Hoy brindamos por vos Hector, querido Maestro, querido Compañero

HECTOR GERMAN OESTERHELD

Agrupación Oesterheld

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Hector German Oesterheld con una de sus 4 hijas, secuestradas, torturadas, muertas y desaparecidas: El día 27 de Abril de 2007 fué secuestrado y puesto en cautiverio. 
 

Hoy brindamos por vos Hector, querido Maestro, querido Compañero

HECTOR GERMAN OESTERHELD

CUMPLIRÍA EN EL 2010, NOVENTA Y UN AÑOS

E1 secuestro de Héctor Germán Oesterheld fue en la Plata, el 27 de abril de 1977.

El escritor argentino había nacido el 23 de junio de 1919 en Buenos Aires, Argentina, era hijo de un inmigrante alemán llamado Fernando Oesterheld y de Elvira Ana Puyol, de origen vasco.

Desde muy temprana edad dio muestras de un particular interés por la lectura.


En 1943, a los 24 años, comenzó a trabajar como corrector en el suplemento literario de La Prensa, donde publicó su primer cuento, intitulado Truila y Miltar.


En él ya podemos encontrar sólidos vestigios de la estética que luego lo llevará a la fama y a la muerte.


Fue estudiante de Geología en la Universidad de Buenos Aires, complementando sus estudios universitarios con los de botánica, zoología y antropología, además de llevar adelante una intensa producción de literatura infantil (Gatito y la colección Mis Animalitos de Sigmar entre otros) que logró publicar en diversas editoriales.

Pocos años pasarán entre el Oesterheld escritor de cuentos infantiles y el Oesterheld guionista de historietas.

Cuando apenas comienza la segunda mitad del siglo veinte, el dueño de la Editorial Abril le ofrece la tarea de escribir guiones de historietas.

Para Oesterheld significa una de las oportunidades más importantes de su vida, surgiendo entonces sus grandes trabajos en las revistas RAYO ROJO y MISTERIX: El Indio Suarez, Bull Rockett y El Sargento Kirk.


Luego de recibirse de Geólogo contrajo matrimonio con Elsa Sánchez.


Al poco tiempo abandonó la actividad científica para dedicarse de lleno a su gran pasión y su inescrutable sentencia: la literatura, comenzando así una lista interminable de éxitos como guionista de historietas: Ticonderoga o El Eternauta son algunas de ellas, siempre de la mano de dibujantes de gran talento como Hugo Pratt, Paul Campani, Solano López o Alberto Breccia.

 Estos artistas conformaron un nuevo circuito de producción creativa en el país, cuyo eje se movía justamente tras Oesterheld.

En 1952 nace Estela, la primera de sus cuatro hijas. A ella le siguen Diana (un año después), Beatriz (1955) y Marina (1957).

Tanto ellas como sus esposos compartieron el mismo destino de su padre; militantes montoneros, se convirtieron en víctimas fatales de la cruenta dictadura militar que sacudió a la Argentina en la década del 70´, permaneciendo aún hoy en estado de desaparecidos.

Con su hermano Jorge Oesterheld fundó la editorial Frontera, que se transformó en uno de los espacios más importantes de la literatura de aventura a través de revistas como Hora Cero y Frontera.

Esta editorial, así como sus revistas, se caracterizó por llevar a los lectores un claro mensaje político y social que la alejaba de la clásica historieta pasatista y ancilar.

Ellos daban cuenta de un giro estructural y semántico en el género que marcó un hito en la literatura nacional, ligando el cómic a la cruda realidad nacional y mundial de aquellos tiempos, donde la guerra estaba a la vuelta de la esquina.

Para Oesterheld la historieta nunca fue un mero entretenimiento sino una herramienta para arreglar lo que no funcionaba, un grito que quería hacerse oír, una nueva forma de decir basta.

Todos los géneros y temas fueron objeto de análisis de la editorial.

El western, lo fantástico, la ciencia ficción, la historia argentina… hasta la segunda guerra mundial fue revisada por el escritor a través de su personaje Ernie Picke, donde, en medio del terror y la muerte, nos intentó mostrar el lado humano de las personas.

