Trabajamos para la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nacion, en ese orden.

LA FELICIDAD

¿Que es para el pueblo argentino la felicidad?  

LA FELICIDAD

Por Martín García*

Hace mucho que me da vueltas el tema de la felicidad.

Me aparece entre las discusiones sobre el futuro del hidrógeno, en reemplazo del petróleo y mientras abordo el problema del cerco de propiedades vendidas a dudosos capitales extranjeros acogotando el territorio de la Patagonia, en miras de apretarle el cuello, en algún momento, y dividirla, separarla del resto de la Argentina

Quiero decir que, mientras observo la estrategia de Hugo Chávez para Enarsa, los Astilleros Río Santiago, TeleSur; etc, me viene recurrentemente a la mente, el tema de la felicidad.

Porque ¿para qué hace todo esto Chávez, o lo harán Tabaré, Lula, Kirchner, Adolfo, Evo, Farinello, o lo hicieron los dirigentes sindicales como Atilio Lopez, Amado Olmos, luchadores sociales como Olga Aredez, personas de bien como Evita, políticos comprometidos con el pueblo como lo era Perón, intelectuales como Rodolfo Walsh, Arturo Jauretche, Raul Scalabrini Ortiz; Hector German Oesterheld; curas santos como Angelelli, que se arriesgaron a dejar su vida en el intento, a ser secuestrados, muertos y torturados por una causa superior como es la felicidad del pueblo?

Pero cuando mencionamos el tema de la felicidad me viene la pregunta ¿Qué clase de cultura de la felicidad tenemos para nosotros?

Recibimos capacitación para manejar computadoras, cámaras fotográficas, de video, programas de edición, para cocinar, manejar leyes, coches, instalar plomería, diseñar encendedores, satélites y sin embargo, frente a toda esa capacitación disponible para hacer tantas cosas, es muy escasa la oferta y la experiencia de capacitación que tenemos para ser felices.

La felicidad no es un tema que traten los economistas, ni los funcionarios, y a veces, tampoco los militantes políticos y sociales, aunque estos, al menos, piensan seriamente en la justicia social.

Sin embargo el tema de la felicidad esta ahí, frente a nosotros, y tarde o temprano tendremos que tomar decisiones personales, familiares, comunitarias y políticas respecto de nuestra felicidad y la felicidad de nuestros seres queridos.

Algunos sectores parten de teorías e ideologías que solo ven felicidad en la ganancia, es decir en los logros económicos. Para ellos el poder del dinero es el vehículo para la felicidad.

Estos son los sectores que Jesús sacó intempestivamente del templo, que era el lugar donde éstos personajes, los banqueros, cambiaban plata y cobraban su diferencia, que era a lo que, finalmente, iba la gente al templo, a cambiar plata, del dinero local al dinero romano, que seria como ahora comprar dólares, es decir, una actividad poco compatible con la trascendencia.

También es cierto que no es rico el que más tiene sino el que menos necesita. Veamos entonces qué es lo que necesitamos verdaderamente y fijemos prioridades y etapas.

Supongamos que somos unos cuantos sobre un bote en medio del mar.

Hemos rescatado un poco de agua, de alimentos y abrigo del naufragio.

Podemos matarnos unos a otros, podemos aceptar la autoridad del que tiene una pistola con balas o podemos acordar, entre todos, cuidándonos unos a otros de una manera justa y solidaria, un criterio que atienda las cuestiones centrales y las particulares a fin de dirigir nuestros esfuerzos hacia el objetivo de salvar nuestras vidas y llegar sanos y salvos a tierra. Tampoco dejarnos tentar por la publicidad permanente de los tiburones que nos asedian.

Veamos, mínimamente, cuales son las cuestiones centrales que hay que resolver para estar en condiciones de considerar que podríamos ser felices, porque esto debe mensurarse, y este cálculo debería contar con un mínimo de consenso entre nosotros, con una base de acuerdo, a fin de direccionar, mancomunadamente, nuestras expectativas y nuestros esfuerzos.

