Manual del Antiperonismo Ilustrado

OTROS LADRILLOS EN LA PARED

Claudio Diaz

claudio diaz
Mario Bunge, Tulio Halperín Donghi,  Lila Caimari, José Ignacio Garcia Hamilton, Luis Alberto Romero, Oscar Troncoso, el circo antiperonista neoliberal conservador y progre.  

Otros ladrillos

en la pared.

-La sociedad oligárquica no ha dejado en su estela histórica más que parálisis, manías imitativas, poesías traducidas y argentinos descontentos de su país.

(Jorge Abelardo Ramos)

 

Por Claudio Diaz

 

El directorio cultural y mediático que pretende controlar el pensamiento de un país distribuye prestigio entre ciertos habitantes del mundillo intelectual. Lo hace por afinidad ideológica para que los postulados que sostiene ganen consenso entre sectores sociales a los que necesita dominar.

Todo comienza cuando aquella estructura decide conceder el crédito y dictamina que tal o cual personaje es moral, ideológica y políticamente un dechado de virtudes; exquisito, insuperable y notable analista del mundo y de la vida.

El pergamino que recibe el prestigiado tiene carácter vitalicio dura para toda la vida y no hace falta revalidarlo, sobre todo porque los que vienen detrás del adelantado que inició el reparto de medallas, repiten operación sin averiguar o detenerse a pensar si los antecedentes que merecieron la distinción tienen sustento.

Por ejemplo, han leído de algún colega la categorización de –el más grande historiador que se le adosa a,  por ejemplo, Tulio Halperín Donghi, de modo que cuando tienen que presentarlo trasladan mecánicamente el elogio aunque quizá no hayan leído ni un solo párrafo de su producción ensayística.

Seguramente, el reconocimiento que se le otorga a esas figuras muchas veces está justificado. Pero la cuestión toma otro cariz cuando la sabiduría integral del personaje endiosado es usada para imponer discursos políticos totalmente intencionados. Y ya se sabe cómo los sectores medios consumidores de cultura se apropian de esos referentes y atienden todas sus afirmaciones a partir del cartelito que le colgaron justamente los medios del sistema dominante: –agudo analista político, –inteligente observador de nuestra realidad. ¿Pero cómo son realmente, qué condiciones los hacen sobresalir?

Lo primero que salta a la vista en este tipo de –referentes es que están pasados de intelectualismo y se consideran a sí mismos como eruditos con ideas revolucionarias.

Creen que, como productores de pensamiento, tienen todo que enseñar y nada que aprender. Hay abundantes ejemplos del contraste entre lo que estos prestigiosos del campo progresista afirman y la realidad.

Todo debe haber empezado cuando el pintoresco Juan B. Justo dijo que para desarrollar la Argentina hacían falta –el librecambio y la supresión de la Aduana.

Realmente es difícil explicarse cómo hacen para mantenerse socialmente asépticos;, para tener una más que buena posición económica y representar a los pobres; pertenecer a la clase media y darle recomendaciones a la clase baja; referir sin trabajar a los que trabajan, sin pelear a los que pelean y sin ser obreros a los obreros.

Por eso a la izquierda liberal de este país le resulta más sencillo (en realidad lo es) producir intelectuales en lugar de líderes. Los líderes surgen de las zonas marginales a las que no concurren ellos. Y los consagra el pueblo. En cambio, los intelectuales son fatti in casa por los libros.

El líder busca y cita hombres; el intelectual busca y cita libros. Pero las ideas carecen de valor mientras no demuestren su capacidad de convertir en actos, y su intención de subordinarse a esos actos y pender de ellos.

Escribió Salvador Ferla:

-Si Jesús no se hubiese rodeado de pobres, el Evangelio no tendría encanto ni valor doctrinario. Hizo una doctrina para pobres y se rodeó de pobres. Y ese -acto-, que califica la autenticidad de la doctrina, es tan importante como la doctrina misma. (1)

Los intelectuales prestigiosos le reprochan al peronismo prácticamente todo, desde su cuerpo de ideas hasta su estética.

Pero la presencia de la clase obrera y de los pobres en el peronismo vale tanto o más que toda la literatura de izquierda y sus teorías revolucionarias.

Artigas, el primer calumniado de la historia argentina, no sabía de ideologías y doctrinas como sí podía saber Mariano Moreno. Pero mientras el abogado vivía solitario y leyendo, el caudillo convivía al aire libre con su pueblo. Y mientras aquel distribuía sus ideas, éste, gaucho y patriarca, repartía tierras entre sus soldados.

Lo mismo puede decirse de Rosas; comparado con los políticos de su época, quizá no tenía una esmerada formación intelectual, pero con la ayuda de su robusto sentido común había descubierto el profundo valor de la soberanía y llegado a comprender que si a las grandes potencias se les afloja una vez, querrán cada vez más; que la primera humillación se convierte en una cadena interminable de humillaciones.

Esa comprensión le daba una superioridad ideológica sobre hombres preparados y prestigiosos como Alberdi, quien llegaría a entender la película de nuestra historia colonial casi al final de su vida.

Los supuestos expertos que nos dan clases de política a veces pasan por alto o ignoran lo elemental, y de sus consideraciones surge un grave desconocimiento de las características del país, sus orígenes y sus condiciones de desarrollo histórico.

Analizan la marcha de lo que pasa en el país de manera desconectada a su formación, como si pudiera explicarse la vida de una persona a partir de sus 25 años de edad y no desde el cordón umbilical, con sus primeros pasos y sus primeros tropiezos, con su desarrollo primario que determina gran parte de su desarrollo posterior.

La fotografía del país aparece, de esta manera, con muchos puntos no revelados.

Vamos a detenemos en los casos de Mario Bunge y Tulio Halperín Donghi, por citar a apenas dos de los intelectuales prestigiosos que aparecen repetidamente en los suplementos de cultura de los diarios o incluso en la pantalla televisiva.

No caeremos en la mediocridad de desmerecer los conocimientos que poseen sobre la especialidad a la que dedicaron su vida: el primero, la ciencia y la sociología; el segundo, la historia universal.

Pero sí queremos ejercer el derecho a disentir con sus opiniones sobre política argentina. Tanto Bunge como Halperín Donghi se han marchado de nuestro país hace 40 años (aquél a Canadá, éste a los Estados Unidos) y, aunque periódicamente regresan, parece que tan larga ausencia los lleva a cometer increíbles análisis sobre la realidad nacional, con reiteración de diagnósticos que la propia historia se encargó de descartar.

A favor de Bunge, que dejó la Argentina en 1963, podemos decir que es un intelectual absolutamente sincero, un caso fuera de lo común que sólo puede darse en un país como el nuestro a raíz de la intoxicación ideológica a la que fuimos sometidos desde el siglo XIX.

Se define a sí mismo como socialista liberal, concepto que no debe mover a risa porque, insistimos, parte de sus propios labios. Fue presentado alguna vez por el periodista Jorge Halperín como –un hombre acostumbrado a meter el dedo en la llaga, cuya principal tarea es la de provocar la polémica.

La verdad es que lo definió muy bien, más allá de que después le adjudicó ese toquecito de prestigio del que veníamos hablando: lúcido pensador. ¿Será porque dice monumentales disparates sobre el peronismo?

Pasemos a examinarlo.

En uno de sus esporádicos viajes a Buenos Aires, en 1985, Bunge pidió audiencia con el entonces presidente Raúl Alfonsín para plantearle el diseño y sometimiento a referéndum de un denominado Plan de Reconstrucción Nacional…

-haciendo eje en la necesidad de suprimir tres elementos que a mi juicio son los que condujeron al desolado estado de destrucción de la Argentina: los militares, el peronismo y los psicoanalistas. (2)

¿No es extravagante su teoría?

