastasio Somoza Debayle surgió de una conversación entre amigos que disfrutaban de cervezas y asados en el restaurante capitalino Los Gauchos, donde Ramón, Santiago y Armando solían reunirse una vez a la semana a recordar la época guerrillera. ERAN ULTIMOS DIAS DEL '79 Según el testimonio que los guerrilleros argentinos brindaron a Claribel Alegría y D.J. Flakoll, la posibilidad de que el dictador muriera de viejo en un exilio dorado les provocaba asco. “Da rabia pensar que ese criminal está gozando de sus millones en Paraguay”- decía Armando-. — “¡Ah no!, -añadió-, sería una vergüenza histórica permitir que ese asesino se muera tranquilamente en su cama de tanto beber guaro”. “Ramón”, “Armando”, “Francisco y “Santiago”, habían combatido con la guerrilla sandinista en el Frente Sur “Benjamín Zeledón”, como integrantes de una columna guerrillera de internacionalistas que se enfrentó a la Guardia Nacional en la zona de Rivas y San Carlos, Río San Juan, durante la ofensiva militar contra el régimen somocista. Al ser derrocado Somoza, los guerrilleros argentinos se reencontraron en la recién bautizada “Plaza de la Revolución” el 19 de julio, en medio del júbilo del pueblo nicaragüense que celebraba el derrocamiento de la dictadura de los Somoza. Las guerrilleras argentinas, Julia, Ana y Susana, llegaron en avión horas después, reuniéndose con sus compañeros por pura casualidad en las cercanías del Hospital Militar de Managua. Cuando se decidieron a acabar con Somoza Debayle, durante una conversación en Los Gauchos, los guerrilleros argentinos se dedicaron a prepararse militarmente y obtener información de inteligencia sobre los pasos del dictador. Tras huir de Nicaragua el 17 de julio de 1979, Somoza Debayle –quien se jactaba de comunicarse mejor en inglés que en español–, apenas tuvo tiempo para permanecer en Miami varias horas antes que el ex Presidente Jimmy Carter le hiciera saber que era non grato en ese país. Inició así un peregrinaje que lo llevó a Panamá y finalmente a Paraguay, donde el dictador Alfredo Stroessner le ofreció asilo político. SOMOZA CAMBIO DE DOMICILIO Según el relato que los guerrilleros hicieron a Flakoll y Alegría, el “Capitán Santiago” estableció las máximas de la operación: “entrar sin levantar sospechas”, “hacer el trabajo sin que te agarren” y “salir sin dejar huella”. Las dos últimas no le fue posible cumplirlas. “Ramón”, seudónimo de Enrique Gorriarán Merlo, decidió que los integrantes del comando serían además de él: Julia, Santiago, Susana, Armando y Ana. Julia estaba embarazada de Ramón y así formó parte de la operación. Osvaldo era el séptimo miembro del grupo. Se dedicaron a obtener documentación falsa que les permitiera entrar a Paraguay sin levantar sospechas, introducir las armas necesarias para la operación y a especializarse en técnicas conspirativas. (Aprender a arreglar encuentros clandestinos, pasar información y órdenes bajo secreto, detectar la vigilancia y escaparse de ella sin levantar la más mínima sospecha, entre otras técnicas). Establecieron Colombia como centro de entrenamiento, preparándose cada uno de ellos en el uso de la bazuka. De inmediato, procedieron a localizar a Somoza en el Paraguay. Averiguaron en recortes periodísticos de la época que “Somoza vivía en la Avenida Marisca López en Asunción y que cada vez que aparecía en la ciudad en un limosina con chofer, lo acompañaba invariablemente un Ford Falcon rojo con cuatro guardaespaldas adentro”. Sin embargo, después confirmaron que Somoza había cambiado de domicilio. Decidieron llamar “Eduardo” a Somoza, después que Susana y Francisco dieran –tras seis días de exploración–, con la casa del dictador en Asunción, capital del Paraguay. Después que reubicaron la residencia de Somoza en la Avenida España, para los primeros días de julio de 1980, habían logrado establecer un sistema de vigilancia de la residencia, anotar los datos de las matrículas de los vehículos que usaba Somoza y establecer el principal problema de la operación: Somoza tenía una rutina completamente irregular. COMPRAN KIOSKO DE REVISTAS PARA CHEQUEO Somoza, quien vivía entonces con su amante Dinorah Sampson, tenía a su disposición dos limosinas Mercedes Benz (una blanca y otra azul), un Falcon rojo (para sus guardaespaldas) y un Cherokee Chief, de uso general. Ramón narró a Alegría y Flakoll que la avenida donde vivía Somoza era muy transitada, no había puestos naturales de observación, por lo que los chequeos tuvieron que efectuarse desde un supermercado, dos estaciones de servicio y un recorrido a pie de diez cuadras y de 45 minutos de duración. Mientras los guerrilleros dirigidos por Ramón establecían el cerco de vigilancia alrededor de Somoza, otro grupo integrado por los guerrilleros Pedro, Francisco y Osvaldo, se encargaban de trasladar el buzón de armas desde la frontera argentina, el cual después fue embuzonado en casas de seguridad utilizadas por los guerrilleros. El armamento para la operación incluía una bazuka, un M-16, un Ingram, entre otros, que supuestamente habían sido comprados por los guerrilleros en el mercado negro de armas del Paraguay y embuzonado cerca de la frontera del lado argentino. Después de cuarenta días de intentar ver a Somoza, Armando logra avistarlo casualmente el 22 de julio de 1980. Como se tenía problemas con el “chequeo del objetivo” Osvaldo ideó comprar un kiosco de venta de revistas a 250 metros de la casa de Somoza, desde donde se mejoró la observación. Allí, Osvaldo vendía revistas pornográficas a los policías con quienes hizo amistad sin que sospecharan de él en lo absoluto. Antes de que Armando viera a Somoza el 22 de julio, habían visto el Mercedes blanco de Somoza y el Falcon rojo de sus guardaespaldas en varios restaurantes de lujo en Asunción, por lo que estudiaron la posibilidad de efectuar el atentado en dichos lugares. También pensaron alquilar un camión para vender verduras sobre la Avenida España y esconder en el mismo las armas hasta que apareciera el dictador. Sin embargo, posteriormente descubrieron una entrada trasera a la casa de Somoza por donde también salía su caravana. Pero el 21 de agosto de 1980, Osvaldo no volvió a ver salir a Somoza de su casa desde su puesto de observación en el kiosco de revistas. EN LAS NARICES DEL EJERCITO PARAGUAYO Cuando el grupo de guerrilleros se dio cuenta que los movimientos de Somoza eran caprichosos por completo, descubrieron que uno de los pocos movimientos previsibles era que “siempre salía de su casa en el Mercedes Benz, continuaba recto por la Avenida España, en vez de doblar a un lado o al otro, en la intersección donde estaban los semáforos”, narraron los guerrilleros a Alegría y Flakoll. Luego averiguaron que dos de las casas ubicadas sobre la Avenida estaban en alquiler y rentaron una de ellas con la estratagema de que era para Julio Iglesias, quien en su último disco había dedicado tres canciones al Paraguay. De ese modo habían logrado establecer una base operativa sobre la ruta del dictador, rentada por tres meses a $4,500 dólares. Pero la Avenida España era un nido de víboras, según explicó Ramón a Claribel Alegría y Bud Flakoll: “A 400 metros estaba el Estado Mayor del Ejército, a 300 metros la Embajada Norteamericana. Enfrente de la casa de Stroessner había una custodia de seguridad permanente. Tuvimos que cuidar mucho de cada uno de nuestros movimientos para no despertar la más mínima sospecha”. SOMOZA REAPARECE EN ASUNCION Después de 21 días de ausencia, Somoza reapareció en su Mercedes Benz azul, escoltado una vez más por el Falcon rojo. Era el 10 de septiembre de 1980. Los guerrilleros entonces decidieron los últimos detalles: compraron una camioneta Chevrolet para la retirada –la cual no encendía bien cuando estaba fría–, que permitía tener un amplio campo de fuego para quien iría en la tina. Y para la mañana del 15 de septiembre, cada uno de los guerrilleros estaba listo con sus respectivas armas: Armando con un Fal; Ramón con un rifle M-16 y 30 balas en el cargador, más una pistola Browning 9 milímetros. El arma del Capitán Santiago era un RPG-2, la bazuka. Según relataron los guerrilleros al matrimonio Flakoll y Alegría, la señal de Osvaldo al ver la caravana de Somoza sería decir el color del auto en que vendría el dictador, vía walkie-talkie. Luego, cada uno de los guerrilleros tendrían que salir de la “Casa de Julio Iglesias” y apostarse en sus respectivos lugares en un lapso de veinte segundos. LLEGO LA "HORA CERO" El miércoles 17 de septiembre de 1980, después de arreglar el problema de comunicación de los walkie-talkie, ensayar la emboscada a Somoza y acordar encender la camioneta cada hora para que funcionara al momento del escape, los guerrilleros estaban en disposición de avanzar a sus posiciones en un lapso de trece segundos, desde el interior de la “casa de Julio Iglesias”. La “Hora Cero” llegó a las 10:35 de la mañana del 17 de septiembre de 1980, cuando Osvaldo divisó su caravana desde el kiosco de revistas y transmitió la señal convenida a los guerrilleros a través de los radio-comunicadores. — “¡Blanco! ¡Blanco!”, dijo. “Julio César Gallardo, antiguo chofer y guardaespaldas de Somoza, manejaba el Mercedes. Atrás, junto al ex dictador iba Joseph Bainitin, su asesor económico de nacionalidad norteamericana”, narran Alegría y Flakoll. De acuerdo al plan convenido, Ramón se apostó con su M-16 en el jardín de la “casa de Julio Iglesias”, mientras Armando salió con la camioneta Cherokee al borde de la acera para estar listo a interceptar la caravana de Somoza. El Mercedes Benz de Somoza estaba a unos cien metros detenido por el semáforo en rojo, detrás de unos seis vehículos. Cuando el semáforo dio luz verde, Armando calculó el tiempo para dejar pasar unos tres vehículos e interceptar el Mercedes, mientras Ramón esperaba para dar la señal de salir a Santiago con la bazuka. En ese momento, ya no había marcha atrás. FALLO PRIMER BAZUKAZO Armando irrumpió en la calle con la Cherokee haciendo frenar una Volkswagen Combi. “El Mercedes de Somoza frenó. Ramón escuchó un ruido detrás suyo, se volvió y vio a Santiago luchando con la bazuka. Pensó que se había deslizado, que se había caído; giró sobre sus talones, levantó el M-16 a la altura del hombro y empezó a disparar”, narran Alegría y Flakoll. El plan inicial señalaba que Santiago dispararía la bazuka primero por si el Mercedes era blindado, pero se le atoró el proyectil y Ramón tuvo que abrir fuego. Al fallar el primer tiro de la bazuka, Santiago se arrodilló, sacó el proyectil defectuoso y la volvió a cargar, se puso de pie, tomó puntería de nuevo, pero no disparó. Según el relato de Claribel Alegría y Bud Flakoll, después de la primer ráfaga de M-16, “la limosina de Somoza con el chofer ya muerto, se había ido a la deriva hacia la casa operativa, deteniéndose junto a la cuneta, frente a Ramón, quien metódicamente seguía disparándole al asiento trasero. La limosina no era blindada y cada uno de los tiros entró a través de los cristales rotos de la ventanilla de atrás. Ramón estaba tan cerca del Mercedes que un proyectil de bazuka en ese momento lo hubiera matado”. Según Ramón, en los siguientes instantes, la custodia de Somoza comenzó a disparar, hasta que le dio la señal a Santiago para que disparara la bazuka. “La explosión fue impresionante. (El techo y una puerta delantera del Mercedes volaron en pedazos) Pudimos ver el auto totalmente destrozado y la custodia escondida detrás de un murito de la casa de al lado. Ya no tiraban más”, recordó Ramón. Un testigo, el doctor Julio César Troche dijo minutos después al diario paraguayo ABC, que “escuchamos una fortísima explosión que hizo temblar toda nuestra casa y nosotros aún no queríamos mirar por el riesgo de ser alcanzados por una de las ráfagas que el sujeto enmascarado de la Chevrolet azul, a quien a cada momento se la caía la capucha, repartía a diestra y siniestra. Tras la explosión siguió nuevamente el tiroteo. Después vino el silencio”. El Mercedes Benz quedó destrozado, los trozos del cadáver del chofer de Somoza quedaron en el pavimento a treinta metros, mientras Somoza y Bainitin quedaron muertos en el asiento de atrás. Armando, Ramón, Osvaldo y Santiago, huyeron en la camioneta Chevrolet azul, pero a pocas cuadras tuvieron que abandonarla, pues no caminó más. Interceptaron un Mitsubishi-Lancer placas 61915 sobre la calle América, según relató su dueño Julio Eduardo Carbone, al ABC. La radio comenzó a dar la noticia: “Le dispararon una bomba a un Mercedes Blanco”. Quince minutos después estaba identificada la víctima: Anastasio Somoza Debayle. Mientras, los guerrilleros huían por rutas alternas. Todos, menos el Capitán Santiago. Fuente: www.pinoleros.comEl Ortiba

ENTREVISTA A GORRIARÁN MERLO