Es decir, una cosa es que la comunidad se enriquezca y todos seamos accionistas de esa riqueza producida por nuestro trabajo y muy otra es que sean las corporaciones las que se enriquezcan con el trabajo de nuestra comunidad y nosotros nunca podamos capitalizar el producido de nuestro trabajo ya sea comunitaria, familiar o personalmente.

Entonces llegamos a la cuestión del ¿Cuánto se necesita para ser felices?

Veamos juntos, cuales son las cuestiones que tienen que ver con la felicidad de los argentinos, porque si, de entrada, consideramos que, para ser felices, debemos incluir un viaje a Disneylandia en Orlando, compras en Dolce&Gabanna en Miami y los perfumes franceses que se consiguen en los free shop, esto daría una cifra, pero si nos franqueamos con aquellas cosas que, a la postre, son las que consideramos como verdaderamente más importantes, la necesidad de recursos baja bastante.

Veamos una de esas cosas importantes y prioritarias: el tema del amor.

Del amor podríamos hablar horas y horas, también, pero ahora concentrémonos, por un rato, en el amor hombre-mujer. Es un amor natural. Viene de fábrica, se logra conectar o no, pero el enchufe viene de origen y la electricidad del amor, también, están ahí, en la naturaleza humana.

El amor hombre-mujer es un sentimiento que genera, básicamente, una sociedad de vida. Una forma de organización de la comunidad. La Familia. Y uno de sus frutos son los hijos.

Somos los obreros que hacemos la pirámide y vivimos en familia para que esta organización del amor nos haga el aguante y al mismo tiempo podamos protegerla para que, en su seno, puedan nacer sanos y felices nuevos obreritos, y nuevas mujercitas, que crezcan, se desarrollen, se capaciten y se enamoren de otros obreritos y mujercitas y formen, a su vez, nuevas familias que tendrán más obreritos, que al crecer y capacitarse los reemplacen, y sigan construyendo las pirámides (cuando los demás seamos más viejitos y no nos banquemos el esfuerzo de arrastrar las piedras).

Es decir, el trasvasamiento generacional. Así es la vida, por ahora.

Muy bien. Ahora, ¿qué necesitan este hombre y esta mujer enamorados para hacer su tarea en esta historia, en plenitud ?

Necesitan recursos, simbólicamente podría ser un ingreso, un valor, objetos significativos de valor convenido o cosas concretas para canjear, y que les correspondan en compensación por su tarea de hacer pirámides, que su beneficio les permita adquirir sus alimentos para estar en condiciones continuadas de realizar adecuadamente su misión (la de hacer la pirámide y la de hacer obreritos y mujercitas).

Los miembros de la familia del obrero que construye la pirámide necesitan arroparse, para no tener frío ni enfermarse ni debilitarse, a fin de estar en buenas condiciones físicas y psíquicas para la tarea que les espera. Necesitan asearse, para reducir las posibilidades de enfermarse o de enfermar a algún miembro de la familia; necesitan un lugar para vivir, una cueva, una casa, cerca de su trabajo, para situar y proteger a su familia. Un lugar propio, de la familia, que los proteja del exterior, de la intemperie, del frío, la lluvia, el calor, el viento, los otros hostiles, etc.

El niño necesita a su madre, para estar con ella un tiempo suficiente, según su edad, ya que el hombre es uno de los animales más necesitados de ayuda en sus primeros años.

Después, tanto el hombre como la mujer, como el niño luego, necesitaran información, educación, para guiarse en el mundo real y poder interaccionar con la naturaleza obteniendo lo que ella brinda para su vida y organizar cierto grado de previsibilidad, aunque ya sabemos que la vida es sin garantías.