Sin embargo, posterguemos por unos instantes nuestra opinión para dar lugar a otras de sus reflexiones, que nos permitirán conocer más a fondo los motivos de la extrañísima concepción que tiene acerca del drama argentino:

-La magnitud del desastre (…) no empezó en 1976 ni en 1973 ni en 1943. El gran comienzo de la decadencia argentina empezó el 6 de setiembre de 1930. Ahí es cuando el país empezó a perder esa línea liberal, progresista, cientificista, laica… (3)

-Yo soy un hombre de izquierda. Mi padre, Augusto, se anotó en el Partido Socialista cuando recién se fundó. Lo llevó José Ingenieros, que era compañero de medicina de él. Papá se afilió en 1898 y daba conferencias en sindicatos y tabernas contra el alcoholismo y sobre el feminismo. Participó en el derrocamiento de Yrigoyen pero después se arrepintió. (4)

 

-El castellano es una lengua atrasada y la prueba está en que incorpora neologismos, anglicismos y germanismos. Es una lengua inferior porque detrás de ella hay una cultura inferior. (5)

Ahora ya podemos tener una noción más completa respecto del pensamiento del profesor. Con su desvelo por la grapa que se cargaban los trabajadores acodados en el estaño de los bares, su padre Augusto, que fue diputado y está considerado como uno de los primeros higienistas del país, le marcó esa preocupación sin duda sincera y humana, pero absolutamente fuera de tiempo o, para estar a tono con el léxico contemporáneo, políticamente incorrecta.

En el 1900 el problema no era que los obreros, además de gastarse la miseria del jornal en el boliche, se desentendieran de la lucha por culpa de los vahos etílicos; tampoco el eje pasaba -aunque suponga una postura muy progresista- por la liberación femenina, esa idea extemporánea que plantea el –sometimiento de la mujer en el mundo laboral como si el hombre no fuese explotado por alguien de su mismo género.

Lo que no alcanzaba a percibir Bunge padre es que las infamantes reglas laborales (entre 14 y 16 horas de trabajo por salarios de hambre y con la única posibilidad de descanso el domingo por la tarde), no le dejaban al obrero otro recreo que distenderse en esas poquísimas horas de libertad quedándose a dormir en el conventillo o yéndose a tomar un trago. Pretendía que fueran máquina, que, después de largas horas de uso siguieran enchufadas para escucharlo a él, postulando las necesidad de someterse a la Ley Seca mientras al mismo tiempo empujaba a sus mujeres para resistir la explotación machista.

¡Qué podría esperarse de Bunge hijo con esa herencia filosófica? Respuesta: esa ensalada light, sin sal ni aceite, que llevaría a considerar que la decadencia argentina no es producto de la imposición de programas antinacionales y antipopulares a cargo de potencias y clases dominantes, sino el resultado de haber dejado en el camino el cientificismo liberal y protestante, una opción que difícilmente haga masa en la Argentina por el ascendiente hispánico y católico que nos hermana a toda Latinoamericana, encima hablando la inferior lengua castellana, como define. Bunge_podría confraternizar con Hitler, que también pregonaba la superioridad de una cultura sobre otras

Si hablamos de ensalada ideológica estamos haciendo referencia a distintos tipos de –verdura. Que es lo que vendía hace unos años el epistemólogo (según el diccionario: persona que  analiza los fundamentos y métodos del conocimiento científico) bajo el anuncio de un descubrimiento fabuloso, tan increible que nos tienta a pronunciar aquella célebre frase… ¡Paren las rotativas…! Es que su revelación (para la misma fecha, le aconsejaba a Alfonsín acabar con los militares, los psicólogos y los peronistas) sacudía sin duda al mundo entero, incluso, no puede entenderse que el abanico antiperonista de la Argentina, las fundaciones financiadas por las capitales democráticas u organizaciones mundialistas como la ONU y el Tribunal Internacional de La Haya, no hayan tomado nota de la gravedad de su denuncia.

Según Bunge, en nuestro país el secuestro y la desaparición de militantes políticos y sociales no comenzó con la dictadura de Videla y Martínez de Hoz, sino durante el segundo gobierno de Perón: -Perón solamente necesitó al final de su mandato recurrir a la violencia. Al principio no, porque tenía el apoyo de la mayoría del pueblo (…). Las desapariciones empezaron recién el '52; ahí fue cuando los argentinos inventaron esa definición jurídica aberrante, que es la de la desaparición, pero fue en pequeña escala. Desaparecieron unos 100 dirigentes sindicales y políticos; y las grandes matanzas empezaron cuando regresó Perón, en 1973. (6)

¿No es el guión perfecto, uno más de tantos que podrían escribirse, para producir una película que compita por el Oscar de la Academia de Hollywood?

Si el peronismo hizo desaparecer del mapa a un centenar de argentinos y además produjo las grandes matanzas, es perfectamente lógico que Bunge lo vea como…

-una combinación de fascismo con clericalismo y con muchos elementos originales. No se puede negar que el peronismo es una invención argentina.

Una invención tan pero tan original, que los politólogos del mundo entero se han devanado los sesos tratando de entenderlo, y sin embargo no lo han logrado…

Un gran sociólogo argentino me dijo cuando se iba del país, textualmente, lo siguiente: –Me voy porque a pesar de haber estudiado durante muchos años el fenómeno del peronismo, sigo sin entenderlo (…). (7)

En fin, burros hay en todas partes. Lo grave es que a Bunge y su amigo exiliado, nuestro sistema educativo les haya entregado el título de sociólogos a pesar de no haber interpretado que este movimiento político es resultante de un proceso histórico nacional. Linda clase de universitarios que no pueden interpretar el alma de sus propios países y se van a devanar los sesos en el extranjero para ver si encuentran alguna traducción libre historia argentina.

Para abril de 1998 estaba de vuelta en el país. Y una revista preguntaba qué cosas, a su juicio, habían cambiado en la Argentina desde su partida a principios de los' 60. Respondía: -Ha habido muchos cambios, algunos para mejor y otros para peor. Los principales cambios positivos son el retorno de la democracia política, el debilitamiento de las fuerzas armadas, la desintegración del peronismo y la emergencia de nuevas fuerzas políticas. Los principales cambios negativos son la adopción de una política socioeconómica regresiva y el deterioro de la cultura, en especial la educación. (8)

La desintegración del peronismo, que, lamentablemente, para él, no se operó, como aseguraba muy suelto de cuerpo, venía bien. ¿Y de la desintegración del país, nada para decir? La entrega del patrimonio nacional, el retorno al coloniaje más brutal aparecen disfrazados de un tenue calificativo de política socioeconómica regresiva. El saqueo cientifícamente calculado, con el mayor eficientismo que tanto ama, no cuenta en su consideración. ¿Y el liberalismo? ¡Pero qué tontos! Si el mismo Bunge ya nos adelantó en el comienzo que es liberal… Pavote izquierdista para quien existe únicamente la fuerza del mal peronista, sin imperialismo s ni oligarquías que hagan daño.

-Es increíble que este país, que en las primeras décadas del siglo XX estaba entre los primeros del mundo, y se presentaba junto a Australia y Canadá como las mayores potencias a futuro, haya caído en el peor de los pozos. Pero ya se sabe, acá dejaron hacer a las fuerzas armadas lo que quisieran, y encima después apareció el peronismo con toda su política demagógica. En Australia y Canadá fue todo tan distinto.  (9)

Otra vez el sonsonete de siempre: Australia y Canadá como paralelos de la Argentina liberal y democrática que se frustró por culpa de los peronistas. Bastaría con recordarle a Bunge que Australia no tuvo luchas emancipadoras como sí debió afrontar nuestro país para librarse del yugo colonial. Australia es una nación de probeta elaborada en el laboratorio de los ingleses, una casa construida llave en mano para que cientos de miles de hijos del Conlmonwealth (la comunidad integrada por los habitantes de todas las posesiones británicas) tuvieran un hogar común para vivir, aunque al costo, que Bunge no dice, de mandar al subsuelo a los habitantes aborígenes que estaban desde mucho antes en la isla: sus derechos civiles les fueron reconocidos recién en 1962, y los censaron, les dieron habilitación oficial como hombres y mujeres, nueve años más tarde.

