Estreno en cine.

MARTIN FIERRO

Mucho más que un poema gauchesco. entrevista con gerardo vallejo y juan palomino, director y protagonista del film tras veinticinco años,   el realizador logró su sueño de llevar a la pantalla una versión libre de martín fierro, con palomino en el papel del mítico y rebelde gaucho creado por josé hernández.    Gerardo Vallejo llega a la entrevista, en la redacción de Clarín, con anticipación y verborrágico entusiasmo. Acaba de volver de Buena Esperanza, pueblo puntano en donde rodó Martín Fierro, el ave solitaria, que se estrena mañana: -El preestreno allá fue un exitazo. Cuando terminó la función, la gente estaba enloquecida; insistió tanto, tanto, que tuvimos que pasarla otra vez. En Buena Esperanza, la producción construyó un fuerte, una ranchería y una toldería: escenarios impecables para recrear la épica popular de José Hernández. Vallejo cuenta anécdotas de rodaje, antes de que se prenda el grabador. Lógica ansiedad: el proyecto le llevó casi un cuarto de siglo.     Juan Palomino, su Martín Fierro, aparece quince minutos después: a horario. Vallejo, de estilo nacional y popular, parece sorprendido al no verlo caracterizado. Ni sucio ni polvoriento ni desgreñado: el actor ha vuelto a ser un hombre urbano, más cercano a un metrosexual latino que a un gaucho combativo. -Pero qué clase de Fierro sos, con esos pelos para arriba, bromea o se queja el director. El laborioso peinado con gel no lo convence del todo: -Me acuerdo de él en el rodaje, de a caballo, con la melena al viento. Palomino elude el embate como si tuviera un poncho arrollado en el antebrazo: -Gerardo, esta ciudad me pone los pelos de punta.      ¿En qué circunstancias escribió el guión de esta película?   Vallejo: Lo escribí en 1982, durante mi exilio en Madrid. Extrañaba, sufría el destierro, no veía a mis hijos: recrear el Martín Fierro fue una especie de alivio entre tanta pena. Yo estaba en una situación afectiva similar a la de José Hernández en su exilio en Santa Ana do Livramento. Y había otros impulsos sentimentales: mi abuelo, un pastor analfabeto que vino de España en 1912 y cayó en Tucumán, me pedía de chico que le leyera el Martín Fierro. Me emocionaba ver llorar a ese hombre: para él, la obra de Hernández tenía algo uni versal: la crítica a la pobreza, la explotación, la falta de libertad, la mentira.        En 1984 usted estuvo a punto de rodar esta historia con Federico Luppi como Fierro y Héctor Alterio como el sargento Cruz. ¿Por qué no lo hizo?    Vallejo: También iba a estar León Gieco como Picardía (el hijo de Cruz). Tengo cartas de todos ellos aceptando trabajar en el proyecto. Se iba a hacer con la televisión española y se pinchó. Hace poco me encontré a Luppi trabajando en San Luis. Nos dimos un abrazo y me dijo: -¿Te acordás, Gerardo? Ahora ya no puedo hacer ni del Viejo Vizcacha.    Vallejo trazó una analogía con Hernández. Vos, Palomino, que tuviste problemas para conseguir papeles por tu color de piel, ¿sentís empatía con un personaje que se mueve en los márgenes?     Palomino: Sí. Conozco, también, el desarraigo: soy argentino, nací en La Plata, pero pasé toda mi infancia y adolescencia en Cuzco. Recuerdo que cuando era chico, en Perú, quería hacer de San Martín en un acto escolar y no me dejaron. Prefirieron a un peruano blanquito. Tal vez desde ese momento aparecieron mis dificultades respecto de mi color de piel: sentía que todos los grandes personajes de la historia, en el cine, tenían el mismo aspecto: blanquito. Ahora sé que San Martín era morocho, criollo, no el prototipo del blanco europeo. Igual, a esta altura ya pude voltear prejuicios.     ¿Este es el mayor desafío de tu carrera?    Palomino: Sí, sin desmerecer lo demás. Es un papel fundamental, más allá del resultado. Hay pocos personajes tan fuertes para interpretar. En teatro puede haber un Hamlet, un Otelo, un Macbeth… En cine, hacer Martín Fierro es como hacer el Quijote. Pienso en Alfredo Alcón, uno de mis actores preferidos, interpretando este papel emblemático. Martín Fierro es una historia de mutilación, avasallamiento, dolor y libertad.    Alcón trabajó en la versión de Leopoldo Torre Nilsson. ¿Qué les parecen las distintas versiones cinematográficas del Martín Fierro?      