 Por Octavio Enríquez, El Nuevo Diario, 2002 El 12 de julio lo esperaba su familia aquí. Enrique Gorriarán Merlo, el jefe del comando que ajustició a Anastasio Somoza Debayle, abrazaría a su hija Cecilia y conocería al último de sus nietos. Pero no. La decisión del ministro de Gobernación, que impide su ingreso a Nicaragua, le parece una «venganza, una defensa de la memoria de Somoza», muerto el 17 de septiembre de 1980. Gorriarán concedió una entrevista a EL NUEVO DIARIO en días difíciles para él en Argentina y Nicaragua. Encuentros con amigos, entrevistas en medios de comunicación argentinos. Agitación. Y ahora surge, después de las declaraciones del ministro Urcuyo, abandonar la idea de venir a este país. «Está como reverdeciendo los hechos del pasado que nadie quiere repetir y toda la cuestión de Somoza que se me adjudica, que fue una acción contra el jefe de la contrarrevolución. No fue una acción por venganza, ni por delitos que habían cometido antes. Esos conflictos tanto en Nicaragua como en otras partes del mundo han sido superados. (La del ministro) es una actitud de venganza». Tampoco acepta el adjetivo de terrorista. La Dirección de Migración y Extranjería envió a las aerolíneas comerciales que operan acá la advertencia de que no lo dejaran subirse a ninguno de sus aviones. Las razones que adujeron fue de seguridad, pero Gorriarán Merlo dice que no es para nada terrorista, sino que parte de la resistencia que se opuso a las dictaduras en América Latina, entre ellas la dinastía de Somoza en Nicaragua. La última vez que vio a su hija Cecilia, que vive aquí, fue hace año y medio. Ella lo encontró en la cárcel con una barba de profeta. Estaba en un pabellón, al que fue confinado y al que le llamaban de aislamiento. Soledad. Tormento. Esos adjetivos los conocía mejor que cualquier otro. END.- ¿Qué planes tenía usted a su llegada a Nicaragua? «Mi plan era concurrir al acto del 19 de julio, porque hay relaciones históricas entre Nicaragua y Argentina. Rubén Darío estuvo aquí en el siglo XIX e hizo amistad con Lugones y hombres progresistas de la época. Hay solidaridad con Sandino cuando la invasión norteamericana. Tenemos una vinculación histórica, aparte del hecho de haber participado en la lucha de liberación de Nicaragua. El motivo mío era concurrir al acto, porque yo me siento sandinista». «Allá está mi hija, Cecilia, tengo tres nietos de los cuales al más pequeño no lo conozco. Lo intentaba conocer ahora. END.- Y ahora que el Gobierno ha decidido impedirle su entrada, ¿qué pasa por su mente? «Me duele. Hace ocho años estaba preso. Hace año y medio que no veo a mi hija Cecilia, a mis nietos y no conozco al tercer nieto. Para mí es motivo de dolor. END.- ¿Qué recuerda del último encuentro con su hija? «Esa fue la última vez que me vino a visitar, estaba solo, en un pabellón de aislamiento. El último día que vi a Cecilia vino con Camilo y Santiago, quienes son mis otros dos nietos. «Tenía la barba grande. Fue muy emotivo el encuentro, porque los dos sabíamos que íbamos a estar un tiempo impredecible sin vernos. Los dos teníamos la expectativa en el marco de la lucha contra la libertad que algún día se produjera, y habíamos tenido varias frustraciones y pensábamos que se podía prolongar más de lo que se prolongó. «Espero que la decisión del ministro se revierta. No sé si se puede hacer algo. Yo leí lo del señor Ministro y también lo del Embajador argentino». END.- Entonces leyó que no le dejan entrar por «terrorista»… «Yo soy como miles de latinoamericanos que se vieron agredidos en los tiempos de la doctrina de seguridad nacional con Somoza. Soy parte de la resistencia al autoritarismo de esa época. Todos confiamos que no va a retornar. Precisamente todos los que estuvimos involucrados en aquellos episodios, por propia voluntad- cierto-, seríamos quienes estaríamos más en desacuerdo con que vuelvan a haber dictaduras. Ha sido una vida tan traumática. «Si uno justifica el término de terrorista por haber usado la violencia en determinado momento, serían terroristas los partisanos italianos o Sandino cuando resistió a la intervención norteamericana. «Nosotros actuamos desde la defensa de nuestros derechos. Un revolucionario no sólo lucha por el hecho de llegar al poder. Fundamentalmente lucha por mantener la dignidad y no dejarse llevar. Yo lo he tratado de hacer toda mi vida. A Nicaragua yo la siento como mi país. Cada vez que llegaba, era como que llegaba a mi país». LA TABLADA END.- Cuéntenos qué pasó en La Tablada… «Había una conspiración militar que partía de un acuerdo entre el ex presidente Menem y un ex coronel, cuyo proyecto era desplazar al presidente Alfonsín en cualquier momento, reemplazarlo por el vicepresidente y en el marco de un proyecto, el coronel iba a quedar como jefe del Ejército. «Nosotros considerábamos que si bien no era un golpe tradicional, porque pensaban llamar a elecciones, seguro Menem las ganaba por el desprestigio del Gobierno saliente. No era un golpe al estilo tradicional, pero debilitaba las instituciones. «Nosotros optamos por actuar frente a la complicidad de algunos, la incompetencia del gobierno por resistir el golpe y por abotarlo en su nacimiento. En el año 83 cuando se recuperó la democracia, no pensábamos que se fuera a dar un golpe. Por un lado por el efecto sicológico que había tenido la guerra de Las Malvinas en los militares y porque la gente no quería dictaduras. END.-Pero entonces ¿qué pasó? «Sin embargo en 1987 empezaron las sublevaciones. La cuarta fue la tablada. Era un contexto acá que desde el seis de septiembre de 1930 hasta el tres de diciembre de 1990, fueron 60 años y dos meses donde hubo un intento de golpe de Estado, triunfante o no, cada dos años, y cuatro meses. Había una situación política convulsionada. END.-¿Cómo fue que lo capturaron en México durante octubre de 1995? «Yo estaba en México, pensaba ir a Nicaragua. La idea era tener solidaridad con los compañeros presos en ese momento, y que le hicieran tomar al gobierno una medida. Estaba a la espera de una reunión con dos diputados, noté seguimientos de policías mexicanos, pero confiado en la tradición de protección y no persecución de los mexicanos no le di importancia. «Me habían detectado y pensé que estaban controlando alguna actividad clandestina. Cuando me di cuenta que había argentinos siguiéndome, ya no tuve tiempo. Eso fue un acuerdo, me secuestraron el 28 de octubre al mediodía y me trasladaron el domingo 29 a un cuartel de Buenos Aires. «La acusación por la que me expulsaron de México era por portación de documentos falsos, la misma que tiene un argentino que han trasladado a España, Cavallo, al cual tuvieron dos años juzgándolo. Quiero decir que no hubo juicio de extradición, era una acción ilegal que solo se puede hacer en el marco de un acuerdo de dos presidentes Menem y Zedillo». END.- ¿Qué fue lo más duro de sus años de cárcel? «El aislamiento. No podía ver a los presos. Podía ver sólo a quienes me visitaban. El trato de ellos fue correcto, aunque hubo dos intentos de asesinato. El último, dicen, que estaba desequilibrado y no me terminó de matar porque se asustó. «Ahorita tengo una vida agitada, entre ver familiares, amigos, ingenieros, reestructurarnos para actuar políticamente. Anoche estuve hasta las 1 de la mañana en televisión de Canal Siete de Argentina. LO HAN TRATADO BIEN EN LA CALLE END.- ¿Cómo lo ha recibido la gente al salir? «Me tengo que cuidar, aunque la respuesta en la calle es mucho mejor, porque con tanta campaña de prensa al estilo del ministro nicaragüense, yo me imaginaba que tendría un problema. Fui al partido de River y Boca, donde debe haber habido 60 mil personas. Todos los que estaban alrededor mío me reconocieron. Hubo dos mujeres que me insultaron. Debían ser familiares de militares, pero los militares y policías me tratan respetuosamente. «Siempre puede haber alguien que puede intentar hacer una locura. Yo ando con cuidado, voy al teatro, al cine. Lógicamente ando acompañado con algunos compañeros». END.- ¿Por qué aún después de la prohibición del ministro quiere venir a Nicaragua? «La última vez que estuve fue en 1990. Me fui de Nicaragua el día que asumía Violeta Chamorro (25 de febrero de 1990). Volví, pero era cortito. Estaba cambiado lo que conocía. Ahora son más profundos los cambios. Lo sé porque han venido compañeros como Edwin Castro, Nelson Artola, Daniel (Ortega). Siempre he tenido una relación con Nicaragua. END.- ¿Le han contado de Arnoldo Alemán, entonces? «Sí no sólo me han contado, él estuvo acá con su amigo Menem. A ver cuál de los dos era más ladrón. No sé. Sería disputa pareja. ¡ja, ja, ja! COMO FUE EL AJUSTICIAMIENTO DE SOMOZA 1980. El taxista no la conocía, menos ella que era extranjera. Lo único que tenían en común ambos en Paraguay era la carrera. La joven buscaba una peluquería que estaba a media cuadra de donde vivía un tal Anastasio Somoza Debayle. La información serviría para algo más que para un corte de cabello…Paró en la delegación de la Policía. – ¿Alguien sabe dónde vive ese señor?, preguntó el taxista. Allí le dieron el punto exacto. Vivía en una urbanización donde cada residencia se alquilaba en más de 1 mil 500 dólares mensuales. «Vaya señor», le dijeron, «es zona exclusiva. Allí viven los más ricos». Es Asunción, Paraguay, la ciudad del relato. Con lo dicho por el oficial inició sin que lo supiera el ajusticiamiento de Somoza Debayle, quien moriría el 17 de septiembre, por una acción armada que dirigía Enrique Gorriarán Merlo. Es él quien cuenta esta historia, ahora que está libre tras ocho años de encierro en Argentina. Lo indultó el Presidente saliente, Eduardo Duhalde, el 25 de mayo. Hace dos semanas publicó sus memorias, unas 600 páginas de recuerdos, que lanzó al mundo la editorial Planeta. Somoza Debayle escapó hacia Miami, Florida, dos días antes de su caída del poder en Nicaragua el 19 de julio de 1979. En ese 19, que cumplirá 24 años en estos días, finalizó la dictadura que forjó el papá de Somoza Debayle, Anastasio Somoza García desde 1936. En Paraguay, adonde se estableció después de Miami, Somoza Debayle estaba bien custodiado. Era muy amigo del dictador Alfredo Stroesner. «La planificación fue minuciosa», dice Gorriarán vía telefónica. Seis meses en Paraguay haciendo contactos, viendo cómo llegar a la hora de la hora. Enrique Gorriarán estuvo cuatro meses y medio antes de septiembre de 1980, pero Hugo Irurzún (El Capitán Santiago), una de las siete personas que participaron en el ajusticiamiento, llegó seis meses antes. Fue uno de los primeros. Lo difícil, después de localizar la casa, fue alquilar un sitio que permitiera vigilarlo 24 horas. La casa estaba a unas cuatro cuadras. Cuatro varones y tres mujeres, entre ellas la del corte de pelo, trabajaban a la par de las manecillas del reloj. Hasta parecían que entraban en competencia. Gorriarán dice que fueron 10 «compañeros» los participantes en total y que se recuerde, entre ellos, estaba Roberto Sánchez, hermano de Aurora Sánchez «La Cachorra», Hugo Irurzún (El Capitán Santiago), y Claudia Lareu. El comando reclutó al dueño de un kiosco de venta de periódicos, dos cuadras antes de donde vivía Somoza Debayle. Fue desde la venta que avisaron el 17 de septiembre que venía. Venía en el vehículo de siempre, pero el chofer no era el mismo. «Teníamos que cuidarnos de la custodia que traía Somoza, cambiar el objetivo, y atacar el vehículo con un chofer que después supimos era de apellido Gallardo. Era la primera vez que mirábamos a ese chofer, porque el de siempre en esos días era un general suyo de apellido Genie (Samuel), que había sido jefe de la Seguridad de Somoza en Nicaragua». Los minutos se hicieron horas, dilatados como sólo ellos suelen serlo en momentos de tensión. El primer cohete de Iruzún, «capitán Santiago», estaba malo. Hubo que cambiarlo. Se hizo. El disparo de la bazuca fue certero. Ahí murió Somoza, mientras en Nicaragua se celebraba en las calles con el ánimo intacto de aquel 19 de julio, cuando el triunfo de la Revolución en la plaza que le pusieron ese nombre. Otros lloraron a Somoza. Los ánimos estaban al tenor del conflicto, pero fue la alegría de la gente la que dio ánimo a Gorriarán y sus compañeros cuando Paraguay cerró las fronteras, cuando empezaron a aparecer las fotos y retratos hablados de los implicados. Ni uno solo de los retratos era de ellos. «Era la época en que funcionaba el Plan Cóndor. Había mucha relación entre las dictaduras de Chile, Brasil, Paraguay y Argentina. Tenían un rápido intercambio de información, pero en este caso sacaron a alguien parecido a una compañera. Luego vivimos toda la tensión. Después cruzamos Argentina, otro Brasil. Yo fui a Costa Rica y después a Nicaragua. Nos dividimos y luego nos encontramos. No recuerdo cuánto gastamos en esa ocasión». Sí, fue como las películas de espías. Ofrecieron 50 mil dólares por ellos sin conocerlos. Sólo uno de ellos murió: Iruzún, quien como Gorriarán había colaborado en Nicaragua con el fin de la dictadura. Los lazos, ahora recuerda el segundo, eran fuertes. Históricos como le gusta decir. LA CONSPIRACION DE SOMOZA Pero el riesgo había sido tomado por una razón estratégica. No fue venganza. Somoza Debayle era el jefe de la contrarrevolución que amenazaba a los triunfantes sandinistas. Había más que odio en el dictador defenestrado. «Teníamos informaciones concretas. Somoza tenía arreglado con el jefe de la Policía de Honduras, un coronel Alvarez (Gustavo Alvarez Martínez), afín al somocismo, y con los militares argentinos, con los cuales, cuando se produce el ajusticiamiento, ya había un grupo de asesores argentinos en Honduras a través de un acuerdo entre los militares argentinos y él». Eran tiempos aquellos de dictadura en Argentina. Tiempos de Videla, de 30 mil desaparecidos y 500 niños robados, pero también era época en que los militares argentinos y Somoza creían que Estados Unidos había abandonado la lucha contra el comunismo. Ellos se planteaban, según Gorriarán, cómo reemplazarían la carencia. Pero nada de lo contado por Gorriarán hubiera sido un hecho, si Somoza no persistiera en su empeño por volver al poder. «Te juro que no fue venganza. Si Somoza, por ejemplo, no hubiese querido retomar el poder y hubiese, no sé, decidido irse a vivir a España. No hubiéramos hecho está acción. Por eso, insisto que fue en el contexto de la contrarrevolución. No es un atentado individual». 