Lo extraordinario es que Bunge, siendo un pensador de izquierda, desconozca el papel de las potencias dominantes, eso que algunos intelectuales tienen miedo de pronunciar por temor a una sanción disciplinaria: imperialismo. En nuestro país, las Fuerzas Armadas de las que se queja, con algo de razón, no hicieron lo que hicieron porque sí. Fueron impuestas por la sociedad liberal oligárquica-imperialista. Bunge tendría que reconocer al menos ese aspecto, porque de lo contrario parece que aquéllas hubieran sido llamadas por el pueblo para producir la muerte y el saqueo de la Argentina.

Ahora nos toca examinar a otro eminencia del pensamiento:

Tulio Halperín Donghi,

Según las academias del prestigio Tulio Halperín Donghi es –el historiador más notable de los últimos 50 años.

Hizo su tesis en la Ecole Practique des Hautes Etudes de París, y Argentina en el callejón y La larga agonía de la Argentina peronista son sus más de 20 libros que la mayoría de la intelectualidad como obras de cabecera para entender la historia Argentina del siglo XX.

También puede ser visto como agudo e irónico, de acuerdo a la definición de la periodista y escritora María Seoane en una entrevista que nos sirve para conocer las posiciones de quien es docente emérito de la Universidad de Berkeley y comulga las ideas del marxismo de esta manera:

-La Argentina es un país que se descubre cada vez más sin un lugar definido en el mundo. Es exactamente lo contrario de lo que sucedía a fines del siglo pasado, cuando parecía que el mundo era enormemente acogedor para lo que Argentina podía ofrecerle, que eran las exportaciones agropecuarias sobre la base de las cuales creó una sociedad bastante próspera, más igualitaria que la que tenemos ahora. (10)

¡Qué tal…! Un marxista enamorado del modelo agropecuario exportador que apenas reparte el pan entre su gente y no permite, de ninguna manera, que se instalen industrias para desarrollar una clase trabajadora.

Pero más allá de ese detalle, ¿pensarían igual los peones del campo, las masas explotadas hasta la servidumbre por las empresas inglesas, los andrajosos obreros de la Patagonia rebelde, el pobrerío urbano hacinado en la orillas del puerto por la oleada de inmigrantes que llegaban a Retiro?

El materialismo dialéctico no parece haberle dado argumentos valederos a Don Tulio. Encima, que aquel lugar en que el mundo fuera bajo la categoría de colonia inglesa no le decía nada, Y todavía hay algo más en la siguiente añoranza:

-Cuando uno piensa que los gobiernos oligárquicos crearon buena parte de los hospitales y las escuelas que todavía tenemos que usar, y no creían estar haciendo una obra de asistencia social sino cumplir los deberes básicos de todo gobierno, se ve lo que hemos perdido y sus consecuencias. (11)

El, por lo pronto, perdió memoria y objetividad. Se acuerda de los edificios que levantó la oligarquía pero no de las 8.125 escuelas y los 18 grandes hospitales, de alta complejidad, además de centenares de salas de salud más pequeñas, que crecieron bajo los dos primeros gobiernos peronistas. En cuanto a ganancias y pérdidas, el pueblo bien sabe cómo le fue cuando al país lo condujeron las camarillas oligárquicas que tanto venera.

En Argentina, la democracia de masas, sentencia con rigidez de juez que cuando se produce la revolución de junio de 1943, -el avance de la corriente autoritaria corresponde al influjo de Perón…

De la corriente pro-imperial (británica y yanki al mismo tiempo), ni una palabra. Pero está bien, porque esa sí es democrática. A continuación dirá que Perón crece en su popularidad gracias a que brinda…-ventajas concretas, y apoyadas en las premísas anticapitalistas de la propaganda fascista.

Si las premisas políticas y sociales del coronel constituían una crítica al capitalismo, también podía interpretarse que el cuestionamiento tenía tinte comunista. Pero no… Halperín necesita que el juicio de Perón al imperialismo destilaba un tufillo fascista, pues así le servía para justificar su inclusión en esa línea política.

Sin duda, a él le gusta estar más cerca de los verdugos del ¡emaque de las víctimas que van quedando en el camino. Si el modelo de 1880 le resultó más progresista que los que llevan adelante Yrigoyen y Perón; no debe extrañar que también marque claramente sus diferencias entre los contendientes del abominable 16 de junio de 1955: -El 16 de junio, cinco días después de la desafiante procesión de Corpus, estallaba un alzamiento apoyado sobre todo por la marina de Guerra. Luego de horas de combate en torno al edificio del Ministerio de Marina y de un bombardeo y ametrallamiento aéreo del centro de la capital por los revolucionarios, el gobierno pudo sofocar el reducido núcleo insurgente; esa noche, tras una concentración convocada por la CGT, cuando aún duraban las acciones aéreas, las iglesias del centro de Buenos Aires fueron incendiadas; no resulta difícil comprender que, luego de ver caer a su lado a las víctimas del fuego rebelde, algunos de los manifestantes hayan visto en esos incendios una justa venganza. Aún así, la espontánea cólera de una muchedumbre, por otra parte raleada por la prudencia, no basta para explicar la uniforme eficacia que la operación mostró en todas partes. Al día siguiente otras muchedumbres comenzaban a recorrer, heridas en sus sentimientos piadosos, los templos cuyos muros calcinados dejaban ver -eliminados por el fuego-los agregados de épocas más recientes y prósperas, los ladrillos pacientemente amontonados por los albañiles del setecientos. Si la situación hubiera dejado lugar, como en épocas menos tensas, los observadores distantes, éstos hubiesen podido repetir, como sesenta y cinco años antes, que el régimen no habría de sobrevivir a su victoria sobre la rebelión: en todo caso, la quema de las iglesias, ese acto de puro delirio, amedrentó sobre todo al gobierno que (en la hipótesis más caritativa) no había hecho nada por evitado (…). (12)

Repasando… 1°) El acto terrorista de bombardear blancos civiles es -ametrallamiento aéreo llevado a cabo por ¡revolucionarios! 2°) Los cientos de muertos peronistas son -víctimas del fuego rebelde. 3°) El incendio de iglesias, que aun con el cuestionamiento que pueda hacérsele arrojó solamente daños materiales (destrucción de templos y altares), es –puro delirio que afecta los -sentimientos piadosos de las -muchedumbres.

Corolario: en el análisis marxista de quien es considerado como una eminencia del pensamiento histórico no caben las otras -muchedumbres, las del pueblo. Y tampoco hay referencia alguna a determinar el grado de delirio que demuestra la clase dominante en la planificación y ejecución del ataque más cruento de la historia argentina del siglo XX.

¿ Tan difícil de entender es el peronismo para los ilustrados catedráticos argentinos?

A fines de 2002, el suplemento cultural de Clarín parecía querer tomar el toro por las astas al echar un vistazo a la última producción ensayística sobre el movimiento. El informe, llevado a cabo por la socióloga Lila Caimari y titulado ¿Qué sabe usted de peronismo?, abría expectativa porque daba la sensación de asentarse sobre pilares analíticos bastante originales o, al menos, no convencionales en los términos que habitualmente es dable esperar desde la intelectualidad tradicional.

Pero la investigadora del Conicet, docente de la Universidad de San Andrés y autora del libro Perón y la Iglesia Católica, tras amagar con un paso de criterio propio termina, también, -metiendo la pata con toda una contribución a las remanidas interpretaciones que se hacen en al peronismo, sobre todo aquellas que demostrarían su  carácter no revolucionario.

En la línea de Juan Carlos Portantiero, Carlos Altamirano o Ricardo Sidicaro, sociólogos doctorados en Francia, Caimari le pone unas fichas al argumento de que el peronismo del' 45 no modificó, en el fondo, las relaciones sociales sino que apenas distribuyó algunas mejoras.

