Cada primavera, el amor se siente en el aire y nosotros aumentamos el amor por la vida, renovandonos

POEMAS DE PRIMAVERA

varios

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Flores de Primavera Susana Moya Log Poemas de Antonio Machado, Gabriela Misatral, Gustavo Adolfo Becquer, Jaro Godoy, Mirta Iñiguez; Pedro Aznar y Man Ray.

POEMAS DE LA PRIMAVERA

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La Primavera besaba

 

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

 

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil…

Yo ví en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

 

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

– recordé -, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

 

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar…

!Juventud nunca vivida

quién te volviera a soñar!

 

Antonio Machado

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Primavera esencial

 

Bienvenida otra vez

primavera esencial

con el ritmo a tus pies

¡hoy los vuelvo a encontrar!

 

Hay un lugar

donde los pájaros van

a conversar

con caracoles del mar.

 

Bienvenidos otras vez,

soy septiembre a tus pies.

Ya nos conocemos muy bien,

soy las flores y el Edén.

 

Hay un lugar…

 

Si me ves, como siempre en septiembre

di tu nombre

y llamaré a tu puerta.

Si me ves, como siempre en septiembre

yo soy, soy esa flor.

 

Bienvenida…

 

Hay un lugar…

 

Hay un lugar

donde el perfume está,

con sólo respirar

uno puede hallar,

uno puede hallar.

Es un lugar…

¡Oh! Primavera esencial, es un lugar.

 

Man Ray

 

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Días blancos de primavera

 

 

Días blancos de primavera,

despertar con el verde que brotó,

ya viene el perfume a darte un soplo veloz.

Días blancos de primavera,

este azul va a llevarse tu dolor

más lejos que el frío, a algún helado rincón.

 

Días sin paz, ya no habrá más días sin paz,

si ya te ahogaste de llorar,

si ya lavaste a nuevo el alma,

vuelta a brillar, suelta tu mal, vuelta a brillar.

 

Días blancos de primavera,

flor abierta que todo espera dar (dar, dar)

al pedirte apenas que la quieras mirar (quererla mirar).

 

Vuelta a brillar, suelta tu mal, vuelta a brillar

porque el invierno volverá.

Hoy día es tiempo de tibieza,

d ía de sol sea este hoy día de sol.

No insistas en mirar atrás

que un día, pronto, el día se helará.

 

Cada día de primavera,

cada pétalo lleva una canción (lleva una canción de amor)

que preparó cuando el frío ahogaba su voz (cuando el sol se heló).

 

Día de sol sea este hoy día de sol,

si ya te ahogaste de llorar (basta de llorar),

si ya lavaste a nuevo el alma,

d ías de amar, días de dar, días de amar.

 

Días blancos de primavera,

guarda el fruto este blanco azahar de hoy.

Que brille la vida entera en primavera,

dentro y fuera vuelve el sol.

 

Pedro Aznar

 

 

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Volverán las oscuras golondrinas

 

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales,

jugando llamarán;

 

pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha al contemplar;

aquellas que aprendieron nuestros nombres,

esas… ¡no volverán!

 

Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,

sus flores abrirán;

 

pero aquellas cuajadas de rocío,

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer, como lágrimas del día…

esas… ¡no volverán!

 

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

 tu corazón, de su profundo sueño

tal vez despertará;

 

pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido… desengáñate,

¡así no te querrán!

 

Gustavo Adolfo Bécquer

 

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Doña Primavera  

 

Doña Primavera

viste que es primor,

de blanco, tal como

limonero en flor.

 

Lleva por sandalias

una anchas hojas

y por caravanas

unas fucsias rojas.

 

¡Salid a encontrarla

por esos caminos!

¡Va loca de soles

y loca de trinos!

 

Doña Primavera,

de aliento fecundo,

se ríe de todas

las penas del mundo…

 

No cree al que le hable

de las vidas ruines.

¿Cómo va a entenderlas

entre los jazmines?

 

¿Cómo va a entenderlas

junto a las fuentes

de espejos dorados

y cantos ardientes?

 

De la tierra enferma

en las hondas grietas,

enciende rosales

de rojas piruetas.

 

Pone sus encajes,

prende sus verduras,

en la piedra triste

de las sepulturas…

 

Doña Primavera

de manos gloriosas,

haz que por la vida

derramemos rosas:

 

Rosas de alegría,

rosas de perdón,

rosas de cariño

y de abnegación.

 

Gabriela Mistral

 

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Primavera en la Boca

 

Hasta mi barrio pobre de casuchas de lata

llegó la primavera verdeando el adoquín,

los grises del invierno de a poco desbarata

colgando en los balcones delirios de jardín.

 

en las acanaladas paredes desempata

el violeta la puja entre verde y carmín,

el sol siembra amarillos y el cielo haciendo pata

pinta de azul el río de Quinquela Martín.

 

Llegó la primavera y al tiempo que arrebata

un perfume de rosas tiznado con hollín,

respira flor de tango, ávidamente cata

 

el aroma a mariscos que viene de un fondín

y siente que entre barcos y reflejos de plata

también en el Riachuelo hay olor a jazmín.

 

Martina Iñíguez

 

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Caballos de agua.

 

Tus labios terrenales,

Han encendido de la noche su furia.

Silabas carnales tallando al amor,

Sobre el lecho pagano que arde por tu boca.