Fuente: El Latinoamericano

 

REPORTAJE A ENRIQUE GORRIARÁN MERLO

 Por Hernán Brienza, 2002 Memorias del Fuego En la cárcel de Devoto, donde está detenido desde hace seis años, el fundador del ERP y del Movimiento Todos por la Patria revisa su pasado. Por primera vez admite su responsabilidad por las víctimas que produjo el asalto al cuartel de La Tablada. Dice que hoy no tomaría las armas y critica al gobierno de Duhalde. Defiende las asambleas barriales aunque ironiza sobre las reuniones dominicales de Parque Centenario. Propone, a la vez, un compromiso democrático que incluya a civiles y militares. Calvo, de canosa barba rala en forma de candado. Con ojos azules, cansados y penetrantes. Con arrugas y grietas en el rostro, con los brazos caídos al costado del cuerpo como vencido. Ésa es la primera imagen de este hombre que luego intentará mostrarse sereno y locuaz. Al llegar extiende su mano con excesiva timidez y baja apenas la mirada como apartando fantasmas. Sus manos parecen las de un viejo pianista que alguna vez supo interpretar la sinfonía del fuego y de la muerte. Enrique Gorriarán Merlo pertenece, con 60 años, a esa generación de señores de la guerra que hoy parecen llamados a reposo. "Militante revolucionario" para unos, "extremista asesino" para otros, el ex líder del Ejército Revolucionario del Pueblo y del Movimiento Todos por la Patria es un total desconocido para la mayoría de los argentinos. Hoy, desde la cárcel de Villa Devoto, donde está alojado desde hace seis años por el copamiento del cuartel de La Tablada donde murieron al menos 40 personas, rompe el silencio. Y, en momentos en que se habla de un posible indulto para él y para Mohamed Alí Seineldín, hace un "llamado a la paz a todos los sectores que participaron de los desencuentros argentinos para salvar a la democracia"."De ánimo estoy bien", aclara por si acaso y dice que vive en una celda de cinco metros por cuatro. Cuenta que está aislado pero que recibe visitas a diario. "Leo mucho -desliza-; ahora estoy con La guerra del siglo XXI. Pero lo mejor que leí fue El fin del trabajo, de Jeremy Rifkin, y Hacia un mundo sin pobreza de Mohamad Yunnus." Herencia de su vieja militancia responde casi siempre en plural como si hablara en nombre de una comunidad. ¿Cómo está su salud? Se ha dicho que tiene una enfermedad grave. Yo me siento muy bien. Fui al hospital pero no me pudieron hacer la resonancia magnética. Los diarios hablan de leucemia o de un tumor. Pero leucemia no puede ser porque si no estaría blanco. Lo que t enía era una inflamación en la glándula suprarrenal izquierda. Pero después se aplacó. ¿Cree que le van a dar el indulto? No creemos en las versiones públicas porque ya escuchamos eso muchas veces. Me lo prometieron antes de detenerme en México; en el 97 cuando César Arias me lo ofreció a cambio de que yo mintiera diciendo que Raúl Alfonsín era un cómplice nuestro en el ataque a La Tablada. Después hicimos la huelga de hambre en el 2000. También lo prometió Rodríguez Saá. Y ahora, la última, hace un par de semanas. Lo tomamos con muy poca ansiedad. El MTP atacó La Tablada creyendo que así frustraría un supuesto levantamiento de Seineldín. Hoy los dos están presos y se habla de un indulto para ambos. Parece una ironía del destino, ¿no? Ésa es una decisión del gobierno. Puede ser una forma de mostrar que terminó una etapa. No creo que por parte del grupo de Seineldín hoy haya un intentode quebrar la democracia, sí desde otros sectores. Por eso queremos hacer un llamado a la paz. Vemos un rompimiento de la relación entre las instituciones del Estado, los partidos políticos y la población; un gran avance de la marginación social, y sufrimos amenazas constantes de posibilidades de golpes de Estado o procesos autoritarios. Los problemas argentinos se deben resolver con más democracia contemplando los intereses de las mayorías. Hacerlo desde el autoritarismo sería favorecer los intereses de una pequeña elite. Por primera vez planteo públicamente la necesidad de que todas las fuerzas políticas que han estado involucradas con los desencuentros argentinos firmen un compromiso de vigencia democrática, de dirimir cualquier diferencia por esa vía. ¿De qué sectores está hablando? De todos. Incluidos el radicalismo y el justicialismo. No olvidemos que durante la dictadura el 90 por ciento de las intendencias estuvieron ocupadas por civiles. ¿También con los militares? Por supuesto, con Seineldín, con todos los que han estado involucrados en el pasado, como Brinzoni, el actual jefe del Ejército. Porque acá se habla de un enfrentamiento entre guerrilleros y militares como si todos hubieran estado mirando. Y no fue así. Nadie ignoraba lo que pasaba. Lo de ahora no tiene nada que ver con los setenta sino que es una violencia anárquica; en los setenta había dos o más proyectos políticos enfrentados y no supimos dirimirlos en forma democrática. Y por eso utilizamos la violencia. La que vemos ahora es producto de la marginación y es contra todos. Esto significa una revisión de la historia. ¿Hizo una autocrítica? No se trata de una revisión. Los militares dicen que se vieron obligados a actuar por la presencia de la guerrilla. Pero no es así, porque los golpes de Estado fueron anteriores a la guerrilla. Los métodos tampoco fueron los mismos: las desapariciones, los fusilamientos de prisioneros, la tortura en todas sus variantes y el robo de niños es algo que ni Hitler se animó a hacer. La guerrilla nunca cometió esos actos. Pero el ERP continuó la violencia durante el gobierno democrático entre el 73 y el 76… Fue un error continuar con la lucha armada, sobre todo durante el gobierno de Cámpora. Pero tampoco se puede llamar democrático a un gobierno que en dos años y nueve meses provoca 900 desaparecidos y 1.500 crímenes. Había sido elegido pero tenía un carácter contrainsurgente que guardaba la forma más gruesa de la democracia pero actuaba como dictadura. Cuando Cámpora ofrece una tregua el ERP larga una carta donde decimos que aceptamos no atacar al gobierno y al Ministerio del Interior pero íbamos a continuar contra las FF.AA. Nosotros evaluamos al Devotazo como un gesto de Cámpora y le correspondimos con la liberación de un comandante de Gendarmería y un almirante que teníamos secuestrados. Y comenzamos a discutir en el buró político la posibilidad de cambiar nuestra postura y aceptar la tregua. Íbamos a definirla el 30 de junio y en el medio se produce Ezeiza. A los Montoneros, que eran peronistas, les tiraban con todo; si nosotros nos asomábamos desaparecíamos. No obstante teníamos la suficiente fuerza para mantener una semiclandestinidad y aguantar al menos hasta la muerte de Perón. Y eso hubiera evidenciado con más claridad que los ataques de la Triple A no eran en respuesta a la guerrilla sino un proyecto de poder propio. Eso hubiera sido muy bueno políticamente para nosotros. AYER Y MAÑANA Iniciada el 18 de octubre de 1941, en San Nicolás, la vida de Gorriarán Merlo estuvo siempre signada por la militancia y por la violencia. En 1970 fundó el ERP junto a Roberto Santucho. Después vendrían su detención y posterior fuga del penal de Rawson, el ataque al cuartel de Azul en 1974 y los combates en la selva tucumana. Con la dictadura llegó el exilio y el enrolamiento en el ejército sandinista con el que llegó al poder y trabajó en inteligencia bajo las órdenes de dos "duros" de la revolución: Lenín de la Cerna y el ministro del Interior Tomás Borge. Un año después del triunfo de la revolución, en 1980, participó del grupo que dio muerte a Somoza en Asunción del Paraguay. Oscilando entre la Buenos Aires de la primavera democrática y la húmeda y tortuosa Managua, Gorriarán fundó el MTP en 1985. Cuatro años después dirigió el ataque al cuartel de La Tablada. Finalmente, en 1995, cayó detenido en México. Desde ese momento está preso en Devoto. De él dicen sus ex compañeros del ERP que "era más operativo que político". Arnol Kremer, quien supo llamarse Luis Mattini en tiempos de guerra, le recomendó alguna vez el "suicidio por el desastre de La Tabalda". Y el hermano de Santucho dijo: "Roberto era un ideólogo, un patriota que recurrió a las armas por las circunstancias. No era un hombre violento; en cambio Gorriarán, sí". El aludido cierra los ojos y entrecruza las manos como si rezara. "Ahora quiero pensar en el futuro", dice. ¿Hay futuro? No vislumbro ningún proyecto que nos permita tener esperanzas. Para que eso suceda debería formarse otro movimiento político adaptado a la época. ¿En qué cambia su planteo respecto del que hacía en los setenta?En aquel tiempo se trataba de suplantar al capitalismo por el socialismo. Eso estaba enmarcado dentro de la Guerra Fría entre dos sistemas. En cambio hoy… No me diga que se hizo capitalista. No, pero las condiciones son diferentes. En aquella época había sistemas para optar. Si la Ford se quería ir del país uno traía una fábrica de Checoslovaquia y solucionaba el problema. Hoy la amenaza de la Ford implica aumentar la desocupación porque no existe una alternativa tecnológica. Antes había una dictadura militar, uno la derrocaba con las armas y decía "desde hoy este país es socialista". Hoy hay que luchar por la igualdad social, pero exprimiendo al máximo las posibilidades. ¿Dentro del capitalismo? Hasta ahora no hay otro sistema. El reemplazo de un modelo por otro se da cuando el reemplazante es superior. Como en Rusia en 1917, que pasó de ser un país atrasado a convertirse en la segunda potencia mundial. Ahora, con el desarrollo de la tecnología, para que haya socialismo debería