Incluso se recuesta en la interpretación que aquellos hacen respecto de que el Estado benefactor e intervencionista que pone funcionamiento Perón se origina, en realidad en los gomas conservadores de los años '30. Llenando su mochila esos conceptos, termina saliendo a la carga con esta particular visión del producto peronista: -Acceso inédito a la salud y educación públicas. Gracias al crédito barato, la primera vivienda propia para muchos. Los mecanismos de acceso al confort determinaron las chances de unos y otros: al parecer fueron los empleados y pequeños y medianos comerciantes, no los obreros, los mejor posicionados para maximizar esos beneficios. Aún así, los datos sobre la mejora en la calidad de vida de las mayorías son abrumadoras. -¿Significa esto que el peronismo modificó el modelo dominante de sociedad? No. El Estado impulsor del cambio social no propuso un cambio cultural. Las escenas familiares de los manuales escolares -los mismas que dejaran esa marca imborrable en la memoria antiperonista – eran en realidad muy tradicionales: en el chalecito, el padre vestido de saco y corbata lee el diario en su cómodo sillón, la madre borda a su lado, cada uno de los dos hijos juega los juegos propios de su sexo,. el estilo de vida prometido no era otro que el de las clases medias. (13)

Un estilo muy conservador, como puede verse. ¿Cuál será el de ella? ¿Cuál debería ser el de una sociedad revolucionaria ?

Al establecerse en el poder para repartir la riqueza de manera equitativa (que eso, simple y sencillamente, constituye una de las razones de ser del peronismo; algo muy obvio pero que se pierde en los devaneos intelectuales de la mayoría de los estudiosos), el proyecto de Perón no se proponía cambiar la –cultura de vida de los argentinos sino sus condiciones, desde las oportunidades que tuvieran hasta los resultados que obtuvieran en ese nuevo camino de realización individual y a la vez colectiva.

¿Cuál tendría que haber sido, entonces, el nuevo modo de conducta para proyectar en 1950 un futuro de familias revolucionarias? A ver… Que el padre, en lugar de leer tranquilamente el diario, porque el trabajo que tenía le permitía sostener dignamente a los suyos y además gozar de tiempo libre para hacer lo que quisiera, estuviera preparando la revolución para liberar a la Luna del sistema solar… Que la madre dejara de pensar en hacer un pulóver para sus hijos y, en cambio, organizara una conferencia internacional de mujeres feministas o se anticipara a los tiempos pensando en la cirugía estética que se haría en 1980… Los pibes, nada de jugar a la pelota o con las muñecas. ¡A aprender a armar bombas molotov!

En la Cuba de Castro, modelo irrepetible de revolución socialista exitosa, y por lo tanto muy ponderada por estos intelectuales, ¿cuál habría sido antes de 1959 el deseo de sus habitantes hambreados, si no la de tener un trabajo digno y poder estar en sus casas alimentados, vestidos, sanos y con tiempo para el ocio?

Poner la lupa sobre la conducta cultural de clase del trabajador argentino en 1945-55, como medidor del perfil revolucionario del peronismo, es lo que parecía preocuparle a Caimari. Tenía otras maneras de averiguarlo, más genuinas y menos rebuscadas, pero ya se sabe cómo son los investigadores. Hasta capaces de encerrarse tras un ventanal a examinar si desde el cielo caen gotas de agua, señal empírica de que llueve. Con salir afuera y mojarse un poco se comprueba inmediatamente. Lo que pasa es que, del peronismo, casi siempre creen que es una lluvia artificial.

En la historia nacional de la injuria, quien dicta cátedra es Luis Alberto Romero, hijo de José Luis Romero, a quien el sistema reconoce como otro de los máximos historiadores argentinos, progresista como pocos, pese a que no tuvo reparo en aceptar la conducción de facto de la Universidad de Buenos Aires que le ofrecieron los fusiladores de la dictadura de 1955.

Romero hijo es, al igual que su progenitor, también un progresista –de ideas socialistas (según confiesa a Revista Viva el n de junio de 2004).

Pero su verdadero perfil es el de un cruzado de lo antinacional. Todo lo que emana de las ideas y propuestas políticas que hacen eje en la defensa de los intereses nacionales, populares y democráticos a él le representa lo anticuado, autoritario, cruel y violento.

Por lo tanto, el peronismo, un movimiento nacional, no puede estar ajeno a su encono.

Si hay algo que lo irrita profundamente, es el ser nacional: –En el siglo XX las malas pasiones de la sociedad argentina hirvieron en el caldero del nacionalismo. Ingredientes variados produjeron un brebaje malsano, un filtro embriagador que nuestra gente bebió muchas veces, como en abril de 1982. (14)

La sola idea de que una comunidad pueda ejercer el derecho de propiedad de su territorio (no viene al caso discutir si la decisión de reconquistar Malvinas en aquel momento era o no era válida), lo aterra.

Es –una mala pasión, como dice, que extiende a otras esferas de la política a las que no define con nombre y apellido, aunque no es difícil imaginar a cuáles refiere. Al leer el próximo párrafo quedará mucho mejor expuesto el horizonte que le agrada a Romero…-Bartolomé Mitre escribió la historia de una nación que nació en 1810. La escuela se encargó luego de implantar en el sentido común esa elaborada invención; era normal en su tiempo y también virtuosa, pues sirvió para cimentar una comunidad política liberal y tolerante. Esa primera identidad nacional no hacía cuestión de raza, de lengua, de religión o de credo político. Por el contrario, admitía y alentaba la diversidad, y sólo exigía el respeto a la Ley, construida en común. (15)

Deberemos remitimos a los primeros capítulos. ¿El modelo de Mitre, Sarmiento y toda la pléyade liberal propiciaba la tolerancia y no hacía diferencias sociales, ni políticas, ni raciales? ¿Pero dónde se inserta la honestidad intelectual del historiador?

El propio Mitre había fundado su proyecto de país en la importación de pueblos europeos, porque denigraba al criollo.

Sarmiento viajaba a Estados Unidos a contratar maestras porque sostenía que acá no había quien pudiera enseñar, y además propugnaba la llegada de las teacher del Norte para expandir el protestantismo y atenuar, de esa manera, la raíz católica del pueblo argentino. ¿Habrá que recordar, además, la persecución implacable en las provincias por parte de ese Estado liberal y -tolerante?

Ya no se trata de meros debates ideológicos, sino de datos históricos fehacientemente comprobados que 'el investigador académico oculta deliberadamente debajo de la alfombra. Por eso la impudicia de Romero lo lleva a cuestionar, en una entrevista, la aparición de gente que escribe sobre el pasado histórico condenando a lo que ellos llaman la academia. Gente como Jorge Lanata, Pacho O'Donnell, ahora Felipe Pigna.

Más allá de las cualidades historiográficas, que son pocas, hay que pensar por qué venden, qué resortes de la sensibilidad tocan. El otro rasgo que tienen es esta cosa de la conspiración. Esta idea de que –siempre hubo unos poderosos que trataron de engañamos y de dominamos, y que la historia sería un instrumento de esa dominación, que nos enseñaron una historia falsa. (16)

Lanata, Pigna y O'Donnell sensibilizan porque intentan encontrar o aportar a la verdad histórica, que es por otra parte lo que demanda un pueblo harto de leer o escuchar las mismas sandeces de nuestra historia oficial, ésa de los próceres blancos y demócratas.

Los intelectuales como Romero, en cambio, se niegan a reconocer sus faltas cuando las ideas que propugnan se chocan con la realidad de ese pasado al que, dicen, le han dedicado su vida. En este sector también salta una suerte de corporativismo. Son académicos de los claustros y no les gusta nada tener que sumar a otros intelectuales que vienen a descorrer el telón de la obra establecida, sin tantos academicismos pero profundizando en lo que creen es la verdad histórica, y no los jueguitos de entretenimiento a los que nos tienen acostumbrados los cronistas de la historia oficial.