Y en las hojas desconocidas del barro sagrado,

Puñales de plata van quemando mi alma.

Hebra sutil del amor,

Atando los vientos en el lamento herido de un poema inconcluso.

Temblor de lluvia, tu cintura,

Como caballos de agua sobre mi corazón,

En el incendio de un lirio nocturno.

 

Estirpe de reinas, sombra encendida, asustada muchedumbre,

Grito desnudo bajo la cordillera de tu piel.

Aliento virgen de tus besos, como lebreles nocturnos,

Desmantelando inviernos a la sombra de antiguas soledades.

Detrás de la seis.

 

 

Tu vientre Armagedon donde combaten su invisible guerra,

Una jauría demente de azafranes,

Y en tus labios dos arco iris, dos mañanas de pintada lujuria en sus muros,

Grito lastimero de animal salvaje,

Adormecida lluvia de cedrón cerca de la seis de la tarde.

 

La sagrada soberbia de tu belleza llena el vació fecundo,

Sobre el aire enamorado de la medianoche,

Y en el orgulloso acantilado de la libertad,

Como palomas recién bautizadas, palpitan tus besos.

 

Tus palabras juncos de poesía de los traviesos arroyos del Edén,

Agua dulce bajo el susurro de los Ángeles en reposo,

Tus pechos, ariscos gritos de primavera enajenada,

Cayendo sobre mí como un ejercito de rosas mojadas.

 

Leve figura de mujer, materia sutil que busca su forma,

En las tardes grises de las viudas camino a un entierro,

Y cae la ultima hoja del tiempo,

Como dos gotas de almendras entre fragmentos de violetas.

 

Seis de la tarde, explosión de manzanas adolescentes a las seis de la tarde,

En el sudor de una mujer en fuga, en el amor con agujas de cristales,

Como ladrones del otoño entre violines nupciales,

Cayendo sobre la pólvora reseca del ultimo suspiro,

Destejiendo el amanecer, detrás de la seis de la tarde.

 

Jaro Godoy

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Envio de Movimiento Solidario del SUR

Gentileza de red Virtin Alternativa

 

LAS MUJERES DE MI GENERACION

 

Por Luis Sepúlveda

 

  Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes  de rosas, camelias, orquídeas y otras yerbas,  de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas,  sino de yuyos peregrinos entre vientos.

  Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles, en las fábricas se hicieron hilanderas de sueños,  en el sindicato organizaron el amor según sus sabios criterios.

 Es decir, dijeron las mujeres de mi generación,  a cada cual según su necesidad y capacidad de respuesta, como en la lucha golpe a golpe, en el amor beso a beso.

 Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas, supieron lo que tenían que saber, para el saber glorioso de las mujeres de mi generación.

  Minifalderas en flor de los sesenta, las mujeres de mi generación no ocultaron ni las

sombras de sus muslos, que fueron los de Tania.

  Erotizando con el mayor de los calibres los caminos duros de la cita con la muerte.

  Porque las mujeres de mi generación, bebieron con ganas del vino de los vivos,  acudieron a todas las llamadas y fueron dignas en la derrota.

  En los cuarteles las llamaron putas y no las ofendieron,  porque venían de un bosque de sinónimos alegres:  minas, grelas, percantas, cabritas, minones, gurisas, garotas,  jevas, zipotas, viejas, chavalas, señoritas.

  Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera, en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles.

  Porque las mujeres de mi generación  nos marcaron con el fuero indeleble de sus uñas  la verdad universal de sus derechos.

 Conocieron la cárcel y los golpes,  habitaron en mil patrias y en ninguna,  lloraron a sus muertos y a los míos como suyos, dieron calor al frío y al cansancio deseos, al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.

  Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos, cantando Summertime les dieron teta, fumaron marihuana en los descansos,  danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías.

  Porque las mujeres de mi generación, nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos, compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.

  Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia.

  Porque las mujeres de mi generación, sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras.

  Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor, comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia.

  Entre batalla y batalla, las mujeres de mi generación lo dieron todo y dijeron que eso apenas era suficiente.

  Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco, las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo, fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina.

  Sus canas no son canas, sino una forma de ser para el quehacer que les espera.

  Las arrugas que asoman en sus rostros,  dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.

  Las mujeres de mi generación, han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas.

  Escriben cartas que incendian las memorias.

  Recuerdan aromas proscritos y los cantan.

  Inventan cada día las palabras y con ellas no empujan,  nombran las cosas y nos amueblan el mundo.

  Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar.

  Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.

  Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad,  y la prudencia se transforma en vergüenza.

  Las mujeres de mi generación son como las barricadas: protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira.

  Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado, que resguarda con violencia la ternura del mundo.

  Las mujeres de mi generación no gritan, porque ellas derrotaron al silencio.

  Si algo nos marca, son ellas.

  La identidad del siglo, son ellas.

  Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto, el beso clandestino, el retorno a todos los derechos.

  Un tango en la serena soledad de un aeropuerto, un poema de Gelman escrito en una servilleta, Benedetti compartido en el planeta de un paraguas, los hombros de los amigos guardados con ramitas de lavanda.

  Las cartas que hacen besar al cartero, las manos que sostienen los retratos de mis muertos, los elementos simples de los días que aterran al tirano, la compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.

  Lo son todo y todo lo sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos

 sorprende.

  No hay soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten, intelectuales del instinto, instinto de la razón, prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil.

  Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi generación.