Vallejo: Durante mi exilio he visto parte de la de Torre Nilsson. Me dio tanta vergüenza que apagué el televisor: era una versión liberal, anacrónica. Me gusta la obra de Torre Nilsson cuando es auténtica y representa a cierta clase social. No sé por qué se metió con Martín Fierro, El Santo de la espada ni Güemes, la tierra en armas Yo me siento cerca de la épica popular de La guerra gaucha (Lucas Demare, 1942), el compromiso social de Las aguas bajan turbias (Hugo del Carril, 1952) o todo el cine de Leonardo Favio.    Palomino: Para hacer este papel seguí mucho al Juan Moreira de Favio. Desde el punto de vista estético e ideológico, me empapé en su mirada. Moreira es un personaje de folletín, pero tiene la misma esencia que Fierro: un hombre que pasa a pelear para el otro lado.     En su película, Vallejo, los indios son menos sanguinarios que en la obra de Hernández y, además, mantienen una relación estrecha con los gauchos….    Vallejo: Es parte de la realidad histórica, no es que la esté reinventando. Tanto el indio como el gaucho fueron víctimas de un mismo proceso de devastación y saqueo, para un proyecto de nación que no era el de ellos. Todo eso está expresado por Hernández, pero a su obra se la ha despojado de su significado más profundo.     ¿Le parece que para incluirla en el canon de la literatura nacional la atenuaron en su significado político, sobre todo en el caso de la primera parte, que es menos componedora?   Vallejo: Por supuesto, totalmente. Cuando se editó la primera parte, El gaucho Martín Fierro, se vendieron 70.000 ejemplares. La mayor parte de la gente que la compraba era analfabeta. Pero, en tiempos de Sarmiento, la intelectualidad argentina se quedó callada. Hasta que Miguel de Unamuno dijo que era la gran obra literaria de América Latina. Hasta que un europeo lo revalidó, el Martín Fierro no era la gran obra literaria nacional, cargada de valores, sino un simple poema gauchesco.       Pero, más allá de eso, hay una parte de la obra de Hernández en que Fierro mata, por ejemplo, a un indio…    Vallejo: Es cierto: mata a un hijo de un cacique. Yo, deliberadamente, hice que no lo matara. Al contrario: le hice gritar El gaucho no mata al indio. También hay que pensar que Hernández reconoce esa unión entre gauchos e indios: los lleva a Cruz y a Fierro a vivir cinco años con los indios, escapando de una civilización que los persigue como delincuentes. Tal vez haya contradicciones… Pero yo quería rescatar esa unión. En definitiva, los gauchos, los indios y mi abuelo eran lo mismo: víctimas de una civilización que atormenta al hombre, le quita derechos y demoniza a los pobres.     En El Martín Fierro, Borges sostiene que la decisión del sargento Cruz de pasar a pelear junto a Fierro contra los gendarmes demuestra que aquí nadie se siente identificado con el Estado. Y, en algunos ensayos, vuelve a esa idea.    Vallejo: Ahí, creo, hay que volver al texto original. Cruz no permite el delito de que se permita matar a un valiente: expresa una filosofía de vida, de hermandad, de libertad que nos quitaron.    En definitiva, Cruz le da preponderancia al coraje por sobre la ley que impone el Estado, más allá de lo que esa ley represente o a qué sector represente…     Vallejo: Es así. Hay que pensar en manos de quiénes estaban la ley y el Estado. Quiénes saqueaban, quiénes mataban. O qué hizo Roca, que tiene monumentos en todo el país y fue un genocida. Por qué no cuentan la verdadera historia del saqueo en los colegios. Yo, en esta película, usufructué del Martín Fierro todo lo esencial, lo que creo, de corazón, sentía José Hernández. Lo puse en la película a mi manera, con mis convicciones ideológicas. Tengo el derecho porque es una versión mía y porque me jugué yo las bolas.   Palomino: Esta historia me atrajo por su importancia ideológica. A Cruz lo hacen policía porque estaba detenido por un crimen. Y, al ver que era aguerrido, lo usan como instrumento para ejercer la ley. Me parece que al ponerse del lado de Fierro vuelve a su esencia. Como vos planteás: enfrenta al sistema, se pone del lado de la libertad. En este punto está la esencia de la mirada de Vallejo, la fuerza de esta película.   