Los obreros que construyen la pirámide necesitan de cierta continuidad, para empezar y terminar su obra. Necesita el agua a mano, la comida cerca, la atención para su salud, también cerca, por si le pasa algo en la obra o a su familia y aun la capacitación cerca, a fin de hacer su tarea, cada vez mejor, sin abandonar su puesto de trabajo.

También necesitan de la comunicación.

El ser humano se convierte en persona cuando se comunica con el otro. Al crecer la familia, los lazos se dispersan, las distancias, muchas veces, crecen, aunque el amor acerque. 

La tecnología les permite acercar al ser querido que está lejos, o les ayuda a multiplicar su tarea, ahorrando esfuerzos, digamos, como la rueda, que nos sirve para ir más lejos, a más velocidad que caminando y con menos cansancio; la energía, como el fuego, para cocinar los alimentos, o para alumbrar; el viento para que sople la vela y avance el velero; la energía necesaria para extraer el petróleo, o el gas, o dominar y separar el hidrógeno o producir la energía atómica, etc.

También los seres humanos necesitan poder expresar su inquietud, tanto a través de su arte, como su curiosidad, investigando, encontrando nuevas respuestas a nuevas y viejas preguntas sobre el universo, la vida, la ley de gravedad, el amor, la sociedad o el uso de la luz natural.

También necesitan que se respete su libertad de ser quienes son, en su máxima expresión, respetando la dignidad de sus personas, en su condición y con su diferencia. En salud y en la enfermedad, en su juventud y en su vejez, aportando a la riqueza común y en la incapacidad, cuando necesiten un valor mayor al que ya producirán.

También necesitaran libertad para hablar con Dios, a su manera, ya que nadie sabe mucho de esto y todo el mundo tiene derecho a tener su teoría sobre el asunto y vivir en consecuencia, sin jorobar a nadie con ello.

Cuando planteamos la necesidad de acordar respecto de la felicidad nos referimos a definir, como comunidad ¿Cuál sería una base de acuerdo, sólida, que nos sirva para poder considerar seriamente el objetivo de ser felices?

¿Qué necesitamos nosotros para ser felices?

Quizás, la felicidad consista en ver que los pibes están bien, que la patrona los vea felices y sepa que puede ayudarlos si necesitan algo, para aconsejarlos cuando no sepan bien que camino seguir o porque están tristes, o descorazonados, o no le encuentran la punta al ovillo, (con mayor felicidad si viven cerca de casa, que si viven en otro país, si se han tenido que ir para tener un horizonte que aquí no encuentran).

Es probable que para ser felices necesitemos poder tomarnos un matecito amargo en la mañana, y quizás una cervecita a la tardecita.

Poder ir a la cancha de tanto en tanto o poder ver un partido de fútbol de nuestro club preferido por la tele.

Poder reunirse con los amigos a comernos un asadito, Y tomarnos unos vinitos sin que el alcohol o la droga sean sustitutos químicos de una felicidad que tenemos al alcance de la mano cuando nos respetamos, nos cuidamos, nos valoramos y promovemos lo mejor de nosotros mismos.

Poder estar juntos, en familia y con los amigos del alma, cuando una desgracia nos somete a situaciones extremas y dolorosas.

Poder tener una buena atención a la salud cuando la vieja, los pibes, la patrona o uno nos enfermemos. Acceder a cualquier tratamiento o remedio que el hombre haya inventado o descubierto, para responder exitosamente a la enfermedad y volver a alcanzar la plena salud.

También acceder a la mejor prevención de la enfermedad, para no hacerlo sin necesidad, por falta de cloacas, de buen tratamiento de las aguas potables, por falta de control de los mosquitos, o lo que sea que enferme, y se pueda evitar con sensatez y atención.

Tener bien a los viejos. Bien. Que no nos necesiten, aunque nos tengan ahí, atentos a cualquier necesidad. Guardándoles la cabecera de la mesa y dándoles prioridad para entrar al baño, como decía el poeta Pancho Muñoz.

Que los pibes puedan acceder a la mejor educación posible.

