La cultura real frente a la agricultura.

SOJA Y ARROZ. ¿QUE NEGOCIO HACEN EL AGUA Y LA TIERRA?

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Y la profunda diferencia entre conocer nuestra tierra por percepción directa, o hacerlo de una forma inducida por otra cultura ajena.

Si yo fuera lector frecuente de la NAKY, ya me estaría preguntando: ¿Qué tiene que hacer un tema ambiental en la sección cultura? No crean que no me rehago también la misma pregunta. Sencillamente ocurre que los hechos se han precipitado de tal forma que el estado ambiental será el principal factor condicionante en el futuro de toda cultura.

 

Cualquiera que pueda corroborar datos sobre medio ambiente, o simplemente recorrer por Internet el mapa satelital del planeta (www.google earth), puede advertir que por primera vez en la historia, son más los espacios habitables artificialmente modificados que los espontáneamente naturales. De modo que nuestra forma de interacción en uno o en otro ámbito, está condicionando definitivamente el estado y la situación de la especie humana a escala planetaria. La antropología clásica no yerra al afirmar que una cultura que interacciona sólo con lo silvestre es salvaje, la que lo hace únicamente con lo rural (sea con la domesticación o el cultivo), es bárbara; y la que lo hace en un ámbito metropolitano, es civilizada. Sin embargo, si la actual civilización, pretende desconocer su interacción en los tres escenarios aludidos, jamás alcanzará a ser viable. Así es como “sustentable” y “sostenible”,  comienzan a rebotar como vocablos en el contexto del progresismo moderno. Y así también es como todos enfrentamos un severo cambio acerca de lo que significa o no la palabra cultura.

 

Pero como afecta este criterio a la agricultura, por ejemplo:

 

# La soja: Este emblemático monocultivo, resume en sus características todas las metas que el asesoramiento agronómico ha conseguido aplicar en nuestro campo. Sobre potreros en los que ya hace décadas se viene desplazado a la flora y fauna nativa, surge esta siembra particularmente refractaria de toda otra forma de vida. La biología moderna ha alcanzado a sintetizar substancias tóxicas bajo las cuales solamente la soja puede continuar con vida e impunemente se las aplica. Esta increíble paradoja en la búsqueda del “rinde” se suma a la poderosa capacidad de absorción de nutrientes propia de esta leguminosa asiática, que degrada los suelos a niveles tales que no resulta aconsejable su inmediato reempleo por efecto de simple agotamiento de la capa fértil. Sin árboles, ni insectos que los polinicen, sin fauna, ni microorganismos que reciclen los nutrientes, sin vida. El suelo muere mientras la expectativa de supervivencia poblacional decrece exponencialmente.     

 

# El arroz: Frecuentemente pasado por alto en la nómina de los destructores de medio ambiente. Sin embargo es la arrocera, la primera causa de contaminación del agua en medios agropecuarios. Sencillamente, la maduración de este cereal, requiere que el predio sea inundado y por esta razón se vierten agroquímicos en su embalse. Algas, moluscos, hongos e insectos son el objetivo primordial del tratamiento, lo que esteriliza la enorme cantidad de agua empleada. Es común ver las bombas operadas por Gas oil a la vera de las barrancas de todos los arroyos litoraleños. Alcanzado el ciclo deseado, se vacía todo el líquido tratado al cauce principal, esterilizando la vida a lo largo de todo su curso. Desaparecen los peces, batracios, aves, reptiles y hasta mamíferos superiores como el coatí, el aguará popé y el lobito de río, en lo que sin duda alguna podría cuantificarse en masa biológica muy por encima del producido por la cosecha obtenida.      

 

Sudamérica posee la mitad de la biodiversidad existente en el planeta, es el mayor productor de aire puro y a la vez de agua potable de la tierra; cada argentino, produce en excedentes alimentarios más de diez veces lo que consume anualmente. Estos factores, sumados a nuestra escasa población, nos colocan frente a una enorme responsabilidad frente al resto del orbe. No podemos permanecer indiferentes a la forma en la que se erosionan las tierras de cultivo, a la despiadada impunidad con la que se agota la vida en estado silvestre, por que de estas señales sólo habrán de provenir peores noticias para todos nosotros como pobladores de estas tierras sudamericanas.

 

Ahora bien, un ambiente geográfico más rico, no debería fomentar acaso un nivel de vida más alto. La diversidad no debiera ser motor de una actividad humana más diversa, o al menos de una más compleja especialización de los oficios y empleos. Que tiene que ocurrir para que por una sola vez el excedente económico de una campaña agropecuaria, vaya a parar en beneficios al lugar del que parte. La extracción planificada de recursos naturales genuinos apenas comienza a escribir su historia como movimiento. Aunque resulte a toda luz evidente que los factores ambientales en estado silvestre generan recursos biológicos de forma gratuita, los misterios de la civilización moderna apuntan todos juntos hacia un verdadero desencuentro con la naturaleza de las cosas; o mejor dicho, con nuestra rica naturaleza sudamericana.