Decir y escuchar, argumentar y reflexionar. Siempre es bueno.

UN JUDIO, UN CATOLICO , UN MUSULMAN Y UN CATALAN..

  benedicto_xvi
Benedicto XVI y otras circunstancias han generado escritos de León Guinsburg; Alberto Buela, Sheik Abdul Karim Paz y Jaime Richart  


UN JUDIO, UN CATOLICO, UN MUSULMAN Y UN ESPAÑOL.

 

LAS PALABRAS ¿INFALIBLES?

Por León Guinsburg,

LA CONMOCIÓN DE UNA CITA

Por Alberto Buela (*)

POR QUÉ NO ES RELIGIOSA LA NATURALEZA DEL CONFLICTO EN EL MEDIO ORIENTE

Por Sheik Abdul Karim Paz,

LOS ASOMBROSOS DISLATES PAPALES

Por: Jaime Richart

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Opinión

LAS PALABRAS ¿INFALIBLES?

Benedicto XVI

 

Por León Guinsburg,

Ex interventor del Comité Nacional de Radiodifusión

(COMFER),

exclusivo para Agencia NOVA

 

Más que un lapsus, la actitud de Benedicto XVI parece ser la de marcar diferencias.

 

Nadie cree que el Papa germano -siendo un docto veterano en las lides teologales-, no midiera las consecuencias de su mención en Ratisbona de la descalificativa frase del emperador bizantino Manuel Paleólogo respecto a Mahoma y al Islam "que no necesariamente responden al pensamiento de Su Santidad", según voceros oficiales de la Santa Sede.

 

No es la primera vez que el Pontífice irrita a sectores no católicos. Lo hizo primero con la afirmación condenatoria del no retorno a –los que se alejaron de la Iglesia -lease protestantes-, y luego equiparó a los judíos del Holocausto con el pueblo alemán víctima del supuesto engaño de Hitler y sus secuaces. Ahora hizo sentirse  agraviada a la grey islámica.

 

¿Cuál es la política de Ratzinger si no se atribuye a su hormonalidad religiosa el episodio? ¿Retensar la cuerda que su inmediato antecesor, con holgura diplomática, pudo relajar? ¿Qué persigue esta actitud?.

 

Absurdo sería suponer  la torquemadización de la esencia vaticana en aras de la rigidez dogmática, cuando la Iglesia hace mucho está demostrando sabia versatilidad política, incluso en situaciones extremas. Menos todavía -por absurdo y teniendo en cuenta la reconocida intelectualidad del actual ocupante del trono de San Pedro-, creer en una retrogradación medieval, cuando tanta agua ha pasado ya por el puente.

 

La vigencia de una impronta conservadora -que también seguía el ductilísimo Juan Pablo II, uno de los principales artífices de la debacle comunista-, no alcanza para justificar la controversia creada por Ratzinger, de la que el propio sector tradicionalista se alarma.

 

El Papa polaco, con paciencia, esfuerzo y movilidad, tejió un statu quo de orden ecuménico inigualable en la historia, sin vulnerar raíces del dogma tradicional, como sí lo hizo Juan XXIII revolucionando la Iglesia en los 60.

 

Pareciera que Benedicto XVI aspirara a romper la obra de entendimiento interreligioso de su antecesor,  colocando en la superficie la condena a la violencia, pero revelando subyacentemente la identidad religiosa de ésta.

 

Su conferencia sólo logró, además de ira musulmana e interés periodístico, que se incendie y apedree templos católicos en varias regiones con población mayoritariamente islámica, además del cobro de la vida de una monja misionera en Somalía.

 

Pareciera que el lamento vaticano por la reacción y la errónea interpretación de las intenciones papales fuera el límite auto impuesto para apaciguar a millones de indignados musulmanes y gobiernos de países que sostienen al Islam como culto oficial.

 

Muchos fieles -no muy letrados en cuestiones eclesiales-, se preguntan si la tradición de infalibilidad  es la que impide una formal disculpa y retractación del Papa.

 

Aunque se registra el antecedente  de Juan Pablo II, quien pidió disculpas; pero lo hizo por todos los errores que la Iglesia cometió en el pasado en relación con las persecuciones religiosas. Se desconoce, en cambio, si se dio el caso histórico de un Papa que se hubiere retractado sobre  conceptos vertidos por sí mismo (por ende infalibles).

 

Dados el protagonismo en el contexto político actual, además de lo atinente a las diferencias religiosas, el hecho pareciera estar inserto en el "choque de civilizaciones"  teorizado por Huttington, incluyendo el temor de millones de católicos no occidentales que habitan  en todas las naciones que  componen el mundo musulmán.

 

No suena descabellado suponer que la especie papal  implique el inicio de intolerancias y conflictos étnico-religiosos en las que las minorías -católicas en este caso-, siempre llevan las de perder.

 

Si ya ocurrió en el pasado en China, India y regiones de Africa ¿por qué no puede acontecer ahora, cuando los ánimos se encuentran altamente exacerbados?