Cualquiera que intente remontar el pasado estudiando, investigando y dedicando tiempo a averiguar, y en consecuencia aportar su visión política o ideológica, está en condiciones de hacerlo.

Halperín Donghi también salta como un resorte cuando ve que a su lado aparecen otros estudiosos que le salen a competir en su campo y terminan llegando al público con mucha más efectividad que las elucubraciones que realiza para gente de culto…

-La desvalorización que promovió el revisionismo de las figuras canonizada por la llamada historia oficial estaba destinada a reemplazar esas figuras por otras…(17)

Se molesta demasiado el profesor. ¿Y cuál es el problema? A no ser que el análisis de la historia se convierta en un mero pasatiempo intelectual para hacer algo en la vida y de paso entretener a un círculo social, cuando en realidad debería ser el vehículo para interpretar la vida de los pueblos y así tratar de esclarecer o modificar posiciones.

No hay perversidad ni malas artes en la búsqueda del revisionismo. Si éste quería cambiar o contradecir a la historia oficial con el objetivo de –poner a sus hombres, en lugar de las figuras oficiales, no cometía nada perverso.

Es, en todo caso, una actitud política, la misma que puede tener Halperín u otros historiadores o cientistas sociales que desde sus interpretaciones históricas también apuntan a consolidar sus modelos filósoficos-políticos.

Pretender neutralidad de un historiador es falso. Y como Romero, Halperín Donghi sale a echarle flit a aquellos que no tienen una cátedra en Berkeley pero que hacen, legítimamente, y con rigurosidad, historia con otro espíritu, que llama neorevisionismo.

-Se está dispuesto a desenmascarar a cualquiera, a tomar de una manera totalmente acrítica toda clase de causas. ¿Y qué muestra todo esto? Que hay una demolición universal de la historia argentina . Este neorevisionismo ha captado muy bien el estado de ánimo de una sociedad que ha perdido todas las ilusiones y se guía por la máxima piensa mal y acertarás. (18)

Está claro que lo que le molesta a Halperín Donghi es la aparición de figuras provenientes del ámbito mediático (Lanata) o docente (Pigna) dispuestas a descubrir qué hay del otro lado de la luna, históricamente hablando.

Una actitud que él, como el más grande historiador argentino, según las academias del prestigio, y encima definido como marxista (lo que supone que es todo lo contrario a lo conservador), no fue capaz de tomar, dejando que la historia oficial siga como está, sin discutirle nada a los que desde Mitre en adelante la escribieron para imponer un modelo.

Halperín Donghi se encuentra muy cómodo en esa posición de pata progresista del sistema del que se sirve, y su rebeldía es nada más que para confrontar a los que quieren discutir en serio la otra historia.

Pero tenemos que volver a Romero. Le agarra fastidio cuando irrumpen en la escena nacional Yrigoyen y Perón. Más, se ofende porque ambos se identifican…

-con el pueblo y la nación de manera tan romántica (…). El pueblo era único y homogéneo, y sólo dejaba fuera a sus enemigos: la -oligarquía- o la -antipatria-. De modo parecido operaron las fuerzas armadas (…). (19)

Pero, a ver… ¿Son lo mismo los caudillos populares del siglo pasado que las lacras que debían defender la Nación y terminaron destruyéndola? ¿Alguien, salvo un general llamado Perón, oyó de boca de un representante de las fuerzas armadas la palabra –oligarquía? Romero no se ruboriza de tanta historia fraguada.

Insiste en que…-en el fondo de nuestro sentido común hay un enano nacionalista (20)… y se alegra porque después de 1983 (ergo: Malvinas), la divina razón haya prevalecido sobre el corazón palpitante de los argentinos: -La democracia cambió muchas cosas (…), todo el discurso nacionalista quedó en cuestión. Las grandes usinas de identidades hegemónicas (las fuerzas armadas, la iglesia, los movimientos políticos nacionales) se retiraron del primer plano. (21)

Pero no está del todo satisfecho, y ahora se preocupa por… –una nostalgia por las antiguas seguridades del discurso nacionalista. Está presente en expresiones hoy comunes, como-'recuperar la identidad-, -defender lo nuestro,-'recrear un proyecto colectivo (…). Así, el FMI y el ALCA son los culpables de nuestras penurias económicas; así reaparecen el fundamentalismo católico y el irredentismo malvinense. (22)

Es un cipayismo de altísima graduación el suyo. ¡Cómo no van a tener cada vez mayor presencia esas expresiones vinculadas a la recuperación de lo nuestro si el grado de colonialismo cultural que penetró en la Argentina es por demás insolente!

Como decíamos en relación a Bunge, resulta aberrante el tipo de intoxicación ideológica que hizo efecto en estos intelectuales que afirman tener convicciones socialistas o progresistas y no dudan en asumir posiciones antinacionales, pasando por alto la influencia o la acción directa que ejercen los poderes imperiales.

Acá va otra muestra.

En 1999, al cumplirse un cuarto de siglo de la muerte de Perón, un suplemento político de Clarín organizó una suerte de juego-ficción consultando a una serie de intelectuales respecto de cómo imaginarían a la Argentina si el general no hubiera fallecido en 1974. Las preguntas eran: ¿Qué habría pasado de no morir? ¿El golpe militar se hubiera evitado?

A su turno, Romero comenzaba mostrando un rostro de objetividad, como queriendo propiciar, desde su semblanza, un empate entre las cosas buenas y malas del general, aunque en el fondo iba a prevalecer un resultado moral de clara derrota peronista. ¿Lo vemos? Así movía la pelota…

-Con este Perón imaginario seguramente la sangre no habría llegado al río. La crisis social era menos grave de lo que nos contaron los represores (…). La economía, básicamente sana, dejaba margen para la negociación con sindicatos en tensión pero -se sabe- constitutivamente negociadores. (23)

En el arranque, entonces, Romero quiere ser justo en su juicio. Pero peca de una falla: el análisis ya deja ver su intencionado prejuicio antiperonista al establecer que la imposición del modelo de 1976 obedecía a motivos ligados a una –crisis general antes que a la decisión extranacional de acabar con un modelo de desarrollo de capitalismo nacional para colocar a la Argentina a merced del nuevo sistema de dominación imperial.

-Perón habría puesto orden. Seguramente con mano pesada, pero por derecha. Con leyes de excepción, ad hoc, pero al fin con leyes (creo que tenía el coraje para asumir las responsabilidades, que le faltó a sus sucesores).Habría armado un Partido del Orden, pero sin excluir ni mucho menos exterminar al polo social conflictivo. Los necesitaba a ambos: al fin de cuentas siempre fue el bombero piromaníaco que se potenciaba en el conflicto, y que sin el conflicto no podía ser Perón. (24)

Otra vez quiere ser –ecuánime al marcar a un Perón legal, que impondría autoridad sin excesos. No es Videla, pero… insinúa Romero. Todo es una alquimia, porque da por sentado que Perón hubiera convalidado una suerte de golpe con el Partido del Orden.

Hasta sugiere que habría actuado por derecha (sinónimo de –reprimir) aunque firmando cada sentencia. Yen su melange ideológica imagina dos fuegos cada vez más candentes (el del polo rebelde y el de la reacción, cabría colegir) al que el propio Perón le echa más nafta para –sentirse realizado. En su juego imaginativo vale cualquier recurso. Conclusión: no habría desaparecidos pero sí mucha gente fuera de carrera…-La reestructuración capitalista, y su secuela más visible, la desocupación, es un fenómeno inevitable y universal. ¿Qué habría hecho Perón? No habría vacilado en adecuarse: habría vendido los ferrocarriles, los teléfonos e YPF. Habría reducido la injerencia de los sindicatos y estimulado la racionalización. (25)

Aquí ya opera directamente sin el antifaz que traía puesto.

Partiendo del mismo error que apuntábamos al comienzo (el golpe, que define como reestructuración capitalista, sigue siendo guacho, no tiene padre ni madre), Perón hubiera sido otro Martínez de Hoz (o cualquier tecnócrata entreguista) que desnacionalizaría económicamente al país para cumplir, sencillamente, con el engranaje inevitable y universal del sistema.