Tan alto como el que más, si es posible y que cualquiera pueda llegar a ser presidente, jugar en la selección nacional de fútbol, o dedicarse a descubrir la cura del cáncer, aprovechando su tenacidad y talento.

Que los pibes no necesiten trabajar ni pedir.

Que estén libres de la explotación y el abandono.

Que puedan ser amados por sus padres para lo cual hay es necesario apuntalar a su familia concreta, asegurándonos que el padre tenga una tarea con ingresos suficientes y una casa donde vivir, apuntalando a su mujer para que reine en el lugar y cuide con un ojo a los pichones.

Trabajo hay, está todo por hacerse, lo que no hay es remuneración para ese trabajo, bueno, tomemos el producido de nuestro trabajo común y paguemos por ese trabajo a quienes lo hagan, no es tan difícil.

Si todos cobran por su trabajo (una cifra que les permita vivir con dignidad) el PBI de esa sociedad de pleno empleo crecerá en felicidad y bajará sus costos en problemas de todo tipo.

Tener una casa donde poder vivir, donde criar a los chicos, donde guarecerlos ante cualquier contrariedad de la vida, una casa donde reunirse los domingos, o en navidad, para que los chicos corran en los cumpleaños con sus primos y amiguitos, una casa donde poder morirse tranquilo, rodeado de los suyos, sabiendo que a nadie le faltará el pan o el trabajo, no es tan difícil. Las casas se hacen de tierra, los techos también y las tejas.

Los pisos están en la tierra, el hierro y los cables hay que fabricarlos, pero lo venimos haciendo desde hace mucho tiempo, sabemos como hacerlo.

La familia con otras familias hacen un barrio, y pueden organizar un club de barrio que la contenga, que nutra con la cultura del barrio, que sirva para hacer ejercicios, jugar al fútbol con los muchachos, alejarse de la delincuencia, el alcohol y las drogas, o del sedentarismo, también puede ser, y las chicas puedan hacer gimnasia, jugar al básquet, poder reunirse con los vecinos a compartir un homenaje, alguna fiesta local, un baile, una representación teatral de los hijos o de los peores el barrio; un lugar al cual pertenecer y al cual poder defender.

La felicidad necesita de un cierto grado de seguridad, para que nadie sea avasallado por alguien más poderoso, ya sea un personajón, un mafioso o incluso, una multinacional, necesita un orden que garantice el respeto a sus derechos y a los del vecino.

La felicidad del pueblo necesita estar lejos de la manipulación de sus vidas por parte de terceros.

Que no se permita la venta de drogas a sus hijos para que no sean envenenados, y para que no prohíjen la delincuencia amateur (que si hay algún delincuente, al menos que no llegue drogado al hecho y que no mate a nadie, y que tampoco sea muerto), y que si va preso, como corresponde, pueda ser reintegrado a la sociedad, pueda trabajar dentro de la cárcel para alimentar a su familia, pueda aprender a ser mejor, sin que los guardia cárceles aprieten a sus mujeres, humillen a sus hijas e hijos y a sus madres, etc.

Se necesita seguridad para que la policía no mate a nuestros hijos o a los hijos de la vecina, arguyendo el amparo de la ley.

Que la institución que cuida de nuestra seguridad no sea, al mismo tiempo, la organización que apañe y prohíje asociaciones ilícitas o bandas de delincuentes que aumenten sus ingresos haciendo la vista gorda de un desarmadero de coches robados, la venta de drogas o los piratas del asfalto.

Que un sargento de policía no sea el jefe de la banda que asalta a personas de la tercera edad para robarles, y como si esto fuera poco, golpearlos

feamente.

Es decir, tener la seguridad de poder marchar hacia lo mejor de nosotros mismos, pudiendo luchar en común, contra nuestras peores partes, ayudándonos unos a otros, con posibilidades de éxito.