 

El debate y las vísperas

 

En el seno de la Iglesia, aunque no hayan trascendido más que las declaraciones  oficiales del Vaticano y en otros estamentos rija un disciplinado silencio, el debate hoy ocupa a  todas las jerarquías y la preocupación  se introdujo en todas las tendencias.

 

El esquema piramidal de la Institución .-entiende el clero-, no preserva de políticas peligrosas que puedan mellar el poder espiritual y rector de la Iglesia Católica, esto visualizado inclusive -en algunos casos con pronunciada satisfacción-, por otros cultos.

 

Los expertos entienden que al desequilibrio de las tendencias en el cardenalato impuesto por los dos últimos pontífices -que asegura para el futuro la elección de papas conservadores -, se suma la crisis vocacional.

 

El despoblamiento de los seminarios y las deserciones de sacerdotes se hacen sentir como un fuerte cuestionamiento de las bases católicas a los lineamientos jerárquicos por una parte y por la otra a la ausencia de aggiornamiento  funcional.

 

Existen repetidos reclamos no escuchados, sin que por ello los católicos dejen de serlo como hecho cultural-religioso, aunque alarme la continua transferencia de fieles  a los dinámicos cultos evangélicos -muchos de ellos subsidiados y fomentados desde Washington-, tal vez vistos por muchas personas con mayor capacidad contenedora frente a las problemáticas personales actuales.

 

Por otra parte, la inteligencia del imperio, ante las condenas del anterior Papa al proceder de la potencia hegemónica, persistió en introducir a través de los multimedios información reiterativa sobre hechos de corrupción de menores, homosexualidad y otras yerbas -que ocurrieron, ocurren y ocurrirán inevitablemente no sólo en el ámbito del clero católico sino también en el de otros cleros-, con el inocultable objeto de desprestigiar  y mellar la autoridad moral de la Iglesia.

 

Anteriormente, durante el papado de Paulo VI, también ocurrió cuando éste descalificó el plan de esterilización (control de la natalidad) concebido por el Banco Mundial presidido por Robert Mc Namara, ex secretario de Defensa de John Kennedy y promotor del intento de invasión a Cuba e intervención en Vietnam, para los países subdesarrollados, entre otros la propia Argentina.

 

Paulo VI denunció valientemente que no sólo se atentaba contra la naturaleza reproductiva del ser humano, sino que la acción, aparentemente para paliar la proliferación natal en la pobreza, tendía a despoblar esos países para que las potencias capitalistas se expandan en ellos y se apoderen de sus riquezas naturales y sus tierras. No se equivocó el Papa de entonces, si miramos el mundo de ahora.

 

¿Dos visiones diferentes?

 

No vaciló Juan Pablo II en condenar la ordalía yanqui en Afganistán e Irak, inclusive mencionando –la venganza de Dios.

 

Benedicto XVI, en cambio, aparece  -ante ojos críticos y más allá de sus llamamientos a la paz y a la finalización de la violencia-, como una especie de Bush de la Iglesia que arremete de modo directo o elíptico contra protestantes, judíos e islámicos en sus mensajes.

 

Claro está que al Papa no lo mueve el petróleo de Irak ni el gas de Afganistán, ni le volaron la cúpula de San Pedro como le hicieron con las torres gemelas a Bush.

 

Entonces ¿qué lo mueve? ¿Será la ambición de un perfil católico más vertical e intransigente respecto a la doctrina y al dogma, donde quepa un alineamiento más decidido, más rígido de la grey? ¿Un perfil como quisieron en su momento el rebelde Lefevre, y en la Argentina Menvielle y  Sánchez Abelenda? Esto está, sin duda, fuera de lugar y de época. No cabe ni suponerlo.

 

El poder de la Iglesia moderna, acabados los movimientos cismáticos y las tendencias ultra clericalistas cuyo último exponente fue el gobierno franquista, se fundó en el equilibrio de las tendencias moderada, progresista y conservadora a través de sus máximas jerarquías.

 

Ese equilibrio consensuado era el que garantizaba la unidad conceptual y unívoca de la cúpula católica y que incidía tanto en la política vaticana de temida preeminecia espiritual frente al poder terrenal de las potencias y a la arbitrariedad de los gobiernos de cualquier signo.

 

Su mensaje religioso se veía contundente, magistral, incidente, profundo y percibido. Hasta la elección de los últimos papas dependió de aquella armonía, porque el razonamiento del Colegio Cardenalicio conciliaba la personalidad y el talento de los candidatos con la necesidad de los tiempos.

 

Haber ungido los dos últimos papas a cardenales mayoritariamente conservadores para cubrir  las vacantes producidas por edad o fallecimiento , y para abajo a arzobispos y obispos del mismo signo, generó el desequilibrio conceptual y potenció la diferenciación de posiciones por encima de la tradicional y racional voluntad de acordar.

 

Estudiosos consagrados al tema -por lo menos algunos muy calificados-, han percibido el riesgo de futuros cismas de persistir las diferenciaciones con visa a una paulatina radicalización.