Luego, en el apogeo de su carrera, aparecieron nuevos personajes que dejaron su marca en la historia del género: Randall, Rolo el marciano adoptivo y Ticonderoga pasaron a ser parte de la memoria colectiva, al igual que su creador.

Finalmente, su obra cumbre, El Eternauta, con dibujos de Solano López se transformó en una bisagra, con un antes y un después bien definido a la hora de la escritura de este tipo de relato.

Su capacidad alegórica y anticipatoria aún hoy sigue impresionando a los que incursionan por primera vez en esta obra de máxima importancia para la ciencia ficción local.

 

A pesar de sus grandes éxitos, en 1963 la editorial entra en una severa crisis económica debido, quizás, a la inexperiencia comercial de sus fundadores, lo que lleva a Oesterheld a más de un lustro de oscuridad y silencio.

Sin embargo, durante esta época crea a Mort Cinder, fiel reflejo de su estado de ánimo.

Con el fracaso editorial y agobiado económicamente, Oesterheld regresa a trabajar en Misterix y Supermisterix, revistas que ya no eran publicadas por Abril sino por la Editorial Yago.

Allí nacen Mort Cinder y Watami. Simultáneamente publica sus historietas en Chile y además surgen nuevos trabajos como director en la revista Eternauta y como editor en Geminis; ambos eran magazines pseudos científicos con un estilo similar al de la legendaria revista Mas Alla, donde el autor también supo trabajar en sus inicios.

 A fines de los años sesenta Oesterheld ha logrado el reconocimiento de sus pares y el público, tal es este, que le piden publicar uno de sus cuentos en la antología de ciencia ficción Los Argentinos en la Luna; libro en donde lo acompañan entre otros: Mujica Láinez, Pablo Cappana y Alfredo Grassi.

Al mismo tiempo e impulsado por los momentos difíciles que vive el país asume una militancia política que influye notoriamente en su obra.

También son publicadas La Guerra de los Antartes dibijada por Gustavo Trigo y la versión dibujada por Breccia de El Eternauta. Dos historias que poseen varios puntos en común, destacándose entre ellos, la traición de las grandes potencias del norte a los países menos desarrollados.

Trabajó también en las revistas Gente, El Descamisado, Noticias, 2001, Patoruzu  Billiken, Anteojito, y en diferentes publicaciones de divulgación científica.

Pero en 1968 el mundo ha cambiado, los ecos del mayo francés y del Cordobazo repercuten en la intelectualidad argentina, y particularmente, en Héctor Oesterheld.

Se crean nuevos movimientos sociales y políticos que luchan por un profundo cambio social, lo que hace aparecer en escena con todo su esplendor una faceta ya insinuada en las primeras creaciones de Oesterheld, la de un escritor que en lugar de reproducir la lógica del sistema la combate jugándose el propio pellejo en ello.

Como ejemplo podemos tomar su obra El Che en el mismo año 68´, historieta sobre la vida del guerrillero argentino, asesinado un año antes en las selvas bolivianas y el de Evita.

Aquí ya no hay lugar para las medias tintas parece decir Oesterheld, en medio de tal vorágine social no puede haber silencios que no se conviertan en complicidades.

Oesterheld eligió el camino militante del escritor comprometido con la transformación social.

En medio de Praga crecían amapolas… y Oesterheld, junto a Sartre, le ponía letra a la historia.

Los años pasaron y bajo los adoquines no hubo arena de playa sino sangre derramada, sangre de quienes, como este escritor, intentaron aportar un pequeño ladrillo a la construcción de algo diferente.

En 1969 fue publicada una nueva versión de El Eternauta en la revista Gente, con dibujos más experimentales hechos por la pluma de Alberto Beccia.

El contenido de la obra fue modificado por el propio autor, deslizándose más hacia lo político.

En esta época tanto él como sus cuatro hijas comenzaron a militar, algunas en la UES (Union de Estudiantes Secundarios) del peronismo, otras en la Jotapé (Juventud Peronista) y finalmente en Montoneros, la más importante y numerosa de las guerrillas peronistas, protagonista de la lucha armada del país durante la década del setenta, que buscaba el regreso del General Peron al pais.