Que no nos envenenen con el alimento y la bebida, que los laboratorios internacionales o nacionales no nos usen de chanchitos de la India con los remedios, que no avasallen nuestros derechos, roben nuestras riquezas, envenenen a nuestra juventud, ni la prostituyan, ni vendan a los hijos de los pobres de Corrientes o de Laferrere. Y que no haya pobres.

Detengámonos, un segundo, en este punto.

No es necesaria la pobreza en un país que desborda de riquezas. Argentina es un país grande y rico. Muy rico. Hay mucha plata que se ve, que está a la vista.

El nuestro es un país donde todo existe en abundancia: la comida, la energía, la tierra fértil, en fin, puede que falte petróleo, pero tenemos energía atómica. Tenemos lechuga, carne, tomates, naranjas, mate amargo, amargo serrano y vino de primera, nuestra vida debería ser una fiesta permanente.

La memoria de nuestro ser, de como somos, refiere a un pueblo inteligente, hábil y deseoso de progresar, capaz y emprendedor. Tenemos actitud y gente súper capaz para la clonación animal, el desarrollo atómico (como los del Balseiro) la creación de software, de inteligencia artificial (como en Córdoba); un tipo de ejecutivo que pelea cabeza a cabeza en casi cualquier lugar del mundo donde lo pongan a competir, este es un lugar donde hay mucha gente valiosa y muchas cosas para disfrutar.

El desaparecido profesor universitario de historia económica, Juan Carlos Martini, aseguraba -hasta hace poco- en sus clases, que, con lo que se hallaba tirado sobre la arena de nuestra extendida costa atlántica (no en el mar, sino ahí, en la playa, tirado) se podría pagar la deuda externa.

Aquí hay mucho de este tipo de riqueza, en la flora y en la fauna y esta disponible para que podamos disfrutar de esas riquezas, en términos ecológicamente armónicos.

Quiero decir que tener el 40% de la población en estado de indigencia o de pobreza requiere de un gran esfuerzo. Lo más fácil sería que todos estén bien y tengan lo que necesitan. Es más difícil armar comedores para que la gente coma en una salita del barrio, como pobres, que proveerle recursos a quienes puedan trabajar, para que coman en su casa, sanamente y en familia.

Es más fácil darle a cada uno lo necesario para que vaya al mercadito a comprar lo que necesite, que organizar la entrega de bolsas con comida para la gente pobre, en su rol de pobre, es decir, sin la dignidad que le corresponde como persona, como ciudadana, como trabajador, etc. Un bochorno.

Es una cuestión de organización comunitaria.

Lo contrario se llama imperialismo.

Quizás también, racismo.

Es decir, si los recursos que nosotros logramos acumular con nuestro trabajo son nuestro capital y en vez de administrarlo nosotros, a través de nuestra organización macro, que es el Estado, se la llevan ellos, las corporaciones, resulta muy frustrante ver que, año tras año y década tras década, nada de lo que hacemos logra procurarnos aquello que necesitamos y que nos es propio.

Las corporaciones logran despojarnos de nuestras riquezas, de nuestro patrimonio, de nuestros recursos, a través de leyes y contratos que obtienen haciendo lobby sobre las autoridades del poder ejecutivo o de los otros poderes.

También lo consiguen manipulando la información, a través de los medios de comunicación que poseen, de manera cautiva y monopólica, para convencernos de que es justo e inevitable que nuestros recursos se los lleven ellos para enriquecimiento de sus comunidades, aunque la nuestra quede pobre y desplumada.

¿Cuáles son las prioridades de la administración de nuestro Estado como comunidad organizada?

Debemos acordar y aportar, juntos, consensuando, un sistema que prohíba, en la práctica, definitivamente, la pobreza de cualquier tipo en nuestra tierra. Tenemos sobrados recursos para hacerlo, solo hace falta cambiar las prioridades. Es mas, tenemos los fondos camuflados en nuestro propio presupuesto.