 

Otros expertos no dejan de lado la inmensa capacidad de preservación demostrada a través de los siglos por el supremo instituto del catolicismo y confían en el como resguardo inexpugnable, pero temen la pronunciación de una decadencia cualitativa, casi presagiada por los continuos abandonos de hábitos y  la notable merma de vocación sacerdotal en las juventudes católicas.

 

Uno y otro

 

Juan Pablo II, deportista, huésped forzoso de un campo de concentración nazi, adherente del tradicionalismo, de buena mirada hacia el Opus Dei y talentoso esmerilador de la Cortina de Hierro, fue sin embargo un papa pragmático hasta sus últimos días.

 

Dirigió sus esfuerzos a concertar con otros cultos, a descubrir coincidencias,  pero también y principalmente a consolidar el liderazgo de la Iglesia Católica en la ameritación de un ecumenismo polirreligioso que siguiera, aún sin quererlo, los lineamientos de siempre del catolicismo en cuanto a la visión del mundo.

 

Recibió a miles de dirigentes y con pocas palabras los sedujo. Abrazó a líderes religiosos de todos los cultos. Caminó como nadie los territorios del mundo haciéndose ver por los pueblos de manera carismática y respetable, aún por los no católicos.

 

Así como combatió hábilmente al marxismo, no vaciló en condenar al neoliberalismo y su exorbitancia imperial.

 

Con entereza impensable, sobrevivió a un complot que culminó con un atentado contra su vida, que quebró su salud pero no su voluntad, y siguió viajando y contactando con la gente, a pesar de su deteriorado físico.

 

Hizo, sin duda, prevalecer el magisterio de la Iglesia y su concepción paulista por encima de su conservatismo, de su apego al dogma tradicional. Eso, aparte de inclinar el fiel de la balanza favoreciendo con el capelo cardenalicio a la jerarquía eclesiástica más alejada del progresismo.

 

Josef  Ratzinger, intelectual versado en temas sagrados, soldado alemán en la Segunda Guerra Mundial,  sucesor por antonomasia  y favorito colaborador del pontífice polaco en la preservación de la fe, por lectura y formación conoce profundamente la enseñanza patrística y los fundamentos filosóficos y políticos aristotélico-tomistas.

 

Entiende cabalmente la proyección de la Iglesia y la obra de sus mas trascendentes pontífices, su carisma, su liderazgo y su responsabilidad universal adquirida a través de más de dos mil años de vida, tanto en lo que respecta a la espiritualidad religiosa en función de los pueblos como en la  problemática terrenal concreta de éstos, histórica  y generacional.

 

Pero si bien Wotjila actuó sobre  hipótesis de conflicto y fue un desbrozador y constructor nato, pareciera que Benedicto XVI opera sobre la acentuación del conflicto en el más sensible de los territorios: el de las improntas religiosas, hoy confundidas con la reivindicación territorial, con las preeminencias sectarias, con las venganzas, guerras ancestrales y preventivas, invasiones injustificables, terrorismo, neocolonialismo, globalización, injusticia social, etc., etc., etc.

 

Un tiempo demasiado difícil y errático, altamente delicado, propicio para ejercer el tino y la prudencia activas, para el tendido de puentes de acuerdo, para el encuentro minucioso de coyunturas que conduzcan a la racionalidad y el apaciguamiento de los espíritus a través de paradigmas justos, equitativos, equilibrantes.

 

¿Adonde va?

 

A nadie, ni siquiera al más convencido agnóstico, se le ocurre dudar de la validez de la entidad espiritual de la Iglesia ni de la emblemática representatividad del Papado.

 

Pero también es sabido que nadie llega a Papa siendo impolítico, incluso un total y absoluto convencido de su verdad.

 

Y referirse a la veda eterna del retorno a la Iglesia de quienes se alejaron, equiparar como víctimas a los judíos del Holocausto con el pueblo alemán cuya mayoría apoyó fanáticamente las teorías racistas y ultra darwinianas de Hitler y poner en estado de ofensión a varios cientos de millones de devotos islámicos pacíficos o belicosos no es muy político que digamos. Hoy el interrogante es: ¿Adónde quiere ir y llevar a la Iglesia Católica Benedicto XVI?

 

Porque si bien el Papa es el jefe espiritual de todos los católicos de la Tierra, sus pasos interesan a católicos y no católicos como el que escribe,  dada la inconmensurable influencia de la Iglesia Católica en lo que respecta a la marcha actual de la humanidad,  lo que significó en el pasado de ésta y  lo que significa para su devenir.

 

La Iglesia Católica es, indudablemente, un patrimonio de todo el mundo, de quienes adhieren a ella, de quienes sin adherir la observan expectantes y de quienes inclusive la combaten

 

LG/

 

N&P: El Correo-e del autor es Leon Guinsburg <angyburg@ciudad.com.ar> ; <leoguins@hotmail.com>;

 

 

LG/

 

 

LA CONMOCIÓN DE UNA CITA

Por Alberto Buela (*)

 

Cualquiera que escribe sabe que las citas son, o bien para apoyar lo que afirmamos  o bien para fundamentar lo que criticamos. No existen las citas neutras, salvo en los bodrios académicos que se escriben como compendios de citaciones. Pero esos escritos nadie los toma en serio, ni quienes los escriben ni quienes los leen, pues es sabido que forman parte del sistema de simulacro científico-intelectual para justificar los sueldos del Estado que se cobran puntualmente a fin de mes.