Su arte, igual que el de Rodolfo Walsh y el de Francisco Paco Urondo, pasa a estar al servicio del objetivo peronista de Montoneros, enfrentando la política liberal de la derecha Argentina.

Con la llegada del proceso militar Oesterheld pasó a la clandestinidad, escribiendo desde allí la Segunda Parte de El Eternauta, libro que logró publicar en la editorial Record.

Allí retoma la edición de 1957 y realiza pequeñas adaptaciones respecto de la coyuntura social argentina y, más en particular, a la suya propia de perseguido político.

Pero todo el sueño se esfumó en 1977, cuando Héctor Germán Oesterheld, producto de su literatura, es secuestrado por un grupo de operaciones de los servicios de inteligencia militar argentina.

Ese mismo año desaparecen dos de sus hijas Estela y Marina, y ya un año atrás habían pasado a formar parte de la larga lista de desaparecidos sus otras dos hijas: Beatriz y Diana.

En plena dictadura militar, a mediados de 1976, Ediciones Record reimprime en fascículos la versión original de El Eternauta, publicando ese mismo año y en la revista SKORPIO su ansiada secuela.

Escrita por Oesterheld desde la clandestinidad y dibujada por Solano López, esta continuación resulta mucho más directa y controversial que la original.

Los nuevos ideales del guionista se plasman y trasladan a la historia que escribe desde quien sabe donde.


Ya no hay lugar para sutiles metáforas, Oesterheld no es el mismo y Juan Salvo tampoco.

En 1977 el autor se convierte, junto a gran parte de su familia, en uno de los miles de desaparecidos durante la dictadura militar argentina.

La historieta pierde para siempre a uno de sus mejores exponentes.

Héctor Germán Oesterheld es uno de los más grandes guionistas dentro del ámbito mundial, uno de los más famosos de nuestro país, y sin duda el más prolífico.

Se lo considera un precursor y el padre de la edad de oro de la Historieta Argentina.

Su influencia en esta industria es innegable, eso sin hablar de la infinidad de lectores y eventuales colegas cuyas vidas han sido tocadas por su trabajo.

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Gentileza de Santiago Plaza cocoplaza@ciudad.com.ar


ESTELA, DIANA, MARINA Y BEATRIZ


COMPAÑERAS DE JOTAPE

La primera en desaparecer fue Beatriz Oesterheld. Tenia 19 años.

El 19 de junio de 1976 llamó por teléfono a su madre, Elsa, y la citó en la confitería Jockey Club de Martínez.

Hacía mucho que no se veían y estuvieron hablando casi dos horas.


Al despedirse, la joven fue hacia Villa la Cava, en San Isidro, donde -según la madre- militaba. Nunca llegó.

Dos días más tarde, un desconocido se acercó a Elsa cuando estaba por subir al tren y le dijo que Beatriz había sido secuestrada por el ejército.


Su madre fue a la policía y a Campo de Mayo, vio a jueces y sacerdotes, y presentó un hábeas corpus

El 7 de julio fue citada en la comisaría de Virreyes y le dijeron que su hija había muerto junto con otros cinco chicos. Le dieron el cuerpo y la sepultó.

El 4 de julio, Elsa de Oesterheld se enteró por los diarios que los militares habían matado a su otra hija, Diana, de 23 años y embarazada de seis meses, en su casa de Tucumán.

Después mataron al marido de Diana.

El hijo de ambos, Fernando, de un año, fue llevado a la Casa Cuna como NN.

Luego se crió con los abuelos paternos.

E1 secuestro de Héctor Germán Oesterheld fue en la Plata, el 27 de abril de 1977.

Estuvo detenido en Campo de Mayo, también en El Vesubio -una cárcel clandestina de La Tablada-, y en un sector de la subcomisaría de Villa lnsuperable conocido como Sheraton.

Lo vieron con la cabeza vendada. Se cree que lo asesinaron en Mercedes.

El 14 de diciembre de 1977, Estela (24 años} le escribió una carta a su madre para contarle otra tragedia: -Mamita, Marina hace un mes que no está con nosotros.

