Carta de cineastas israelíes a los cineastas palestinos y libaneses

A LA BIENAL DE CINE ARABE EN PARIS

Nosotros, los abajo firmantes, cineastas israelíes, saludamos a los cineastas árabes reunidos en París para la Bienal de cine árabe.    Durante siglos el terror fue el instrumento de quienes monopolizaron el poder para controlar social y políticamente a los pueblos del mundo. Toda una gama de acciones represivas se utilizaron con la finalidad de castigar a los que cuestionaban las injusticias y abusos de las monarquías absolutas, de los gobiernos oligárquicos y finalmente de las administraciones reguladas por constituciones y marcos legales desde fines del siglo XIX a la actualidad.
Paradojalmente los usufructuarios del dominio político, social y aun religioso desplegaron un amplio conjunto de calificativos hacia los que luchaban por conquistar los derechos sintetizados en los principios de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Desde -herejes, forajidos, anarquistas, subversivos o terroristas, siempre los combatientes por la liberación nacional y social recibieron un arsenal de acusaciones que, al comenzar el siglo XXI , se han perfeccionado sofisticadamente a favor de la dictadura mediática en vigencia.
Refiriéndonos solamente a las guerras independentistas latinoamericanas, ya sea las monarquías colonizadoras del continente como los sectores privilegiados nativos no ahorraron ningún anatema contra San Martín, Bolívar, Sucre, Artigas, Martí y el conjunto de patriotas que combatían por la emancipación de la Patria Grande.
Todas las instituciones coloniales, incluyendo la Santa Inquisición, actuaron sin limitaciones de ninguna índole para ahogar las insurgencias que desde México al Río de la Plata se pronunciaban por la constitución de repúblicas fundadas en la soberanía popular. Idéntico destino sufrieron aquellos que en Asia y África, sin excluir extensas zonas  europeas, decidieron independizarse de las grandes potencias de su tiempo, sobrellevando también la caracterización de lo que con el tiempo se llamaría TERRORISMO.
Después de muchos siglos de guerras mundiales y regionales, nacidas del afán de conquista de los imperios devenidos con el tiempo en superestructuras políticas, militares, económicas y mediáticas de las corporaciones transnacionales, prácticamente la totalidad de los combatientes que defienden la soberanía de sus países o aspiran a liberarse del dominio extranjero son calificados de terroristas.
Esta situación es la que viven hoy los pueblos de  Palestina, Líbano, Irak y Afganistán, agredidos por el expansionismo de Estados Unidos, sus aliados de la  OTAN y el régimen genocida de Israel. La inversión de los términos, o sea la condición de verdugos que se atribuye a las víctimas, mientras los que despliegan la violencia represiva en su máxima expresión aparecen como demócratas, torna al enfrentamiento entre los pueblos con el imperio y sus acólitos en integral.
La guerra mediática se convierte en decisiva a nivel mundial, puesto que las respuestas populares al aluvión de los monopolios informativos nos muestra una sideral desventaja para sus organizaciones representativas.
El terrorismo ejercitado por un puñado de potencias y sus auxiliares regionales, tal el caso del Estado de Israel, aparece transformado por la manipulación informática en misión civilizadora y democrática, ubicando a palestinos, libaneses, iraquíes y afganos como peligrosos terroristas, violadores de los más elementales derechos humanos.
Es necesario e imperioso determinar la condición de las partes en conflicto, partiendo de la premisa que nadie puede argumentar justificaciones para la conquista o la opresión, aun cuando temporalmente las cobertura de las naciones unidas legalice formalmente las agresiones, los saqueos y los crímenes en nombre de grandes principios.
Hoy y aquí el análisis de la realidad del Medio Oriente nos conduce a considerar que los pueblos agredidos por Estados Unidos e Israel defienden el derecho a su existencia, apelando a los medios a su alcance.
Quienes se autodenominan como democráticos y cultores de los Derechos Humanos deben recordar siempre la Orden General de José de San Martín al Ejército de los Andes en 1819: -La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Juremos no dejar las armas de la mano hasta ver al país enteramente  libre, o morir con ellas como hombres de coraje. Seamos libres y lo demás no importa nada.