 

Pero cuando se intenta hablar y escribir de verdad, en forma comprometida, la finalidad de las citas es para apoyar aquello que decimos o para criticar lo que no queremos hacer directamente nosotros. Y en general, aquel que se siente criticado saca la cita de contexto para radicalizar su sentido y provocar así una reacción en contrario a la buscada.

 

Esto fue lo que sucedió con el discurso del Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, donde el Papa citando al emperador de Constantinopla Manuel II afirmó  que en el Corán  en un primer momento (segunda Sura) se afirma que no se puede imponer la religión compulsivamente, mientras que luego a medida que el Islam se expandía por Asia, Africa y Europa, se incorpora la conversión a través de la violencia.

 

Benedicto XVI apoyado en Manuel II condena esta práctica y las respuesta del mundo musulmán es la quema de iglesias cristianas y el asesinato de una monja. En tanto los líderes religiosos a través del jefe de la Unión Mundial de Ulemas(sabios islámicos) llamaba a crucificar al Papa.

 

Una cita sacada de contexto provocó una conmoción mundial, ¿por qué?. Porque la dijo el Papa y la Iglesia católica ,como afirmara Vittorio Messori, junto con los fumadores y los cazadores, son una de las tres categorías que no están protegidas por lo políticamente correcto , y de las que, por tanto, se puede hablar mal libremente” y porque los que hoy dirigen el Islam no son los sufies (sus místicos, como lo fue el filósofo converso René Guenón) sino los ulemas fanáticos que controlan las masas y sus reacciones.

 

El Papa no dijo nada que de hecho no haya ocurrido en los países musulmanes: a) en 1992 decapitaron en Arabia Saudita a un ministro cuando se descubrió que era cristiano. b) en Argelia fueron asesinados, no hace mucho, una veintena de curas, monjes y monjas por el hecho de ser cristianos. c) en Sudán se han producido masacres tremendas de cristianos en el genocidio de Dafour. d) en Nigeria se produjo el genocidio de Biafra, matando todo un pueblo. e) en la isla Skri Lanka (Ceilán) los musulmanes asesinan sistemáticamente a los cristianos. f) en Filipinas la guerrilla musulmana elimina por método a los cristianos. g) hace tres años ante  Indonesia, Portugal tuvo que rogar por la vida de los habitantes cristianos de Timor que los estaban cazando como moscas. En una palabra, y siguiendo estos ejemplos, vemos como sigue vigente aquel juicio del emperador Manuel II: –La orden de Mahoma es difundir la fe por medio de la espada en aquellos lugares donde el Islam es poder.

 

Sin ir más lejos, Argentina en la época de Menem cambió la construcción de una plaza en los suburbios de Ryad, por una majestuosa mezquita en el centro de Buenos Aires, porque en Arabia Saudita no existe la libertad religiosa y ni siquiera se permite practicar las variantes chiita o sunnita del Islam, sino sólo el wahabismo oficial.

 

Esta cita del Papa y la conmoción mundial que ha provocado, dio al traste con un falso concepto de diálogo que la Iglesia viene manejando desde hace casi medio siglo, pues puso al descubierto por la reacción provocada en el mundo musulmán que no existe diálogo inter religioso  entre cristianos y musulmanes. Ni los sufies ni los santos están invitados a ello, solo los burócratas del espíritu.

 

Pues, como afirmara lúcidamente hace unos días Luis María Bandieri:   Un diálogo, esto es – a través del logos- supone que los dialogantes tiene una identidad, que no ocultan. Y esa identidad tiene que estar en claro, porque, si no, ¿con quién estoy hablando? ¿Con un agente encubierto? La clarificación de la identidad permite el respeto mutuo. De otro modo hay ocultamiento y simulación [1].

 

Y para ello la Iglesia tiene que terminar con el consenso como metodología de acción política para fijarlo como meta, en una palabra, debe dejar de utilizarlo como método. La Iglesia tiene que volver a plantearse como disidente ante el orden mundial reinante dentro del cual está, y  formando parte activa, el mundo musulmán fanático y anticristiano.

 

Es que es sólo a partir del disenso que se puede fundar un verdadero diálogo, y de allí intentar llegar a un consenso. Pues, como  hemos dicho en otro lugar: –Nada más lejos de él, que el parloteo – hablar por hablar y discutir por discutir- y que la jovial disposición a un compromiso que no compromete a nada. Tal suele ser el tan celebrado consenso. [2]

 

El progresismo cristiano que está metido hasta el tuétano dentro del orden moderno, que si busca un cambio lo busca a partir del proyecto moderno aunque con premisas no ilustradas (es la única diferencia con el mundo laico, liberal e ilustrado), ha quedado mudo ante la conmoción de la cita papal.