Marina tenía 18 años y estaba embarazada de 8 meses.

E1 día que despachó la carta, Estela fue asesinada junto a su marido.

Se llevaron a Martín, su hijo de tres años, pero después se lo devolvieron a la abuela Elsa.

Hoy Fernando, el nieto -hasta ahora-menor de Hector y Elsa, vive en Buenos Aires, y Miguel Martin, ya con un hijo suyo, también y e destaca como Director de arte de filmes exitosos.

¡Hasta la Victoria Siempre, compañeras!

RECORDATORIO

MPA

EN EL MOVIMIENTO EVITA

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EL ETERNAUTA: TRES VECES SALVO

 

Por Juan Sasturain


Oesterheld fue un cultor consecuente dé la ciencia ficción en el sentido más amplio y abarcador de la ambigua categoría, prácticamente desde sus comienzos como narrador profesional en los años cincuenta, tanto en su trabajo en la pionera Más Allá (1953-57), con notas y relatos, como en la tarea de guionista de historietas a partir de 1951, primero en Abril y después en su propia editorial, Frontera.

En varios episodios de la serie Bull Rockett, por ejemplo, que trabajaba los temas científicos en el límite de la fantasía, irrumpe el tema de la presencia extraterrestre.

Así sucede con Hacia el infinito y De otros mundos, relatos publicados en 1956 que novelizan historietas anteriormente desarrolladas en Misterix.

Pero es entre 1957y 1959cuando,en los mensuarios Frontera y Hora Cero -más las versiones Semanal y Extra del último- crea sucesivamente las series Rolo, el marciano adoptivo (1957), Rui de la Luna (1958) con Solano López y continuadores, y Sherlock Time (1958), con Alberto Breccia.

Las tres aportan una novedad básica: el cruce de la cotidianidad argentina -los integrantes de un club de barrio porteño, un paisanito de Maipú, un jubilado- con distintas situaciones fantásticas: la invasión alienígena en Rolo, un extraviado extraterrestre en Rui, un frecuentador de los misterios del tiempo y el espacio en Sherlock Time.

Este recurso sería una constante en Oesterheld, y alcanzaría su mejor y más célebre aplicación en El Eternauta, el largo relato gráfico dibujado por Solano López durante dos años y más de 350 páginas en Hora Cero Semanal, entre 1957 y 1959.

La historia del grupo aislado-Juan Salvo y familia, Favalli, Lucas, Polsky- que sobrevive en una casa herméticamente cerrada a una misteriosa nevada mortal que luego se revela preludio de una invasión extraterrestre, y los avatares de la lucha que se desencadena contra el invasor de caras múltiples -los cascarudos, los manos, los gurbos, los hombres robots- hasta el desenlace, abierto y circular a la vez, que convierte a Juan Salvo en eterno viajero del tiempo, es ampliamente conocida.

Es, también, la más hermosa y apasionante historia de ciencia ficción y aventura de la narrativa argentina.

UNA AUTÉNTICA NOVELA DIBUJADA.

Lo que no fue

Oesterheld amenazó -prometió formalmente incluso, a mediados de los sesenta en su efímera revista Géminis- con escribir esa novela, convertir la secuencia historietística en texto narrativo.

No lo hizo.

Lo que sí hizo fue volver sobre el guión original, una década larga después, para que Alberto Breccia hiciera una versión que acogió en principio pero no toleró hasta el final la revista Gente.

La radicalización ideológica del guionista -que releyó políticamente su propia historia- y los geniales arrebatos expresionistas del dibujante -demasiado oscuro, sombrío y audaz para un medio conservador en todos los sentidos- asustaron a los editores, quienes los obligaron a terminarla apresurada y apretadamente en menos de 60 páginas.

Ya en los setenta, y en medio de los fragores terribles de la confrontación armada en que había derivado la lucha política, Oesterheld retomó las aventuras de Juan Salvo, ahora con el personaje de Germán -su alter ego- como compañero, y escribió El Eternauta II.