nacer en un país desarrollado. Pero eso no quita que se puede luchar por la justicia social. ¿Se sigue reivindicando marxista, entonces? Soy un admirador de Marx, pero decir que soy marxista es demasiado grandilocuente. No creo que los marxistas sean los únicos que pueden llevar adelante los cambios; pienso en la izquierda en relación con sus orígenes. Soy partidario de una izquierda estratégica y no dogmática. ¿Si sale en libertad participaría en las asambleas populares? Las asambleas patentizan un rechazo a los políticos que aún no estaba dicho. Tienen un contenido que no es de cambio sino de restitución. La sociedad quiere que le devuelvan algo de lo que perdió. Tienen un contenido justo pero no revolucionario. No quieren cambiar el sistema sino volver al que estaba. Creo que la consigna "que se vayan todos" sin opciones no tiene sentido. Los programas tampoco. Se ve que hay agrupaciones de izquierda que le hacen votar cosas a la gente. El otro día vi un programa de la asamblea de Parque Centenario que era más radical que el que nosotros teníamos en los setenta con los Montoneros y los diez mil hombres armados que teníamos. Viendo esas proclamas hasta Fidel Castro renunciaría asustado. No se puede convertir a la población en una Cámara de Diputados permanente; hay que institucionalizar la participación a través de una reforma constitucional. Si un partido promete una cosa y no la cumple se lo debe poder echar de inmediato. Es necesario un cambio que reemplace la democracia representativa por la participativa. La representación mostró sus defectos recién ahora; nunca tuvimos 20 años seguidos para comprobar que los políticos prometen una cosa y hacen otra y que no tenemos cómo contrarrestarlo. No se trata de cambiarlos por hombres dece ntes sino de modificar un sistema que está hecho para robar por uno que impida hacerlo. ¿Qué opina del gobierno de Duhalde? Veo que carece de un plan social y de una política económica. Se palpa en la negociación con el FMI. Está a la expectativa de lo que supuestamente va a dar el Fondo. Pero creo que no van a conseguir nada. No hay un plan estratégico de industrialización. DIOS Y LA MUERTE Gorriarán ¿cómo es matar? (Responde rápido, casi por reflejo y encogiendo los hombros) No tengo la menor idea; yo participé en combates y solo estuve directamente en lo de Somoza. Estaba en el grupo pero el que culminó la acción fue Santiago que tenía una bazooka. Pero lo de Somoza no es una acción de venganza, como siempre se dijo, sino una emboscada al jefe de la contrarrevolución en el marco de una guerra. Si Somoza se hubiera quedado en una playa de Miami hoy estaría vivo. Muchos dicen que usted era un fierrero más que un cuadro político. ¿Admite esa visión? No soy un fierrero como dicen muchos, no creo en los grados militares, creo en la consecuencia de una persona. Ni siquiera un revolucionario, para no poner algo inalcanzable, sino una persona honesta que tiene que fijar sus valores todos los días, todas las semanas, todos los años. Conocí a grandes revolucionarios como Santucho, Sendic y Carlos Fonseca, pero también al salvadoreño Carpio y a Edén Pastora, que se dieron vuelta. Para mí el valor fundamental es la persistencia. A mí me ponen como paradigma del guerrillero armado, pero en el ERP estuve hasta el 74 en el sector operativo y en Tucumán, por ejemplo, fui enlace entre la guerrilla y las organizaciones de masas. Ésa es una imagen que no es objetiva. Participé en la guerra de Nicaragua, pero no es lo principal. La cárcel suele volver místicos a los condenados, no se habrá hecho creyente, ¿no? (Se ríe, con vergüenza y dice entrecortado) Místico no… pero con respecto a eso… siempre pienso… es una cosa íntima. (Se repone) Si digo que creo en Dios me van a tratar de oportunista porque me hago católico ahora y si digo que no creo, van a decir "mirá este ateo". He leído la Biblia, pero mejor me callo. "La responsabilidad por La Tablada es mía" En el único momento de la entrevista en que Enrique Gorriarán Merlo pareció quebrarse o ensombrecerse fue cuando se habló de La Tablada. ¿Reconoce que el ataque fue un error? No puedo responder a eso en dos minutos; además, el balance lo tendríamos que hacer juntos todos los que participamos. La decisión que tomamos fue producto de que a partir de Semana Santa del 87 el gobierno cede a las presiones de los carapintadas creyendo que de esa forma evita el golpe de Estado. Al mismo tiempo Menem se alía directamente con el sector golpista. Creimos ver el peligro de una reiteración de la dictadura. No queríamos reimplantar la guerrilla sino parar un golpe de Estado. Y no pensábamos que íbamos a tener un saldo de víctimas tan doloroso. ¿Fue una trampa del gobierno de Alfonsín? De ninguna manera. Tampoco estábamos infiltrados. Las causas de las bajas y de que no pudiéramos tomar el cuartel fueron dos: primero, que un grupo de compañeros que debía tomar el depósito donde estaban los tanques que usaron los militares se demoró en un enfrentamiento previo en la Compañía B del Batallón de blindados; y cuando los pibes llegaron al lugar los militares ya estaban acantonados. Y la segunda causa fue por indisciplina, pero como fue heroica es irreprochable. Un grupo, al enterarse que otros compañeros estaban en la Compañía B del Regimiento de Infantería rodeados de militares, eligió, en vez de irse, tratar de rescatarlos y también quedaron encerrados. Y lo mismo ocurrió con los compañeros de la Guardia de prevención que, en vez de retirarse se quedaron hasta la una de la tarde, cuando recién los militares rodearon con 3.600 hombres el lugar y la salida se hizo imposible. En Monte Chingolo, por ejemplo, donde sí estábamos infiltrados por un hombre del Ejército de apellido Ranier, en diez minutos llegaron los tanques. En cambio en La Tablada tardaron seis horas y no llegaron antes porque estaban convencidos de que era un golpe carapintada; por eso demoraban el arribo. ¿No cree que el ataque perjudicó las posibilidades de la izquierda en los años noventa? Eso es apenas una excusa. No fue un beneficio, está claro; pero si uno ve las estadísticas, la elección en la que más votos sacó la izquierda fue tres meses después del asalto a La Tablada, en los comicios de mayo del 89. ¿Se siente responsable por las víctimas? Claro que sí y siento un gran dolor por los familiares. La responsabilidad principal la tengo yo porque era el líder del grupo. Pero yo no los llevé engañados; decir eso sería una falta de respeto a la inteligencia de los compañeros. Cuando decidimos llevar a cabo la acción se explicó todo. Pero también hay que tener en cuenta que allí se utilizaron todas las técnicas del terrorismo de Estado por parte del Ejército. Tuvimos 11 compañeros asesinados después de ser detenidos, 3 desaparecidos y 5 cadáveres sin identificar por el destrozo de los cuerpos. El teniente coronel Jorge Barando, por ejemplo, es el responsable de la desaparición y asesinato de Iván Ruiz y de José Díaz. Hay una secuencia de fotos donde se los ve caminando y después caen. No obstante en el juicio dijo que se los entregó a un tal Esquivel, quien aparece muerto, y dice: "Seguramente estos dos chicos lo mataron y se escaparon". Luego pudimos identificar el cuerpo de Iván Ruiz. O sea que Barando mintió. Y es más, siguió haciendo de las suyas ya que es el jefe de custodios del Banco HSBC y uno de los que aparecen en el video tirando a los manifestantes. Está sospechado de haber matado a uno de los muchachos el 20 de diciembre pasado. Tiene una línea consecuente el hombre. Adiós a las armas ¿Cómo era tener 30 años en los setenta? Era una época distinta. Cuando yo tenía 13 años bombardearon la Plaza de Mayo; a los 15 se produjeron los fusilamientos de José León Suárez, a los 20 lo voltearon a Frondizi, a los 24 a Illia. Yo voté una sola vez en mi vida y fue en las elecciones del 63. Fui clandestino durante treinta años, desde marzo del 70 hasta hoy. Viví entre la clandestinidad y la cárcel. Es algo diferente. En el caso de ustedes es mucho mejor. ¿Cómo lo marcó la clandestinidad? Todavía no lo sé; si salgo se lo cuento. Estoy habituado a esa forma de vida como si fuera normal, siempre tomando recaudos. Siempre trabajé de prófugo; tenía que levantarme todas las mañanas y pensar a qué café iba, qué camino tomaba; todo eso se transforma en un hábito. A los policías de México , por ejemplo, los detecto porque estaba preparado para eso. Yo voy dos veces a un lugar y sin fijarme me doy cuenta si hay algún cambio. Por eso me gustaría poder volver a la legalidad, para ver cómo es. ¿Volvería a tomar las armas? No, hoy no lo haría. Creo que después de la experiencia que se dio en América Latina, deberíamos dedicar nuestras vidas para evitar que se repita otro enfrentamiento de tipo guerra civil como el que se produjo. Las circunstancias han cambiado. La violencia armada surge por los golpes militares que se suceden cada dos años y cuatro meses, y por la Doctrina de la Seguridad Nacional que les dio sustento teórico a las dictaduras. La lucha armada es una reacción. Por eso hacemos este planteo de llamado a la democracia. Porque todavía estamos a tiempo de frenarlo. Cuando se produjo La Tablada ya se habían registrado los levantamientos de Semana Santa y Villa Martelli. Hoy todavía no sucedió nada. Los militares tienen la misma experiencia que nosotros y no creo que quieran repetir la historia. Fuente: Revista 3 Puntos, 18/04/02 

GORRIARÁN MERLO PASÓ POR ROSARIO PARA PEDIR DISCULPAS POR UN SECUESTROEL EX GUERRILLERO SE REUNIÓ EN ROSARIO CON FAMILIARES DEL FALLECIDO CÓNSUL INGLÉS.