 

La dirigencia de Occidente ha guardado un silencio vergonzante ante la reacción desmesurada del mundo musulmán que magnificó y desvirtuó  una cita para ser utilizada como pretexto para justificar asesinatos futuros.

 

Es que la actual dirigencia Occidental de cristiana tiene solo la etiqueta. Piénsese en lo que pudiera ser la reacción de un Zapatero, un Prodi, un Fox, Chirac, o un Lula. Nada, carecen de reacción. Es que al carecer de convicciones lo único que cuenta es el respeto a las formalidades jurídicas. Y como no existe ninguna instancia jurídica que condene el asesinato de los cristianos en los países musulmanes, guardan respetuoso y vergonzante silencio ante la cita del viejo Papa.

 AB/

 

N&P: El Correo-e del autor es Alberto Buela <alberto.buela@gmail.com>

 

[1] Bandieri, Luis María: Cuando el diálogo es puro verso, en internet

[2] Buela, Alberto: Teoría del disenso, Buenos Aires, Ed. Cultura et Labor, 2004, p. 7.-

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Gentileza de  "INFOR-MET" rmermet@yahoo.com.ar

Por que no es religiosa la naturaleza del conflicto en Mediooriente

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POR QUÉ NO ES RELIGIOSA LA NATURALEZA

EL CONFLICTO EN EL MEDIO ORIENTE

 

Por Sheik Abdul Karim Paz,

Teólogo y filósofo musulmán.

Representante de la

Organización Islámica Argentina.

 

El conflicto en el Medio Oriente no es religioso ni milenario. No hay nada intrínsecamente incompatible en la naturaleza del Judaísmo, en el Cristianismo y en el Islam para que no puedan entenderse, es más son expresiones de una base y tronco Abrahámico común y mensajes de un mismo Dios.

 

Si Moisés, Jesús y Muhammad (La bendición y la Paz sea con todos ellos) se reuniesen hoy en nuestro mundo, los tres coincidirían y trabajarían mancomunadamente por guiar a los hombres a sus más sublimes objetivos de Paz, Prosperidad y Justicia y enfrentarían al imperialismo antipopular.

 

Esto es absolutamente lo contrario a lo que gusta promover Huntington y su guerra de civilizaciones. Huntington no se hace la incómoda pregunta si es que acaso Bush representa a Occidente y sus valores o más bien, encarna los anti valores occidentales, es decir la contradicción de sublimes valores como los derechos humanos, libertad, democracia o respeto por las diferencias plurales. No es contra estos valores que se levantan las resistencias en los pueblos del mundo, sean musulmanes, cristianos o socialistas, sino contra la hipocresía y las acciones violatorias de estos valores.

 

Tampoco existe algo intrínseco en la raza árabe y los judíos que haga que ambos no puedan convivir. Como una suerte de fatalismo que arrastra a éstos a una constante pelea.

 

Tampoco es milenario el conflicto, puesto que árabes y judíos convivían en paz antes de la oleada inmigratoria de los sionistas en alianza con el imperio inglés y a espaldas de la posibilidad de opinar del pueblo palestino, ocurrida en el siglo pasado.

 

Por lo tanto, no son las categorías religiosas o mejor dicho, pseudos religiosas que nos quiere imponer el imperio, o categorías étnicas las que pueden arrojar luz para entender la naturaleza del conflicto del Medio Oriente, sino las categorías mucho más claras y precisas de imperialismo versus la autodeterminación de los pueblos.

 

Un imperialismo tan cínico como jamás se había visto puesto que gusta de ponerse todos los mantos y ropajes más vistosos para engañar a los pueblos. Los imperios antiguos no se llamaban a sí mismos democracias, defensores de derechos humanos y amantes del pluralismo. Pero la religión del imperio, nunca fue religión, sino más bien, pseudo religión, por eso Abraham en la Biblia y en el Corán enfrenta al tirano Nimrod de Babilonia, Moisés al tirano Faraón de Egipto, Jesús al tirano César de Roma y Muhammad al tirano Abu Sufian de Arabia.

 

La verdadera religión siempre le encarnaron los profetas de Dios y la pseudo religión, los tiranos que se les opusieron. La verdadera religión es en defensa de la libertad de los pueblos y actúa contra la pseudo religión que oprime a los pueblos para robarle sus legítimos recursos brindados por la generosidad de Dios.

 

Dios de todos, no de las elites arrogantes de ayer y de hoy. El imperio explota y obliga a que se lo adore  y obedezca, Dios brinda todo y no fuerza a que se lo adore, aunque en la adoración libre el hombre alcance su perfección.