Otra vez con Solano López, para la revista Skorpio, de Ediciones Récord. La publicación de los episodios prácticamente coincidió con su secuestro y trágica desaparición a manos de los represores de la dictadura en ] 977.

La historieta lo sobrevivió bastardamente: manos más o menos anónimas fueron responsables ríe una ulterior continuación -conocida como El Eternauta III- producida primordialmente para el mercado italiano, donde la revista L' Eternauta tuvo larga y auspiciosa vida hasta avanzados los ochenta.

Mientras el personaje crecía y sigue creciendo hasta convertirse, cu la actualidad, en uno de los pocos mitos genuinos de la cultura argentina en el siglo XX, la versión novelada de su historia ha quedado como la frustración de un proyecto nunca realizado.

Así, la novela de El Eternauta no existe. Sólo tenemos esto.

 Que es esto

A fines de 1961, cerrado el ciclo glorioso de Frontera, Oesterheld creó un nuevo medio aventurero, un magazine de ciencia ficción para Editorial Ramírez que combinaba información científica con historietas, relatos y cuentos del género.

Y lo bautizó El Eternauta, aprovechando la popularidad de su personaje más famoso.

A partir del cuarto número de El Eternauta, el viajero del tiempo se convirtió en vehículo y pretexto para el relato de sucesos históricos ilustrados, a la manera del Ernie Pikc de Batallas Inolvidables.

Juan Salvo se corporiza ante el guionista en la situación clásica del comienzo de relato y le narraba – testigo inconcebible-un suceso habitualmente desmesurado y terrible: primero Pompeya, después Hiroshima…

Hasta que en el número 6, de abril de 1962, el navegante del porvenir cambiaba el tono y el argumento para narrar la continuidad de su propia aventura, lo que había sucedido después de haber ido a recalar al Continuum 3 al accionar la máquina que lo salvó, al altísimo costo de separarlo de su mujer y de su hija.

Ayudado por el mano, Juan vuelve en su busca al tiempo y espacio del Buenos Aires que abandonó, y la aventura prosigue.

El desarrollo de esta continuación genuina de El Eternauta inicial se prolongó -en extensos capítulos ilustrados sucesivamente por Schiaffino, Lobo, Fahrer, Muñoz, Durañona, Spadari y otros- hasta el número 15, de febrero de 1963,cuando la revista se interrumpió, dejando la historia inconclusa. Esta es la primera vez que se publica desde entonces.

 

Nunca fue retomada ni existen datos que permitan suponer el desarrollo ulterior de las aventuras, ya que cuando Oesterheld volvió sobre Juan Salvo, eran otras las historias que deseaba contar.

Sin embargo, caben algunas reflexiones sobre este texto singular.

La lucha continúa

Un aspecto evidente es su inorganicidad, el aire arrebatado de su concepción.

La historia salta sin transición de un clima a otro, de una circunstancia a otra.

Quema etapas, modifica los ritmos sobre la marcha, pasa de las pormenores a las elipsis y suele plantear situaciones que apenas quedan en eso, sin desarrollarse en todas sus posibilidades.

Como si fuera un borrador apresuradamente difundido en el que están, embrionariamente planteadas, las líneas de un relato que se va pensando a sí misino mientras crece.

Hay por lo menos cuatro secuencias.

La primera abarca las aventurasen El Tigre hasta el encuentro con Favalli; la segunda, el contacto con las tropas del Capitán Timer, y los breves enfrentamientos con el enemigo hasta la partida hacia el norte; la tercera es la experiencia de la llegada y el ataque a la ciudad de Nueva York que termina con la caída de Salvo y Favalli como prisioneros en manos del enemigo, y la cuarta e inconclusa, el salto al espacio exterior y el conocimiento de una nueva perspectiva, un nuevo y horroroso marco galáctico para la guerra.

Como en la historia original, aquí también hay un movimiento de lo particular a lo general, de lo conocido a lo desconocido, que se corresponde con un traslado físico: de El Tigre a Nueva York y de ahí al espacio exterior.

En la aventura primera, ese itinerario que empezaba con la salida de la casa iba revelando pausada y horrorosamente, las características de la tragedia.