Stanley Sylvester había sido secuestrado en mayo de 1971. La Capital fue testigo de un diálogo sin odios
 Daniel Leñini / La Capital, noviembre de 2003 El portón de hierro es el mismo y la vereda donde quedó el Peugeot 404 en marcha también. La numeración ha cambiado pero el pilar aún conserva los apliques del 8555 que regía entonces, año 1971. Mayo, para más datos. Hoy es el 8455 de bulevar Argentino, en el corazón de un Fisherton más coqueto y tal vez más custodiado. Juan Sylvester, aquel que encontró el Peugeot en marcha y de inmediato sintió el presagio de lo ocurrido, abre el portón del chalé e invita al patio. Saluda y habla unos minutos, antes de sentarse con su visitante: Enrique Gorriarán Merlo, cabecilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que aquel ya lejano mes de mayo del 71 secuestró a su padre, Stanley Sylvester, apenas detuvo el automóvil y caminaba para cerrar el portón. Stanley falleció hace 20 días, a los 91 años. Cuando lo secuestraron, con 59 y a un año de jubilarse, era gerente general del frigorífico Swift -al que había ingresado tres décadas antes como mensajero de oficina- y a la vez cónsul de Inglaterra en Rosario. Fue el primer secuestrado por el ERP (que comandaba a nivel nacional el temible y recordado Mario Roberto Santucho), que lo mantuvo en cautiverio siete días en el sótano de una vivienda del barrio Acíndar, al sur de la ciudad, y lo liberó una vez que el Swift accedió a "repartir víveres y útiles escolares en los barrios y a cambiar las condiciones de trabajo para los operarios de la planta", según recuerda Juan, su hijo. El nieto del secuestrado, Donald, completa la postal. Fue quien cuidó a su abuelo hasta sus últimos días y el primero que supo de la voluntad de Gorriarán Merlo, hace unos meses tras salir de la cárcel, de saludar a quien había sido su víctima. El encuentro no se hizo pues la salud de Stanley no se lo permitía. Gorriarán Merlo, detenido desde 1995 hasta mayo pasado por el sangriento ataque a La Tablada y finalmente indultado por el ex presidente Eduardo Duhalde, recuerda que "cuando estaba en la cárcel pensaba en ver a Stanley por dos razones: por haber actuado con dignidad en el cautiverio y aclarado luego, siempre, que se lo trató bien. Al venir a presentar hace unos meses el libro (se refiere a sus "Memorias") le hice llegar la invitación y le mandé un ejemplar con una dedicatoria. Finalmente me encontré con sus descendientes, quienes me dijeron que estaba muy delicado. Ahí empezamos a hablar. Yo estaba muy tenso y quise expresarles que utilizamos el método de los secuestros, que sabíamos desagradable, para financiarnos o para lograr reivindicaciones. pero también que éramos conscientes de la incertidumbre que significaba para el detenido y sus familiares". "Siempre sentí ganas de hablar con Stanley para pedirle perdón, disculparme, por la situación que le hicimos vivir. Es la primera vez que puedo encontrarme con los familiares de un secuestrado. Salí hace cinco meses", admite Gorriarán. Juan Sylvester interviene y dice: "Si fuera un hijo del general (Pedro Eugenio) Aramburu probablemente no hablaría. Pero este caso es distinto. Prácticamente no hubo secuelas y no lo calificaría como un secuestro extorsivo por dinero sino propagandístico; el ERP quería propaganda. No puedo decir que tenga rencor o bronca. No conozco a otros integrantes del ERP más que a Enrique, y si bien no comparto la ideología debo pensar que lo hicieron por una causa. Por eso puedo charlar con él. Esto pasó en el 71 y en el 2003 es historia. En el 71 no hubiese dialogado, ahora sí". Un domingo fácilLuego de haber logrado romper el hielo, las anécdotas se fueron desgranando. Gorriarán reveló que los dos militantes del ERP que secuestraron a Sylvester, Osvaldo De Benedetti y Jorge Molina ("encarcelados y asesinados por el Ejército tiempo después"), en realidad no tenían orden de realizar el rapto, sólo debían "observar", pero que decidieron hacerlo porque ese domingo se les presentó fácil. "Yo era el que decidía cuando se hacía el secuestro, pero resulta que me enteré por los diarios", sorprende Gorriarán. Luego revela otro hecho asombroso, sobre todo por la militarización que en aquel momento vivía Rosario. Contó que una vecina de la casa en cuyo sótano permanecía retenido Stanley, mientras colgaba la ropa, "le gritó a De Benedetti, que andaba por ahí: «Che, suelten a Sylvester»", y que éste, muy sorprendido, sólo atinó a retrucarle: "No lo vamos a liberar jamás". "Después nos tuvimos que poner a debatir qué era lo que podía saber esta mujer", se ríe hoy Gorriarán. Cuando pregunta si alguien vio la casa, la escueta respuesta de Juan Sylvester interrumpió por un momento el clima de diálogo: "Yo sí, me llevó Feced". A la mención del jefe de policía que comandó la represión ilegal y ordenaba las torturas en Rosario le siguió un incómodo silencio. En tren de hacer historia, sus interlocutores le señalan luego a Gorriarán que posteriores secuestros del ERP no terminaron bien, o mucho peor, como el de Oberdan Salustro, presidente de la Fiat; o el del coronel Argentino Larrabure, en Villa María, ya que ambos fueron muertos. "En el caso de Salustro hubo un problema grave cuando los custodios sufrieron un enfrentamiento con la policía, y él murió por una bala del tiroteo", explica el ex guerrillero. "En el caso de Larrabure -continúa-, el oficial arrastraba una condición física preocupante y se suicidó. Con eso no quiero justificar la acción, aclaro. Pero en un operativo que me tocó actuar directamente, el de Alfred Laun (diplomático cultural de los Estados Unidos, secuestrado en abril de 1974), como resultó herido, lo liberamos enseguida". Luego de afirmar que en aquellos años "las organizaciones" reclutaban miles de jóvenes, y que en Rosario había un gran despliegue, Gorriarán recuerda sus días de rosarino: "Viví un tiempo en Italia y Catamarca, hasta que pasé a la clandestinidad en el 70. Trabajé dos años en el Swift, en la sección Picada de Novillo, donde ya se aplicaba lo que es hoy la generalizada flexibilización laboral. Es decir, me hacían un contrato por tres meses y cuando faltaba un día, me despedían, y al otro día me hacían otro contrato. El Swift, con 8.000 obreros, y el puerto eran los únicos lugares donde se hacía esto, hoy es general. Deberíamos recuperar las condiciones del 70. Medio en broma y medio en serio", chicanea. La charla se termina y Gorriarán y su mujer parten del chalé de Fisherton. La figura del fallecido Stanley motivan las últimas palabras. Gorriarán, 62 años, y Juan Sylvester, 60, recuerdan que el día en que el gerente del Swift fue liberado la policía intentó tomar un pulóver que tenía por ahí. "No, que este me lo regalaron los muchachos (por sus secuestradores)", dicen que les advirtió a los oficiales. Uno de los pocos pasatiempos de Stanley era jugar ajedrez con sus captores. "Nos ganaba todos los partidos; era muy bueno", reconoce Gorriarán. "Pero el sótano era muy chico, no medía más que uno por dos", lo reprende Juan. "Sí, pero lo manteníamos siempre abierto -concede luego-. Salvo un día que Feced largó un rastrillo (allanamiento), y los policías revisaron las casas de enfrente". El ex líder guerrillero y el hijo y el nieto de una de las víctimas de los violentos 70 vuelven a saludarse. Al salir se advierte que un cartel, semiescondido entre los arbustos: informa que la casona está en venta. Stanley Sylvester murió hace 20 días, el 20 de octubre. Su hijo dice que ahora carece de sentido mantener el caserón. Fuente: La Capital, Rosario, 09/11/03

ENTREVISTA A ENRIQUE GORRIARÁN MERLO

 "El déficit de la resistencia argentina fue la incapacidad para unirse" En diálogo con El Eslabón, el ex líder guerrillero Enrique Gorriarán Merlo desentramó segmentos del horizonte político nacional. Desde el ERP hasta la actual gestión kirchnerista, el ex preso político no dejó tema sin analizar en esta extensa entrevista. Por Guillermo Griecco Se lo nota autocrítico, reflexivo. Habla con la mirada firme y justiciera de un revolucionario. Su relato por el pasado más reciente está cargado de datos significativos. El ex líder guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo, Enrique Gorriarán Merlo, es capaz de repasar los acontecimientos de un tramo efervescente de la historia argentina –del que fue reconocido y activo protagonista– con la misma urgencia con que se sucedieron.Sus sueños en la década del 70, su política, su lucha, las armas, sus errores y aciertos, el indulto que le permitió salir de la cárcel después de haber sido condenado a reclusión perpetua, el gobierno de Kirchner y sus propios proyectos políticos en la actualidad: de todo esto habla Gorriarán Merlo después de finalizar una de las tantas reuniones que mantiene con amigos y compañeros en su recorrida por distintos puntos del país, esta vez de paso por Rosario.– ¿Cómo fue transitar ese camino que llevó a un sector de la población a decidirse por la lucha armada como opción de resistencia?– En el caso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) fuimos adoptando los métodos de lucha que creíamos convenientes según cada momento. El primer acto político que realizó el PRT fue ir a elecciones legislativas en Tucumán en marzo de 1965. No sólo que fuimos a elecciones, sino que se ganó con el treinta y dos por ciento de los votos. Sacamos dos diputados nacionales: Benito Romano del peronismo revolucionario pero que trabajaba en alianza con nosotros y Simón Campos que era secretario general del Ingenio San Ramón en la localidad de Villa Quinteros y dirigente del PRT. Un senador provincial, Leandro Fote, que era secretario general del Ingenio San José y de la dirección del PRT. Nosotros luchábamos por la justicia social a través de las elecciones que era el método adoptado en la época. Después vino el golpe de Estado del año 66 y se terminaron las elecciones. A diputados y senadores los sacaron del Congreso, se prohibieron los partidos políticos, se intervinieron los sindicatos, las universidades. Poco después sucedió lo de "la noche de los bastones largos" lo que implicó el exilio de científicos y profesores que hasta el día de hoy se siente esa ausencia. El método de lucha que utilizamos fue promover la movilización popular a los efectos de recuperar las libertades perdidas. Pero a esas movilizaciones la dictadura respondía con la prisión, con la tortura y con el asesinato. Al mes de implantada la dictadura fue asesinado Santiago Pampillón en Córdoba. En enero del 67 en una movilización contra los cierres de Ingenios que había implementado la dictadura matan a Hilda Guerrero de Molina. A mediados del 69, cuando matan al estudiante Cabral en Corrientes, yo estaba en Rosario, donde se organizó una marcha en repudio al asesinato de Cabral y la respuesta fue el asesinato del estudiante Andrés Bello. Dos días después, organizamos una marcha de silencio para repudiar el asesinato de Bello y asesinan a Luis Blanco que tenía quince años. Una semana después viene el Cordobazo y en septiembre de ese año también se da el Rosariazo. Después, en marzo del 70, desaparece la primera persona que encabeza la lista de treinta mil desaparecidos en la Argentina, que es Alejandro Valdú.En julio del 70 formamos el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y decidimos resistir con la lucha armada pensando que no había otra opción.-¿Cómo era la relación con la población en ese momento? ¿Cómo se vivían los años previos a la llegada formal de la dictadura del 76?Siempre buscamos y en gran medida logramos la alianza con la población. Si no la guerrilla no hubiese podido resistir después de una lucha armada.Con respecto a la dictadura, hay un concepto que es fundamental, que está oculto intencionalmente: acá no hubo una dictadura, una democracia y otra dictadura. Acá hubo 18 años seguidos de terrorismo de Estado con distintas fachadas políticas. En el gobierno del 73 al 76 hubo sólo en Córdoba más desaparecidos que la dictadura anterior: 60 fueron los desaparecidos contra cincuenta y pico de la dictadura de Onganía. Y en total hubo 904 desaparecidos. El asesinato de prisioneros renació después de la masacre de Trelew con el gobierno de Lastiri en julio del 73 después de la caída de Cámpora. Hubo 2.500 asesinatos, siempre en ascenso, incluyendo el gobierno de Perón. Por ejemplo, antes de Perón habían asesinado a cinco dirigentes sindicales y durante su gobierno de ocho meses asesinaron a diecisiete, todos combativos, del ERP o de la Juventud Peronista (JP). La triple A (Alianza Anticomunista Argentina, liderada por López Rega) ya había actuado en Ezeiza. El de Perón fue un gobierno que subió por un método democrático como eran las elecciones, pero gobernó con un método contrainsurgente que es el terrorismo de Estado. Es más, uno de los cuatro íconos del terrorismo de Estado que es el robo de chicos no empezó ni con la primera ni con la segunda dictadura, sino en octubre del 74. La primera desaparecida embarazada la secuestraron en Córdoba en marzo del 75.