Pero ocurre que el general justamente fue el reverso de esa moneda: conducía para encauzar a la Argentina en el carnino de su desarrollo como nación.

-Probablemente la mafia que ha acompañado y guiado nuestra reestructuración capitalista -las aves de rapiña de la agonía estatal- habría sido algo más sobria, modesta y acotada. Al fin, el ejército en que se formó Perón -nunca dejó de ser militar- tenía un sentido de la mesura, el reglamento y la prudencia que los represores perdieron. En suma, las cosas habrían sido parecidas pero un poco distintas: globalización pero con menos polarización, más Estado y huellas más nítidas de la Argentina tradicional, móvil e igualitaria. (26)

Nuevamente posa como alguien que respeta la figura del líder fallecido. Pero es un engaño. En el fondo, lo que quiere decir es que, con Perón, la entrega y la corrupción habrían sido más prolijas pero tan profundas como las que llevaron adelante los entregadores y traidores del '76 al '2000. Diferencia que adjudica a la mesura y prudencia de los militares…

Interesante defensa cerrada de la institución armada, la de este socialista. ¿Dónde estuvo la mesura y prudencia de un Videla o un Viola, como antes Aramburu, Lanusse y otros generales nefastos?

A lo último, Romero se muestra tal como es, y hasta se contradice aquello que venía sosteniendo, con sobriedad, en los párrafos anteriores, porque resulta que…

-Lo que no tendríamos es la democracia. El Perón de 1973 era muchas cosas estimables -quizás esa imagen me resulte mejorada por quienes lo siguieron- pero no era ni un demócrata ni un republicano. Estaba convencido de que el peronismo era la nación, una y homogénea, y que el disidente, ubicado de un modo u otro en la antipatria, debía ser marginado, excluido. No fue el primero en pensar así, ni tampoco el último -los militares del Proceso llevaron esa idea hasta sus últimas consecuencias-, pero así formó su movimiento, a imagen y semejanza. El era el caudillo, del movimiento y de la patria, y -conducía-. El rasgo más característico que transmitió a sus seguidores fue el sentido del

poder. En el peronismo las políticas son aleatorias, pero en lo que se refiere al poder, hay una constante: lo olfatean, lo cercan sin piedad, lo atrapan, no lo sueltan. No hay reglas. Todo vale (…). A esta altura, en este juego hipotético -tan poco afín con el trabajo de los historiadores-, me parece que esto, que es lo último pero lo principal, obligaría a reconsiderar todo lo anterior. (27)

Aquí están todas las huellas digitales de los representantes del antiperonismo ideológico. Es un más de lo mismo que ya hemos visto a lo largo de estas páginas.

Ahí está la marca de Tomás Eloy Martínez, la del grupo de sociólogos reformistas (Portantiero, Sidicaro), la de Aguinis, que Romero resume en su comentario: el caudillaje, el hegemonismo por sobre el resto, la obsesión por el poder.

Y, sí… Al peronismo lo obsesiona el poder porque es la única manera (teniéndolo) de que no lo tengan los enemigos de la Nación. Como en el fútbol, ¿no? Tener mayor tiempo la pelota en nuestros pies para que evitar que caiga en los del adversario. No hay reglas y todo vale, dice del peronismo. ¿Seguro? Porque el único que hasta ahora cumplió con el reglamento es el movimiento nacional. ¿Recordaremos, una vez más, 1955 ó 1976?

El vale todo es el de la oligarquía y el imperialismo que defiende Romero: ¿quién, si no ellos, pincharon la pelota o se la llevaron con la mano cada vez que se jugó el partido de la Argentina?

A Romero le incomoda que Perón y su doctrina conduzcan porque –atropellan a los enemigos del país.

Ahora, cuando el volante está en manos del poder antinacional, hay problema. Aunque no respete ningún semáforo y deje regadas de rojo las rutas de la Argentina, con la sangre del Pueblo.

La prueba final de que Romero es un adefesio político que posa de socialista y progre, pero es conservador como una piel de museo, es su defensa de Menem, sí, aunque nadie lo crea…

-Lo digo con dificultad y con dolor, pero no puedo dejar de reconocer que Menem tiene un talento político fuera de serie. Buena parte de su trabajo consistió en doblegar las resistencias del peronismo. No fue moco de pavo (…). Vamos a terminar diciendo: ¡Volvé Menem! Cuando pasen las pasiones se va a reconocer que fue un político de primera línea (28)

Otro escritor en boga, que sale de gira por los programas –de opinión de la televisión argentina, es José Ignacio García Hamilton. Saltó a la popularidad al escribir un libro sobre la vida del General San Martín con un estilo más cercano al de revistas como Paparazzi o Caras que al de un ensayo serio sobre el aporte y genio extraordinarios del Libertador en la lucha por la emancipación del imperio español. En los últimos años, a García Hamilton lo invitan a hablar sobre cualquier tema y siempre que puede mete algún bocadillo contra el peronismo.

Está bien, defiende sus ideas antinacionales y se cree muy listo por las manifestaciones que hace. Pero lo que no puede admitírsele es que recurra a datos estadísticos al menos no probados, por no decir falsos, y a distorsiones sobre hechos comprobables de la historia argentina.

Dice, en el programa El poder de la palabra, Canal Plus Satelital, del 10 de enero de 2005: -El asistencialismo que se inició en 1946 hizo fracasar al país. El verdadero atraso de la Argentina empieza ahí, porque los recursos que había fueron dados como dádiva y se empezó a terminar con la cultura del trabajo. Antes de ese período, entre 1880 y la primera década del '900, teníamos un proyecto serio de país, con posibilidades para todos, y estábamos ubicados entre los primeros ocho países del mundo más prósperos. Los trabajadores ganaban sueldos más altos que los que recibían los ingleses y franceses. Acá los salarios estaban a la par de lo que se cobraba en los Estados Unidos.

Decir que el de 1880 era un proyecto de país, sugerir que se interrumpió por culpa de Yrigoyen y terminar dando por sentado que se acabó con el arribo del peronismo, es una mentira que sólo puede sostenerse en la impunidad verbal de muchos comunicadores que no guardan el más mínimo pudor para expresar argumentos sin respaldo probatorio.

Podría aceptársele, a lo sumo, que el país que pretendían era en realidad un paísito para uso exclusivo de ellos y algunos pobladores de Buenos Aires y zonas urbanas de la cuenca del Paraná hasta la ciudad de Corrientes. Pero ni siquiera podría decirse que era así.

Si se trataba de una oligarquía que apenas quería integrar a sectores que trabajaran en la explotación agropecuaria y en la administración pública que requiere el funcionamiento de una mínima colonia.

No hay que mirar más que los censos nacionales de fines del siglo XIX y principios del XX para entender el tipo de construcción nacional perseguido por aquella elite formadora de cuadros como García Hamilton. Lo invitamos a este personaje a repasar los manuales de historia.

El primer censo nacional fue el de 1869 y determinó que nuestro territorio tenía 1.736.923 habitantes, distribuidos geográficamente de la siguiente manera:

El 49 % en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, 15,2 % en Córdoba, San Luis y Santiago del Estero 14,8 % en Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca, 13,9 % en Tucumán, Salta y Jujuy (el censo no había determinado el porcentaje de habitantes en el resto de los territorios que aún no se habían dado organización como estados provinciales, tales los casos de Misiones, Chaco, Formosa, La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego).

El segundo censo se realizó en 1895: como resultado de la inmigración ya éramos 3.954.911 habitantes, es decir, 2.217.988 más que 26 años antes. Pero la distribución geográfica, producto del perfil productivo propiciado en aquel tiempo, haciendo eje solamente en el desarrollo de las zonas urbanas y portuarias de Buenos Aires y el litoral, era la siguiente:

El 63,5 % en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes 15,2 % en Córdoba, San Luis y Santiago del Estero; el 9,2 % en Tucumán, Salta y Jujuy

el 9,1 % en Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca y el 3,0 % en los territorios.

