Rumbo a la Cumbre del Mercosur

CON CUBA SÍ, CON ISRAEL NO

Integración Regional- Por la Redacción de APM El bloque del Sur está a punto de concretar un acuerdo comercial de envergadura con Cuba Israel deberá esperar porque, al igual que EE.UU. y la UE, no abre su agricultura. A pocas horas del inicio de la Cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur), este bloque y Cuba tienen todo listo para firmar un acuerdo comercial de especial envergadura para todas las partes involucradas, a la vez que se enfrían las posibilidades de un convenio similar con Israel, ya que ese país de Oriente Medio se niega a suprimir las barreras proteccionistas destinadas a la agricultura, al mejor estilo de su socio estratégico, Estados Unidos, y de la Unión Europea (UE). 

La diplomacia cubana prefirió no dar detalles sobre el tratado pero el secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales de Argentina, Alfredo Chiaradía, admitió la semana última que el mismo podría firmarse en oportunidad de la Cumbre que tendrá lugar en Córdoba entre el 20 y 21 próximos. 
Ese convenio entre el Mercosur y Cuba elimina o reduce los aranceles a la importación de 1.300 productos, a la vez que se prevé una futura extensión del mismo hasta llegar a las 2.700 especialidades, incluyendo maquinarias y aparatos eléctricos, calderas, plásticos, equipos de óptica y fotografía, de medicina y quirúrgicos, informaron en la cancillería argentina. El mismo funcionario reconoció que el Mercosur no estará en condiciones de avanzar en un compromiso similar con Israel, -dada la oposición de ese país a abrir su agricultura. En cambio, sí se suscribirá un tratado marco con Paquistán, tendiente a establecer las bases para un futuro convenio sobre preferencias comerciales recíprocas. 
Por su parte, el ministro de Planificación argentino, Julio De Vido, sostuvo el pasado fin de semana, en Buenos Aires, que -en un plazo de tres a cuatro meses podrán estar terminados los estudios técnicos y económicos del Gasoducto del Sur. -En la primera etapa se construirá un gasoducto entre el sur de Venezuela y el norte de Brasil y, simultáneamente, se construirá el gasoducto del nordeste argentino, que vinculará Bolivia, Argentina, Uruguay y Brasil, hasta Porto Alegre, señaló el ministro.
Curiosamente, ninguno de los grandes medios de prensa argentinos destacaron las informaciones precedentes, a la vez que se aplican en resaltar las asperezas que existen entre los países miembros del Mercosur y entre algunos de estos con determinados Estados asociados. 
Esos medios ponen en el centro del escenario el conflicto argentino uruguayo en torno a la construcción de dos grandes fábricas de pasta de celulosa sobre la margen oriental del río Uruguay, frente las costas argentinas, y las discusiones entre Buenos Aires y Santiago de Chile respecto de los nuevos precios que los chilenos deberán pagar por el gas que importan desde Argentina, después que este país firmó con Bolivia una compensación más justa para sus hidrocarburos. 
Asimismo, los representantes de la corporación mediática – usuales portavoces de los sectores más conservadores – destacan las permanente diferencias que mantienen empresarios de Brasil y Argentina y los reclamos, justos por cierto, de los socios más pequeños del bloque – Paraguay y Uruguay -, para que Brasilia y Buenos Aires apuren medidas compensatorios e inclusivas. 
En ese sentido, y con ponderado criterio de integración regional, el embajador de Bolivia en Argentina, Roger Ortiz Mercado, sostuvo que -los hermanos mayores deben cumplir con la asignatura pendiente de cooperar con el desarrollo de todos los integrantes del bloque. El diplomático formuló esas apreciaciones el miércoles de la semana pasada en un programa de la televisión argentina. 
Con la nacionalización de sus recursos hidrocarburíferos, dispuesta por el presidente Evo Morales el 1 de mayo pasado, Bolivia -país asociado al Mercosur- instaló un tema capital en la agenda regional: la recuperación del Estado como herramienta política y social. Esa posición compartida por Venezuela -el nuevo y quinto integrante del bloque- será determinante sobre dos puntos que el Mercosur debería reforzar si pretende transformarse en un marco estratégico y superador de lo exclusivamente comercial: el control social y democrático de los recursos naturales y la utilización de las utilidades que de ellos devengan para el desarrollo y para un distribución justa de la riqueza, sobre todo en un continente arrasado por la pobreza y la marginación.
Otro punto a destacar dentro de una lectura de la integración como escenario de confrontación con el campo hegemónico – el sistema capitalista imperialista- es que la Cumbre a realizarse en la ciudad argentina de Córdoba será la primera con Venezuela como miembro del bloque, con la dinámica política que el gobierno de Hugo Chávez le imprime a la agenda latinoamericana. 
En ese sentido, la semana pasada la publicación electrónica Aporrea divulgó un interesante análisis sobre la respuesta que Estados Unidos pretende darle al tablero político regional tras el fortalecimiento del Mercosur con la incorporación de Caracas, sobre todo por las posiciones de la revolución bolivariana respecto del papel a cumplir por la cuestión energética en el esquema de integración sudamericana. Decía ese medio latinoamericano que la decisión venezolana de poner bajo el control del Estado los recursos naturales, principalmente el petróleo y el gas, alarma a los poderosos que están empeñados en hacer fracasar esa iniciativa, bautizada por el
Pentágono como -nacionalismo petrolero-. Tan grave es la situación, según la lectura que se hace desde el campo hegemónico, que el caso fue discutido recientemente en la reunión secreta del Grupo Bilderbrg por los 130 hombres más poderosos del mundo, en Ottawa, Canadá a principios de junio pasado. En ese cónclave se concluyó que Venezuela y Bolivia pasarían a ser los principales obstáculos para Estados Unidos, en su estrategia de Libre Comercio para el área. En un mismo sentido se mueve Washington desde la perspectiva militar. 
Un informe del Comando Sur de las fuerzas armadas de Washington advierte al gobierno sobre el supuesto peligro que el nacionalismo sobre los recursos naturales implica para la seguridad de Estados Unidos, que debe asegurarse la provisión energética, de cualquier modo. 
Estados Unidos recibe de América Latina, principalmente de Venezuela, México y Ecuador, el 30 por ciento del petróleo que importa. 
Solamente Venezuela envía al país del norte un millón 700 mil barriles diarios de los 3 millones 300 mil que produce, lo que constituye el 14 por ciento de toda la importación norteamericana. 
-La posibilidad de perder un 30 por ciento del petróleo que importa está aterrando al gobierno norteamericano. Significaría la subida del precio del barril a unos doscientos dólares y una severa crisis económica, afirmó el informe de Aporrea. 
16|07|2006