-¿Cuándo se enteran que el golpe militar es inminente y qué deciden hacer para contrarrestarlo? Y por otra parte ¿dónde estuvieron marcados los principales errores de estrategia política en lo que hace a la resistencia?Habíamos hecho varias propuestas de tregua en el 75. Estuvimos reunidos con Alfonsín, con Balbín, con varios diputados, con representantes de todos los partidos políticos. Nosotros ofrecimos una tregua, dejar la lucha armada a cambio de la formación de un frente contra el fascismo y contra cualquier intento de golpe de Estado, pero la propuesta no tuvo eco. No sólo eso, ya que a los tres días de la reunión con Balbín donde nos dijo que no aceptaba nuestra propuesta, largó la teoría de la guerrilla industrial que servía de justificativo para matar activistas sindicales. Todo ese proceso de terrorismo de Estado del 73 al 76 no fue sólo de un sector del peronismo. Por ejemplo, Kirchner no apoyaba el terrorismo de Estado pero sí hoy convive con las mismas personas del mismo partido que sí lo hacían. Por eso se discute recién ahora después de treinta años, porque hay una complicidad en ese sentido.Uno cuando analiza el golpe del 76 se encuentra con que el segundo de la Secretaría de Prensa de Videla era Ricardo Yofre, secretario y amigo personal de Balbín. El 52 por ciento de las intendencias durante la dictadura estaban manejadas por miembros de partidos políticos, en primer lugar del radicalismo y en segundo del peronismo. Quiero decir que ninguna dictadura puede ejercerse si no hay una complicidad civil, además del apoyo industrial. En la segunda dictadura se produce un punto de inflexión en el sentido social. Es decir, con el programa económico que anuncia Martínez de Hoz (ministro de Economía en la dictadura) el 2 de abril del 76 es donde comienza todo este proceso que culmina ahora con esta marginación social que conocemos, llevada al extremo durante el gobierno de Menem.Los gobiernos militares, no sólo en Argentina sino en toda América latina, respondían a la Doctrina de Seguridad Nacional que era una política impulsada por Estados Unidos que promovía las dictaduras militares en todo el continente con el supuesto objetivo, digamos, para que el continente no se hiciera comunista. A eso respondían las dictaduras militares, a políticas prefijadas y no a errores de nadie. No obstante eso, cometimos errores en la estrategia. En cuanto al PRT, los dos errores más importantes fueron: no haber aceptado la tregua de Cámpora. Nosotros cuando Cámpora nos ofrece la tregua largamos una carta pública, conocida como "Carta Cámpora", donde decíamos que aceptábamos por respeto al voto popular no atacar a la policía y a lo que dependiera del Ministerio de Gobierno, pero que sí íbamos a seguir atacando a las Fuerzas Armadas y a las empresas multinacionales que estaban agazapadas a la espera de una oportunidad para volver a golpear. Cuando Cámpora libera los presos políticos, el 25 de mayo, se hizo la movilización del devotazo que impulsamos nosotros y hubo participación masiva porque mucha gente de la plaza, del peronismo, fue a la movilización ya que había un gran sentimiento a favor de la libertad de los presos. Nosotros conversamos en la dirección del PRT responder al gesto de Cámpora con otro gesto que era aceptar la tregua. Cuando estábamos en esa discusión ocurrió la masacre de Ezeiza el 20 de junio. Nosotros íbamos a discutir el tema el 30 de junio en una reunión nacional y desistimos con un razonamiento que en aquella época se sintetizaba así: si a ellos que son peronistas les pasa eso, que pasará si nosotros salimos a la luz. Habíamos tomado previamente dos medidas indicativas: liberamos a un almirante y a un comandante de Gendarmería después que Cámpora liberó los presos. Estábamos en esa tesitura cuando pasó lo de Ezeiza y desistimos de continuar. Visto desde hoy, lo veo como un error. Primero que teníamos el suficiente aval de la población como para mantenernos en una situación de semiclandestinidad sin aparecer con mucha evidencia. Eso hubiese sido un gran acierto político porque hubiera permitido que la población identificara a la triple A como lo que era: una estrategia del poder del fascismo y no una organización de derecha que surgía para contrarrestar la guerrilla de izquierda. No obstante eso, fue la época que más crecimos: pasamos a tener de 400 militantes a más de cinco mil, del 73 al 75. Eso era porque había una efervescencia popular y también una voluntad en un amplio sector de la población de cambios políticos profundos. De la otra manera hubiésemos crecido mucho más quedando colocados políticamente en una situación más clara y mejor. La población cansada de la situación y confundida termina apoyando a la dictadura. Nosotros ahí cometemos una segunda equivocación de apreciación política. Con la llegada del golpe, evaluamos que eso iba a provocar una generalización de la resistencia contra la dictadura y no un repliegue de la población como ocurrió, entre otras cosas, debido a la confusión que había por el apoyo de sectores políticos a la dictadura. Ese fue un error doloroso para nosotros porque nos dejó en una lucha de aparato a aparato, es decir, sin el respaldo tan grande que habíamos tenido de la población. Y en una lucha de aparato a aparato teníamos todas las de sufrir bajas que fue finalmente lo que ocurrió.-¿Cómo era la relación con las demás resistencias armadas?Desde el principio hubo una voluntad común de todas las organizaciones de tratar de caminar hacia la unidad y eso tuvo expresiones importantes, por ejemplo, en la fuga de Trelew. Y digo hechos armados porque eran característicos de la época. La emboscada al general Sánchez quien era jefe del Segundo Cuerpo de Ejército, fue hecha por el ERP y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que después se unen a Montoneros. Hubo una serie de coordinaciones políticas comunes hasta el año 73. En ese año nos distanciamos de Montoneros, que junto al ERP eran las organizaciones armadas más numerosas. Esa relación se retomó a fines del 74 después de la muerte de Perón, en una reunión de la que participó Perdía por Montoneros y yo por el ERP. A partir de ahí se intentó la fusión a través de una organización llamada Organización para la Liberación Argentina (OLA) hasta que llegaron los grandes hechos represivos como la muerte de Roby (Mario Roberto Santucho, militante del ERP), el exilio de muchos Montoneros y la organización no se pudo concretar. Es más, creo que el déficit fundamental que tuvo la resistencia argentina fue la incapacidad para unirse. Cualquier proceso revolucionario de cambio requiere dos condiciones: una es la unidad de las fuerzas revolucionarias y la otra, la división de las élites dominantes. Esa situación sucedió en el país hasta el año 73 por eso cayó la primera dictadura. Después del 73 pasó lo inverso, nos dividimos nosotros y se unieron ellos. Montoneros apoyaba al gobierno y nosotros estábamos en contra.-Una vez instalada la dictadura militar, ¿qué decisión tomaron?Cuando nos damos cuenta de lo que pasaba, de las equivocaciones que habíamos cometido, se decide descentralizar la organización pero era demasiado tarde, ya habíamos recibido muchos golpes. Habíamos perdido el control de la seguridad y decidimos salir al exterior con el objetivo de organizar el retorno. Algunos de nosotros estuvimos en la revolución de Nicaragua y después volvimos.-¿En qué año retorna a la Argentina?Salí del país en el 76 y me fui a una reunión con unos compañeros cubanos en Checoslovaquia. Volví en enero del 77 y organizamos la salida de otros compañeros que estaban peligrando por su seguridad. Después volví en el 81, donde comenzamos a organizar una guerrilla con reconocimiento de terreno en el monte de Jujuy, con el objetivo de instalar un foco de resistencia a la dictadura. En el 82 cuando se da la derrota de Malvinas, desistimos de ese plan porque veíamos que se retornaba a la democracia. Ahí nos organizamos en un papel más político con el Movimiento Todos por la Patria (MTP) hasta que sucedió lo de La Tablada.– ¿Cómo los encuentra el retorno a la democracia en el 83?Nosotros no sólo hacíamos la guerrilla sino que también hacíamos actividad legal. Habíamos desarrollado, en Córdoba, en el 74, el movimiento sindical de base que juntó a 4.500 dirigentes y activistas. En Rosario, en el 74, pleno auge de las tres A, organizamos un congreso que reunió a treinta mil personas. Habíamos sacado el diario El Mundo que llegó a vender cien mil ejemplares semanales. Editábamos clandestinamente treinta mil ejemplares por quincena de La Estrella Roja y El Combatiente. Teníamos revistas provinciales, boletines fabriles y estudiantiles. En el 83 no pensábamos que la dictadura podría retornar. Hasta que llegó lo de Semana Santa y eso sí nos sorprendió, por eso concentramos toda la actividad en la faz política. Formamos el MTP, fundamos la revista Entre Todos, fuimos parte de la fundación y el desarrollo de Página/12, salvamos de la crisis a la editorial La Urraca a raíz de que me vinieron a ver Carlos Gabetta y Rodolfo Mattarolo, y pudimos gestionar con distintos conocidos que teníamos, que un empresario español invirtiera 500 mil dólares en La Urraca y así salvarla de la quiebra. Esas publicaciones tenían un papel importante en afirmar la democracia en aquel momento. Llegamos a participar en elecciones municipales con el MTP en distintos puntos del país. Nos sorprendió el levantamiento militar de Semana Santa y participamos de la movilización en Plaza de Mayo. Nos preocupó más cuando Alfonsín al otro día de terminado el conflicto mandó el proyecto de Ley de Obediencia Debida. A partir de Semana Santa se fueron desarrollando dos políticas que culminó en una tercera que aplicamos nosotros. Una fue la de el gobierno de Alfonsín que consistía en conceder a las presiones militares, no con una actitud pro golpista sino creyendo que de esa manera iba a evitar el golpe. Nosotros creíamos que eso alentaría nuevas sublevaciones para lograr más reivindicaciones. Estábamos en contra de la política de Alfonsín y nos preocupaba, pero creíamos que se podía contrarrestar con la movilización popular con el transcurrir del tiempo y llegar al juzgamiento de los delitos de lesa humanidad. Lo que verdaderamente nos preocupó fue la actitud de Menem por su alianza con Seineldín. Yo me entero de esto en un viaje a Cuba y Nicaragua de paso por Panamá, donde un grupo de oficiales de la guardia nacional de ese país, a quienes yo conocía de la revolución en Nicaragua, me cuentan con preocupación de las reuniones que Seineldín estaba manteniendo con dirigentes del menemismo donde estaban proyectando un golpe contra Alfonsín, el plan de reemplazarlo por el vicepresidente Víctor Martínez, el llamado a elecciones que ganaría Menem por desprestigio del gobierno y Seineldín quedaría en un alto cargo del ejército y así el ejército volvería a jugar un papel preponderante como uno de los factores de poder en la Argentina. Cuando vuelvo, solicitamos reuniones con el gobierno, nos reunimos en el local central de la Unión Cívica Radical con Nosiglia que era ministro del Interior y con Gil Lavedra que era viceministro. Le informamos todo eso y notamos impotencia por parte del gobierno. Si bien estaban convencidos de que podría suceder algo, no sabían qué hacer, pero sí estaban preocupados por la relación Menem-Seineldín. Cuando vimos que esa denuncia no tenía eco, denunciamos en septiembre del 88 la sublevación que se preparaba en Villa Martelli. Dos meses después se dio la sublevación y no pasó nada. En enero nos enteramos de la primera reunión a la que asistieron los dos, Menem y Seineldín, donde establecen el acuerdo de la destitución de Alfonsín. A su vez, nosotros teníamos reuniones con el peronismo y habíamos notado que el cafierismo no tenía una actitud proclive a apoyar el golpe sino más bien todo lo contrario, pero el menemismo en pleno estaba a favor. La respuesta común que obteníamos era que entre el ejército nacional y el liberal, ellos preferían el ejército nacional. A partir de ahí decidimos agrandar las denuncias. Presentamos la denuncia en la justicia con dos testigos de por qué iba a haber golpe, lógicamente nadie investigó nada. Entonces hacemos la denuncia pública de la reunión de Menem con Seineldín y en ese momento los dos la niegan. Para esto teníamos dos compañeros que participaban como infiltrados de las reuniones de los grupos de Seineldín. El conocimiento de los planes, teniendo un conocimiento profundo de la situación, nos decidió ir al cuartel militar de La Tablada. Nos decidió porque la alianza de Menem con Seineldín reeditaba las alianzas cívico-militares que habían sido el sustento de todos los golpes de Estado desde 1930 en adelante. Algunos de nosotros teníamos familiares desaparecidos, todos teníamos compañeros desaparecidos, todos habíamos sido alguna vez perseguidos, torturados y habíamos sufrido la presión, y no queríamos de ninguna manera retornar a eso por más que el golpe iba a ser un golpe institucional con Martínez como figura decorativa, similar a lo que fue Guido con respecto a Frondizi en el 62. Creíamos que iba a ser un gran retroceso para el proceso democrático porque volvería a colocar a los militares como un factor de poder después del rol que habían jugado en los últimos años.