Primero su amplia dimensión y luego su sentido-la invasión extraterrestre. Después, ya en el contexto de la lucha contra el invasor, el desplazamiento hacia el Centro iba, paulatinamente, revelando los sucesivos rostros del enemigo: cascarudos, gurbos, manos, hombres robot, todos al servicio de los esquivos Ellos.

Después, la derrota y la huida tan costosa.

El Juan Salvo que regresa a la Tierra, sabe.

La narración lo devuelve al tiempo y espacio que abandonó en el momento de entrar en la nave o máquina de tiempo del Ello que le sirve para escapar. Viene a buscar a Elena y Martita y, una vez más, no las encontrará.

El espiral de la guerra y la búsqueda del conocimiento lo alejan cada vez más del proyecto individual.

Además, ese Juan Salvo es otro, moldeado por la experiencia y endurecido por la frecuentación de la muerte.

Desde el origen -auténtico bautismo del que sale salvo un nuevo Juan- la historia se plantea en términos crudos de violencia e indeterminación.

El protagonista no va a ninguna parte sino que, solo, busca a tientas entre la confusión y el equívoco: por primera vez, vive la dura ley de la selva que Favalli pronosticara en la historia original como único marco de referencia y pauta de relación entre los sobrevivientes.

El Tigre es precisamente un lugar selvático de señales confusas donde para Juan Salvo, que sabe, nada tiene sentido ni es lo que parece ser: sucesivamente, encuentra a Bartomelli, a Amelia y el Bocha, a la misión de La Cruz -falsa salida (¿simbólica?) encarnada en un loco, el Capitán Roca- termina huyendo de y matando a otros hombres: a tiros a uno, ahogando al segundo y con un cuchillo a un tercero, en breve lapso.

 El equívoco de la no discriminación entre amigos y enemigos persiste en la larga secuencia de contacto con Favalli en el helicóptero: no saber contra quién ni por qué se lucha.

En este sentido, todo el primer tramo de la historia-incluso el cruce en acción que intercepta los cohetes intercontinentales- no enriquece el planteo original de El Eternauta sino que es más de lo mismo, sólo que exacerbado por la crudeza de la violencia y la velocidad de los sucesos.

El contacto con la misión norteamericana equivale -en términos estructurales- a la irrupción de las fuerzas organizadas del Ejército que recogían a los sobrevivientes aislados en la primera parte: apertura a otra dimensión de la 1ucha e información más amplia sobre los alcances de la invasión.

Sin embargo, en este caso, el problema para el interés del relato, es que no hay revelaciones que el lector comparta con Salvo y Favalli sino mera información complementaria.

La expectativa crece con el traslado a Nueva York.

Pero no dura nada.

Prácticamente con ellos llega el ataque y la destrucción de la ciudad.

Otra vez la salvación milagrosa por aislamiento-el ascensor hermético-y la huida en inferioridad de condiciones que prefigura el final de la historia original.

Sólo la cuarta e inconclusa secuencia abre la historia hacia una nueva dimensión.

La larga escena final, con los quinientos sobrevivientes humanos ante el mano que les explica cómo son las cosas en el Universo (Ellos y Enemigos se disputan todo…) y cuál es su posibilidad de sobrevivir en él, es de lo más rico de la historia y nos devuelve al mejor Oesterheld.


En esas líneas de diálogo están prefiguradas las cuestiones que ocuparán el centro de los planteos ético- políticos del autor en el futuro, y de las obras de ficción que los ejemplificarán, de El Eternauta de Breccia en el 69 a La guerra de los Autartes y El Eternauta II en los setenta.

La historia se interrumpe, precisamente, cuando más prometía…

Contar en imágenes

Los cuentos que acompañan al inconcluso El Eternauta en esta edición tiene distinto origen.

Cuatro de ellos aparecieron también en la revista El Eternauta: Retorno', en el número 4: Un hombre común, en el 5, y Paria espacial y Un planeta… en el número 6.

Todos ellos comparten con el relato más extenso un ritmo narrativa casi oral y la recurrencia al presente histórico o la omisión del verbo en las descripciones de las escenas de acción, lo que les da cierto aire telegráfico.