Salgamos de la locura de los colegios caros y prestigiosos, de los barrios cerrados, de los secuestros a los ricos, de la venta de droga libre, (amparada por la policía mala) y del gorilismo que supone que hay gente mejor a la que le corresponde una vida mejor y existe otra gente, más negrita, como animalitos, que les correspondería, una vida peor.

¿Quién nos impuso este tipo de razonamiento, y este tipo de vida? ¿Dónde compramos este racismo económico, social y cultural? ¿De dónde sale esta historia de la clase elegida a la que le corresponden los beneficios de la preferencia y la de la otra clase, la obrera-desocupada, que debe ser pobre y si le va mal debe aceptarlo de una manera educada, digna y silenciosa?

Podríamos auscultar en las corrientes racistas abrazadas por Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, como antes por Bernardino Rivadavia y ver desde donde y desde cuando viene este racismo en la Argentina. Que no es sólo en Argentina, ya vimos los sucesos en Francia, Bélgica, Alemania y España, donde los hijos de los inmigrantes del oriente medio incendiaron más de 11.000  vehículos para expresar que no querían seguir siendo discriminados por la sociedad blanca.

El racismo existe en el mundo, esta vigente, se emparenta con la idea de las clases sociales y económicas y tiene una fuerte presencia en nuestra sociedad.

Mi experiencia personal (al capacitarme en un training de relaciones con la realidad) me ha permitido compartir testimonios muy importantes de personas muy valiosas pertenecientes a todas las clases sociales, culturales y económicas de nuestra sociedad.

Puedo asegurar, entonces, con toda solidez y convicción que los privilegios económicos o sociales, favorables, no aseguran ningún tipo de felicidad per se a las personas beneficiadas.

Hay una cuestión cultural de por medio, que se refiere a la cuestión del amor.

Ahora nos estamos refiriendo al amor en general, en comunidad, solidario. 

La cuestión del amor, amor por los viejos queridos, amor por los niños, amor entre amigos, entre primos, tíos, vecinos, amigos del colegio, de la universidad, de la militancia, amor por aquellos que tienen capacidades diferentes, amor interracial, amor por la tierra, por nuestra gente, amor por los compañeros de la Patria grande, etc.

La actitud del amor es eso que nos hace mejores, más felices, en paz y armonía con nosotros mismos y con la naturaleza de las cosas. Amar como respeto. Respeto por el derecho de los otros y por los propios; amor como reconocimiento a nuestros propios valores por parte de los otros y de los suyos por parte nuestra.

Nos han impulsado a la autocrítica feroz y no nos han permitido dedicarnos a la clase de amor que nos dice que somos importantes para esta familia, para este barrio, para este municipio, para esta provincia, para este país, para este continente.

¿Quién puede vivir sano o feliz en una sociedad que nos dice que no nos necesita, permanentemente, que somos demasiado negros, o altos, o gordos o viejos o incultos o cultos para lograr un lugarcito en la luz de los focos; una sociedad mediatizada por ellos que nos enrostra no tener más recursos para acceder a esto o aquello, que nos envía mensajes de disvalor, porque no sabemos, no somos dignos, somos sospechosos, no nos vestimos lo suficientemente bien, no hemos estudiado tanto, y si estudiamos y nos recibimos de más, entonces por qué no progresamos?

El amor activo incluye el amor por todos nosotros, porque eso nos recupera y nos dignifica.

Amor por nuestros caídos en Las Malvinas, vilmente humillados por el olvido y el ninguneo; el amor por los paraguayos asesinados en la Guerra de la Triple Alianza, el amor por nuestros 30.000 desaparecidos, cumpas hermanos del alma, por nuestros granaderos caídos en las batallas de la independencia, por los gauchos de Güemes y de Felipe Varela, por los caídos del genocidio social, ejecutado contra nuestras familias (en especial los últimos 20 años).

