1784 -7 de Septiembre Nace en Mendoza el sacerdote franciscano Fray Luis Beltrán.

FRAY LUIS BELTRAN METALURGICO DE LA REVOLUCION AMERICANA

Patriota creador de las fraguas que forjaron las armas de la Independencia. Fray Luis Beltrán  inventa herramientas metalúrgicas, arneses y batanes para el Ejército de los Andes.

Fray Luis Beltrán  inventa  para el Ejército de los Andes, herramientas  metalúrgicas, arneses y batanes.

FRAY LUIS BELTRAN EL METALURGICO DE LA REVOLUCION AMERICANA

 NAC&POP

07/09/2006

Fray Luis Beltrán nace cerca de la ciudad de Mendoza, el 7 de septiembre de 1784.

 Fue un fraile argentino de la Orden de los Franciscanos, de brillante actuación como fabricante y organizador de la artillería del Ejército de los Andes.

El apellido de su familia, de remoto origen francés, era Bertrand.

Estudió en Buenos Aires y Córdoba, y se ordenó sacerdote en 1805 en Santiago de Chile.

Se hallaba en Chile cuando estalló la revolución independentista, a la que apoyó enérgicamente.

Fue capellán del Director Supremo del Estado, José Miguel Carrera y trabajó en la maestranza del ejército con el grado militar de teniente.

 Tuvo que estudiar química, matemática y mecánica, ciencias que llegó a dominar ampliamente.

 La figura de Fray Luis Beltrán  se destaca con relieves propios, porque daba a su palabra la voz de los cañones, y fue el artesano múltiple de la independencia de América.

 Su destino siguió la periferia de los grandes hombres: fue humilde en sus comienzos, magnifico en el apogeo de su genio, cuando era el Dios Vulcano de la Patria, pero injusto y triste, cuando ya nadie precisó de él, para asegurar el éxito de las batallas.

 Hubo un tiempo en que se discutió la cuna de su nacimiento, alegando que Beltrán era sanjuanino, pero probado está que El, nació en la ciudad de Mendoza, el día 8 de setiembre de 1784, siendo sus padres el francés Luis Beltrán y la dama sanjuanina Micaela Bustos.

 Pasó sus primeros años en el viejo convento de San Francisco, de la capital de cuyo, hasta que el visitador de esa Orden lo llevó al Convento de Chile, para terminar sus estudios y ordenarse de sacerdote. 

Aquel muchacho mendocino, era de constitución vigorosa, porte marcial y simpático, y muy pronto llamó la atención de todos, por su clara inteligencia y las predisposiciones que evidenció para las matemáticas, la música, la mecánica y para toda clase de oficios, tales como: relojero, carpintero, herrero, pirotécnico, dibujante, artillero, cordonero, físico, químico, bordador y médico, todo lo que sabia lo había aprendido por lecturas, observación y práctica.

 Tenía extraordinarias condiciones para aprender, como puede verse.

 El humilde Capellán, penetró un día en los talleres de la Maestranza de O’Higgins y observando las formas rudimentarias con que se trabajaba, reveló su genio, impartiendo consejos y haciendo observaciones a los mismos ingenieros, que fueron los primeros en reconocer su capacidad excepcional recomendándolo al general O’Higgins, quien lo nombra Teniente y lo pone al frente de su Maestranza, pero poco tiempo después, es derrotado el patriota chileno en la batalla de Rancagua y se ve obligado a cruzar la cordillera con cerca de mil prófugos, que hallaron seguro refugio en Mendoza, donde era por ese entonces, Gobernador, el Gral. San Martín. Entre ellos venía también Beltrán.

 Vienen luego los aprestos del Ejército de Los Andes y cuando San Martín instala su fábrica de armas, el mismo O’Higgins es quien le recomienda que la dirija el fraile franciscano, Luis Beltrán, que después de llegar a su ciudad nativa, como prófugo de Rancagua, vuelve al convento de su infancia, vistiendo nuevamente los hábitos.

 Después de la derrota de Rancagua regresó a Mendoza, donde el general José de San Martín lo hizo jefe del Parque de Artillería del Ejército de los Andes. 

Colaboró con José Antonio Álvarez Condarco en la fábrica de pólvora y lo suplantó desde que aquél llevara a cabo una misión de espionaje en Chile.

 Bajo su dirección se fabricaron todo tipo de armas, municiones, pólvora, herrajes y uniformes.

 A sus órdenes llegaron a trabajar hasta 700 hombres.

 En Chile, dio vida en 1811 a lo que en la actualidad son las Fábricas y Maestranzas del Ejército de Chile (FAMAE).

En 1816 abandonó los hábitos, y al año siguiente participó en la campaña a Chile. 

Diseñó equipos especiales para transportar cañones a lomo de mula, aparejos de su invención para subir las laderas más escarpadas, y puentes colgantes transportables para hombres y mulas.

 Combatió en la batalla de Chacabuco y en la sorpresa de Cancha Rayada.

 Después de esta batalla, cuando San Martín intentaba levantar el ánimo de los militares vencidos, Beltrán los convenció de que tenía municiones de sobra. 

Era mentira, pero logró fabricar en unos días varias decenas de miles de municiones, con las que San Martín logró la victoria en la batalla de Maipú, que fue definitiva.

 Continuó el equipamiento del Ejército de los Andes, esta vez para la Campaña del Perú, en sus talleres en Valparaíso. Instaló una nueva maestranza en Lima en 1821, y proveyó de armas a varias expediciones marítimas y terrestres.

 Trasladó sus talleres a Trujllo debido a la toma del puerto de El Callao por los realistas.

Permaneció en su puesto hasta 1824, cuando fue reemplazado por los oficiales de Simón Bolívar. 

A órdenes de Antonio José de Sucre participó de la victoria definitiva de la causa americana, la batalla de Ayacucho.

 En 1825 sufrió una severa crisis nerviosa a consecuencia de un altercado con Bolívar e intentó suicidarse.

 Fue trasladado a Buenos Aires, donde se incorporó a la maestranza del ejército que marchó a la Guerra del Brasil, pero pronto debió regresar.

 Pasó sus últimos años en Buenos Aires donde falleció el 8 de diciembre de 1827.

Fue sepultado en esa ciudad con el hábito de su Orden.