 

Hay que dejarlo bien claro, el Islam es el último mensaje del Altísimo a la humanidad. Muhammad (La bendición y la paz de Dios sean con él y con su Familia Purificada, es conocido en Occidente como Mahoma que es una deformación española del árabe Muhammad), el Mensajero de Dios a quien le fuera revelado el Sagrado Corán es un descendiente de Ismael, el primogénito de Abraham (La paz sea con ellos). La Biblia en el Génesis menciona la bendición divina a Ismael y su descendencia prometiéndole Dios a Abraham una descendencia por línea de Ismael bendita y que será tan numerosa como las estrellas o los guijarros del desierto. Pues bien, esa promesa se cumplió con el advenimiento del Islam y los musulmanes que hoy habitan en todo el Medio Oriente y en el resto del mundo llegando su número a 1500 millones de almas, lo que represente casi un 20% de la población mundial.

 

Queda por aclarar en este breve espacio de este hermoso medio, que no se dejen confundir los lectores con lo que los grandes medios imperialistas gustan de presentar como terrorismo islámico de nombre Al Qaeda y su mega terrorismo en los lugares públicos de  Madrid, Londres, Nueva York, Bombay y vaya a saber dónde más (siempre y cuando eso sea cierto). Bin Laden  no representa al Islam y los talibanes y Al Qaeda no tiene ningún respaldo en los principales centros teológicos y países del mundo islámico.

 

Son más bien un fenómeno que nace y se desarrolla por acción del imperialismo. Es la CIA y los petrodólares de las  monarquías aliadas de Estados Unidos los que dan vida a estas deformaciones grotescas del Islam para distorsionar al Islam y justificar la explotación e invasión de los países y recursos del mundo islámico y frenar el verdadero proceso revolucionario que se está gestando en el mundo Islámico.

 

Expresiones más genuinas de ese proceso revolucionario se dan en Irán, en Irak, en el Líbano, en Palestina y en otros lugares, verdaderos focos de resistencia contra el imperio.

 

Las acciones de mega terrorismo reales, o ficticias como esta última de Londres, ya que sean preconducidas por los servicios de inteligencia de las potencias anglo sionistas directamente o indirectamente, son condenadas por el Islam que no acepta la matanza

indiscriminada de civiles y gente totalmente inocente.

 

Si quieren luchar contra el terrorismo gasten el 10% de la inversión militar imperial que usan contra los pueblos en construir infraestructura para el desarrollo de los pueblos (a modo de devolución de tantos recursos que le fueron usurpados al tercer mundo) y será el fin del terrorismo, el propio de ellos, el más descomunal y el de sus agentes disfrazados de musulmanes o de pueblo.

 

El Islam es el antídoto para el terrorismo porque prohíbe la agresión y llama a defenderse pero sin ensañarse en la venganza y perdonar mucho. Pues el musulmán espera de Dios su recompensa y es misericordioso como es el Señor.

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LA IDENTIDAD DE LOS HIJOS DE DESAPARECIDOS.

Presentaciones espontáneas y denuncias.

Si dudás de tu identidad y creés que sos hijo de desaparecidos, comunicate con dudas@abuelas.org.ar.

Si tenés información sobre la sospecha de apropiación de un joven nacido entre 1975 y 1980 

Comunicate con abuelas@abuelas.org.ar o a los teléfonos 0800-666-8631 y 4384-0983.

El siguiente es un texto explicativo del sitio de www.abuelas.org.ar

Presentaciones espontáneas

¿Qué sucede cuando un joven se acerca a Abuelas?

Cada joven que se acerca a Abuelas de Plaza de Mayo viene porque hay una duda que no lo deja tranquilo; ¿seré finalmente hijo de los que dicen ser mis padres?, y si no soy hijo de ellos, ¿de quién soy hijo?, ¿tendré familia, hay alguien que me busca?, estos son algunos de lo interrogantes que aparecen en cada uno de los chicos y chicas que vienen a nuestra institución.

Es por ello que muchos se acercan con temores de no saber en qué consiste, en la práctica, la búsqueda que lleva a cabo Abuelas de Plaza de Mayo.

Uno de los objetivos de las abuelas es que cada joven que viene tenga la posibilidad de comenzar una búsqueda sobre sus orígenes de manera reservada y privada.

Una vez que el joven viene a la Institución, se realiza con él una entrevista para poder detectar si es un caso posible de búsqueda de Abuelas o no. Es por ello que la franja de nacimientos o inscripciones realizadas desde el año 1975 al 1980 es el que está bajo la sospecha de que todo niño nacido durante aquella época es posible que sea hijo de desaparecidos.

Esta es una búsqueda que no nos resulta fácil, ya que la mayoría de la documentación que traen los jóvenes está falsificada, es por ello que a través de la CONADI (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad), que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, se hace posible que esa búsqueda se haga concreta y que mediante la misma sea factible solicitar documentación a los distintos lugares en donde intervinieron para la inscripción de dicho bebé y si es necesario ordenar los análisis de sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos que funciona en el Hospital Durand en forma gratuita.

Es entonces posible comenzar la búsqueda de la identidad de un joven que nació entre los años 1975 y 1980 con la labor de la CONADI.