Un amor que nos permita honrarlos y enaltecernos para que nuestros hijos y nietos quieran ser patriotas, valientes y dignos para poder ser felices y vivir en paz porque sino vivirán de rodillas y se sentirán indignos y esclavos.

Amor por nuestros criollos, por nuestros indígenas, por nuestros ascendientes europeos, amor por nuestros ascendientes africanos negros; amor por nuestros ingenieros, nuestros albañiles, nuestros maestros, nuestros filósofos, nuestros médicos, nuestras enfermeras, nuestros panaderos, nuestros soldados, nuestros militantes políticos, nuestros investigadores…

El amor es la única herramienta que sirve para cualquier cosa. La que embellece y justifica. La que nos mejora. La que nos ensalza como seres humanos.

El amor por nuestro pueblo impide postergar los problemas flagrantes de sus familias. El amor es una categoría ideológica y militante que no acepta

injusticias ni situaciones degradantes que deba vivir nuestra gente, por ninguna razón y bajo ninguna circunstancia, ni por mucho tiempo tampoco.

No se puede esperar que los índices económicos macro y las obras públicas, resuelvan poco a poco el problema del empleo estructural.

El problema básico de las familias, debe encararse en carácter de urgente, prioritariamente y en emergencia extrema. No debemos aprender a convivir con esto ni un mes, ni un año, ni un periodo presidencial.

Debemos acortar los tiempos que pongan fin a las humillaciones que sufre nuestro pueblo a raíz de las crisis provocadas por el robo sistemático de sus

ahorros por parte de las corporaciones financieras y otros ladrones de guante blanco, ya sea en la facturación de la luz, el gas, el consumo telefónico, etc.

Resolvamos los problemas del pueblo ya, y usemos los múltiples recursos que tenemos en esa dirección, después veremos como mejorar poco a poco la situación estructural.

Somos demasiado lentos para resolver estas cuestiones tan sagradas. Los funcionarios no pueden llegar a fin de año sin utilizar todo el presupuesto de acción social, es criminal administrar así y son varias las oportunidades en que esto ha sucedido en nuestro país, en medio de la crisis más grande que ha sufrido el pueblo argentino en más de un siglo.

No podemos aceptar como buenas, las respuestas sensatas de los funcionarios, que comen bien en casa y calentito, respecto de los tiempos burocráticos, las planillas y formularios que exigen, muchas veces engorrosos, para acceder a ciertos planes sociales, que se interponen en la rapidez y eficiencia de la solución de las necesidades urgentes de la gente,

mientras nuestro pueblo revuelve en la basura, para dar de comer a sus hijos.

¡Dejémonos de convivir con el sufrimiento de nuestro pueblo! Hagamos una revolución del amor hacia los nuestros.

Compremos casas con urgencia para la gente que vive en cartones. Paguemos las hipotecas de las casas de familia que son ejecutadas en tiempos de crisis por las razones financieras de las corporaciones, sin dudar, (se ha hecho con las deudas de las empresas de la burguesía nacional, licuando en pesos sus pasivos, ¿por qué no, entonces, con la gente común?) y multipliquemos la construcción de viviendas.

Hagamos viviendas para los viejos, para las familias, para los jóvenes enamorados, apostemos por la vida. Ocupemos a todo el mundo en esa tarea.

¡Basta de coquetear con la cultura de la muerte! Protejamos a la vida. A las familias.

Debemos confrontar ambas culturas y tomar partido.

Saquemos a los intermediarios políticos de la ayuda social si esto quisiera decir que el estado pueda otorgar los beneficios de un orden mas justo a cada beneficiario, directamente. Se pierde mucho dinero en medio del camino de la beneficencia política y se manosea a la gente que se ve en la obligación de estrechar relaciones con sus benefactores políticos, de manera humillante.

Los compañeros deben apoyar fuertemente la no intermediación de la ayuda social y participar activamente en ella, para ejecutar la justicia social.