Es decir, el crecimiento desproporcionado de Buenos Aires y del área beneficiada por la economía agro exportadora se hacía en desmedro del abandono de la actividad productiva (de:4 perfil más industrial, si bien todavía leve, que agropecuario) de las provincias.

O sea, aquella oligarquía, quería solamente trabajadores para explotar el campo, cumpliendo con el deseo del imperialismo inglés que lo único que buscaba era llevarse el trigo y la carne para dejamos sus productos industriales, con la enorme diferencia que conlleva eso en el intercambio comercial: los granos y las vacas son mucho más baratas que las máquinas y los bienes de uso que manufacturan las fábricas europeas.

Además, el mismo censo de 1895 había determinado que la población extranjera era del 52% en la Capital Federal, del31 % en la provincia de Buenos Aires y del 42% en Santa Fe.

Esto sería también decisivo en la gestación de un fenómeno social que después la oligarquía presentaría como factor del progreso argentino: el gran desarrollo de la clase media de origen inmigrante, que por su raíz y formación europeas desplegarían ideas y pensamientos derivados de la realidad del viejo continente, malinterpretando o subestimando, entonces, la cuestión nacional.

Como para terminar con estos datos agreguemos que el censo de 1914 indicaba una población de 7.884.901 personas: en Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes vivían 5.314.228, es decir, ¡el 67,4 %!. O sea, la Argentina del liberalismo ochentoso (de 1880, queremos decir) no iba más allá de pergeñar una estancia pampeana y litoraleña que le diera de comer al viejo mundo a cambio de reproducir en Buenos Aires y otros pocos centros urbanos una metrópoli de perfiles y costumbres europeas, política y culturalmente afrancesada o inglesa y racialmente blanca.

Pero no queremos irnos por las ramas, ya que la idea es seguir respondiendo las afirmaciones de García Hamilton, esta vez sobre la prosperidad de los trabajadores de hace un siglo y sus suculentos salarios, iguales, como dijo, a los de los obreros yankis e incluso superiores a los de alemanes y franceses.

Lamentamos, en este caso, no disponer de estadísticas (ni de la Argentina ni de aquellos países) como para comparar los recibos de sueldos de unos y otros. De todos modos, lo que no yerra en su análisis es cómo era posible que los trabajadores gozaran de cierto bienestar económico si, al mismo tiempo, en 1902 se había decretado el Estado de Sitio para enfrentar los reclamos obreros, a la vez que aumentaban considerablemente las huelgas por reivindicaciones laborales y salariales de 113 en el período 1903-1904 se pasó a 785 en 1907-1908.

García Hamilton insiste con su teoría en el libro El autoritarismo y la improductividad (Editorial Sudamericana, 2003), cuya tesis central es: América Latina, a partir de la colonización española, está infectada de intolerancia, lo que configura el absolutismo político, el militarismo, el estatismo económico el fanatismo religioso católico, rasgos que nos impiden conformar sociedades abiertas, laicas, progresistas y productivas. si esto no fue posible, agrega, es porque fracasó la política inmigratoria de Mitre y Sarmiento: en lugar de anglosajones, los barcos se llenaron de tanos y gallegos.

De ahí el populismo autoritario de Yrigoyen y Perón. Lo dice de la siguiente manera: -Si bien los movimientos de 1810, 1853 Y la llamada Generación del ´80 impulsaron, promovieron o impusieron cambios de estructuras y mentalidad a favor de la libertad política y el desarrollo económico, las fuerzas tradicionales del autoritarismo y el atraso pugnaron desde el fondo de la época colonial y terminaron por emerger en el siglo XX con las manifestaciones ya descriptas (…). -Del total de extranjeros arribados, el 47,4 % eran italianos y el 32,3 % españoles, de modo que estas dos nacionalidades integraban el 80 % de los inmigrantes. Podríamos inferir entonces que el absolutismo, el estatismo y, en general, las relaciones autoritarias propias de la tradición católica de estos pueblos latinos venían a sumarse a la base cultural que ya hemos descripto y de la cual mucho no distaban. Acaso la declinación argentina en buena parte del siglo XX pueda explicarse por esta base ideológica común que,  ayudada por una campaña de educación patriótica xenófoba, militarista y exaltadora de la pobreza ha terminado por sobresalir en la sociedad y hacer retornar valores antiguos. (29).

Dos datos más para que García Hamilton anote en el debe del módico modelo agrario del que tanto gusta: tan microscópica es la mirada de ese sector que defiende, y la suya propia claro, que tuvo que venir el peronismo para desarrollar dos ejes fundamentales para explotar en serio el rinde de los campo; nuestra oligarquía agro exportadora era tan mediocre, por no decir otra cosa más dura, que jamás se preocupó por crear una flota de barcos capaz de transportar toda la producción de granos.

En 1928 el país apenas contaba con 17 buques que desplazaban 8.450 toneladas. En 1950 ya había 179 con 145 mil toneladas. Lo mismo hay que decir de los tractores y las maquinarias de campo, que recién empezaron a producirse en la Argentina en 1952, pues hasta ese momento se importaban.

Esa histórica venda en los ojos que siempre llevaron estos liberales muy vivos para vender carne pero demasiado zonzos hasta para prender el fuego que les permita saborearla. Por eso dejan que vengan otros, la cocinen y nos terminen cobrando ese valor agregado en dólares o euros. No son capaces de asar un trozo de carne a la parrilla estos próceres de papel.

No queremos cerrar este capítulo sin hacer referencia al esfuerzo de los medios para seguir ensuciando la historia nacional con artículos escritos con barro en lugar de tinta.( trabajo que viene realizando desde abril de 2003 La Nación en

una suerte de contra-revisionismo por el cual cede sus páginas a intelectuales del más diverso pelaje.

Tan quemados están los ideólogos del liberalismo que para batir el parche recurren a plumas del radicalismo o el socialismo rosa de Buenos Aires, cuya misión es seguir denostando al peronismo a 60 años de su aparición.

Un caso es el del historiador Oscar Troncoso, quien además de autor de varios libros (Los nacionalistas argentinos, de 1957, entre otros) dirigió la Biblioteca Política Argentina del Centro Editor de América Latina, que publicó casi 500 libros de bolsillo, muchos de significativo valor, realmente. No dudamos de la honestidad intelectual de Troncoso, pero su manifiesto prejuicio antiperonista, además de una particular interpretación de nuestra historia, sirven perfectamente a los intereses de la oligarquía que representa el diario de Mitre.

Registremos su posición política. Troncoso pone en duda que entre 1930 y 1943 se haya producido en nuevo país la Década Infame y también alude (y pedimos perdón por referir, una vez más, la gran tesis liberal} a que en ese tiempo se…

-nos observaba como una de las naciones nuevas más exitosas, de similitudes con Australia y Canadá, a las que superaba en producción de carnes y cereales y, desde luego, en cultura (…). –Recuerdo que, apoyado en la leyenda de -la década infame, escribí un capítulo sobre la desocupación y cuando se lo mostré al sindicalista Andrés Cabona (que era socialista) me dijo: -Mire que en 1935 no había desocupación, porque el gobierno de Justo reactivó la economía y realizó gran cantidad de obras públicas. -Me sorprendió una actitud tan objetiva sobre el vilipendiado General Justo de parte de un dirigente de la CGT de entontes. (30)

Bueno, bueno… Realmente es una hazaña encontrar a un sindicalista que dijera que en el '35 no había desocupación porque el programa económico y social del general Justo era bárbaro. Pero debe ser cierto: aquel dirigente gremial era socialista, y ya se sabe cómo ven la historia esos muchachos.