Una característica común a los relatos de guerra de la misma época incluidos en la serie Batallas Inolvidables, de Ernie Pike.

En mayor o menor medida, todos ellos, también, padecen de cierta desprolijidad expresiva, probable resultado del apuro y la falta de una cuidada corrección.

Más aún: en algunos casos parecen-como sucede con la continuación de El Eternauta- la mera trascripción de una narración oral grabada.

Oeerheld, un autor tan dúctil como prolífico, solía desarrollar ante el magnetófono los guiones de sus historietas, cuadro a cuadro, con descripciones de imagen y diálogos.

Es indudable que extensos tramos de estos relatos tiene todas las características de esa modalidad de ficción, y podrían ser transcriptos en secuencia dibujada (historieta) prácticamente sin modificación.

Y esto es válido, sobre todo, para El Eternauta, donde prolifera la acción vertiginosa por sobre todo componente narrativo.

En cuanto a las historias en sí, el irregular Retorno vierte en pocas páginas una buena historia, material narrativo que sin duda pedía un desarrollo más moroso y pausado: parece el argumento de una novela condensado, con moraleja, mensaje y todo.

Paria espacial -cuya trama desarrolló más de una vez, con variantes- retoma el tema del sacrificio individual, que se reitera en Un hombre común: Rainer Lomas y Robert Foss se entregan para salvar a la Tierra en un caso, a Norteamérica – en el contexto de la Guerra Fría-en el otro.

Un planeta… planeta… planeta… juega con el -planeta trampa dentro de la variante original de la seducción del ocio y la contemplación de la belleza: la historia tiene más resonancias -monstruos polípteros incluidos- que la simpleza de su trama haría suponer.

La artesanía literaria

Diferente es el caso de los otros cuentos que completan el volumen.


Los dos más ex tensos-El árbol de la buena muerte y Una Muerte- se publicaron en 1965 en los dos únicos números de Géminis, revista de relatos de ciencia ficción que se proveía mayoritariamente de material narrativo de la norteamericana Galaxy.

La publicación, dirigida por Oesterheld y con tapas de Breccia, no incluía historietas, y estaba más cerca de las clásicas Más Allá o Minotauro, que de su intento anterior con El Eternauta.

Buenos autores del género y calidad literaria definían el medio, que no pudo hacer pie en el mercado.

En ese contexto, los dos cuentos de Oesterheld no desentonan.

Por el contrarío. El bradburiano El árbol de la Inicua muerte y  -sobre   todo-  el  inolvidable  Una  muerte con su conmovedora vuelta de tuerca al lema del contacto con extraterrestres, son de lo mejor y más acabado del autor en el género.

Precisamente, lo que hace a su excelencia es el gesto elusivo, la perspectiva limitada que restringe la información del lector: estamos en la antítesis de la imagen historietística y las armas son genuinamente literarias.

Finalmente, los brevísimos textos reunidos bajo el título genérico de Sondas son los únicos que se publicaron directamente en libro y significaron de algún modo el reconocimiento literario de Oesterheld.


Aparecieron en la antología Los argentinos en la Luna, editada por De la Flor en 1968 , junto a relatos de los principales autores nacionales.


Se trata, realmente, de pequeñas obras maestras, maravillas de concisión sostenidas por un diestro manejo de la perspectiva y el punto de vista al servicio de la sorpresa y la paradoja.

En síntesis: este volumen reúne un conjunto de relatos heterogéneos en su factura, en la naturaleza de los medios que los albergaron, en el estilo y las formas.

Sirven de muestreo ejemplar de la producción de Oesterheld durante los años sesenta.

Algunos poseen el valor de un rescate semidocumental que ilumina zonas poco conocidas de la producción del autor, como es el caso de la continuación de El Eternauta; otros revelan su destreza de narrador dotado de imaginación y estilo, capaz de lograr piezas maestras de impecable factura, invitadas obligadas a cualquier antología rigurosa del género, como son esas breves Sondas o Una muerte.

En todo caso, el maravilloso narrador siempre tiene para contarnos una historia que no podremos olvidar.

JS/