En estos años la Comisión ha recibido más de 407 presentaciones espontáneas, de las cuales se han resuelto 58 casos. De estos casos no todos son jóvenes buscados por Abuelas, a muchos se les ha encontrado su familia biológica.

En cambio si la persona que se acerca es mayor de 26 años la alternativa que existe actualmente es una búsqueda a través de un convenio que realizó Abuelas de Plaza de Mayo con la Defensoría del Pueblo de la Nación, en donde el hincapié está puesto en que el interesado pueda recuperar su identidad. Donde entonces no se trataría de un caso posible de abuelas, dado que no sería por la temática de los desaparecidos, sino por otras cuestiones.

Investigación por denuncias

El Equipo de Investigación se ocupa de la recepción de las denuncias que la comunidad hace llegar a Abuelas ante la sospecha de que un determinado joven está apropiado por quienes figuran como sus padres.

Las denuncias llegan a la institución por distintas vías: por teléfono, por fax, por correo, por e-mail o personalmente. Las denuncias anónimas son admitidas.

Cada denuncia es analizada con minuciosidad y, si de la misma surgen datos suficientes, gracias a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) es posible obtener la documentación que se presume falsa, tal como partida de nacimiento, certificado médico, etc.

Si del análisis de la documentación resulta que la misma puede contener datos adulterados sobre el nacimiento del joven, se profundiza la investigación en torno a la situación del joven, realizando incluso trabajo de campo cuando es necesario.

Si las sospechas sobre el origen del joven se mantienen, se deriva el caso al Equipo Jurídico para su inclusión en alguna causa penal. Previamente, debe relacionarse ese caso con uno de los nietos apropiados que buscan las Abuelas de Plaza de Mayo. Para ello, el Equipo de Investigación cuenta con las denuncias sobre los secuestros de los padres y/o del niño, radicadas por sus familiares en la institución, con testimonios de sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, con información sobre represores, médicos y parteras que actuaron en las apropiaciones, entre otras fuentes de consulta.

En ninguna instancia de este trabajo, se brinda a las personas que aportan datos ninguna información acerca del curso de la investigación, a fin de preservar su carácter confidencial.

Es importante resaltar que el Equipo de Investigación no localiza a los jóvenes desaparecidos: sólo puede encontrar indicios de adopciones irregulares o falsas inscripciones de nacimiento. La confirmación, siempre, es resultado de la pericia genética.

¿Puedo aportar información?

Para brindar información acerca de un joven que puede estar apropiado, es necesario contar con al menos uno de los siguientes datos: nombre y apellido del joven, nombre y apellido de quien figura como su padre / madre, domicilio, teléfono. De lo contrario, se vuelve prácticamente imposible comenzar una investigación.

Es útil incluir información acerca del presente del joven: trabajo, estudios, situación familiar, si sabe que no es hijo de quienes figuran como sus padres, si tiene deseos de conocer su identidad.

www.abuelas.org.ar

dudas@abuelas.org.ar

abuelas@abuelas.org.ar

Teléfonos 0800-666-8631 y 011 4384-0983

Desde España
LOS ASOMBROSOS DISLATES PAPALES

Por: Jaime Richart
(especial para ARGENPRESS.info)
(Fecha publicación:17/09/2006)

Estamos rodeados de necios al frente de las naves materiales y espirituales del mundo, que no dejan lugar a que se les responda de manera moderada. Ya nos gustaría tener motivos para la moderación en nuestras discrepancias ejerciendo la sana crítica… Pues no. Ha de ser siempre furibunda. Por los hechos o declaraciones y por la pretenciosidad de los que los protagonizan. Porque por ser tan humanos como nosotros y no haber diferencias cualitativas entre la inteligencia no creativa de los que brillan por sus cargos y los que no comparecemos, se pone de manifiesto hasta qué punto debilidad y maldad, torpeza e imprudencia son comunes a todos los mortales sin distinción. Así es que, a mayor privilegio y mayor responsabilidad, para quienes no practicamos la mitomanía ni estamos comprometidos con las tretas y trampas que funcionan en la sociedad occidental en favor de los brujos de la tribu, mayor condena, y no al revés, que es lo instituido en ella. Que el mundo está enloquecido ya lo sabíamos. Pero que de esa locura acabase también contagiado el papa es una prueba más de la virulencia de la misma…
Humor por LANGER
 
LITURGIA RATZINGER

Valga esta introducción para explicar el por qué de nuestra indignación con otro de los mentores de la civilización occidental. Hoy nada de lo que se dice y se mueve deja de tener una repercusión impredecible. De ahí que toda la prudencia sea poca…
 
Parece mentira que un papa, al final un hombre, que pasa en su círculo religioso y fuera de él por ser tan 'inteligente' hasta el extremo de haber sido elegido pontífice por eso mismo (es un suponer), incurra en semejante desatino con su discurso urbe et orbe en Ratisbona.
 
Un discurso que, envuelto en la anécdota, va contra el islamismo y su eventual violencia. Y parece mentira, que tenga que rectificar o retractarse y hacer aclaraciones luego, para perfilar sus disparates y no empeorar la cosa, si es que cabe empeorarla más.
 