– ¿Dónde está hoy marcada la continuidad del golpe militar del 76 y cómo ve la política del actual gobierno?Principalmente en la economía. Es ese plan que Martínez de Hoz anunció en el año 76 que se profundizó con el advenimiento del neoliberalismo brutalmente aplicado en la época de Menem. Por ejemplo, si uno compara el número de establecimientos fabriles: en el 74, antes de la dictadura, eran 126 mil en el país y en el 94, a cuatro años de la llegada de Menem, eran 90 mil. El número de obreros ligados a esos centros industriales eran 1.500.000 en el 74 y un millón en el 94. A esto hay que sumarle que la población en esos veinte años pasó de 20 a 34 millones. Una catástrofe laboral y eso implica a su vez una catástrofe educacional, de seguridad, de dignidad. En cierta medida, hasta el día de hoy esto sigue vigente, independientemente de un gobierno que tiene un discurso confrontativo. El presupuesto de este año mantiene todos los planes sociales tal como estaban, no hay ninguna intención de una reactivación industrial que reemplace los planes por empleo. El presupuesto para la educación, para la ancianidad y para otros sectores sociales, aumentó un nueve por ciento con una inflación que se considera que va a llegar al diez por ciento, digamos, que es índice cero. En la negociación con el Fondo Monetario el año que viene el país tiene que pagar ocho mil millones de dólares y el tres por ciento del superávit primario presupuestado que llega a cuatro mil millones de dólares, es decir que el país se va a endeudar en cuatro mil millones, más la deuda vieja que hay que reestructurar. Para tener un panorama más definido de la dirección que va a tomar las faz económica habrá que esperar las negociaciones con el Fondo Monetario de este año, que son las cruciales a partir de junio y el proyecto de presupuesto para el 2005 para ver si se da algún cambio. Yo no quiero desalentar a nadie porque hay muchas expectativas, pero realmente creo que es difícil que haya un cambio en este sentido. En la faz política hay hechos positivos: la política de derechos humanos, tomar en serio la corrupción del menemismo, se respira un aire de mayor libertad política. Lo que pasa es que lo que define en última instancia siempre es lo económico, porque, es duro decirlo, pero de medidas políticas positivas la gente no come ni trabaja.– ¿Qué proyectos políticos tiene en la actualidad?Desde que salí de la cárcel en mayo del año pasado estoy hablando con la mayor cantidad de gente que puedo, recorro la mayor cantidad de poblaciones que puedo. No tuve reuniones con dirigentes políticos, salvo las necesarias por la cuestión del indulto. En mis recorridas me dediqué más a escuchar que a opinar. Como hecho preocupante, veo que la gente cree que es muy difícil cambiar esta situación. Es preocupante porque si uno cree que no lo puede cambiar es seguro que no lo cambia, sin embargo, si se busca la forma de cambiarlo, siempre hay un margen de posibilidad de lograrlo. Esta situación es producto del desbarajuste social implementado por la derecha más retrógrada, pero creo que no ha tenido el éxito que ellos pretendían.– ¿Cómo recibió el indulto que promovió el ex presidente Duhalde en el 2003?Puede ser que le haya sacado un peso de encima a Kirchner, de todas maneras son políticas de Estado. Creo que el indulto fue la reparación de una injusticia que se venía prolongando durante varios años. Los que deberían estar presos son los que cometieron delitos de lesa humanidad. Nosotros no torturamos sino que combatimos contra la tortura, no desaparecimos gente sino que combatimos contra los que desaparecían gente, no robamos niños sino que combatimos contra los que robaban niños cuyos padres eran nuestros compañeros. Incluso en esta circunstancia creo que el indulto a Seineldín está bien. Este Seineldín, si bien en el punto ideológico está en las antípodas mías, capaz que hablando está más distante él que estos violadores de lesa humanidad, sin embargo, Seineldín no está acusado de torturar gente ni nada de eso. Entonces, cuando una nación pasa a una situación de confrontación armada, como ocurrió acá y en otros lugares del mundo, después de eso tiene que recomponer la convivencia democrática y esa convivencia tiene que incluir a todos, también a los que se enfrentaron con las armas, excepto los que cometieron delitos de lesa humanidad, que son las personas que hay que aislar. Son delitos que no tienen nada que ver con la confrontación armada. Una guerra no se gana robando niños, ni desapareciendo gente, ni torturando a todo el mundo. El Eslabón – La Fogata – El Ortiba 

ALEGATO DE ENRIQUE GORRIARÁN MERLO ANTE LA CÁMARA DE SAN MARTÍN

2 de Julio de 1997 Indice 

DEL 28 DE JUNIO DE 1966 AL 25 DE MAYO DE 1973

 Cuando aún gobernaba el presidente Illia, Onganía ya resaltaba la teoría de las "fronteras ideológicas", que consideraba al enemigo interno como eje de la hipótesis de conflicto de las FF.AA.. Enemigo interno era, para Onganía, todo aquel que se propusiera impulsar cambios, al que sindicaba como "comunista". Apenas concretado el golpe contra Illia y la democracia, aquella concepción expresada por Onganía y que no era otra que la "Doctrina de Seguridad Nacional" que asoló a América Latina toda, comenzó a aplicarse. La prohibición de los partidos políticos y las intervenciones a sindicatos y universidades fueron su acto primero. En seguida la represión a las universidades, en lo que es conocido como la noche de "los bastones largos", y que consistió en apalear profesores y alumnos que planteaban la autonomía. Por esa reivindicación la dictadura los acusaba de querer crear "soviets" y, al igual que los señores fiscales en su acusación a la que me estoy refiriendo, de ser "subversivos". Esta acción de los golpistas, dio inicio a un proceso ininterrumpido hasta 1983, y aún hoy irresuelto: el éxodo de catedráticos y científicos. Y el hecho es de vital significación histórica,ya que su perduración en el tiempo se convirtió en la causa principal del progresivo retroceso de Argentina en cuanto a desarrollo cultural, científico y técnico. En el mismo año de su instalación la dictadura cobró su primer víctima mortal. Santiago Pampillón fue asesinado a balazos mientras participaba de una marcha pacífica de protesta estudiantil en Córdoba. Le siguió Hilda Guerrero de Molina que reclamaba, también pacíficamente y entre miles de personas, contra la desocupación que generaba el cierre de ingenios en Tucumán. Entre otros, los estudiantes Juan José Cabral en Corrientes, Adolfo Bello en Rosario y el metalúrgico Norberto Blanco también en Rosario, fueron engrosando la lista de asesinados. El gobierno militar avanzaba en su proyecto de entrega económica firmando convenios como el que obligaba, por ejemplo, a YPF, todavía en nuestras manos, a pagar compensaciones a empresas extranjeras por los contratos que había anulado Illia; con el argumento del déficit se planteó el achicamiento del Estado dejando en la calle a miles de empleados públicos; reformó la "ley de inversiones extranjeras" en favor de las multinacionales; y bajo la dirección de Krieger Vassena, ex funcionario de Aramburu y hombre de confianza del FMI, buscaba, con su apoyo, dar pasos en pro de una mayor concentración de la riqueza. Para ello utilizaba la única alternativa viable: reprimía con palos y muerte cualquier expresión opositora; que al ser mayoritaria no hubiese permitido democráticamente la consumación de esos objetivos económicos. Esa era la realidad cuando, desde el lado popular, comenzaron a surgir las primeras instancias de organización para resistir. En medio de huelgas gremiales y ante la traición de los sectores pro militares de la dirigencia sindical -llamados colaboracionistas en aquellos años- se conformó la CGT de los Argentinos. A ésta la impulsaron verdaderos representantes de los trabajadores como Raimundo Ongaro o Agustín Tosco, o el desaparecido dirigente de Farmacia Jorge Di Pasquale. Y ella se transformó en el punto de referencia y reunión de estudiantes, profesionales, artistas y todo opositor con disposición a luchar contra las autoridades de uniforme. Su periódico, dirigido por el revolucionario desaparecido Rodolfo Walsh, pasó a ser el vocero público y el articulador unitario de los planteos antidictatoriales. Nuestro compañero, hoy desaparecido, Quito Burgos escribía en esa publicación. El Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, se incorporó a la historia de este pueblo para siempre. Durante una marcha que era parte del paro activo convocado para aquel día por la CGT local, el trabajador del Sindicato de Mecánicos Máximo Mena es asesinado; y eso enciende la ira popular. En el relato de Agustín Tosco, el máximo líder de aquella gesta, las cosas ocurrieron así: "La situación era que la policía venía matando gente y no había defensa para ello. Entonces se decidió enfrentar a la policía, de manera que no pudiera seguir matando gente impunemente"… "los compañeros mecánicos tenían gomeras con tuercas, otros tenían bombas de estruendo y alguno, alguna que otra arma". Superada la policía, reprimió directamente el ejército; y aunque nunca se supo con certeza, oficialmente se dijo que hubo 14 muertos, 200 heridos y 2000 presos. Al día siguiente, mientras los dirigentes de Luz y Fuerza estaban en una reunión, la Gendarmería Nacional entró al sindicato a los tiros y los detuvo. Permanecieron varios meses en prisión; pero la resistencia a la dictadura había tomado otra dimensión y similares movilizaciones se expandieron por todo el país en los meses y años siguientes. Para esa época la tortura era inevitable para cualquier detenido; y el crimen contra opositores continuaba siendo una de las prácticas comunes implementada por los personeros del régimen. En marzo de 1970, cuatro meses antes de la fundación del ERP, al que yo pertenecía, la represión produjo el primer acto de lo que sería la forma represiva más espantosa del genocidio. Alejandro Baldú, detenido por la Policía Federal, pasó a ser desaparecido para siempre. Todavía gobernaba Onganía; y la decisión sobre al aplicación de la nefasta metodología había sido tomada por los altos mandos de las FF.AA.. A él, a Baldú, lo antecedió, en 1962, Felipe Vallese, aunque a diferencia de esta vez, el crimen de Felipe había sido igual por lo repugnante, pero excepcional. A finales del '70, en diciembre, desaparecieron el abogado de presos políticos Néstor Martins y su cliente Nildo Centeno. Desde principios del '71 les siguieron el matrimonio Verd y Juan Pablo Maestre y Mirta Misetich. A Juan Pablo lo abandonaron muerto en una calle; lo habían baleado y falleció cuando lo trasladaban. Mirta no volvió a aparecer. En setiembre desapareció el primer miembro del PRT-ERP, Luis Pujals; a finales del '71 los desaparecidos eran 17. El 22 de agosto de 1972, 11 militantes del PRT-ERP, 3 de las FAR y dos de Montoneros, fueron fusilados en la base naval Almirante Zar de Trelew, mientras se encontraban detenidos; se les aplicó la "Ley de Fuga" que, para quien no la conozca, consiste en asesinar prisioneros con la falsa excusa de que pretendieron escapar. La verdad completa sobre la forma en que se ejecutó aquel crimen, se pudo recomponer gracias a que tres de las víctimas, Alberto Camps, Ricardo Haidar y María Antonia Berger, sobrevivieron y relataron los pormenores de lo ocurrido aquella madrugada. Los tres sobrevivientes fueron más adelante, ya durante la dictadura última también ultimados. La masacre de Trelew se convirtió en el segundo acto de "Terrorismo de Estado" en la modalidad del asesinato de prisioneros, contando desde el golpe que en 1955 había derrocado a Perón; el primero, ordenado por el General Aramburu, ocurrió el 9 de junio de 1956 en los basurales de José León Suárez. La diferencia entre uno y otro es que mientras lo de José León Suárez fue una acción aislada, Trelew dio inicio a una práctica constante que, producto de una decisión política, no se detendría, como en el caso de las desapariciones, durante los 11 años subsiguientes. DEL 25 DE MAYO DE 1973 AL 24 DE MARZO DE 1976 El primer día de gobierno del presidente Cámpora, una gran movilización sobre la cárcel de Villa Devoto arrancó a los presos políticos. Pero en ella las balas policiales terminaron con la vida de dos manifestantes: Oscar Lisak de 16 años y Carlos Sfeir de 17. El 20 de junio, 25 días después, ante el retorno de Perón al país, en Ezeiza las AAA tirotearon y mataron a un número indeterminado de personas que marchaban encolumnadas tras las banderas de la resistencia. El 13 de julio renuncia el presidente Cámpora, quien es sustituido por Raúl Lastiri, yerno de López Rega; fundador junto al coronel Osinde y el Comisario Villar de las AAA. A cincuenta días de iniciado, había terminado el único período en que se puede decir que existió un verdadero intento democrático entre 1966 y 1983. Los grupos parapoliciales actuaron, desde entonces, avalados desde el poder más encumbrado. El 15 de julio fue asesinado en Córdoba, después de su detención, Eduardo Jiménez (militante del PRT-ERP). Y al mismo tiempo que se sucedían las ocupaciones de fábricas y edificios públicos por parte de trabajadores que, esperanzados, reclamaban reivindicaciones negadas durante la dictadura, aumentaba la frecuencia de los atentados contra activistas políticos o sectoriales identificados con el peronismo combativo o la izquierda. Los crímenes de las Tres A -asesinatos, secuestros, atentados-, que durante agosto y setiembre del '73 habían sido unos diez, fueron en aumento desde la asunción de Perón en octubre del mismo año; para alcanzar un promedio superior a los 30 mensuales, cuando falleció en julio del '74. Entre éstos, fueron asesinados 17 activistas sindicales. Del '46 al '55 el gobierno de Perón había contribuido al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo y a la organización del movimiento obrero. Después mantuvo una postura que atacaba la proscripción y el autoritarismo; e incluso había apoyado, o al menos se había negado a condenar, la resistencia armada que se desarrolló contra la dictadura. Pero su postura cambió desde su regreso aquel 20 de junio de 1973. Luego de aprobar la matanza de ese día, continuó aferrándose a las posturas y acciones de la derecha. El Comisario Villar, uno de los creadores de las AAA, fue nombrado jefe de la Policía Federal durante su mandato. Por otro lado, avaló los golpes de estado provinciales que destituyeron a gobernadores democráticos o progresistas en Buenos Aires, Córdoba, Salta, Santa Cruz y Formosa. Restituyó la legislación represiva que había sido derogada por Cámpora meses antes; y obligó a la renuncia de 8 diputados de la J.P. que se oponían a ello. Cuando, desde el periódico "La Calle", le pidieron que investigara el accionar de las Tres A, acusó a la publicación de "apología de la violencia" y terminó clausurándola. En mayo del '74, con Isabel en la