Troncoso refiere luego las condiciones de vida de los trabajadores, que de acuerdo a su testimonio tenían…-las necesidades básicas satisfechas, se escuchaba la radio y de vez en cuando se iba al cine. La crisis llegó atenuada..(31)

¡ Miren ustedes qué bien…! De vez en cuando iban al cine y todo. ¿Una vez por mes?, ¿una vez por año? Vaya a saberse… ¡Ah!, sobre las proscripciones políticas de los conservadores, parece no haberlas visto o vivido…

-Las elecciones en la Capital eran limpias y las noticias de fraude electoral sólo llegaban desde las provincias. (32)

En fin… Que la industralización del país empezó con el peronismo es, para Troncoso, una flagrante distorsión histórica…

-Eso no es cierto. La zona donde yo vivía estaba rodeada de talleres y fábricas. La industria de la alimentación exhibía grandes plantas industriales, la textil se había desarrollado hacía rato (…). Existían casi cien mil obreros metalúrgicos, además de los trabajadores de las industrias del cemento, los cigarrillos, las bebidas, la pintura, las máquinas y herramientas (…) (33)

Y hay más distorsiones históricas (culpa del revisionismo), no se vayan a creer:

-No se dice que los partidos habían sido disueltos por la dictadura (se refiere al gobierno militar surgido en 1943 para acabar con el fraude electoral). En ese momento la Unión Democrática, que era la unión de todos los partidos, aparecía como la única salida para evitar que las elecciones legitimaran el continuismo de un régimen militar de tendencia fascista (…). La guerra en Europa nos tenía muy preocupados. (34).

Bueno, llegamos a 1945, cuando la calle era testigo del 17 de octubre. Pero se ve que Troncoso fue a la plaza otro día: –Pude ver todo de cerca, porque era conscripto. Estaba en el Ministerio de Guerra, detrás de la Casa de Gobierno. Recuerdo que en la cafetería había fotografías de Hitler y Mussolini. Desde un balcón ví llegar los primeros grupos, que no eran tan numerosos, como se dijo después. Años después me sorprendería la fantasiosa descripción que hicieron algunos escritores conocidos y muchos interesados en quedar bien políticamente. Hay quienes insisten con las gigantescas multitudes que invadieron la ciudad. Sin embargo, éstas sólo se vieron en los años siguientes, cuando se publicaban fotos en los diarios. Lo más increíble es la paradoja de los escritores revisionistas, que construyeron una historia oficial a través de la propaganda del gobierno peronista. (35)

Un buen testigo se perdió el tribunal de la historia: las fotos de Hitler y Mussolini en la cafetería son la prueba definitiva del nazifascismo que anidaba en el peronismo.

Troncoso ve muy bien desde cerca, pero de lejos… Humm. ¿No vio que la plaza estaba llena de gente? Afortunadamente, al poco tiempo llegaron desde afuera los investigadores que nos ayudaron a abrir los ojos…-Por suerte, con los años, los investigadores más serios esclarecieron las cosas, especialmente los autores extranjeros como Potash, Rouquié, Rein, Page, Rack, Snow, Waldman y otros. (36)

Le vamos a dar la razón a Troncoso. Remitiéndonos a David Rock, hay que decir que escribió un libro de 500 páginas para analizar la Argentina desde 1516 hasta 1986, es decir, 450 años de historia. Y dedica la cuarta parte (90 páginas) al fenómeno peronista de 1945-55, y no para hablar precisamente bien.

De todos modos, destaca que en los años previos a la llegada del coronel Perón al poder… -los bajos salarios obligaban a la gente a vivir en los infamemente atestados conventillos, algunos de los cuales tenían un siglo de antigüedad (37)

Y Joseph Page, que desde su función como historiador tampoco es muy simpático con el movimiento nacional, también describe la Argentina pre-peronista que, según Troncoso, era legítima a pesar del fraude, pagaba buenos salarios y permitía al trabajador cubrir sus necesidades básicas: -Mientras tanto, el trabajador común debía sufrir un deterioro de las condiciones que hacía fútil toda alharaca sobre la Segunda Guerra Mundial.

Archibald MacLeish escribía que –cualquier visitante que se decida a dejar los

lugares encumbrados de Buenos Aires y, cruzando el Riachuelo, bajar al suburbio industrial de Avellaneda, podrá ver tantos edificios que parecen gallineros y oler suficiente miseria rancia como para que el efecto le dure mientras tenga memoria.

Por su parte, Ysabel Rennie (autora en 1944 del libro The Argentine Republic) escribía que -la familia porteña necesitaba 147 pesos al mes para vivir decentemente. Contra esta suma, el empleado medio ganaba 128 pesos y el obrero 78'. En abril de 1943, un informe preparado por el Departamento Nacional del Trabajo llegaba a la conclusión de que (…) mientras cada día se amasan grandes ganancias, la mayoría de la población se ve forzada a reducir su standard de vida (..,) (38)

¿A quién creerle, entonces? ¿A Troncoso y su socialismo de consignas? ¿A los investigadores que él mismo contrapone contra los revisionistas? En todo caso habrá que creerle a la historia y, sobre todo, a la intuición del pueblo, que en 1945 supo por dónde pasaba la verdad que lo llevaría a su redención como hijo de esta Nación.

CD/

Fuentes:

1. Salvador Feria. Cristianismo y marxismo. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 197 O.

2. Declaraciones de Mario Bunge reproducidas por La Razón, 16de noviembre de 1985.

3. Entrevista a Mario Bunge en Siete Días, 21 de noviembre de 1985.

4. Entrevista a Mario Bunge en Siete Días, 21 de noviembre de 1985.

5. ldem.

6. Entrevista a Mario Bunge en Siete Días, 21 de noviembre de 1985. 7. Idem.

7. Mario Bunge, entrevistado por Trespuntos, 29 de abril de 1998.

9. Mario Bunge, entrevistado por Viva, 12 de setiembre de 2003.

lO. Tulio Halperín Donghi. Entrevista de Clarín, 19 de setiembre de 1999.

11. Idem.

12. Tulio Halperín Donghi. La democracia de masas. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1991.

13. Lila Caimari. Panorama sobre el peronismo. Los consensos de la historia. Clarín Cultura y Nación, 14 de diciembre de 2002.

14. Luis Alberto Romero. El nuevo ser del –ser nacional-. Revista Ñ, 17 de enero de 2004.

15. Luis Alberto Romero. Idem

16. Entrevista de Revista Viva a Luis Alberto Romero, 27 de junio de 2004.

17. Entrevista de Revista Ñ a Tulio Halperín Donghi, 28 de mayo de 2005.

18. Entrevista a Tulio Halperín Donghi en Revista Ñ, 28 de mayo de 2005.

19. Luis Alberto Romero. El nuevo ser del ser nacional. Revista Ñ, 17 de enero de 2004.

20. Idem

21. Idem.

23. Luis Alberto Romero. Si Perón viviera. La Argentina de los destinos que se bifurcan. Clarín, 27 de junio de 1999.

24. Idem.

25. Idem.

27. Idem.

28. Entrevista de Revista Viva a Luis A. Romero, Clarín del 27 de junio de 2004.

29. José I. García Hamilton.El autoritarismo y la improductividad. Ed. Sudamericana, Bs As, 2003.

30. Oscar Troncoso. Deformar la verdad histórica contribuye a la crisis. La Nación, 7/ 08/ 2004.

3 l. Idem. 32. Idem.

33. Osear Troncoso. ldem.

34. Osear Troncoso. Idem

35. Osear Troncoso. Idem.

36. Oscar Troncoso. Idem.

37. David Rack. Argentina 1516-1987. Desde la colonización hasta Alfonsín. Alianza Editorial, Buenos Aires, 1989.

38. Joseph Page. Perón. Javier Vergara, Buenos Aires, 1984.

N&P: Capitulo 8 -Ladrillos en la pared – del Manual del Antiperonismo Ilustrado- del autor  Claudio Diaz – Ediciones del Proyecto Nacional. – Editado en Octubre del 2005.

* El Subtitulo Payasos en la eÑe es de la Nac&Pop. MartinGarcia/Nac&Pop.

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