Un director por la militancia   Nacido en Tucumán en 1942, Gerardo Vallejo estudió en el Instituto de Cinematografía de la Universidad del Litoral, dirigido por Fernando Birri. A mediados de los '60 comenzó a realizar cortos testimoniales. A fines de esa década formó, con Pino Solanas y Octavio Getino, el mítico Grupo Cine Liberación. En 1968 rodó su primer largo: El camino hacia la muerte del viejo Reales, sobre la explotación de los trabajadores azucareros de su provincia.   -Los tiempos cambiaron: no creo que vuelva a surgir algo parecido al Grupo Cine Liberación —dice—. Pero hay un dato alentador. Muchos estudiantes hacen sus tesis eligiendo El camino hacia la muerte del viejo Reales; muchos jóvenes tienen a esa película como estandarte. Es bueno que al menos se identifiquen con la actitud de lucha, de militancia.   Entre el '72 y el '74, Vallejo realizó Testimonios de Tucumán, serie de 24 cortos producidos por la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera. En 1975 se exilió en Panamá y, después, en España, donde creó la Escuela de Cinematografía de Madrid. Filmó Reflexiones de un salvaje, El rigor del destino y Con el alma, en la que trabajó también con Juan Palomino.    Una larga historia con el cine    El 12 de enero de 1873, el diario La Pampa informaba: -Se comenzó a repartir un folleto titulado -El gaucho Martín Fierro- escrito en verso en estilo gauchesco por José Hernández, ex redactor del diario El Río de la Plata y ex ministro de Gobierno de Corrientes.    Esa primera parte de la obra, llamada El gaucho Martín Fierro, haía sido escrita entre marzo y octubre de 1872. La segunda, La vuelta de Martín Fierro aparecería en 1879. Ambas fueron publicadas juntas, recién en 1910, en forma de libro. En cine se hicieron diversas adaptaciones. La primera, de 1923, muda, fue dirigida por Alfredo y Josué Quesada.    Muchos años después —el 4 de julio de 1968— se estrenó la popular (pero mediocre) adaptación realizada por Leopoldo Torre Nilsson, con Alfredo Alcón en el rol principal, y un elenco que incluía a Lautaro Murúa, Graciela Borges, Leonardo Favio, Sergio Renán y Walter Vidarte.   La vuelta de Martín Fierro, de Enrique Dawi, con Horacio Guarany como protagonista, data de 1974, pero más importante fue, un año después, Los hijos de Fierro, filme en el que Fernando Pino Solanas partió del poema de Hernández para aportar su visión crítica en una época convulsionada de la Argentina.   Una coproducción de 1989, con Colombia y Cuba, dirigida por Fernando Laverde y con guión de Jorge Zuhair Jury —hermano de Leonardo Favio— es la última adaptación que se registró del Martín Fierro. Ahora, además del estreno de Vallejo, hay otra versión en marcha: Roberto Fontanarrosa hizo los diseños y el guión de una película animada que están dirigiendo Norman Ruiz y Liliana Romero.    -Tras décadas como director y docente —dice Vallejo—, sé que si una película quiere contar una historia no puede fallar narrativamente; si quiere transmitir ideas, no puede fallar ideológicamente; si quiere emocionar, no puede fallar poéticamente. Yo, con el Martín Fierro, ya tenía resuelta la cuestión narrativa e ideológica. Sólo tuve que encontrar los elementos para traducir su poesía, básicamente narrativa, al lenguaje del cine.   Por Miguel Frías Fuente: diario Clarín Más información: www.clarin.com   CALIFACIÓN CONTRADICTORIA  Prohibido para menores   La versión de Vallejo sobre la obra de José Hernández se estrena en ventiún salas de la ciudad de Buenos Aires. La idea del director es que después se distribuya en todos los cines del país y que, especialmente, se facilite el acceso a los alumnos de nivel primario y medio. El ministro de Educación Daniel Filmus vio la obra y, según Vallejo, aseguró que -la iba a declarar de interés educativo para que la vieran todos los chicos del país.    Sin embargo, la pretendida difusión entre los estudiantes ha encontrado un primer y extraño obstáculo. La comisión de calificación cinematográfica estableció que el filme es prohibido para mayores de 13 años. -¡Es un absurdo! -se enoja Vallejo- ¡prohibir el Martín Fierro porque dicen que tenía mucha sangre! Tenemos que ponernos firmes, apelar esa decisión, porque no puede ser que los chicos no puedan ver la película, es negarles el Martín Fierro.    Fuente: Revist Debate www.revistadebate.com.ar