El grupo tiene nueve fallecidos propios y 43 de entorno

CON CALLEJEROS A LA CENSURA SE LE ESCAPO OTRA VICTIMA

Emilio Marin

callejeros
Los fanas de Callejeros,  jóvenes de clase media-baja, habrán contado un año, ocho meses y veintiún días hasta que la banda de rock pudo volver a los escenarios.

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SIN CENSURA, CALLEJEROS VOLVVIO A TOCAR HOY EN CÓRDOBA

 

Todo pinta para que la banda

y su público puedan festejar

algo más que la primavera

 

Los fanas de Callejeros, que dan el perfil de jóvenes de clase media-baja, habrán contado un año, ocho meses y veintiún días transcurridos hasta que la banda de rock pudo volver a los escenarios. A la censura se le escapó otra víctima.

 

Por Emilio Marín

 

Luego de la tragedia de Cromañón en diciembre de 2004, los músicos surgidos en Villa Celina quisieron subir varias veces a los escenarios. Era lógico porque en tocar les va la vida como a todos los músicos, más allá de su opinable calidad. Además, porque como cualquier ser humano, debían procurarse el sustento diario, que no es cosa fácil en la Argentina de la desigualdad y exclusión social remanentes.

 

Callejeros quiso tocar primero en Córdoba, donde vive el productor José Palazzo. Este sondeó a las autoridades para organizar un festival en Villa del Dique o Jesús María pero se le denegó el permiso invocando motivos de seguridad. El empresario buscó vía libre en Tucumán y la logró para un estadio con todas las habilitaciones. Aunque la función estaba toda vendida para abril de 2006, al final aparecieron algunos familiares de las víctimas de Cromañón con amenazas y presiones sobre el gobierno norteño. El mandatario José Alperovich frustró esa velada a último momento.

 

Después Palazzo sondeó las posibilidades de una actuación en Alta Gracia (Córdoba), Villa Mercedes (San Luis) y Santa Rosa (La Pampa) pero chocó contra una pared. Las autoridades municipales o provinciales, según los casos, admitían de palabra el derecho constitucional de esos músicos a trabajar, y la presunción también constitucional de inocencia, pero no daban luz verde arguyendo que no estaban dadas las condiciones de seguridad.

 

Esos gobernantes tenían miedo de que los belicosos familiares de Cromañón los acusaran en términos parecidos a que lo habían hecho con Aníbal Ibarra. No es que pensaran que faltaba seguridad en los estadios sino que no querían arriesgarse a encuestas desfavorables por permitir el regreso de Pato Fontanet y los suyos.

 

Callejeros estuvo proscripto para actuar en vivo durante casi dos años por razones políticas. Entre el grupo mencionado de familiares –que llegó a proferir variadas amenazas de muerte- y determinados gobernadores e intendentes, hubo coincidencia en cerrarles el paso. La censura mostró la hilacha vengativa cuando esas personas exigieron a León Gieco que deleteara el tema Un minuto -que cantaba Fontanet- en la reedición de su CD –Por favor, perdón y gracias.

 

Una dura resistencia

 

Seis integrantes de Callejeros más su técnico y el manager están procesados por estrago doloso, un grave delito que implica penas de 8 a 20 años de prisión. Así los recaratuló el juez Marcelo Lucini, el segundo que intervino en la causa (la jueza original María Angélica Crotto los había procesado por estrago culposo, que prevé  sólo  hasta 5 años de cárcel).

 

Esos músicos jóvenes pueden ser culpables de haber alentado a sus seguidores a prender bengalas en sus recitales a cielo abierto pero claramente no indicaron a nadie que arrojara candelas contra la media sombra del boliche gerenciado por Omar Chabán, que se prendió y desprendió el humo tóxico aquel fatídico 30 de diciembre de 2004.

 

Sus críticos también dirán que hicieron la vista gorda a Chabán para que donde entraban 1.500 personas hubiera mayor cantidad de público para ganar más dinero por entradas cortadas.

 

Pero es obvio que esos músicos, aún con esos reparos que pueden formulárseles, fueron a tocar esa noche, no a matar gente. Y menos aún a ultimar a sus propios familiares, pues como recordó su abogado Eduardo Guarna: –el grupo tiene nueve fallecidos propios y 43 de entorno, Maximiliano Djerfy (guitarrista y coros) perdió cinco familiares.