Se ha comportado como cualquiera de los politicastros de tres al cuarto que inundan hoy el mundo con su neoconservadurismo preñado de mendacidad y de provocación. ¿No calculó las consecuencias? Imposible…
 
¡A quién se le ocurre!, por descuido o por malicia, echar de esa manera leña al fuego todavía relativamente controlado, por si fueran pocos los motivos que el orbe islámico tiene para echar espumarajos por la boca contra la cristiandad, contra los cristianos que se arrogan 'la verdad', contra los dirigentes que invocan al mismo Dios (o similar) del papa, y contra los contumaces invasores de pueblos islámicos o amenazados de invasión.
 
Creíamos, cristianos y no cristianos, que Ratzinger era un hombre 'inteligente', y ahora resulta que descubrimos que es un patán, que tiene atrofiado el sentido y el pensamiento recto, y que carece de dotes para la diplomacia cuando más que nunca es necesaria en el mundo convulso que vivimos por culpa de las tensiones y ocupaciones territoriales generadas por los jefes de la horda estadounidense y británica que abanderan la causa cristiana, o la incluyen en sus propósitos cuando quieren reforzar la justificación de sus brutales acciones y reacciones.
 
Arremete el papa contra el alma islámica, violada una y otra vez, cuando nadie desde esa cultura se había metido con ningún país occidental y sí tenido que soportar hegemonías, dominios y atrocidades por parte de éstos.
 
Sus manifestaciones en Ratisbona no pueden calificarse de 'desafortunadas'. Eso es para un líder ocasional, no para el jefe de una Iglesia. Son un atentado gravísimo contra la ponderación, el buen juicio y la prudencia, virtud cardinal; y una bofetada contra la justicia, humana y divina…
 
Eso, o es deliberado porque alguien le ha pagado la boutade. Eso, o ve una ocasión de que la cristiandad, que se está desmoronando estrepitosamente, pueda revitalizarse un poco a cuenta del jaleo promovido para recordar al mundo que sigue ahí y que al frente de ella está él.
 
Es una estruendosa falta de tacto, aparente, ya digo, o un exceso del mismo. Pues si hay en la historia un espíritu religioso que haya cometido más barbarie, ése tiene su sede en Roma. ¿O es que Benedicto XVI no se da cuenta de que nadie puede olvidar cómo en nombre de su Dios arrasaron Europa y parte de Oriente las Cruzadas y luego tantas otras cruzadas con variadas formas, la Inquisición ni la bendición de los cañones nazis por Pío XI, ni tantas bendiciones sobre tantas otras persecuciones y empresas instigadas por sus predecesores en el solio pontificio en los cuatro continentes mientras sus escuderos comulgaban?
 
En el Islam, como en toda religión monoteísta o simplemente teísta, hay facciones proclives a llevar demasiado lejos sus firmes convicciones y al Dios destructor en su bandera. Pero si hay alguna religión y algún jefe de ella que se haya distinguido históricamente por incitar a la violencia, directamente o con guante de terciopelo, ésa es la cristiana y ésos son los papas vaticanos.
 
Lo que tiene que hacer Ratzinger es callar para siempre. ¿O es que, como el emperador títere, ha calculado que en la dimensión espiritual también cabe la guerra preventiva? ¿Es que, como antes decía, ha revuelto de propósito el gallinero para recordar neciamente al mundo que la cristiandad moribunda no ha perecido todavía?
 
Otra cosa no nos cabe en la cabeza. Este enfurecimiento, por si tenían poco los fieles islamistas, no sólo está justificado. Es que esas palabras indolentes pueden ser la espoleta para que todo reviente de una vez entre ambas culturas. Mejor dicho, entre la cultura islamista y la civilización que patrocina estúpidamente la cristiandad y a su cabeza Benedicto XVI, y los evangélicos y baptistas de la Rice y de Bush II.
 
Una de dos, o Ratzinger no ha leído el Corán (lo que no es posible) o cree, torpe él, que la exasperante y ya proverbial contradicción entre el evangelio y el comportamiento de los cristianos comunes y de los dirigentes cristianos comunes, es también común al islamismo.
 
Mire su viga en su propio ojo y deje de fisgar la paja en el ojo ajeno. Es lamentable que tenga que hacerle esta recomendación, que en todo caso cae por su propio peso, un occidental no fanatizado. Y tenga en cuenta su santidad, que además de los musulmanes ofendidos directamente, los que con sus ligerezas lo pasan mal y sufren vergüenza ajena son los propios cristianos de las catacumbas o de base a quienes sus santidades, se ve que por principios conciliares, nunca les hacen maldito caso.
 
En último término el papa, entre el atronador y tremendista Antiguo Testamento y el Nuevo aplacador, tendría hecha la cabeza un lío. Y no extraña. Pero desde luego, para los espíritus sencillos ese Dios que no se les cae a los papas nunca de la boca, nada tiene que ver ni con el logos, la razón, ni con el amor que tanto predican.
 
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