Plantemos árboles, explotemos ecológicamente las minas y financiemos estas actividades del largo plazo con el capital ahorrado por nuestro pueblo, quitándoselo a las AFJP (que se están robando el ahorro de los trabajadores con sus insufribles y abusivas comisiones).

Esos negocios, como el de la minería, están siendo hoy en día, explotados por compañías extranjeras que se llevan nuestras riquezas a sus respectivos países pagando impuestos por declaración jurada, es decir que pagan lo que quieren y se llevan la que pueden. Nosotros tenemos ahí el capital de nuestro ahorro que esta siendo manipulado en cuestiones de menor rendimiento para darle ganancia a otros.

¡No permitamos más la venta libre de drogas a nuestros hijos!

La droga es la madre de todos los delitos. Se paga con armas, con muertos, con el producto de los robos. ¿Queremos seguridad? Debemos dejar de permitir la venta de drogas a nuestros hijos, aunque la DEA parezca demasiado instalada en nuestra realidad institucional y mucha gente quiera hacernos creer que es una practica acordada con el poder imperial de carácter inevitable.

No se puede creer que cualquier consumidor, aun recién iniciado sepa donde conseguir droga y la policía no. La policía custodia la venta libre de las drogas en nuestro país ¡Dejémonos de hipocresías!

Cerremos los institutos de menores, como hizo San Luis, ya que son una escuela de delincuencia y usemos esos fondos para financiar a las familias a efectos de que puedan tener a sus hijos consigo.

La familia debe ser apoyada, consolidada, afirmada, protegida, no podemos ser victimas de nuestra propia ceguera e indecisión, de nuestra mediocridad. 

No se necesita tanto dinero para ser felices, los recursos están, solo falta la decisión política y apuntalar una cultura que la instale para siempre. Y allí todos tenemos un rol que cumplir que es el de comprender primero, y luego comprometernos con esa cultura de la felicidad cuidándonos los unos a los otros. ¡Es tan linda nuestra tierra! ¿Tan linda nuestra gente! (La Patria grande tiene mucha gente maravillosa que admirar). Podemos disfrutar del arte de nuestros artistas cuya obra forma parte de la calidad de vida de los argentinos.

Podemos admirar y homenajear la calidad humana de esas madres que caminan por las calles de las grandes y medianas ciudades, con su carrito, recogiendo cartones, llevando, a su par a sus tres hijitos de 4, 6 y 8 años, agarraditos de la manijita, acompañándola a través de largas cuadras, buscando que darles de comer; o de ese señor, de aspecto humilde, que lleva arriba del carro a su hijo y mientras busca cartones le canta una canción que el hijo intenta aprender; o de esos muchachos que pasan, ora bullangueros ora silenciosos, dos que son amigos y la hermana de uno de ellos, todos adolescentes, que en vez de andar de caño, han salido a la calle a juntar cartones, sumando kilómetros y horas a su desocupación, para juntar unos pesos y llevárselos a la vieja que los espera con arroz y tortas fritas para el mate de la mañana. Para el peronismo, el tema del pueblo maravilloso esta en las 20 verdades: En esta tierra, lo mejor que tenemos es el pueblo.

También, para el peronismo, la felicidad es un tema central.

Como dicen las mismas verdades: La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza Nacional.

En ese orden, es decir, primero el tema de la felicidad. (Corre por allí, alguna teoría de la desdicha permanente, pero no es la nuestra, porque nosotros le vimos la cara a Dios y queremos seguir viéndosela, por eso, nuestro sino, es ser optimistas).

MG/

El Correo-e del autor es martingarcia@velocom.com.ar

  • Martin Garcia, es comunicador social; director de la Red Nacional y Popular de Noticias (Nac & Pop); coordinador de la Agrupación Oesterheld; miembro del consejo de redacción de la revista mensual, Question Latinoamérica, (donde fue publicado este articulo) y asesor en el Senado de la Nacion en el tema de Comunicaciones.