 

No parece congruente que la jueza Crotto haya sobreseído a Juan Carlos López, secretario de Seguridad del gobierno de la Ciudad Autónoma al momento de la tragedia, y en cambio haya mantenido la gravísima imputación a los músicos, cuando reasumió la causa tras el paso del expediente por manos de Lucini y Néstor Casabel.

 

Que Callejeros haya subido con éxito al escenario del Chateau Carreras de Córdoba, habrá sido por una resistencia política, cultural y jurídica. Es que empezaron a pedir que los dejaran actuar, en los intentos frustrados por el poder político. En mayo de 2006 editaron su cuarto trabajo Señales, que fue disco de oro de movida al venderse 20.000 placas en una semana a pesar de los 45 pesos que costaba. 

 

En distintas ciudades grupos de jóvenes se expresaron con la consigna de –Basta de culpar a Callejeros. Ellos compraron todas las localidades del estadio de Central Córdoba, en el festival impedido por Alperovich. Hubo tres bandas que invitaron a subir al escenario a los censurados y a tocar varios temas. La primera vez fue en Flores, con Jóvenes Pordioseros; luego en Pilar, con Hermanos de la Calle, y finalmente en Córdoba, con La 66 en Palm Beach y con La Coca Fernández en La Esquina.

 

Golazo en el Chateau

 

Cuando los medios consultaban a la gente joven sobre qué pensaba del derecho de los músicos a volver a tocar en vivo, la mayoría expresó una opinión favorable.

 

Esa tendencia mayoritaria debe haber impactado en los ánimos del gobernador José Manuel De la Sota y del intendente Luis Juez, que rara vez coinciden entre sí. La semana pasada, a requerimiento de Palazzo, y por separado, las dos cabezas del poder político mediterráneo autorizaron el evento. El olfato de ambos les indicó que así como antes no era negocio arriesgarse a poner el gancho a un recital del grupo, ahora puede serlo de cara a ganarse el favor de un público juvenil que tendrá su importancia en la compulsa del año que viene.

 

El gobernador y el intendente, que viven de encuestas, saben que el lobby del núcleo recalcitrante de familiares de Cromañón ha disminuido muchísimo.

 

El sector de padres orientado por José Iglesias, se desprestigió por su cercanía política con el PRO de Mauricio Macri, al que sirvió de operador en el juicio contra Ibarra que terminó en destitución en marzo de este año.

 

El otro grupo, con Luis Fernández y Ricardo Righi, quedó en evidencia como extremadamente patotero al continuar con las amenazas de muerte contra Callejeros. Righi declaró este lunes a Radio Universidad que vendría a –incendiar la provincia  y -perseguir hasta debajo de la cama a quienes autoricen el recital por considerarlos responsables de –que nos quieren enfermar más y provocar una muerte en Córdoba, o más de dos muertes .

 

La presión de estos familiares se desgastó luego que la derecha macrista los exprimiera contra Ibarra. Su bravata de incendiar una provincia es patética pues ni siquiera pudieron presentar un recurso de amparo contra el recital. Más aún, Righi fue imputado de intimidación pública por la fiscalía general de la provincia, apenas llegó a La Docta, y emprendió regreso a Buenos Aires. Allí deberá contentarse con que la jueza Crotto dio orden de embargar la recaudación correspondiente a los músicos.

 

Esas reacciones demuestran la validez de lo planteado por el abogado Guarna: esos familiares están enfermos y necesitan atención y contención.

 

El que no está enfermo es el cerebro macrista del sector, Iglesias. Este abogado sabía que no había elementos legales para impedir las actuaciones de Callejeros.

 

En la revista Rumbos (28/5), escribió: –puestos a asumir esa deuda no la podremos satisfacer buscando una respuesta en el campo jurídico, el derecho no puede impedirle a un imputado desarrollar su actividad normal, hasta tanto no media una condena.

 

Iglesias recomendaba –actuar en el terreno donde está planteado el tema: el moral, aunque no sería el más apto para moverse en ese terreno de ser cierta la denuncia hecha por Vilma Ibarra, de haber actuado en la quiebra de bancos en los años del crack financiero.

 

Pasando por encima de tantos obstáculos, 20.000 jóvenes estuvieron en el Chateau y  disfrutaron del recital. Una parte estuvo en las plateas y otra en el campo de juego, donde Belgrano viene festejando sus goles.

 

Ahora el grito de gol es porque se terminó un caso de censura, por encima de los juicios diferentes y hasta contrapuestos sobre el nivel artístico de la banda.