presidencia, las AAA firmaron por primera vez un atentado: el que costó la vida al padre Carlos Mujica. Le siguieron Silvio Frondizi y su yerno; el diputado Rodolfo Ortega Peña, que el día anterior había pedido un informe sobre la matanza de seis prisioneros y que acababa de integrarse al PRT-ERP; Alfredo Curuchet defensor de presos políticos y abogado de sindicatos; Tito Pierini, dirigente del SUPE; Atilio López, ex vicegobernador de Córdoba derrocado por un golpe de derecha. Las mismas AAA volaron la casa del entonces rector de la Facultad de Bioquímica y Farmacia Raúl Laguzzi, dando muerte a su hijo de 5 meses de edad. Por el sólo hecho de ser parientes de revolucionarios, asesinaron en Tucumán al padre de Clarisa Lea Place y en Córdoba a la familia de Mariano Pujadas. Clarisa y Mariano habían sido dos de los masacrados en Trelew en 1972. En 1975, entre muchos, desaparecieron para siempre a Graciela del Valle Maorenzic, esposa de Antonio del Carmen Fernández, asesinado en 1974 después de detenido; y María de las Mercedes Gómez, embarazada de 7 meses, y esposa de uno de mis hoy abogados defensores, Carlos Orzoacoa. El entonces capitán Seineldín era quien oficiaba de coordinador entre el ejército y las huestes no militares de las AAA. Y el Teniente 1ª Héctor Vergés, el mismo que hoy vemos profusamente en los medios de comunicación masivos en el insólito papel de analista, comandó, en Córdoba, junto al ex jefe de investigaciones Telledín uno de los primeros comandos comunes. Este grupo fue el que en 1975 asesinó a Marcos Osatinsky durante un "traslado" ordenado por el entonces juez Zamboni Ledesma, quien autorizó alrededor de 20 operaciones del mismo tipo y que culminaron con idénticas consecuencias. Zamboni Ledesma hacía, hasta su fallecimiento, las veces de legalizador jurídico de los crímenes realizados por las AAA y planificados en el campo de exterminio de La Perla a instancias del "tercer cuerpo de ejército", comandado por el genocida General Benjamín Menéndez, quien, como todo asesino de uniforme, hoy goza de los beneficios de la libertad. El mismo "grupo de tareas" policial-militar es el que masacró a la familia Pujadas en la misma provincia. En octubre de 1974, las AAA, encabezadas por el célebre criminal García Rey, entonces jefe de policía de Córdoba, entraron a balazos a la sede sindical de Luz y Fuerza de esa ciudad, obligando a la clandestinidad de Agustín Tosco, quien murió en noviembre de 1975 producto de una enfermedad que, de haber estado en condiciones normales y haberse atendido a tiempo, quizás hubiese superado. Los sindicatos opositores eran asaltados e intervenidos; y sus dirigentes asesinados o desaparecidos como René Salamanca, Secretario General de SMATA Córdoba. La represión, desde el inicio, estaba dirigida tanto contra peronistas revolucionarios, como contra PRT-ERP u otras fuerzas de izquierda. Es decir contra todo aquel que proyectara un cambio, por la vía que fuera y desde la óptica política que sea. En el caso del PRT-ERP, no obstante la clandestinidad, de ninguna manera dejamos de lado el trabajo político y reivindicativo. Le dimos suma atención y en aquel tiempo fue cuando mayor desarrollo alcanzamos. Y esto se revela en el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo) que en aquellas condiciones llegó a nuclear alrededor de 25 mil dirigentes y activistas sectoriales (obreros, estudiantes, profesionales, indígenas, etc.) de todo el país en su encuentro realizado en Rosario en 1974; o en los eventos organizados por el MSB (Movimiento Sindical de Bases) donde, por ejemplo, en Córdoba en abril del '74, se reunieron 4500 delegados dirigentes de sindicatos, de comisiones internas o agrupaciones, y activistas de fábricas y otros centros de trabajo. Además, sacamos el diario "El Mundo", que llegó a distribuir 100 mil ejemplares; y quincenalmente, desde imprentas clandestinas y enterradas, publicábamos 20 mil periódicos "El Combatiente" del PRT y 30 mil "Estrella Roja" del ERP. Es de suponer que no podríamos haber hecho todo eso desde un aparato artificial. En aquellos años mucha gente buscaba cambiar el sistema por uno más equitativo y veía en nosotros una opción consecuente en esa dirección. Por otra parte, en 1975, para facilitar la unidad contra el golpe militar que ya se avizoraba, propusimos a los partidos políticos dejar de lado la lucha armada, pero salvo excepciones, la mayoría ya comprometidos con los militares no aceptaron dicha unidad. Entre 1973 y 1976 no se vivía una primavera democrática rota por el accionar guerrillero. Desde el 25 de mayo y sobre todo desde la matanza de Ezeiza – salvando la responsabilidad del gobierno de Cámpora- los sectores populares debieron enfrentarse a una derecha cívico-policial-militar cuyas actividades criminales nunca se detuvieron y siempre fueron en aumento. Las llamadas AAA, por vía de 2500 crímenes de todo tipo, se encargaron de proseguir la política "Terrorista de Estado" que había comenzado con Onganía y que mostró su expresión más desarrollada durante los siete años de la dictadura instaurada a partir del golpe encabezado por Videla. DESDE EL 24 DE MARZO DE 1976 AL 10 DE DICIEMBRE DE 1983 Desde el 24 de marzo de 1976 se profundizó la entrega económica y la deuda externa creció de 7 mil a 44 mil millones de dólares hasta 1983. El aumento del endeudamiento externo no se tradujo en obras productivas o públicas, sino que benefició a las grandes empresas y a los propios jefes militares; quienes a través de una reforma a la "ley de inversiones extranjeras" podían retirar utilidades o directamente engrosar sus cuentas en bancos suizos o de otros países sin limitación alguna. Al mismo tiempo se tomaron medidas como la eliminación de la ley de contrato de trabajo o el aumento de los servicios públicos, agudizando los padecimientos de la gente. En un año el salario real disminuyó en el 40%, la participación de los trabajadores cayó a menos de un tercio del ingreso nacional y la desocupación trepó al 9%, lo que en la época constituyó un récord histórico. Los sueldos militares aumentaron al doble. Para poder implementar una política de esa naturaleza se ejecutó una política contrainsurgente destinada a neutralizar la reacción popular, generalizando a escalas increíbles cada una de las modalidades del "Terrorismo de Estado"; y, como dije al principio, concretando el más brutal de los genocidios que hayamos sufrido los argentinos en toda la historia. A fin de financiar las tareas de inteligencia, los gastos emergentes de los operativos para las detenciones de opositores; y de garantizar la infraestructura necesaria para ejecutar en secreto a gente encadenada, las FF.AA. aumentaron su presupuesto a 1800 millones de dólares, que era el equivalente a la mitad del total de las exportaciones del país. La complicidad de buena parte de políticos se expresa en que en 1978, cuando los desaparecidos llegaban a 20 mil, más de 300 radicales, alrededor de 200 justicialistas y varios de otros partidos sumaban unos 750 intendentes que acompañaban a las FF.AA. en su cruzada de corrupción, entrega y muerte. Los señores fiscales sacando las cosas de ese contexto histórico, han marcado como uno de mis antecedentes negativos el haber participado de la lucha guerrillera en los años '70; y han expresado con idéntico criterio el que yo haya reivindicado en una entrevista a los militantes del PRT-ERP Mario Roberto Santucho y Hugo Alfredo Irurzún; y a Carlos Fonseca y el Che. Las dos cosas son ciertas. Participé en la lucha guerrillera en los años '70; y reivindico a Mario Roberto Santucho, a Hugo Alfredo Irurzún, a Carlos Fonseca y al Che. Mi dolor por la muerte de Robi, estoy seguro, fue incomparablemente mayor al entusiasmo que su caída provocó a sus asesinos. Santiago fue un internacionalista de cualidades humanas excepcionales. Y el desprecio que muestran los señores fiscales por su figura se ve compensado con creces por el registro imborrable en la mejor de las memorias, una memoria que no podrá poseer jamás la mejor de las computadoras: la memoria del pueblo de Nicaragua. Esta se encuentra patentizada en que una calle en Managua y un centro de producción agropecuario llevan su nombre en aquel país latinoamericano. Admiro y reivindico, por supuesto, también al Che y Carlos Fonseca. Al Che, lamentablemente, no lo conocí personalmente. Pero sí conozco la obra que contribuyó a construir: Cuba revolucionaria. Y en Cuba aprendí algo que no me pudo enseñar este país: aprendí cómo en un país pobre con un gobierno decente puede comer todo un pueblo, puede contar con hospitales todo un pueblo, pueden ir a las escuelas todos los niños de un pueblo, pueden vivir dignamente todos los habitantes de un pueblo. A Carlos lo conocí en 1972 en momentos muy difíciles para él. Eran apenas 7 y no 10, como dijo el fiscal, y además estaban asilados en Cuba. Entre ellos estaba Daniel Ortega después presidente de Nicaragua. Me llamó la atención, además de su humildad y su amplio dominio sobre la historia y la idiosincrasia de los pueblos de Nicaragua y Centroamérica, el optimismo que reflejaban sus palabras respecto a un triunfo futuro, que él descontaba. Me llamó la atención y, en verdad, creí que su optimismo era, dada la situación del momento, demasiado. Para peor, y para nuestro dolor, Somoza logró asesinarlo a fines del '76. Recién empecé a comprenderlo cabalmente en los días de la guerra contra el último de los dinástas; y terminé de convencerme de su predicción cuando el 19 de julio de 1976 entramos victoriosos a Managua. Debo aclarar, para que los señores del tribunal conozcan mejor a este acusado, que de la misma manera reivindico a todos los que enfrentaron, con armas o sin ellas, en Argentina y en América Latina, a los personeros de la nefasta "Doctrina de Seguridad Nacional". A todos ellos les ofrezco lo único que tengo: mi amor eterno; y mi compromiso de defenderlos hasta la muerte, sean cuales sean las circunstancias en que me encuentre. Señores: cuál fue el saldo de este proceso en nuestro país? Aquí hubo 30 mil desaparecidos. Los 30 mil eran mis compañeros y quienes los desaparecieron fueron las FF.AA. Aquí hubo al menos 500 niños nacidos en cautiverios clandestinos. Los niños fueron robados por militares o miembros de las fuerzas de seguridad; y sus madres asesinadas por los mismos ladrones, después de parirlos. Los niños son los hijos de mis compañeros. Las madres asesinadas eran mis compañeras. Aquí hubo gente viva arrojada al mar o al río desde aviones militares. Los arrojados al mar o al río eran mis compañeros. Los que los tiraron eran miembros de las FF.AA. Aquí hubo familias enteras asesinadas por ser parientes de militantes revolucionarios. Las familias eran las familias de mis compañeros. Sus asesinos eran los miembros de las FF.AA. y de seguridad. Aquí hubo prisioneros asesinados en "traslados", ordenados por jueces, desde las cárceles donde se encontraban legalmente detenidos. Los prisioneros asesinados eran mis compañeros. Los asesinos eran las FF.AA. y de seguridad; y los jueces que ordenaron sus traslados eran sus cómplices. Aquí hubo hombres y mujeres detenidos y después asesinados en combates fraguados. Los asesinados eran mis compañeros. Los asesinos eran miembros de las FF.AA. y de seguridad. Aquí hubo entierros clandestinos de hombres, mujeres y hasta niños. Los sepultados eran mis compañeros y sus hijos; y los enterradores integrantes de las FF.AA. y de seguridad. Aquí se volaron cuerpos de militantes asesinados. Los cadáveres destruidos eran de mis compañeros; y los explosivistas eran militares y policías. Aquí hubo centros clandestinos para detención y tortura. Los detenidos torturados eran mis compañeros; los torturadores los miembros de las FF.AA. y de seguridad. Señores del Tribunal: como consecuencia de los hechos que acabo de sintetizar nuestro país, Argentina, es el único del mundo en el que han debido organizarse tres generaciones directamente afectadas por la bestialidad militar: los hijos de desaparecidos por razones políticas, las madres de desaparecidos por razones políticas y las abuelas de los niños robados por razones… incalificables. Es una hipocresía ilimitada equiparar, como hacen algunos, las acciones de la resistencia con las aberraciones militares. Y es una complicidad descarada con los asesinos, la reducción de la historia a la mentirosa versión de que acá existió una guerrilla porque sí, como hacen los fiscales. Dos demonios?: son iguales Rodolfo Walsh y Massera?, son iguales Haroldo Conti y Videla?, son iguales Cacho Perrota y Astiz?. No. Frente a la vida y la justicia hubo dos actitudes: la de los justos y la de las bestias. De Rodolfo es conocida su militancia en Montoneros; aclaro que Haroldo Conti y Cacho Perrota eran militantes del PRT-ERP. Pero en todas las organizaciones de la resistencia encontraremos idénticos ejemplos. Sobre esta etapa, a partir de que acá hubo un enfrentamiento armado o guerra o cómo gusten llamar, existen dos temas en discusión: el primero es de quién es la responsabilidad de lo sucedido; el segundo es quién utilizó métodos aberrantes. En el primer aspecto no lo he demostrado yo, sino la realidad histórica, que recién después del golpe de Onganía surgieron las organizaciones armadas populares que actuaron en los '60 y '70; en cuanto al segundo aspecto los resultados con contundentes: por qué las FF.AA. insisten en no hablar de hechos concretos? por qué cuando alguien lo hace, como Schilingo, lo meten preso por una acusación tan falsa como ridícula como es un cheque sin fondos y no por sus crímenes? por qué ningún juez local, se dedicó a investigar denuncias por flagrantes violaciones a los Derechos Humanos y tienen que hacerlo las justicias de España, Francia, Suecia o Italia.